#4 Tiempos
Festín de palabras | Columna de Juan Jesús Priego
Letras minúsculas
Sucede en un relato de Rad Bradbury (1920-2012), el famoso escritor de ciencia ficción. Un hombre confiesa en rueda de prensa haber inventado una máquina del tiempo (a la que ha puesto el extraño nombre de Convector Toynbee) desde la cual ha podido atisbar ciertas cosas del futuro. «Ah, ¿y qué es lo que ha visto usted, precisamente?», le preguntan ansiosos los reporteros. Y el visionario, adoptando una pose de indiscutible superioridad, les responde así: «El futuro es nuestro. Reedificamos las ciudades, reconstruimos los pueblos, saneamos los lagos y los ríos, purificamos el aire, salvamos los delfines, aumentamos el número de las ballenas, detuvimos las guerras, curamos el cáncer y derrotamos a la muerte. Lo conseguimos. Gracias a Dios, lo conseguimos. El futuro es brillante. ¡Que se alcen las bellas espiras!».
Los que escuchaban en sus casas aquellas declaraciones a través de la radio o de la televisión se frotaban las manos en señal de regocijo. «¡Así que todas estas cosas bellas nos depara el futuro!», gemía el mundo entero desde sus asientos. Una oleada de felicidad recorrió el planeta de Norte a Sur y de Este a Oeste; los dedos se posaban sobre los controles remotos con precaución para impedir que movimientos de mano demasiado bruscos los privaran de aquel suculento festín de palabras.
Pero cuando los reporteros habían guardado sus cámaras en sus estuches, se habían ido y no lo escuchaba más que el único periodista que le había inspirado alguna confianza, el visionario dejó de sonreír. La mueca de satisfacción desapareció de su rostro para dar lugar a un gesto de dolor. «¡Pamplinas! –dijo al reportero en alta voz, confiándole su secreto-. No es verdad que yo haya viajado por el tiempo. ¿Cómo podría hacerlo? El Convector Toynbee es sólo una alucinación mía fruto de la lectura de un libro de H.G. Wells. Pero si he dicho lo que dije, ha sido por una razón: en todos lados veía y olía la duda. En todos lados aprendía lo que era la destrucción. En todos lados había desesperanza, cinismo, escepticismo o nihilismo. La realidad económica era un infierno y el mundo una letrina. El estado de ánimo habitual era la melancolía. La gente se acostaba a las once de la noche con malas noticias, para levantarse a las siete a enfrentar noticias peores»…
¿Así que nada de aquello era verdad? ¡Claro, ya se veía! El hombre había hablado del futuro como se habla de una manzana que cae de un árbol cuando está madura, como una gota de agua que se desprende de la nube, y el futuro no cae ni se desprende: se construye, se proyecta; es una tarea más que un don.
El periodista sintió unas ganas enormes de ahorcar a aquel hombre que no sólo rompió su esperanza, sino también las ilusiones de millones de hombres y mujeres que esa noche dormirían tranquilos, sí, pero engañados. No obstante, en vez de ahorcarlo prefirió marcharse en silencio. En el camino, mientras regresaba a las oficinas del diario para el que trabajaba, sintió que la mochila le pesaba más que antes sobre sus espaldas. Había cometido el error de haber creído.
Sí, el error de haber creído. Porque de nada sirve decir que en el siglo XXI no habrá guerras si al mismo tiempo no cultivamos las actitudes que hacen posible la paz; de nada sirve prometer que venceremos la muerte si no tomamos en serio el mandamiento que dice: «¡No matarás!» ( Éxodo 20,13).
Tenía razón Simone de Beauvoir (1908-1986) cuando escribió al principio de Pirrus et Cineas, uno de sus ensayos más breves y bellos: «Lo que se edifica sin mí, no es mío. Es mío sólo aquello en lo que reconozco mi ser, y no puedo reconocerlo sino allí donde éste se halla comprometido… Cuando los discípulos le preguntaron a Cristo: “¿Quién es mi prójimo?”, Cristo no respondió con una enumeración, sino contando la historia del buen samaritano. El prójimo del hombre abandonado en el camino fue el que lo cubrió con su manto y corrió en su ayuda. No se es prójimo de nadie, se hace uno prójimo mediante un acto… Soy prójimo en la medida en que me hago prójimo, así como este jardín es mío sólo en la medida en que lo cultivo».
El prójimo no es todavía mi prójimo sino hasta cuando hago míos sus padecimientos. «Aquel niño no es mi hermano –sigue diciendo la novelista filósofa-, pero si lloro por sus desgracias ya no es para mí un extraño. Son mis lágrimas las que deciden. Nada se decide sin mí. Los chinos son mis hermanos desde el momento en que lloro por sus desgracias».
¿Me dices que en el futuro ya no habrá hambre? Dime, mejor, que podría no haberla y te creería. Pero mientras haya quien acapare la comida, la concentre en sus bodegas y deje morir a los que no puedan pagársela, hambre seguirá habiendo hasta el final de los tiempos. ¿Me dices, asimismo, que no habrá más guerras? No lo creeré sino hasta que me digas también que por un acuerdo tácito, universal, los hombres han decidido, por fin, poner en práctica aquello que dice: «Amen a sus enemigos, oren por aquellos que los odian y difaman» (Mateo 5, 44). Si me dijeras esto, entonces tu pronóstico sería creíble. El adivino y la astróloga podrán augurarnos el futuro más feliz o más prometedor, pero lo harán únicamente para darnos ánimos y ganarse unos pesos. Podrán, incluso, decirnos lo que quieran, pero se equivocarán siempre, pues el futuro no está allí como un texto misterioso que hay que descifrar, sino como un libro que es preciso escribir. El futuro es nuestro sólo si cultivamos. Nada se decide sin nosotros.
Una vez, en el interior de la Catedral de Hipona, resonaron estas palabras dichas por San Agustín, obispo por entonces de aquel lugar: «Como son los hombres, así son los tiempos». El futuro será bueno sólo si nosotros lo somos también.
También lea: Opinión pública | Columna de Juan Jesús Priego
El Cronopio
Leticia Almazán de la Garza, compositora potosina | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
San Luis Potosí ha sido tierra de compositores, donde la música de concierto y las canciones de concierto han sobresalido. Algunos de estos personajes los hemos tratado en esta sección, aunque entre ellos han escaseado las mujeres, en cuanto a composiciones se refiere. Los tiempos cambian al abrirse oportunidades a las damas y, afortunadamente, en este siglo veintiuno podemos contar con algunas compositoras potosinas. Como muestra está el concierto que ofreciera la Orquesta Sinfónica de San Luis Potosí en el mes de marzo pasado donde interpretó, en el marco del Día Internacional de la Mujer, composiciones de autoras potosinas. Entre las compositoras potosinas programadas en el concierto se encontraba Leticia Almazán de la Garza.
Leticia Almazán, al menos fue mencionada en esta columna cuando tratamos el caso de la pianista potosina Malkhut Zavala, quien tiene entre su repertorio obras de Leticia Almazán, quien actualmente es encargada de las Escuelas de Iniciación Artística Asociadas que están asociadas al Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, que a pesar del esfuerzo de sus integrantes ha sido difícil su continuación, como suele suceder con el cambio de administraciones. Leticia Almazán se desempeña como Directora Académica del CEART San Luis.
Entre sus composiciones se encuentra La Noche, obra basada en los poemas de Manuel José Othón, obra con la que obtuvo el premio 20 de noviembre “Julián Carrillo”; la obra se estrenó en 2006, y ha sido poco interpretada, hasta que se armó el concierto de marzo.
A cien años de la muerte de Othón se compone esta obra musical, que da concreción a la obra inconclusa que contemplaran Othón y Carrillo, su conjunción lírica que habían titulado Tetralogía. Una pieza para celebrar el centenario de la Independencia de México que estaría dividida en cuatro partes: Descubrimiento de América, Conquista, Virreinato e Independencia. Así sería una obra que recorrería la historia hispana de México y la construcción de un nuevo país. La muerte sorprendió al poeta y la obra quedó en suspenso; colaboración entre dos grandes figuras potosinas del arte, cuestión ya tratada en muy anterior entrega de esta sección de El Cronopio.
Ahora Leticia Almazán, se basa en la poesía de Othón para crear su obra musical La Noche. Una forma de apreciar el nuevo arte musical potosino de la mano de Leticia Almazán y la poesía del máximo poeta potosino. Por desgracia, es música que no se encuentra grabada por lo que dificulta su difusión, de por sí escasa, en aquellas obras de que se disponen grabaciones.
Leticia Almazán surge, así como una de las mujeres que abren camino en el campo de la composición en San Luis Potosí. Su incursión en esta línea de la composición es alentadora, pues puede sumarse a la escasa pero existente lista de compositoras mexicanas que incursionaron en la música clásica, entre ellas, María Grever, Sofía Cancino de Cuevas, Rosa Guraieb, Consuelo Velázquez, Ángela Peralta, María Teresa Prieto, Alicia Urreta, Guadalupe Olmedo, y ahora la joven compositora potosina Galya Cisneros, por citar algunas.
Leticia Almazán se tituló en la Licenciatura en Composición en la Escuela Estatal de Música en el año 2015, y realizó una Maestría en Administración Pública en la Universidad Latinoamericana.
Lee también: María Luisa Toranzo, pionera del cuento mexicano
Acento Ajeno
Ni Moisés dividió tanto el agua | Columna de Haniel Valdés
Por: Haniel Valdés
Hoy escribo porque cometí un error. Fui de los periodistas que estuvimos en rueda de prensa con el alcalde de la capital, Enrique Galindo Ceballos, al terminar la Junta de Gobierno con Interapas. El miércoles pasado ofreció declaraciones a medios de prensa que sí acudimos a la cita nocturna y compartió los acuerdos tomados en dicha reunión.
Ahí está mi error: al parecer mis notas no fueron lo suficientemente claras. O quizás solo fue que varios medios salieron a llenar huecos que no había.
Lo interesante de ese encuentro es que se aprobó el plan de estímulos fiscales que se llevará al Congreso del Estado para su aprobación de cara a 2027, donde se aclaró además (y se insistió mucho en eso) que la tarifa de cobro del líquido se mantendría igual que en este año.
Al día siguiente muchos medios ya traían la nota de que aumentaría la tarifa y quién sabe cuántos inventos más de colegas que no estuvieron en la conferencia de prensa y que les pareció divertido el imaginar datos e informar a medias.
Pero lo que más me preocupa no es el ruido que generaron esas notas, sino la incoherencia que se vivió en dicha reunión por parte del síndico y el alcalde de Soledad, así como de Pascual Martínez.
Según informa Galindo, entre las decisiones tomadas, está la de revisar si es posible cumplir con la petición que hizo el gobernador de no cobrar el servicio a adultos mayores. Ni los participantes por Soledad, ni el titular de la CEA, votaron a favor de dicha propuesta. ¿No están de acuerdo con la idea de Gallardo? Es que la primera vez que el gobernador habló sobre el tema, fui muy cuidadoso y me fijé claramente que ambos, Pascual
y Navarro, estaban aplaudiendo esa iniciativa.La CEA ya es habitual que no aporte a esas reuniones, según Galindo, el titular solo ha ido a tres y no votó en esta última, tampoco dio razones ni propuso algo. Sí, el organismo responsable de la política pública del agua en el Estado no tiene nada que aportar sobre el tema.
Según informó el presidente de la junta, Juan Manuel Navarro sí aportó algo, propuso un estímulo fiscal que también quedó dentro de los acuerdos que se enviaron al Congreso. Ahora, cuando tocó votar, Navarro se abstuvo de hacerlo, ¿no está de acuerdo con una idea que él mismo había planteado? ¿o algo lo hizo cambiar de opinión?
Lo cierto es que mientras la diputada Nancy Jeannine García, presidenta de la Comisión del Agua, llama a no politizar, todos lo continúan haciendo, lo hace el aquaman Gámez Macías, lo hace el alcalde capitalino, lo hace el gobernador del estado, lo hace el alcalde de Soledad y la CEA. Mientras hay cuentas sin pagar, tinacos sin llenar, conductoras sin reparar y rezos por hacer para que El Realito no vuelva a fallar.
“Entonces extendió Moisés su mano sobre el mar, y Jehová hizo que el mar se retirase por recio viento oriental toda aquella noche; y volvió el mar en seco, y las aguas quedaron divididas.” (Éxodo 14:21)
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El Cronopio
María Luisa Toranzo, pionera del cuento mexicano | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
Por: J.R. Martínez/Dr. Flash
En la antología de Liliana Pedroza sobre el cuento mexicano, A Golpe de Linternas, que en su tomo I dedica a las pioneras, se encuentra entre las antologadas la potosina María Luisa Toranzo, que dedicó parte de su vida a la escritura y que fuera figura cultural mexicana. Madre y abuela del filósofo Luis Villoro y el escritor Juan Villoro, respectivamente.
Parte de su obra literaria se recoge en libros como: Azahares, espinas y rosas; Meditaciones, Suegras; Esbozos; Tres Chiquillas; Cuadros de una exposición; Páginas viejas; Charlas con mi hija; Átomos tontos, entre otros. Libros que reflejan su formación en el campo potosino y la época que le tocó vivir, donde impera el existencialismo y la fenomenología, campos que experimentaría posteriormente su hijo Luis Villoro. En su libro de ensayos: Esbozos, que lleva como ensayo central: El dominio de sí mismo, Sophrosyne vs la Hybris, “el dominio de sí mismo” no es una negación de la vida o de los impulsos, sino la condición necesaria para la auténtica libertad. Sin el gobierno de uno mismo, el ser humano queda a merced de fuerzas externas o de impulsos ciegos, perdiendo su autonomía.
María Luisa Toranzo Jordana nació en San Luis Potosí el 13 de marzo de 1890, perteneciente a familia de hacendados, vivió su infancia en la Hacienda de Cerro Prieto en el altiplano potosino, rumbo a Zacatecas, fue hija natural y creció entre libros, estudiando idiomas y cultivando la música tocando el arpa y la mandolina. El movimiento revolucionario le llevó en la adolescencia a radicar en la Ciudad de México, donde la vida placentera se trastocaba y la famosa banda del automóvil gris hacía de las suyas, y que quedó registrada en una de las primeras películas realizadas en México, llamada justo La banda del automóvil gris de 1919 de Enrique Rosas, filmada en los lugares donde pertrecharan sus ataques. En la película aparece la casa Toranzo donde vivió María Luisa en México y donde aparece en escena acechada en el asalto a su casa por tan peculiar banda.
Los acechos no pararon para María Luisa y fue pretendida por un general revolucionario del que logró escapar partiendo a España e instalándose en Barcelona donde se casaría con el médico barcelonés Miguel Villoro Villoro, procreando a tres hijos, entre ellos al filósofo Luis Villoro. Quedaría viuda y al iniciar la guerra civil española regresa a México huyendo de nuevo de la violencia. Se instala por un tiempo en la Hacienda de Cerro Prieto y parte a la Ciudad de México para que sus hijos continuaran sus estudios de formación.
Su familia potosina de abolengo le propició una considerable fortuna que le permitió ir a Barcelona, su abuela paterna Genoveva Peña Santacruz que casó en segundas nupcias con Casimiro Toranzo Ortiz, había sido esposa de Pantaleón Ipiña Eguía, siendo madre de José Encarnación Ipiña Peña.
Su pensamiento que de cierta forma influyera en su hijo Luis Villoro lo destaca en su libro Esbozos: “El dominio de sí mismo sobre la soberbia debe de consistir, no sólo en dominarse ‘delante de la gente’ y en vuestras ‘relaciones sociales’ para que los demás ‘vean’ que sois humildes o sencillos, sino que este dominio sobre vosotros mismos y sobre vuestra soberbia debe ser de tal modo profundo, que no sea un dominio efímero, originado únicamente por el bien parecer; tampoco debe ser un dominio de autosugestión, que sin serlo, os haga creer que ya sois humildes; sino que este dominio de vosotros mismos sobre la soberbia, debe ser una especie de ‘cura’ si queréis lenta y suave, pero sí honda, minuciosa y profunda. El dominio de vosotros mismos debe ser como un cauterio que tienda a curar, aunque sea quemando; a cauterizar, aunque sea con dolor, la llaga de vuestra soberbia, el cáncer de vuestro orgullo”
María Luisa Toranzo fue una mujer de una cultura vasta que participó activamente en la vida intelectual mexicana, aportando una sensibilidad ética que complementaba el rigor lógico de la época. Su enfoque en el “dominio de sí” suele leerse como un puente entre la virtud antigua, la psicología moderna y la abierta espiritualidad. Su nieto Juan Villoro la describe como una mujer que intentaba descifrar los secretos de la convivencia humana.
María Luisa Toranzo Jordana murió en la Ciudad de México a los 78 años de edad, el 2 de abril de 1968.
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