agosto 3, 2026

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#4 Tiempos

Festín de palabras | Columna de Juan Jesús Priego

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Letras minúsculas

Sucede en un relato de Rad Bradbury (1920-2012), el famoso escritor de ciencia ficción. Un hombre confiesa en rueda de prensa haber inventado una máquina del tiempo (a la que ha puesto el extraño nombre de Convector Toynbee) desde la cual ha podido atisbar ciertas cosas del futuro. «Ah, ¿y qué es lo que ha visto usted, precisamente?», le preguntan ansiosos los reporteros. Y el visionario, adoptando una pose de indiscutible superioridad, les responde así: «El futuro es nuestro. Reedificamos las ciudades, reconstruimos los pueblos, saneamos los lagos y los ríos, purificamos el aire, salvamos los delfines, aumentamos el número de las ballenas, detuvimos las guerras, curamos el cáncer y derrotamos a la muerte. Lo conseguimos. Gracias a Dios, lo conseguimos. El futuro es brillante. ¡Que se alcen las bellas espiras!».

Los que escuchaban en sus casas aquellas declaraciones a través de la radio o de la televisión se frotaban las manos en señal de regocijo. «¡Así que todas estas cosas bellas nos depara el futuro!», gemía el mundo entero desde sus asientos. Una oleada de felicidad recorrió el planeta de Norte a Sur y de Este a Oeste; los dedos se posaban sobre los controles remotos con precaución para impedir que movimientos de mano demasiado bruscos los privaran de aquel suculento festín de palabras.

Pero cuando los reporteros habían guardado sus cámaras en sus estuches, se habían ido y no lo escuchaba más que el único periodista que le había inspirado alguna confianza, el visionario dejó de sonreír. La mueca de satisfacción desapareció de su rostro para dar lugar a un gesto de dolor. «¡Pamplinas! –dijo al reportero en alta voz, confiándole su secreto-. No es verdad que yo haya viajado por el tiempo. ¿Cómo podría hacerlo? El Convector Toynbee es sólo una alucinación mía fruto de la lectura de un libro de H.G. Wells. Pero si he dicho lo que dije, ha sido por una razón: en todos lados veía y olía la duda. En todos lados aprendía lo que era la destrucción. En todos lados había desesperanza, cinismo, escepticismo o nihilismo. La realidad económica era un infierno y el mundo una letrina. El estado de ánimo habitual era la melancolía. La gente se acostaba a las once de la noche con malas noticias, para levantarse a las siete a enfrentar noticias peores»…

¿Así que nada de aquello era verdad? ¡Claro, ya se veía! El hombre había hablado del futuro como se habla de una manzana que cae de un árbol cuando está madura, como una gota de agua que se desprende de la nube, y el futuro no cae ni se desprende: se construye, se proyecta; es una tarea más que un don.

El periodista sintió unas ganas enormes de ahorcar a aquel hombre que no sólo rompió su esperanza, sino también las ilusiones de millones de hombres y mujeres que esa noche dormirían tranquilos, sí, pero engañados. No obstante, en vez de ahorcarlo prefirió marcharse en silencio. En el camino, mientras regresaba a las oficinas del diario para el que trabajaba, sintió que la mochila le pesaba más que antes sobre sus espaldas. Había cometido el error de haber creído.  

Sí, el error de haber creído. Porque de nada sirve decir que en el siglo XXI no habrá guerras si al mismo tiempo no cultivamos las actitudes que hacen posible la paz; de nada sirve prometer que venceremos la muerte si no tomamos en serio el mandamiento que dice: «¡No matarás!» (

Éxodo 20,13).

Tenía razón Simone de Beauvoir (1908-1986) cuando escribió al principio de Pirrus et Cineas, uno de sus ensayos más breves y bellos: «Lo que se edifica sin mí, no es mío. Es mío sólo aquello en lo que reconozco mi ser, y no puedo reconocerlo sino allí donde éste se halla comprometido… Cuando los discípulos le preguntaron a Cristo: “¿Quién es mi prójimo?”, Cristo no respondió con una enumeración, sino contando la historia del buen samaritano. El prójimo del hombre abandonado en el camino fue el que lo cubrió con su manto y corrió en su ayuda. No se es prójimo de nadie, se hace uno prójimo mediante un acto… Soy prójimo en la medida en que me hago prójimo, así como este jardín es mío sólo en la medida en que lo cultivo».

El prójimo no es todavía mi prójimo sino hasta cuando hago míos sus padecimientos. «Aquel niño no es mi hermano –sigue diciendo la novelista filósofa-, pero si lloro por sus desgracias ya no es para mí un extraño. Son mis lágrimas las que deciden. Nada se decide sin mí. Los chinos son mis hermanos desde el momento en que lloro por sus desgracias».

¿Me dices que en el futuro ya no habrá hambre? Dime, mejor, que podría no haberla y te creería. Pero mientras haya quien acapare la comida, la concentre en sus bodegas y deje morir a los que no puedan pagársela, hambre seguirá habiendo hasta el final de los tiempos. ¿Me dices, asimismo, que no habrá más guerras? No lo creeré sino hasta que me digas también que por un acuerdo tácito, universal, los hombres han decidido, por fin, poner en práctica aquello que dice: «Amen a sus enemigos, oren por aquellos que los odian y difaman» (Mateo 5, 44). Si me dijeras esto, entonces tu pronóstico sería creíble. El adivino y la astróloga podrán augurarnos el futuro más feliz o más prometedor, pero lo harán únicamente para darnos ánimos y ganarse unos pesos. Podrán, incluso, decirnos lo que quieran, pero se equivocarán siempre, pues el futuro no está allí como un texto misterioso que hay que descifrar, sino como un libro que es preciso escribir. El futuro es nuestro sólo si cultivamos. Nada se decide sin nosotros.

Una vez, en el interior de la Catedral de Hipona, resonaron estas palabras dichas por San Agustín, obispo por entonces de aquel lugar: «Como son los hombres, así son los tiempos». El futuro será bueno sólo si nosotros lo somos también.

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Corredor Humanitario

Trump pausa ataque a Irán; Teherán niega acuerdo sobre Ormuz

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Donald Trump

El presidente de Estados Unidos aseguró que suspendió una ofensiva militar para dar espacio a un acuerdo, pero el gobierno iraní rechazó que exista cualquier pacto y advirtió que responderá si es atacado

Por: Redacción

El conflicto entre Estados Unidos e Irán entró el fin de semana en una nueva fase de incertidumbre, luego de que el presidente estadounidense, Donald Trump, anunciara la suspensión de un ataque militar previsto contra Irán con el argumento de abrir una ventana para un acuerdo diplomático. Sin embargo, Teherán negó que exista cualquier negociación o pacto sobre la reapertura del estrecho de Ormuz.

Trump afirmó que decidió detener la ofensiva tras conversaciones con aliados de Medio Oriente y expresó su expectativa de alcanzar un acuerdo “rápido”. Entre las condiciones planteadas por Washington se encuentran la reapertura del estrecho de Ormuz y el abandono del programa nuclear iraní.

La respuesta iraní llegó pocas horas después. El gobierno de Teherán calificó de falsas las declaraciones del mandatario estadounidense y aseguró que no existe ningún acuerdo con Washington

. Además, reiteró que el estrecho de Ormuz permanecerá cerrado mientras continúen las hostilidades de Estados Unidos.

El ministro de Relaciones Exteriores de Irán, Abbas Araqchi, sostuvo que su país responderá a cualquier nueva agresión, mientras medios cercanos a la Guardia Revolucionaria respaldaron la postura oficial y descartaron cualquier negociación en curso.

La tensión en la región se mantiene elevada después de cinco meses de enfrentamientos entre Estados Unidos, Israel e Irán, un conflicto que ha afectado el tránsito marítimo en el Golfo Pérsico, el mercado energético y la estabilidad de Medio Oriente.

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Acento Ajeno

Las murallas de Chapultepec | Columna de Haniel Valdés

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Acento ajeno

Por: Haniel Valdés Velázquez

La ciudad de las piscinas a desnivel, los puentes verdes y las licencias gratuitas, tiene un nuevo debate público, que lo mismo puede parecer ataque político vestido de periodismo ciudadano.

Resulta que a muchos cochistas les molestan los nuevos topes de la Avenida Chapultepec, porque autos volaron sobre ellos en su primera noche. Los quejosos voladores aducen a través de reportes, que aún los topes no estaba bien señalados; lo cierto es que quien va a la velocidad permitida, no sale volando.

Por primera vez una obra vial a nivel de la calle ocupa portadas y titulares en los medios, porque para los ingenieros viales o expertos de turno la solución siempre es que el peatón suba y baje 200 escalones de horribles estructuras de hierro o que los autos sigan a 100 km/h sobre un puente o paso a desnivel.

No soy un experto en ingeniería urbana, por lo que no pretendo entrar en detalles técnicos de si está bien o mal hecho, por eso me centro en los debates que quieren forzar las páginas de Facebook que se llaman medios de prensa.

Pocas veces he visto medios cuestionar la constante construcción de estructura cochista que lejos de mejorar la movilidad, como dicen los boletines oficiales, tienden solamente a favorecer la velocidad.

¿Quién se acuerda de los peatones? ¿Quién piensa en el que quiere cruzar la calle sin tener que subirse a un gigante de hierro de más de 6 metros de altura? Antes de que lo invada un pensamiento clasista, whitexican o retrógrado y termine llamando “pobre” al que camina, tómese los 30 minutos que tarda en cada semáforo para respirar y léame con la mente un poco menos cerrada.

Las primeras quejas llegaron porque no había señalética para avisarle a los conductores que había una barda en medio de la calle, pero la mayoría de los que piden la señal con el aviso son los mismos que, a propósito, no ven las que sí están, esas que indican un máximo en la velocidad, o ser cortés con los peatones que intentan cruzar.

Señales faltan más, como una que indique para qué o quién es el carril central de Chapultepec, que en realidad nadie lo sabe a ciencia cierta, otras en toda la ciudad, las que avisen que la ciclovía no es para que se estacionen autos de los negocios de Carranza o Himno Nacional.

La Avenida Chapultepec tiene varias señales que indican que el límite de velocidad es de 50 km/h, algunas casi borradas -ahí te encargo, Ayuntamiento- pero en los videos que circularon de autos voladores, en ninguno de los casos, la velocidad del vehículo estaba por debajo del límite permitido

.

Sí hubo un fallo grande por parte de las autoridades viales municipales que no anunciaron a tiempo el tope y no colocaron la señal hasta que ya estaba listo el muro de los tormentos.

Sigue existiendo tardanza por parte de estas mismas autoridades para repintar o rescatar las señales que no solo ahí, sino en toda la ciudad, están mal pintadas, opacas, mal colocadas o tapadas por árboles.

Los medios que compartieron videos, que criticaron al gobierno municipal, que incitaron al odio de conductores hacia peatones (como si eso no fuera pan de cada día), ¿por qué no acompañaron sus post con un “circule con cuidado”, “cumpla con lo establecido”, “respete al peatón”?

A mis colegas de los medios: falta para el 2027, no empecemos desde ya a querer caerle mejor al que todavía no saben si va a seguir en el poder, hagamos periodismo útil, no crítica en busca de likes. 

Conductores: respeten al peatón. Peatones: no usen el móvil mientras cruzan las calles, ni intenten ganarle al semáforo. Ciclistas: hay solo 3 ciclovías, pero usémoslas correctamente. 

Autoridades: hagan su trabajo, pero háganlo bien, y no descuiden lo que hicieron antes por centrarse solo en obras nuevas.

Gobierno estatal: la obra municipal es para que las personas se sientan más seguras entrando a un parque bajo su cuidado, para evitar accidentes en una calle, de una ciudad que también es parte del estado.

Gobierno municipal: no se apresuren por hacer cosas solo de cara a la contienda electoral, échenle ganas y háganlas bien, respeten los tiempos, informen oportunamente a los usuarios de las vialidades.

Ya aprovechando, revisen las señales de tránsito de la zona, que necesitan mantenimiento, y luego dense una vuelta por la ciudad: hay banquetas que son estacionamientos, hay ciclovías intransitables, hay peatones en riesgo porque los conductores no siguen el reglamento.

En pocas palabras, bajemos todos la velocidad… en todo, hay topes.

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Acento Ajeno

Arrancó la carrera, todos la van perdiendo | Columna de Haniel Valdés

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Acento ajeno

Por: Haniel Valdés Velázquez

La competencia por la elección de 2027 ya sabemos que inició hace un rato, ¿a quién le importan los tiempos electorales cuando ni Ceepac hace su chamba, ni a los políticos les importa respetar lo establecido? Aquí lo que hace falta es ganar.

Ahora, podemos ir revisando cómo va esa carrera, quienes van primero y quienes se rezagaron, pero hagamos un análisis serio y real, no mirando encuestas de esas que casualmente suelen dar ganador al que la pagó. Y lo cierto es que el ganador real hasta ahora no es ninguno.

Las batallas electorales deben pelearse en todos los terrenos, pero casi siempre es la prensa el más complicado, y el que suele dejar al ganador. Esta vez, más que nunca les está pasando factura ese campo minado que es la comunicación, han querido meterse de a lleno en el papel de comunicar, pero terminan desinformando.

Me resulta difícil de entender ¿quién aconseja a los políticos potosinos?, ¿de dónde salieron sus grupos de comunicación?, todos parecen tener un mismo objetivo, que el rival pierda, en lugar de centrarse en que su patrón gane la campaña.

Los dime y diretes que cada vez vemos más en las conferencias de prensa, los empujones e interrupciones por pseudocomunicadores e influencers de turno de páginas de facebook autoproclamadas medios, que acompañan cada banquetera, no solo demuestran la falta de educación formal, civismo y ética periodística que consume al gremio, también evidencia carencias que ya no son de la persona, vienen desde la academia y los nuevos “periodistas” que se están formando.

Pero volviendo al tema de los que hacen boletines y posts para informar que sus jefes trabajan, ¿no hay algo más que necesite comunicarse? ¿de verdad es siempre “gracias al trabajo inconmensurable del supremo líder de tal o más cuál municipio/estado/entidad” que las cosas se solucionan?

Donald Trump en su primera campaña presidencial echó a perder la prensa internacional, en números su campaña fue maravillosa, pero es un modelo netamente primermundista, la heroización, el convertir a personajes políticos en protagonistas de Marvel funcionan en economías donde la fuerza del voto está en los grandes empresarios y en poder de las multinacionales, todos quieren al empresario exitoso dirigiendo su país.

En latinoamérica solo hay un caso donde ese modelo de prensa ha funcionado, Nayib Bukele controla los medios de El Salvador y su triunfalismo lo posicionó como el presidente con mayor aceptación del mundo. En México hubo un caso muy positivo, pero al que no le alcanzó, fue la pasada campaña presidencial de Máynez, donde mientras dos señoras se la pasaban criticándose entre sí y hablando de administraciones pasadas, el emeceísta se posicionó como el más votado de su partido en una carrera por la presidencia.

¿Pero, qué pasa en el interior de los estados, en los municipios? Las personas no creen en héroes, no les importan los muchos adjetivos que acompañan a las autoridades en las notas institucionales, el pueblo busca ver sus problemas resueltos y no siempre se acuerda de quién los soluciona.

Todas las notas periodísticas y boletines institucionales parecieran redactados por la misma persona, o el mismo usuario de chatgpt, “gracias a la labor de”, “por indicación de”, “con la guía de”, no solo dejas de reconocer al que sí estuvo al sol medio día tapando el bache o 4 meses haciendo una carretera o puente, logras hartar al lector de escuchar el mismo nombre y el mismo cargo 100 veces al día, cuando lo cierto es que a veces ni por su colonia se le ha visto.

Hay campañas peores: la zumayezca idea de que los bots cuentan en urnas es de político novato. Lo peor es que le copiaron la idea y ahora sus rivales la replican en sus propias granjas, para atacar medios aliados a su contraparte.

Ojalá me equivoque, pero nos esperan 12 meses de bombos y platillos de un lado y de otro, todos jugando a ser el ganador y bombardeando al rival con cuanta tontería (o no) aparece.

No hay charla cercana con el pueblo (aunque nos hagan creer que sí), no hay investigación, búsqueda de los problemas reales que aquejan a los potosinos, solo buscan hacer estructuras cada vez más grandes para autos, prometer agua, y bombardear sus actos y sus redes de promesas vacías que saben no van a resolver los problemas.

La carrera inició, pero esta vez casi nadie está mirando la carrera en sí, ni a sus corredores, andan pendientes de los comentarios de “narradores” que no están tampoco mirando a la pista. La descomunicación va a la cabeza, y seguramente será la vencedora.

Donde reinan las mentiras repetidas hasta el cansancio, los triunfalismos, y la vieja costumbre de intentar humillar al rival, el éxito nunca será para el periodismo o la verdad, solo para quien se siente en el trono y para aquellos que decidan seguirle el juego.

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