agosto 11, 2026

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#Entrevista | Jorge Zepeda Patterson: el periodista que siempre me ha salvado 

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Fundador de proyectos como SinEmbargo.mx y Día Siete y autor de la literatura política mexicana más importante de los últimos años, conversamos sobre su carrera, periodismo y López Obrador

Por: Luis Moreno

La primera vez que supe de la existencia de Jorge Zepeda Patterson (Mazatlán, 1952) fue a través de un texto que escribió en la sección «Hasta atrás» del semanario Día Siete, debí tener diez u once años, estaba sentado en el asiento trasero de la camioneta de mi madre, era domingo e íbamos a la casa de mis abuelos. Me gustaba hojear la revista para ver las imágenes y ocasionalmente hacía un esfuerzo adicional para combatir la apatía preadolescente y leer algunas páginas; no estoy muy seguro de qué trataba lo escrito por Jorge, pero desde entonces cada domingo leí esa columna, que siempre alternaba autores, así conocí a varios y varias periodistas, escritores y escritoras.

Recordé el episodio justo antes de comenzar la entrevista que le hice a Zepeda Patterson hace algunas semanas, pensé en mencionarle la anécdota, pero al final consideré que sería imprudente: entrevistar a un periodista siempre conlleva un nerviosismo diferente a hacerlo con cualquier otro tipo de personaje, pues se está frente a alguien que ha realizado la misma labor cientos de veces, en este caso a un nivel infinitamente superior, y que tiene todos los artificios periodísticos bien dominados. 

Día Siete se publicó durante casi toda la primera década del siglo XXI y un poco después, Jorge Zepeda estuvo al frente de ella, y para mí representó una brújula que me ayudó a alimentar mis gustos y  forjar un corpus ideológico. En sus páginas encontré textos que hablaban sobre las bandas que comenzaba a escuchar y a hacer mías, de los primeros libro que leí por convicción personal, de tendencias, de perspectivas y hechos políticos y sociales de los que no tenía ni idea, pero lo más importante es que en esa revista vi que el periodismo puede ser un medio de conocimiento, belleza, estilo, entretenimiento… por eso cuando algunas veces he llegado a escuchar que Jorge se encamina a convertirse en el patriarca del periodismo mexicano, una especie de sucesor de Julio Scherer García, me parece una apreciación indiscutible, pero con la que él no está de acuerdo: 

Jorge Zepeda Patterson: No me ubicaría en esos términos. Sé que he sido un protagonista que ha animado el ambiente sobre todo regional, a diferencia de varios de los grandes referentes del periodismo nacional, que casi todos son de la Ciudad de México. La mitad de mi trayectoria fue en Guadalajara, al hacer periódicos que en efecto fueron vanguardistas, sobre todo en los criterios que se implementaron y en las formas de abordar al periodismo, las cuales después se difundieron. El resto ha sido en la Ciudad de México y debo decir que mucho de este trabajo lo realice con un equipo, a través de hacer la reingeniería de medios en 10 o 12 lugares del país, que fueron no solo de diseño, sino de concepción informativa, lo que ayudó a capacitar cuadros en nuevas lógicas de un periodismo más participativo y ciudadano. Eso ha sido un aporte, pero desde luego nada comparado con los grandes generales que ha tenido el periodismo en el país. 

 

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Zepeda Patterson dirigió SinEmbargo.mx hasta hace pocos años. Cuando fundó el portal, junto a otros grandes comunicadores, por ahí del año 2010, se convirtió de forma instantánea en el medio referente del periodismo digital: sus contenidos multimedia; sus encabezados largos que ofrecían la mayor cantidad de información para el usuario de redes sociales que muy probablemente no iba a leer la nota entera; la profundidad de sus reportajes y sus ejercicios casi literarios que se salían de la norma, eran algo nunca antes visto en México. Eso, sumado a su línea editorial más cercana a la izquierda, hizo que jugara un papel central en la elección presidencial del 2012 y posteriormente durante todo el sexenio de Enrique Peña Nieto. Por entonces yo cursaba la universidad y se volvió un modelo al cual aspirar. 

Hubo un texto de Jorge, titulado «El cuarenta y cuatro», que narraba en ficción y desde la perspectiva de uno de los estudiantes, lo que había ocurrido con los 43 normalistas de Ayotzinapa, desaparecidos en el 2014. Aquellas líneas me revelaron una herramienta que hasta entonces desconocida: la ficción como un instrumento para descifrar la realidad. Un artilugio que Zepeda utiliza constantemente y que ha sofisticado hasta niveles en los que su litaratura se convierte en piezas de arte.

 

PREGUNTA: ¿Te sientes más cómodo en la ficción o en el periodismo de rigor?

Jorge Zepeda Patterson: Me siento igual de cómodo en los dos. Me gusta mucho el espacio de la columna, es un pulso de análisis de la realidad; pero del otro lado, la novela política, que es la que yo hago, el thriller de suspenso que  trata de desentrañar otros aspectos del poder, me permite ponerle color y sonido, olores a lo que el periodismo, por la inmediatez y el rigor, me limita de dar cuenta de la película completa. La literatura ofrece la oportunidad de hacer una antropología del poder. 

 

Las crisis lectoras son un depredador que acecha a todos y todas, aparecen intempestivamente e impiden leer prácticamente cualquier material; si se les permite alcanzan niveles de padecimiento crónico. Varias veces me he enfermado de ellas y en las dos más serias, la ficción política de Zepeda me ha rescatado, en específico la trilogía de «Los Azules», una colección de novelas compuesta por Los Corruptores;  Milena o el fémur más bello del mundo; y Los Usurpadores. En ella se cuentan las aventuras de cuatro amigos: Amalia (presidenta del PRD), Pablo (millonario dueño de una compañía de seguridad privada), Mario (profesor universitario) y Tomás (columnista de uno de los medios más importantes de México), a quienes el destino les obliga a resolver diversos problemas que los llevan a inmiscuirse en las tramas más profundas de la política, la corrupción, los grupos criminales, el periodismo, el dinero… La prosa que Jorge Zepeda desarrolla en estos relatos alcanza una velocidad que impide detenerse a tomar aire; las situaciones son trepidantes, crudas, divertidas, conmovedoras, indignantes… Cuando se tiene uno de sus libros entre las manos y se repara en lo avanzado ya han transcurrido 200 páginas y las ganas de leer se han restablecido, en mi caso no solo eso, sino también el deseo de escribir también volvió. 

 

PREGUNTA: ¿Ves a la trilogía de «Los Azules» convirtiéndose en un clásico de la literatura mexicana de ficción política?

Jorge Zepeda Patterson: Para México sí lo es. Hay autores que han trabajado temas similares, Enrique Serna es uno de ellos, pero desde Luis Spota, que generó una obra que era una radiografía de la política de ese entonces, no había un esfuerzo tan prolongado, al hablar ya de tres libros, que dé cuenta del México actual. Mis libros actualizan mucho de lo que Spota hizo en su momento, cada uno con sus propias peculiaridades. Hay pocos antecedentes, tenemos novelas históricas, también autores como Elmer Mendoza, que aporta mucho con su narco novela, pero estrictamente el tema de la clase política mexicana es poco trabajado desde la ficción.

 

PREGUNTA: Al leer libros escritos por ti como Muerte contrarreloj, la trilogía de Los Azules o ahora El dilema de Penélope, hay una sensación de vértigo por lo ágil de tu prosa, ¿consideras que esa característica es heredada de tu labor en el periodismo?

Jorge Zepeda Patterson: Sin duda. El periodismo exige una prosa para dar cuenta de situaciones de inmediatez. Me han dicho que uno de los rasgos que caracterizan mis novelas es la intensidad en la trama. Ahora con El dilema de Penélope, amigos y conocidos me llaman para reclamarme, me dicen cosas como “me desvelé a lo pendejo porque tenía que terminarla”. 

 

PREGUNTA: Desde la última parte de la historia de «Los Azules» (Los Usurpadores) en 2017, pasaron siete años, ¿dónde estarían parados hoy Amelia, Jaime, Tomás y Mario? 

Jorge Zepeda Patterson: Tendrás que leer mi siguiente novela, porque pienso retomarlos. Estará ubicada al arranque de lo que será el segundo ejercicio del proyecto obradorista; anticipo que Morena ganará las elecciones en un sentido u otro, Claudia o Marcelo, es un contexto perfecto: con la posibilidad de una primera presidenta; entre un segundo sexenio obradorista, pero sin Obrador, y lo que pueda suceder. El momento es ideal para invocar a mis cuatro Azules y a sus hijos, a los chicos, que ya eran coprotagonistas y ahora, siete u ocho años después, ya los encontramos más activos.

 

PREGUNTA: En el dilema de Penélope, tomas como telón de fondo Estados Unidos, ¿por qué la decisión de narrar algo al otro lado de la frontera?

Jorge Zepeda Patterson: Por varias razones: me descubrí muchas veces pensando en cómo sería el equipo que rodea a Donald Trump, imaginándome su cuarto de guerra electoral. Comencé la novela cuando Trump todavía era presidente y ese equipo se preguntaba cómo hacer para ganar las siguientes elecciones, porque había caído. Planteaban distintos proyectos, unos más locos que otros. 

La pandemia suspendió la publicación durante dos años; cuando regresamos al asunto, Trump ya no estaba en la Casa Blanca, tuve que hacer muchas modificaciones, pero aún era válida la idea de cómo actúa la ultra derecha frente a una elección. En Estados Unidos, las campañas ahora están sujetas a nuevas dinámicas que antes solo eran secundarias, como son las campañas de miedo, del enojo, de las redes sociales virales a partir de escándalos, de enlodar al adversario, que siempre han estado presentes en la política, pero como una herramienta, no como la campaña en global.

Los nuevos candidatos ni siquiera tienen que construir un proyecto alternativo, se basan esencialmente en destruir al contrario. Estados Unidos va adelante en esas formas, lo que vimos en Brasil con las manifestaciones en las que trataron de impedir que Lula tomara posesión, es casi una calca de lo que sucedió dos años antes en el Capitolio, tiene que ver con el papel que juegan las redes, con la distorsión de la política hacia la política basura.

Situar mi novela allá me servía como laboratorio para entender lo que está pasando ahora en otros países y el tema migratorio es muy importante a ambos lados de la frontera: en este momento las remesas son ya el ingreso principal para México, por encima del petróleo, el sector automotriz o el turismo, pero además el efecto que tiene al ser un recurso derramado en los sectores sociales que más lo necesitan, hace que se convierta en recurso de sobrevivencia y en Estados Unidos es la piñata a golpear, el miedo a insuflar para la agenda electoral de ese país. 

 

PREGUNTA: El periodismo y la literatura mexicana no se lee tanto en Estados Unidos, a pesar de que tenemos problemáticas y personajes comunes. ¿Cabe tu trabajo literario en la sociedad estadounidense? 

Jorge Zepeda Patterson: Milena y Muerte contrarreloj fueron traducidos en Estados Unidos, le fue mejor al segundo, en parte porque la publicó Random House y eso cambia todo. Esta última novela no la quisieron tomar por la incomodidad de los temas políticos, al hablar de un candidato al que solo le cambié el nombre, pero que figura perfectamente como Donald Trump, Random decidió pasar. Mi agente está tratando de colocarla en otro lado, entonces esa respuesta la voy a saber de aquí a un año, si es que la tomaron o no. Debo decir que mi literatura ha marchado mucho mejor en Europa, está traducida a 15 o 18 idiomas, dependiendo de la novela, pero todas están en alemán, italiano, francés, polaco, bulgaro

… allá les va muy bien; me la paso casi cuatro meses al año de aquel lado para hacer promoción.

 

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Zepeda Patterson es una súper estrella del periodismo mexicano, sin embargo, aunque vivimos en una época de hipermediatización, en la que la mayoría de las personas quieren ser famosas y se exhiben para ello en redes sociales, el rostro del periodista se conoce poco, lo mismo ocurre con su voz audible, pese a ello su voz periodística y literaria es influyente, nítida, clara y resonante y está grabada en el imaginario de millones de personas que lo leen como un referente de la política nacional: 

Jorge Zepeda Patterson: Siempre he preferido el anonimato. Rehuso hacer programas de televisión o radio porque genera que tengas mucha atención; hice uno con Raymundo Rivapalacio en el 2005, se transmitía por Canal 40, y me di cuenta que no es mi medio. Me siento bien al escribir, me da mucho gusto estar en un restaurante y seguir en el anonimato, es una condición para ser novelista: el escritor es una especie de voyeurista, está atento a la vida para analizarla y describirla; es un requisito que no seas el rey de la fiesta, sino el que está acodado con la espalda en la pared, viendo cómo transcurre. Me resulta más cómodo esto, pero sé que mis columnas son leídas y comentadas por mis ideas y no por una presencia física.

 

PREGUNTA: Publicas tres columnas a la semana (en SinEmbargo.mx, El País y Milenio), cada medio tiene una línea editorial y lectores y lectoras distintas, ¿cómo eliges el contenido que va en cada una?

Jorge Zepeda: Son medios con actitudes distintas; Milenio, por ejemplo, antes del triunfo de López Obrador predominaba una línea muy crítica en su contra, hay un lector de esa naturaleza, yo escribo con ese lector en mente, trato de dialogar con él, de hacerle ver otras perspectivas. El de Sin Embargo es un lector mucho más de izquierda, cercano a las posiciones lopezobradoristas. Siempre escribo lo que pienso, pero debo manejar los matices en función de quién lo leerá, aunque en ocasiones no hago distingo, porque surgen temas coyunturales que no esperan a la columna del domingo o miércoles.

 

PREGUNTA: Tus columnas dejan la sensación de que eres un juez imparcial con López Obrador, dices lo bueno y lo malo; pero en ellas casi siempre das como ganador a Andrés Manuel, ¿es una estrategia para convencer?

Jorge Zepeda: No es deliberado. Esto refleja el hecho de que yo pienso que López Obrador fue una buena noticia para el país; ha cometido muchos errores, pero incluso dentro de ellos, el país necesitaba un cambio. Soy optimista sobre lo que sigue: lo más difícil era modificar la trayectoria, se pudo haber hecho mejor, no obstante, hay que agradecer a López Obrador que permitió la existencia, por primera vez, de un gobierno que no está al servicio de las élites; pero también evidenciar lo que no se ha hecho bien. Mi papel es escribir y racionalizar en esa dirección.

 

PREGUNTA: Hay quien ve la confrontación del presidente contra sus opositores como una cuestión negativa, que se replica en todos los sectores de la sociedad, pero me parece que cada persona tiene derecho a sostener su punto de vista, sin que eso sea al malo. ¿Tú, en el periodismo, ves como algo bueno que caigan las máscaras y se diga de qué lado estamos? ¿Es buena la existencia de un periodismo militante?

Jorge Zepeda Patterson: Todos los periodistas tenemos una posición, el periodismo objetivo es absurdo porque somos sujetos, hacemos periodismo subjetivo. El tema es respetar los códigos profesionales. Más allá de las simpatías, uno tiene que decir cuántos manifestantes hubo, dar cuenta de la otra versión, poner un dato en un contexto honesto, no uno sesgado, eso se debe hacer. Los periodistas podemos estar más o menos a favor de López Obrador, pero más allá de eso al reflejar la realidad debemos recurrir a los códigos profesionales que son el corpus que le da sentido a una profesión. 

 

PREGUNTA: López Obrador en la conferencia matutina recurre mucho a las referencias históricas, literarias y académicas, a veces da la impresión de estar escuchando a un intelectual. Luego llega la oposición a tratar de desarmarlo con insultos que caen en la vulgaridad. ¿Les vendría bien a la derecha contra algunos escritores e historiadores para que les ayude a formar un discurso?

Jorge Zepeda Patterson: Más que el discurso, la sustancia es el problema de la oposición; se la han pasado obsesionados con López Obrador, como si él fuera el problema, sin darse cuenta de que es la manifestación de un descontento enorme que generaron los gobiernos, primero del PRI y luego la alternancia del PAN, que no pudieron satisfacer las necesidades de la gente. Para el 2018 había enormes masas de inconformes que, por fortuna, tuvieron una vía electoral para manifestarse. Eso es López Obrador. Mientras la oposición no construya un proyecto que suene razonablemente viable para las necesidades de las mayorías que han sido dejadas atrás, no tiene ninguna oportunidad. Qué mérito tiene o qué fin tendría demostrar que López Obrador es una mierda. ¿Eso qué significa? ¿Entonces hay que regresar a lo que teníamos antes? 

 

PREGUNTA: La llegada de López Obrador al poder generó una cantidad importante de revoluciones tanto de diversidad sexual, empoderamiento de las mujeres, en los medios de comunicación, el combate al racismo, el clasismo, la corrupción…, pero solo han pasado cinco años, todo es tan veloz que a veces recuerdan a hechos históricos que marcaron coyunturas nacionales, como la muerte de Franco en España. ¿Cómo vislumbras que se van a asentar esos movimientos con un segundo periodo de la izquierda en México?

Jorge Zepeda Patterson: Me siento francamente optimista. López Obrador tuvo el enorme mérito de impedir que las élites siguieran gobernando en este país; implementó un cambio, tal vez rústico, con pocas herramientas, a codazos, nada bonito ni elegante, pero ha abierto brecha en la selva a machetazos; pero con un mucho sentido de responsabilidad hacia las grandes variables macroeconómicas. No ha sido un populista como muchos que se caracterizan por dejar endeudamiento, un gobierno de muchos déficits y pocos ingresos; ha intentado hacer un cambio sin desestabilizar y lo ha conseguido: ahí está el peso, las inversiones extranjeras, el turismo. Nada se ha perdido.

Me siento optimista, porque los que vienen los veo como funcionarios profesionales: tanto Claudia Sheinbaum como Marcelo Ebrard no vienen de la oposición, llevan 30 años como funcionarios, su historia de vida es distinta a la de López Obrador: son personas urbanas, que han vivido en el extranjero, que tienen postgrados, hablan varios idiomas, ella es científica, ambos tienen abuelos extranjeros, son mucho más cosmopolitas, con una visión más profesional de la administración pública, no crecieron en el resentimiento, sino en el desafío de la administración. Andrés Manuel hizo lo difícil y a ellos les tocará remendar, armonizar, buscar consensos. Además veo que todos los protagonistas de la vida pública ya están cansados de la polarización y la confrontación. Eso abre una posibilidad de sentarse a ver en qué se puede coincidir.

 

PREGUNTA: El presidente ha sido la materia prima de tus columnas en los últimos años. ¿Tú tienes un diálogo con López Obrador?

Jorge Zepeda Patterson: No, cero. Sé que me lee, lo ha mencionado un par de veces en la Mañanera y lo he notado por comentarios que hace sin decir que leyó mi columna. Sí tengo un diálogo con la mayoría de su gente: con Claudia, Marcelo, varios del gabinete. No con él.

 

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El mismo fin de semana de la plática con Jorge Zepeda, también Alejandro Paez Varela y Alvaro Delgado, los otros dos pilares de SinEmbargo.mx, estuvieron en San Luis para presentar su libro (La disputa por México: Dos proyectos, frente a frente, para 2024). Eduardo Marceleño y Erick Almanza, dos de mi amigos más entrañables, se cruzaron con ellos en un puesto de tacos, ya cerca de la media noche; se entendieron a la perfección, y aunque no escribiré la anécdota que me contaron (por si ellos luego quisieran hacerlo), pensar en mis amigos de fiesta con esos dos grandes periodistas y en mí haciendo esta entrevista, me hizo caer en cuenta de los muchos motivos que tengo y que mi generación tiene para sentir agradecimiento hacia ellos, sin importar a que nos dediquemos, pues sin sus plumas, la historia de este periodo de tiempo, la historia de este país, nuestra historia, no sería escrita y recordada como se debe.

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El día que dejamos de llamar noticia a todo. Manifiesto editorial.

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En lo seguro no hay misterio.

Culto Público: Esta entrega no es mi columna ni mis apuntes. Es un acta y un manifiesto. Les suplico leerla como tal y de ser posible guardarla, no por ego, sino como garantía que extiendo.

Déjenme explicarles de qué va esto y el por qué.

Miren, todos los días, a esta redacción —como a las de cientos de medios en el país— llegan decenas de comunicados oficiales. Boletines puntuales, muchas veces mal escritos pero siempre perfumados de gerundio: “se llevó a cabo”, “se está trabajando”, “se está supervisando personalmente”.

Llegan con calificativos de acciones “inéditas, únicas, históricas” y todos compitiendo por destacar algo que es su obligación hacer. Lo he dicho estos días: Gobernar no es noticia.

Los comunicados por lo general vienen acompañados de una “selfie gubernamental” que retrata al gobierno mismo y deja en segundo plano, casi como escenografía lo importante, eso que es justo lo que le da sentido a que exista un sistema de gobierno: Los ciudadanos, con derechos y anhelos permanentes de recibir lo que carecen, lo que se les prometió no importa en que año, en qué campaña, que personaje ni que partido.

A ver, aquí no se culpa a nadie. La forma de comunicar el día a día de los aparatos institucionales tiene al menos cuatro décadas sin renovarse. Lo sé porque yo mismo fui parte de ello. Sí, las herramientas para difundir son más rápidas, pero no más útiles.

El resultado es algo que me despertó con alarma una noche cualquiera. Todos los medios terminamos pareciéndonos: somos espejos unos de otros, quizá con algunas variantes —algunos con colmillo, productos propios y estilo, si me permiten la vanidad—, pero variantes pues de lo mismo.

Eso se acabó hoy. Se acabó para mi y se acabó para La Orquesta.

A partir de esta publicación, La Orquesta sigue en su concierto periodístico pero deja de funcionar como repartidor de los volantes informativos que las instituciones nos piden convertir en noticia. Eso lo dejamos a los demás.

Nuestro público es Culto, lo repito hasta el cansancio, por lo tanto sabe que no todo lo que se hace, necesariamente es noticia, si acaso, un reporte de que se trabaja…que es lo menos que podemos exigir.

Para aliviar la angustia de esa noche cualquiera, decidí hacer algo que suena simple y no lo es: separar, todos los días, lo que es noticia de lo que es ruido. Evaluar la comunicación oficial no para aplaudirla ni para atacarla, sino para medirla. ¿Hubo resultado verificable? ¿Hay un dato, una obra, un beneficiario con nombre? ¿La gente necesita saberlo? Entonces es noticia y se reconoce sin regateos. En cambio ¿Es rutina disfrazada de logro, anuncio repetido o álbum de fotos del funcionario? Entonces también se dice.

Quiero ser claro en tres cosas.

La primera: esto no será un estudio científico ni un índice de laboratorio. Será una valoración editorial, mía y por lo tanto subjetiva aunque no carente de metodología básica. Claro, me podré equivocar y cuando lo haga, corregiré con el mismo tamaño y la misma tinta (no usamos tinta, pero ya saben lo que quiero decir).

Lo que no haré es fingir neutralidad donde lo que hay es postura. Junto a todo el equipo, estamos construyendo indicadores y herramientas para que ustedes tengan el contexto de lo que leen en nuestras plataformas. Pronto conocerán los nombres y la mecánica. Hoy solo les adelanto la promesa: cada evaluación será firmada, explicada y defendible.

La segunda: no vamos a mirarnos el ombligo. La agenda pública —y sobre todo la agenda del poder público— la hacemos todos los medios. Voy a leer, analizar y reconocer a todos. No tenemos miedo de publicar hallazgos de otros medios serios -ojo, no reproducir su material, sino reconocerlos e invitar a nuestro público sumarse al de ellos-

Si un colega hace un buen trabajo -como lo hacen muchos- se reconoce sin mezquindad. Si otro medio genera cambios y publica mejor que nosotros, también lo diremos. Hay que competir por informar mejor, no por decirlo más fuerte.

Eso sí, lo que ocurre atrás de lo que un medio publique —sus intereses, sus líneas, sus contratos, (que todos tenemos y que conste)— no es de nuestra incumbencia. Leeremos lo que hacen público. Punto.

La tercera, y esta va con dedicatoria: existe en San Luis Potosí —y en todo el país— una fauna de páginas que se hacen llamar medios pero a las que en realidad no se puede llamar por ningún nombre, porque son anónimas.

Son esas páginas que escriben sincronizadas como si les mandaran guión. No usan método periodístico, usan adjetivos, conjeturas y afirmaciones sin comprobar. Ellos no quieren informar: quieren atacar sin honor, todos conocemos a alguno y todos sabemos que esas cañerías de publicaciones tienen sus villanos favoritos y sus mecenas invisibles (entre comillas, subrayado y en rojo…no son invisibles aunque así lo crean)

A esos no los voy a poner en duda, porque duda no tengo: no sirven para nada excepto para generar ruido, polarización y satisfacer los vacíos emocionales de sus autores y sus patrocinadores.

Escriben con coraje porque están enojados. Escriben con miedo porque se sienten inferiores. Escriben insultos porque se están proyectando. Es la psicología básica de la cobardía.

A esa revisión le vamos a llamar El Graznido del Pato. No para darles importancia —lo último que merecen— sino para lo contrario: para que al menos mi Culto Público y el círculo rojo de este estado distinga a esos como lo que son y lo poco que valen. Desestimarlos es justo.

Si algún dueño, patrocinador o autor escondido de estas cañerias de pato-notas quiere reclamar algo, el trámite es bien simple: quitarse la máscara. Hablar de frente y hacerse responsable de sus publicaciones de manera retroactiva. Los espero, yo no tengo prisa, confío en su profunda intolerancia al ego herido. 

Ahora, lo que hace posible este cambio no es solo un arranque de valentía ni mi despertar ese de madrugada.

Detrás de estos cambios, nuestro medio empieza a operar una infraestructura de inteligencia artificial diseñada para hacer lo que ningún equipo humano puede hacer todos los días con todo lo que se publica: leer la información, desarmarla, extraer los datos cuando se detecten , y cruzarlos contra la memoria de lo que ya se dijo antes.

La máquina recuerda lo que luego el poder confía en que se nos olvide. Esa será su función y también su límite: propone, pero un ser humano dispone. Ninguna evaluación, criterio o producto se publicará jamás sin el cuidado de un periodista. El día que eso se invierta, y dejemos todo a la maquina, entonces cierren esta página porque ya no seremos nosotros. El periodismo o tiene alma, o deja de hablarle a los seres humanos perdiendo todo sentido.

El primer paso de este camino tiene nombre y se entregará desde mañana a un círculo muy reducido al que mantendré en mis listas de difusión, lo bauticé como “A Tiempo y Marcando el Ritmo”.

Ese es solo el inicio. Hay más productos en camino y cambios estructurales que iremos anunciando conforme estén listos —no antes, porque aquí no vamos a cometer el pecado que le señalamos al poder de anunciar lo que todavía no existe.
Empezamos en San Luis Potosí, que es donde el águila paró y donde han iniciado, nacido y generado hombres, mujeres, movimientos, piezas y talentos de valor universal.

Sin embargo, la vieja enfermedad de la repetición informativa y de la construcción deliberada de narrativas y relatos mediáticos desde el poder, mismos que obedecen al piramidal filtro del discurso occidental de producción, consumo y miedo, no es un problema exclusivo ni de nuestro estado ni país, es un asunto continental.

Y es que ese sistema viejo como Matusalen, junto a la velocidad sin criterio de las herramientas a la mano, el peligroso scroll incuestionable, el reto de informar en 4 palabras o detener al navegante en dos segundos, ha generado dos cosas: nuevas especies en el espectro de la comunicación y el periodismo, y la desalmada condena que nos depara si seguimos confundiendo cualquier cosa como noticia, sin cuestionarla y -lo que es peor- asumirla como verdad.

Se le atribuye a Mark Twain la afirmación: “Lo que te mete en problemas no es lo que no sabes, es lo que crees que sabes con certeza… y resulta no ser cierto”. Así nos está pasando.

El remedio no lo tenemos, pero primero hubo fiebre que paracetamol. El termómetro está a reventar y a la vista de todos.

Una cosa más, Culto Público y con esto cierro: En lo seguro no hay misterio, y cuando no hay camino…”se hace camino al andar “ escribió Antonio Machado.

Por lo tanto, seguro que nos llamarán locos, (lo bueno es que la cordura nos cae gorda y a mi me han dicho más feo) seguro incomodaremos a algunos o a muchos, seguro habrá tropiezos y errores.

Lo que les prometo es que no habrá arrepentimiento. El afán es honesto. Desde La Orquesta quiero contribuir a la construcción de un mástil, vela y timón con el que el periodismo supere la tempestad en la que estamos, y que surque los mares de eso que chocará de frente, fuerte y rapidísimo, eso de lo que no tenemos remota idea de lo que es, ni de lo cerca que pueda estar, pero -les aseguro- viene.

Yo soy Jorge Saldaña.

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Ciudad

El Saucito está contra reloj; Galindo analiza posponer la obra

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La obra todavía no tiene vía libre y, una vez que sea liberada, tendrá que pasar por 45 días de licitación

Por: Redacción

La obra de El Saucito enfrenta una carrera contra el tiempo debido al retraso en los trámites para su liberación, por lo que el Ayuntamiento de San Luis Potosí ya analiza si todavía es posible ejecutarla dentro del calendario previsto.

El alcalde Enrique Galindo Ceballos explicó que, aunque existe el compromiso del Gobierno estatal para liberar las obras municipales que permanecen en trámite desde marzo, el proyecto de El Saucito tendrá que pasar todavía por un proceso de licitación de aproximadamente 45 días.

“Se nos acortó ya demasiado para iniciar la obra de El Saucito”, reconoció el alcalde tras reunirse con el gobernador Ricardo Gallardo Cardona.

Galindo señaló que ordenó al área municipal de Obras Públicas realizar una proyección para determinar si, una vez liberado el proyecto, todavía sería posible concluir los trabajos en enero, como se había comprometido con los habitantes de la zona.

“Por eso es que mañana voy a definir si sí podemos o si no”, explicó.

El alcalde insistió en que el proyecto no está en riesgo de cancelarse, aunque sí podría ser necesario modificar el calendario de ejecución.

“Yo digo que no se va a cancelar, se va a posponer, porque es un compromiso”, sostuvo.

Uno de los principales factores que busca preservar el Ayuntamiento es la celebración tradicional de El Saucito, cuya antigüedad supera los 100 años. Galindo señaló que no quiere que los retrasos administrativos terminen afectando esta festividad.

“No podemos interrumpir una fiesta de más de 100 años, y no quisiera que fuera por esto”, afirmó.

El alcalde agregó que durante la semana sostuvo reuniones con algunas de las organizaciones de la comunidad de El Saucito, las cuales, dijo, están al tanto de la situación y de las dificultades que enfrenta actualmente el proyecto.

Será con la proyección que prepare el área de Obras Públicas cuando el Ayuntamiento determine si los trabajos pueden realizarse en los tiempos comprometidos o si será necesario posponerlos.

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SLP supera las 200 interrupciones legales del embarazo en 2026

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Desde la aprobación de este derecho en el estado, suman más de 400 procedimientos

Por: Redacción

Más de 200 interrupciones legales del embarazo (ILE) se han realizado durante 2026 en instituciones públicas de salud de San Luis Potosí, informó la secretaria de Salud estatal, Leticia Mariana Gómez Ordaz.

La funcionaria detalló que, desde que este derecho fue aprobado en el estado, se han efectuado más de 400 procedimientos en hospitales públicos y otras instituciones del sector.

El Hospital del Niño y la Mujer concentra la mayor cantidad de atenciones, debido a la experiencia de su personal, aunque el servicio también se ofrece en hospitales regionales que cuentan con la infraestructura necesaria para llevarlo a cabo.

En aquellos casos que requieren una atención médica especializada, las pacientes son canalizadas a las unidades correspondientes, explicó Gómez Ordaz.

La titular de Salud señaló que uno de los principales desafíos para garantizar el acceso a este derecho es la falta de información, pues todavía hay mujeres que desconocen que pueden solicitar la interrupción legal del embarazo dentro del plazo que establece la legislación.

Hasta ahora, aseguró, la Secretaría de Salud no tiene registro de hospitales o clínicas públicas que hayan rechazado brindar este servicio

a alguna paciente.

Ante una eventual negativa o si existen dudas sobre el procedimiento, Gómez Ordaz llamó a las mujeres a acercarse a los Servicios de Salud, donde podrán recibir orientación y, en caso necesario, ser canalizadas a la unidad médica correspondiente.

La secretaria reiteró que los procedimientos se llevan a cabo de acuerdo con la legislación vigente y bajo atención de personal médico profesional.

De esta manera, mientras el estado acumula más de 400 interrupciones legales del embarazo desde la aprobación de este derecho, la Secretaría de Salud identifica como uno de los pendientes que la población conozca con mayor claridad que el servicio está disponible y dónde puede solicitarse.

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