octubre 16, 2026

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#4 Tiempos

El Todo, la Nada y Dios | Columna de Juan Jesús Priego

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Cuando un autor, por ponerse a tono con los tiempos que corren, empieza a hablar de «la Suprema Energía» o de «la Armonía Infinita» para no tener que pronunciar el nombre de Dios, yo cierro inmediatamente su libro y lo tiro por el balcón.

Hace poco, por ejemplo, tuve entre mis manos una obra de considerables dimensiones en cuyo prólogo podía leerse la siguiente advertencia: «Lector, sea lo que sea en lo que creas: en el Gran Todo o en la Gran Nada», etcétera… ¡Y el libro, sin embargo, pertenecía a una colección de espiritualidad supuestamente cristiana! Inmediatamente me deshice de él. Porque, ¿qué es el Gran Todo y qué la Gran Nada? ¿Alguien podría explicármelo?

En otro libro que me regalaron algún tiempo atrás,  leí también: «¡Pídele al Universo!». ¡Pero si el Universo no oye ni habla! ¿Para qué voy a perder mi tiempo hablándole si el Universo es lo más indiferente que pueda haber? ¡Hablar con el Universo sería un acto tan loco como ponerme a conversar con las piedras, y hablar con la Energía algo tan carente de sentido como querer entablar un diálogo afectuoso con el foco de la cocina!

Cuando yo era niño y mi padre me hablaba de Dios, yo me imaginaba a un señor de largas barbas blancas mirándome desde el cielo. Y cuando le rezaba, yo sabía que era escuchado. ¿Que ésta era una representación de Dios bastante ingenua e infantil? Sí, por supuesto que lo era, pero que no se equivocaba en lo esencial, es decir, en concebir a Dios como una Persona que oye, ama, escucha y habla. A un Dios así yo podía expresarle mis miedos y rezarle, contarle mis penas e invocarlo. Pero, ¿qué se puede hacer con el Gran Todo? A esa “Armonía Universal”, ¿qué le puedo decir y, sobre todo, qué me puede ella responder? Con la “Energía Suprema” no es posible tejer ninguna relación de amor, como no es posible tejerla, por ejemplo, con esa fuerza que ilumina mi casa y que se llama electricidad.

Cuando Dios se reveló a Moisés, lo hizo valiéndose de un pronombre absolutamente personal: Yo. «Yo soy el Dios de tu padres» (Éxodo 3,6). Y la energía, por infinita que sea, ¿cómo podría decir lo mismo? ¿Puede acaso el Todo decir Yo? ¿Puede, por lo menos, decir algo? En los libros de autosuperación posmodernos es hoy muy común hablar de Dios con un lenguaje vago y cobarde. Los autores lo llaman «Fuerza», «Armonía», etcétera. Y lo hacen así para estar a salvo de cualquier llamamiento que Dios pueda hacerles tanto a ellos como a los lectores de sus libros, y de este modo su libertad soberana queda perfectamente a salvo. Por lo pronto, jamás de un Dios entendido como Pura Fuerza podrán escuchar palabras como éstas: «Ahora, pues, anda; te envío a Faraón para que saques a mi pueblo de Egipto» (Éxodo 3, 10). El Dios vivo, el Dios bíblico da, pero también pide; salva, pero también llama. En cambio, la «Suprema Energía», ¿qué puede pedirles? Nada. Y, para ellos, es mejor así.

Hace poco escuchaba consternado lo que decía por la radio una mujer: «¡Amigos, alégrense! Hoy inicia el año chino de los sapos. ¿No es fenomenal?». A mí no me pareció nada fenomenal que fuera el año chino de los sapos, pues no sé qué tienen ellos que ver conmigo, pero aclaró mis dudas y confirmó mis sospechas de que lo que los hombres de hoy quieren, sobre todo, es alguien que les ayude y les proteja, pero alguien que no pueda pedirles nunca nada.

¿Por qué no, entonces, confiarse a los sapos? Sí, después de todo, ¿por qué no? Viéndolo bien, Moisés bien pudo, ante la zarza ardiente, haber dicho para sus adentros: «¿Qué es esta voz que oigo? Se trata, sin duda, de meras alucinaciones mías a causa de haber dormido mal hace dos noches. ¿O es que tomé un café demasiado espeso? En adelante le diré a mi mujer que no lo cargue tanto y que, si puede, le ponga más canela a manera de sustituto. Bien, Moisés, tú no has oído nada. ¿O qué fue lo que oíste? ¡Nada! Prosigue tu camino en santa paz y que la Suprema Energía ilumine tus pasos».

Pero no, Moisés lo sabía: Dios habla y, en determinadas circunstancias,  puede hasta pedir algunas cosas que no nos gustaría nada realizar… ¡Ah, cómo sufrió Moisés por haberse detenido ante aquella zarza que ardía sin consumirse! Pero se detuvo, lleno de curiosidad, y hete aquí que Dios le pidió que fuera a decirle unas cuantas cosas nada menos que a Faraón. ¡Dios mío, y con lo tartamudo y tímido que era!

Nuestros autores posmodernos sienten la necesidad de Dios, pero no pueden permitir que Dios se entrometa en sus vidas, y mucho menos que se las complique. Entonces no saben qué hacer. O mejor dicho, sí que lo saben: simple y sencillamente se ponen a negar que Dios pueda ser una Persona.

El cardenal Jean Daniélou (1905-1974) captó perfectamente en uno de sus libros dónde está la trampa: en que, al despersonalizar a Dios, lo que los hombres quieren en el fondo es escapar de Él. «Una persona –escribió- es un ego viviente que conoce, que quiere, que ama y a quien no se puede, sin hacerle injusticia, tratar como una cosa. Ahora bien, acaso haya que buscar ahí la razón de esa profunda repugnancia de los sabios de este mundo a reconocer en Dios una persona, pues es precisamente en ese título en donde reside el fundamento para que Dios merezca de nosotros, y en grado infinito, ese respeto que debemos a la persona como tal y que en este caso se llama adoración» (Dios y nosotros).

Los que hablan de Dios valiéndose de nombres que lo despersonalizan, reconocen su existencia para no pasar por ateos con almas desnaturalizadas, pero cuidándose mucho de cortar toda posible comunicación con él, y de este modo se libran astutamente de tener que lidiar con sus mandamientos, el primero de los cuales dice así: «Amarás al Señor tu Dios». Y conste que el mandamiento no dice: «Reconocerás su existencia», sino «Amarás», cosa ésta que no se puede hacer con el Todo, ni con la Nada,  ni con la Energía, sino sólo con una Persona que nos puede pedir después nueve cosas más…

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El Cronopio

María Luisa Toranzo, pionera del cuento mexicano | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

Por: J.R. Martínez/Dr. Flash

En la antología de Liliana Pedroza sobre el cuento mexicano, A Golpe de Linternas, que en su tomo I dedica a las pioneras, se encuentra entre las antologadas la potosina María Luisa Toranzo, que dedicó parte de su vida a la escritura y que fuera figura cultural mexicana. Madre y abuela del filósofo Luis Villoro y el escritor Juan Villoro, respectivamente.

Parte de su obra literaria se recoge en libros como: Azahares, espinas y rosas; Meditaciones, Suegras; Esbozos; Tres Chiquillas; Cuadros de una exposición; Páginas viejas; Charlas con mi hija; Átomos tontos, entre otros. Libros que reflejan su formación en el campo potosino y la época que le tocó vivir, donde impera el existencialismo y la fenomenología, campos que experimentaría posteriormente su hijo Luis Villoro. En su libro de ensayos: Esbozos, que lleva como ensayo central: El dominio de sí mismo, Sophrosyne vs la Hybris, “el dominio de sí mismo” no es una negación de la vida o de los impulsos, sino la condición necesaria para la auténtica libertad. Sin el gobierno de uno mismo, el ser humano queda a merced de fuerzas externas o de impulsos ciegos, perdiendo su autonomía.

María Luisa Toranzo Jordana nació en San Luis Potosí el 13 de marzo de 1890, perteneciente a familia de hacendados, vivió su infancia en la Hacienda de Cerro Prieto en el altiplano potosino, rumbo a Zacatecas, fue hija natural y creció entre libros, estudiando idiomas y cultivando la música tocando el arpa y la mandolina. El movimiento revolucionario le llevó en la adolescencia a radicar en la Ciudad de México, donde la vida placentera se trastocaba y la famosa banda del automóvil gris hacía de las suyas, y que quedó registrada en una de las primeras películas realizadas en México, llamada justo La banda del automóvil gris de 1919 de Enrique Rosas, filmada en los lugares donde pertrecharan sus ataques. En la película aparece la casa Toranzo donde vivió María Luisa en México y donde aparece en escena acechada en el asalto a su casa por tan peculiar banda.

Los acechos no pararon para María Luisa y fue pretendida por un general revolucionario del que logró escapar partiendo a España e instalándose en Barcelona donde se casaría con el médico barcelonés Miguel Villoro Villoro, procreando a tres hijos, entre ellos al filósofo Luis Villoro. Quedaría viuda y al iniciar la guerra civil española regresa a México huyendo de nuevo de la violencia. Se instala por un tiempo en la Hacienda de Cerro Prieto y parte a la Ciudad de México para que sus hijos continuaran sus estudios de formación.

Su familia potosina de abolengo le propició una considerable fortuna que le permitió ir a Barcelona, su abuela paterna Genoveva Peña Santacruz que casó en segundas nupcias con Casimiro Toranzo Ortiz, había sido esposa de Pantaleón Ipiña Eguía, siendo madre de José Encarnación Ipiña Peña.

Su pensamiento que de cierta forma influyera en su hijo Luis Villoro lo destaca en su libro Esbozos: “El dominio de sí mismo sobre la soberbia debe de consistir, no sólo en dominarse ‘delante de la gente’ y en vuestras ‘relaciones sociales’ para que los demás ‘vean’ que sois humildes o sencillos, sino que este dominio sobre vosotros mismos y sobre vuestra soberbia debe ser de tal modo profundo, que no sea un dominio efímero, originado únicamente por el bien parecer; tampoco debe ser un dominio de autosugestión, que sin serlo, os haga creer que ya sois humildes; sino que este dominio de vosotros mismos sobre la soberbia, debe ser una especie de ‘cura’ si queréis lenta y suave, pero sí honda, minuciosa y profunda. El dominio de vosotros mismos debe ser como un cauterio que tienda a curar, aunque sea quemando; a cauterizar, aunque sea con dolor, la llaga de vuestra soberbia, el cáncer de vuestro orgullo”

María Luisa Toranzo fue una mujer de una cultura vasta que participó activamente en la vida intelectual mexicana, aportando una sensibilidad ética que complementaba el rigor lógico de la época. Su enfoque en el “dominio de sí” suele leerse como un puente entre la virtud antigua, la psicología moderna y la abierta espiritualidad. Su nieto Juan Villoro la describe como una mujer que intentaba descifrar los secretos de la convivencia humana.

María Luisa Toranzo Jordana murió en la Ciudad de México a los 78 años de edad, el 2 de abril de 1968.

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Acento Ajeno

Maestría en derechos humanos y la incómoda pregunta | Columna de Haniel Valdés

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Por: Haniel Valdés

La comunidad cubana en el exilio, en Estados Unidos y en México, ha escrito en estos días cartas y mensajes dirigidos a la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP). Cuestionan que Gabriela Fernández Álvarez, presentadora del programa oficialista “Con Filo”, haya sido admitida en la Maestría en Derechos Humanos de la UASLP y que hoy esté cursándola en esta ciudad.

Los hechos conocidos son pocos. Su nombre aparece en la lista de la generación 2026-2028. Está en San Luis Potosí. En 2025, durante una gira por España, sostuvo que en Cuba no hay presos políticos. Todo lo demás es una discusión de fondo, y es más incómoda de lo que parece.

“Con Filo” nació en 2021, tras las protestas del 11 de julio, como respuesta de la televisión estatal cubana. Sus defensores dicen que desmiente falsedades. Sus críticos, que en algún punto dejó de desmentir y empezó a ridiculizar a la oposición, dentro y fuera de la isla, y a señalar como “vendepatrias” a quien se fue. Muchos exiliados lo viven como algo personal, porque vieron su rostro en pantalla como blanco de burla por opinar distinto. Esa es la versión de ellos, y es la que han hecho llegar a la UASLP.

Hay una ironía que ellos señalan y que no puedo dejar pasar. Quien llamó traidor al que salió de Cuba pudo salir, viajar y dar charlas en Europa. Pocos cubanos tienen ese privilegio.

La pregunta para México

Aquí es donde el caso deja de ser solo cubano. La universidad pública mexicana, ¿puede negar un lugar por lo que una persona ha dicho en público? Mi respuesta es que no debería. Una maestría en derechos humanos que excluya por opinión traicionaría la materia que enseña. La libertad de expresión protege también a quien piensa lo contrario de lo que a uno le gustaría.

Pero esa respuesta no cierra el tema. Un posgrado no es una tribuna. El objetivo del programa es formar profesionistas críticos y comprometidos con la solución de problemas de derechos humanos, en lo local, en lo nacional y en lo internacional. Y de eso sí podemos preguntar, porque no es lo mismo defender el derecho de alguien a estudiar que ignorar lo que esa persona dijo en pantalla durante años.

Y en México la materia no es teórica. Este es un país con miles de personas desaparecidas, periodistas asesinados y presos que esperan sentencia durante años. Un aula de derechos humanos en San Luis Potosí no es un espacio neutro. Se habla de casos reales, con familias reales.

Lo que corresponde

A la UASLP le corresponde explicar cómo se evalúa a quien aspira a este posgrado y qué responde a las cartas que recibió. Hasta ahora no hay una postura pública de la universidad, y el silencio solo alimenta la sospecha. También corresponde buscar la versión de la estudiante, que no ha respondido a los señalamientos. A ella le corresponde algo más difícil: sentarse en una clase donde se discute lo que defendió negar y escuchar.

Defiendo que se quede. Si la maestría sirve para algo, es para que esas ideas se confronten con argumentos, casos y compañeros que vivieron lo que ella calificó de mentira. Pero defender su derecho a estar no me obliga a fingir que la pregunta no existe.

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El Cronopio

El influyente divulgador de la ciencia, Luis González de Alba | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

 

Uno de los importantes divulgadores científicos de México fue el charquense Luis González de Alba, que emergió como un personaje famoso por su participación en el Comité Nacional de Huelga en el movimiento estudiantil de 1968; compromiso que asumió justo al egresar de la carrera de psicología en la UNAM. Fue aprehendido y recluido en la cárcel de Lecumberri donde inicia su labor literaria al escribir la novela Los Días y los Años. Lo narrado en esta novela fue usado por Elena Poniatowska lo que derivó en un conflicto entre González de Alba y la Poniatowska lo que la llevó a corregir lo dicho en su libro de La Noche de Tlatelolco.

Este lamentable episodio en la historia del México moderno, en el cual tuvo un protagonismo Luis González de Alba, marcó su derrotero profesional, participando en el periodismo y la política, siendo colaborador de los medios de comunicación: Grupo Milenio, Excélsior, Punto, Punto de Partida, Revista de Revistas, Siempre, Unomásuno y Nexos. Participó en la creación del diario La Jornada, de donde sería expulsado en 1997 tras la polémica con Elena Poniatowska.

En La Jornada, iniciaría su aventura como escritor científico en la columna “La Ciencia en la Calle” que atendió durante una década. Continuó su labor como divulgador de la ciencia en una nueva columna en Milenio Diario, que llamó “Se descubrió que…” donde escribía sobre ciencia y temas nacionales. Estas columnas marcan un momento especial en la historia de la divulgación de la ciencia en México, pues entrelazan los temas científicos, que era una de sus pasiones, con los históricos y sociales lo que enriquece el contenido tratado de manera clara y amena.

Esta labor lo llevó a escribir, además de novelas, poesía, ensayos y cuentos, libros de divulgación de la ciencia como La Ciencia, La Calle y Otras Mentiras; El Burro de Sancho y El Gato de Schrödinger: un paseo al trote por cien años de física cuántica y su inesperada relación con la conciencia, donde muestra la relación entre física y sociedad a través de la historia, libros publicados en 1989 y 2001, respectivamente.

Escribió además los libros de divulgación científica: Bases biológicas de la bisexualidad, (1985); La orientación sexual: reflexiones sobre la bisexualidad originaria y la homosexualidad, (2003); Niño o niña. Las diferencias sexuales, (2006), donde refleja y explica las bases científicas sobre la homosexualidad, manifestando su labor como activista gay

. Publica además los libros: Maravillas y misterios de la física cuántica: un paseo por la física del siglo XX y su inesperada relación con la conciencia, (2010) y Teoría de los grafos en las ciencias sociales, (1984).

Luis González de Alba nació en Charcas, San Luis Potosí, el 6 de marzo de 1944, donde realizó sus primeros estudios. Del pueblo minero, su familia se traslada a Guadalajara y González de Alba va luego a la Ciudad de México a continuar sus estudios profesionales de psicología en la Universidad Nacional Autónoma de México.

Entre sus actividades destacan la política, el activismo, la literatura y de manera especial su labor como divulgador científico pues se convirtió en uno de los divulgadores más influyentes e importantes del país, sumándose a la lista de divulgadores potosinos que forman parte de lo que llamo la tradición mexicana en divulgación de la ciencia donde se privilegia el compromiso social de la ciencia y su enfoque cultural. Fue un apasionado de los temas de física moderna y del cerebro humano, relación que marca una nueva etapa de estudio para entender la conciencia y la función del hombre en el universo con el desarrollo de la mente.

Luis González de Alba se suicidó el 2 de octubre de 2016, fecha de la conmemoración del 48 aniversario de la masacre de Tlatelolco.

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