#4 Tiempos
El Todo, la Nada y Dios | Columna de Juan Jesús Priego
LETRAS minúsculas
Cuando un autor, por ponerse a tono con los tiempos que corren, empieza a hablar de «la Suprema Energía» o de «la Armonía Infinita» para no tener que pronunciar el nombre de Dios, yo cierro inmediatamente su libro y lo tiro por el balcón.
Hace poco, por ejemplo, tuve entre mis manos una obra de considerables dimensiones en cuyo prólogo podía leerse la siguiente advertencia: «Lector, sea lo que sea en lo que creas: en el Gran Todo o en la Gran Nada», etcétera… ¡Y el libro, sin embargo, pertenecía a una colección de espiritualidad supuestamente cristiana! Inmediatamente me deshice de él. Porque, ¿qué es el Gran Todo y qué la Gran Nada? ¿Alguien podría explicármelo?
En otro libro que me regalaron algún tiempo atrás, leí también: «¡Pídele al Universo!». ¡Pero si el Universo no oye ni habla! ¿Para qué voy a perder mi tiempo hablándole si el Universo es lo más indiferente que pueda haber? ¡Hablar con el Universo sería un acto tan loco como ponerme a conversar con las piedras, y hablar con la Energía algo tan carente de sentido como querer entablar un diálogo afectuoso con el foco de la cocina!
Cuando yo era niño y mi padre me hablaba de Dios, yo me imaginaba a un señor de largas barbas blancas mirándome desde el cielo. Y cuando le rezaba, yo sabía que era escuchado. ¿Que ésta era una representación de Dios bastante ingenua e infantil? Sí, por supuesto que lo era, pero que no se equivocaba en lo esencial, es decir, en concebir a Dios como una Persona que oye, ama, escucha y habla. A un Dios así yo podía expresarle mis miedos y rezarle, contarle mis penas e invocarlo. Pero, ¿qué se puede hacer con el Gran Todo? A esa “Armonía Universal”, ¿qué le puedo decir y, sobre todo, qué me puede ella responder? Con la “Energía Suprema” no es posible tejer ninguna relación de amor, como no es posible tejerla, por ejemplo, con esa fuerza que ilumina mi casa y que se llama electricidad.
Cuando Dios se reveló a Moisés, lo hizo valiéndose de un pronombre absolutamente personal: Yo. «Yo soy el Dios de tu padres» (Éxodo 3,6). Y la energía, por infinita que sea, ¿cómo podría decir lo mismo? ¿Puede acaso el Todo decir Yo? ¿Puede, por lo menos, decir algo? En los libros de autosuperación posmodernos es hoy muy común hablar de Dios con un lenguaje vago y cobarde. Los autores lo llaman «Fuerza», «Armonía», etcétera. Y lo hacen así para estar a salvo de cualquier llamamiento que Dios pueda hacerles tanto a ellos como a los lectores de sus libros, y de este modo su libertad soberana queda perfectamente a salvo. Por lo pronto, jamás de un Dios entendido como Pura Fuerza podrán escuchar palabras como éstas: «Ahora, pues, anda; te envío a Faraón para que saques a mi pueblo de Egipto» (Éxodo 3, 10). El Dios vivo, el Dios bíblico da, pero también pide; salva, pero también llama. En cambio, la «Suprema Energía», ¿qué puede pedirles? Nada. Y, para ellos, es mejor así.
Hace poco escuchaba consternado lo que decía por la radio una mujer: «¡Amigos, alégrense! Hoy inicia el año chino de los sapos. ¿No es fenomenal?». A mí no me pareció nada fenomenal que fuera el año chino de los sapos, pues no sé qué tienen ellos que ver conmigo, pero aclaró mis dudas y confirmó mis sospechas de que lo que los hombres de hoy quieren, sobre todo, es alguien que les ayude y les proteja, pero alguien que no pueda pedirles nunca nada. ¿Por qué no, entonces, confiarse a los sapos? Sí, después de todo, ¿por qué no? Viéndolo bien, Moisés bien pudo, ante la zarza ardiente, haber dicho para sus adentros: «¿Qué es esta voz que oigo? Se trata, sin duda, de meras alucinaciones mías a causa de haber dormido mal hace dos noches. ¿O es que tomé un café demasiado espeso? En adelante le diré a mi mujer que no lo cargue tanto y que, si puede, le ponga más canela a manera de sustituto. Bien, Moisés, tú no has oído nada. ¿O qué fue lo que oíste? ¡Nada! Prosigue tu camino en santa paz y que la Suprema Energía ilumine tus pasos».
Pero no, Moisés lo sabía: Dios habla y, en determinadas circunstancias, puede hasta pedir algunas cosas que no nos gustaría nada realizar… ¡Ah, cómo sufrió Moisés por haberse detenido ante aquella zarza que ardía sin consumirse! Pero se detuvo, lleno de curiosidad, y hete aquí que Dios le pidió que fuera a decirle unas cuantas cosas nada menos que a Faraón. ¡Dios mío, y con lo tartamudo y tímido que era!
Nuestros autores posmodernos sienten la necesidad de Dios, pero no pueden permitir que Dios se entrometa en sus vidas, y mucho menos que se las complique. Entonces no saben qué hacer. O mejor dicho, sí que lo saben: simple y sencillamente se ponen a negar que Dios pueda ser una Persona.
El cardenal Jean Daniélou (1905-1974) captó perfectamente en uno de sus libros dónde está la trampa: en que, al despersonalizar a Dios, lo que los hombres quieren en el fondo es escapar de Él. «Una persona –escribió- es un ego viviente que conoce, que quiere, que ama y a quien no se puede, sin hacerle injusticia, tratar como una cosa. Ahora bien, acaso haya que buscar ahí la razón de esa profunda repugnancia de los sabios de este mundo a reconocer en Dios una persona, pues es precisamente en ese título en donde reside el fundamento para que Dios merezca de nosotros, y en grado infinito, ese respeto que debemos a la persona como tal y que en este caso se llama adoración» (Dios y nosotros).
Los que hablan de Dios valiéndose de nombres que lo despersonalizan, reconocen su existencia para no pasar por ateos con almas desnaturalizadas, pero cuidándose mucho de cortar toda posible comunicación con él, y de este modo se libran astutamente de tener que lidiar con sus mandamientos, el primero de los cuales dice así: «Amarás al Señor tu Dios». Y conste que el mandamiento no dice: «Reconocerás su existencia», sino «Amarás», cosa ésta que no se puede hacer con el Todo, ni con la Nada, ni con la Energía, sino sólo con una Persona que nos puede pedir después nueve cosas más…
También lee: La sepultura | Columna de Juan Jesús Priego
El Cronopio
Carmen Sarabia en la historia de la biología mexicana | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
Por: J.R. Martínez/Dr. Flash
Casada con un profesor convertido en naturalista y biólogo autodidacta, entró al mundo de la ciencia acompañando la pasión de su esposo el Sr. Ochoterena. La familia, compuesta de sólo el matrimonio, recorrerían los parajes de Durango en pleno movimiento revolucionario para trasladarse finalmente a la Ciudad de México, radicando por un tiempo en San Luis Potosí donde Ochoterena, como ya tratamos en entrega anterior, culminaría una de sus importantes obras científicas.
El limitado mundo de la mujer en esos tiempos, era allanado en parte por la comunión de pareja; muchos casos, que han quedado ocultos por la figura del esposo, podrían mencionarse, donde las mujeres se aliaron para cooperar en el trabajo intelectual y experimental de los esposos. Solo como ejemplo, un caso tratado en esta sección, y en especial en el mundo de la biología, Graciela Calderón compañera de Jerzy Rzedowski.
Mi propio trabajo de divulgación, principalmente en la realización de eventos, ha sido acompañado por el trabajo de mi esposa Ruth Gutiérrez, no siempre reconocido por la gente. El caso de la esposa de Ochoterena también es oculto, a excepción del propio Ochoterena que reconoce la labor de su esposa en su trabajo de investigación y difusión del mismo, donde en el librito que escribiera en San Luis Potosí y que con él diera nacimiento a la biología mexicana moderna, da los créditos del trabajo de su esposa para su culminación, aunque sin mencionar su nombre.
Carmen Sarabia Castrellón, se casó en 1912 con Isaac Ochoterena en Ciudad Lerdo, Durango y lo acompañó en su trabajo de escritura de su libro: Técnica microscópica y de histología vegetal, impreso en los talleres de la Escuela Industrial de San Luis Potosí en 1914-1915 que fue publicado en fascículos. En esta obra Ochoterena muestra la utilidad del microscopio y las técnicas asociadas para el estudio de la histología, para lo cual muestra imágenes, las cuales fueron dibujadas por Carmen Sarabia; así como parte de la revisión del texto.
Para lograr los dibujos fue necesario conocer la manipulación básica del microscopio y las técnicas para proyectar imágenes en una pantalla y poder lograr la fidelidad de lo observado. Es de esperar que esos tiempos de convivencia, además de la rutina en su vida de pareja, incluyera las discusiones de los logros de Ochoterena y compartieran la pasión de su trabajo de investigación y se involucrara en el conocimiento de aspectos biológicos y las técnicas de preparación de muestras para la observación microscópica.
El propio Ochoterena en el prólogo del libro manifiesta el trabajo y apoyo de Carmen Sarabia, que fuera hermana del aviador mexicano Francisco Sarabia:
“No terminaré este prólogo, sin hacer público acto de gratitud a las personas que bondadosamente me han ayudado en mis tareas. Permítaseme consignar mi gratitud, antes que a nadie, a mi cara esposa, que ha sabido ser mi compañera fiel en todas estas fatigas y mi más experto auxiliar, debiéndose a ella muchos de los dibujos que ilustran la obra; ha sido quien, antes que nadie, la ha conocido paso a paso, y me ha alentado con su valeroso ejemplo, con su constancia, con el sacrificio de todos sus paseos y entretenimientos agradables en aras de una ayuda tan grata como útil. Séame permitido conceder justamente a ella, el primer sitio en mi gratitud”.
Carmen Sarabia trabajó al lado de su esposo en el gabinete, en ese periodo de estancia en San Luis Potosí, donde convivieron con la sociedad potosina y compartieron tiempos de trabajo y de recreación. Del extenso trabajo realizado por Ochoterena, ya en la Ciudad de México a la que se trasladaron desde San Luis Potosí en 1915, estaría la ayuda invaluable de su esposa Carmen Sarabia Castrellón.
Carmen Sarabia nació en San Fernando, Mapimí, Durango en 1894, vivió en San Luis Potosí por dos años de 1914 a 1915 y murió en la Ciudad de México.
También lee: Entre la comunicación y la política, Matilde Cabrera Ipiña | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
#4 Tiempos
Dos gobernadores, una presidenta y un precipicio | Apuntes de Jorge Saldaña
APUNTES
Culto Público, hijos del pleno disfrute de mi soberanía:
Esta semana, dos gobernadores se asomaron al mismo hoyo, o precipicio para ser preciso, pero no por la misma razón. Una, Maru Campos, abrió la puerta de atrás de la soberanía para que entraran unos invitados que debían tocar el timbre. El otro amaneció con el nombre rondando en un expediente del Distrito Sur de Nueva York que huele a chupitos, dinero sucio y vergüenza pública.
En medio de los dos, berenjenales, una presidenta caminando sobre alambre: abajo, el abismo; arriba, el ruido; enfrente, Trump afilándose los dientotes.
Pero, respiremos para no marearnos:
Maru Campos usó la eficiencia como coartada para abrir la puerta… y no se vale.
La gobernadora de Chihuahua decidió que la soberanía nacional, vista desde su oficina, puede estorbar más que ayudar. Y entonces, según se reportó, acordó una operación con agentes de la CIA en territorio mexicano sin pasar por la ventanilla de Palacio Nacional.
El operativo funcionó. Desmantelaron un laboratorio y que bueno. Hubo resultado… sí, pero ahí está precisamente el problema: hay actos que, aunque sean eficaces, resultan todavía más peligrosos y no son legales. Colgarse de un diablito eléctrico, por ejemplo, es eficaz porque te da luz, pero en una de esas te quedas pegado y es ilegal porque le estas robando a la Comisión o al vecino.
Se oye feo y el hubiera no existe (aunque yo tengo otros datos) pero ¿Qué hubiera pasado si los dos agentes de la CIA no hubieran muerto? Maru se hubiera salido con la suya (con cual otra) y dejaría una ventana abierta para que esas criaturas comedoras de hamburguers and fríes, pudieran entrar y salir cuando convenga y hacer lo mismo con los vecinos.
En cambio, con los CIA boys volteados y fallecidos, el asunto escaló al grado de hervor necesario como para poder sacar a Maru hasta de la olla.
Aceptemos hijos de mi México en la piel: la soberanía no sirve nomás para adornar discursos del 15 de septiembre ni para que los niños la memoricen en civismo. La soberanía es la cerradura de la casa. Y si otro Estado entra sin permiso, no está ayudando, está recordando que quiere copia de la llave.
Maru confundió cooperación con autoservicio diplomático. Creyó que podía brincarse la fila institucional porque la causa era noble, urgente o rentable en términos de imagen. Y no. En este país, al menos en el papel (y de vez en cuando también en la práctica), la coordinación con agencias extranjeras no la administra un gobierno estatal como quien pide refuerzo por aplicación.
El asunto no es si el laboratorio existía. El asunto no es si el operativo fue “exitoso”. El asunto es que cuando un gobernador decide que puede gestionar la relación con un poder extranjero por su cuenta, lo que desmantela no es solo un narcolaboratorio: desmantela la jerarquía del Estado mexicano.
Muy eficiente todo. Muy práctico. Muy “resolvimos”. Pues sí, pero hasta que uno recuerda que así empiezan las cesiones: primero te agarro la manita, luego te llevo del brazo y al final hasta tienes que tender la ropa, o en otras palabras: primero por utilidad, luego por costumbre y al final por obediencia. (Y de ahí a ponerle estrella 51 a la bandera gringa pues tampoco falta tanto…ojalá esté exagerando)
Del otro lado (no del país, sino de la moneda) está Rubén Rocha Moya. Y lo suyo no es una puerta abierta, sino una sótano obscuro.
Según las acusaciones dadas a conocer en Nueva York, su nombre aparece salpicado por un expediente que habla de narcotráfico, armas, sobornos y una red de complicidades donde varios funcionarios también quedaron embarrados. Dicho así, parece serie mala de plataforma. El problema es que no lo escribió Netflix (ni modo, ¿para qué me cortan mi acceso? -ambiciosos-)
Rocha respondió como responden casi todos cuando sienten el agua en el cuello: que todo tranqui, que ya habló con la presidenta, que no pasa nada. Uff, esa frase dicha por políticos suele tener la consistencia de una gelatina de esas temblorosas con papelito húmedo del que escurre.
Y aquí conviene dejar algo claro para que no nos gane ni la pasión patriótica ni la tentación del linchamiento por delivery: si hay pruebas, que se investigue; si no las hay, que no se condene por consigna. Así de sencillo y valido para los dos gobernadores mencionados.
Porque la soberanía no puede servir para abrirle la puerta a la CIA en Chihuahua, pero tampoco para tapar con la bandera a un gobernador señalado por una corte extranjera. El escudo nacional no es sábana para cubrir vergüenzas.
El problema de fondo no se llama Maru. Ni Rocha. El problema se llama ¿Qué nos dice todo esto? ¿Qué lineas se leen desde el exterior?
En política, ya sabemos, la percepción es esa bestia que muerde más duro que los hechos.
Si México se ve como un país que protege a sus impresentables bajo el argumento de la autodeterminación, le está poniendo la mesa a Trump para que vuelva a vender su cuento favorito: que aquí no gobierna un Estado, sino un cártel con himno y Palacio.
Y si el gobierno mexicano actúa con tibieza, peor: la narrativa se le arma sola al vecino.
Pero si la Fiscalía decide avanzar, si encuentra elementos sólidos, si el lodo deja de ser rumor y se vuelve expediente, entonces la 4T tendrá que tragarse una piedra. Porque una cosa es defender la soberanía frente a Washington, y otra muy distinta descubrir que uno de los tuyos tiene las manotas llenas de fango.
Y ahí sí se abre el cajón que nadie quiere abrir: cuánto se sabía, quién miró para otro lado, quién cobró, quién calló y cuánto de ese dinero lubricó las maquinarias electorales de años recientes (saludos a Palenque).
Tómala barbón. Ese es el verdadero mega golpazo, y es que el lodo mancha los zapatos del que pisa, pero también salpica a quien lo acompaña y aquí está en duda el actuar en consecuencia porque, como escribió Carlos Monsiváis: “En México la impunidad no es la excepción, es el paisaje“.
Esta mañana Claudia Sheinbaum hizo lo único que podía hacer: caminar por la cuerda sin mirar abajo. Dijo, en esencia, que si hay pruebas contundentes se actuará, pero que México no aceptará instrucciones de un juez extranjero como si la soberanía fuera un trámite aduanal.
Y esa es la cuerda exacta.
Ni entreguismo disfrazado de colaboración, como en Chihuahua. Ni encubrimiento envuelto en nacionalismo, como quisieran algunos en Sinaloa. Ni subordinación. Ni impunidad.
Difícil equilibrio. Porque un paso en falso la deja del lado de los débiles frente a Washington y el mundo; el otro, del lado de los complacientes frente a los propios. Y mientras, la oposición se siente en el circo: aplaude las acrobacias mientras por dentro espera la caída del malabarista con grado de dificultad del tipo precio de la gasolina, alianza amarrada con hilo del delgado y T-MEC en puerta.
Estar en los zapatos de Claudia Sheinbaum en este momento, es lo mismo que cambiar un foco con cables pelones saliendo de la ducha.
En resumen, dos gobernadores se asomaron esta semana al precipicio y pueden acabar en el hoyo. Mi presidenta entre tanto, mide la profundidad sin pestañear para el próximo brinco.
Y aquí no se vale resbalarse porque nadie sabemos si todavía queda suelo institucional antes del fondo.
Bemoles.
¿Ya vieron las últimas encuestas? La senadora Ruth González, de acuerdo a los resultados de una empresa seria que hizo el ejercicio a nivel nacional, en este momento y en caso de decidirse a ser candidata solamente por el Verde, arrancaría la contienda con más de 20 puntos de ventaja contra todos. A nadie sorprende el dato y parece que los demás protagonistas posibles se están pasando de cautos.
Será que se desaniman por los números ¿o será que ya todo está amarrado y la senadora irá prácticamente sin rival? Ese escenario es posible… aunque aburrido y hasta injusto para la senadora Ruth. Su legitimación fundada en su alta votación está en riesgo. Sin rival, da lo mismo tener 500 mil ó 5 mil votos.
Hasta la próxima. Yo soy Jorge Saldaña.
También lee: Disculpe: ¿El 2027 para dónde queda? | Apuntes de Jorge Saldaña
El Cronopio
El creador de la biología mexicana moderna | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
Por: J.R. Martínez/Dr. Flash
La ciencia en México, a pesar de su presencia desde los tiempos novohispanos, ha tenido un lento desarrollo propiciado por su mezquino apoyo económico y su sesgo por un sentido utilitario. De esta forma las aportaciones mexicanas, que no son escasas, pasan desapercibidas al igual que sus protagonistas; sobre todo, aquellos que vivieron en épocas pasadas donde los obstáculos para su trabajo eran muy frecuentes.
En esta columna, hemos estado dando vida a estos personajes, principalmente potosinos o relacionados con San Luis, que han contribuido desde sus trincheras a nuestro desarrollo social y cultural, independientemente de su actividad principal.
En esta ocasión tratamos el caso de uno de los pioneros de la biología moderna en el país y que fincó su trayectoria en esta disciplina en la estancia que tuvo en San Luis Potosí al cambiar la exploración en busca de especies vegetales, como las cactáceas, al trabajo del gabinete con el uso del microscopio impulsando así los estudios biológicos en el Instituto Científico y Literario de San Luis Potosí y en el país, Isaac Ochoterena Mendieta.
Isaac Ochoterena pasa de la actividad de los naturalistas a la biología, considerado así el último naturalista en México y el pionero en los estudios biológicos, en particular se le considera el creador de la biología mexicana moderna. Aunque oficialmente se le considera que nació en 1885 en Atlixco, Puebla, en realidad nació el 28 de noviembre de 1880, de acuerdo a las indagatorias de Jorge Comensal, que ha escrito el más reciente ensayo sobre Isaac Ochoterena por encargo de El Colegio Nacional, institución, entre otras, a la que perteneció Ochoterena.
En Atlixco se interesaría por las cactáceas, que era el ambiente natural de lugar de nacimiento, formándose como profesor y practicando la docencia en primaria, lo que lo llevaría al estado de Durango como inspector de educación y maestro de primaria, lugar donde daría rienda suelta a sus intereses intelectuales, la enseñanza y el estudio de las cactáceas. Se dice que esa profesión, la de maestro, le salvo la vida al retirarlo del paredón de fusilamiento Francisco Villa, que en la toma de Torreón fusilaría a numerosos miembros del ejército vestidos de civiles en un tren en Durango entre los que se encontraba Isaac Ochoterena. Al enterarse Villa que era maestro, le perdonó la vida. Escriben sus biógrafas (Cecilia Cabrera y Cecilia Campos) en primera persona:
“Yendo en tren hacia el norte fuimos detenidos por las tropas de Villa y al ser presentados ante éste, le dijeron: ¿Qué hacemos con estos… y con este rotito que dice ser profesor? Villa contundente ordenó: a éstos ¡fusílenlos! Y a este rotito que dice ser profesor ¡libérenlo!, porque gentes como él necesita la patria ”.
De Durango, Ochoterena vino a radicar a San Luis Potosí en 1914, donde ocupó el puesto de director general de Educación del estado y fue profesor de Biología e Historia Natural del Instituto Científico y Literario de San Luis Potosí y profesor de Antropología en la Escuela Normal del Estado.
Manifestó interés por muchos ámbitos de la biología, pero su pasión fue la histología, el estudio de la composición, estructura y funcionamiento de los tejidos orgánicos, y se especializó en estudios biomédicos, en especial el estudio de tejidos del cuerpo humano; interés iniciado en San Luis Potosí, donde realizó estudios de gabinete con el uso de microscopio y donde publicó sus primeros trabajos en este tema: elementos de técnica microscópica y de histología vegetal, un opúsculo de cincuenta páginas con diecisiete figuras, impreso en los Talleres de la Escuela Industrial de San Luis Potosí; y elementos de citología. Ochoterena se encerraba en el laboratorio en la época violenta de la revolución mexicana.
El microscopio con los que realizaría estos pioneros trabajos lo tengo bajo mi resguardo en la colección de instrumentos científicos de gabinete de ciencias que los considero patrimonio cultural de San Luis Potosí.
Ochoterena sería llamado por el gobierno constitucionalista para encargarse de la sección de Biología Vegetal del Instituto de Biología adscrita a la Dirección de Estudios Biológicos creada por el gobierno de Venustiano Carranza. Se encargaría posteriormente de las cátedras de histología en la Escuela médica Militar y a la postre sería el directos del Instituto de Bilogía al pasar estas instituciones a la Universidad Nacional Autónoma de México, que acababa de recibir su autonomía en 1929, siendo la Casa del lago el recinto del Instituto de Biología.
Ochoterena se desempeñó, así, como profesor, investigador y funcionario académico, muriendo en la Ciudad de México el 11 de abril de 1950; sus restos descansan en la Rotonda de las Personas Ilustres, siendo el primer científico cuyos restos son depositados en dicha Rotonda.
También lee: El rescatista de la historia de la ciencia novohispana | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
-
Destacadas2 años
Con 4 meses trabajando, jefa de control de abasto del IMSS se va de vacaciones a Jerusalén, echando mentiras
-
Ciudad3 años
¿Cuándo abrirá The Park en SLP y qué tiendas tendrá?
-
Ciudad4 años
Tornillo Vázquez, la joven estrella del rap potosino
-
Destacadas5 años
“SLP pasaría a semáforo rojo este viernes”: Andreu Comas
-
Ciudad3 años
Crudo, el club secreto oculto en el Centro Histórico de SLP
-
Estado2 años
A partir de enero de 2024 ya no se cobrarán estacionamientos de centros comerciales
-
#4 Tiempos3 años
La disputa por el triángulo dorado de SLP | Columna de Luis Moreno
-
Destacadas3 años
SLP podría volver en enero a clases online











