abril 29, 2026

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El factor de los “lastimados” | Apuntes electorales de Jorge Saldaña

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APUNTES.

Es muy triste amar sin ser amado, pero es más triste que en tu partido no te hayan pelado.

Ahhh, pero qué hermosos somos los seres humanos: con defectos y virtudes, con amor y desamor, suaves como gaviotas, pero felinos como unas leonas, diría Lupita Dalessio.

En la esquina del amor y el desamor casi siempre escondemos al agravio bajo el farol del resentimiento y el rencor. “No digas que no me quieres.Cómo antes sí me querías”, bien dijo Laurita Garza antes de matar al prometido de Estela.

Y así como le pasó a aquella maestra de la escuela, a la que antes sí la querían, en los partidos políticos de San Luis Potosí más temprano que tarde ocurrirá la misma tragedia.

No pueden Sonia, Octavio, Xavier y Marco formar entre los cuatro un solo candidato cual si fueran el robot Voltron, entonces, por puro sentido común, habrá tres perdedores, tres agraviados, tres a los que antes sí los querían pero que tendrán que decidir entre pasar el trago amargo de ver a su prometida (candidatura) casarse con Estela… o de plano sacar una escuadra cortita… (favor de escuchar el corrido de Laurita Garza para disfrutar al máximo de este texto).

Me queda claro que casi todos (ojo, excepto Sonia) han dicho que, de no resultar ganadores de la contienda interna, se sumarían al proyecto triunfante pero… ¿usted, Culto Público, cree en tanta belleza? Yo no, porque las emociones humanas son un asunto serio.

¿Dejar pasar al “outsider”, al advenedizo, al que no tiene ningún trabajo político así nada más porque sí?

Pero seamos buenos y pensemos bien, demos el beneficio de la duda, digamos que el PAN no se rompe tras su proceso interno. Perfecto. Hasta ahí vamos bien en la teoría, pero en la práctica no solo se trata de palabras, abrazos o de levantarse la mano uno al otro. Se trata de estructuras, aliados fuera del partido, intereses externos, y hasta de inversiones. ¿Todo eso podrá cambiar de bando nada más de un plumazo?

Quizás los proyectos que más puedan embonar desde la perspectiva, son los de Marco Gama y Xavier Nava, es decir, se pueden acomodar como dos piezas de rompecabezas porque Marco Gama no tiene razones para no invitar a un derrotado Xavier, dar cobijo a su equipo y en una de esas impulsarlo para que sea su aliado y mancuerna en la capital potosina.

No ocurre lo mismo entre el proyecto de Octavio Pedroza, en el que no cabe el Xavier ni viceversa. No veo a la gente del ex Senador apoyando a Xavier ni a los Xavieristas (léase Oscar, Rodrigo, Sebas, Germán y ya) apoyando a Octavio. Los agravios que entre ellos tienen no son de ahora y van más allá de las formas.

Además existe siempre un problema, que los panistas tienen bien detectado en pactar con el alcalde con licencia o con su equipo cercano: No son de fiar. No saben cumplir acuerdos y si los cumplen son traicioneros. El panismo que apoyó a Xavier para llegar a la presidencia municipal no fue invitado a gobernar, no fue tomado en cuenta para nada y se encapsularon en su círculo “cero” para roer su hueso, al que defienden a diente pelón.

Sonia Mendoza es un caso que debe ser tratado por separado. Sabe ganar y es generosa en el triunfo, invita, acuerda (y cumple), pero en la derrota, sobre todo si es salvaje y se siente herida por la traición, puede ser un elemento de filo para su propio partido.

Ella sí sabe romper al PAN, conoce el lugar de las bisagras, sabe apretar los tornillos y prácticamente ella pintó la línea de flotación. ¿Qué pasa si Sonia Mendoza no resulta ganadora de la contienda interna? ¿En dónde cabe Sonia?

Ya no hay partidos de dónde escoger, todos se encuentran de uno y otro lado coaligados, el Movimiento Ciudadano está esperando el resultado para ofrecer en bandeja de plata el “Plan B” a Octavio Pedroza, y de ahí en fuera solo queda uno suelto: El Partido Verde.

¿Y si la dupla al gobierno del estado y la capital se conforma por Ricardo Gallardo y Sonia Mendoza respectivamente? ¿Habría otro camino? Es imposible saber, Culto Publico, porque los caminos de la vida no son lo que yo creía.

Volteemos hacia el PRI, hasta ahorita coaligado, comprometido, pedido pero no dado a la coalición con PRD y PAN. ¿Y si no llegan al altar?

Por eso el PRI, mientras estos apuntes electorales se redactan, están dando a conocer la convocatoria para elegir a su propio candidato, su propio abanderado o abanderada. Es definitivo que los tricolores son más precavidos, previsores, calculadores, más buzos y colmilludos.

No hay tricolor que esté del todo conforme en que vengan los de enfrente a imponer candidato. La coalición se oye muy bien allá arriba en la cúpula, suma bien en los números, pero ¿de verdad los priistas de sangre tricolor van a votar por un panista? Digo, por lo menos se los tienen que pedir de buen modo y resolver una incógnita de más de 64 mil pesos al cuadrado: ¿Y con quién va a gobernar?

Un abanderado multicolor para sumar fuerzas parece, en la cancha, una buena estrategia, pero a la hora del triunfo…¿de quién será el trofeo? Los priistas tienen mucha experiencia en ganar candidaturas y perder el gobierno. ¿Se lo van a ceder nada más porque sí al ungido blanquiazul?

Insisto en la pregunta. ¿En dónde cabrán los agraviados? ¿Por quién prefiere votar el priista de abajo, el de las bases? ¿Seguros que por el PAN?

Por eso tienen siempre un AS bajo la manga, por eso el PRI es cauto y aunque dijo que sí, no les dice cuándo. Ya en la orilla de la elección el tricolor puede ir solo para mover los tableros y agitar las jaulas.

Esta elección apenas comienza.

(Se está poniendo bonito, pásele a ver)

Hasta la próxima.

Lee también: Manuelito y la potosinidad | Columna de Jorge Saldaña

Ciudad

La radiografía moral de una ciudad a través de sus esquinas. Primera Parte

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Reportaje histórico, político y urbano de la nomenclatura potosina

«No nos une el amor sino el espanto;

será por eso que la quiero tanto.»

Jorge Luis Borges, «Buenos Aires», en El otro, el mismo (1964)

Por: Jorge Saldaña.

Caminar por San Luis Potosí es, sin que uno se dé mucha cuenta, un acto de paciencia historiográfica. Uno cree que va a comprar el pan, pero en realidad atraviesa cuatro siglos, tres regímenes, una revolución y una pulquería desaparecida. La esquina —esa institución tan mexicana— se vuelve aquí un libro abierto al que le faltan páginas, le sobran portadas y sostiene memorias cono nombres hechas de azulejo, metal o placa, que de no nombrarse ahí, nadie más las nombraría y menos las recordarían.

Lo cuento como periodista urbano, también como ciudadano y no como acusador. Esto no es una denuncia: es una caminata. Una caminata larga, tropezada y deliciosa por un casco antiguo donde una sola vía recta puede llamarse «Mariano Arista» en una placa, «ARISTA» en la siguiente y, dos cuadras más allá, «GRAL. M. ARISTA», todo en distintos materiales, todo igual de oficial, todo igual de imposible. Un solo general, tres nombres; un solo cabildo pero ningún acuerdo.

El estudio del licenciado Constantino Méndez sobre las inconsistencias actuales de la nomenclatura y el «Diccionario histórico de las calles de San Luis Potosí» de don Arcadio Castro Escalante —en su libro «Por las viejas calles de aquel San Luis»— dejaron consignado lo que aquí se cuenta con prosa de domingo: que la nomenclatura de esta ciudad es un palimpsesto -esos manuscritos en pergamino que conservan huellas de una escritura anterior-  al igual que nuestro centro, en cada placa hay un héroe encima de un pordiosero, un revolucionario encima de un cura, una avenida encima de una zanja. Y que la abuela, terca, sigue diciendo «La Corriente» cuando el plano oficial dice «Reforma» desde hace ya un siglo.

El verso de Borges con que se abre este reportaje no es decorativo. Es la llave. Porque si hay una manera de querer a las ciudades, esa manera es contradictoria: las queremos por lo que nos avergüenza de ellas. Las queremos por su desorden, por su terquedad, por su modo de no obedecer. San Luis Potosí entra en esa categoría con orgullo. Es una ciudad que se ama, en parte, por su incapacidad para ponerse de acuerdo consigo misma.

De los apodos a los apellidos

En 1828, recién consumada la Independencia, el Ayuntamiento potosino se topó con un problema simpático y propio de la época: necesitaba bautizar oficialmente sus calles, pero no tenía a quién honrar. A los españoles ya no se les quería —era demasiado pronto—, y los héroes nacionales todavía no alcanzaban para tantas esquinas. La solución fue salomónica y muy mexicana: dejar los apodos populares y ponerle apellido de vecino distinguido a lo que faltara.

Así se inauguró, sin saberlo, la primera ley no escrita de la nomenclatura potosina: la calle no se nombra, la calle se hereda. Hereda al insurgente cuando llega la Independencia, hereda al liberal cuando llega la Reforma, hereda al revolucionario cuando llega 1914 —el año bisagra, el del gran rebautizo— y hereda al fraccionador cuando llega el siglo XXI con sus colonias bautizadas con nombres de árboles que aquí no crecen.

Antes de 1828, sin embargo, las calles ya tenían nombre: solo que el nombre lo ponía el barrio, no el cabildo. La calle de la Cruz se llamaba así porque había una gran cruz divisoria entre la ciudad y la villa de San Miguelito. La de las Bóvedas porque allí se levantaron las primeras casas con techo abovedado. La del Arenal porque las lluvias de La Merced llenaban de arena la cuadra. La de los Burros porque los arrieros amarraban sus bestias antes de bajar a la Plaza de Armas. La de la Tamalera porque ahí vivía una mujer cuyos tamales eran de gran demanda.

Estos nombres, hoy reemplazados por placas con apellidos solemnes, eran en realidad un primer sistema completo y eficaz. Funcionaba etnográficamente: nombraba lo que estaba, no lo que se quería honrar. Era una nomenclatura sin proyecto político, asentada en la observación cotidiana. Por eso, cuando el cabildo intentó imponer apellidos en 1828, lo hizo sobre un sustrato vivo que ofreció resistencia silenciosa. La gente siguió diciendo «La Tamalera» mientras la placa decía «Julián de los Reyes».

La cuadra como unidad onomástica

Hasta bien entrado el siglo XIX, una vía recta no tenía un nombre: tenía tantos nombres como cuadras. La calle Iturbide, por ejemplo, en 1864 se desplegaba en ocho identidades distintas: «Ciprés», «Palaus», «Chino o Clima», «Filantropía», «Guayabo», «Mora», «Cocheros» y «Chica». La calle Vallejo se dividía en cinco: «Remedios», «Las Recogidas», «Plaza de Las Recogidas», «Lucero» y «San Miguelito». Manuel José Othón —el poeta— caminaba de niño por una vía que cambiaba cinco veces de nombre.

La avenida Carranza es el caso emblemático. En 1864 era cinco calles distintas en una sola línea: «La Cárcel» las dos primeras cuadras, «Maltos» las dos siguientes, «El Elefante» la quinta, y todo el resto «Real de Tequisquiapan». Cinco nombres, una traza. Hoy es una sola Carranza —liberal, rectísima, peatonal en su tramo histórico— pero quien camine por ahí está caminando, sin saberlo, sobre el rastro de un elefante, una cárcel y un señor de apellido Maltos del que no quedó memoria.

«Una descripción de Zaira como es hoy debería contener todo el pasado de Zaira. Pero la ciudad no dice su pasado, lo contiene como las líneas de una mano, escrito en los ángulos de las calles, en las rejas de las ventanas, en los pasamanos de las escaleras […], surcado a su vez cada segmento por raspaduras, muescas, incisiones, cañonazos.»

Italo Calvino, Las ciudades invisibles (1972)

Calvino no escribió sobre San Luis Potosí, pero pudo haberlo hecho. Su descripción de Zaira describe con exactitud lo que cualquier potosino ve al levantar la cabeza en una esquina del primer cuadro: la ciudad no cuenta su pasado, lo contiene. Lo carga en cada placa que no se quitó, en cada rótulo que se dejó conviviendo con el nuevo, en cada rincón donde el catastro y la abuela difieren y nadie se atreve a darle la razón a uno solo de los dos.

Esta lógica de los muchos nombres por cuadra tenía sentido en una ciudad pequeña. Cada tramo coincidía con un edificio característico, una anécdota memorable, un vecino famoso. Cuando la población creció y la administración pública se profesionalizó, ese sistema se volvió insostenible. Una calle con siete nombres no se puede catastrar, no se puede cobrar predial, no se puede patrullar. La unificación llegaría —y llegaría con una ideología.

Las cuatro fechas bisagra

La nomenclatura de San Luis Potosí no cambió de una vez. Cambió en oleadas, y cada oleada lleva la firma del régimen que la promovió. Cuatro son las fechas que conviene memorizar:

  1. 1828: primera nomenclatura oficial. Es la ola del cabildo independiente. Domina la mezcla de apellidos distinguidos y nombres triviales, por escasez de héroes.
  2. 1860–1870: primera ola liberal. Tras las Leyes de Reforma, aparecen Galeana, Morelos, Hidalgo, Allende sustituyendo nombres conventuales y virreinales. Es el primer barrido ideológico.
  3. 1914: el gran rebautizo revolucionario. La nomenclatura moderna —Carranza, Obregón, Madero, Zapata, 5 de Mayo— se impone sobre los antiguos nombres por cuadra. Es el momento más drástico: lo que había tardado tres siglos en sedimentar se sobrescribió en pocos años.
  4. 1930: ola posrevolucionaria. Aparecen nombres de gobernadores y políticos locales (Julián Carrillo, Francisco Alcalde, Ildefonso Díaz de León). La memoria estatal entra a competir con la memoria nacional.

Si uno camina hoy el centro y lee placa por placa, está leyendo —en estricto rigor— la geología política de la ciudad. La capa más profunda es colonial: convento, virgen, cruz. La siguiente, decimonónica: apellido distinguido, anécdota local. Encima, la liberal: insurgente. Encima, la revolucionaria: jefe armado. Encima, la postrevolucionaria: gobernador. Y en los fraccionamientos nuevos, la capa contemporánea: árbol exótico, flores, montañas y cordilleras. Cinco capas, una ciudad.

La memoria popular como capa subterránea

Hay una capa más, sin embargo, que ningún régimen logró borrar: la oral. Las placas también hablan de lo que el poder quiso olvidar. La calle de Las Manitas —hoy un tramo de Abasolo— se llamó así porque ahí enterraron las manos de un homicida. La de Las Cruces —hoy un tramo de Universidad— porque dos hombres se mataron mutuamente y se les puso cruces en el sitio. Estos nombres no entraron a la oficialidad porque la oficialidad prefiere héroes; pero la oralidad los recuerda. La calle, otra vez, no se borra: se tapa.

Y hay nombres populares que sí lograron permanecer, contra todo pronóstico. La calle Juan del Jarro lleva el nombre de Juan de Azios Ramírez, un pordiosero potosino del siglo XIX, vestido de harapos y con un jarro al hombro para pedir agua y comida. Se le atribuían dotes adivinatorias; la gente lo consultaba sobre fechas de muerte y matrimonios futuros, y atinaba lo suficiente para volverse leyenda. Cuando murió, le pusieron calle. Es uno de los pocos sitios en México donde un mendigo tiene placa oficial. Cosa rara, cosa potosina, cosa hermosa.

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Ciudad

Galindo ve “mano negra” en conflicto por predio de Puerta de Piedra

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El Ayuntamiento propuso habilitar un terreno contiguo como parque urbano, con obras incluidas, pero no hubo respuesta del grupo inconforme

Por: Redacción

Enrique Galindo Ceballos, alcalde de San Luis Potosí, aseguró que existen “manos negras” detrás del conflicto por el predio municipal en el fraccionamiento Puerta de Piedra, luego de que un grupo de vecinos promoviera un amparo para frenar su subasta.

El edil sostuvo que la oposición al proyecto dejó de tener lógica tras haber ofrecido alternativas formales a los inconformes, incluyendo la habilitación de otro terreno contiguo como parque urbano.

“No sé de quién, pero hay dos manos negras. Yo no me la creo. Si te ofrecen otro terreno, con iluminación, cercado y árboles, y no hay respuesta, entonces esto ya salió de la razón lógica”, declaró.

Galindo afirmó que el Ayuntamiento mantuvo diálogo con el grupo y respondió por escrito a sus peticiones, pero acusó que, en lugar de continuar con las negociaciones, optaron por judicializar el caso.

Además, rechazó que el proceso de subasta haya sido suspendido en su totalida

d, como han señalado integrantes del colectivo, al insistir en que el tema se encuentra en litigio y que el Cabildo aprobó la desincorporación de los predios conforme a la ley.

“No se hubiera subastado si no tuviera las condiciones legales. Fue aprobado por unanimidad”, sostuvo.

En contraste, el Colectivo Bosque Urbano Puerta de Piedra ha defendido el amparo interpuesto el pasado 13 de marzo, el cual fue admitido el 10 de abril por un juez, quien ordenó la suspensión del proceso de subasta de al menos 18 predios mientras se analiza el caso.

La audiencia constitucional del caso está programada para el próximo 8 de mayo, fecha en la que se definirá si el proceso de subasta puede continuar o si se confirma la protección legal de los predios.

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Destacadas

Afirma SSPC que la violencia se incrementa con el calor

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El secretario Juan Antonio Villa reveló que con la temperatura la gente se vuelve más irritable, además de que aumenta el consumo de alcohol

Por: Redacción

Juan Antonio Villa Gutiérrez, titular de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC), señaló que han encontrado una correlación entre el incremento de actos de violencia y el aumento en las temperaturas.

Explicó que el calor genera que mucha gente se vuelva más irritable, por lo que en lugares muy cerrados o en casas pequeñas donde se exponencía la sensación térmica, crecen los incidentes de violencia, como puede ser la familiar.

Asimismo, en esta temporada se incrementa el consumo de bebidas alcohólicas, por lo que las personas tienden a embriagarse más, y “se ponen violentos” contra las personas a su alrededor.

Añadió que ante esta situación, han reforzado la seguridad para prevenir estos delitos, instruyendo al Agrupamiento Especial para Atención de Violencia de Género a tratar de manera inmediata los reportes.

Comentó que en la última semana atendieron 14 denuncias de este tema, de las cuales, cuatro resultaron procedentes, con los involucrados siendo puestos a disposición de la Fiscalía General del Estado. 

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