agosto 22, 2026

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#4 Tiempos

El dueño de media Ciudad Peluche | Columna de Jorge Saldaña

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Chato López

Tercera Llamada

 

Nos guste o no, estamos condenados. El futuro político, económico y social de la ciudad esta en juego en el llamado “negocio del siglo” y no se ve por dónde podamos salvarnos los potosinos de tal destino.

No quiero ser pesimista, Culto Público, pero tampoco ingenuo o falsamente esperanzado. Le explico:

Eso que hemos llamado desde algunos medios de comunicación “El negocio del siglo” se refiere a los procesos jurídicos encaminados a que los comuneros de San Juan de Guadalupe se “asocien” (así entre comillas) con cuatro magnates del desarrollo inmobiliario, encabezados por el empresario potosino, Carlos López Medina, para urbanizar, fraccionar y vender, en una primera etapa, 2 mil 60 hectáreas ubicadas en el sur de la ciudad.

Para darnos una idea, en la extensión de las 2 mil 60 hectáreas que contempla la primera etapa del proyecto, cabría 5 veces el Parque Tangamanga.

Nada de malo tiene que los herederos de ese gran trozo de tierra social busquen asociarse con una empresa, pues además por ley no pueden vender el terreno –digamos directamente- justo por tratarse de una extensión comunal.

Si los comuneros aportan en completa libertad la posesión de sus tierras, es natural y absolutamente legal que uno o varios empresarios, tras las asambleas y protocolos previstos, se organicen para aportar el capital económico para poner en marcha el desarrollo.

Hasta ahí vamos bien. A primera vista, nada ilegal esta ocurriendo alrededor de la comunidad de San Juan de Guadalupe, pero como dicen por ahí “el diablo está en los detalles”:

A cálculos muy bondadosos, por debajo de lo esperado, un negocio como el que se fragua en nuestras narices tiene un valor aproximado de 82 mil 400 millones de pesos, va con todos los ceros: 82,400,000,000 de pesos, leyó bien.

Por un negocio de ese tamaño, a los comuneros les tocaría una parte proporcional (ni siquiera completo) de los mil 730 millones de pesos que recibirían en conjunto como compensación de su aportación, es decir, para los “socios” que aportaron el terreno les tocan casi 2 mil millones, pero para los “socios” del dinero 80 mil millones. ¿Buen negocio no?

¿Cuántas campañas políticas se pueden financiar con una ganancia de ese tamaño? ¿A cuántos alcaldes, incluido el actual, se les puede comprar para que cambien el uso de suelo en el Plan de Desarrollo Municipal? ¿Cuántas veces vale la pena pagar una vez más la deuda de 350 millones de pesos que tiene el gobierno del estado por la indemnización a los dueños del terreno que se afectó por el paso de un puente?

¿Cuántos años más este grupo de oligarquía seguirá tomando las decisiones respecto al crecimiento de la ciudad, su gobierno y su política económica? ¿Cuánto más poderosos serán después de esta transacción?

No seamos ingenuos Culto Público, tarde o temprano y nos guste o no, el negocio será concretado y el destino de los potosinos continuará en sus manos.

¿Alguien duda que fortunas de ese tamaño no han influido en gran medida en las decisiones de los gobiernos de la ciudad?

¿Alguien en su sano juicio cree que el Chato López perderá su inversión inicial de 90 millones de pesos que repartió entre algunos líderes de la comunidad?

¿Qué autoridad se le puede poner enfrente a un poder económico de ese tamaño?

¿Juan Manuel Carreras? ¿El Congreso? ¿La Procuraduría Agraria? ¿Los bomberos? ¿Superman?

Seamos honestos, el negocio inmobiliario más lucrativo que haya visto San Luis Potosí está por consolidarse, y con ello, el grupo de la oligarquía seguirá al mando de nuestro destino.

Tarde o temprano la Procuraduría Agraria tendrá que emitir la opinión jurídica que ha retrasado en dos ocasiones la celebración de la asamblea protocolaria que detonará el arranque del proyecto, solo hay que recordar que el Procurador Agrario, Felipe Aurelio Torres Torres es amigo del empresario Chato López Medina por quien se deja agasajar con bebidas y viandas. Hay fotos.

¿La autoridad municipal? Ni agreguemos nada, solo hay que preguntarse quién financió la campaña del hoy alcalde, Xavier Nava Palacios, en dónde sino en Tierra Blanca arrancó casi la mitad de la obra pública de inicio en su trienio y por qué revivió un proyecto del 2013 para realizar el estudio técnico para el cambio de uso de suelo de la comunidad.

¿Nuestros representantes en el congreso? Perdón, pero están metidos de lleno en sus episodios de drama y comedia.

Las cartas están echadas. El dueño de media Ciudad Peluche, don Camerino López, pronto será el dueño de la otra mitad.

Nada de ilegal tiene el negocio que viene, pero si mucho de inmoral e injusto en que la ciudad esté visiblemente gobernada por una camarilla al servicio de unos cuantos dueños del capital a quien permiten hacer y torcer la ley en lugar de trabajar para mejorar la calidad de vida de todos. La alcaldía pues, convertida en gestor inmobiliario de sus mecenas.

Que pena para la historia si se recuerda que los Nava, tanto Salvador como Manuel, combatieron a los caciques López, a quien hoy Xavier, el nieto, adula y les trabaja servil. Le repito… creo que estamos condenados. O casi…

CUNA DE LOCOS

Si la actual legislatura fuera una telenovela, Cuna de Locos sería un buen nombre. Entre dramas, taparse un ojo, acusaciones, inquinas, amnesias y episodios seniles se la han llevado este tiempo, todo en perjuicio… del pequeño Edgar, perdón, Edson (referencia para mayores de 30).

Si bien todas las fracciones han sido parte de la tragicomedia, los especialmente histriónicos son los diputados de Morena y los integrantes de la Junta de Coordinación Política. No se diga El Mijis, que se cuece aparte, embebido en su lucimiento personal vendiendo su cascarón de víctima social en tanta universidad y noticiero en que es contratado como fenómeno de circo, algo como “Miren va a venir el pandillerito que se hizo diputado, qué tierno” pero de resultados nada.

A ver si ya ponen orden, así como Edson se deshizo de sus asesores para mandarlos a su casa de enlace y contrató un consejero más capaz, es todavía tiempo de que los demás retomen el rumbo hacia la cordura y la decencia. Nadie quiere volver a ver los escándalos y espectáculos de la anterior legislatura. Edson tiene la capacidad y el liderazgo, le falta meter mano firme, pero sobre todo el apoyo de sus compañeros a los que a veces se les olvida que están ahí para servir a los potosinos, no para ganar batallas de ego internas.

El que de plano parece no tener remedio es el cuarta vez diputado Oscar Vera, quien aunque parecía imposible, se ha vuelto todavía más nocivo en esta legislatura. A todas va y de todo quiere sacar ventaja. Ya siéntese señor…

 

BEMOLES

AVISENMEEEEEE

Por ir conduciendo en carretera y no poder leer sus mensajes, al diputado Adrián Sánchez Ramiro le tomó por sorpresa ayer el retorno anticipado a la curul de Xavier Azuara Zúñiga. El episodio fue jocoso, pues Sánchez Ramiro todavía estaba inmerso en temas de primer orden legislativo cuando se enteró que Azuara hasta un comunicado había enviado ya muy de regreso en la curul. Qué modos tan feos de avisar a quien les sacó la chamba, y con creces, durante la ausencia de Azuara. Muchos en el medio y en su propio partido hubieran preferido la permanencia del suplente en San Lázaro pero ni hablar, mañana Adrián regresa a sus actividades en la oficina de Comunicación Social del gobierno capitalino. #OTRORATITOAPÁ

@jfsh007

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#4 Tiempos

El filósofo de Lo Mexicano, Luis Villoro Toranzo | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

En 1950 El Colegio de México publicaba la obra: Los grandes momentos del indigenismo en México, escrita por Luis Villoro Toranzo, que iniciaba su trayectoria filosófica en México, después de graduarse en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México, donde se doctoró en filosofía.

Bajo la influencia del filósofo español desterrado y que fuera Rector de la Universidad de Madrid, José Gaos, emprendió en el grupo filosófico Hiperion, el estudio del Ser del Mexicano y la producción de la filosofía de Lo Mexicano desde corrientes como el existencialismo, el historicismo y la fenomenología.

Aunque el interés en el tema del indigenismo al parecer tuvo sus raíces en las experiencias de juventud en el altiplano potosino, en la Hacienda de Cierro Prieto al noroeste de la ciudad de San Luis Potosí, donde la familia de su madre tenía sus raíces y donde viviría por un tiempo, antes de trasladarse a la Ciudad de México a estudiar filosofía en la UNAM.

En dicha hacienda, al decir de su hijo el escritor Juan Villoro en su libro sobre su padre: la figura del mundo, le marcaría la escena de un campesino que al encontrarlo le saluda besándole la mano y refiriéndose a su persona como “patroncito”.

Luis Villoro nació el 3 de noviembre de 1922 en Barcelona, España; su padre un médico barcelonés y su madre una rica hacendada potosina. Tras el conflicto de la guerra civil española, su familia regresa a México y se instala en primera instancia en San Luis Potosí a fines de la década de los treinta.

La trayectoria intelectual de Luis Villoro, siempre estuvo en torno al tema de lo mexicano lo que lo llevó a estar de cerca y apoyar el movimiento zapatista en Chiapas al parejo de su vida académica en la UNAM.

En su pensamiento se subraya la convivencia social bajo el respeto entre culturas, exige reconocer al otro y construir comunidades que incluyan la diversidad, sin sacrificar la autonomía de las personas ni de los pueblos. Lo que le llevo a proponer enfoques para una democracia que reconozca la pluralidad de identidades.

Profesor de la UNAM desde 1954 en la Facultad de Filosofía y Letras de donde egresó, fue también investigador del Instituto de Investigaciones Filosóficas desde 1971 y

en el cual es nombrado Investigador Emérito en 1989, mismo año en que recibe el Premio Universidad Nacional en Investigación en Humanidades. En 1998 es nombrado Investigador Nacional Emérito de la UNAM.

En la creación de instituciones también tuvo participación, fue profesor fundador de la Facultad de Filosofía de Guadalajara y de la Universidad Autónoma Metropolitana unidad Iztapalapa haciéndose cargo de la dirección de la División de Ciencias Sociales y Humanidades. En 1978 ingresa a El Colegio Nacional y en 1986 recibe el Premio Nacional de Ciencias Sociales, Historia y Filosofía.

La Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo le otorgó el Doctorado Honoris Causa en el 2002, y en el 2004 se lo otorga la Universidad Autónoma Metropolitana. Finalizando el año de 2007 es nombrado Miembro Honorario de la Academia Mexicana de la Lengua.

Respecto a su obra filosófica, el Centro de Estudios de Filosofía Mexicana la reseña: “La obra de Villoro no es posible clasificarla en una sola línea de investigación, pues su producción filosófica se desarrolló en varias vertientes a lo largo de su vida intelectual, por ejemplo: el campo de la historia de las ideas y de la filosofía de la cultura, la filosofía de la historia, la filosofía política, la teoría del conocimiento, la analítica, la ética, entre otras”.

Luis Villoro Toranzo, que se nutrió de la vida mexicana en el altiplano potosino es considerado uno de los más destacados representantes de la filosofía mexicana, siendo su obra una parte indispensable de la filosofía. Villoro murió en la Ciudad de México el 5 de marzo del 2014.

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#4 Tiempos

Historias de valor | Columna de Juan Jesús Priego

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LETRAS minúsculas

 

Una vez, un famoso orador se presentó ante un auditorio muy numeroso para disertar acerca de La dignidad humana y sus fundamentos teóricos (así tituló su conferencia). ¡Pero, ay, tan largamente habló de estos asuntos que muchos asistentes empezaron a bostezar y otros francamente se durmieron! Entonces decidió cambiar de táctica y sacó de su cartera un billete de quinientos pesos, lo agitó en el aire y preguntó con voz tonante:

¿Alguien quiere este billete?

Los que estaban despiertos levantaron la mano, y los que en ese momento dormían también la levantaron, e incluso más firmemente que los otros, un poco así como los diputados y los senadores la levantan en la Cámara a la hora de las votaciones. ¿Sobre qué van a votar? Sólo Dios lo sabe, pero ellos de todas maneras, para fingir que viven, dan muestras de asentimiento. Pero sigamos con nuestra historia. Era claro que todos querían participar en el dichoso concurso, pero ¿qué tenían que hacer para ganarse esos quinientos pesos?

El orador adoptó un aire misterioso, tiró al billete al suelo, lo pisoteó una, dos y cien veces, cual si bailara sobre él el jarabe tapatío, lo levantó del suelo y volvió a decir:

-El billete ha quedado un poco maltratado, como ustedes pueden ver. Pero si alguien lo sigue queriendo, que me lo diga.

Por demás está decir el revuelo que se armó. ¿A quién le importaba que estuviera maltratado? ¡Todos seguían queriendo aquel billete!

Luego el orador escupió sobre él, lo dobló, hizo con él una bola del tamaño de una pelota de golf y lo enseñó otra vez a su auditorio.

-Quien en tales condiciones siga queriendo este billete no tiene más que decírmelo y se lo daré.

Y he aquí que todos volvieron a levantar la mano.

-Bien –dijo entonces el orador-. Ahora ya están en mejor condiciones de saber qué es la dignidad humana. Cuando el billete estaba liso y crujiente, todos lo querían, pues valía lo que dice en cada uno de sus cuatro ángulos, es decir, quinientos pesos. Cuando lo pisoteé no una, sino varias veces, y quedó manchado con el lodo de mis zapatos, ustedes quisieron tenerlo aún, pues seguía valiendo quinientos pesos: mis golpes, como quiera que sea, no le hicieron perder nada de su valor. Luego lo escupí, pero no por eso ustedes le hicieron ascos. Pues así sucede con el hombre, señores y señoras. El hombre puede ser pisoteado, escupido, humillado; pero, pase lo que pase con él y le hagan lo que le hagan, nunca perderá su valor ni su dignidad.

El auditorio esbozó una sonrisa de comprensión y amabilidad, y el orador prosiguió de esta manera:

-Suceda lo que suceda, ante Dios siempre seremos valiosos e importantes: infinitamente más valiosos que este billete que, por lo demás, sólo vale quinientos pesos. ¿Ahora han comprendido ya en qué consiste la dignidad humana?

Y así acabó aquella conferencia. Espero que, por su bien, el orador haya sorteado entre el auditorio aquel billete, pues, de lo contrario…

Cuando leí esta historia en un libro de cuyo título no puedo acordarme, también yo sonreí. Pero no por el ingenio de este orador, sino porque ya había leído yo en un libro de la antigüedad cristiana una historia parecida.

Una vez –así comienza esta otra historia, mucho más antigua que la primera-, un peregrino fue en busca de un anacoreta para pedirle ayuda y un consejo. Estaba muy afligido por sus pecados pasados y no estaba seguro de que Dios fuera a perdonárselos. “No he sido bueno –gemía, desconsolado-; no he sido trigo limpio. ¿Tendrá Dios compasión de mí?”.

El anacoreta le habló largamente de la misericordia divina, le contó la historia de David y otras muchas tomadas de la Biblia; lo amonestó con graves palabras para que confiara más en la misericordia divina, pero el pobre peregrino seguía mostrándose al borde de la desesperación.

Entonces el santo hombre de Dios le hizo esta pregunta:

-Dime, si tu túnica se rasgara, ¿la tirarías?

-No. Esta túnica es la única que tengo; si se rasgara, la remendaría y volvería a usarla.

-Entonces, fíjate bien –respondió el anacoreta-: si tú cuidas así tus vestidos, que no son más que paño, ¿crees que Dios no va a tener misericordia de uno que ha sido creado a su imagen y semejanza?

El peregrino sonrió lleno de gozo, luego lloró durante unos instantes, emocionado, y por último besó la mano del santo anacoreta: había comprendido la lección. ¡Ahora ya sabía cuál es el valor de la vida humana! Y, dándole las más sinceras gracias, reemprendió su camino…

¿No es ésta una historia bella y profundamente humana? En realidad, me gusta mucho más que la anterior. ¿Crees que, por lo que has hecho, Dios se va a deshacer de ti echándote en el olvido? ¿Crees que Dios se deshace de este modo de sus criaturas? Sí así lo crees, si esto es lo que piensas de Él, déjame decírtelo: aún no lo conoces. Como el billete del conferencista, el hombre puede estar sucio; como la túnica del peregrino, su corazón puede estar roto, pero no por eso a sus ojos vale menos. Tal es, en pocas palabras, el fundamento de la dignidad humana. Y quien quiera fundamentarla de otra manera y con otros argumentos construye sencillamente en el vacío.

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El Cronopio

El artista, narrador, periodista e ingeniero, Alberto Sustaita | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

J.R. Martínez/Dr. Flash

En la lista de los grandes literatos potosinos del siglo XIX y principios del siglo XX se encuentra Miguel Alberto Sustaita Zavala que combinó su actividad profesional entre el periodismo, la literatura, el dibujo y la música. Esta última exponiendo la vena musical familiar pues su abuelo fue el músico potosino de reconocimiento internacional León Zavala, cuyo nombre perduró en el imaginario potosino al preservarse la orquesta con su nombre, en la cual, por cierto, iniciaría sus actividades musicales Julián Carrillo.

Su nombre se suma a la lista de personajes que combinan su vocación entre las ciencias e ingeniería con las letras. Alberto Sustaita ingresaría a estudiar ingeniería en el Colegio Militar de México, después de terminar sus estudios de preparatoria en el Instituto Científico y Literario de San Luis Potosí, mismos que abandonaría para dedicarse a la escritura iniciando actividades de literatura y periodismo, en San Luis Potosí.

Miguel Alberto Sustaita Zavala nació en San Luis Potosí el 10 de mayo de 1863, su primera infancia la vivió bajo la ocupación francesa en San Luis. Si bien su obra literaria no es del todo conocida, sus composiciones musicales lo son menos, las cuales fueron influenciadas por el ambiente familiar en el cual varios de sus tíos ejercían su vocación musical heredada de su abuelo.

En sus primeros años como escritor se distinguiría por su trabajo periodístico, donde luego usaba la poesía como forma de expresión. Sus contribuciones en los periódicos locales de la época, como El Estandarte y El Correo de San Luis, usaba el seudónimo de P.K. Dor, el que luego también usaría en su obra literaria. Fue director del periódico potosino El Contemporáneo.

Su obra literaria incluye teatro, cuento, drama y novela

, la cual produjo desde fines del siglo XIX hasta su muerte que ocurrió el 29 de junio de 1909.

En 1892 publicó Siete Pecados, libro de narraciones editado por la imprenta Vélez e hijos, donde Manuel José Othón hizo la presentación; presentación donde Othón lamentaba “porque en San Luis nadie lee” (¿qué tanto ha cambiado esta apreciación?).

Iniciando el siglo XX llevaría a la imprenta varias de sus obras, entre las que se encuentran la realizada en la Imprenta Popular en 1906 intitulada Las Bolado. En la Tipografía de la Escuela Militar de San Luis Potosí, editaría las obras: Nita. Drama en un prólogo y tres actos, en 1904; El crimen del Pullman en 1907; Mortales y veniales en 1907; El padre Adrián. Drama en tres, también en 1907; Mutilado en 1909, poco antes de su muerte.

En 2010 el Ayuntamiento de San Luis Potosí publicó la obra Cuentos Potosinos donde se incluyeron los escritos por Alberto Sustaita y en 1998 El Colegio de San Luis, en su colección Literatura Potosina 1850 – 1950 coordinada por Ignacio Betancourt, publicó los cuentos Un Truchiman, Doña Juanita y el Tren de Balastre.

Alberto Sustaita procreó cinco hijos en su matrimonio el 7 de mayo de 1898 con María Emilia Muñoz López realizado en San Luis Potosí.

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