junio 18, 2026

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El doloroso adiós de 29 programas a Radio Universidad

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Radio Universidad

Locutores y productores aseguran haber sido dejados sin sus espacios sin explicaciones y con malos tratos; es parte de una renovación, dice la directora Ana Isabel Méndez

Por: Ana Dora

El pasado 10 de junio, a través de redes sociales, Ana Neumann comunicó a radioescuchas, seguidores y amigos la abrupta salida de su programa radiofónico Antología, de la estación 88.5 FM Radio Universidad. La razón, de acuerdo con su testimonio, se debió a la decisión de la directora de Radio y Televisión Universitaria, Ana Isabel Méndez Ortiz.

Ana Neumann informó a diversos medios de comunicación que la directora de Radio y Televisión Universitaria le solicitó diversos requisitos para poder mantener Antología al aire, y que, después de una marcada presión de Méndez Ortiz, la cuentacuentos no tuvo otra alternativa más que ceder y dejar definitivamente Radio Universidad, después de 19 años, dos meses y 9 días de colaborar con esa estación. 

Posteriormente a que Ana Neumann hiciera pública su salida de Radio y Televisión Universitaria, otros más se le unieron: productores y locutores manifestaron exigencias, tratos hostiles y diversas anomalías por parte de la directora de radio. 

Desde la llegada de Ana Isabel Méndez Ortiz como directora de Radio y Televisión Universitaria en julio del 2016, y de acuerdo con diversos testimonios, fuentes que solicitaron anonimato, la funcionaria comenzó a hacer una serie de cambios en la estructura administrativa y operativa, con la anuencia del rector de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, Manuel Fermín Villar Rubio. 

Los testimonios narran que Méndez Ortiz tiene un trato grosero con el público, colaboradores y trabajadores, por lo que comenzó una tensa situación laboral dentro de esa dirección. Con el argumento de modernizar la programación, la directora tomó la decisión de retirar definitivamente programas, algunos con casi treinta años al aire.  

Fueron 29 programas radiofónicos los que han salido del aire por la decisión de Ana Isabel de modernizar la programación. Otro, del Inpojuve, dejó de transmitirse por la cancelación del programa federal Prospera, ya que no hubo manera de sostener a los becarios que participaban. 

José Manuel Castillo, locutor de Tardes del Rock, narra que en abril del 2018, Méndez Ortiz, sin explicación alguna, decidió sacarlo del aire “de la noche a la mañana, dijo que mi programa ya no estaría”. Fue a través de un correo electrónico como la dirección le comunicó que finalizaba su intervención en Radio Universidad. José Manuel es también trabajador de la UASLP e indicó que a causa de la presión de la directora tuvo que pedir un permiso por seis meses. Tardes del Rock estuvo al aire por cinco años: “En el programa se interactuaba con los radioescuchas, transmitía rock en español e invitaba bandas locales”. A causa de la intempestiva salida tuvo que cancelar entrevistas ya agendadas a dos meses. Era transmitido los miércoles de 7 a 8 de la noche: “mi programa le daba vida a esa hora”, dice José Manuel, quien asegura ya tener otros proyectos en puerta. “A la Universidad y a Radio le debo todo”, asegura el locutor, pues llevaba 11 años trabajando en ese lugar. Lamenta que la dirección actual no aprecie el trabajo de productores y locutores que han colaborado por décadas sin recibir remuneración alguna. 

Otro testimonio, el de Eduardo Alonso Ramírez, productor de Las grandes bandas de Radio Universidad, externó a este medio que al igual que la denuncia de otros productores, la directora Ana Isabel Méndez lo sacó de la programación sin darle una explicación. Comentó que un día de marzo llegó a cabina y una persona de oficina le dijo “tu programa se suspende hasta nuevo aviso”, sin mayor explicación y muchos menos la presencia de la directora de Radio y Televisión Universitaria. Eduardo llevaba 30 años colaborando con Radio Universidad sin recibir remuneración alguna. Su trabajo lo hacía por pasión y amor en transmitir la música del recuerdo, colecciones únicas propiedad de su familia. En Las grandes bandas de Radio Universidad se podía escuchar a Glenn Miler, Ray Conniff, Aretha Franklin, entre otros. Se transmitía los sábados de 2 a 4 de la tarde. En su lugar, Ana Isabel Méndez decidió programar “Selecciones de Radio Universidad”, algo así como música pop o moderna. Alonso Ramírez dice no querer dinero, solo exige un trato respetuoso por los años que dio a esa Casa de Estudios, comentó que a diferencia de otros testimonios, Méndez Ortiz siempre tuvo un trato respetuoso con él, y que es por eso que se siente ofendido, porque desde su salida la directora no ha tenido contacto: “nunca me citó para darme las gracias por los 32 años que colaboré gratuitamente con Radio Universidad”

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Además de manifestar su inconformidad por los tratos hostiles de la directora de Radio y Televisión Universitaria, los productores señalaron su preocupación por las condiciones del acervo sonoro de Radio Universidad, pues mencionaron que los discos y acetatos fueron trasladados por instrucciones de la dirección a la Preparatoria número 1, actual bodega, en la colonia Fresnos, y desconocen las condiciones de los mismos. También denuncian que no hay catálogo ni las condiciones adecuadas para la conservación del acervo que posee la historia de sus programas.

Buscan nuevas audiencias, dice Méndez Ortiz

La Orquesta acudió a la Dirección de Radio y Televisión Universitaria, con Ana Isabel Méndez Ortiz, quien comentó que los cambios se deben a una reestructuración de las estaciones de radio con el objetivo de fortalecer los contenidos para que atraigan a diferentes audiencias: “Hemos dedicado espacios a una barra infantil”, señaló.

Respecto a las inconformidades de productores y locutores, Ana Isabel Méndez respondió que los programas que salieron fueron a causa de la decisión de cada productor, por negarse a seguir los nuevos lineamientos: “En realidad aquí a nadie se le corrió”. De Antología, con Ana Neumann, no se ha tenido contacto, dijo la directora de Radio y Televisión Universitaria.

También se le cuestionó sobre los señalamientos por presuntos tratos groseros y hostiles de su parte: Méndez Ortiz negó y dijo no haber escuchado esas acusaciones, “cada quien puede expresarse de manera libre, somos un espacio de servicio, ese tipo de actitudes no las incentivamos, por tanto no puedo decir más”.

La directora de Radio y Televisión Universitaria indicó que los nuevos lineamientos van de acuerdo a la Ley Federal de Telecomunicaciones y Radiodifusión publicada en el año 2014, y a pesar de que lleve más de cuatro años de vigencia, apenas en el 2018 se aplicó en esa dirección. Dijo también que anteriormente se estaba en una “zona de confort” y que ahora se está en un ejercicio de actualización continuo, por lo que habrá más cambios.

Radio Universidad es una estación de orden cultural,  no hay un pago para los productores ni locutores, y a pesar de que la directora dijo estar consciente de que estos lo hacían tan solo por “el gusto de compartir su conocimiento y su amor a la música”,  la Dirección no contempló alguna forma para agradecer el servicio otorgado, en algunos casos, por décadas.

Ana Isabel Méndez indicó que ningún programa salió por rating, aunque estas mediciones no llegan directamente ahí sino a la dirección de Comunicación Social.

Respecto a las decisiones de restructuración, Méndez Ortiz dijo no haber solicitado la opinión del Consejo Ciudadano, órgano autónomo que de acuerdo con la Ley citada tiene atribuciones de consulta para establecer acciones en las políticas, programas y proyectos.

“En realidad yo vi la opinión del presidente del Consejo en una columna en la que presta sus servicios. Reconocía que estábamos en proceso de cambio y restructuración y que es evidente que haya resistencia al respecto”.

También señaló que la Defensoría de las Audiencias, a cargo de Filiberto Juárez, tampoco fue consultada para los cambios.

“Todos los cambios derivan de la adecuación a ley”, aseguró Méndez Ortiz.

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El olor a descomposición llegaba a la calle; la indiferencia llegaba más lejos | Editorial de La Orquesta

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Durante años, un hombre habría vivido de reproducir perros sin poder ofrecerles ni agua, ni comida, ni una muerte digna. No eran perros, eran mercancias hasta que dejaron de existir

Por: La Orquesta

La crueldad humana no puede justificarse en nuestra condición de seres humanos complejos e imperfectos, es un porqué pero no una justificación.

Lo ocurrido en Milpillas es difícil de procesar. No por falta de información, sino porque mientras más se sabe, más insoportable resulta imaginar el sufrimiento que soportaron esos animales.

Es constante el intentar entender a las personas crueles. Decimos que tuvieron una infancia complicada, que padecen enfermedades mentales, que son producto de la pobreza, de la ignorancia, del abandono institucional o de una sociedad enferma. Todo eso puede ayudarnos a entender de dónde viene la violencia. Es un porqué, pero jamás puede convertirse en una justificación.

Porque el hombre que operaba este criadero vivía de los perros. Su trabajo consistía, básicamente, en encerrar a un macho con una hembra dentro de una jaula para que se reprodujeran, vender las crías y repetir el proceso una y otra vez. Nada más. Explotaba animales para obtener un ingreso económico y aun así no pudo ofrecerles lo más elemental: agua accesible, alimento suficiente, atención veterinaria, un espacio limpio o una muerte digna.

La normalización de estos actos de personas así es profundamente preocupante. Vecinos cuentan que llevaba años funcionando de esta manera. Durante años, al parecer, para él fue insignificante que los perros sufrieran. Era irrelevante que estuvieran en los huesos. Era irrelevante que agonizaran. Era irrelevante que compartieran espacio con cadáveres de otros perros, que respiraran el olor de cuerpos en descomposición, que algunos nunca hubieran recibido una caricia, un paseo, una manta durante el frío o un tratamiento para enfermedades.

Y entonces aparece la pregunta más dolorosa: ¿cuántos perros murieron ahí? ¿Cuántos nacieron solo para ser vendidos? ¿Cuántos pasaron toda su vida dentro de una jaula? ¿Cuántos agonizaron durante días antes de morir? ¿Cuántos soportaron el hedor de otros muertos porque ni siquiera eran retirados de las instalaciones? ¿Cuántos más existen en otros patios, bodegas o periferias de este país y nunca los conoceremos porque nadie denuncia, porque las autoridades no van o porque aprendimos a convivir con el horror?

El causar dolor a un ser vivo indefenso habla mucho más de quien infringe ese dolor que de quien lo recibe. No hablamos únicamente de perros. Las personas hieren personas. Torturan personas. Matan personas. Las razones pueden ser políticas, económicas, sociales, familiares o personales, pero muchas veces tienen un hilo conductor: herir a otros desde las propias heridas no resueltas.

A quienes observamos desde fuera nos conmueve el sufrimiento, especialmente cuando se trata de seres incapaces de defenderse. Un perro no es una persona. Nunca lo será. Pero reconocer esa diferencia tampoco justifica minimizar el dolor que sentimos al imaginar la crueldad que soportaron estos animales. Deprimirnos ante ello no nos hace exagerados; probablemente nos hace una sociedad un poco menos enferma.

También debemos aceptar algo incómodo: la cárcel por si sola no cura a quien necesita infligir dolor. El castigo punitivo no repara la empatía rota de una persona. Sin embargo, sí debe existir un castigo ejemplar. Y en México, particularmente en San Luis Potosí, los castigos por maltrato animal suelen ser una burla. Hemos visto agresores salir prácticamente ilesos tras entregar costales de croquetas, cumplir medidas mínimas o evitar condenas efectivas, a pesar de que la legislación contempla penas de hasta cinco años de prisión en casos graves.

Quizá la prisión no transforme a un maltratador, pero las sanciones económicas severas sí pueden convertirse en un mecanismo disuasorio. A muchos les duele más perder dinero que saber que otro ser vivo sufrió bajo su responsabilidad.

La omisión institucional también es parte del problema. Resulta frustrante que cuando alguien roba un vehículo existan operativos, seguimiento y reacción inmediata, pero que cuando un policía observa a un animal siendo golpeado, encadenado, abandonado o muriendo lentamente, pocas veces intervenga. El maltrato animal debería asumirse con mayor seriedad y atenderse como un indicador de violencia social, no como una falta menor.

Hay otro componente incómodo: la periferia. En muchas comunidades alejadas de los centros de poder parece existir un mensaje tácito de impunidad. Ahí la gente construye sin permisos, quema basura, tira escombros, abandona animales y, a veces, opera criaderos clandestinos durante años sin consecuencias. Es un abandono institucional que termina normalizando cualquier cosa.

Finalmente, hay una responsabilidad colectiva que rara vez queremos asumir. Mientras siga existiendo un mercado dispuesto a pagar miles de pesos por un cachorro de determinada raza, seguirá habiendo personas dispuestas a reproducirlos en serie. Tal vez deberíamos dejar de decir “me encantan los perros, pero solo de tal raza”, porque ese supuesto amor muchas veces alimenta la industria que los convierte en mercancía.

El caso de Milpillas es indignante. Pero sería aún más indignante descubrir que dentro de unos meses volvemos a compartir fotografías de otro criadero, de otro perro en los huesos, de otro cadáver cubierto con cal, y reaccionamos con sorpresa, como si no supiéramos que el problema nunca fueron solamente los animales abandonados.

El problema es la facilidad con la que aprendimos a convivir con la crueldad.

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Ciudad

Era peor de lo que se imaginaba: Animalistas rescatan a perros de criadero clandestino de Milpillas

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Perros husky y pastor alemán en los huesos, animales agonizando dentro de jaulas, cadáveres cubiertos con cal, restos reducidos a mechones de pelo, un olor nauseabundo que llegaba hasta la calle y hasta lechones muertos dentro del predio

Por: Ana G Silva

Lo que vecinos y rescatistas encontraron al ingresar a un presunto criadero clandestino de perros en la fracción Milpillas fue descrito por ellos mismos como una escena “horrible, difícil de ver, de oler y profundamente triste”.

La tarde del miércoles, colectivos animalistas potosinos acudieron al domicilio señalado desde hace semanas por habitantes de la zona como un sitio donde se criaban y comercializaban perros husky y pastor alemán en condiciones inadecuadas. La intervención ocurrió luego de que el caso se viralizara en redes sociales, ante la falta de respuesta de autoridades municipales y estatales, pese a denuncias previas realizadas por vecinos.

Al llegar al inmueble, las rescatistas no localizaron a los cachorros que anteriormente habían sido observados en el lugar y que presuntamente eran comercializados incluso a la orilla de la carretera. De acuerdo con testimonios de quienes participaron en el rescate, aparentemente algunos animales fueron retirados antes de su llegada y hubo intentos por limpiar parcialmente las instalaciones.

Entre las acciones que detectaron se encontraba la colocación de recipientes con agua; sin embargo, ésta permanecía fuera de las jaulas, imposibilitando que los perros encerrados pudieran acceder a ella.

A pesar de ello, numerosos ejemplares permanecían confinados en jaulas pequeñas, sin alimento y en condiciones de extrema desnutrición. Algunos perros se encontraban prácticamente reducidos a piel y huesos, mientras que otros presentaban un estado de salud tan delicado que las voluntarias consideraron que estaban al borde de la muerte.

Las activistas denunciaron además la presencia de grandes cantidades de cal esparcidas en distintas áreas del predio, particularmente en zonas donde localizaron perros muertos en avanzado estado de descomposición. El olor, señalaron, era nauseabundo y podía percibirse desde la calle, situación que vecinos consideraron incluso un riesgo sanitario para quienes habitan en las inmediaciones.

Durante la inspección también fueron encontrados restos de animales que consistían únicam ente en mechones de pelo y vestigios óseos.

Asimismo, localizaron varios lechones recién nacidos muertos, que, según sospechan algunas personas involucradas en el rescate, podrían haber sido utilizados ocasionalmente como alimento para los perros.

Los rescatistas sostuvieron que las condiciones encontradas permiten presumir que los animales sobrevivientes permanecían cotidianamente en ese entorno insalubre, rodeados de cadáveres, desechos y fuertes olores derivados de la descomposición.

Ante la gravedad de la situación, vecinos y colectivos decidieron sacar del inmueble a todos los perros que aún permanecían con vida. Algunos fueron adoptados de manera inmediata por ciudadanos que acudieron al sitio, mientras que el resto fue trasladado a un refugio para recibir atención, aunque hasta el momento se desconoce con precisión el estado de salud de cada uno de los ejemplares rescatados.

Habitantes de Milpillas recordaron que el funcionamiento del presunto criadero clandestino había sido denunciado con anterioridad ante diversas autoridades, pero aseguran que no obtuvieron respuesta ni inspecciones formales, situación que derivó en que las agrupaciones animalistas actuaran por cuenta propia una vez que el caso alcanzó notoriedad en redes sociales.

Respecto al propietario del inmueble, vecinos señalaron que presuntamente se encontraba hospitalizado y que recientemente habría sido dado de alta; sin embargo, hasta ahora no se ha presentado en la vivienda ni ha establecido contacto con quienes participaron en el rescate.

Las organizaciones animalistas anunciaron que este jueves acudirán a presentar una denuncia formal ante la Fiscalía General del Estado por posibles actos de maltrato animal, abandono y operación irregular de un criadero, además de aportar evidencia sobre la presunta venta de perros en las inmediaciones de la carretera y las condiciones deplorables en que eran mantenidos.

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“Dependerá del gobierno entrante”: Sedesore sobre sus programas sociales

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La titular de Sedesore reconoce que los apoyos —tortilla subsidiada, becas, madres solteras, adultos mayores— podrían no sobrevivir al cambio de administración en 2027

Por: Redacción

María del Rosario Martínez Galarza, titular de la Secretaría de Desarrollo Social y Regional (Sedesore), reconoció este miércoles que la continuidad de los programas sociales del gobierno de Ricardo Gallardo Cardona dependerá de quien encabece la siguiente administración, al margen de los compromisos adquiridos.

La declaración ocurrió durante el anuncio de una nueva tortillería subsidiada en Residencial del Bosque, cuando se le preguntó si existe garantía de que los apoyos no se eliminen con el cambio de gobierno. “Cada administración tiene un tema muy diferente de trabajar”, respondió.

Martínez Galarza recordó que cuando Sedesore inició la gestión de Gallardo, la dependencia contaba con un solo programa activo: las despensas de emergencia de la pandemia de COVID-19. Desde entonces, la Secretaría construyó una red que hoy incluye tortilla subsidiada

, apoyos a madres solteras, adultos mayores y becas escolares.

La titular planteó que estos apoyos deberían convertirse en políticas permanentes, sin embargo, sostuvo que “va a depender muchísimo de las personas que estén a cargo de la dependencia, pero sobre todo de las indicaciones del gobierno”.

La dependencia opera actualmente ocho tortillerías en el estado con una inversión de más de 3 millones de pesos y una distribución de más de 500 kilos diarios a 14 pesos el kilo, poco menos de la mitad del precio comercial.

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