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#Editorial | El alcalde Lujambio tiene a la ciudad abandonada
Suciedad, obras públicas detenidas, falta de operación política y carencia de trabajo administrativo, este será el legado que dejará el suplente de Xavier Nava para SLP
Por: La Orquesta
El 12 de noviembre del 2020, Xavier Nava presentó su solicitud de licencia a su cargo como alcalde de San Luis Potosí, esto para poder participar del proceso de elección de candidato a gobernador por el PAN. Desde entonces su lugar fue tomado por el regidor Alfredo Lujambio, pero hubiera sido igual si nadie toma el cargo, pues la presencia del presidente interino ha sido tan tenue que alcanza a notarse.
El problema más grave es el congelamiento de las obras públicas, pues se ven pocas acciones de bacheo y peor aún, las dos obras que más presumió Xavier Nava durante su informe y que son cruciales para la ciudad: el puente en el boulevard Antonio Rocha Cordero y la ampliación del puente Pemex se han frenado casi en su totalidad, solo se encuentran los señalamientos de la obra en ejecución, pero solo ocasionalmente se aparece algún empleado a recabar algunos datos.
Lujambio le queda a deber hasta al propio Xavier, quien le encomendó como gran misión la aprobación de los planes de desarrollo urbano, un tema de total importancia para la ciudad, pero principalmente para el propio Nava, pues de esta autorización depende que le cumpla a varios de sus patrocinadores más importantes en el sector de la construcción, pero esto cada vez luce más complicado: ayer la Semarnat envió un documento en que le solicitó al Ayuntamiento suspender la discusión de los planes, al menos hasta que se defina el polígono de la Sierra de San Miguelito al que declarará área natural protegida.
Tampoco se han mostrado avances en la investigación sobre los recursos robados por un ex trabajador municipal de la tesorería, que ha sido confirmado y documentado por el propio tesorero Rodrigo Portilla.
Una de las últimas acciones que presentó Nava fue el nuevo alumbrado público, el cual fue objeto de críticas debido a su alto costo y a los problemas que presentó casi de inmediato, ya que algunas luminarias funcionaban de forma intermitente o sencillamente no lo hacía, ante ello Xavier dio a conocer un centro de vigilancia en el que, aseguró, podían detectar en tiempo real cualquier falla, pero hace falta recorrer cualquier calle para encontrarse con las mismas deficiencias.
La ciudad se encuentra en un estado lamentable, pues a pesar de la baja en la movilidad de las personas derivada de las restricciones por la pandemia, las calles están sucias, principalmente el primer cuadro de la ciudad, pero no es solo en esa zona, diversos usuarios han reportado que en avenida Salvador Nava los trabajadores de limpia se limitan a acumular la basura a las orillas sin recogerla, lo que finalmente genera que se vuelva a dispersar.
Otras de las grandes carencias que Lujambio no ha logrado solventar es el desabasto de agua, que si bien ha sido generado por fallas en el sistema de abastecimiento de la presa El Realito, tampoco han presentado algún programa emergente que ayude a la población a mitigar los males de la falta de líquido.
Por último, Yoy Bike, el programa de renta de bicicletas compartidas del Ayuntamiento de la capital, también ha sufrido de la ausencia del gobierno capitalino, pues a pesar de que solo registra 56 viajes al día, se ha empeñado en mantener sus altos costos que, por ejemplo, son un 298% más caros que el Ecobici en la ciudad de México.
Todo indica que será Lujambio quien siga como alcalde hasta el final del trienio, por lo que no se pueden esperar cambios importantes en su manera de abordar el ejercicio público, pero esto incluso puede resultar un riesgo para las aspiraciones políticas de Xavier Nava, quien parece tratará de reelegirse, una misión que dada su displicencia, y la de su suplente, parece imposible.
También lee: Alfredo Lujambio es el nuevo alcalde interino
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Siete altares, siete copas: La fe y la sed. Apuntes de Jorge Saldaña
APUNTES
Es jueves, siempre lo es.
En San Luis Potosí, el jueves no es un día de la semana, es un estado de la conciencia. Es el momento exacto en que la piedra cantera comienza a exudar un sudor frío, una mezcla de incienso y aguardiente. Hoy, las puertas de los siete templos se abren de par en par para recibir a los que buscan perdón, mientras que, a pocos metros, las puertas batientes de las cantinas reciben a los que buscan olvido.
La tradición dicta siete paradas. Siete altares donde se expone el cuerpo de un Dios que sufre. Pero en este “primer cuadro” de la ciudad, la geografía del dolor es compartida. El parroquiano camina la misma banqueta que el devoto, y a veces, son la misma persona.
En ese cuadro delimitado en el que, por cierto, hay más estaciones para el alivio del cuerpo que para el alivio del alma. (7 Iglesias y al menos 25 bares).
El poeta y ensayista, Alfredo García Valdez, lo supo escribir con el mejor tino: “la cantina es espacio y tema, forma, ambiente, sujeto y paisaje, ese laboratorio donde el alma se descompone para volverse a armar”.
Es el templo lo mismo que de vividores que periodistas, que el del albañil que carga el mundo o del cirujano que sueña con salvarlo. Allí, la melancolía se corona con la misma solemnidad con la que se corona de espinas al que va camino al Gólgota.
¿Qué diferencia hay entre el pecador que se arrodilla frente a la imagen de la Virgen de los Dolores, que el hombre que se desploma sobre la barra de El Tampico, La Montaña, o el Banco?.
Ambos cargan una cruz. Cristo cayó tres veces, y en el suelo falaz de una taberna, ¿quién no ha besado el polvo, literal o figuradamente?
Las caídas en la cantina obligan a levantar el propio peso porque ahí se cae a solas, mientras el cantinero —ese sacerdote de a deshoras— oficia la misa del último trago.
La última cena se repite en cada ronda. “Este es mi cuerpo, esta es mi sangre”, se traduce en el pan compartido y el vino que quema la garganta antes de que la tormenta estalle.
En las siete estaciones eclesiásticas, se recuerda el sudor de sangre en Getsemaní; en los siete bares, se suda el delirio de la derrota, del desamor, de la euforia y la tristeza perfumada de fiesta y del “sírveme otra” como si fuera el “hágase tu voluntad y no la mía”.
En la cantina también se comparte el vaso, la palabra, la herida y a veces la soledad : La que se tiene o la que viene.
Observo la procesión silenciosa de la fe y la ruidosa procesión de la sed.
Aquí cerca de San Agustín las velas se consumen rezando por los pecados del mundo. El sacrificio del cordero.
En la cantina de más adelante, los vasos se vacían urdiendo poemas que nadie escribirá. Es el punto de encuentro definitivo: el santo sufrimiento.
Unos lo entregan a la divinidad para que tenga sentido, otros lo ahogan en el alcohol para que deje de tenerlo.
Me quedo con esa imagen: la ciudad dividida entre el incienso y el paseo por el duro adoquín en el suelo que conecta lo mismo iglesias que cantinas.
Siento una profunda admiración por la fe que mueve los pies de los creyentes hacia los altares y al mismo tiempo siento una profunda admiración por la impredecible condición humana de aquellos que, a pesar de la caída, piden (pedimos con fe) una última ronda antes de que el mundo se acabe.
Una ronda más antes de la traición. Una ronda más antes de lo que viene, y que con mayor o menor sufrimiento, más o menos espinas y caídas, también nos va matar: la vida.
Es lo mismo cuando el cantinero avisa que es hora de cerrar que cuando el sacristán apaga la última vela.
Todos, tanto los fieles borrachos como los piadosos pecadores- caminamos hacia la misma noche.
Porque hay noches en las que el alma pesa y no siempre se sabe rezar, por lo tanto…se bebe. En este jueves, que siempre lo es, la ciudad lo entiende sin decirlo. Nadie interrumpe, nadie corrige. Es un mismo tránsito, algunos con fe, otros con sed, pero todos con algo encima.
Dos “tradiciones”, una milenaria y otra mundana. Las dos que se encuentran no en la moral, no en el juicio, sino en esa condición profundamente humana que no distingue entre el altar y la barra: el dolor, la caída y la posibilidad, siempre incierta, de poder volver a levantarse.
Culto Público, en jueves, que siempre lo es, pero no tan santo no es tan distinta la oración que el trago, ni la cruz del vaso.
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SLP registra afluencia récord en Semana Santa
La derrama económica podría acabar superando los mil 250 millones de pesos en todo el estado
Por: Redacción
En San Luis Potosí, la afluencia de visitantes para Semana Santa está superando las expectativas iniciales, generando ahora proyecciones de 800 mil turistas y hasta mil 250 millones de pesos como derrama económica.
Municipios con gran vocación turística como Ciudad Valles, Xilitla, El Naranjo, Aquismón y Tamasopo reportan llenos totales en parajes naturales y sitios emblemáticos.
Entre los puntos con mayor afluencia destacan las cascadas de El Meco y Minas Viejas en El Naranjo, los embarcaderos hacia la cascada de Tamúl en Aquismón, el paraje Puente de Dios en Tamasopo y las cascadas de Micos en Ciudad Valles.
También sobresalen el Jardín Escultórico de Edward James, la Media Luna y Real de Catorce, que registran cifras récord de visitantes.
De acuerdo con el área de Planeación de la Secretaría de Turismo (Sectur), del jueves 2 al domingo 5 de abril diversos destinos se prevé que alcancen el 100 por ciento de ocupación hotelera, además de una alta demanda en restaurantes y servicios como recorridos guiados.
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Ayuntamiento de SLP
Diego “El Cigala” conquista el Festival San Luis en Primavera
El cantautor español se presentó en la Plaza de Fundadores con un show lleno de flamenco, bolero y emoción
Por: Redacción
La Plaza de los Fundadores volvió a convertirse en el gran escenario cultural de San Luis Capital con la presentación del cantaor español Diego “El Cigala”, quien ofreció una noche cargada de flamenco, bolero y emoción como parte del Festival Internacional San Luis en Primavera.
Ante una plaza completamente llena, el intérprete conquistó al público con un repertorio que incluyó canciones de autores mexicanos, latinoamericanos y españoles, interpretadas con la intensidad de su característico cante flamenco, que logró una conexión inmediata con los asistentes.
Durante la velada sonaron algunos de sus temas más emblemáticos como “Lágrimas Negras”, “Piensa en mí” y otros boleros que forman parte de su repertorio internacional, provocando ovaciones y aplausos del público que acompañó cada interpretación en una atmósfera de fiesta y emoción.
Antes de que iniciara el espectáculo, el alcalde Enrique Galindo Ceballos, acompañado de la presidenta del DIF Municipal, Estela Arriaga Márquez, entregó al artista español el colibrí, símbolo del festival, como reconocimiento a su trayectoria y a su participación.
La noche también destacó el talento potosino con la participación del ensamble de guitarras Sul Tasto, que abrió el escenario y dio muestra de la calidad musical local.
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