enero 22, 2026

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#4 Tiempos

Distorsiones al orden jurídico | Columna de Víctor Meade C.

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SIGAMOS DERECHO.

 

Hacia finales de la década de los 80, Argentina se sumía en una severa crisis económica: el dólar duplicaba su precio en cuestión de semanas, el alza de las tasas inflacionarias no daba tregua y más y más personas caían en pobreza. El entonces presidente Raúl Alfonsín decidió abandonar su cargo anticipadamente y entregarle las riendas del país sin mayor trámite al presidente electo Carlos Menem. El Partido Justicialista —que llevó a Menem a la silla presidencial— contaba con mayoría absoluta en el Senado, mientras que en la Cámara de Diputados estaban muy cerca de ocupar la mitad de los curules. Con las condiciones de severa crisis económica y gran influencia en el Legislativo, Menem rápidamente envío al Congreso las iniciativas que formaban parte del paquete legislativo de reactivación económica.

Con la excusa de la emergencia, Carlos Menem argumentó que llevar a cabo todo el proceso legislativo para aprobar una ley era extremadamente lento. Aquí comenzaron las distorsiones al orden jurídico. El presidente Menem echó mano de su facultad ejecutiva de emitir decretos que saltaran a todo el proceso legislativo para poder dar el empujón de arranque a su proyecto nacional. Su ministro de Economía le hizo un llamado público para que detuviera estos arranques de unilateralismo y ejercicio excesivo de poder, a lo que Menem respondió con mesura pero muy a su manera. Comenzó, entonces, a enviar iniciativas preferentes al Congreso pero acompañadas de un atento mensaje para los legisladores: si la iniciativa era modificada, Menem la vetaría; si la iniciativa no era discutida, entonces la decretaría. En solo cuatro años, Carlos Menem vetó de manera total 37 proyectos de ley y 41 de manera parcial.

Con el Poder Legislativo en su mano, las distorsiones al orden jurídico y constitucional se siguieron agravando y, entonces, el foco de atención pasó a ser el Poder Judicial. Carlos Menem envió una iniciativa de reforma al Senado para modificar la estructura de la Corte Suprema: aumentar de cinco a nueve el número de ministros. Ante el acoso y presiones institucionales, la iniciativa fue aprobada y dos de los ministros renunciaron, por lo que Menem tuvo la oportunidad de designar a seis de nueve ministros en un solo año. Ya entrado en gastos, Menem también destituyó al procurador General e impuso al suyo, pero esta vez incluso sin acuerdo del Senado. Menem consolidó un gobierno a base de decretazos y logró echarse a la bolsa a cualquier contrapeso.

Gobernó por 10 años: terminó con la hiperinflación y mejoró la calidad de los servicios públicos, por ejemplo. Pero también se duplicó el desempleo; la deuda externa casi se triplicó; creció la desigualdad; y, según el Foro Económico Mundial, Argentina se volvió el quinto país más corrupto del mundo.

Esta breve historia del caso argentino con Menem es solo una de tantas que han vivido/sufrido los países latinoamericanos con presidentes que pretenden presentarse a sí mismos como los portadores únicos del remedio para todos los males, y que logran articular un discurso masivamente convincente y basado en alguna emergencia o imperante necesidad de transformar algo.

Con esas características —genéricas y aparentemente sencillas de reunir— el 1 de junio de 2019 Nayib Bukele asumió la presidencia de El Salvador después de haber ganado la elección con más del 50 por ciento de los votos. Desde entonces, las distorsiones al orden jurídico no han parado: gobierna y manda órdenes oficiales desde Twitter; ha impulsado políticas de cero tolerancia a la delincuencia, lo cual es bien sabido que se traduce en detenciones arbitrarias y terribles viol   aciones a derechos humanos; mantiene condiciones aberrantes en las cárceles; y todo esto le ha sido permitido con unos niveles de aprobación altísimos.

El quiebre definitorio al orden jurídico y constitucional de El Salvador se dio, me parece, el 9 de febrero del año pasado. Días antes, mientras la Asamblea Nacional no se encontraba en periodo de sesiones, Bukele convocó a una sesión extraordinaria para la aprobación de un préstamo de más de 100 millones de dólares destinados a la compra de equipo para la policía y fuerzas armadas

. Ante la negativa —constitucionalmente fundada— de los legisladores a reunirse en la sesión extraordinaria, Bukele entró acompañado del ejército a la Asamblea el 9 de febrero y se sentó en la silla del presidente del Congreso. La Corte Suprema, ejerciendo las facultades que le competen, se pronunció al día siguiente y ordenó lo evidente: que se dejara sin efectos cualquier convocatoria extraordinaria sin fundamentos constitucionales y que se abstuviera de usar a las Fuerzas Armadas en tareas contrarias a las que establece la Constitución.

Desde entonces, el asedio a las y los integrantes de la Corte Suprema de El Salvador no han parado. Para beneplácito de Bukele, su partido Nuevas Ideas ganó 56 de los 84 curules de la Asamblea Legislativa, que se renovó en su totalidad con las elecciones celebradas este año. El periodo de sesiones inició apenas el sábado 1 de mayo y, sin perder tiempo, aprobaron en minutos la destitución de las y los magistrados titulares y suplentes de la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema. Ya entrados en gastos, también destituyeron al fiscal General. Para esa misma noche, los puestos ya habían sido designados a la gente cercana de Bukele. No hay contrapesos ya. La Constitución y el resto del orden jurídico no son más que letra muerta.

Partiendo de la premisa de que las comparaciones son siempre injustas, no pretendo hacer el simplista señalamiento de que nuestro país está encaminado a lo mismo. Será usted quien juzgue las similitudes o diferencias que guarda nuestro contexto nacional con los dos casos que aquí le he platicado.

Pero lo que no podemos dejar de ver es que este gobierno —y hay que decirlo con toda claridad— es aberrante en términos jurídicos. Las pequeñas distorsiones al orden jurídico y constitucional no son cosa menor, pues poco a poco degeneran en algo incontenible y que escapa del control institucional. Las mayorías complacientes —y facciones de la incipiente oposición— en el Legislativo han estado aprobando en fast track absurdos durante todo el periodo de sesiones (que, por ahora, afortunadamente terminó), pero no han podido cumplir con el mandato de la Corte de regular el uso de marihuana. Desde la tribuna matutina, escuchamos todos los días al presidente cargarse en contra de periodistas, militarizar hasta la sopa y desaparecer de un decretazo presupuestos, fideicomisos e instituciones completas sin prueba alguna de la corrupción que tanto alega. Desprecia abiertamente a los organismos constitucionales autónomos, el trabajo de las y los ministros de la Suprema Corte y utiliza instrumentos estatales para investigar a los jueces que realizan su trabajo. Los impresentables de su partido, entre tanto, ya no tienen recato alguno en llamar directamente a la confrontación con la autoridad electoral. Para nadie parece haber consecuencias.

Hay que reconocer cuantos logros legítimos y buenas políticas haya, pero ello no es aliciente para hacerse de la vista gorda ante lo demás. Las distorsiones al orden jurídico comienzan imperceptibles o con conductas que vamos dejando pasar una a una. Esto sin alcanzar a ver que pronto se sale de las manos, y que es la nación —no el gobierno— quien termina pagando los platos rotos.

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#4 Tiempos

La batalla del segundo café | Columna de Carlos López Medrano

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Mejor dormir

 

Sé que un día se ha estropeado cuando, antes de que empiece la faena, no tengo tiempo de tomar un café y tontear un poco. Desayunar sin prisa, leer una nota ligera del periódico, observar a un paseador de perros, pensar fugazmente en un viejo amor. Ese paréntesis previo al trabajo es la última línea de defensa entre el espíritu libre y el triste destino de convertirse en un engranaje más de una máquina fría. Conviene protegerlo como se protege una playa al amanecer, atrincherado frente al desembarco de la urgencia, para que no arrase con lo más valioso de uno mismo.

Hay seres poseídos por ánimos totalizadores que han logrado convencernos de la necesidad de la prisa. No ya llegar a tiempo, sino llegar antes, hacer acto de presencia, simular que la puntualidad es la forma más alta de la responsabilidad. Son los que clavan la bandera en la luna: lunáticos del ansia, sometidos a un espacio donde ya no son ellos, sino el sometimiento mismo, el hilo carcomido del proceso. Embusteros que, al final del día, cambian muy poco el mundo.

En cambio, quienes pelean por otro sorbo de café, por caminar una cuadra más, por detenerse en la esquina siguiente y descubrir una calle nueva, llevan una insignia que convendría reivindicar en tiempos de métricas, rendimiento y KPIs —a qué punto hemos llegado, Dios mío—. Son los verdaderos justicieros: la resistencia suave que consiste en tomarse el ritmo a la ligera y escuchar otra canción.

Cumplir, sí. Llegar a tiempo. Hacer lo tuyo. Pero sin renunciar a la parte del pastel que te pertenece: ese tiempo libre que, sin venir a cuento, cedemos a las dinámicas de la preocupación y la rutina. El gran engaño de la jornada laboral de ocho horas, que siempre acaba siendo más larga por los minutos regalados al transporte, a la anticipación, a la congoja, minutos que podrían devolverte una sonrisa que no encontrarás en ningún otro sitio.

Sobre la importancia del aquí y el ahora, del tiempo libre como una variante del oro, aprendí de mi amigo Karim, abogado poblano, un mediodía en el Bar Mascota del Centro Histórico de la Ciudad de México. Estábamos de vacaciones, aunque incluso en esos territorios se filtra la ponzoña del oficio. Entre risas y anécdotas sonó su teléfono. Alguien quería hacerle una consulta, pedirle algo. Karim escuchó con atención, sin perder el aplomo ni olvidar que estaba pasándola bien con los presentes. Entonces soltó una frase memorable que aún guardo en el anecdotario: «Si es urgente, márcame en media hora». Y siguió en la cháchara, sin agobiarse.

Nadie es recordado por su fervor a la rutina, por renunciar a una escena de cine para sentarse veinte minutos antes frente a un escritorio. Quienes gozan de su tiempo cargan con un descrédito inmerecido. Hay más que aprender del hombre que fuma un cigarrillo y mira el horizonte que del que corre ansioso a apretar una máquina checadora.

Algo parecido ocurre por la noche: saber cuándo marcharse. Entender las responsabilidades como el oleaje: nunca desaparecerá, y mal hacen quienes pretenden domarlo. La sabiduría consiste, más bien, en surfearlo, pulir un poco las piedras, volver a casa y al día siguiente repetir el gesto. El trabajo nunca se acaba; la disponibilidad perpetua solo sirve para avivar el fuego y descubrir nuevos rincones que limpiar.

Languidecer no es el destino de los viernes. Un viernes es para detenerse y saludar a la vendedora de la esquina, mirar una vitrina de pan dulce, probarse un suéter que no se comprará, hojear el menú de un restaurante al que invitarás a alguien. Beber el licor suave de no hacer nada. La rutina es un ladrón de guante blanco: te roba historias y momentos si no te resistes, si no das la batalla cada mañana.

Hay que ponerse en modo guerrilla para defender la propia subsistencia antes de convertirse en una versión disminuida de lo que ya hace mejor un robot sin agallas o la mentada IA, incapaz de atender al olor de una naranja recién cortada o de entender el valor de un atardecer: la belleza de quedarse embobado, de no tener respuestas, de esperar un poco.

Sal del arroyo de las tonterías. Todo pasa.

«La noche fue hecha para amar», decía Lord Byron. Bien podría decirse lo mismo de la vida entera.

 

Contacto:
Correo: yomiss[arroba]gmail.com
Twitter: @Bigmaud

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Pedro Miramontes Vidal y su faceta de escritor científico | Columna de J. R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

 

Manuel Martínez Morales, uno de los creadores de El Cronopio, hablaba de la responsabilidad del investigador en el quehacer de la divulgación de la ciencia. Su corriente de trabajo basado en la socialización del conocimiento científico, exigía de cierta forma, exponer una opinión ante los temas tratados. Su obra de divulgación abordaba artículos y ensayos donde la historia, el arte, la filosofía y la ciencia eran recurrentes en el abordaje de sus temas. 

Un buen tiempo tenía sin encontrar artículos con esta característica, hasta que la buena voluntad de Pedro Miramontes me tendió un libro suyo intitulado Mares de Tiempo y Agua, de las ediciones del Instituto de Física de la UASLP que encabeza Jesús Urías; si bien, el libro no está exento de errores editoriales viene a enriquecer los títulos que el Instituto de Física ha editado a lo largo de su corta existencia y que ha venido a refrescar el árido mundo de las ediciones potosinas y, sobre todo, las universitarias. 

Formados como físicos por la misma época y su deambulación por las matemáticas, así como el estilo de escribir artículos de corte científico dirigidos a un amplio público, son los factores que caracterizan a Manuel Martínez y Pedro Miramontes quien en mares de tiempo y agua nos recorre la historia del pensamiento que formó el estudio de los sistemas complejos y nos descubre un mundo multifactorial para su explicación. Los detalles históricos, muchos de ellos dejados de lado en la historia oficial del pensamiento científico y su relación con la construcción de las ideas sobre nuestro universo desde la antigüedad y que ha moldeado la filosofía de la ciencia, son recurrentes en los capítulos que corresponden a artículos y ensayos escritos en su mayoría al despuntar el siglo XXI para la revista Ciencias de la Facultad de Ciencias de la UNAM, una de las revistas de divulgación de gran prestigio en el país, y que ahora es dirigida, precisamente, por Pedro Miramontes que realiza una estancia académica en la Facultad de Ciencias de la UASLP.

La complejidad de los sistemas naturales que conforman nuestro mundo, lo manifiesta en sus propios escritos pues la visión holística con que los aborda, nos permite transitar desde diferentes enfoques en el entendimiento de tales sistemas, ya sea a través del arte y por supuesto, desde la ciencia en su gran abanico de disciplinas, donde las matemáticas sintetizan las posibles explicaciones. A través de la selección que realiza Miramontes podemos enterarnos de conceptos sobre el caos, la geometría fractal

, sin desligarnos de aspectos sociales y educativos. Sus escritos responden al requerimiento filosófico de Ortega y Gasset donde critica la especialización y sus inconvenientes en asuntos de carácter complejo, como es el mundo donde nos desenvolvemos y del que queremos entender a cabalidad para mejorarlo y construir sociedades más justas y de feliz convivencia.  

En todos ellos, hay una opinión, y una socialización del conocimiento formado a lo largo de siglos para la contribución del desarrollo científico y social. Pues el carácter utilitario de la ciencia es un factor que requiere reflexión por parte de los constructores de dicho conocimiento para contribuir al desarrollo social. Nuestro país, no es ajeno a este requerimiento y esa carencia que suele suceder sobre reflexión de nuestra labor como científicos, la señala Miramontes, como un recordatorio de nuestro papel como miembros de una sociedad con múltiples problemas y de los cuales podemos contribuir. 

Si tienen oportunidad, no dejen de leer ese libro es ampliamente recomendado y, en especial para quienes quieren adentrarse en la divulgación escrita, es un buen ejemplo de cómo realizarlo, para lo cual se requiere mucha preparación en el ámbito cultural.

Pedro Miramontes estudió física en la UNAM y se doctoró en la propia UNAM en Matemáticas, combina sus investigaciones en áreas interdisciplinares como computación, biología, física, matemáticas, genómica, entre otras. Es profesor titular del Departamento de Matemáticas de la Facultad de Ciencias de la UNAM, ha participado desde hace años como profesor e investigador visitante en la Facultad de Ciencias de la UASLP. Su trabajo docente y de investigación lo combina con la divulgación del conocimiento científico, participa activamente como disertador en el ciclo de charlas La Ciencia en el Bar, actualmente dirige la revista de Divulgación Ciencias de la Facultad de Ciencias de la UNAM una de las más importantes revistas de alta divulgación científica en el país.

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“Ya cállate, tenías razón” | Apuntes de Jorge Saldaña

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¡Ah culto público! Buen día y compañeros espero de bienestar:

Luego de unos días por aquí y por allá, regreso dichoso de hablarles. ¿Andan en grillas? Se pasan siendo tan temprano de enero.

Empezaré por el señor gobernador Gallardo que bien sabe, es mi bendición y maldición enterarme de todo: una llamada lo hizo decidir. No, no va la Ley gobernadora y qué bueno. ¿Y para qué? Diría Napoleón con José José. 

Lo dije en privado y en público y eso me queda de satisfacción. La señora y senadora Ruth le puede ganar a todos y a todas. Esa ley iba a causarle nada más oposición en todos los niveles por su percepción de “imposicón” (Ese CEEPAC de veras…jajaja)

Qué bueno que lo pensaron bien y ¿pues cómo no? si llamada fue clara: ganas ahorita o te gano después. Punto.

Morena local como sea (Dicen que el gobernador Gallardo hasta un Ron Potosí mandó a Gabino Morales).

Lo que sí hay que pensar es en no confiar mucho los Verdes de los de yate. Esos lo usan y ya. (Los yates).

Para el 2027 se abren de nuevo todas las posibilidades y ¿qué mejor? 

Si alguien no lo pensó pues yo tampoco: el que tenga la estructura gallardista va a ganar, y solo hay una condición: no abrir los cajones.

El color es lo de menos. El triángulo dorado que se llama Soledad, capital (ahí si con Ruth porque no son casualidad las fotos de Galindo y Ricardo ni los 800 millones para la capital) Pozos y Villa de Reyes, no son cualquier cosa.

¿Todo cambia? Sí. Todo. Pero no tanto. El Gallardismo junto a Morena solo tiene un hombre y nombre para la gubernatura (luego se los digo pero empieza con Juan)

Mujeres tienen varias cartas: desde mi tía Leonor, hasta la maestra Lola.

Oposiciones pues Galindo y ya. (Con el que prefiere entenderse que con otros y otras) y si me apuran pues con el que haga contraste, entendimiento y punto.

¿Y la familia? Bien gracias. Don Ricardo feliz de que su nuera sea alcaldesa…y ya.

En estos días y como para cambiar de temas, y para no ser el “ya cállate, tenías razón” pues deje les cuento mejor de crayolas.

Yo no tuve tiempo de colores, pero Holbox y León me enseñaron en tonos de grises y nada más. Por algo se empieza. Los arcoíris luego.

¿La uni? Que weba… es la única rectoría con pensamiento de pobreza en años. (Hasta Mario García, al que Marcelo le abonaba hasta casi en 31 de diciembre, hizo “El Bicentenario)

Hace poco hablé sobre las “Las dos promesas” y son las siguientes: Fabian no quiere 846 millones, le prometieron 84 mitad y mitad para la próxima rectora si es que se deja ganar. (No la menciono porque me da una flojera enorme responder sus solicitudes de réplica).

El rector pues tiene “vicerrectoras”,”vicerrectores”, sabelotodos y sabelotodas a su alrededor. ¿Para qué necesita más? Suerte. Perdiendo 86, con 189 menos y un amparo en contra para que los estudiantes no paguen, ojalá no le haya tocado además poner los tamales.

Seguro tomarán la mejor decisión. Igual que Ricardo mañana. (Hoy)

¿INTERAPAS? Feliz. No hay cosa mejor que le pueda pasar que Soledad se vaya y Pozos también. ¿A quien le van a echar la culpa ahora?

Yo mientras, si usted me lo permite o no, “voyatrair” el pelo suelto.

Hasta la próxima. (Ha que por cierto, que que la próxima puede ser desde la Pila, pero mire que me van a caer de maravilla 30 días de escribirle a lápiz y papel una iniciativa que traigo sobre que los y las jueces también tomen en cuenta la voz del afectado en las órdenes de restricción cuando se compruebe que el caballero jamás buscó a la dama)

Yo soy Jorge Saldaña.

 

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