octubre 23, 2026

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#4 Tiempos

Demonización de la crítica al gobierno | Columna de Carlos López Medrano

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Demonización de la crítica

Luces de variedad

 

Nunca te rindas, nunca, nunca. Nunca, en ninguna circunstancia, sea grande o pequeña, valiosa o insignificante: nunca te rindas, excepto a las convicciones del honor y el sentido común. Nunca te sometas a la fuerza, nunca cedas a la aparente superioridad impresionante de tu rival.

—Winston Churchill en la Harrow School, 29 de octubre de 1941.

 

Golpistas, politiqueros, hipócritas, fachas, provocadores, la reacción, mezquinos, zopilotes, vendidos, neoliberales, pejefóbicos, bots, ignorantes, conservadores, traidores, comentócratas, moralmente derrotados, ahijados de Felipe Calderón. La creatividad es amplia cuando se trata de atajar la crítica al gobierno. Las etiquetas forman la barricada con la que se defiende a la desesperada, no vaya a ser que lo que apenas y se sostiene por retórica pueda ser evidenciado también por la palabra. Los adjetivos no supondrían mayor dramatismo (somos dados a catalogar, aquí otra muestra) si no fuera por lo que yace detrás de tal estrategia: una negación del escrutinio, la de brindar inmunidad a figuras que, por lo demás, deberían estar sujetas a la rendición de cuentas. Fuera de eso, poco más. El ataque personal es la norma en un país poco acostumbrado al debate, no se diga a la crítica. La andanada va lo mismo contra periodistas que a celebridades o ciudadanos comunes y corrientes. La virulencia, la burla, el señalamiento va contra el que alza la voz, sea el reportero que no encuadra bien las ideas o algún señor que por tener auto con calcomanía cero debería ahorrarse la protesta. El puchero es permisible para el que está de acuerdo con el régimen, para él es posible la estridencia contra los adversarios. Si no estás de acuerdo, en cambio, no opines, no cuestiones, no dudes. Atiende, agacha la cabeza, guarda silencio: estás ante la transformación, qué no ves, no seas necio. Los servidores públicos ya no son tal, no están a disposición de ser evaluados. México ya cambió, se acabaron los privilegios de la lengua, toca joderse.

Ya ni siquiera es necesario que los funcionarios se ensucien las manos, que exhiban su intolerancia, la piel fina (aunque de vez en cuando todavía caen en el estrépito); dentro del circuito ciudadano que está a merced de sus traspiés surgen escuderos (vaya, otra etiqueta, qué fácil es…) que ponen el pecho a las balas, personas de fe con amplia habilidad para la pirueta, para encontrar un nuevo escondrijo que permita que el fracaso coja un poco de aire. En la misma vena se mueven algunos académicos, gente de medios, intelectuales. Los Gibranes Ramírez, los Hernán Gómez Bruera, Jorges Zepeda Patterson, los Abrahames Mendienta, guaruras ideológicos que revisten de niebla al auditorio. En ellos no hay siquiera la nobleza del lamebotas consumado, ese que asume la adulación frontal que le redime alguna (lord) molécula. Acuden a las mesas de análisis no para analizar, sino como defensores de dogmas, más preocupados por justificar el sinsentido que por enriquecer la discusión. Que gente de tal nivel esté mercando el pulso de muchas personas da cuenta del rezago cultural en los que estamos inmersos. Más cercanos a las altas esferas son los Epigmenio Ibarra, los Federico Arreola. El primero, un propagandista que sobreestima su inteligencia (y subestima la de los demás), y que es tomado demasiado en serio por quienes le conocen. El daño, la distorsión que provoca no es menor, pero a la posteridad lega menos que la telenovela caduca de las nueve. Arreola, más simpático y listo, aunque usted no lo crea, no escatima en lo de las etiquetas; ya no solo contra el pobre diablo que hace de crítico, sino contra organismos autónomos como el INEGI que se atreven a informar, lo cual contraviene al relato. A tal instituto además del consabido golpista

(la palabra que hermana a quienes alzan la voz contra los gobiernos progresistas de la Patria Grande), lo acusó de llevar una metodología criminal y de cometer un verdadero acto de terrorismo (ahí nomás) por dar a conocer los resultados de una encuesta que evidenció la crudeza del desempleo en México a propósito de lo que ocurre con la COVID-19. Demonizar a quienes ponen en tela de juicio el vamosbien, el anillo al dedo, es una práctica recurrente que, por desgracia, no proviene solo de quienes están conectados al aparato gubernamental, sino de personas que, sin estarlo, han terminado por sentir que son parte de él, bajo la garantía de una quimera que es lo que es.

La intensidad de los ataques y la presión social es tan grande que el resultado puede ser el silencio, la claudicación. La voz crítica contempla rendirse. Parece que no tiene caso continuar. Los convencidos aplastan en número. Las explicaciones no funcionan con ellos. Los argumentos lógicos son derrotados por la simple negativa a razonar lógicamente, dice Steven Weinberg. Da la impresión de que el desgaste es en vano. Encima se pierden amistades, se gana el encono en el círculo familiar. El relativismo está en pleno extendido. La labia de los expertos parece imbatible, su rabia carece de fin. Eres acusado de ser amargado, pesimista, aguafiestas, el que le hace hoyos a la balsa como decía la mala analogía de un columnista que ganó el jodido premio Planeta. Muchos deciden así tirar la toalla, no tiene sentido continuar.

Craso error. Es en momentos así donde uno debe hacerse de valor, de no dejar que el embuste salga con la suya. No estás atentando contra él país, al contrario; el cuestionamiento contribuye a la enmienda, a que se hagan las cosas mejor. Con ello no se busca derrocar: es un contrapeso, pone límites. Hay apreciaciones, claro, que son lamentables, siniestras, lo injusto es condenar en lo general a la crítica. Habrá cosas en las que el gobierno acierte, está muy bien, pero a su enorme poder corresponde el señalamiento de lo que atente contra los intereses nacionales (y personales, por qué no), no el aplauso, la pleitesía y el cheque en blanco perpetuo. Lo indigno es permanecer callado ante los atropellos. Guardar silencio mientras otro sufre, mientras algo va mal. Si lo haces, estarás dándole la victoria a la guardia pretoriana. Esos que buscan desincentivar tu muy válido alzamiento de voz. Habla, aunque te quedes solo. No dejes que te coman la moral ni te apantalles por su número de seguidores, bagaje teórico o presencia mediática. Que te llamen como quieran, pero no seas nunca sumiso ni cómplice del equívoco y la deshonra. Quizás eventualmente animes a alguien más. A los que tienen miedo de dar su opinión. Todos esos silenciosos que están a la espera de una señal para manifestarse también.

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El Cronopio

Leticia Almazán de la Garza, compositora potosina | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

San Luis Potosí ha sido tierra de compositores, donde la música de concierto y las canciones de concierto han sobresalido. Algunos de estos personajes los hemos tratado en esta sección, aunque entre ellos han escaseado las mujeres, en cuanto a composiciones se refiere. Los tiempos cambian al abrirse oportunidades a las damas y, afortunadamente, en este siglo veintiuno podemos contar con algunas compositoras potosinas. Como muestra está el concierto que ofreciera la Orquesta Sinfónica de San Luis Potosí en el mes de marzo pasado donde interpretó, en el marco del Día Internacional de la Mujer, composiciones de autoras potosinas. Entre las compositoras potosinas programadas en el concierto se encontraba Leticia Almazán de la Garza.

Leticia Almazán, al menos fue mencionada en esta columna cuando tratamos el caso de la pianista potosina Malkhut Zavala, quien tiene entre su repertorio obras de Leticia Almazán, quien actualmente es encargada de las Escuelas de Iniciación Artística Asociadas que están asociadas al Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, que a pesar del esfuerzo de sus integrantes ha sido difícil su continuación, como suele suceder con el cambio de administraciones. Leticia Almazán se desempeña como Directora Académica del CEART San Luis.

Entre sus composiciones se encuentra La Noche, obra basada en los poemas de Manuel José Othón, obra con la que obtuvo el premio 20 de noviembre “Julián Carrillo”; la obra se estrenó en 2006, y ha sido poco interpretada, hasta que se armó el concierto de marzo.

A cien años de la muerte de Othón se compone esta obra musical, que da concreción a la obra inconclusa que contemplaran Othón y Carrillo, su conjunción lírica que habían titulado Tetralogía. Una pieza para celebrar el centenario de la Independencia de México que estaría dividida en cuatro partes: Descubrimiento de América, Conquista, Virreinato e Independencia. Así sería una obra que recorrería la historia hispana de México y la construcción de un nuevo país. La muerte sorprendió al poeta y la obra quedó en suspenso; colaboración entre dos grandes figuras potosinas del arte, cuestión ya tratada en muy anterior entrega de esta sección de El Cronopio.

Ahora Leticia Almazán, se basa en la poesía de Othón para crear su obra musical La Noche. Una forma de apreciar el nuevo arte musical potosino de la mano de Leticia Almazán y la poesía del máximo poeta potosino. Por desgracia, es música que no se encuentra grabada por lo que dificulta su difusión, de por sí escasa, en aquellas obras de que se disponen grabaciones.

Leticia Almazán surge, así como una de las mujeres que abren camino en el campo de la composición en San Luis Potosí. Su incursión en esta línea de la composición es alentadora, pues puede sumarse a la escasa pero existente lista de compositoras mexicanas que incursionaron en la música clásica, entre ellas, María Grever, Sofía Cancino de Cuevas, Rosa Guraieb, Consuelo Velázquez, Ángela Peralta, María Teresa Prieto, Alicia Urreta, Guadalupe Olmedo, y ahora la joven compositora potosina Galya Cisneros, por citar algunas.

Leticia Almazán se tituló en la Licenciatura en Composición en la Escuela Estatal de Música en el año 2015, y realizó una Maestría en Administración Pública en la Universidad Latinoamericana.

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Acento Ajeno

Ni Moisés dividió tanto el agua | Columna de Haniel Valdés

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Por: Haniel Valdés

Hoy escribo porque cometí un error. Fui de los periodistas que estuvimos en rueda de prensa con el alcalde de la capital, Enrique Galindo Ceballos, al terminar la Junta de Gobierno con Interapas. El miércoles pasado ofreció declaraciones a medios de prensa que sí acudimos a la cita nocturna y compartió los acuerdos tomados en dicha reunión.

Ahí está mi error: al parecer mis notas no fueron lo suficientemente claras. O quizás solo fue que varios medios salieron a llenar huecos que no había.

Lo interesante de ese encuentro es que se aprobó el plan de estímulos fiscales que se llevará al Congreso del Estado para su aprobación de cara a 2027, donde se aclaró además (y se insistió mucho en eso) que la tarifa de cobro del líquido se mantendría igual que en este año.

Al día siguiente muchos medios ya traían la nota de que aumentaría la tarifa y quién sabe cuántos inventos más de colegas que no estuvieron en la conferencia de prensa y que les pareció divertido el imaginar datos e informar a medias.

Pero lo que más me preocupa no es el ruido que generaron esas notas, sino la incoherencia que se vivió en dicha reunión por parte del síndico y el alcalde de Soledad, así como de Pascual Martínez.

Según informa Galindo, entre las decisiones tomadas, está la de revisar si es posible cumplir con la petición que hizo el gobernador de no cobrar el servicio a adultos mayores. Ni los participantes por Soledad, ni el titular de la CEA, votaron a favor de dicha propuesta. ¿No están de acuerdo con la idea de Gallardo? Es que la primera vez que el gobernador habló sobre el tema, fui muy cuidadoso y me fijé claramente que ambos, Pascual

y Navarro, estaban aplaudiendo esa iniciativa.

La CEA ya es habitual que no aporte a esas reuniones, según Galindo, el titular solo ha ido a tres y no votó en esta última, tampoco dio razones ni propuso algo. Sí, el organismo responsable de la política pública del agua en el Estado no tiene nada que aportar sobre el tema.

Según informó el presidente de la junta, Juan Manuel Navarro sí aportó algo, propuso un estímulo fiscal que también quedó dentro de los acuerdos que se enviaron al Congreso. Ahora, cuando tocó votar, Navarro se abstuvo de hacerlo, ¿no está de acuerdo con una idea que él mismo había planteado? ¿o algo lo hizo cambiar de opinión?

Lo cierto es que mientras la diputada Nancy Jeannine García, presidenta de la Comisión del Agua, llama a no politizar, todos lo continúan haciendo, lo hace el aquaman Gámez Macías, lo hace el alcalde capitalino, lo hace el gobernador del estado, lo hace el alcalde de Soledad y la CEA. Mientras hay cuentas sin pagar, tinacos sin llenar, conductoras sin reparar y rezos por hacer para que El Realito no vuelva a fallar.

“Entonces extendió Moisés su mano sobre el mar, y Jehová hizo que el mar se retirase por recio viento oriental toda aquella noche; y volvió el mar en seco, y las aguas quedaron divididas.” (Éxodo 14:21)

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El Cronopio

María Luisa Toranzo, pionera del cuento mexicano | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

Por: J.R. Martínez/Dr. Flash

En la antología de Liliana Pedroza sobre el cuento mexicano, A Golpe de Linternas, que en su tomo I dedica a las pioneras, se encuentra entre las antologadas la potosina María Luisa Toranzo, que dedicó parte de su vida a la escritura y que fuera figura cultural mexicana. Madre y abuela del filósofo Luis Villoro y el escritor Juan Villoro, respectivamente.

Parte de su obra literaria se recoge en libros como: Azahares, espinas y rosas; Meditaciones, Suegras; Esbozos; Tres Chiquillas; Cuadros de una exposición; Páginas viejas; Charlas con mi hija; Átomos tontos, entre otros. Libros que reflejan su formación en el campo potosino y la época que le tocó vivir, donde impera el existencialismo y la fenomenología, campos que experimentaría posteriormente su hijo Luis Villoro. En su libro de ensayos: Esbozos, que lleva como ensayo central: El dominio de sí mismo, Sophrosyne vs la Hybris, “el dominio de sí mismo” no es una negación de la vida o de los impulsos, sino la condición necesaria para la auténtica libertad. Sin el gobierno de uno mismo, el ser humano queda a merced de fuerzas externas o de impulsos ciegos, perdiendo su autonomía.

María Luisa Toranzo Jordana nació en San Luis Potosí el 13 de marzo de 1890, perteneciente a familia de hacendados, vivió su infancia en la Hacienda de Cerro Prieto en el altiplano potosino, rumbo a Zacatecas, fue hija natural y creció entre libros, estudiando idiomas y cultivando la música tocando el arpa y la mandolina. El movimiento revolucionario le llevó en la adolescencia a radicar en la Ciudad de México, donde la vida placentera se trastocaba y la famosa banda del automóvil gris hacía de las suyas, y que quedó registrada en una de las primeras películas realizadas en México, llamada justo La banda del automóvil gris de 1919 de Enrique Rosas, filmada en los lugares donde pertrecharan sus ataques. En la película aparece la casa Toranzo donde vivió María Luisa en México y donde aparece en escena acechada en el asalto a su casa por tan peculiar banda.

Los acechos no pararon para María Luisa y fue pretendida por un general revolucionario del que logró escapar partiendo a España e instalándose en Barcelona donde se casaría con el médico barcelonés Miguel Villoro Villoro, procreando a tres hijos, entre ellos al filósofo Luis Villoro. Quedaría viuda y al iniciar la guerra civil española regresa a México huyendo de nuevo de la violencia. Se instala por un tiempo en la Hacienda de Cerro Prieto y parte a la Ciudad de México para que sus hijos continuaran sus estudios de formación.

Su familia potosina de abolengo le propició una considerable fortuna que le permitió ir a Barcelona, su abuela paterna Genoveva Peña Santacruz que casó en segundas nupcias con Casimiro Toranzo Ortiz, había sido esposa de Pantaleón Ipiña Eguía, siendo madre de José Encarnación Ipiña Peña.

Su pensamiento que de cierta forma influyera en su hijo Luis Villoro lo destaca en su libro Esbozos: “El dominio de sí mismo sobre la soberbia debe de consistir, no sólo en dominarse ‘delante de la gente’ y en vuestras ‘relaciones sociales’ para que los demás ‘vean’ que sois humildes o sencillos, sino que este dominio sobre vosotros mismos y sobre vuestra soberbia debe ser de tal modo profundo, que no sea un dominio efímero, originado únicamente por el bien parecer; tampoco debe ser un dominio de autosugestión, que sin serlo, os haga creer que ya sois humildes; sino que este dominio de vosotros mismos sobre la soberbia, debe ser una especie de ‘cura’ si queréis lenta y suave, pero sí honda, minuciosa y profunda. El dominio de vosotros mismos debe ser como un cauterio que tienda a curar, aunque sea quemando; a cauterizar, aunque sea con dolor, la llaga de vuestra soberbia, el cáncer de vuestro orgullo”

María Luisa Toranzo fue una mujer de una cultura vasta que participó activamente en la vida intelectual mexicana, aportando una sensibilidad ética que complementaba el rigor lógico de la época. Su enfoque en el “dominio de sí” suele leerse como un puente entre la virtud antigua, la psicología moderna y la abierta espiritualidad. Su nieto Juan Villoro la describe como una mujer que intentaba descifrar los secretos de la convivencia humana.

María Luisa Toranzo Jordana murió en la Ciudad de México a los 78 años de edad, el 2 de abril de 1968.

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