México
#Crónica | Unos días en un albergue para migrantes
Por: Carlos López Medrano
Este texto está basado en una serie de visitas realizadas a un albergue para personas migrantes en 2020. Las visitas fueron finalmente suspendidas por la declaración de la pandemia de COVID-19. En todo caso, fue posible recoger en alguna medida cómo es la experiencia desde adentro de estos espacios, además de relatar la historia de un inquilino que en su momento fue parte del grupo guerrillero Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional de El Salvador. Con el fin de proteger la privacidad y seguridad de los involucrados, todos los nombres fueron cambiados u omitidos, incluyendo los del propio albergue.
Piensas que no importa caer eternamente si se logra escapar.
—Vicente Huidobro.
Some things never change
And you can never go home again…
—The Motels.
Primer día
Por fuera no parece la gran cosa. La fachada es tan solo una puerta negra, pero detrás de ella han vivido cientos de personas debatidas entre la angustia y la ilusión. Se trata de un albergue ubicado en una colonia popular como muchas otras. Un espacio que desde 2011 se concentra en dar alojamiento y apoyo a migrantes, en especial centroamericanos y caribeños, que pasan por la Ciudad de México. Antes de eso el lugar funcionaba para propósitos similares, solo que bajo otro esquema y con menor estructura. El albergue cuenta con treinta camas y al momento de visitarlo tenía treinta huéspedes a los que no se les cobraba nada por estar ahí.
En sentido estricto, solo reciben a migrantes de sexo masculino, aunque hacen excepciones, como una joven con bebé en brazos que estaba ahí junto a su pareja. En sus comienzos, el albergue recibía a más mujeres que hombres; luego directora tomó la determinación de enfocarse solo en hombres, dado que el surgimiento de relaciones sentimentales y el encuentro entre personas de distintos sexos resultaba, a su juicio, problemático. En tiempos de alta demanda, el albergue tiene la capacidad de aceptar a más personas. Los huéspedes excedentes tienen que ser confinados a un cuarto conocido como la «Casa Blanca» que se encuentra en el tejado: un armazón cubierto con láminas de acrílico en dentro del cual que se colocan cobijas, sábanas y bolsas de dormir como recurso de aprovechamiento. Ese cuarto tiene la desventaja de ser en extremo caluroso en días soleados y tremendamente frío con las bajas temperaturas.
La construcción del albergue es caótica y laberíntica. Empotrada sobre una especie de colina, tiene un diseño arquitectónico a desnivel que le confiere el aspecto de una vecindad. Los cuartos son pequeños y los pasillos estrechos. Sin ser estético ni armonioso, para el visitante externo sí que representa un espectáculo. Para los habitantes significa un refugio y acaso una bendición si se le compara con los lugares de donde provienen y también con las inclemencias que han vivido durante sus trayectos.
Lo primero que llama la atención luego de abrir la puerta principal del albergue son las escaleras que aparecen frente al visitante. Son empinadas y numerosas. Para las personas sin acondicionamiento físico, entrar al albergue representa un pequeño reto, un acercamiento en miniatura a lo que los migrantes tienen que pasar en su travesía por la región. Subir las escaleras se vuelve más llevadero si se hace una pausa para mirar a las dos paredes que hay a los lados, las cuales están decoradas por pinturas y murales alusivos a la libertad de movimiento, a la humanización de aquellos extranjeros que, a distancia, tienden a ser estigmatizados. Lo último que se ve al terminar de subir es el retrato de un cura, ya desgastado por el sol y las lluvias.
Es difícil distinguir si la construcción cuenta con cuatro o cinco pisos. O más. Hay una habitación en una esquina, luego un pasillo sin forma y luego más escaleras que llevan a otra planta donde lo mismo hay salas de 4×4 metros que una cocina sin mucha forma, un consultorio médico y una oficina principal contigua a un espacio breve y multifuncional que disponen como biblioteca, estudio, y sala de juegos. Es en esa oficina donde conocí a la directora del albergue, quien muestra enjundia y carácter, también compromiso con la causa migratoria.
La primera visita fue incómoda. La puerta de entrada tiene un interfono y una cámara, ante la que me presenté. Tardaron unos pocos minutos en abrirme, tiempo en el que fui observado con cierta severidad por unos vecinos que estaban en la calle. La recepción adentro no fue mucho mejor. Antes de llegar con la directora, topé con algunos de los huéspedes. Si bien correspondieron a mis saludos, lo hacían de forma seca, y lanzando miradas para congelar.
Durante aquel día tuve la impresión de que la gente de ahí me veía no como un estudiante de posgrado, sino como un ente sospechoso, quizás algún agente encubierto del que no era pertinente fiarse. Lo anterior es compresible. La mayor parte de esas personas se están jugando su última carta para hacerse de un espacio lejano del contexto infernal que les hizo salir pirados, pese a que ello implicara dejar a sus seres queridos atrás por tiempo indefinido. Ese tipo de desconfianza proviene de quienes han sufrido malos tratos en su historial.
Trátese con cuidado
Obtener la confianza de las personas migrantes no parece un asunto sencillo. Incluso en un espacio seguro como el albergue, es notable su reticencia a interactuar con alguien que viene de fuera y del que tienen pocas referencias. Hay cuchicheos, silencios, sonrisas tímidas de los adolescentes. En la primera visita le hice plática a un hombre cubano de aproximadamente cuarenta años que era un recién ingresado al albergue. Se trataba de una de las excepciones a la norma: un caribeño, no un centroamericano, que había llegado ahí.
Me acerqué a él porque era sonriente, el único con una actitud más abierta que el resto, fue él quien me empezó a hablar: del calor que había y con el que mantuve un tono de charla casual durante un par de minutos. Cuando le pregunté su nombre noté algo extraño. Después de guardar un breve silencio me dijo que se llamaba Fidel. De inmediato lanzó una especie de mirada cómplice a un muchacho que estaba ahí. Ambos se rieron, como si me estuvieran tomando el pelo, o bromeando por mi ingenuidad. No me lo tomé personal y lo comprendí. Los individuos en situación irregular prefieren no revelar sus cartas y está bien que así sea.
Una experiencia similar me ocurrió en otra visita, cuando entrevisté a Rigo, un exguerrillero del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN). Al principio de la entrevista le pedí que dijera su nombre y edad para dejar constancia en la grabación. Dijo que se llamaba Omar Alejandro y prefirió omitir su edad. El nombre oficial, que yo sabía de antemano gracias a una de las voluntarias, fue delatado por sí mismo durante la entrevista en la que, de vez en vez, se le escapaba contar que los demás se referían a él como don Rigo. Aun así, no me queda claro cuál era su nombre verdadero, tal vez Rigo fuera su nombre de pantalla y conmigo se sinceró con el real.
Interpretar la cerrazón como un signo de mera hostilidad sería un error. Tales actitudes podrían ser síntomas de algo más profundo: una desconfianza sistemática del otro, de lo distinto, una inseguridad ante las intenciones ajenas. Sean las de un estudiante o las de un posible infiltrado de las autoridades, como a veces sentí que algunos ahí me percibían. Es claro que los representantes de instituciones son para los migrantes lo mismo una necesidad instrumental que entes que despiertan alarmas. Hay un temor permanente de ser deportados o sufrir vejaciones.
El sostén del lugar
A decir de la administradora, nadie en el albergue recibe un sueldo. El lugar funciona a través del voluntariado y las donaciones, principalmente de universidades y otras organizaciones sociales, también de pequeños filántropos. Recién en 2020 el albergue empezó a concretar su conversión a Asociación Civil, lo que permite a empresas privadas hacerle donaciones deducibles de impuestos. El trámite se retrasó por la pandemia. Quienes integran el albergue están sujetos a las donaciones para tener una mayor estabilidad. Si bien se las han ingeniado desde su surgimiento, han tenido altibajos, periodos en los que las donaciones no fluyen con la suficiente celeridad.
Así me lo explicó una de las voluntarias al mostrarme la habitación donde guardan parte de la despensa y productos de limpieza. En ese momento disponían de cantidades más que suficientes de arroz, frijol, aceite, habas, galletas, alimentos enlatados y verduras varias, entre otras provisiones; sin embargo, me recalcó que no se confiaban y que debían andar con cautela, ya que, así como en ese momento el cuarto estaba lleno, han tenido periodos en el que sufren ante la escasez de productos. El albergue también gestiona papel higiénico y artículos de higiene personal que usan quienes viven ahí. Todos es compartido. Una parte de la ropa que les donan es destinada para el uso de los migrantes y la otra se vende para obtener recursos destinados a gastos regulares.
Los voluntarios
Los voluntarios que acuden al albergue pueden dividirse en dos grupos: los que provienen del ámbito nacional y los que provienen del extranjero, estos últimos como parte de los convenios con asociaciones civiles que ayudan a tener un respaldo. La labor de los voluntarios es loable, aunque limitada. Algunos de ellos no conocen a fondo la historia del lugar ni entran de lleno en cuestiones administrativas. Al platicar con ellos es evidente su buena voluntad, aunque carezcan de formación relativa a la normativa de migración en México y a procedimientos legales en general.
Las tareas de oficina son absorbidas en su mayoría por la directora, quien delega instrucciones precisas a algunos de los muchachos que trabajan desde la computadora o el teléfono. Las responsabilidades de los voluntarios son más bien diversas, la mayor parte de ellas de carácter práctico como ayudar con cuestiones domésticas, en la cocina, dar asesoría o clases a los migrantes en materias como matemáticas o inglés (algunos fines de semana reciben a profesores que les dejan tareas para el resto de los días, también acuden abogados a realizar su servicio social).
Conocí a los dos voluntarios extranjeros. Una era Tina, una chica rubia proveniente de una iglesia luterana en Estados Unidos y el otro un joven alemán llamado Leonard, alto y atlético, quien se encontraba ahí como parte de su labor vinculada al programa intercultural AFS que lo trajo a nuestro país. Ambos sabían hablar español, aunque Tina de forma más reducida. Su estatus en el albergue era especial, era evidente que al provenir de instancias internacionales se les trataba con mayor deferencia; eso, sumado a la gentileza que los dos mostraban les hacía resaltar en el ambiente. Ambos trabajaban muy de cerca, como una pequeña tribu aparte de los demás.
Durante una de mis visitas me tocó coincidir con los padres de Tina, dos estadounidenses de alrededor de 45 y 50 años que iban vestidos con una elegancia atípica para el vecindario. Su hija les estaba dando un tour por el albergue cuando yo llegué. Ambos iban cruzados de brazos y guardaban silencio mientras su hija, una muchacha menudita y con cara llena de pecas, les describía con entusiasmo lo que había ahí. Sus padres se miraban el uno al otro sin decir nada. Al pasar cerca de mí los saludé con un «good afternoon» al que respondieron de una manera apenas audible. Su cabeza estaba en otra parte. El albergue y la zona en la que está ubicado no parecen el sitio más seguro para dejar a una hija.
Las reglas son estrictas para la relación entre huéspedes y los voluntarios. Una falta de respeto de los primeros a los segundos supone la expulsión del lugar. Esta medida quizás sea la causante de que no haya habido mayores incidentes salvo una ocasión, hace años, en la que un migrante cubano entró al consultorio donde se hallaba una voluntaria estadounidense que trabajaba desde su computadora. Rigo me contó que aquella vez el huésped se acercó y empezó a lanzar piropos a la chica. La situación subió a más cuando él se acercó a acariciar a la voluntaria que finalmente se puso de pie y reprendió en inglés al sujeto antes de ir a reportar el incidente con la directora que corrió al hombre del albergue.
Llama la atención que la mayor parte de los voluntarios (incluyendo su directora) sean mujeres. Sin haber realizado un censo a profundidad, la proporción aproximada era de dos hombres (Leonard y un chico mexicano con el que no pude platicar) por seis o siete mujeres, al menos en los días en que estuve presente. La mayor parte de los voluntarios tan solo asiste una o dos veces por semana; el sistema de rotación es el que permite que haya siempre un equipo para atender cualquier tarea que se ofrezca.
En cambio, como referí antes, los huéspedes son casi todos hombres. Pese a ello, las voluntarias actuales dicen sentirse cómodas y que no hay actitudes de acoso ni problemáticas en el lugar. En ese sentido, es un lugar que está bien regulado, acaso por lo estricto de las reglas y porque es difícil que alguien tire por la borda una de sus pocas oportunidades para subsistir en un nuevo país. Beatriz, una de las voluntarias, señala que la situación es distinta en otros albergues, como uno en el que trabajó antes. Ahí sí llegó a ser víctima de faltas de respeto e insinuaciones por parte de los migrantes, esto ante una falta de cuidado de los administradores.
La diferencia en este espacio es la directora, una mujer de aproximadamente sesenta años y largo recorrido en la lucha social. Es una figura dominante. Los huéspedes, algunos del doble tamaño que ella, y con aspecto de gran vigor, se cuadran ante su presencia, como si fuera una mezcla entre una madre y una jefa para todos. Es a ella a quien se dirigen cuando necesitan algo particular, sea ayuda con un trámite, cuando requieren unos zapatos o una camisa nueva para el trabajo. Le guardan respeto y no saltan en ningún modo sus designios.
Ninguno de los voluntarios duerme en el albergue, ni siquiera la directora. Llegan por la mañana y se van antes de que anochezca. Son horas en los que los migrantes quedan a la merced el uno del otro. Rigo es el único que se queda ahí de forma permanente, los demás huéspedes son recibidos por un máximo de tres meses, aunque pueden ampliar su estancia por circunstancias especiales.
Tarde
A cada migrante se le asigna una tarea doméstica. Algunos barren, otros trapean el piso o pintan paredes, algunos más cocinan. Cada uno tiende su propia cama. Pese a las características modestas del lugar y la falta de espacio que le caracteriza, se puede decir que en general es un lugar ordenado y que existe una autorregulación para mantenerlo limpio.
Como he dicho, no hay muchas áreas comunes en el albergue. El margen de maniobra es reducido, casi claustrofóbico. Pero hay dos espacios que sirven como punto de reunión. Uno es un pequeñísimo gimnasio de aproximadamente de 6×6 metros adjuntos a un pasillo en el que están dispuestas algunas pesas y mancuernas, además de un banco. Los huéspedes usan ese rincón para ejercitar los brazos y platicar.
El consumo de alcohol y cualquier droga está prohibido (no así el tabaco), igual que llegar bajo los efectos de cualquier sustancia. Violar esa regla supone también la expulsión del lugar. No obstante, Rigo, quien se convirtió en mi mayor informante dentro del albergue, me contó que varias veces ha descubierto a algunos de los huéspedes fumando marihuana por la noche en la azotea. Tomo con reservas estos trascendidos ya que de la impresión de que Rigo, un hombre de aproximadamente sesenta y cinco años, es un ser huraño e incluso alguien a disgusto con el resto de los huéspedes a quienes ve, me dijo, como chicos arrogantes y poco higiénicos.
El otro lugar que sirve como punto de reunión es la azotea que es de un tamaño considerable (tiene dos niveles) y en el que se desarrollan el grueso de los eventos grupales del albergue. El área es adaptada con una mesa larga cuando se desarrolla un convivio (un cumpleaños, por ejemplo) o sirve como foro para realizar juntas con todos los huéspedes e invitados. Ahí se realizan sesiones de ejercicio los fines de semana y es adaptado también como un taller al aire libre para que los migrantes realicen tareas de carpintería o de arte. Es el único espacio en toda la construcción donde uno no se siente encerrado. Dado que la casa se encuentra ya de por sí en una elevación, la vista desde ahí es panorámica. Como la zona es marginada y presenta altos niveles de descuido y pobreza, lo que se alcanza a ver es tan llamativo como desolador.
Varios de los huéspedes hacen trabajos manuales. Pintan, hacen artesanías, decoran playeras. El color y la creación son habituales en el lugar, si bien el objetivo de fondo es el comercial: las piezas que elaboran son vendidas a los visitantes y al público exterior para hacerse de un poco de dinero que les sirva para sobrellevar los gastos personales.

Una solidaridad relativa
Entre los habitantes del albergue hay un ambiente cordial. Dado el estricto reglamento, nadie quiere meterse en (más) problemas. Entre ellos se forman pequeños grupos. Sobre todo, un patrón de edad. Los más jóvenes se juntan con los más jóvenes y los más adultos con los más adultos. No hay muchos que pasen de los 40 años. En los días que acudí también noté agotamiento. Huéspedes acostados o recluidos en su habitación a las tres, cinco de la tarde, sin ganas de mucho más que disfrutar del consuelo de una cama.
Si bien hay armonía interna, la solidaridad entre migrantes centroamericanos tiene claroscuros. Hay un apoyo mutuo de tipo funcional. Identificarse como un colectivo les brinda una pizca de pertenencia en un océano de abandono. Pero incluso entre ellos hay críticas a las prácticas de algunos de sus paisanos. Entre aquellos con los que platiqué, por ejemplo, no había una opinión favorable de las caravanas, esos éxodos centroamericanos iniciados en 2018, a los que culpan del aumento de severidad de las autoridades, así como la mala fama que se les ha hecho a los migrantes entre la población mexicana. También escuché críticas contra la insistencia (o empecinamiento) que algunos migrantes tienen por dirigirse a Estados Unidos: argumentan que eso ya no tiene caso y que solo afecta el panorama para quienes intentan hacerse un espacio en México.
Una de las voluntarias refirió que los vecinos de la colonia a veces tienen razón en sentirse a disgusto con la actitud de algunos de los huéspedes, sugiriendo que no siempre su comportamiento es el más adecuado. Lo anterior delata que en la diáspora centroamericana existen diferencias significativas entre los modos de ver la migración; algunos de ellos lamentan que el fenómeno haya adquirido tanta notoriedad cuando lo que acaso más convenía era seguir con el perfil bajo y la clandestinidad que antes guardaba su condición. Con los reflectores encima y con la presión internacional el cuadro se les ha hecho aún más difícil de sobrellevar.
Un aura de religiosidad
El voluntariado es un tema que merece una mención aparte. ¿Qué es lo que impulsa a algunas personas a entregar su tiempo y esfuerzo en tareas que no les traen ninguna retribución económica? Algunos dedican a ello toda su vida. Es evidente que detrás de ello hay una enorme generosidad y una forma plausible de entender la existencia. Y aun así la explicación no queda del todo clara y acaso deba estudiarse caso por caso. En lo que respecta a este albergue, resulta llamativa una religiosidad que permea entre sus integrantes. Sin ser un núcleo de propaganda o militancia eclesiástica, sí que cuenta con numerosos elementos anclados a un sentido espiritual.
Además de ser un albergue heredero de un comité que alude a un sacerdote católico, quienes manejan el lugar tienden (aunque no todos) a pertenecer a iglesias o al menos son altamente religiosos. La directora lo es. Así lo manifiestan las publicaciones que realiza en las redes sociales del albergue en las que constantemente alude a Dios. Varias de las voluntarias también son religiosas, aunque los mismo son protestantes que católicas. Beatriz, en sus tempranos treinta, expresa abiertamente la manera en que su relación con Dios la ha impulsado a dedicarse al voluntariado desde hace alrededor de 10 años.
En una plática me comentó que no le importa que su función sea anónima y que su modo de vida le traiga poca estabilidad. Para ella lo valioso es transmitir un sentido del amor, una sensación que a ella le fue transmitida a su vez por otras personas que la acercaron a Dios. No obstante, en su trato a los migrantes no hay una actitud por convertirlos al cristianismo. En su entrega parece haber más bien una cruzada personal, ve lo suyo como un acto de resistencia ante un mundo hostil que ella, con humildad, intenta componer.
Relación con los vecinos
El albergue tiene dos entradas. La principal y la secundaria que da a la calle trasera. La mayoría de los huéspedes ya no usan la entrada principal (por la que yo entré en todas mis visitas). De esto me enteré la última vez que fui. Varios de los huéspedes han sido asaltados en esa zona y ya les da miedo pasar por ahí. Pese a su aspecto de tipos duros y de no contar apenas con dinero, son víctimas de la delincuencia que existe en la colonia. Cuando le conté a la directora, ella me dijo que no tenía que preocuparme de un atraco. Que más que asaltos, aquello eran amedrentamientos que los vecinos tenían contra los migrantes a quienes ven de mala forma y a los que rechazan.
Algunos huéspedes comentaron que en la colonia abunda el narcomenudeo y que ha habido conflicto entre quienes se dedican a ello y algunos de los habitantes del albergue. Esto no siempre fue así. Cuando el albergue surgió, los huéspedes solían salir a la calle para jugar futbol, e incluso juntaban a niños de la colonia. En los primeros años, la puerta principal solo estaba amarrada con mecate y nunca hubo mayor problema de seguridad. En cierto momento la relación con los vecinos se rompió.
De acuerdo con la directora, los huéspedes que tienen alguna adicción son los que tienden a tener problemas con los habitantes de otras viviendas. Especula que hay venta de marihuana y que cuando algún muchacho contrae una deuda o algo parecido, empiezan los problemas con “los de abajo”. Los administradores del albergue realizan posadas y festejos a los que invitan a los vecinos con el fin de llevar el ambiente en paz. Aun así, la relación es ríspida.
Hace años, un camión de la ya extinta PGR dejó en el albergue a unos migrantes que habían sido rescatados de un secuestro. Eso hizo que un vecino se pusiera paranoico y reclamara a la directora, preguntándole por qué había llevado a las autoridades ahí, cuestionándola sobre qué andaban buscando. Después de que ella le explicara que la PGR solo había hecho una visita fugaz para llevar a unos jóvenes, el señor se calmó y desde entonces se volvió el «protector» de los migrantes en la colonia. Cada que alguno de ellos era molestado, la directora le decía a ese señor y él remediaba cualquier controversia. Meses después el señor acabó en la cárcel por motivos que no vienen a cuento y surgieron nuevos liderazgos en el barrio. La animadversión hacia los huéspedes aumentó, si bien ningún incidente ha pasado a mayores.
Otro día
Lejos de las versiones oficiales del gobierno, resulta importante conocer la perspectiva de que los migrantes y los directores de albergues tienen sobre la situación que ocurre en el país. Debido al contraste que existe entre lo que dicen las autoridades y lo que se puede ver en fuentes periodísticas y redes sociales, es pertinente escuchar a quienes han pasado por la experiencia en carne propia.
Para la directora del albergue, siempre ha habido un pleito con las autoridades ya que estas no cuidan a los migrantes que «solo quieren cruzar por el país». Las fricciones se agudizaron a partir de los últimos meses de la administración de Enrique Peña Nieto, cuando empezó una dinámica más restrictiva y cuando surgió el fenómeno de las caravanas de migrantes. Lo que antes no se veía por estar repartido e ir a cuentagotas, se reveló al fin en todo su esplendor. Los grandes flujos ya estaban, solo que eran invisibles y ahora eran explícitos en su disposición.
La directora lamenta que con la llegada de un nuevo gobierno en diciembre de 2018 el panorama haya empeorado. Para Gabriela el gobierno está «de rodillas» ante Estados Unidos, permitiendo que le regresen migrantes centroamericanos a México. También dijo que las estaciones migratorias están repletas y que en ellas no se toman las medidas adecuadas de higiene y seguridad. En general, la directora se dijo decepcionada de un gobierno supuestamente progresista que finalmente no se comportó como tal.
Ni de aquí ni de allá
Hay una atmósfera que se respira en el albergue. Dista de ser una cuestión específica o que se pueda definir con tecnicismos, es más bien una sensación de fragilidad que se cierne sobre cada uno de los migrantes. No es que haya un ambiente solemne o serio en exceso. Se observan algunas sonrisas, agradecimientos, bromas, camaradería, historias de éxito. Pero hay también repentinos silencios, juegos de miradas al vacío, quejas, relatos de sucesos traumáticos y de muerte. Una clase de orfandad, propia de personas que a las que su país les ha fallado y que al llegar a un nuevo destino no encuentran propiamente un salvamento, ni en los consulados y embajadas que se supone los representan. Ninguna ayuda digna de lo que se podría esperar de un supuesto país civilizado.
El albergue es tan reconfortante como ilusorio: quienes están ahí saben que van a contrarreloj. Disponen apenas de tres meses para buscar un nuevo oasis, sea un trabajo o un permiso para permanecer en México. Hay oportunidades, sí, también más complicaciones que igualmente les afligen, con el añadido de que esta vez carecen de la compañía de sus familiares. Que alguien acceda a separarse (de forma a veces definitiva) de los padres, los hijos, los hermanos, la pareja… da una dimensión de la desesperación que cargan sobre las espaldas.
Platicar con migrantes pone en perspectiva lo circunstancial que es todo en la vida. Varios de aquellos personajes me parecieron inteligentes, brillantes, ocurrentes. De haber nacido en otro contexto acaso su destino hubiera sido completamente distinto; simplemente les tocó crecer en sectores en los que el talento no era suficiente para prosperar.
El problema de atención a la migración no es exclusivo de México, sino un drama que la comunidad internacional ha tardado en atender con suficiencia. Un paso imprescindible es ir a las bases, acercarse a los migrantes. Conocer sus historias, sus necesidades, sus urgencias. Ver la complejidad, no estereotipos sin alcance. Notar las similitudes que tenemos con ellos.
La tarde con Rigo/Omar Alejandro, exguerrillero del FMLN
Omar Alejandro o don Rigo salió de El Salvador en 1990 con destino a México. Huía de los escuadrones de la muerte que lo buscaban por pertenecer al FMLN. Él y varios de sus compañeros eran perseguidos. Los querían matar. Él fue uno de los que vivió para contarlo. Lleva ya años habitando con estatus especial en el albergue: es el único huésped que tiene el derecho de permanecer ahí de manera vitalicia. En abril de ese año, 1990, llegó a Ciudad de México para trabajar con algunos cabecillas del antiguo grupo guerrillero que, poco después, se institucionalizaría bajo el auspicio internacional en el que destacó la intervención de México y Francia.
Rigo era un ayudante de los comandantes que instalaron oficinas en la capital mexicana. Tenían dos carros en los que se movían. Hacían reuniones que, en ocasiones, se prolongaban hasta las tres de la mañana, aunque después tuvieran que levantarse temprano. Eran tiempos ríspidos, de planeación, encuentros y desencuentros. La oficina central de los remanentes del FMLN en Ciudad de México se encontraba entre las calles de Nuevo León y la avenida Benjamin Franklin en la colonia Condesa. Ahí solo accedían los comandantes, y fue donde se gestionaron los acuerdos de paz. Se hicieron actas y reuniones con representantes de varios países. Rigo solo cumplía con funciones de seguridad.
Los acuerdos de paz se firmaron en Chapultepec en 1992 y los excomandantes retornaron a El Salvador. Rigo se quedó en México ya que tenía contacto con un comité cristiano dedicado a atender a personas necesitadas y permaneció trabajando para él. Se convirtió en custodio de la documentación que restaba del FMLN, además de ser el cuidador de un inmueble. De vez en cuando conseguía algunos trabajos, pese a que sobre todo estaba enfocado en el comité, en el que también hacía artesanías para ganar algo de dinero.
En 1993, el comité inauguró una clínica de apoyo a los migrantes que venían heridos de la guerra. Rigo fue trasferido a ese lugar. Nuevamente fungió como guardia. Los migrantes centroamericanos acababan ahí en búsqueda de atención médica, dental e incluso para recibir tratamientos de acupuntura. Se daban clases de pintura e inglés. La comunidad creció así. Las embajadas de Canadá, Nueva Zelanda y Australia se acercaron a dar apoyo, de modo que los migrantes centroamericanos podían ser canalizados en las sedes diplomáticas de esos países y tramitar asilo en el exterior. En el lugar había un químico que les ayudó con las embajadas, una dinámica que al cabo de un tiempo se terminó. Los gobiernos cubrieron la cuota que estaban dispuestos a atender. Al cabo de tres años, la clínica cerró.
Antes, en 1992, Rigo regresó fugazmente a su país junto a seis compañeros. El grupo fue dividido en distintas casas para luego ser enviados a las montañas donde entregaron las armas y el material bélico, en seguimiento a lo pactado por el FMLN en los Acuerdos de Paz de Chapultepec. Había gente de la ONU supervisando el proceso: ellos recogieron las armas y las echaron en agujeros excavados en la tierra. Posteriormente se les prendió fuego. La aventura armada terminó ahí para Rigo. Tras mes y medio de dormir en el campo, supo que la guerrilla no iría a más.
Ya ni siquiera les llegaban alimentos. Los integrantes del grupo fueron desplazados. A cada uno le dieron 150 colones para que salieran de ahí y regresaran con sus familias. No había fondos para más. Rigo salió en la tercera ronda. Por esos días, se topó con un comandante en El Salvador, quien le reclamó que estuviera ahí en vez de estar en México. «Tú regrésate, no puedes estar aquí», le dijo. Le dieron dinero extra para el pasaje, pero como no tenía papeles, los de migración lo detuvieron en la frontera. Estuvo encerrado ocho días. El comité cristiano al que pertenecía tuvo que interceder para que lo dejaran libre y pudiera llegar a Ciudad de México.
Rigo se sentía optimista: tenía el plan de montar un taller con algunas herramientas que había guardado en la propiedad que el Frente tenía en la Ciudad de México. Pero cuando llegó se dio cuenta de que le habían robado todo. En ese punto las perspectivas de su futuro cambiarían a peor. Una monja lo consoló y lo mandó a las oficinas del comité. Ahí le prometieron cien dólares mensuales para sobrevivir. Empezó a trabajar para el comité que le daba encomiendas. En esos días conoció a la que a la postre se convertiría en la directora del albergue en el que ahora habita. Ella era la directora de la clínica descrita anteriormente, esa en la que daban consultas de acupuntura. Ahí la relación entre ambos se estrechó. Rigo era su asistente y la confianza iba en aumento.
Rigo empezó a sentirse cada vez más distanciado del comité cristiano al que pertenecía, más cuando por irse unos días a El Salvador su espacio en las instalaciones fue invadido. Al lugar llegaron a trabajar unos abogados que no le agradaban y a los que tacha de oportunistas. A su vuelta ellos le dijeron que le podían ayudar a regularizar sus papeles y su estatus migratorio. Él, sin embargo, desconfiaba de ellos. Los abogados paulatinamente empezaron a ser más hostiles. Les molestaba que Rigo hiciera artesanías en un inmueble cerrado. Los hombres de leyes se volvieron sus «enemigos», los llamaba «ratas» porque no estaban trabajando con solidaridad, sino que, a su juicio, gestionaban turbiamente el dinero que llegaba de otros países.
Una de las monjas tomó partido por los abogados para que Rigo no molestara más con sus pinturas, a lo que él no quiso ceder. La artesanía era su mayor estímulo y una cuestión central para su economía. Al final, mandaron a policías para desalojarlo. La actual directora del albergue se dio cuenta de ello y lo buscó para ayudarle. Fue ahí cuando surgió la idea de que Rigo se uniera al albergue que, en ese entonces, estaba en una etapa embrionaria no igual a la actual. Ya instalado en su nuevo hogar, la monja que lo había desplazado se acercó a ofrecerle una disculpa y decirle que los abogados se irían pronto del sitio del que él había sido expulsado. Rigo no le creyó.
En cualquier caso, se selló el acuerdo para que él viviera en el albergue. Apoyaría para atender a los migrantes centroamericanos. Le prometieron el espacio de por vida. Mientras él quisiera podía permanecer como custodio del lugar. Le dieron llaves de todas las entradas y habitaciones. Sin embargo, Rigo se queja de que no goza de ningún salario. Dice que la directora está buscando un subsidio para pagarle como velador.

Las ocupaciones de Rigo
Si algo se rompe en el albergue o hay algo que se tenga que arreglar, Rigo es la primera opción a la cual acudir. Es albañil y carpintero. Si hay un incidente en la madrugada, él es el encargado. Tiene acceso a la bodega, a la farmacia, a todas las áreas del lugar. Se acuesta a las once de la noche. Permanece vigilante hasta altas horas ya que, dice, algunos huéspedes suben a la azotea para fumar marihuana y debe controlarlos. Por eso insiste en que se ha hecho de enemigos. Los huéspedes se enojan porque los vigila. Los voluntarios llegan a las once de la mañana, él dice que se levanta desde las seis para administrar lo que le piden quienes viven ahí. Alguna pastilla, un documento.
De acuerdo con Rigo, los voluntarios extranjeros a veces tienen miedo de agarrar el teléfono, así que recurren a él para que resuelva. Señala que por cosas así merece de un apoyo extra. Quiere ahorrar para ir unos días a El Salvador. Dice que necesita mínimo 10 mil pesos. Es algo que le ha planteado a la directora, la importancia de un sueldo para tener un guardadito. Aunque no tiene gastos en donde vive, los requiere para ir a El Salvador.
¿Qué le llevó a unirse a un grupo guerrillero?
Todo empezó con la fundación de una universidad. Rigo apunta que fue su generación la que hizo la revuelta. Su familia tenía unos terrenos en el departamento de Santa Ana de El Salvador, en donde el gobierno quiso poner una universidad. Unos funcionarios los contactaron para comprar, ellos accedieron y la construcción comenzó. Con unas pocas aulas, dos o tres edificios pequeños, los jóvenes se inscribieron. Toda su generación estudió ahí. Rigo no lo hizo por «güey», como él mismo señala, pero tuvo contacto con viejas amistades que llegaron ahí. El tiempo pasó y el gobierno no lograba estimular la creación de empleo en la región y tampoco en el país. Las autoridades eran rígidas. Desaparecían personas y llegaron a golpear estudiantes.
Debido a la precariedad y las injusticas, indica Rigo, la situación se calentó. El estudiantado empezó a organizarse, lo mismo que los profesores. Los de física y química tomaron liderazgos e iniciaron los «desfiles bufos» que eran protestas con disfraces en contra del gobierno. El estudiantado se había politizado y hacía manifestaciones constantes. El ejército acudía a parar esas movilizaciones, los estudiantes se sentaban cuando los soldados llegaban para así evitar enfrentamientos. Comenzaron a darse talleres en casa, grupos que convocaban a reuniones en los domicilios. Algunos de esos compañeros viven actualmente en México. Ya en las universidades de todo el país había conflictos. La gente se armó. «Fuimos conociendo más y más y más», dice Rigo. Con el tiempo se animaron a salir y dar rondas y enfrentarse contra el ejército. Rigo confiesa que comenzaron a volar edificios en la capital de El Salvador con una fábrica de bombas improvisada por la gente de física y química de la universidad.
Rigo ironiza al decir que explotaban los edificios de los ricos porque ellos explotaban a los pobres. Además, destruían puentes, los volaban para que el ejército no pudiera entrar a algunas zonas. Admite que todo se puso más intenso. Varios grupos se fueron a las montañas. Aumentaron los enfrentamientos con los militares. El gobierno incendiaba algunos pueblos, la gente moría. Había represalias mutuas. Rigo pronto acabó como custodio de tres comandantes guerrilleros, dos hombres y una mujer. Era parte de su cuerpo seguridad. Relata que la comandante «rompía madres» y que era más valiente que los hombres, que nunca se amilanó pese a que era buscada por los Estados Unidos.
En los primeros días como guerrillero Rigo sintió algo de miedo; «luego te vas acostumbrando; le agarras confianza al arma». Alguien le dijo que era vencer o morir. Así que siempre andaba a las vivas. Muchos de sus compañeros murieron, incluyendo mujeres y jóvenes que se metieron al conflicto. Rigo, en cambio, dice que siempre tuvo mucho cuidado y que eso le permitió sobrevivir. El proceso fue rápido: en menos de dos años sus compañeros pasaron de la universidad a la guerrilla.
Pregúntale al polvo
Rigo es cauto con el balance de su etapa guerrillera. Es consciente de que aquello debía terminar eventualmente. Cree que todo se corrompe. Dijo que el FMLN tuvo la oportunidad de gobernar y que, al final, no faltó quien se volvió corrupto. Así se arruinaron las cosas otra vez. «El pueblo se da cuenta y se va alejando». «Luego viene la derecha y viene a hacer robadero, a dejar el pueblo sin nada. ¿Entonces con quien nos quedamos? ¿Cómo le hacemos?».
Rigo dice que había gente en el Frente que no se gastaba nada de dinero para así cuidar los fondos del grupo, dinero que llegaba desde Europa, pero que había algunos integrantes que viajaban allá para recoger los recursos y ya no volvían. Otro dinero llegaba por Panamá. Algunos emisarios volvían, otros se fugaban con los dólares. El panorama que había en El Salvador hasta 2020 le parecía desolador, «no hay nada». Pero izquierda y derecha han fallado a su juicio. El FMLN tenía otras oficinas cerca del monumento a la Revolución en Ciudad de México, eran los encargados de ir a Panamá por el dinero. Luego llegaban con los fajos de dólares. Y había un chico dedicado a la física que nunca pedía ni un solo billete. Se llamaba Javier. «Yo no soy corrupto», le decía a Rigo, mientras que otros hacían fiesta y se compraban lo mejor para sí mismos.
Aquí, ahora
Rigo considera que la actualidad en Centroamérica es delicada, que hay temor real de ser eliminado en muchos espacios de la cotidianidad. Los migrantes sufren para llegar a México, aunque dice que al menos aquí hay trabajo, una ventaja que algunos no saben valorar. «En México trabajo hay, aunque ganes poco», dice. «Hay a quienes les pagan 1500 pesos a la semana, y eso es suficiente para rentarse un espacio entre dos, tres personas, y hacerse de una cocina, y sobrevivir». Rigo reprocha que los migrantes insistan en ir a Estados Unidos, donde «no los quieren». Es crítico con sus paisanos. Se nota que hay una distancia entre él y ellos. Incluso un rencor. Él, que apenas y sale del albergue, es duro en sus juicios a los migrantes, aunque siempre en tono campechano.
Rigo nunca ha intentado ir a Estados Unidos, aunque parte de su familia vive en Nueva York. Su madre y un hermano se quedaron en El Salvador. Lo mismo que sus hijos y algunos tíos, primos. Varios han muerto. Lleva años sin ver a ninguno de ellos. A su hermana, lleva 17 años sin verla. A su hermano más de 25 años. Con su madre mantiene contacto por WhatsApp, tiene 93 años ya. Solo los familiares que viven en Nueva York la van a visitar. Él, que vive en un albergue en Ciudad de México, no ha podido hacerlo.
Último día
«Casi ya no me gusta salir, antes me iba todo el día». Ahora Rigo pinta con acrílico. Solo tiene cinco colores. «Ellos no tienen visión, me trajeron colores pálidos». Dice que necesita pinturas más encendidas para trabajar sobre madera. Vende sus pequeñas obras a quienes visitan el albergue. Un dinero extra que le permite comprarse alguna torta o refresco de repente, sobre todo cigarros. Le gustan los tacos de tripa. También hace banderitas de recuerdo. Cada una la vende a treinta pesos. Algunos les compran dos, tres. Una voluntaria estadounidense le compró veinticuatro antes de regresar a su ciudad. Fue un aliviane.
Rigo le tiene poca confianza a los huéspedes. Con la mayor parte prefiere mantener distancia. «Me alejo por su forma de ser, por su prepotencia, ellos creen que son Juan Camaney. A mí no me gusta hablar pendejadas». Cuenta que con algunos sí platica un rato, o ven la televisión mientras se toman un refresco. A uno que otro lo manda a comprar cosas a la tiendita. Lamenta que no a todos les guste que les manden a hacer cosas más allá de las tareas del propio albergue (a algunos les toca limpiar un baño, a otros un pasillo, etc.), cuando dice que se les da todo: ropa, internet, cepillos de dientes, sin cobrar para que ellos tomen la iniciativa y ayuden a la comunidad.
A Rigo le apena que haya áreas que estén desarregladas cuando hay visitas. A mí el albergue me parecía razonablemente limpio, pero Rigo reitera que él se da cuenta de cosas que otros no ven. Incluso se lo reclama a la directora para que llame la atención a los huéspedes. Se queja de que las cobijas estén tiradas en la mañana y que los invitados vean las cosas así. Clama que los jóvenes no tienen cuidado con el aseo personal. Que huelen mal. Se queja que los chicos no se lavan los pies, que no se tallan bien para quitar la «grasa que sale ahí».
En el albergue hay un fuerte respeto por los visitantes, una de las reglas de es respetarlos y no meterse con ellos, en especial los estudiantes. Pero comenta que alguna vez hubo dos voluntarias que se «metieron» con migrantes a una habitación de la casa. Rigo se dio cuenta. No las reportó, pero sí les dijo a las voluntarias que lo había notado. Dice que ahora las chicas son «muy respetuosas».
Da la impresión de que Rigo es un hombre afectado por el hecho de que la vida no le permitió llegar a donde deseaba. Ahora, en su madurez, es arisco, cada vez más cerrado. Sin las ambiciones que alguna vez tuvo, ésas que fueron apagadas por los giros del destino. Tomo con pinzas sus declaraciones. Es obvio que desacredita de algún modo a sus paisanos como mecanismo para distinguirse de ellos. Es en cambio gentil con los que, como yo, no disputan su territorio.
Contacto:
Twitter: @Bigmaud
Correo: [email protected]
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Estado
PT exige a Morena repetir las encuestas de las 17 gubernaturas, incluida la de SLP
La exigencia abarca las 17 gubernaturas de 2027, aunque en San Luis Potosí Morena ya anunció que irá sin el PT
Por: Redacción
El Partido del Trabajo (PT) reiteró que exige a Morena repetir las encuestas con las que definió a sus coordinaciones en las 17 gubernaturas que se renovarán en 2027, entre ellas la de San Luis Potosí, según declaraciones del coordinador de los diputados federales del PT, Reginaldo Sandoval Flores, publicadas este lunes por La Jornada.
Sandoval fijó un plazo concreto para Michoacán: si Morena no repite ahí la encuesta en noviembre, “tomaremos otra decisión”, advirtió. Esa decisión sería postular a Raúl Morón como candidato del PT a la gubernatura.
Qué significa para SLP
La exigencia incluye el proceso con el que Morena designó a Elí César Cervantes Rojas como su coordinador estatal de la Defensa de la Transformación en San Luis Potosí. Como publicamos el 29 de septiembre, Cervantes fue designado sin haberse inscrito y sin encuesta pública.
San Luis Potosí es además el único de los 17 estados donde Morena anunció que irá sin el Partido Verde ni el PT
, según informó entonces la secretaria general de Morena, Citlalli Hernández Mora. El plazo de noviembre se refiere a Michoacán; Sandoval no fijó uno para San Luis Potosí, y hasta ahora el PT no ha definido a un aspirante propio para la Gubernatura.Un pleito que viene de semanas
El 30 de septiembre, Sandoval ya había dicho que el PT solo reconoce 3 de las 17 coordinaciones de Morena (Sinaloa, Aguascalientes y Querétaro) y que en las demás exige encuestas espejo. Días después, Benjamín Robles Montoya, de la Comisión Coordinadora Nacional del PT, descartó una ruptura, aunque reconoció que el partido podría postular candidaturas propias en algunos estados. Mencionó a San Luis Potosí entre los lugares donde, dijo, el PT tiene perfiles competitivos.
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México
Sheinbaum inaugura universidad en Edomex para 800 estudiantes; ampliarán su capacidad
La Universidad Nacional Rosario Castellanos en Nicolás Romero ofrece siete licenciaturas; el gobierno federal también anunció una nueva preparatoria y una beca para estudiantes de educación superior
Por: Redacción
La presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, inauguró la Unidad Académica Nicolás Romero de la Universidad Nacional Rosario Castellanos (UNRC), en el Estado de México, que brindará acceso a la educación superior a 800 estudiantes mediante siete licenciaturas.
Durante el acto, la mandataria afirmó que la educación es una herramienta para prevenir la violencia y la delincuencia, además de contribuir a la igualdad de oportunidades. “La educación le cierra la puerta a la delincuencia”, expresó al destacar la importancia de ampliar los espacios educativos para las juventudes mexicanas.
La nueva unidad académica ofrece las carreras de Inteligencia Artificial, Ciencias de Datos, Ciencias de la Comunicación, Contaduría y Finanzas, Derecho y Seguridad Ciudadana, Filosofía e Historia, y Psicología. De acuerdo con la rectora de la institución, Alma Herrera Márquez, la demanda fue tal que las siete licenciaturas quedaron saturadas en apenas cuatro días.
Ante la demanda, Sheinbaum anunció que se ampliará la capacidad del plantel. Además, informó que las 400 personas que no consiguieron ingresar en la modalidad presencial podrán comenzar sus estudios a distancia, con el propósito de que tengan una alternativa para continuar su formación profesional.
La presidenta también anunció la construcción de un Bachillerato Nacional “Margarita Maza” en el municipio de Nicolás Romero, como parte de la estrategia federal para incrementar los espacios en educación media superior. La meta nacional, señaló, es generar 400 mil nuevos lugares en preparatorias y más de 350 mil espacios adicionales en universidades.
Como parte de los apoyos para estudiantes, Sheinbaum adelantó la creación de la beca Gertrudis Bocanegra, dirigida a jóvenes de licenciatura y destinada a apoyar sus gastos de transporte, con un esquema similar al de la beca Benito Juárez para estudiantes de educación media superior.
Durante la inauguración, la estudiante de Psicología, Jessica Olmos Ruiz, agradeció la apertura de este espacio público, al considerar que permitirá a más jóvenes acceder a una educación gratuita y de calidad sin tener que elegir entre trabajar y estudiar. Por su parte, la gobernadora del Estado de México, Delfina Gómez Álvarez, reconoció el impulso del gobierno federal a la educación pública en la entidad.
La apertura de la unidad académica forma parte de la estrategia del Gobierno de México para ampliar el acceso a la educación superior, atender la demanda de ingreso y ofrecer alternativas de formación profesional a jóvenes que buscan continuar sus estudios.
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Destacadas
López Beltrán, Amilcar Olán y Sánchez Zumaya: La pinza en el saqueo del siglo
La mejor prueba de que la constelación empresarial, contractual y familiar de Gerardo Sánchez Zumaya nunca fue independiente a la de Jorge Amilcar Olán Aparicio, personaje plenamente vinculado con Andrés Manuel López Beltrán, hijo del expresidente del mismo nombre, y estuvo siempre a la vista de todos.
Entre los dos imperios, construidos a base de contratos multimillonarios bajo sospecha con la federación, se encontraron los mismos patrones de movimientos accionarios, asambleas notariadas con el mismo fedatario en el mismo periodo de tiempo, nexos familiares comprobados, direcciones compartidas y apellidos que unen la ruta del huachicol de Altamira hasta Tabasco, con una red elaborada de facturaje detectado y señalado por las autoridades hacendarias.
Por: Jorge Saldaña | Investigación especial
Villahermosa, Tabasco / San Luis Potosí
11 de octubre de 2026
“A mi ex presidente López Obrador lo quiero mucho”
—Gerardo Sánchez Zumaya
Un cheque de 400 millones de pesos, 729 millones en capitalizaciones, una empresa autorizada a importar diésel tres días antes de que terminara el sexenio de Andrés Manuel López Obrador y un primo hermano de la esposa de Gerardo Sánchez Zumaya convertido en testigo colaborador de la FGR. Documentos mercantiles y nuevos reportes periodísticos reconstruyen dos redes —Grupo GESA y el círculo empresarial de Jorge Amílcar Olán Aparicio— redes que crecieron en el mismo territorio, en sectores semejantes, utilizaron los mismos patrones de operación, las mismas notarías a veces, hasta en los mismos días.
Las coincidencias documentadas por este reportaje son tan numerosas y tan específicas que es imposible ignorarlas, no obstante se debe decir que la prueba pública, fehaciente e irrefutable de que Gerardo Sánchez Zumaya, ex aspirante al gobierno del estado de San Luis Potosí, y Jorge Amílcar Olán Aparicio, ligado social y empresarialmente al hijo del ex presidente López Obrador, operaron como una sola estructura, hasta hoy, no existe.
Las fotos en bodas no demuestran sociedades, la vecindad domiciliaria no demuestra acuerdos o contratos compartidos, el usar la misma notaría no constituye un delito incluso cuando se acuda a veces el mismo día.
Tener un medio hermano que figura en el listado del SAT de contribuyentes por presunción de emitir facturas por operaciones inexistentes, no añade al otro medio hermano a la lista, que el primo hermano de Sánchez Zumaya haya sido detenido por ser socio de la empresa de transportes en el contrabando de hidrocarburos no le transfiere responsabilidad penal a otro miembro de su familia; que el mismo primo político haya pagado a sus empresas millones de pesos tampoco significa necesariamente que Sánchez -también conocido como “El Huasteco”- tuviera conocimiento que los recursos con los que le pagaba su familiar político, provenían de un presunto ilícito.
Lo que si se documenta, es la inexplicable o verdaderamente fantástica sincronía entre los hechos de las dos redes, la trazabilidad del dinero, la comprobación filial, la cronología puntual entre los acontecimientos y los movimientos millonarios.
El artículo 400 Bis del Código Penal Federal castiga a quien adquiera, administre, reciba, invierta o transfiera recursos sabiendo que provienen, directa o indirectamente, de un delito o de sus ganancias; también sanciona a quien, con ese conocimiento, oculte o encubra su origen, movimiento o titularidad. Este reportaje no puede probar que alguno de los personajes señalados y sus actividades encuadren en dicho delito.
Lo que este reportaje aporta, es el seguimiento minucioso de una red familiar compleja y extensa que se transformó en los últImos ocho años en una constelación societaria que conecta expedientes, nombres, relaciones y sociedades involucradas en el transporte de hidrocarburos de forma ilícita a una red elaborada de empresas y empresarios que comparten apellidos, direcciones, primos hermanos, padres y padrastros que se han facturado entre sí miles de millones de pesos según consta en registros hacendarios, denuncias públicas y pruebas reveladas a través de investigaciones periodísticas.
Esas dos rutas, tanto la de la investigación abierta y en curso por parte de la FGR sobre la simulación, robo, corrupción, cohecho y contrabando de hidrocarburos, como la de las emisiones multimillonarias de facturas entre empresas que comparten patrones de intercambio de socios, se donan acciones, compran y re-compran acciones e inyectan capitales desproporcionados, coinciden documentalmente en tantas capas con la red de empresas, contratos y relaciones del tabasqueño, Jorge Amílcar Olán Aparicio, que es prácticamente imposible suponer que funcionan como dos redes independientes, que además, ambas fueron favorecidas con contratos multimillonarios durante la administración de Andrés Manuel López Obrador.
LUGANO, CUATRO DÍAS DESPUÉS
Durante siete días el reportero Irving Pineda esperó volver a ver al hombre que había reconocido en una zona residencial de Lugano. La pista, según se dijo, había llegado a TV Azteca de manera anónima. El equipo viajó a Suiza, ubicó una vivienda y, según narró después, encontró en el buzón el nombre de Jorge Olán Aparicio. El 28 de septiembre de 2026, Azteca Noticias difundió las imágenes del encuentro con Jorge Amílcar Olán Aparicio.
La escena corrigió una laguna que hasta entonces debía tratarse sólo como versión: Olán fue localizado periodísticamente en Lugano pero no responde el por qué está en Suiza, desde cuándo, si pretende sustraerse de alguna autoridad o si enfrenta una orden de aprehensión. De hecho, en esos mismos días la discusión pública incluyó que no existía una orden conocida en su contra. La presencia en Suiza es un hecho documentado por el reportaje televisivo; las motivaciones que distintos comentaristas le atribuyen siguen siendo hipótesis.
La fecha, sin embargo, cayó en medio de una secuencia muy particular y que involucra al Huasteco.
Cuatro días antes, el 24 de septiembre, Gerardo Sánchez Zumaya anunció de manera inesperada que abandonaba su precandidatura del Partido del Trabajo al gobierno de San Luis Potosí.
El 5 de octubre, Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad publicó nuevos documentos sobre Portacelis Gas and Oil, una empresa ligada por esa investigación al entorno de Olán y autorizada por la Secretaría de Energía a importar diésel apenas tres días antes de que terminara el gobierno de López Obrador.
El 6 de octubre, Reforma reveló que Héctor Manuel Portales Ávila, familiar de Sánchez Zumaya y ex-apoderado de Mefra Fletes, testigo colaborador de la Fiscalía General de la República en el expediente de Roberto Blanco Cantú, “El Señor de los Buques”, había declarado le forma en que se entregaba una relación de pagos por 69.466 millones de pesos en 2024 y 2025 como parte de los sobornos a los involucrados.
En doce días se juntaron la salida política de Sánchez Zumaya, la aparición de Olán en Suiza, una nueva pieza documental sobre Portacelis y las revelaciones del testigo que conoce por dentro otra trama de combustible.
El parentesco de dicho testigo con la esposa de Sánchez Zumaya, Samantha Portales Acosta pudo comprobarse: son primos hermanos en primer grado y no solo “parientes” como se había manejado hasta ahora. Las actas de nacimiento de ambos confirman que el testigo de la FGR, cliente de las empresas Zumaya y ex socio de Mefra Fletes y Roca, son hijos de los hermanos Portales Guzmán y por eso comparten su apellido.
Ninguno de esos hechos prueba que uno haya provocado al siguiente, pero juntos obligan a regresar a los documentos mercantiles y seguir una pregunta básica sobre la trazabilidad del dinero y sobre todo, su origen.
El ORDEN EN LOS NÚMEROS
En esta historia, en la que han participado varias publicaciones e investigaciones, han circulado cifras que parecen incompatibles porque se han presentado como si describieran lo mismo y no lo hacen.
Los primeros 540 millones de pesos por los que fue cuestionado el otrora aspirante, corresponden al universo de contratos con Pemex identificados por Latinus, Reforma y por el propio Sánchez Zumaya en su defensa pública. El contrato más grande localizado, por 482.4 millones, fue adjudicado a Petrogesa en propuesta conjunta; Sánchez Zumaya ha dicho que tuvo tres contratos con Pemex y que, en conjunto, rondaron 540 millones.
Los 729 millones 453 mil pesos son otra cosa: son la suma de cinco aumentos de capital localizados por esta investigación en Petrogesa, Gesa Lab, Ban Gesa, Hospitales Zumaya y Grupo Mineral & Logistic entre 2020 y 2025. No son ventas, contratos ni patrimonio personal. Son capitalizaciones asentadas en actas mercantiles.
Los más de 15 mil millones de pesos descritos por Reporte Índigo en julio de 2026 corresponden, según las denuncias federales que ese medio consultó, a comprobantes fiscales expedidos entre 2022 y 2024 por al menos 15 personas físicas, varias familiares o cercanas a Sánchez Zumaya. Reforma, al publicar en noviembre de 2024 la denuncia que dio origen a esta línea, habló de movimientos por al menos 20 mil millones de pesos dentro de una red más amplia. Una cifra puede referirse al subconjunto de CFDI de personas físicas y la otra al conjunto de movimientos descritos en la denuncia. Ninguna equivale automáticamente a dinero público robado ni a contratos de Pemex.
Los más de mil 100 millones de dólares publicados por Reporte Índigo son todavía otro universo. El medio atribuyó esa cantidad a las denuncias que describen el supuesto beneficio económico de una red entre 2019 y 2024 y a operaciones relacionadas con cuatro empresas de Texas: Concordia Chemical LLC, Smart Logistics Commerce LLC, Espada Group LLC y Catros Intech LLC. Es una acusación contenida en denuncias, no una cantidad establecida por sentencia.
Y hay montos que pertenecen a expedientes distintos: 142 millones 141 mil 224 pesos en facturas que, de acuerdo con una investigación de Azteca Noticias retomada por Excélsior, Héctor Portales habría emitido en 2025 a tres empresas del universo GESA; 69 millones 466 mil 200 pesos en presuntos sobornos y honorarios que Portales dijo a la FGR que se repartieron en la estructura de Blanco Cantú; y 834 millones de pesos de perjuicio fiscal que el SAT atribuyó a las operaciones de Portacelis.
La conciliación correcta requiere entender qué mide cada cantidad. Contratos, capital social, CFDI, beneficios alegados, facturas de proveedores, sobornos y perjuicio fiscal son categorías distintas. Sumarlas produciría una cifra espectacular y metodológicamente falsa.
|
Monto |
Qué mide |
Fuente/universo |
|
520–540 mdp |
Contratos con Pemex identificados/defendidos públicamente |
Latinus/Reforma y declaración de GSZ |
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729.453 mdp |
Cinco aumentos de capital localizados |
Actas mercantiles 2020–2025 |
|
>15 mil mdp |
CFDI atribuidos a ≥15 personas físicas |
Denuncias citadas por Reporte Índigo |
|
≥20 mil mdp |
Movimientos de la red descrita en denuncia de 2024 |
Reforma |
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>US$1,100m |
Beneficio/operaciones alegadas de red 2019–2024 |
Denuncias publicadas por Reporte Índigo |
|
142.141 mdp |
Facturas atribuidas a Héctor Portales a 3 firmas GESA |
Azteca/Excélsior, 2026 |
|
69.466 mdp |
Presuntos sobornos/honorarios en red Blanco Cantú |
Testimonio Portales difundido por Reforma |
|
834 mdp |
Perjuicio fiscal atribuido a Portacelis |
SAT |
|
3,650 mdp |
Inversión anunciada de Hospitales Zumaya |
Gobierno de Tabasco, 2026 |
Fuente: actas mercantiles revisadas y publicaciones atribuidas en el texto. Los montos no deben sumarse entre sí.
TRES DÍAS ANTES DEL ADIÓS DE AMLO
Portacelis Gas and Oil nació en Villahermosa el 6 de agosto de 2024 con cien mil pesos de capital. Cincuenta y dos días después, el 27 de septiembre, la Secretaría de Energía le autorizó importar hasta 52 millones de litros de diésel desde Estados Unidos. Faltaban tres días para que Andrés Manuel López Obrador entregara la Presidencia.
La cercanía del calendario es más significativa por lo que había ocurrido nueve días antes. El 18 de septiembre de 2024, las secretarías de Energía y Economía publicaron reglas más estrictas para la importación de combustibles. Entre los requisitos se encontraba acreditar antecedentes de importación de los dos años previos para determinados solicitantes de alto volumen. Portacelis tenía 52 días de constituida y no había realizado una sola importación.
En ese momento la administraba Juan Carlos de la Cruz Murillo, contador identificado como colaborador y operador de confianza de Amílcar Olán. Veinte días después de obtenido el permiso, el 17 de octubre, los accionistas fundadores vendieron la totalidad de sus acciones y De la Cruz renunció como administrador. Entraron Jeysi Armando Balcázar Vértiz y José Alonso Ulín Hernández, dos jóvenes sin trayectoria conocida en el negocio energético según la investigación periodística.
La sustitución formal no cerró del todo la huella del administrador saliente, porque los certificados fiscales de la compañía continuaron asociados a datos de De la Cruz hasta enero de 2025. El primer cargamento de Portacelis entró el 4 de febrero de 2025, comprado a Ikon Midstream, firma de Houston posteriormente investigada en Estados Unidos dentro de pesquisas sobre combustible introducido a México con declaraciones falsas.
Hace unos días de este 2026, el caso escaló y las autoridades informaron que el SAT pidió a la FGR investigar a Portacelis por un presunto perjuicio fiscal de 834 millones de pesos. Se reconstruyeron las operaciones de ferrotanques y se comprobó que el volumen que se habría introducido sería muy superior al declarado ante la aduana.
La secuencia es verificable: empresa nueva; reglas más duras, permiso nueve días después y tres días antes del relevo presidencial; sustitución total de accionistas veinte días más tarde; permanencia temporal de rastros fiscales del administrador anterior; primeras importaciones en 2025; y, finalmente, investigación fiscal.
El expediente Portacelis muestra por qué en estas estructuras la fotografía de los accionistas de un día no basta para entender quién conserva la operación.
MISMOS CLIENTES Y MISMO NOTARIO.
El expediente conduce a una oficina de fe pública en Villahermosa.
Aquí conviene corregir una imprecisión que aparece en varias reconstrucciones. Cuando Portacelis se constituyó el 6 de agosto de 2024, Manuel Alejandro Cachón Silván todavía no era el titular de la Notaría Pública número 4. El Periódico Oficial de Tabasco acredita que Miguel Cachón Álvarez era el notario de número y que Manuel Alejandro se desempeñaba como adscrito desde 2018. Miguel había presentado su renuncia el 2 de julio; el acuerdo que designó a Manuel Alejandro fue publicado el 14 de agosto y la protesta y patente como titular se formalizaron el 15.
La precisión importa porque evita convertir una transición administrativa en una falsedad. Portacelis sí pasó por el protocolo de la Notaría 4. También lo hicieron sociedades del universo GESA. Pero el responsable formal del despacho cambió en aquellos nueve días de agosto.
Exactamente 29 días antes de Portacelis, de acuerdo con los folios mercantiles revisados para este reportaje, la misma notaría había elaborado la constitución de Hospitales Zumaya (sociedad de 50 mil pesos repartidos entre GSZ y su esposa Samantha en partes iguales).
Entre ambos instrumentos, el protocolo registró 237 actos, un dato que obliga a dimensionar el cruce: compartir notaría no demuestra que dos clientes se conozcan ni que coordinen negocios.
El interés surge de la repetición. Ban Gesa formalizó allí un aumento de capital de 100 millones de pesos en noviembre de 2023. Hospitales Zumaya pasó por el mismo protocolo en julio de 2024. Portacelis nació allí en agosto. En 2025, publicaciones de El Universal atribuyeron a esa notaría la constitución de Aman Desarrollos y JAOA Corporativo, sociedades vinculadas a Amílcar Olán.
En diciembre de ese año, Grupo Mineral & Logistic protocolizó allí el aumento de capital de 400 millones de pesos y que hasta ahora no había salido a la luz pública. Un aumento de capital a cargo del medio hermano de Sánchez Zumaya, un joven de entonces 24 años, que con su primera chequera y el cheque 000028 pudo aportar 400 MDP en una empresa que fundó su medio hermano 12 años antes con 50 mil en una notaría de Tancanhuitz. De este movimiento se amplía la información adelante.
En mayo de 2026, un movimiento de CASTRIEB —empresa creada por José Rafael y Christopher Castillo Florencia— volvió a la misma oficina.
La Notaría 4 es, por lo tanto, un punto de contacto documental repetitivo y en apariencia sincronizado entre sociedades de ambos universos pero no es así, por sí sola, el puente no probaría una red.
EL CHEQUE DE 400 MILLONES
El acta dice que el otro accionista estaba presente, pero no puso un peso.
“NO SUSCRIBE ACCIONES”.
Era el 5 de diciembre de 2025. Eduardo Isaac Sánchez Zúñiga, de 24 años, presidía la asamblea extraordinaria de Grupo Mineral & Logistic Comercializadora de Minerales y Construcción. Jovani Barrios Caamal, de 23, completaba el capital soci al. La empresa necesitaba, según el documento, respaldo financiero para proyectos futuros.
Eduardo Isaac suscribió 800 mil acciones de 500 pesos cada una. Total: 400 millones de pesos. El acta señala que acreditó el pago con el cheque 0000028 de Santander. Tres días después, el acuerdo fue protocolizado en Villahermosa; el 16 de diciembre quedó inscrito en el Registro Público de Comercio.
Doce años antes la sociedad había nacido en Tancanhuitz, San Luis Potosí, con 50 mil pesos. El aumento equivalía a ocho mil veces el capital fundacional.
Eduardo Isaac es medio hermano de Gerardo Sánchez Zumaya, fundador de la empresa y figura central de Grupo GESA. Gerardo había creado la compañía en abril de 2013, con 22 años, tomando 70 de cien acciones y el cargo de administrador único. En 2020, ya con la empresa orientándose a Tabasco, Eduardo Isaac adquirió 70 acciones por su valor nominal de 35 mil pesos y quedó como presidente del consejo; Gerardo permaneció como secretario.
Hay un tramo que los folios revisados todavía no explican: el acto mediante el cual las 30 acciones que conservaba Gerardo pasaron a Jovani Barrios Caamal. Para diciembre de 2025, Gerardo ya no aparecía en el capital de la compañía y Eduardo Isaac controlaba la suscripción del aumento. Dos meses antes, Barrios había recibido poderes amplios de administración, dominio y títulos de crédito.
El cheque notarial no prueba de dónde salieron los 400 millones pero esa limitación no reduce el hallazgo. Una sociedad creada con 50 mil pesos registró doce años después una aportación de 400 millones a nombre de un accionista de 24 años. La pregunta no debería ser retórica y la debería responder el protagonista: ¿de qué actividad, financiamiento o patrimonio provino el dinero?
NO ES SOCIO, PERO MANTIENE EL CONTROL
La historia de los aumentos de capital en las empresas de GESA que este reportaje revela no son episodios aislados.
Entre 2020 y 2025, cinco sociedades vinculadas con Sánchez Zumaya registraron aumentos por 729 millones 453 mil pesos. En cuatro operaciones, la participación principal quedó en manos del propio Gerardo. En la quinta, la de 400 millones, quedó en manos de su medio hermano Eduardo Isaac.
Ban Gesa ofrece un ejemplo nítido. En la asamblea del 9 de octubre de 2023 se aprobó un aumento de 100 millones de pesos. El acta protocolizada en la Notaría 4 dice que Gerardo Sánchez Zumaya suscribió 100 mil acciones y exhibió el cheque 0000008 de Santander. Yuridia Natalia Ramos Sánchez “no suscribe acciones”. Después del movimiento, Gerardo concentraba 100 millones 90 mil pesos del capital; la otra accionista, diez mil.
Gesa Lab muestra un mecanismo distinto: la separación formal y el regreso.
En septiembre de 2021, Gerardo vendió sus 18 acciones a su esposa, Samantha Magdalena Portales Acosta. José Castillo Peregrín (p adrastro de Samantha y suegro de GSZ) le vendió otras 17. Una tercera accionista transfirió 15 a José Hilario Sánchez Zúñiga, otro medio hermano de Gerardo. Samantha quedó como administradora única, es decir, solo en los papeles, Gerardo salió, pero el uso beneficio de los recursos quedaron en manos de su esposa.
Diez meses después regresó con casi todo el capital. El secreto bancario impide saber si, luego de dejar esta y otras sociedades a las que ha entrado y salido siendo de su mismo entorno, Gerardo Sánchez dejó en algún momento el control y manejo de las cuentas bancarias. De saberse, podría configurarse o no el delito previsto en el artículo 400 Bis que se mencionó al inicio de este trabajo.
Siguiendo con las inyecciones desmedidas de capital, en la asamblea del 8 de agosto de 2022 se aprobó un aumento muy extraño de cinco millones de pesos que dejó a Sánchez Zumaya con alrededor del 99 por ciento de las acciones.
El acta dice que las pagó mediante dos transferencias personales: una de un millón el día de la asamblea y otra de cuatro millones fechada el 29 de junio.
Es decir, cuatro millones habían entrado cuarenta días antes de que el órgano societario lo admitiera nuevamente como accionista.
Puede existir una explicación contable como aportaciones para futuros aumentos, o un préstamo posteriormente capitalizado, sin embargo el acta revisada no identifica ninguna de esas figuras. Durante esos cuarenta días la administradora era su esposa. No hay explicación jurídica ni fiscal que explique cómo GSZ pudo ingresar 4 millones a una cuenta ajena (de su esposa) y luego 40 días después hacerse del control del mismo dinero que inyectó. Esta operación se podría interpretar como una simulación en el manejo de recursos, y si provinieran de una fuente ilícita conocida por GSZ, encuadraría en lavado, pero hasta el momento se desconoce si la UIF, el SAT o la FGR tienen registrada esta operación.
El patrón aquí descubierto es relevante para una pregunta distinta de la propiedad nominal: el control efectivo. Desde julio de 2025, la legislación anti lavado mexicana reforzó la obligación de identificar al beneficiario controlador, es decir, a la persona que en última instancia obtiene el beneficio o ejerce control efectivo, incluso por contrato u otros medios. Ese concepto ayuda a entender por qué los cambios de accionistas no agotan el análisis.
Pero control no significa lavado, nuevamente de acuerdo al artículo 400 Bis que exige que para el delito de operaciones con recursos de procedencia ilícita, debe haber conocimiento del origen ilícito de los recursos y conductas de adquisición, administración, transferencia u ocultamiento, entre otros elementos.
Gerardo, sus medios hermanos, su esposa y el primo hermano de ella, pueden haber ignorado el origen de los recursos o incluso desconocer si son o no de procedencia ilícita, por lo tanto la facturación entre sus empresas y las extrañas entradas y salidas accionarias, podrían no tener fines de ocultarlos o simularlos.
Lo que no pueden negar las actas de las empresas de GESA en posesión de este medio y a disposición en la publicación, es la continuidad de poder económico dentro de un círculo familiar: Gerardo como principal accionista en cuatro capitalizaciones; su esposa como administradora en el intervalo de Gesa Lab; y su medio hermano como titular del aumento de 400 millones en Grupo Mineral. Esa continuidad es materia de trazabilidad financiera.
LA FAMILIA
Los apellidos, como se consignó en los alcances de esta investigación, se repiten porque el crecimiento empresarial avanzó acompañado de relevos familiares.
Reforma publicó en noviembre de 2024 una denuncia que describía una red de empresas y personas físicas que se facturaban entre sí. En los registros reproducidos por el diario aparecieron Eduardo Isaac Sánchez Zúñiga y José Hilario Sánchez Zúñiga, medios hermanos de Gerardo, además de José Rafael y Christopher Castillo Florencia, entre otros jóvenes contribuyentes. La denuncia sostenía que varios emitían CFDI por montos muy superiores a sus gastos o a la infraestructura visible.
La distinción jurídica es indispensable, porque una denuncia o un reportaje los coloque en una presunta red de facturación no equivale a que el SAT haya declarado a cada uno como emisor de operaciones inexistentes, pero en el caso de Christopher Castillo Florencia sí existe esa resolución fiscal: El 20 de febrero de 2026, el Diario Oficial de la Federación publicó su nombre y RFC en el listado definitivo derivado del artículo 69-B del Código Fiscal.
La autoridad asentó ausencia de activos, de personal, de infraestructura y de capacidad material. La resolución recae sobre Christopher como persona física.
Los números atribuidos por Reforma dimensionan el problema que planteó la denuncia. José Rafael Castillo Florencia habría emitido CFDI por alrededor de 3 mil 132 millones de pesos en dos años; en un periodo reportó compras por apenas decenas de miles mientras facturaba más de mil 200 millones. Christopher aparece con cientos de millones de pesos facturados. Eduardo Isaac y José Hilario también figuran en el listado de personas físicas analizado por el diario.
Eduardo y José Hilario son medios hermanos de Gerardo Sánchez. Hilario Sánchez Lara es padre de los tres en diferentes uniones maritales.
Por otro lado los Castillo Florencia señalados también tienen un lazo filial que no había sido descubierto.
La conexión familiar de los Castillo Florencia proviene de un antiguo socio de Sánchez Zumaya y que por su relevancia debe narrarse con exactitud.
José Castillo Peregrín fue socio y directivo de sociedades de GESA desde 2013 y dos años después el entonces cincuentón de origen español se casó con Lucero Acosta Montalvo, madre biológica de Samantha Portales Acosta, y esposa de Sánchez Zumaya desde su boda en el 2021.
Documentación revisada para este reportaje abre una ruta de parentesco hacia José Rafael y Christopher Castillo Florencia, a quienes distintas piezas del expediente ubican como sobrinos nietos de Castillo Peregrín, suegro de El Huasteco al que despidió con dolor en una esquela publicada en enero en las redes sociales del ex aspirante petista.
DE VUELTA AL PRIMO Y EL TRANSPORTE
Con lo que se ha articulado, Héctor Manuel Portales Ávila une dos capas que antes corrían en paralelo: el entorno familiar de Sánchez Zumaya y una investigación federal sobre transporte de hidrocarburos.
La Jornada y otros medios documentaron que Portales fue detenido el 23 de agosto de 2025 dentro de una causa relacionada con Mefra Fletes. La empresa transportó combustible descargado del buque Challenge Procyon desde el puerto de Tampico hacia un depósito en Altamira, según la investigación federal reconstruida por la prensa. Portales había sido apoderado de Mefra y también ocupó cargos en Autolíneas Roca.
La relación financiera entre el primo hermano detenido en el operativo del 2025, tiene una cifra que publicó el columnista Jorge Fernández Menéndez en Excélsior, donde sostuvo que entre mayo y julio de 2025 Portales habría emitido facturas por 142 millones 141 mil 224 pesos a Ban Gesa, Industrias GESA del Sureste y Petrogesa. Los conceptos incluían convertidores, semirremolques tanque de aluminio y dos tractocamiones modelo 2025.
Esos CFDI existen en los términos publicados, pero para saber si los 142 millones corresponden a transacciones reales se tendría que tener las facultades que en este país solo tiene la Secretaría de Hacienda, el SAT y la UIF.
En esta semana, el 6 de octubre, apareció otra novedad al respecto y que da aún más peso a las colaboraciones del primo político. Reforma informó que Portales entregó información sobre la estructura atribuida a Roberto Blanco Cantú, “El Señor de los Buques”.
Según la relación entregada por Portales, en 2024 se habrían pagado 24 millones 807 mil 800 pesos y en 2025 otros 44 millones 658 mil 400: 69 millones 466 mil 200 pesos en presuntos sobornos y honorarios a intermediarios, agentes y funcionarios.
Nuevamente la sincronía y cercanía de los eventos se hace evidente. La declaración de Portales Ávila, con la que se dan a conocer nombre y montos de sobornos millonarios, se hace pública 12 días después de que la cabeza de grupo GESA, desistiera intempestivamente de su carrera rumbo a la gubernatura potosina mientras que circulaban fuertemente versiones no confirmadas sobre un presunto congelamiento de sus cuentas.
Con esto no se puede afirmar que Portales haya acusado a Sánchez Zumaya o que haya entregado a la FGR información sobre GESA y el inesperado desistimiento de la aspiración política pudo ser motivado por asuntos distintos.
¿QUIÉN ES PERLA?
El golpe inicial contra la red vinculada al Challenge Procyon derivó en 14 detenciones, de acuerdo con la reconstrucción de El País y reportes judiciales: empresarios, marinos y personal aduanal. Después se libraron nuevas órdenes de aprehensión contra integrantes de Mefra Fletes y otros operadores.
Entre ellos, Perla Castro resultó una figura relevante por su posición en la Aduana de Tampico. La investigación federal la ubicó como jefa o verificadora de operaciones encargada de remitir muestras de mercancía al laboratorio central de la Agencia Nacional de Aduanas. Fue vinculada a proceso dentro de la causa penal relacionada con las descargas de buques.
El 23 de octubre de 2025, una jueza modificó su prisión preventiva y le impuso resguardo domiciliario, localizador electrónico, prohibición de salir del país y vigilancia de la autoridad de medidas cautelares. Zeta documentó la resolución; otros medios reportaron que el cambio estuvo relacionado con su embarazo.
Por lo tanto, de las 14 personas detenidas solo Perla y Héctor Manuel no están en prisión. La mención cabe porque en las reconstrucciones periodísticas documentadas, el puesto de Perla la pondría en línea directa con el administrador de los tanques de transporte del combustible, operado -aún presuntamente- por Portales Ávila.
En una historia cargada de parentescos y vínculos filiales y sociales el señalamiento importa.
LA FOTO DE 2015
Lo mismo ocurre con el vínculo personal entre Amílcar Olán y Andrés Manuel López Beltrán, que no empieza con los contratos del sexenio de su padre.
Una fotografía recuperada por Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad y atribuida al Diario Rumbo Nuevo, muestra a López Beltrán en la boda de Jorge Amílcar Olán Aparicio y Brenda Cepeda García en Villahermosa en julio de 2015.
Mismo año de la boda de Castillo Peregrín con Lucero Acosta Montalvo, tío abuelo de los Castillo Florencia y de comprobables relaciones comerciales, inmobiliarias y societarias con Adán Augusto López Hernández.
La cobertura social de S&R – Splendor & Rostros, del entorno de Rumbo Nuevo, llevaba en portada a la pareja. Una crónica local de Poder & Crítica confirmó que la ceremonia civil y la recepción se realizaron en el Hotel Marriott de Villahermosa.
La imagen documenta una relación social previa a la llegada de López Obrador a la Presidencia y los puentes previos de Castillo Peregrín con figuras del grupo Tabasco, estado al que se trasladó la empresa de la que fue socio con Sánchez Zumaya y que quedó en control de Eduardo Isaac Sánchez Zúñiga.
Después, investigaciones de Latinus y MCCI difundieron grabaciones y reconstrucciones empresariales que colocaron a Olán como interlocutor cercano de Andrés Manuel y Gonzalo López Beltrán. Los hermanos han rechazado interpretaciones que los responsabilizan por negocios atribuidos a terceros. La relación personal, sin embargo, está documentada con años de antelación a la expansión de varias empresas investigadas.
En el universo GESA la relación política conocida es distinta. Sánchez Zumaya reconoció públicamente cercanía con Adán Augusto López Hernández y en 2023 lo elogió como su aspirante presidencial favorito. Reforma documentó que desde 2019 el empresario se relacionó con figuras de Morena en Tabasco mientras sus compañías empezaron a participar en contratos y servicios alrededor del sector energético.
Lo que se puede afirmar es que las trayectorias empresariales, de Olán y la de Zumaya, crecieron en Tabasco durante el mismo ciclo político en que sus protagonistas cultivaban relaciones con figuras de la coalición gobernante.
DE AHÍ A LA EXPANSIÓN
Visto en una sola línea de tiempo, el expediente deja de parecer una colección de sociedades dispersas.
En 2013, Grupo Mineral & Logistic nació en la Huasteca potosina con 50 mil pesos. En 2018, Petrogesa fue constituida. En 2019, según Reforma, Sánchez Zumaya comenzó a ampliar sus relaciones políticas y empresariales en Tabasco. En 2020, Grupo Mineral trasladó sus operaciones al estado y Eduardo Isaac Sánchez Zúñiga entró como accionista principal.
En septiembre de 2021, Gerardo salió formalmente de Gesa Lab y su esposa quedó al frente. En junio de 2022 transfirió cuatro millones a la empresa cuarenta días antes de volver como accionista; en agosto el aumento lo dejó con cerca del 99 por ciento. En octubre de 2023, Ban Gesa aprobó el aumento de 100 millones cubierto por Gerardo mediante cheque Santander.
En julio de 2024 se constituyó Hospitales Zumaya en Villahermosa. Veintinueve días después nació Portacelis Gas and Oil. El 27 de septiembre Portacelis obtuvo el permiso de importación; el 30 terminó el sexenio de López Obrador. El 17 de octubre cambiaron todos sus accionistas fundadores.
En noviembre de 2024, Reforma publicó la denuncia que describía facturación y movimientos por miles de millones en el entorno GESA. En 2025 avanzó el caso federal de los buques, fue detenido Héctor Portales y, según el reportaje de Azteca retomado por Excélsior, en los meses previos había facturado más de 142 millones a tres compañías relacionadas con Sánchez Zumaya.
El 5 de diciembre de 2025 llegó el cheque de 400 millones a Grupo Mineral.
El 20 de febrero de 2026 el SAT publicó en el Diario Oficial a Christopher Castillo Florencia en un listado definitivo del artículo 69-B. En junio, el gobierno de Tabasco presentó junto con Hospitales Zumaya un proyecto hospitalario anunciado en 3 mil 650 millones de pesos. El capital social localizado en los registros revisados era de 30 millones 53 mil pesos: la inversión anunciada es más de 121 veces esa cifra.
El 7 de julio, Reporte Índigo dio a conocer nuevas denuncias federales contra el grupo, con señalamientos por más de mil 100 millones de dólares y más de 15 mil millones de pesos en CFDI. El medio recordó que dos carpetas anteriores contra Sánchez Zumaya habían terminado ese año con determinaciones de no ejercicio de la acción penal por insuficiencia de elementos, sin embargo esas dos carpetas cerradas no impiden que se abran o estén ya abiertas otras, pues los movimientos accionarios y de recursos rebasan en la línea del tiempo que cerró con las primeras investigaciones.
DOS REDES, NO UNA SOLA
Hay una tentación narrativa en expedientes como éste: unir todos los puntos hasta que parezcan un solo dibujo pero los documentos no permiten hacerlo.
No existe hasta hoy una sociedad común entre Gerardo Sánchez Zumaya y Amílcar Olán. No se localizó un accionista compartido, una transferencia entre GESA y las empresas de Olán, un contrato conjunto ni una comunicación que pruebe coordinación entre ambos. La fotografía de la boda acredita amistad entre Olán y Andrés Manuel López Beltrán; no traslada esa relación a Sánchez Zumaya. La cercanía declarada de Sánchez Zumaya con Adán Augusto tampoco lo convierte en socio de Olán.
Lo que sí existe son cruces objetivos.
Ambos universos crecieron en Tabasco durante el sexenio de López Obrador. Ambos tocaron el sector de hidrocarburos y la contratación pública. Sociedades de ambos pasaron por la Notaría 4 de Centro. En GESA, los relevos accionariales se mantuvieron repetidamente dentro de la familia o del círculo cercano, y las capitalizaciones documentadas alcanzaron 729.453 millones de pesos. En Portacelis, los fundadores salieron veinte días después del permiso, mientras rastros operativos del administrador anterior permanecieron por meses, según MCCI.
El entorno de GESA incluye a un familiar directo que fue apoderado de una transportista investigada por combustible ilícito y que ahora colabora con la FGR. Portacelis, por su parte, quedó bajo investigación fiscal por importaciones de diésel y fue abastecida inicialmente por una firma de Houston colocada en investigaciones estadounidenses sobre huachicol fiscal.
Son demasiadas coincidencias para ignorarlas, pero también demasiado pocas pruebas directas para dictar una conclusión criminal conjunta.
La verdad periodística no es la verdad jurídica ni pretende serlo pero tampoco se tiene que escoger entre silencio e imputación, se puede hacer algo más difícil: fijar la frontera exacta de lo que se sabe.
SEGUIR EL DINERO
La investigación empezó con un cheque y vuelve a él.
El Registro Público dice que Eduardo Isaac Sánchez Zúñiga aportó 400 millones de pesos a una empresa que nació con 50 mil. Ban Gesa registró otro cheque, éste por 100 millones, a nombre de Gerardo Sánchez Zumaya. Gesa Lab recibió cuatro millones del empresario cuarenta días antes de que regresara a su capital. Reforma y Reporte Índigo describieron facturas por miles de millones emitidas por jóvenes familiares y cercanos. El SAT confirmó, en al menos un caso directamente verificable —Christopher Castillo Florencia—, ausencia de activos, personal, infraestructura y capacidad material. Y un familiar de Sánchez Zumaya que habría facturado 142 millones a empresas del grupo terminó convertido en testigo de la FGR en una investigación de contrabando de hidrocarburos.
Es la historia inconclusa de dos constelaciones empresariales que crecieron en el mismo tiempo y territorio, atravesadas por familias, combustible, política y una notaría que dejó constancia de movimientos extraordinarios.
En Lugano, una cámara consiguió volver visible a un empresario que había desaparecido de la conversación pública y que parece huir aunque no está acusado de nada. En San Luis un empresario con aspiraciones políticas desistió y desapareció sin dejar rastro. Tampoco, hasta el cierre de este reportaje, se conoce de orden de aprehensión o imputación contra Gerardo Sánchez Zumaya.
Forzar la información para poder afirmar y señalar un delito es periodísticamente irresponsable e inútil. Documentar y destacar los hallazgos, que quizás no ha visto la autoridad o la audiencia no convierte a un reportaje en una denuncia.
Tras el título de este reportaje se citó a Sánchez Zumaya con una frase que repitió en entrevistas, ruedas de prensa y eventos públicos: “A mi expresidente López Obrador lo quiero mucho”.
La única pregunta que nunca le hizo la prensa potosina o nacional a Sánchez Zumaya, quizás sea la única que podría dotar de lógica y sentido a todo lo consignado.
¿Cómo fue que Sánchez Zumaya conoció al ex presidente para quererlo tanto?
¿Se lo encontró en Tanquián o se lo presentaron en Tabasco?
JS.
NOTA METODOLÓGICA
Este reportaje se terminó y actualizó al 10 de octubre de 2026. Se sustenta a partir de actas mercantiles y notariales registradas en la Secretaría de Economía, boletas del Registro Público de Comercio, actas del Registro Civil, resoluciones del SAT publicadas en el Diario Oficial de la Federación, Información solicitada al departamento de gobierno de España, Acta de defunción de José / Joseph Castillo Peregrin, corroboración de fechas con los tomos de la notaría 4 en Villahermosa, cuestionamientos formales a la UIF, publicaciones del Periódico Oficial de Tabasco y reportes atribuidos de Reforma, Reporte Índigo, Azteca Noticias, N+, Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad, Excélsior, La Jornada y El País, entre otros. Cuando un dato procede de una denuncia, testimonio ministerial o investigación periodística no disponible en expediente público íntegro, se presenta como atribución y no como hecho judicialmente probado. La suma de 729.453 millones corresponde exclusivamente a aumentos de capital localizados en cinco sociedades y no debe confundirse con contratos, ventas o riqueza personal.
El anexo documental contiene 40 documentos y junto a un listado con número y nombre identificador de los mismos y que soportan una a una las afirmaciones del presente trabajo.
INDICE_DE_ANEXOS-INVESTIGACION-GESA-AMILCAR-AMLB
ANEXOS_parte1_1 ANEXOS_parte2_1 ANEXOS_parte3_1 ANEXOS_parte4_1 ANEXOS_parte5_1 ANEXOS_parte6_1

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