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#Crónica | Iba a ser niña; la historia de un aborto
En San Luis Potosí a pesar de estar penalizado, el aborto clandestino existe. La falta de condiciones apropiadas para realizarlo es un problema de salud pública que afecta a muchas mujeres
Por: Ana G Silva
Texto ganador del primer lugar en el Premio Estatal de Periodismo 2021 dentro de la categoría de Crónica.
Este año, La Orquesta ha sido honrada con 4 galardones del Premio Estatal de Periodismo, para celebrarlo, publicaremos de nueva cuenta esos trabajos que fueron reconocidos por nuestros y nuestras colegas del medio. Esperamos que los disfruten.
En San Luis Potosí el aborto clandestino es un problema que sigue matando mujeres. La estadística muestra que realizarse este procedimiento en esas condiciones tiene entre 100 y 500 por ciento más posibilidades de terminar con la muerte de la persona a la que se le practica. La razón por la cual se oculta el tema es porque las mujeres que deciden abortar sufren desigualdades estructurales que hacen que no tengan acceso a los derechos humanos.
En el estado, no se garantiza el derecho a abortar, sino que se penaliza y criminaliza: Se les penaliza porque está prohibido abortar, pueden ir a dar a la cárcel; y las criminalizan porque se habla de la construcción social del criminal, son estereotipos, la mujer es una delincuente, mala madre o asesina.
Actualmente en San Luis Potosí el aborto es considerado un delito penal en cualquier momento de la preñez. De acuerdo con el Código Penal del estado, con penas que van de uno a tres años de prisión, además de una sanción de 20 a 60 días de salario mínimo, sin embargo, seguirá corriendo como siempre ha ocurrido. Esta es solo una de esas historias.
(Los nombres de los involucrados fueron cambiados para proteger su identidad)
VIERNES
Una noche del viernes recibí una llamada, era Emily, me había dicho que iría al ginecólogo porque tenía un atraso de varios meses, se escuchaba angustiada. Tenía 4 meses de embarazo.
Ella mencionó que meses antes tuvo relaciones sexuales sin protección, tomó una pastilla de emergencia; sin embargo, por su pánico al día siguiente consumió una segunda dosis, lo que la hizo pensar que la cantidad del medicamento y las hormonas que este provoca, generó su atraso como “una especie de efecto secundario”.
Emily me dijo que no tenía idea de su embarazo por esta situación, además jamás tuvo algún síntoma como mareos, náuseas o antojos, incluso solía a hacer ejercicio de vez en cuando, tampoco se preocupó porque anteriormente tuvo retrasos en su regla y no sintió algún cambio notable en su cuerpo, pero le comenzaba a preocupar que sucediera algo mal con ella por las pastillas, lo primero que pensó es que podía llegar a tener quistes.“¿Qué vas a hacer?”, le dije.“Pues tenerlo, ya qué, ya no se puede hacer nada”, me contestó. Sonaba resignada, la plática continuó con diferentes temas, uno de ellos fue que le diría a su familia tres días después, pues el padre dijo que tenía que pensar las cosas y necesitaba ese tiempo para saber si quería reconocer al bebé o no. Luego recordó algo:“Adivina qué, creo que será niña, por el tiempo aún no puedo estar del todo segura, pero parece que así es”.
La plática concluyó.
SÁBADO
Al día siguiente recibí un mensaje suyo que decía: “Creo que aún puedo hacer algo, no es nada seguro y menos por el tiempo, pero quiero intentarlo, el lunes visitaré a un ginecólogo ¿Me acompañas?”.
LUNES
Fui a recogerla a su casa, le dijimos a su madre que íbamos por un café, al principio fue así, pues decidimos ir a platicar sobre el tema. Describió que el día que fue al ginecologo no esperaba escuchar que estaba embarazada, provocó que su presión bajara:
“Entré en pánico y estaba distraída, tanto que perdí mi cartera, le llamé por teléfono al padre y obviamente, como yo, no lo esperaba, me dijo que no sabía qué hacer y que le diera tiempo para pensarlo. Después de que te llamé a ti, recordé que hace poco conocí a una chava en pro del aborto, que pertenece a una asociacion en el estado y se me ocurrió contarle, la verdad es que no estoy lista, ella me dijo que iba a ser muy peligroso para mí, pero como no era experta en el tema me pasó la dirección de un ginecólogo aliado llamado Samuel, me dijo que fuera honesta con él y si lo consideraba, podría ayudarme”.
Llegamos con el ginecólogo, cuando estábamos a la puerta del consultorio nos recibió:
“Hola soy el doctor Pérez”.
“¿Es el doctor Samuel?”, preguntó Emily, pues solo le dijeron cuál era el nombre del doctor y no el apellido, era obvio que quería estar segura de no revelar información a la persona equivocada, pues eso la pondría en peligro con las autoridades, al igual que al doctor.
“Sí, Samuel Pérez; lo siento pero solo puede entrar la paciente”, contestó, así que tuve que sentarme en la sala de espera mientras salía. Emily salió del lugar y nos fuimos de inmediato, camino a su casa me contó que le había platicado al doctor que no quería tener a su bebé, aunque estaba consciente que incluso en la Ciudad de México, por el tiempo, ya era ilegal, pero si quedaba alguna oportunidad, aunque fuera remota, la tomaría.
Él le mencionó que por ser su médico no podía aconsejarla, pero la trasladó con una asesora para que ella le diera indicaciones. Así le recomendaron un sitio en la Ciudad de México en el podrían ayudarla a pesar de su tiempo de gestación, pero advirtió que era crucial actuar de inmediato.
Llamamos a ese lugar luego de contarme todo lo sucedido con el ginecólogo y la asesora. Respondieron del otro lado de la línea, nuevamente Emily explicó todo lo que sucedía:
“Primero tenemos que ver tu caso y después buscar una causal legal para ver si podemos proceder con la interrupción del embarazo ¿te programo la cita para mañana?, es de 500 pesos”, le contestó la mujer.“No, mejor para el viernes no alcanzó a llegar mañana porque le hablo de San Luis Potosí, disculpe ¿cuánto dinero sería? en caso de que sí puedan ayudarme para ir juntando y no llegar con las manos vacías”, volvió a cuestionar Emily.
“Lo más recomendable sería que hicieras la cita lo antes posible y en cuanto al dinero no podría decírtelo, como te dije dependerá de tu situación, pero en caso de que encontremos la causal legal tendrías que dar la mitad del dinero después de la cita y cuando se realice la interrupción la otra mitad, te podría recomendar que al menos puedas tener 5 mil pesos”, respondió.
Unas horas más tarde volvió a llamarme, su voz sonaba aliviada me contó que ya había conseguido el dinero necesario para el viaje, el hospedaje, la cita y la posible interrupción del embarazo, sus amigos se lo prestaron, junto con algo de dinero que le prometió el padre del bebé. Indicó que adelantó la cita para el miércoles y estaba lista para irse.
MARTES
Partí con ella a la Ciudad de México, en el camino narró que su mejor amiga fue a visitarla, lloró y le pidió que no interrumpiera el embarazo. Luego le hice la pregunta:
“¿Estás segura que quieres hacerlo?”.
“Sí, quiero hacerlo, no imaginé mi vida así, no sola; tal vez sí pueda lograrlo, tal vez sí pueda salir adelante con mi hija, pero será muy difícil, no solo para mí, sino para mis padres. También hay cosas que quiero hacer y tal vez suene egoista, pero nadie está en mis zapatos y sí hay quienes lo han estado, pero yo no soy como esas mujeres; además aún no ha pasado nada, ni siquiera sé si me podrán ayudar”, contestó Emily.
MIÉRCOLES
Al llegar a la clínica nos registramos y esperamos a que el doctor atendiera a Emily, había algunas personas, tanto mujeres como hombres, no sabría decir exactamente por qué estaban ahí.
Emily y yo entramos con el ginecólogo, de nuevo ella explicó su situación y mencionó que no había pedido ayuda antes porque no sabía de su embarazo, de la misma manera, como el médico anterior, le realizó un ultrasonido para confirmar que estuviera embarazada.
“Te podemos ayudar, te ves muy afligida y no tendrías que estar así”, le dijo el doctor; agregó: “tu embarazo ya es avanzado y no podemos hacerlo con una pastilla de misoprostol solamente, tenemos que provocarte algo así como un parto, se le llama legrado, prácticamente lo succionaremos. Primero, te daremos una pastilla que te tomarás una vez que hayas pasado con la psicóloga, después de ingerirla ya no hay marcha atrás; esa pastilla hará que tu útero, por decirlo vagamente, se “afloje” y servirá para el procedimiento de mañana. Luego tomarás un antibiótico, que servirá para una inyección que te colocaremos vía uterina, ella detendrá el corazón del feto; te irás a casa y te daré unas pastillas más: otro antibiótico que debes tomar después de cenar porque te causará vómito; y algunas misoprostol; una deberás de tomarla a la 1 de la madrugada, la debes de colocar en tu encía en la parte inferior derecha o izquierda y esperar a que se desintegre en tu boca por aproximadamente una hora, la segunda dosis será a las 4 de la mañana con el mismo procedimiento, pero del lado contrario, yo te esperaré aquí a las 7 de la mañana”.
“¿Cuánto costará doctor?”, preguntó Emily.
“Son 16 mil pesos, tendrás que dar la mitad ahora y el resto mañana cuando llegues en la mañana, pero necesito que desde ahora te relajes, tu presión no ha estado bien”.
Emily claramente alivió su tensión luego de escuchar las palabras del ginecólogo; aún tenía esperanza.
Salimos del consultorio y pagó los 8 mil pesos del adelanto, conversamos media hora en la sala de espera y después la llamó la psicóloga y posteriormente pasó al quirófano, donde le pusieron la inyección vía uterina utilizando un artefacto llamado “pato” que servía para abrir un poco su útero, ella describió que es una aguja de 20 centímetros o más y es guiada con el ultrasonido.
Antes de irnos volvimos al consultorio del ginecólogo y le dijo: “Tú procedimiento está agendado para mañana a la 1 de la tarde, cuando te tomes la pastillas misoprostol pueden provocarte un poco de sangrado, solo unas gotitas, diarrea o cólicos, pero que son soportables; si pasa eso no hay problema. Pero si empiezas a sangrar demasiado, que no pueda contener la toalla, tienes cólicos intensos o se te rompe la fuente tendrás que llamarme y venir, no importa la hora, estaremos al pendiente, porque eso quiere decir que tu parto se adelantó y tenemos que proceder”.
Salimos de la clínica, fuimos a desayunar y regresamos al hotel. La noche llegó y decidimos acostarnos temprano porque al día siguiente teníamos que madrugar, obviamente Emily no iba a poder dormir, pues tenía que estar consumiendo las pastillas.
Recostadas Emily me dijo: “Sabes, cuando me enteré que estaba embarazada en estos 5 días noté que tenía algunos espasmos, creo que se movía y tenía que acomodarme de cierto lado de la cama porque si no me sentía incómoda, ahora no siento nada y puedo girar sin problema”.
Fue la primera vez que noté que Emily se sentía triste y culpable, ella sabía que el feto ya había muerto: ¿Fue la mejor o peor decisión que pudo tomar? No lo sabíamos en ese momento.
JUEVES
Durante la madrugada, Emily tomó las pastillas de misoprostol como se lo indicaron, despertaba a ratos para preguntarle cómo se sentía y mencionó que solo tenía ligeros cólicos, pero nada de que preocuparse.
Nos levantamos temprano y llegamos a la clínica a las 7 de la mañana, Emily pagó los 8 mil pesos restantes, enseguida le dieron dos pastillas de misoprostol más y la enfermera le explicó que las sensaciones del legrado serían similares a las de un parto: dolores muy intensos, cólicos; sangrado; rompimiento del saco amniótico… todo con la ayuda de las pastillas.
Emily tomó las otras dos pastillas y la llevaron al segundo piso donde hicieron que se cambiara con bata de hospital, y le dijeron que descansara en un sillón reclinable en el que pusieron un pañal para adulto en caso de que se le rompiera la fuente.
A las 9:30 de la mañana llegó el doctor y le preguntó nuevamente si sentía algún síntoma, pero ella contestó que no, ni siquiera los síntomas más leves. El doctor le mencionó que era importante que pasara eso, enseguida ordenó a la enfermera que le diera dos pastillas más y le pidió a Emily que caminara alrededor de la habitación para acelerar el procedimiento.
Emily caminó durante una hora; sin embargo, no tenía síntomas; nuevamente, a las 11 de la mañana le dieron dos pastillas de misoprostol más y una hora después el médico le volvió a preguntar, pero aún no sucedía nada con ella.
“Entonces tenemos que prepararte, en un momento llegará el anestesiólogo, creo que ya deben canalizarte, no te preocupes lo que va a suceder es que nosotros te vamos a inducir ‘el parto’, te vamos a hacer una pequeña incisión y requerirá puntadas que desaparecerán con el paso de los días”.
Finalmente entró al quirófano.
Mientras la esperaba se me ocurrió preguntarle a una enfermera algo que recordé:
“Disculpe, se supone que Emily no tiene una causal legal para realizar una interrupción del embarazo, ¿cómo resuelven esto?”, le dije.
“En el expediente debemos decir que ella llegó aquí desangrandose por lo que tuvimos que intervenir, las pastillas misoprostol, por más que haya consumido no son detectables por lo que nadie puede adivinar que se trató de un aborto voluntario”, contestó la enfermera.
Al salir Emily dijo que estaba mareada, durmió unos minutos y al poco tiempo despertó. Ya no estaba embarazada.
DOS SEMANAS DESPUÉS
Emily me contó que fue a visitar al ginecólogo en San Luis, le dijo lo que pasó en la clínica de la Ciudad de México. Le hicieron un ultrasonido para verificar que estuviera bien y así fue, le reiteró que no tenía residuos y que su útero volvía a su tamaño normal. Enseguida fue a colocarse un método anticonceptivo.
AHORA
Luego de pasar un tiempo, me reencontré con Emily y conversamos sobre su experiencia.“¿Cómo te sientes?”, le pregunté.“La verdad, muy bien”, contestó.“¿No te arrepientes?”.“No, si te soy sincera me siento bien, seguí con mi vida al día siguiente, se enteró la gente que tenía que enterarse y me apoyaron sin juzgar, no tengo ningún riesgo de salud y si lo deseo en el futuro me podré embarazar y tener un hijo, pero será mi decisión.
A veces crees que hacer un procedimiento de esta manera es lo más complejo del mundo, y que incluso el feto sufre, pero no es así, pues se encargan de que este muera antes de hacer el legrado y sales hasta caminando del lugar. Claro, yo tuve la fortuna de conocer a las personas indicadas. No me arrepiento, no sé si la vida en el futuro me castigue si es que lo que hice estuvo mal, pero por ahora estoy bien”.
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Hablo por mí. Apuntes de Jorge Saldaña
Intervención para el foro sobre libertad de expresión · San Luis Potosí
Jorge Saldaña · Director general de LaOrquesta.mx
Sabemos perfectamente por qué estamos aquí. No hace falta el eufemismo.
Una reforma al Código Penal —que alguien bautizó “Ley Serrano“, aunque no es una ley, es apenas una reforma— derivó en la detención de tres personas. Lo digo así, sin adjetivo: tres personas. Y a eso se sumó la filtración de una lista de supuestos nombres con órdenes de aprehensión. Sacado de contexto, aquello encendió una percepción local y nacional: que el poder salió a cazar voces críticas.
Voy a ser franco, y empiezo por la casa incómoda. Esa reforma quizá no fue correcta. No fue acertada, ni fue precisa. No la justifico.
Pero tampoco me voy a hacer tonto con lo que vino después. Porque la narrativa que se construyó —local, nacional— fue una sola, la de la cacería, y esa narrativa fue aprovechada por intereses políticos muy identificados para derogar una norma y poner al estado en la mira internacional. Las personas no respondemos a términos jurídicos. Respondemos a emociones. Y alguien supo exactamente qué emoción encender.
Hubo hasta una manifestación que se atrevió a hablar “por todos los periodistas”. Con todo respeto: nadie me consultó. Así que quede claro desde mi primera línea. Yo hablo por mí. No me atrevo a hablar por ningún otro medio, ni por ningún otro colega. Vengo a poner mi nombre sobre la mesa, no el de un gremio que no me nombró vocero.
Y ya que hablamos de nombres, conviene fijar algo que no está a debate, porque no depende de este gobierno ni de ninguno.
El Estado no tiene facultad para decidir quién es periodista y quién no. Tampoco quién es medio y quién no. No es cortesía: es doctrina asentada. La Corte Interamericana de Derechos Humanos lo resolvió hace cuarenta años, en la Opinión Consultiva 5 de 1985: exigirle a alguien un certificado o una colegiación para ejercer el periodismo es incompatible con la libertad de expresión. El día que el poder reparte credenciales de periodista, ese día decide a quién silencia.
Que quede grabado: aquí nadie pide esa facultad. Y si alguien la ofreciera, habría que rechazarla.
Entonces vamos al grano, porque para eso me invitaron.
En San Luis hay medios anónimos. De un lado y del otro, de todos los colores. Páginas sin dueño, sin domicilio, sin firma, que golpean y desaparecen. A esos no los podemos regular. No está en nuestras manos, y qué bueno que no lo esté.
Pero lo que sí está en nuestras manos es distinguir. Porque ya no existe solo “el periodismo” y “el medio”. El terreno se pobló de figuras nuevas que se disfrazan unas de otras a propósito. Yo encontré siete y las voy a nombrar una por una:
Medio de comunicación. Propiedad y financiamiento identificables, alguien que firma, corrige y da la cara.
Periodista. Lo define el método —fuentes, contraste, contexto—, no el gafete.
Generador de contenido. Audiencia sin método periodístico. Legítimo, valioso, pero no es lo mismo.
Personaje de opinión. Habla en primera persona, sin disfraz de neutralidad. Como yo, en este momento.
Canal de propaganda. Dinero encubierto, agenda de un tercero, cero responsabilidad editorial.
Ecosistema de golpeteo. Cuentas coordinadas, el pasamontañas que se renta para pegar con la cara tapada.
Replicador de mentiras. El que amplifica una falsedad demostrable, con inteligencia artificial o sin ella.
Ninguna de esas siete definiciones dice una palabra sobre el contenido de la crítica. Se distingue por transparencia, método y responsabilidad. Nunca por lo incómoda que resulte la nota.
Y ahora la parte que a nadie le gusta oír, empezando por mí. Todos —todos— sabemos quién está detrás de los medios anónimos de esta ciudad. Los de un bando y los del otro, de todos los colores. Sabemos quién los paga, quién los opera y para quién golpean…y callamos.
Nos decimos a nosotros mismos que callar es “solidaridad gremial”, que colega no muerde a colega. Con todo respeto: es una postura absurda e hipócrita. Eso no es solidaridad. Es complicidad. Cada silencio nuestro engorda un ecosistema de mentiras donde cada vez cuesta más trabajo distinguir al que hace periodismo del que hace daño con disfraz de periodismo.
Y la factura ya nos llegó. Según el Digital News Report 2025 del Instituto Reuters, la confianza de los mexicanos en las noticias es de apenas 36 por ciento. En 2017 era del 49 . Trece puntos de credibilidad perdidos en menos de una década, y buena parte la perdimos nosotros solos, por tapar lo que había que nombrar.
Pónganlo en términos de barrio.
No creo que tengamos que reescribir las leyes de San Luis. Pero sí creo que tenemos una oportunidad enorme: ser, quizá, el primer estado de Latinoamérica que ponga a debate serio tres temas distintos y no los revuelva. Uno, la libertad de expresión. Dos, el uso de la inteligencia artificial en el periodismo. Tres, cómo desenmascarar a las páginas que mienten desde el anonimato: qué son, quién las paga y qué mentiras fabrican.
Traigo tres propuestas concretas.
Primera, un acuerdo con las universidades.
Catedráticos y especialistas potosinos construyendo, como ya existe en otros países, una herramienta de verificación con inteligencia artificial: un fact-check al que todos los medios de San Luis podamos acceder para que un tercero imparcial valide, o no, lo que publicamos en caso de haber controversia.
¿Quién entra? Voluntario. Sin premio para el que se apunte, sin castigo para el que no, así la sociedad sabrá quién está dispuesto a que lo revisen y quién prefiere quedarse en la sombra. Esa sola diferencia ya dice mucho.
Segunda, una comisión ciudadana y académica.
Un comité con criterio propio que defienda al lector y sepa dirimir qué es un ataque disfrazado y qué es crítica legítima. Que no dependa del gobierno ni de los medios: de la sociedad.
Tercera, esta sí tendría que ir tipificada en la ley.
Dinamarca abrió el camino: reconocerle a cada persona derechos sobre su propia imagen y su propia voz. Que quien las use sin mi consentimiento —una cara sintética, una voz clonada— pueda ser denunciado, y que me pague, porque mi rostro es mío. Sé que es un reto para nuestro sistema judicial, donde no hay nada expedito, ni siquiera para el que se roba un Oxxo. Por eso mismo hay que explorar cómo hacerlo posible. La pregunta no es si es difícil. La pregunta es por qué.
Y termino con lo que de verdad me trajo aquí.
Estoy en contra de la cárcel por daño moral, calumnia o por ejercer el periodismo. Que quede clarísimo.
Pero no me pidan que confunda dos cosas por comodidad política. Una es el periodista incómodo; otra, muy otra, es quien usa una imagen falsa para destruir una vida.
Si lo que hubo detrás de algún caso fue suplantación dolosa —no reportaje, no opinión, sino una mentira fabricada para arruinar a alguien—, eso no es periodismo, y cobijarlo bajo la libertad de expresión insulta a los que sí la ejercen, nos pone en un nivel muy bajo.
Insisto, no pido prisión. Pido algo más simple: que quien me arruine la vida con una imagen falsa no quede impune, y que yo tenga herramientas para poder denunciarlo.
El derecho a criticar no puede ser la coartada del que difama sin cara.
Porque —y aquí no hay matiz que valga— yo estoy a favor de toda la crítica. De la más dura. De la que despierta al poder a media noche. Incomodar al poder es inherente al periodismo, y una democracia sin ese contrapeso no es democracia, es escenografía con bonita letra.
Pero la crítica que respeto es la que firma. La que da la cara.
Ese es todo el punto. No pedimos que nadie apruebe lo que decimos. Pedimos que se sepa quién lo dice y se haga con método. Yo ya dije mi nombre al principio, y lo repito al final, porque es la única credencial que reconozco:
Yo soy Jorge Saldaña.
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Memoria Esmeralda, que la esperanza no desaparezca
Karen Tapia creó “Memoria Esmeralda”, una inteligencia artificial que reconoce en menos de un minuto las prendas halladas por colectivos de buscadoras
Por: Haniel Valdés Velázquez
Karen Tapia Torres, ingeniera en sistemas de información egresada de la Universidad Autónoma de Sinaloa, desarrolló Memoria Esmeralda, una plataforma con inteligencia artificial que identifica y clasifica automáticamente las fotografías de prendas halladas en búsquedas de personas desaparecidas, con una exactitud del 99.02 por ciento.
La herramienta funciona con una red neuronal convolucional: los colectivos suben las fotografías de un hallazgo a la página web y el sistema reconoce en menos de un minuto qué es cada imagen —una camisa, un pantalón—, aunque se trate de 500 archivos sin nombre ni clasificación. Cada registro se guarda en una base de datos centralizada junto con quién lo subió, la fecha, el lugar del hallazgo y el destino de las prendas.
Actualmente ese trabajo es manual: los colectivos de madres buscadoras documentan los hallazgos en redes sociales, sobre todo en Facebook, donde la información se pierde entre canales y difícilmente llega de un estado a otro. “La idea es que la tecnología apoye a que la lucha sea más humana y más digna”, afirmó Tapia.
“La consulta es pública: cualquier persona puede buscar, por ejemplo, “pantalones”, y la página arroja las coincidencias con su nivel de exactitud y los datos del hallazgo. La plataforma incluye además un apartado de pistas anónimas que no pide cuenta, sesión ni número telefónico; los reportes llegan a la administradora, quien los filtra y los canaliza al colectivo que corresponda”, explicó.
Tapia puso como ejemplo el caso del rancho Izaguirre, en Jalisco, donde se encontraron 388 imágenes de prendas que las familias tuvieron que revisar una por una. Ahí apareció una mochila parecida a la que llevaba Esmeralda Castillo Rincón el día que desapareció. “¿Cuántas imágenes tuvo que ver don José Luis Castillo para decir que lamentablemente no era la de su hija? ¿Cuánto tiempo perdió?”, cuestionó.
El proyecto lleva el nombre de Esmeralda, desaparecida el 19 de mayo de 2009 en Ciudad Juárez, Chihuahua. Tapia conoció su historia en 2019, por la protesta pacífica de su padre, que arroja brillitos rosas al aire para recordarla. Para la ingeniera, esa historia es también la de los más de
134 mil desaparecidos que, dijo, hay actualmente en México.La meta es lanzar la página antes de que termine el año. Hoy corre de manera local, sin hosting, mientras Tapia sostiene pláticas con los dos colectivos de su ciudad y con el Instituto de la Juventud; si no se concreta apoyo, asumirá los costos ella misma. La plataforma, aseguró, jamás cobrará a colectivos ni a la sociedad: “no se lucra con el amor y no se lucra con el dolor”.
Como trabajo futuro, contempló que los familiares registren la descripción o una foto de la ropa de su ser querido desaparecido, para recibir una notificación cada vez que se cargue una imagen coincidente. “En pleno 2026, con la tecnología que tenemos, se me hace imposible creer que nadie les ha dado una herramienta. Como sociedad, estamos fallando mucho“, sostuvo.
Karen no tiene entre sus familiares o círculo cercano alguna víctima de desaparición forzada, pero no es ajena a los constantes reportes y a las cifras que se dan a conocer a lo largo de todo el país donde son millares las personas que no han vuelto a casa, incluso más los familiares que no dejan de buscar y que alimentan sus esperanzas con cada nuevo indicio.
El desarrollo tecnológico debería siempre estar en función de lo útil, de lo necesario; aliviar el dolor de tantos buscadores es un deber moral, para eso fue creada Memoria Esmeralda, un proyecto que Karen busca llevar a todo el país y poner al servicio de los colectivos y Madres Buscadoras.
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Ciudad
Galindo descarta sancionar obras estatales sin permisos municipales
El alcalde asegura que aún hay tiempo para que el Gobierno del Estado regularice sus trámites
Por: Redacción
El alcalde de San Luis Potosí, Enrique Galindo Ceballos, descartó sancionar, suspender o clausurar las obras del Gobierno del Estado de San Luis Potosí que carecen de permisos municipales, y en su lugar invitó a la dependencia estatal a regularizar sus trámites.
Galindo Ceballos explicó que no se trata de una omisión del Ayuntamiento de San Luis Potosí, sino de un trámite establecido en la normatividad que aplica no solo a obra y desarrollo urbano, sino a factibilidades de agua, uso de suelo y planificación de la ciudad. El Instituto Municipal de Planeación (INPLAN) es la máxima autoridad en la ciudad para definir hacia dónde se hacen algunas cosas u otras no, afirmó.
El alcalde señaló que dos obras en particular no cuentan con ningún permiso: el puente de la salida a Guadalajara y el desnivel de la FENAPO. “Déjame hablar nada más de los últimos dos puentes, y esos hoy definitivamente no tienen ninguna autorización”, sostuvo.
Pese a la irregularidad, Galindo Ceballos aseguró que el Ayuntamiento no tomará medidas contra las obras. “No es motivo para suspenderse, ni es la voluntad del ayuntamiento (…) los invito a que regularicen sus trámites”, dijo. Añadió que el proyecto del puente a la salida a Guadalajara ni siquiera ha iniciado y que la propia dependencia estatal reconoce que la licitación no está terminada, por lo que consideró que aún hay tiempo para subsanar el trámite.
El alcalde recordó que las obras sin los soportes requeridos son observadas por las Contralorías, por los Institutos de Fiscalización o por la Auditoría Superior de la Federación, según el origen de los recursos. Explicó que el Ayuntamiento sí podría sancionar, pero que cada caso se evaluaría por área: impacto ambiental, protección civil, desarrollo urbano o el Sistema Intermunicipal de Agua Potable y Alcantarillado (Interapas).
La confirmación de Galindo Ceballos se da después de que la Secretaría de Desarrollo Urbano, Vivienda y Obras Públicas (Seduvop) del Gobierno del Estado reconociera que carece de permisos municipales para ejecutar obras. El alcalde dijo que revisará el resto de las obras estatales para identificar en cuáles “posiblemente se configura algún tema”.
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