julio 3, 2026

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#Crónica | De cuando las potosinas ahogaron el grito del águila

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Atlético de San Luis femenil

Atlético de San Luis femenil rompió récord de asistencia con 17 mil aficionados que presenciaron el empate ante el América, con lo cual consiguieron su primer punto en el máximo circuito

Por: Sebastián Escorza 

La energía dentro del estadio Alfonso Lastras se hizo presente desde el minuto uno, esta ocasión el rival a vencer era América femenil, uno de los conjuntos más fuertes dentro del balompié femenil en México, campeonas ya en una ocasión de este certamen.

No fue coincidencia el entradón en la jornada uno de la competencia, cuando 11 mil potosinos abarrotaron el estadio y obligaron a la directiva a abrir más localidades para dar abasto a los aficionados que, pese al resultado adverso, alentaron a sus guerreras hasta el final, pues a este compromiso acudieron nada más y nada menos que 17 mil aficionados.

Esta vez el Atlético de San Luis abrió ambas cabeceras y la zona sol para dar cabida a los aficionados que, al igual que con el equipo varonil, también arroparon a estas jugadoras rojiblancas que regresaban a casa con el compromiso de sumar sus primeros puntos en el torneo.

“Vamos, vamos, vamos San Luis vamos a a ganar (…) yo te sigo a todos lados a donde vas, cada vez te quiero más”, gritaba la porra del equipo de casa desde las gradas, y es que sí… tal pareciera que partido a partido los aficionados potosinos se identifican más y más con el equipo femenil, contrario a otros estados del país donde las chicas son relegadas a los campos de entrenamiento salvo los partidos de liguilla o cuyos estadios están casi vacíos.

Conforme transcurrieron los minutos, las rojiblancas se sintieron más cómodas en el campo y, al mismo tiempo, la afición se involucró más en las acciones: la porra gritó con más energía y el resto de los asistentes al encuentro encendieron sus celulares en apoyo al cuadro de casa que, sin duda alguna, quería alzarse con la victoria.

Para la segunda mitad los astros se alinearon en favor de las jugadoras potosinas, Cinthia Monreal se vistió de heroína al evitar que las azulcremas se fueran al frente en el marcador, tras rescatar el esférico en la línea de meta; luego de esta acción, el respetable llenó de aplausos a la guardameta de las locales. 

En el estadio, miles de flashes de celular comenzaron a moverse de un lado a otro, como en las canciones tranquilas en medio de un concierto, una actividad que se ha vuelto costumbre en este y otros estadios alrededor del país y que, con la colaboración de todos, mantiene un ambiente de calma y serenidad, sin contraponerse a la euforia y la emoción que pueden llegar a desbordarse en cualquier momento

Lo cierto es que, en el complemento del partido, potosinas y capitalinas echaron mano de su arsenal y comenzaron a atacarse entre sí; los travesaños y la genialidad de Cinthia Monreal jugaron en contra de la escuadra dirigida por Leonardo Cuellar, mientras que los errores de cálculo jugaron en contra para las delanteras potosinas, quienes en varias ocasiones dejaron a los aficionados al borde de su butaca y con el grito de “gol” ahogado en la garganta. 

En los últimos minutos del partido, los simpatizantes de las rojiblancas se unieron cantando “gol, gol, gol, gol”, para alentar a las jóvenes a mover las redes del “más odiado”, aunado a esto, en una esquina de la zona mobil los potosinos comenzaron a hacer la tan conocida ola, hecha en México, ¿en dónde más? y así, las potosinas engalanaron un encuentro de un índole completamente familiar.

El reloj se consumía, el nerviosismo se apoderaba del aficionado, las rechiflas comenzaron y las americanistas tenían la posesión del balón, parecía que en cualquier momento se venía la noche y había posibilidad de que las visitantes se llevaran los tres puntos del coloso de Valle Dorado. 

Los segundos parecían horas, pero, para fortuna de los miles de potosinos, la silbante decretó el final del encuentro y, así, el Atlético de San Luis femenil hizo historia al conseguir el primer punto (de muchos, esperemos) en esta competencia, ante un rival de categoría que no puso las cosas sencillas y rompiendo el récord de asistencia al estadio otra vez.

Calmados y nos amanecemos | Columna de Emmanuel Gallegos D

Columna de Nefrox

Pongan Caifanes | Columna de Arturo Mena “Nefrox”

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TESTEANDO

 

Es el país de The Beatles, de Queen, de Led Zeppelin, de Pink Floyd, de Oasis, de The Rolling Stones. Bandas que no solo marcaron una época; prácticamente escribieron el manual de cómo entender la música moderna.

En el fútbol ocurre algo parecido.

Cada generación inglesa parece estar destinada a conquistar el mundo. Siempre aparecen figuras de primer nivel, planteles millonarios y una liga que presume ser la mejor del planeta. Inglaterra carga con ese prestigio que intimida incluso antes de escuchar el silbatazo inicial.

México nunca ha tenido ese privilegio.
Lo suyo ha sido más parecido a Café Tacvba, El Tri, Caifanes o Maná. Bandas que quizá no cambiaron la historia del rock mundial, pero que aprendieron a construir una identidad propia. Que encontraron una manera distinta de emocionar a los suyos sin necesidad de parecerse a nadie.
Y, curiosamente, esa comparación también funciona para este Mundial.
Porque si alguien hubiera visto únicamente los nombres antes de comenzar el torneo, Inglaterra sería el claro favorito.
Pero los Mundiales tienen la mala costumbre de ignorar los currículums.

México llega a estos octavos enamorando al mundo.
Eso ya lo dijimos.
No ha sido un vendaval ofensivo, pero ha ganado todos sus partidos.
No ha monopolizado la pelota, pero ha sido preciso y efectivo.
No ha regalado exhibiciones para la historia, pero es la mejor defensa del torneo.
Hay muchas cosas que no pueden ignorarse.
No ha recibido un solo gol, en todos los partidos ha anotado y juega por nota, enamora.
En un torneo donde cualquier desconcentración cuesta una eliminación, la Selección ha encontrado en la defensa una virtud que hace tiempo no presumía. Ha aprendido a sufrir sin desesperarse, a defender sin regalar espacios y a competir con una disciplina que pocas veces acompañó a los equipos mexicanos en las Copas del Mundo.
Y eso también gana partidos.

Además, hay un detalle imposible de medir con estadísticas.

El Estadio Azteca.
Hay estadios que son escenarios.
El Azteca es un personaje.
Respira distinto.
Presiona distinto.
Pesa distinto.
No necesita recordar que ahí levantó la Copa Pelé ni que Maradona escribió una de las páginas más contradictorias y brillantes de la historia del fútbol justo contra Inglaterra. Todo eso ya vive en sus tribunas.
Los rivales lo saben.
Y México también.
Por eso terminar primero del grupo significó mucho más que evitar un rival o quedarse en la misma ciudad.
Significó quedarse en casa.
Seguir escuchando un himno que retumba difer ente cuando más de ochenta mil personas lo cantan al mismo tiempo.
Seguir jugando en un lugar donde la historia no garantiza victorias… pero sí obliga a creer en ellas

.

Inglaterra llega como favorito en la estadística histórica, y sería absurdo decir lo contrario.
Tiene mejores individualidades.
Más experiencia en las grandes ligas.
Más profundidad en prácticamente todas las posiciones.
Eso no está en discusión.
Lo que sí está en discusión es si eso alcanza cuando enfrente hay un equipo que ha aprendido a competir sin desesperarse.
Porque México no necesita ser mejor durante noventa minutos.
Necesita ser mejor en los momentos importantes.
Como lo ha sido hasta ahora.

Quizá esta no sea la mejor selección mexicana que hemos visto.
Pero sí parece una de las que mejor entiende sus limitaciones.
Y eso, en un Mundial, vale mucho más de lo que suele reconocerse.
Los grandes equipos no siempre son los que juegan más bonito.
Muchas veces son los que obligan al rival a jugar incómodo.
Y México ha convertido esa incomodidad en su principal argumento.

Dicen que las grandes bandas nunca desafinan en los escenarios importantes.
También dicen que las sorpresas son las que terminan convirtiéndose en leyenda.
Inglaterra tiene detrás décadas de historia, de talento y de prestigio.
México tiene un estadio que empuja, una defensa que todavía no conoce el error y un país entero convencido de que las noches imposibles existen precisamente para intentar romperlas.
Porque el rock inglés podrá haber conquistado al mundo.
Y el fútbol inglés podrá seguir apareciendo en todas las quinielas.
Pero los Mundiales, como los mejores conciertos, nunca terminan exactamente como estaban escritos en el programa.

Ellos siempre tendrán a The Beatles, a los Rolling o a Queen, pero aquí, no es así, aquí afuera, siempre estará el tío que desde algún lugar en silencio gritará como el diablito “Pongan Caifanes”.

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El otro partido | Crónica de Arturo Mena “Nefrox”

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TESTEANDO

 

Hay partidos que se compran con meses de anticipación. Otros se planean durante años. Y existen algunos que aparecen de pronto, casi por accidente, pero terminan convirtiéndose en recuerdos imborrables. El encuentro entre Corea del Sur y Sudáfrica durante la tercera jornada del Mundial de 2026 fue exactamente eso: el otro partido, el partido espejo, el que ocurre mientras el anfitrión se juega la vida en otro estadio.

Desde hace muchos mundiales existía una pregunta recurrente en mi cabeza: ¿cómo sería asistir precisamente a ese encuentro? Al partido que comparte horario con la selección local, al estadio que no tiene los reflectores principales, al escenario donde miles de aficionados llevan un ojo en la cancha y el otro en los teléfonos, las pantallas o los altavoces. ¿Cómo se vive un Mundial desde el lugar donde las noticias llegan desde otro estadio? Y peor aún, no solo al partido donde no está jugando el anfitrión, sino donde mi país es el anfitrión y yo estaría sentado en el estadio de la otra ciudad, en el otro partido.

La respuesta llegó en una tarde que terminó siendo mucho más especial de lo imaginado.

Mientras México disputaba su compromiso frente a República Checa en el Estadio Ciudad de México, en Monterrey el duelo entre Corea del Sur y Sudáfrica se convirtió en una especie de reflejo emocional de lo que ocurría a cientos de kilómetros de distancia. Los dos partidos estaban unidos por el reglamento, por la simultaneidad y por la incertidumbre.

Lo que sucedía en uno podía modificar el ambiente del otro.

Por momentos, el balón dejaba de ser protagonista. Las miradas se dirigían a las pantallas, a las aplicaciones de resultados o a cualquier señal que indicara qué estaba ocurriendo en el encuentro de México. Cada anotación en el Estadio Ciudad de México recorría las tribunas como una ola invisible. Primero llegaba el rumor, después la confirmación y finalmente la reacción colectiva.

El gol de México no se gritó en ese estadio como se hace en el inmueble del anfitrión. Se celebró de otra manera: con sorpresa, con abrazos entre desconocidos, con teléfonos levantados y con la sensación de estar viviendo dos partidos al mismo tiempo.

Y quizá ahí radique la grandeza de un Mundial.

Porque el Corea del Sur contra Sudáfrica dejó de ser únicamente un partido entre dos selecciones. Se convirtió en el espejo del México contra República Checa. Cada jugada propia convivía con las noticias del otro estadio. Cada pausa era una oportunidad para buscar una actualización. Cada gol del anfitrión modificaba el estado de ánimo de miles de personas que, técnicamente, estaban viendo otro encuentro.

Durante años existió la curiosidad de saber cómo se sentía asistir precisamente a ese partido: el de la tercera jornada, el del mismo horario, el que acompaña el destino del anfitrión. Y la respuesta terminó siendo mucho más emotiva de lo esperado.

No existe la indiferencia en un Mundial. Incluso el encuentro aparentemente secundario termina formando parte de una historia mayor. Corea del Sur y Sudáfrica disputaron sus propios puntos, sus propias aspiraciones y sus propios noventa minutos. Pero alrededor de ellos se desarrolló también otra experiencia: la de miles de aficionados viviendo simultáneamente el drama de México.

Quizá el verdadero protagonista de aquella tarde no fue el marcador ni el resultado final. Fue esa sensación única de compartir dos estadios a la vez. De escuchar un gol que ocurrió lejos y sentirlo tan cerca como si hubiera sucedido frente a los propios ojos.

Porque en las Copas del Mundo existen partidos importantes. Y luego están esos otros encuentros que, sin proponérselo, terminan contando una historia mucho más grande que el propio fútbol.

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Ayuntamiento de SLP

Gobierno capitalino entrega becas a 143 deportistas potosinos

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Los beneficiarios del programa Voy por San Luis recibirán apoyo económico y acompañamiento en nutrición, psicología deportiva y fisioterapia

Por: Redacción

El Ayuntamiento de San Luis Potosí entregó certificados a 143 atletas que fueron incorporados al programa de becas Voy por San Luis, una estrategia que busca respaldar a deportistas locales mediante apoyos económicos y servicios especializados para su desarrollo competitivo.

La entrega se realizó en Palacio Municipal y fue encabezada por el alcalde Enrique Galindo Ceballos, acompañado por el director de Deporte Municipal, Luis Fernando Alonso.

De acuerdo con la administración municipal, el programa contempla no solo apoyo financiero, sino también acompañamiento profesional en áreas como nutrición, psicología deportiva y fisioterapia, con el objetivo de fortalecer el desempeño integral d e los beneficiarios.

Durante el evento, Galindo Ceballos destacó que los apoyos están dirigidos a atletas qu e representan a San Luis Potosí en competencias estatales, nacionales e internacionales.

El Ayuntamiento informó que para 2026 el programa amplió su cobertura hasta alcanzar 143 deportistas, quienes fueron seleccionados mediante un comité integrado por entrenadores, especialistas y representantes de asociaciones deportivas, con base en sus resultados y trayectoria.

En representación de los beneficiarios, la nadadora Paloma Palacios Rosas agradeció el respaldo otorgado a deportistas convencionales y con discapacidad, al considerar que este tipo de apoyos contribuyen a que más atletas puedan continuar su preparación y participación en competencias.

La administración municipal señaló que el programa forma parte de las acciones orientadas a impulsar el deporte y respaldar el desarrollo de talentos locales.

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Opinión

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