#4 Tiempos
Brote palaciego de covid | Apuntes de Jorge Saldaña
Le dio Covid al Caco y él mismo lo confirmó. De ahí en adelante el brote es potencial. Del Caco al gobernador Carreras por lo seguro que hablaron el fin de semana luego de la protesta violenta en contra del recinto legislativo, el Caco ese mismo día habló con reporteros (muchos) y con tres diputados por lo seguro: Martín Juárez, Rolando Hervert y Edgardo Hernández que estaban en el lugar.
Lo mismo tuvo contacto cara a cara con funcionarios del congreso, con el jefe de la policía municipal, con el Secretario de Seguridad, Jaime Pineda, y seguramente con el Fiscal, Federico Garza e incontables mandos y colaboradores. Lo peor: sí traía cubre bocas, pero en el cuello.
Del resto de los funcionarios y reporteros -la verdad- la mayoría no traía sus medidas de protección sanitaria básicas.
Difícil pensar que el gobernador entre el viernes y el martes, no habló con su gente de Comunicación, con la gente de su oficina, con su esposa Lorena presidenta del DIF, doña Lorena Valle y ella con Ceci González, la directora, Ceci a su vez con quizás docenas de sus colaboradores.
De la oficina de Comunicación Social, existe personal que cubre presencialmente las ruedas de prensa de la Secretaría de Salud, que supone otra red exponencial de contagios.
Por parte de los periodistas que estuvimos (sí, así es) tan cerca en ese momento de los funcionarios, no nos detuvimos en entrevistar (mismos micrófonos) solamente al secretario confirmado con Covid, sino que se entrevistó a casi todos los involucrados en la protesta del viernes y de ahí a la fecha a quién sabe a cuánta gente más.
Fernando Chávez, titular de la SCT, también dio positivo. Por su encargo él cuenta con un número importante de colaboradores y tiene contacto lo mismo con otros funcionarios, que con concesionarios del transporte público y éstos con sus choferes que transportan a miles de potosinos.
Su esposa, Martha Rangel, también es funcionaria en el Palacio de Gobierno en el área de comunicación, otra red potencial.
En resumen ¿cuántos contagios se pudieron haber producido por el secretario general, el gobernador, su esposa, el DIF, comunicación social, colaboradores, diputados, choferes, reporteros, subsecretarios, funcionarios municipales, secretarias, y el aparato burocrático gubernamental en sus tres niveles del viernes 5 al martes 7 de junio que se detectó el positivo del brote palaciego?
Un dato extra para ponerse a redactar el testamento y escoger lápida:
La Secretaria de Salud, Monilili Rangel, celebró el fin de semana (viernes y sábado) su cumpleaños por todo lo alto. Por lo menos una docena de mesas fueron montadas en su casa del club de golf La Loma en la que ofreció una cena el viernes y tremenda comida el sábado. ¿Cree usted que el gobernador, el secretario general y el titular de SCT no hubieran estado invitados? ¿Cree que no hubo en el festejo de la Secretaria al menos un centenar de personas?
Parece inverosímil que en semáforo rojo, con los datos que maneja a la perfección la doctora y el panorama que estudia todos los días, tuviera el temerario arrojo de realizar un convivio así, exponiendo no solamente a sus invitados y familiares, sino a toda una red de potosinos que directa o indirectamente están (estamos) muy cerca, por necesidad de estar informados, con los servicios de salud de los que la festejada Monilili aún está al frente.
No, Culto Público, no es grilla ni es ataque. Son hechos comprobados origen de un brote palaciego de muy largos alcances. Felicidades doctora, no por su cumpleaños, sino por poner en riesgo a todo un gobierno y por lo tanto a un estado.
Al respecto ¿Qué medidas han tomado para, por lo menos, hacer pruebas rápidas, de las llamadas moleculares? ¿Solamente se harán a los funcionarios y allegados? ¿No será momento de comprar miles de pruebas para todos los potosinos? Digo, por lo menos por el cargo de conciencia.
Por si lo hacen, de preferencia que el proceso sea lo mismo rápido que transparente, no vayan a salir que le comprarán las pruebas a Gabo. Ni que fueran enchiladas.
RETO UASLP 2020
Hablando de brotes y riesgos exponenciales, tremendo es el reto que tiene el rector de la Universidad Autónoma, Alejandro Zermeño para, en menos de un mes, instrumentar los exámenes de admisión de más de 15 mil aspirantes a las diferentes escuelas y facultades en condiciones verdaderamente espaciales (sí, dice espaciales, no especiales)
Parece un acertijo para la NASA no generar la movilidad desordenada que implica el traslado de los candidatos a alumnos en camiones, y otros medios de transporte, la contingencia que implica la reunión en puntos de embarque, la división de los espacios, la imposibilidad de realizar exámenes en línea por la especialización de las pruebas para cada escuela y facultad, la separación física, los horarios, la reducción de los tiempos de las pruebas, los días que llevará, el personal que implica, las medidas de sanidad en cada hora, en cada salón habilitado, y en cada instalación, los tiempos, la reducción de la convivencia aún con sana distancia, la logística de evaluación y todos los etcéteras que no se me ocurren.
De ese tamaño es el desafío con el que la UASLP recibe a su nuevo rector, un hombre –hay que decirlo- empacado con la mejor experiencia universitaria tanto en su trato, valores, conocimientos y formas.
En el mar de lo visible, la capacidad del aparato universitario estará a prueba en los próximo días y mucho depende de su nuevo capitán. Esperemos llegue a buen puerto.
En lo profundo, las aguas de la UASLP no están en calma, viene el cambio de directores, el jaloneo por los “feudos” creados en la inercia de las conveniencias turbias del pasado, y un sin fin de malas costumbres añejas que deben de romperse.
Tampoco pueden dejar de lado o restar importancia a algo que es veneno puro: en algunos círculos se comenta la relación/intromisión del gobierno de Xavier Nava en los terrenos universitarios, e incluso existe una denuncia de la FUP en este sentido.
No se me ocurre una peor forma de hundir el barco y fomentar una rebelión inmediata y violenta de la comunidad en contra de sus autoridades si no se deja en claro que no existe ni una pizca de interés político del navista o de cualquier otro, incrustado en la Máxima Casa de Estudios de los potosinos.
NUESTROS PREMIOS
El éxito es mal consejero y lo sabemos. La vara ya la pusimos alta y solo nos compromete a generar mejores contenidos. Gracias desde mi corazón favorito a todos y todas las que han felicitado a nuestro medio por haber obtenido 6 premios de periodismo y ser por segundo año consecutivo el medio de comunicación más laureado, esto es solo el resultado de mucho sudor, mucha sangre, estómago y hasta lágrimas.
La Orquesta se abre camino nutrida de sus comentarios, saciada de sus críticas y alimentada de sus lecturas. Aprovecho para felicitar a todos, TODOS los que forman parte de el proyecto que inició hace casi 8 años y del que muchos pensaron (algunos todavía lo hacen) era solo una locura. Ante lo logrado, habrá que repensar el concepto de la cordura.
Me conmueven sus comentarios y no tengo palabras para devolver tanta generosidad.
Equipo, amigos y colegas a todos felicidades. Las redes influyen. La comunicación evoluciona. Ser parte de ello es un privilegio de la vida y la vida en sí misma, compartida con ustedes es un honor. Bendiciones a todos. Que se multipliquen sus deseos. Dios los bendiga.
Hasta mañana y recuerde que un Do Bemol no es lo mismo que un Sí, sostenido.
Jorge Saldaña
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El Cronopio
El mejor actor de la Época de Oro del Cine en México | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
Por: J.R. Martínez/Dr. Flash
Filmada en 1936, Vámonos con Pancho Villa, es considerada una de las mejores películas de la época de oro del cine mexicano. El protagonista: el potosino Antonio R. Frausto que participó en alrededor de 96 películas para el cine mexicano, así como en programas de televisión. Considerado como el mejor actor de esa gran época del cine en México. Presente en casi todos los rodajes que ahora son un hito en el cine nacional, destacó son su trabajo actoral en filmes como “Santa”, primera película sonora mexicana, “México de mis Recuerdos”, “El Tigre de Yautepec”, “Sobre las Olas”, “Ahí Está el Detalle”, “Cuando los Hijos se Van”, “Los Tres García”, “Los Tres Huastecos”, “El Siete Machos” entre muchas más.
Su nombre se une a los pioneros potosinos que participaron en el cine mexicano, principalmente en los inicios del cine sonoro en 1932, como Adolfo Girón Landell, Lupe Vélez, Enriqueta Ramírez Verastegui “Ligia Dy Golconda”, Emma Roldan, de quienes hemos tratado ya en esta columna, así como Noé Murayama, Lupe Inclán, Carlos López Moctezuma, Arturo Martínez Chávez, entre otros grandes actores.
Antonio R. Frausto nació en San Luis Potosí el 20 de septiembre de 1897, poco se sabe de la vida de Antonio Frausto, que se liga a la actuación que practicó de manera autodidacta, pues mostró un don natural para ello, y comenzara su carrera actoral con el inicio del cine sonoro en México. Su vida queda como su reconocimiento popular en el cine mexicano, al ser hecho a un lado por las leyendas como Pedro Infante, Jorge Negrete, Cantinflas, aunque en la industria cinematográfica es recordado como el mejor actor y uno de los más prolíficos al participar en la mayoría de las películas mexicanas que han trascendido en la historia del cine en México.
Su personaje por excelencia fue Porfirio Díaz al encarnarlo en varias películas, por lo que fue bautizado como el “eterno Porfirio” en el medio cinematográfico. Recordarlo, es apreciando su trabajo en esa infinidad de películas que ahora pueden disfrutarse remasterizadas.
Hizo su vida, cotidiana y actoral, al lado de su esposa la actriz y maquillista, Dolores Sepúlveda Camarillo, también potosina, conocida en el medio como Dolores Camarillo, Fraustita, otra pionera potosina en el cine mexicano, que nació en San Luis Potosí en 1910 y que estuviera por un tiempo en Estados Unidos, hija de actores potosinos.
Trabajaron juntos en algunas cintas, como El Tigre de Yautepec de 1933, entre otras, convirtiéndose en una de las apreciables parejas en el mundo del espectáculo fílmico.
La importante cantidad de cintas interpretadas por Antonio R. Fraustro, fue interrumpida tras su muerte en pleno auge del cine de oro mexicano, acaecida el 29 de enero de 1954 en la Ciudad de México, a los cincuenta y seis años de edad, la cual hubiera sido aún más impresionante.
Antonio R. Frausto, así como su esposa Dolores Camarillo, dieron brillo a la actuación de potosinos brillantes que en buen número contribuyeron al desarrollo del espectáculo en México y en especial al cine en el país, figurando entre los mejores actores de la época de Oro del Cine en México y en particular Antonio R. Frausto, considerado por la crítica como el mejor actor en el ranking de las mejores películas, actores y actrices del Cine de Oro en México.
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#4 Tiempos
La sociedad de la indiferencia | Columna de Juan Jesús Priego
LETRAS minúsculas
“Quizá dejé abierta una de las ventanillas”, dijo alarmado un amigo mío mientras se acercaba a su coche; yo iba con él. Uno nunca sabe por qué presiente estas cosas, pero la verdad es que las presiente. “Sí –repitió en voz baja-, quizá olvidé cerrar la ventanilla trasera”. El corazón le latía de prisa, con violencia, como un trote de caballos.
Pero no, el vidrio no estaba abierto: estaba roto. Lo supimos por el crujido de los vidrios que pisábamos. Además, nada de lo que había en el auto seguía allí: unos libros todavía sin abrir, un estéreo de la mejor marca, varios estuches con discos, cinco o seis camisas que acababa él de pasar a recoger a la lavandería y algunas cosas más. En los asientos sólo había vidrios y un desarmador estropeado que, por supuesto, no era suyo.
Justo enfrente de donde había estacionado el coche un hombre picaba fruta; corrimos hacia él.
-Me robaron –dijo mi amigo-. Acaban de robarme. ¿No vio usted quién fue?
El hombre meneó la cabeza y hundió los ojos en la fruta que picaba. Silencio absoluto, total.
-Señor –insistió mi amigo-, es que usted debió haber visto algo; no pudo dejar de ver; tal vez hasta haya oído el ruido de los cristales al romperse…
-No, yo no oí nada –dijo el hombre. Se notaba a las claras que no quería seguir hablando. Bien, en este momento lo dejamos en paz. Adiós para siempre, indiferente señor.
Nos acercamos entonces a una mujer que por la lentitud con que escogía verduras y regateaba el precio debía tener bastante tiempo parada allí.
-Y usted, señora, ¿no vio nada? –dije yo.
-¿Nada de qué?
-No, no se preocupe, estoy loco –dije. Me quedaba bien claro que la mujer no estaba dispuesta a hablar, aunque supiera bastante bien lo que le estaba preguntando.
Al otro lado del puesto de frutas estaba una joven que vendía gelatinas y flanes.
-¿Usted sabe quién fue, señorita? –pregunté señalando en dirección al auto de mi amigo.
-No –dijo-. Yo no he visto nada.
Nada, nada, nada. Todos estaban ciegos y sordos. Antes de darnos por vencidos, corrimos a buscar al tendero de la esquina con la esperanza de que por lo menos él tuviera algo que decir.
-No –dijo-. No vi. Además, no pensará usted que yo me paso la vida viendo lo que no me importa.
Me le quedé mirando; quería leer la verdad en sus ojos, pero él los cerró, haciéndome creer que lo cegaba el sol. ¡Qué impotencia! De pronto nos sentimos solos, o por lo menos así me sentí yo. Solo en medio de una multitud de hombres y mujeres que preferían callar. Pero yo estaba seguro de una cosa: que el vendedor de fruta vio, que la señorita de las gelatinas vio también, que el tendero de la esquina… Pues bien, me dije, ahora soy yo, ahora somos nosotros, pero mañana serán ellos, y entonces sabrán lo que se siente… Ponemos en marcha el motor del auto y desaparecemos dejando una estela de vidrios rotos.
Mientras escribo estas líneas me viene a la memoria la escena de una novela de Jay McInerney (“Bright Lights, Big City ”) en la que un hombre –el protagonista de la historia- sube una mañana al metro de Nueva York y ve que se le acerca un tipo que anda como perdido, que seguramente está drogado y se cree en la luna; de pronto el tipo le palmea el hombre y le dice:
“-Mi cumpleaños es el trece de enero. Cumpliré veintinueve.
“-Magnífico” –responde el protagonista, retomando la lectura de su diario.
“Cuando te palmea el hombro por segunda vez –se dice a sí mismo el narrador- lo miras. Y cuando vuelves a levantar la mirada, el tipo está en la mitad del vagón… Acto seguido, se sienta sobre la falda de una anciana. Ella trata de librarse de él, pero la tiene atrapada.
“-Perdóneme, caballero, pero creo que está sentado arriba de mí -dice la viejecita-. ¿Señor? Perdón, señor…
“Casi todo en el vagón contemplan la escena y simulan no hacerlo. El tipo se cruza de brazos y acomoda sus asentaderas en la falda de la viejecita.
“-Señor, por favor, quiere levantarse de…
“No puedes creerlo. Hay por lo menos media docena de hombres saludables en torno a la mujer. Tú mismo estuviste a punto de levantarte pero creíste que reaccionaría alguno más cercano. La mujer está sollozando. Tienes la secreta esperanza de que el tipo se levante y deje tranquila a la viejita.
“-Por favor, señor.
“Te levantas, por fin. En ese preciso instante, el tipo hace lo mismo. Luego se sacude las arrugas del saco con la mano y se aleja por el pasillo del vagón. Te sientes estúpido, de pie. La viejecita se está enjugando las lágrimas con un pañuelo de papel. Te gustaría preguntarle si está bien, pero a esta altura de los acontecimientos no serviría de mucho. Y te sientas”.
A veces -¡oh incurables románticos que somos!- creemos que la soledad es quién sabe qué cosa profunda y misteriosa, cuando en realidad a veces es sólo esto: que tu desgracia no le importe a nadie; que te puedan matar en medio de la multitud y que nadie se mueva para impedirlo; que mientras te mueres, todos estarán viendo lo que sucede, pero cada uno en su mutismo y prosiguiendo su camino para no enredarse en dificultades que no son suyas.
Tal vez vivamos en la civilización de la indiferencia, es decir, de la soledad. Tal vez, en el fondo, estemos más solos de lo que pensamos…
También lee: Amor empieza con A | Columna de Juan Jesús Priego
#4 Tiempos
Si yo lo hago es libertad, y delito cuando me lo hacen | Apuntes de Jorge Saldaña
APUNTES
Culto Público, hijos de la memoria selectiva:
Hay una trampa intelectual que se llama principio de conveniencia: defiendo las reglas cuando me protegen y las ataco cuando me limitan.
Es como yo cuando no me acuerdo de mis deudas ni de lo que no me conviene. O como el burócrata de ventanilla equis que acepta sobornos toda la jornada, pero luego se indigna porque los tránsitos le piden moche y no los baja de “méndigos corruptos”.
Ese comportamiento no es un asunto ni de ideología ni de educación —bueno, igual y sí—, pero desde mi óptica también es un tema de cálculo mañoso. Y aquí, en nuestro estado, donde “el águila paró”, ese cálculo quedó expuesto como fraude nigeriano con faltas de ortografía.
Como todos sabemos, desde hace días circula una narrativa: el Gobierno del Estado persigue periodistas.
La evidencia central fue una fotografía —filtrada por WhatsApp, como siempre— de un supuesto oficio ministerial con una lista de diez comunicadores y activistas a quienes se buscaría aprehender.
La historia se incendió.
Artículo 19, el CPJ y Reporteros Sin Fronteras emitieron alertas. En horas, San Luis era trending de la infamia: “Estado represor”.
¿Así de fácil?
Mejor vayamos con cuidado, porque este caso merece más que reacción de reflejo.
El mismo comunicado de Artículo 19 —institución que respeto y cito con precisión— reconoce que la información sobre una de las detenciones proviene de una “fuente local anónima” que “no ha podido ser verificada”.
La orden de aprehensión, es decir, la foto de WhatsApp que generó la alarma, también llegó de una “fuente local”.
Entonces, las organizaciones que le exigen al Estado máxima transparencia construyeron su denuncia sobre información que ellas mismas admiten no haber podido confirmar.
Claro, eso no invalida su preocupación, pero sí obliga a darle peso específico.
Porque cuando uno revisa quiénes son algunas de las personas detenidas, pues… ya lo he dicho y lo sostengo: Eréndira Reyes Aguillón y su hija Alejandra Hermosillo no son periodistas en ningún sentido técnico ni ético del término. Operan páginas anónimas, sin firma, sin metodología y con expedientes documentados por extorsión a gobiernos municipales.
Christian Herrera, a quien nadie en el gremio conocía antes del escándalo, fue detenido —según la versión no verificada que menciona el propio comunicado de Artículo 19— asaltando una farmacia en Ciudad Valles. Ya desde la celda se declaró dueño de una página de Facebook de amarillismo puro.
A ver…
El periodismo no es una credencial que se activa cuando conviene para reclamar impunidad.
Eso es charoleo del más chafa.
La novedad es que ayer volvió a circular la foto del supuesto oficio ministerial, pero en tres versiones. Sí, tres versiones casi iguales, con distintos nombres y “enviadas muchas veces” en grupos de WhatsApp.
Una con personas desconocidas; otra con presuntos periodistas y activistas, que es la que sostiene la narrativa de persecución; y una más con nombres como Claudia Sheinbaum, AMLO, Belinda y Maradona.


Sí, así de ridículo.
Diversas herramientas de análisis de imagen coinciden en que la versión con periodistas muestra indicadores de construcción posterior a un documento original; es decir, que habría sido hecha a partir de algo real y luego refotografiada.
La versión con figuras de la política nacional y la farándula fue fabricada con intención claramente burlesca, quizá para ridiculizar la fuente o demostrar que el formato era manipulable.
La otra lista, pues sabrá Dios quiénes sean los que ahí aparecen.
Claro, esto no prueba que el oficio sea falso. Incluso podría tratarse de una trampa para restar credibilidad al tema. Pero, de cualquier modo, sí abre una pregunta que nadie —ni los que se dicen parte del ecosistema crítico ni los otros— ha querido responder:
¿De dónde vino el “original”? ¿Quién lo filtró? ¿Quién lo modificó? ¿Quién lo distribuyó? ¿Para qué?
Porque si la lista fue fabricada —o manipulada a partir de un documento real que nada tenía que ver con periodistas—, entonces no estamos ante una persecución: estamos ante un montaje político elaborado, diseñado para activar organismos internacionales, generar presión sobre el gobierno y construir un escudo de impunidad.
Y eso, que yo sepa, tampoco es periodismo.
Por si fuera poco, mientras todo esto ocurre, también circuló ayer un video evidentemente manipulado, y que de lejos huele a elaboración con inteligencia artificial, en el que “aparecen” un periodista y la creadora de contenido Anahí Torres.
En el video, ella se ve que está en un cuarto con hombres armados y dinero. Él la señala, la cuestiona y la exhibe.
A todas luces es una farsa. Es una infamia fabricada. Es violencia digital. Es destrucción reputacional con herramientas tecnológicas.
No estoy defendiendo a ninguno de los que aparecen en el video. Es más, sus nombres son lo de menos.
Lo que sostengo es que usar inteligencia artificial para generar desinformación, restar credibilidad (en caso de tenerla, claro), ridiculizar personas y usar sus imágenes para engañar a la opinión pública es una bajeza. Contra ellos o contra cualquiera.
Pero aquí viene el giro:
Eso que hoy les está pasando a ellos, es exactamente lo que tipifica y castiga el Artículo 187 Ter del Código Penal de San Luis Potosí, conocido como “Ley Serrano”; la misma ley que ese
ecosistema local y nacional han denunciado como instrumento de censura y persecución.
Entonces va otra de mis muy tiernas preguntas:
¿La IA maliciosa es crimen y golpe bajo cuando la padecen ellos, pero herramienta legítima de crítica cuando la usan contra otros?
¿La “Ley Serrano” es censura cuando el gobierno puede usarla contra ellos, pero protección necesaria cuando ellos son las víctimas?
Discúlpenme, pero eso no es una postura de principios. Es principio de conveniencia.
Ojo, porque luego se me alborotan más mis amados haters: no estoy defendiendo al gobierno de Ricardo Gallardo —ni falta le hace— ni justificando la reforma aprobada por el Congreso.
Tampoco estoy descartando que haya acciones reales de la Fiscalía que merezcan escrutinio. Todo lo contrario.
Lo que estoy diciendo es que algo no encaja.
En este caso específico hay demasiadas preguntas sin responder, demasiadas coincidencias narrativas, demasiado dinero de fondo y un timing políticamente demasiado conveniente.
Porque, a ver:
¿A quién le convendría armar un montaje de esta naturaleza para desgastar todos los días al gobierno?
¿Quién tiene los recursos para hacerlo?
¿Quiénes son sus operadores mediáticos?
¿Quién se beneficia a corto y mediano plazo?
No voy a responder por usted, mi Culto Público. Ahí están los nombres, los intereses, los pleitos, los financiamientos y los apellidos conocidos. Cada quien puede hacer su propio crucigrama.
La última porque ya me dio sueño:
A quienes armaron, editaron, manipularon y circularon el video calumnioso contra dos personas, ¿se les debe castigar?
¿O Artículo 19 también debe protegerlos porque solo estaban ejerciendo su libertad de expresión y su derecho a la crítica de forma anónima?
La libertad de expresión es un valor que se defiende con consistencia o no se defiende. No se puede exigir protección de una ley que tú mismo denuncias como censura. No se puede llamar periodista a quien extorsiona. No se puede condenar la IA maliciosa solo cuando tú la padeces.
El problema del principio de conveniencia es que siempre termina devorando a quien lo ejerce.
Hasta la próxima.
Yo soy Jorge Saldaña.
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