junio 18, 2026

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#4 Tiempos

Acuérdate de mí cuando beses | Columna de Carlos López Medrano

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MEJOR DORMIR

 

De súbito, uno se vuelve extranjero en su propia memoria. Se despliegan las escenas, las figuras, uno mismo deambula por sus recovecos… y ya no reconoces muy bien qué pintas ahí. Seres otrora entrañables ahora son desconocidos. Cuesta asumir que alguna vez aquello fue tuyo. En la remembranza estás rodeado de personajes que ya no van más, que no renovaron para las nuevas temporadas de tu historia o de las que tú, como director de obra, optas por prescindir porque no van a tono con los parajes que perfilabas en otro lienzo.

Al comienzo crees que lo perdido se quedará impregnado en la mente. Que, pese a todo, nadie podrá quitarte los archivos de esos momentos. La frase que desembocó en un abrazo. La ocasión en que se echaron a reír sin entender por qué (la carcajada de pura sinceridad). Ayudarle a preparar una sopa. Son los recuerdos. O queda, en todo caso, un anhelo. No es impronta menor, sino una sombra que puede dar cobijo o ser tormenta. Las posesiones del ayer en clave borgesiana: solo es nuestro lo que perdimos, son nuestras las mujeres que nos dejaron. Son una presencia constante.

Bueno, al cabo no es tanto así. La persistencia de la memoria deja esbozos que no alcanzan la plenitud del original. El tiempo pasa y como Joan Didion dice en sus Noches Azules: «Los recuerdos se borran, la memoria se adapta, la memoria se ajusta a lo que creemos recordar». Claro, tendemos a idealizar. Montas una fantasía con los despojos del pasado. La añoranza es generosa y ofrece su encanto en abundancia aunque haya poco que merezca tal devoción.

La rotura es irremediable. Al final queda la conveniencia, amoldar los rastros al relato que hemos forjado para esa autobiografía en movimiento que jamás se escribirá. Un fetiche para regodearse en la miseria. La belleza de un círculo húmedo que la copa deja sobre el papel. El masoquismo tan propio de quien busca en el pretérito una justificación a la derrota del presente. La vejez fluye hacia adentro.

Y aun así, con el pasar de los días, de los meses, de los años, la tarea se dificulta. El quid está en los matices. Tal vez se queden contigo alguna estructura, la secuencia de hechos. Pero la voz, la voz ya no suena igual. Esa persona se va perdiendo, lo mismo que los aromas. Un sabor que creí as indeleble.

En el libro Voces de Chernóbil, la periodista Svetlana Aleksiévich recoge el testimonio de una mujer que encuentra dificultades al remorar sus días antes de la tragedia. En su crepúsculo vital le gustaba recordar los tiempos que fueron buenos, cuando ella y su pareja no tenían preocupaciones y b ailaban en casa sin saber lo que venía. Al momento de la entrevista la mujer ya empezaba a olvidar la cara que tenía en su tierna juventud, la cara que tenía cuando estaba enamorada. «Ya no veo esa cara en el espejo».

Tal vez la frase que atesoras con tanto celo no ocurrió en los términos que recuerdas. Y el amor que te ha ayudado a vivir no fue lo que piensas ahora, inflamado de melancolía mientras escuchas a José José. Quien viaja rumbo al paraíso perdido termina varado en carretera.

José Emilio Pacheco, sabio como era, y consumado como pocos a la nostalgia, aconsejaba no tomarse en serio lo que dice la memoria:

Quizá todo fue autoengaño.

La gran pasión

sólo existió en tu deseo…

Ficciones que uno teje para sobrevivir. Poco de interés puede aportar un materialista en este terreno. Me quedo con lo que Romano decía en La grande belleza: «Me he pasado todos los veranos de mi vida haciendo planes para septiembre. Ahora ya no. Ahora me paso el verano recordando los planes que hacía y que se han desvanecido por pereza o por olvidarlos. ¿Qué es lo que tienen contra la nostalgia? Es la única distracción posible para quien no cree en el futuro. La única». Romano renuncia a septiembre. Renuncia a cualquier intento. Echa por la borda las aspiraciones que siempre le fallaron. Allá él.

Puede, claro, sobrevenir la resignación. Hay que mirar hacia adelante. No queda de otra. Tirar de la verborrea barata: ni un paso atrás. Así se forman vivencias que más adelante echarás de menos en esta espiral sin escapatoria. Habrás de corregir lo que se imprime en las rotativas con un toque de la imaginación. Cuánta alharaca hay en la trastienda, aunque el semblante delate apenas un pestañeo.

Es curioso, porque mientras avanzas, a menudo de manera literal (cuando caminas por una calle o pisas el acelerador con el semáforo en verde), el rastro de años atrás emerge como un gatillo. Un faro penetra en la niebla. Esa risa vuelve, y la tonalidad de cuerdas vocales que llevas dentro (y que ya no existen afuera) te tiran hacia atrás. Llevas a cuestas el peso de los fantasmas. Fantasmas que cubren tus espaldas, que te mantienen cálido y que te sujetan en un suspiro.

La memoria, un arbusto podado a conveniencia. Arbusto en un jardín en el que llueve siempre.

 

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#4 Tiempos

Hagamos Fan Fest, eso lo paga el pueblo | Columna de Haniel Valdés

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Acento Ajeno

 

La clase política potosina parece estar de acuerdo en una sola cosa: es hora de pelearse. Sin embargo para coordinarse y ahorrar dinero público, para cumplir promesas de campaña o terminar las obras conjuntas, para dialogar como adultos o políticos maduros, serios, profesionales, en lugar de andar tirando piedras con cuanta pregunta lanzan mis colegas del gremio, para eso: “no señor, no tenemos tiempo”.

El Mundial de 2026 está dejando una imagen que resume buena parte de la relación entre el gobernador Ricardo Gallardo y el alcalde Enrique Galindo: dos Fan Fest en la misma ciudad, financiados con recursos públicos distintos, promovidos por gobiernos distintos y dirigidos exactamente al mismo público, los potosinos.

Por un lado, el Gobierno del Estado adquirió un paquete de derechos de transmisión para llevar los partidos a San Luis Potosí, Soledad, Ciudad Valles y Rioverde. Por otro, el Ayuntamiento capitalino firmó sus propios acuerdos para organizar transmisiones en Plaza del Carmen.

La pregunta es inevitable: ¿era realmente necesario dos fan fest en la capital del estado?

Porque más allá de los argumentos políticos o administrativos que cada autoridad pueda presentar, el resultado práctico fue que dos gobiernos sostenidos por los mismos contribuyentes terminaron desarrollando estructuras paralelas para ofrecer exactamente el mismo servicio: que los ciudadanos vieran partidos del Mundial en espacios públicos.

Pantallas, logística, promoción, personal operativo, actividades complementarias y derechos de transmisión. Todo por duplicado.

Hasta ahora, ninguna autoridad ha transparentado completamente cuánto costaron los derechos de transmisión en cada caso. Se especula que mientras el Ayuntamiento capitalino gastó unos 11 millones, el “tetrapack” estatal superó los 60 millones.

Estas cifras pueden o no ser ciertas, pero lo que sí se conoce es que tanto el Ayuntamiento como el Gobierno del Estado comprometieron millones de pesos en contratos relacionados con sus Fan Fest destinando recursos para un mismo esquema de transmisiones mundialistas, solo que en dos plazas distintas.

El problema no es que existan eventos para acercar el Mundial a la gente. Eso puede justificarse perfectamente. El problema es la ausencia de coordinación institucional.

¿Alguien analizó cuánto habría costado un solo gran Fan Fest respaldado por ambas administraciones?

¿Alguien calculó cuánto dinero público se habría ahorrado compartiendo infraestructura, producción y permisos?

¿Alguien explicó por qué era mejor tener dos proyectos compitiendo entre sí en lugar de uno complementario?

La impresión que queda es incómoda: la rivalidad política terminó pesando más que la eficiencia administrativa.

Mientras los discursos oficiales hablan de unidad, promoción turística y convivencia familiar, las decisiones muestran otra cosa. Muestran dos gobiernos empeñados en demostrar quién podía organizar el mejor evento, aunque eso implique gastar más recursos públicos de los necesarios.

Yo veo dos niños pequeños, organizando su cumpleaños y peleados por ver quien hace la fiesta más linda. ¿El problema? Como los niños son de la misma familia, el dinero sale de la misma bolsa y los invitados son exactamente los mismos “amiguitos”.

El Mundial dura unas semanas. Las consecuencias de gastar sin coordinación permanecen mucho más tiempo.

Porque el dinero utilizado para financiar proyectos paralelos no pertenece ni al gobernador ni al alcalde. Pertenece a los ciudadanos.

Y los ciudadanos tienen derecho a preguntarse si realmente era indispensable pagar dos veces por lo mismo.

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El Cronopio

El incansable escrutador del cielo, Enrique Chavira Navarrete | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

El 5 de junio de 1925 nace en la Ciudad de México Enrique Chavira Navarrete, el incasable escrutador del cielo; personaje que representa el renacer de la astronomía mexicana moderna. Heredero de los pioneros mexicanos de la astronomía que formaron los establecimientos para el estudio de la disciplina, entre ellos los potosinos Valentín Gama y Rodolfo Jurado y, muy especialmente de Joaquín Gallo quien le enseñó a observar y dar seguimiento a cuerpos celestes en el Observatorio de Tacubaya donde ingresó Chavira a trabajar, para luego pasar, al entonces naciente, Observatorio Nacional de Tonantzintla en Puebla, siendo de los astrónomos que iniciaron actividades en aquel lugar en 1943.

Su labor sería pionera al llevar a la astronomía observacional y a explicar que sucede en los fenómenos celestes que fue un paso significativo de la astronomía para usos prácticos que se realizaba en México a la astronomía moderna en el país, con el uso de nuevos instrumentos con los que contaría el Observatorio de Tonantzintla, como la cámara Schmidt, convirtiéndose en uno de los grandes observadores del cielo. El Observatorio de Tonantzintla se convertiría en uno d ellos principales centros de astronomía a nivel mundial, donde se descubrieron una buena cantidad de objetos celestes, participando en ello Enrique Chavira.  

En los setenta, cuando yo estudiaba física en San Luis, visitamos el INAOE que había asumido ese nombre a principios de los setenta al extenderse el observatorio de Tonantzintla a las áreas de electrónica y óptica que se agregaban a la de astrofísica, el Instituto Nacional de Astrofísica Óptica y Electrónica, conocimos a Enrique Chavira quien nos mostraba parte de la instrumentación telescópica que contaba esa institución, posteriormente al ir a continuar mis estudios a Puebla, fui compañero de la maestría en física de su hija Elsa Chavira, de quien ya hemos comentado en esta sección, y visité varias veces su casa además de encontrarlo seguido en el INAOE; entre las visitas a su casa, una de ellas de varios días pues estaba convaleciente y la familia de Elsa me albergó, descubrí que Enrique Chavira era un estudioso de las arqueología, y que había recopilado una buena colección de objetos prehispánicos propios de la región cholulteca donde estaba alojado el INAOE

, mismos que estudiaba con ahínco. 

Enrique Chavira es uno de los pilares de la astronomía observacional en México, que lo llevo a ser integrado como investigador en 1952 del Observatorio Astrofísico Nacional de Tonantzintla (OANTon), destacando en la identificación y clasificación de galaxias y estrellas azules gracias a su preparación en análisis espectral.

Entre sus descubrimientos observacionales se encuentran, el de una supernova en la región de Sagitario, el registro del quasar Ton256, que en el nombre lleva las siglas del observatorio de Tonantzintla, el objeto extragaláctico más lejano observado por la Cámara Schmidt de Tonantzintla y del Cometa Haro-Chavira en 1954 en la región del Toro. No es de extrañar que aparezca en el par de novelas de Elena Poniatowska que le dedicó la escritora al Observatorio de Tonantzintla donde trabajaba su esposo Guillermo Haro, compañero de Enrique Chavira.

A lo largo de más de cincuenta años contribuyó a la colección de más de 15 mil placas astrofotográficas del INAOE, sucesor del OANTON. La colección de placas astrofotográficas de la Cámara Schmidt de Tonantzintla que fue reconocida oficialmente en 2015 en el programa Memoria del Mundo de la UNESCO, cuestión que ya no pudo ser testigo Enrique Chavira Navarrete, pues su muerte ocurrió el 23 de noviembre del año 2000 en la Ciudad de Puebla donde radicó en todo ese tiempo. 

Sus grandes descubrimientos y la intensa labor en pro de la astronomía mexicana le valieron diversas distinciones, diplomas, cédulas reales, medallas al mérito académico y el nombramiento de Investigador Emérito en el INAOE.

Enrique Chavira, el gran astrónomo observacional, pasa a la historia como uno de los pilares de la astronomía mexicana moderna. 

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#4 Tiempos

Gallardo manejó, Claudia le leyó el mapa | Apuntes de Jorge Saldaña

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APUNTES

 

 

Culto Público, hijos de la forma y el fondo:

Les traigo la primicia. Hace unas horas estuvo aquí en la capital la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo.

Así. Sin aviso previo. Sin discurso. Rompiendo por completo — y si no me equivoco, por primera vez en su mandato — la forma de acudir a sus giras de fin de semana.

Los eventos a los que vino son, por donde se vea, guiños tiernos: premiar a un equipo de fut femenil en la Politécnica e inaugurar una cancha de futbol en Santa María del Río. Nada que ver con el estilo de sus giras. Y eso dice mucho.

La presidenta comenzó a visitar gobernadores. Y que el primero haya sido el potosino habla de la importancia que le da la mandataria a este estado de cara a la próxima contienda.

No dio discurso — seguramente algunas palabras a las premiadas y a los usuarios de la cancha —, pero su sola presencia dijo mucho más que cualquier micrófono encendido.

En los traslados estuvieron solo ella y el gobernador. Ni siquiera hubo chofer: manejó Gallardo. Y yo les apuesto, sin haberlo visto, que no hablaron del clima ni del partido México contra Corea.

Temas que sí tocaron, a mí juicio: la llamada Ley Serrano, la narrativa nacional construida sin contexto sobre la persecución a “voces críticas” — por fin la presidenta supo la calaña de personas a las que organismos internacionales defendieron con tanto ardor — y la realidad de fondo de ese asunto. Si hubo regaños, que bueno. Si se puso cada cosa en su lugar y en justa dimensión pues qué mejor.

En lo político les dejo dato para que ustedes le den mejor interpretación:

Nadie de Morena ni de Bienestar fue enterado. En Santa María del Río ni despertaron a la presidenta municipal — que es de Morena — y se enteró de la visita de Sheinbaum cuando apenas se andaba haciendo un huevito para el desayuno. Memo Morales y Rita tampoco estuvieron enterados, hasta donde se sabe.

Esos no son descuidos. Eso es mensaje.

Preguntas que dejo en el aire, porque yo no sé nada y ustedes sabrán leer mejor:

¿Comenzó la presidenta a hacer acuerdos rumbo al 27?

Si es así, se le aplaude que los haga en persona. Los mensajes encriptados y los “te mando decir con gestos” caen gordos.

¿Vino a conceder la “Excepción Ruth” estatutaria para amarrar la alianza Verde-Morena de cara a la gubernatura?

¿Vino a decirle al gobernador — no a preguntarle, ojo— cómo se va a llamar el candidato?

¿O ya quedaron en jugar a las venciditas uno contra el otro y buena suerte?

Yo por mi parte no sé nada. Yo apenas estaba echando baño para ir a misa de una en Tequis.

Buen domingo a todos y todas.

Yo soy Jorge Saldaña.

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Opinión

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