#4 Tiempos
Acuérdate de mí cuando beses | Columna de Carlos López Medrano
MEJOR DORMIR
De súbito, uno se vuelve extranjero en su propia memoria. Se despliegan las escenas, las figuras, uno mismo deambula por sus recovecos… y ya no reconoces muy bien qué pintas ahí. Seres otrora entrañables ahora son desconocidos. Cuesta asumir que alguna vez aquello fue tuyo. En la remembranza estás rodeado de personajes que ya no van más, que no renovaron para las nuevas temporadas de tu historia o de las que tú, como director de obra, optas por prescindir porque no van a tono con los parajes que perfilabas en otro lienzo.
Al comienzo crees que lo perdido se quedará impregnado en la mente. Que, pese a todo, nadie podrá quitarte los archivos de esos momentos. La frase que desembocó en un abrazo. La ocasión en que se echaron a reír sin entender por qué (la carcajada de pura sinceridad). Ayudarle a preparar una sopa. Son los recuerdos. O queda, en todo caso, un anhelo. No es impronta menor, sino una sombra que puede dar cobijo o ser tormenta. Las posesiones del ayer en clave borgesiana: solo es nuestro lo que perdimos, son nuestras las mujeres que nos dejaron. Son una presencia constante.
Bueno, al cabo no es tanto así. La persistencia de la memoria deja esbozos que no alcanzan la plenitud del original. El tiempo pasa y como Joan Didion dice en sus Noches Azules: «Los recuerdos se borran, la memoria se adapta, la memoria se ajusta a lo que creemos recordar». Claro, tendemos a idealizar. Montas una fantasía con los despojos del pasado. La añoranza es generosa y ofrece su encanto en abundancia aunque haya poco que merezca tal devoción.
La rotura es irremediable. Al final queda la conveniencia, amoldar los rastros al relato que hemos forjado para esa autobiografía en movimiento que jamás se escribirá. Un fetiche para regodearse en la miseria. La belleza de un círculo húmedo que la copa deja sobre el papel. El masoquismo tan propio de quien busca en el pretérito una justificación a la derrota del presente. La vejez fluye hacia adentro.
Y aun así, con el pasar de los días, de los meses, de los años, la tarea se dificulta. El quid está en los matices. Tal vez se queden contigo alguna estructura, la secuencia de hechos. Pero la voz, la voz ya no suena igual. Esa persona se va perdiendo, lo mismo que los aromas. Un sabor que creías indeleble.
En el libro Voces de Chernóbil, la periodista Svetlana Aleksiévich recoge el testimonio de una mujer que encuentra dificultades al remorar sus días antes de la tragedia. En su crepúsculo vital le gustaba recordar los tiempos que fueron buenos, cuando ella y su pareja no tenían preocupaciones y b ailaban en casa sin saber lo que venía. Al momento de la entrevista la mujer ya empezaba a olvidar la cara que tenía en su tierna juventud, la cara que tenía cuando estaba enamorada. «Ya no veo esa cara en el espejo».
Tal vez la frase que atesoras con tanto celo no ocurrió en los términos que recuerdas. Y el amor que te ha ayudado a vivir no fue lo que piensas ahora, inflamado de melancolía mientras escuchas a José José. Quien viaja rumbo al paraíso perdido termina varado en carretera.
José Emilio Pacheco, sabio como era, y consumado como pocos a la nostalgia, aconsejaba no tomarse en serio lo que dice la memoria:
Quizá todo fue autoengaño.
La gran pasión
sólo existió en tu deseo…
Ficciones que uno teje para sobrevivir. Poco de interés puede aportar un materialista en este terreno. Me quedo con lo que Romano decía en La grande belleza: «Me he pasado todos los veranos de mi vida haciendo planes para septiembre. Ahora ya no. Ahora me paso el verano recordando los planes que hacía y que se han desvanecido por pereza o por olvidarlos. ¿Qué es lo que tienen contra la nostalgia? Es la única distracción posible para quien no cree en el futuro. La única». Romano renuncia a septiembre. Renuncia a cualquier intento. Echa por la borda las aspiraciones que siempre le fallaron. Allá él.
Puede, claro, sobrevenir la resignación. Hay que mirar hacia adelante. No queda de otra. Tirar de la verborrea barata: ni un paso atrás. Así se forman vivencias que más adelante echarás de menos en esta espiral sin escapatoria. Habrás de corregir lo que se imprime en las rotativas con un toque de la imaginación. Cuánta alharaca hay en la trastienda, aunque el semblante delate apenas un pestañeo.
Es curioso, porque mientras avanzas, a menudo de manera literal (cuando caminas por una calle o pisas el acelerador con el semáforo en verde), el rastro de años atrás emerge como un gatillo. Un faro penetra en la niebla. Esa risa vuelve, y la tonalidad de cuerdas vocales que llevas dentro (y que ya no existen afuera) te tiran hacia atrás. Llevas a cuestas el peso de los fantasmas. Fantasmas que cubren tus espaldas, que te mantienen cálido y que te sujetan en un suspiro.
La memoria, un arbusto podado a conveniencia. Arbusto en un jardín en el que llueve siempre.
Contacto:
Twitter: @Bigmaud
Correo: [email protected]

También lee: Cosas que odio: homenaje a Mimmo Repetto | Columna de Carlos López Medrano
El Cronopio
Carlos Villatoro, el actor de corazón potosino | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
Los inicios del cine mexicano están marcados por la participación de actores y actrices de San Luis Potosí; algunos personajes han sido tratados en esta columna. Desde la época del cine mudo hasta los albores del cine sonoro en México, aparecen estas contribuciones potosinas que se extienden a lo largo de toda la historia del cine mexicano.
Entre los personajes que inician su actividad actoral en el cine mudo se encuentra Carlos Villatoro, que si bien se registra su lugar de nacimiento en Comitán, Chiapas, en 1903, siempre subrayó su sello de potosino en virtud que sus hermanos mayores habían nacido en San Luis Potosí y su familia radicaba en la ciudad potosina al finalizar el siglo XIX.

Uno de dichos hermanos era Héctor Villatoro que a principios de la década de los veinte se encontraba como cónsul en Canadá, y con quien fue enviado Carlos Villatoro por su padre. Este periplo marcaría su primera relación con el mundo del cine, pues al quedar varado en Nueva York por una huelga que imposibilitó su viaje a Canadá, conoció a quienes iniciarían la dirección de películas en México, Gabriel García Moreno y Manuel Ojeda, en ese momento se acercaba a la actividad actoral en Nueva York. Como consecuencia, en 1925 García Moreno le propuso el papel estelar de la película El Buitre, y una serie de películas que se filmaron en Orizaba, Veracruz, de 1925 a 1927, entre ellas el Puño de Hierro de 1927 que se considera la primera película que trata el mundo de las drogas.
Como pionero del cine mudo mexicano Carlos Villatoro se convierte en uno de los mejores actores del cine mudo mexicano y de los primeros años del cine sonoro, al protagonizar películas sonoras desde 1934, entre ellas la película de Juan Bustillo Oro, Dos Monjes, donde participa también la actriz potosina Emma Roldán, en el papel de Gertrudis la madre de Javier, protagonizado por Carlos Villatoro; en esa película participa también en realización de Dos Monjes, el matehualense Juan José Ortega García, de quien trataremos en futuras entregas de esta columna.
Carlos Villatoro conoce a Juan Bustillo Oro cuando estudiaban en la Escuela Nacional Preparatoria, lo que fue otro encuentro que le marcaría su destino a la actuación en cine, donde también se formaría como guionista y director, dirigiendo a principios de los cuarenta los cortometrajes: Viaje a Jalapa, Canciones y Danzas Mexicanas, Compositores Mexicanos y Juan Diego. Escribió el argumento de la famosa y exitosa película Quinto Patio, dirigida por Rafael Sevilla en 1950.
Después de su participación en el cine mudo en México donde actuó en cinco películas en la década de los veinte, inicia su participación en el cine sonoro en 1934 en la película Águilas de América dirigida por Manuel Ojeda, participando en alrededor de veinte películas en el lapso de diez años, terminando su actuación en 1943 en la película La Mujer sin Alma de Fernando de Fuentes en 1943, al lado de María Félix.
A partir de 1944 se desempeña como anotador y asistente de director hasta 1963, año de su muerte. En esta actividad trabaja en numerosas producciones norteamericanas filmadas en México, teniendo apariciones incidentales.
También tuvo participación en la radio en México, siendo locutor en varias estaciones desde 1929. En la XEW tuvo el programa en 1951 “El rincón bohemio de Carlos Villatoro”.
Carlos Villatoro Escobedo el actor pionero del cine mexicano y baluarte en su desarrollo, quien se consideró un potosino de corazón, es uno de los fervientes hacedores del cine en México, quien consideraba que “la vida no era de película, pero hacer cine era su vida”.
Lee también: Leticia Almazán de la Garza, compositora potosina
El Cronopio
Leticia Almazán de la Garza, compositora potosina | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
San Luis Potosí ha sido tierra de compositores, donde la música de concierto y las canciones de concierto han sobresalido. Algunos de estos personajes los hemos tratado en esta sección, aunque entre ellos han escaseado las mujeres, en cuanto a composiciones se refiere. Los tiempos cambian al abrirse oportunidades a las damas y, afortunadamente, en este siglo veintiuno podemos contar con algunas compositoras potosinas. Como muestra está el concierto que ofreciera la Orquesta Sinfónica de San Luis Potosí en el mes de marzo pasado donde interpretó, en el marco del Día Internacional de la Mujer, composiciones de autoras potosinas. Entre las compositoras potosinas programadas en el concierto se encontraba Leticia Almazán de la Garza.
Leticia Almazán, al menos fue mencionada en esta columna cuando tratamos el caso de la pianista potosina Malkhut Zavala, quien tiene entre su repertorio obras de Leticia Almazán, quien actualmente es encargada de las Escuelas de Iniciación Artística Asociadas que están asociadas al Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, que a pesar del esfuerzo de sus integrantes ha sido difícil su continuación, como suele suceder con el cambio de administraciones. Leticia Almazán se desempeña como Directora Académica del CEART San Luis.
Entre sus composiciones se encuentra La Noche, obra basada en los poemas de Manuel José Othón, obra con la que obtuvo el premio 20 de noviembre “Julián Carrillo”; la obra se estrenó en 2006, y ha sido poco interpretada, hasta que se armó el concierto de marzo.
A cien años de la muerte de Othón se compone esta obra musical, que da concreción a la obra inconclusa que contemplaran Othón y Carrillo, su conjunción lírica que habían titulado Tetralogía. Una pieza para celebrar el centenario de la Independencia de México que estaría dividida en cuatro partes: Descubrimiento de América, Conquista, Virreinato e Independencia. Así sería una obra que recorrería la historia hispana de México y la construcción de un nuevo país. La muerte sorprendió al poeta y la obra quedó en suspenso; colaboración entre dos grandes figuras potosinas del arte, cuestión ya tratada en muy anterior entrega de esta sección de El Cronopio.
Ahora Leticia Almazán, se basa en la poesía de Othón para crear su obra musical La Noche. Una forma de apreciar el nuevo arte musical potosino de la mano de Leticia Almazán y la poesía del máximo poeta potosino. Por desgracia, es música que no se encuentra grabada por lo que dificulta su difusión, de por sí escasa, en aquellas obras de que se disponen grabaciones.
Leticia Almazán surge, así como una de las mujeres que abren camino en el campo de la composición en San Luis Potosí. Su incursión en esta línea de la composición es alentadora, pues puede sumarse a la escasa pero existente lista de compositoras mexicanas que incursionaron en la música clásica, entre ellas, María Grever, Sofía Cancino de Cuevas, Rosa Guraieb, Consuelo Velázquez, Ángela Peralta, María Teresa Prieto, Alicia Urreta, Guadalupe Olmedo, y ahora la joven compositora potosina Galya Cisneros, por citar algunas.
Leticia Almazán se tituló en la Licenciatura en Composición en la Escuela Estatal de Música en el año 2015, y realizó una Maestría en Administración Pública en la Universidad Latinoamericana.
Lee también: María Luisa Toranzo, pionera del cuento mexicano
Acento Ajeno
Ni Moisés dividió tanto el agua | Columna de Haniel Valdés
Por: Haniel Valdés
Hoy escribo porque cometí un error. Fui de los periodistas que estuvimos en rueda de prensa con el alcalde de la capital, Enrique Galindo Ceballos, al terminar la Junta de Gobierno con Interapas. El miércoles pasado ofreció declaraciones a medios de prensa que sí acudimos a la cita nocturna y compartió los acuerdos tomados en dicha reunión.
Ahí está mi error: al parecer mis notas no fueron lo suficientemente claras. O quizás solo fue que varios medios salieron a llenar huecos que no había.
Lo interesante de ese encuentro es que se aprobó el plan de estímulos fiscales que se llevará al Congreso del Estado para su aprobación de cara a 2027, donde se aclaró además (y se insistió mucho en eso) que la tarifa de cobro del líquido se mantendría igual que en este año.
Al día siguiente muchos medios ya traían la nota de que aumentaría la tarifa y quién sabe cuántos inventos más de colegas que no estuvieron en la conferencia de prensa y que les pareció divertido el imaginar datos e informar a medias.
Pero lo que más me preocupa no es el ruido que generaron esas notas, sino la incoherencia que se vivió en dicha reunión por parte del síndico y el alcalde de Soledad, así como de Pascual Martínez.
Según informa Galindo, entre las decisiones tomadas, está la de revisar si es posible cumplir con la petición que hizo el gobernador de no cobrar el servicio a adultos mayores. Ni los participantes por Soledad, ni el titular de la CEA, votaron a favor de dicha propuesta. ¿No están de acuerdo con la idea de Gallardo? Es que la primera vez que el gobernador habló sobre el tema, fui muy cuidadoso y me fijé claramente que ambos, Pascual
y Navarro, estaban aplaudiendo esa iniciativa.La CEA ya es habitual que no aporte a esas reuniones, según Galindo, el titular solo ha ido a tres y no votó en esta última, tampoco dio razones ni propuso algo. Sí, el organismo responsable de la política pública del agua en el Estado no tiene nada que aportar sobre el tema.
Según informó el presidente de la junta, Juan Manuel Navarro sí aportó algo, propuso un estímulo fiscal que también quedó dentro de los acuerdos que se enviaron al Congreso. Ahora, cuando tocó votar, Navarro se abstuvo de hacerlo, ¿no está de acuerdo con una idea que él mismo había planteado? ¿o algo lo hizo cambiar de opinión?
Lo cierto es que mientras la diputada Nancy Jeannine García, presidenta de la Comisión del Agua, llama a no politizar, todos lo continúan haciendo, lo hace el aquaman Gámez Macías, lo hace el alcalde capitalino, lo hace el gobernador del estado, lo hace el alcalde de Soledad y la CEA. Mientras hay cuentas sin pagar, tinacos sin llenar, conductoras sin reparar y rezos por hacer para que El Realito no vuelva a fallar.
“Entonces extendió Moisés su mano sobre el mar, y Jehová hizo que el mar se retirase por recio viento oriental toda aquella noche; y volvió el mar en seco, y las aguas quedaron divididas.” (Éxodo 14:21)
También lee: Maestría en derechos humanos y la incómoda pregunta | Columna de Haniel Valdés
-
Destacadas2 años agoCon 4 meses trabajando, jefa de control de abasto del IMSS se va de vacaciones a Jerusalén, echando mentiras
-
Ciudad4 años ago¿Cuándo abrirá The Park en SLP y qué tiendas tendrá?
-
Ciudad5 años agoTornillo Vázquez, la joven estrella del rap potosino
-
Destacadas5 años ago“SLP pasaría a semáforo rojo este viernes”: Andreu Comas
-
Ciudad4 años agoCrudo, el club secreto oculto en el Centro Histórico de SLP
-
Estado3 años agoA partir de enero de 2024 ya no se cobrarán estacionamientos de centros comerciales
-
#4 Tiempos4 años agoLa disputa por el triángulo dorado de SLP | Columna de Luis Moreno
-
Destacadas4 años agoSLP podría volver en enero a clases online










