agosto 23, 2026

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#4 Tiempos

La discapacidad y la inteligencia artificial | Columna de Germán Bautista

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HABLEMOS DE DERECHOS

 

No sé si alguna o alguno de ustedes tuvo la oportunidad de disfrutar la película “WALL•E”. ese robotcito que, en un mundo postapocalíptico, se encargaba de limpiar el planeta tierra, abandonado siete siglos atrás por la humanidad.

Les cuento que yo sí. Allá por el 2008, cometí la osadía de ir al cine a ver esa película de moda. Digo osadía porque lo hice sin acompañante y me di la arrepentida de mi vida, ya que lógicamente carecía de audiodescripción y los diálogos eran mínimos, por lo que me resultó muy complicado comprender la trama.

Mi primer pensamiento se dirigió a las personas Sordas, a quienes supuse, les sería muy sencillo comprenderla a partir de las escenas y los gestos, – ¡Como la Pantera rosa o El Correcaminos! – Imaginé otras caricaturas que tampoco disfruté cuando era niño debido a la ausencia de diálogos, y que supongo a algunas o a algunos de ustedes les sonarán de algo. En fin, lo que es accesible para algunos, a veces es inaccesible para otros.

Al margen de este detalle que puede resultar hasta chusco, cito el filme porque esos seres humanos tripulantes de naves espaciales errantes, eran plenamente asistidos física e intelectualmente por robots e inteligencia artificial que resolvían todos sus requerimientos. En efecto, en ese mundo futurista, la discapacidad no existía.

En un espacio de microgravedad, el desplazamiento mediante las piernas se hace innecesario, y con el apoyo de otros mecanismos para la movilidad en dichas condiciones, el sobrepeso de los cuerpos ni siquiera es importante.

Uso este recurso como punto de partida porque a años de distancia y ante la irrupción de la inteligencia artificial en nuestras vidas, lo lógico es que tengamos dudas y hasta temores, como ocurrió hace más de un siglo con la llegada del teléfono, y como seguirá ocurriendo con cada innovación tecnológica que nos haga confrontar nuestros paradigmas. ¡Por ahí ya se habla del gemelo malvado de chat GPT anidando en las entrañas de la Dark web!

Para mí que me considero optimista, creo que la inteligencia artificial es una herramienta sin precedentes que puede abonar tremendamente a los esfuerzos para eliminar el capacitismo, siempre que se regule apropiadamente su desarrollo y uso.

Una combinación de los avances tecnológicos obtenidos hasta ahora aunados a los progresos en la robótica, se convierte en oportunidades para realizar, incluso a distancia, cosas que antes eran impensables y que requerían de la presencia humana, lo que puede abrir la puerta para fortalecer el teletrabajo.

La inteligencia artificial aplicada a esquemas de conducción para identificar patrones de mayor descuido o cansancio en las personas operadoras de unidades de transporte público o particulares, sin duda puede abonar a la reducción de accidentes de tránsito.

Algunos estudios en los que estaba curioseando, indican la aplicación de la IA en la práctica médica, particularmente en consultas generales. Los resultados señalan que, al inicio de turno, los diagnósticos suelen ser acertados, pero en la medida que se avanza hacia el cierre del mismo, disminuye esa constante. Cuando una IA complementa la tarea, reduce importantemente los márgenes de error, significando para el paciente un diagnóstico correcto.

El reconocimiento de voz y de imágenes asistido por inteligencia artificial, abre grandes oportunidades para las personas sordas, ciegas y con baja visión.

Be my Eyes por ejemplo, es una aplicación que, con el apoyo de personas voluntarias con vista, permite a las personas ciegas y con baja visión cierto grado de autonomía. Si alguien con discapacidad visual desconoce el color de alguna prenda de vestir, desea conocer un texto manuscrito o requiere asistencia para comprender el armado de algún objeto, la aplicación permite establecer contacto a través de videollamada con una persona que mediante su vista, puede apoyarla en el desarrollo de una tarea.

Recientemente, Be my Eyes ha incorporado inteligencia artificial para apoyar mediante la descripción de imágenes proveídas por fotografía, lo que permite dar una idea de las oportunidades que su uso significa para las personas con discapacidad visual.

Una amiga con esclerosis múltiple me comentaba que desde hace algunos meses, se ha estado rehabilitando mediante unas gafas de realidad aumentada. El escenario virtual hace pensar a su cuerpo que está caminando, corriendo, subiendo o bajando, lo que estimula en su cerebro algunas conexiones neuromotoras que le están ayudando a lograr mayor movilidad.

La inteligencia artificial puede también ayudar a personas con discapacidad intelectual en la toma de decisiones, como ya ocurre en la actualidad con los algoritmos convencionales que identifican el comportamiento general de la población para comprar, vender o mirar. Sobre este último punto, el acento debe colocarse en los parámetros para asegurarse de que las decisiones son propias, y no inducidas por la IA.

Por lo pronto, la IA está coadyuvando ya en la generación de textos alternativos, particularmente relacionados con la fácil lectura o la escritura a través de pictogramas, lo que permite descargar tremendamente a las personas que realizaban esta tarea. Hasta el momento, la IA demanda la supervisión humana, pero en la medida que avance y se incorpore al quehacer cotidiano, es posible que se reduzca dicha necesidad.

Como en todo, los desafíos existen. Al igual que ocurrió con las nuevas tecnologías y la internet, el uso de la IA puede aumentar o crear nuevas brechas y acentuar la desigualdad social; soportar las nuevas tecnologías y contar con infraestructura óptima para utilizar la IA demanda también recursos económicos, materiales y humanos.

A las personas con discapacidad de a pie lo que nos preocupa, son las regulaciones, las sanciones por el inadecuado uso de la IA, la protección de nuestros datos personales, los parámetros éticos que la sustentan, el que las personas desarrolladoras observen y se apeguen al diseño universal, a la accesibilidad, a la flexibilidad y a la adaptabilidad para que no emule a quien la crea, respecto a reproducir y perpetuar modelos y esquemas excluyentes o discriminatorios.

¿Ustedes están usando ya la Inteligencia artificial? ¿cuál ha sido su experiencia? Por favor, dejen abajo sus comentarios.

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#4 Tiempos

El filósofo de Lo Mexicano, Luis Villoro Toranzo | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

En 1950 El Colegio de México publicaba la obra: Los grandes momentos del indigenismo en México, escrita por Luis Villoro Toranzo, que iniciaba su trayectoria filosófica en México, después de graduarse en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México, donde se doctoró en filosofía.

Bajo la influencia del filósofo español desterrado y que fuera Rector de la Universidad de Madrid, José Gaos, emprendió en el grupo filosófico Hiperion, el estudio del Ser del Mexicano y la producción de la filosofía de Lo Mexicano desde corrientes como el existencialismo, el historicismo y la fenomenología.

Aunque el interés en el tema del indigenismo al parecer tuvo sus raíces en las experiencias de juventud en el altiplano potosino, en la Hacienda de Cierro Prieto al noroeste de la ciudad de San Luis Potosí, donde la familia de su madre tenía sus raíces y donde viviría por un tiempo, antes de trasladarse a la Ciudad de México a estudiar filosofía en la UNAM.

En dicha hacienda, al decir de su hijo el escritor Juan Villoro en su libro sobre su padre: la figura del mundo, le marcaría la escena de un campesino que al encontrarlo le saluda besándole la mano y refiriéndose a su persona como “patroncito”.

Luis Villoro nació el 3 de noviembre de 1922 en Barcelona, España; su padre un médico barcelonés y su madre una rica hacendada potosina. Tras el conflicto de la guerra civil española, su familia regresa a México y se instala en primera instancia en San Luis Potosí a fines de la década de los treinta.

La trayectoria intelectual de Luis Villoro, siempre estuvo en torno al tema de lo mexicano lo que lo llevó a estar de cerca y apoyar el movimiento zapatista en Chiapas al parejo de su vida académica en la UNAM.

En su pensamiento se subraya la convivencia social bajo el respeto entre culturas, exige reconocer al otro y construir comunidades que incluyan la diversidad, sin sacrificar la autonomía de las personas ni de los pueblos. Lo que le llevo a proponer enfoques para una democracia que reconozca la pluralidad de identidades.

Profesor de la UNAM desde 1954 en la Facultad de Filosofía y Letras de donde egresó, fue también investigador del Instituto de Investigaciones Filosóficas desde 1971 y

en el cual es nombrado Investigador Emérito en 1989, mismo año en que recibe el Premio Universidad Nacional en Investigación en Humanidades. En 1998 es nombrado Investigador Nacional Emérito de la UNAM.

En la creación de instituciones también tuvo participación, fue profesor fundador de la Facultad de Filosofía de Guadalajara y de la Universidad Autónoma Metropolitana unidad Iztapalapa haciéndose cargo de la dirección de la División de Ciencias Sociales y Humanidades. En 1978 ingresa a El Colegio Nacional y en 1986 recibe el Premio Nacional de Ciencias Sociales, Historia y Filosofía.

La Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo le otorgó el Doctorado Honoris Causa en el 2002, y en el 2004 se lo otorga la Universidad Autónoma Metropolitana. Finalizando el año de 2007 es nombrado Miembro Honorario de la Academia Mexicana de la Lengua.

Respecto a su obra filosófica, el Centro de Estudios de Filosofía Mexicana la reseña: “La obra de Villoro no es posible clasificarla en una sola línea de investigación, pues su producción filosófica se desarrolló en varias vertientes a lo largo de su vida intelectual, por ejemplo: el campo de la historia de las ideas y de la filosofía de la cultura, la filosofía de la historia, la filosofía política, la teoría del conocimiento, la analítica, la ética, entre otras”.

Luis Villoro Toranzo, que se nutrió de la vida mexicana en el altiplano potosino es considerado uno de los más destacados representantes de la filosofía mexicana, siendo su obra una parte indispensable de la filosofía. Villoro murió en la Ciudad de México el 5 de marzo del 2014.

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#4 Tiempos

Historias de valor | Columna de Juan Jesús Priego

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LETRAS minúsculas

 

Una vez, un famoso orador se presentó ante un auditorio muy numeroso para disertar acerca de La dignidad humana y sus fundamentos teóricos (así tituló su conferencia). ¡Pero, ay, tan largamente habló de estos asuntos que muchos asistentes empezaron a bostezar y otros francamente se durmieron! Entonces decidió cambiar de táctica y sacó de su cartera un billete de quinientos pesos, lo agitó en el aire y preguntó con voz tonante:

¿Alguien quiere este billete?

Los que estaban despiertos levantaron la mano, y los que en ese momento dormían también la levantaron, e incluso más firmemente que los otros, un poco así como los diputados y los senadores la levantan en la Cámara a la hora de las votaciones. ¿Sobre qué van a votar? Sólo Dios lo sabe, pero ellos de todas maneras, para fingir que viven, dan muestras de asentimiento. Pero sigamos con nuestra historia. Era claro que todos querían participar en el dichoso concurso, pero ¿qué tenían que hacer para ganarse esos quinientos pesos?

El orador adoptó un aire misterioso, tiró al billete al suelo, lo pisoteó una, dos y cien veces, cual si bailara sobre él el jarabe tapatío, lo levantó del suelo y volvió a decir:

-El billete ha quedado un poco maltratado, como ustedes pueden ver. Pero si alguien lo sigue queriendo, que me lo diga.

Por demás está decir el revuelo que se armó. ¿A quién le importaba que estuviera maltratado? ¡Todos seguían queriendo aquel billete!

Luego el orador escupió sobre él, lo dobló, hizo con él una bola del tamaño de una pelota de golf y lo enseñó otra vez a su auditorio.

-Quien en tales condiciones siga queriendo este billete no tiene más que decírmelo y se lo daré.

Y he aquí que todos volvieron a levantar la mano.

-Bien –dijo entonces el orador-. Ahora ya están en mejor condiciones de saber qué es la dignidad humana. Cuando el billete estaba liso y crujiente, todos lo querían, pues valía lo que dice en cada uno de sus cuatro ángulos, es decir, quinientos pesos. Cuando lo pisoteé no una, sino varias veces, y quedó manchado con el lodo de mis zapatos, ustedes quisieron tenerlo aún, pues seguía valiendo quinientos pesos: mis golpes, como quiera que sea, no le hicieron perder nada de su valor. Luego lo escupí, pero no por eso ustedes le hicieron ascos. Pues así sucede con el hombre, señores y señoras. El hombre puede ser pisoteado, escupido, humillado; pero, pase lo que pase con él y le hagan lo que le hagan, nunca perderá su valor ni su dignidad.

El auditorio esbozó una sonrisa de comprensión y amabilidad, y el orador prosiguió de esta manera:

-Suceda lo que suceda, ante Dios siempre seremos valiosos e importantes: infinitamente más valiosos que este billete que, por lo demás, sólo vale quinientos pesos. ¿Ahora han comprendido ya en qué consiste la dignidad humana?

Y así acabó aquella conferencia. Espero que, por su bien, el orador haya sorteado entre el auditorio aquel billete, pues, de lo contrario…

Cuando leí esta historia en un libro de cuyo título no puedo acordarme, también yo sonreí. Pero no por el ingenio de este orador, sino porque ya había leído yo en un libro de la antigüedad cristiana una historia parecida.

Una vez –así comienza esta otra historia, mucho más antigua que la primera-, un peregrino fue en busca de un anacoreta para pedirle ayuda y un consejo. Estaba muy afligido por sus pecados pasados y no estaba seguro de que Dios fuera a perdonárselos. “No he sido bueno –gemía, desconsolado-; no he sido trigo limpio. ¿Tendrá Dios compasión de mí?”.

El anacoreta le habló largamente de la misericordia divina, le contó la historia de David y otras muchas tomadas de la Biblia; lo amonestó con graves palabras para que confiara más en la misericordia divina, pero el pobre peregrino seguía mostrándose al borde de la desesperación.

Entonces el santo hombre de Dios le hizo esta pregunta:

-Dime, si tu túnica se rasgara, ¿la tirarías?

-No. Esta túnica es la única que tengo; si se rasgara, la remendaría y volvería a usarla.

-Entonces, fíjate bien –respondió el anacoreta-: si tú cuidas así tus vestidos, que no son más que paño, ¿crees que Dios no va a tener misericordia de uno que ha sido creado a su imagen y semejanza?

El peregrino sonrió lleno de gozo, luego lloró durante unos instantes, emocionado, y por último besó la mano del santo anacoreta: había comprendido la lección. ¡Ahora ya sabía cuál es el valor de la vida humana! Y, dándole las más sinceras gracias, reemprendió su camino…

¿No es ésta una historia bella y profundamente humana? En realidad, me gusta mucho más que la anterior. ¿Crees que, por lo que has hecho, Dios se va a deshacer de ti echándote en el olvido? ¿Crees que Dios se deshace de este modo de sus criaturas? Sí así lo crees, si esto es lo que piensas de Él, déjame decírtelo: aún no lo conoces. Como el billete del conferencista, el hombre puede estar sucio; como la túnica del peregrino, su corazón puede estar roto, pero no por eso a sus ojos vale menos. Tal es, en pocas palabras, el fundamento de la dignidad humana. Y quien quiera fundamentarla de otra manera y con otros argumentos construye sencillamente en el vacío.

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El Cronopio

El artista, narrador, periodista e ingeniero, Alberto Sustaita | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

J.R. Martínez/Dr. Flash

En la lista de los grandes literatos potosinos del siglo XIX y principios del siglo XX se encuentra Miguel Alberto Sustaita Zavala que combinó su actividad profesional entre el periodismo, la literatura, el dibujo y la música. Esta última exponiendo la vena musical familiar pues su abuelo fue el músico potosino de reconocimiento internacional León Zavala, cuyo nombre perduró en el imaginario potosino al preservarse la orquesta con su nombre, en la cual, por cierto, iniciaría sus actividades musicales Julián Carrillo.

Su nombre se suma a la lista de personajes que combinan su vocación entre las ciencias e ingeniería con las letras. Alberto Sustaita ingresaría a estudiar ingeniería en el Colegio Militar de México, después de terminar sus estudios de preparatoria en el Instituto Científico y Literario de San Luis Potosí, mismos que abandonaría para dedicarse a la escritura iniciando actividades de literatura y periodismo, en San Luis Potosí.

Miguel Alberto Sustaita Zavala nació en San Luis Potosí el 10 de mayo de 1863, su primera infancia la vivió bajo la ocupación francesa en San Luis. Si bien su obra literaria no es del todo conocida, sus composiciones musicales lo son menos, las cuales fueron influenciadas por el ambiente familiar en el cual varios de sus tíos ejercían su vocación musical heredada de su abuelo.

En sus primeros años como escritor se distinguiría por su trabajo periodístico, donde luego usaba la poesía como forma de expresión. Sus contribuciones en los periódicos locales de la época, como El Estandarte y El Correo de San Luis, usaba el seudónimo de P.K. Dor, el que luego también usaría en su obra literaria. Fue director del periódico potosino El Contemporáneo.

Su obra literaria incluye teatro, cuento, drama y novela

, la cual produjo desde fines del siglo XIX hasta su muerte que ocurrió el 29 de junio de 1909.

En 1892 publicó Siete Pecados, libro de narraciones editado por la imprenta Vélez e hijos, donde Manuel José Othón hizo la presentación; presentación donde Othón lamentaba “porque en San Luis nadie lee” (¿qué tanto ha cambiado esta apreciación?).

Iniciando el siglo XX llevaría a la imprenta varias de sus obras, entre las que se encuentran la realizada en la Imprenta Popular en 1906 intitulada Las Bolado. En la Tipografía de la Escuela Militar de San Luis Potosí, editaría las obras: Nita. Drama en un prólogo y tres actos, en 1904; El crimen del Pullman en 1907; Mortales y veniales en 1907; El padre Adrián. Drama en tres, también en 1907; Mutilado en 1909, poco antes de su muerte.

En 2010 el Ayuntamiento de San Luis Potosí publicó la obra Cuentos Potosinos donde se incluyeron los escritos por Alberto Sustaita y en 1998 El Colegio de San Luis, en su colección Literatura Potosina 1850 – 1950 coordinada por Ignacio Betancourt, publicó los cuentos Un Truchiman, Doña Juanita y el Tren de Balastre.

Alberto Sustaita procreó cinco hijos en su matrimonio el 7 de mayo de 1898 con María Emilia Muñoz López realizado en San Luis Potosí.

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