octubre 23, 2026

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#4 Tiempos

La nodriza y la reina (Tergiversación de un cuento de José María Eça de Queiroz) | Columna de Juan Jesús Priego

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Había una vez un rey joven y valiente, señor de un reino abundante en ciudades y campos de labranza, que partió a pelear a tierras lejanas, dejando tras de sí una reina que lo lloraba amargamente y un hijo que, desde su cuna, lo lloraba amargamente también.

La noche lo vio marcharse, llevado por sus sueños de conquista y de fama. Pero no lo vio regresar. Cuatro semanas después, uno de sus hombres de confianza apareció trayendo la noticia de una batalla perdida y de la muerte del rey, atravesado por siete lanzas a orillas de un gran río.

La reina lo lloró durante noches enteras. ¡Cómo lloraba la pobre mujer! Pero su llanto, claro está, no le hizo olvidarse de las cosas prácticas de la vida, como, por ejemplo, que el rey tenía un hermano, que este hermano era codicioso y que lucharía con uñas y dientes para arrebatarle el reino.

Y así fue, en efecto. Tan pronto como el hermano supo de la muerte del rey, formó un ejército numeroso en las montañas, donde se escondía, y se dirigió a la ciudad real para sitiarla y ponerla a sus pies.

Cuando la reina supo que su cuñado venía con un numeroso ejército a quitarle el trono para ocuparlo él, mandó asegurar las puertas de la ciudad con fuertes cadenas y sólidos candados. Pero los mejores hombres habían partido con el rey y habían muerto en la batalla al lado de su señor. Y ahora, dime, ¿qué podría hacer la reina con un ejército de mujeres y niños, de ancianos y enfermos, de lisiados y tuertos? Tanta era su desesperación al oír a lo lejos los cascos de los caballos enemigos que lo único que se sentía con fuerzas de hacer era ir a la cuna del niño y bañarle las mejillas con sus lágrimas.

Una esclava fiel trataba de consolarla diciéndole que no debía temer nada, que ya vería cómo las cosas se arreglarían, etcétera: en fin, lo que suele decirnos la gente cuando no le sale decirnos otra cosa. Por supuesto que la esclava no creía ni ella misma en lo que decía, pero aparte de propinar los consejos que ya escuchamos, hizo también algo más: con un solo enérgico movimiento tomó a su hijo, que era de la misma edad que el príncipe heredero, y lo puso en la cuna real, mientras quitaba a éste y lo colocaba en la cuna de su hijo. Me preguntarás por qué hizo esto la esclava, ¿no es verdad? Es claro: para que, si el hermano del rey entraba a los aposentos reales e intentaba matar al príncipe heredero, a quien mataría sería a un esclavo.

Todo sucedió como la nodriza había sospechado. Bruscamente, un hombre enorme, de cara encendida, con la capa negra sobre la cota de malla, surgió de la puerta de la estancia. Miró, corrió a la cuna de marfil donde los brocados resplandecían, arrebató al niño como si cogiese una bolsa de oro y, ahogando sus gritos con su capa, salió furiosamente.

La reina, que desde el fondo del salón había seguido todos y cada uno de los movimientos de aquel gigante vestido de negro  –que no era otro que su perverso cuñado-, no pudo sofocar un grito de terror y casi se desmaya al ver cómo, a grandes zancadas, se llevaban lejos a su hijo, seguramente para matarlo.

Cuando el raptor desapareció en la negrura de la noche, la esclava se acercó a su ama, y le pasó cariñosamente el dorso de su mano por sus mejillas encendidas, y le alisó los cabellos una y otra vez, y por último le dijo: «No te preocupes, señora mía. El príncipe heredero está a salvo. Cuando sospeché lo que harían con él, puse en su lugar a mi hijo. De modo que ve a la cuna de mimbres, propia de los esclavos, y besa al hijo de tus entrañas».

Pero la reina seguía llorando. Nada lograba consolarla; y cuanto más hablaba la esclava, más violentamente lloraba su señora. ¿Y sabes por qué? Porque como la reina ya había sospechado que matarían a su hijo (ya te he dicho que las mujeres tienen grandes intuiciones, ¿o no te lo he dicho?), queriendo protegerlo, sin que la nodriza se diera cuenta, lo había cambiado de cuna. «Que maten a éste», dijo. De modo que el niño que se había llevado el raptor era realmente el príncipe heredero. Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.

-No, no. Así no es el cuento –me dijo mi sobrina arrebujándose en las sábanas-. Anoche me lo leyó mi papá en un libro y no terminaba así. En el cuento que me leyó mi papá no se llevaban al príncipe heredero.

-Ya lo sé que no. Pero, vanidad aparte, así el cuento es mucho más interesante. La reina, si no hubiera sido tan… tan…

-Tan gandalla –completó mi sobrina.

-Sí, si no hubiera sido la reina tan gandalla, como dices, hubiera visto a su hijo sano y salvo. ¿Por qué no confió en la bondad de la esclava? ¡Pobre reina! Jamás se imaginó que su sirvienta hubiera podido ser capaz de un gesto semejante. Y esta desconfianza, como puedes ver, la pagó muy cara. En este mundo confiar en la generosidad de los demás es algo sumamente necesario; es, incluso, algo esencial.

-Sí –dijo mi sobrina-. Hubo allí un serio problema de comunicación. Si se hubieran puesto de acuerdo en lo que las dos mujeres pensaban hacer…

-No precisamente de comunicación. ¡Cómo se ve que perteneces a la era de Internet! Más que de comunicación, lo que hubo fue una falla de confianza, que pronto se revirtió contra la culpable. Porque has de saber que estas fallas siempre se revierten.

-Sí –dijo mi sobrina -y ya no dijo más porque se quedó dormida.

Y yo salí de su cuarto en punta de pies, con pisadas de gato, más que satisfecho por haberle enmendado la plana nada menos que a un escritor de la talla de José María Eça de Queiroz.

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El Cronopio

Leticia Almazán de la Garza, compositora potosina | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

San Luis Potosí ha sido tierra de compositores, donde la música de concierto y las canciones de concierto han sobresalido. Algunos de estos personajes los hemos tratado en esta sección, aunque entre ellos han escaseado las mujeres, en cuanto a composiciones se refiere. Los tiempos cambian al abrirse oportunidades a las damas y, afortunadamente, en este siglo veintiuno podemos contar con algunas compositoras potosinas. Como muestra está el concierto que ofreciera la Orquesta Sinfónica de San Luis Potosí en el mes de marzo pasado donde interpretó, en el marco del Día Internacional de la Mujer, composiciones de autoras potosinas. Entre las compositoras potosinas programadas en el concierto se encontraba Leticia Almazán de la Garza.

Leticia Almazán, al menos fue mencionada en esta columna cuando tratamos el caso de la pianista potosina Malkhut Zavala, quien tiene entre su repertorio obras de Leticia Almazán, quien actualmente es encargada de las Escuelas de Iniciación Artística Asociadas que están asociadas al Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, que a pesar del esfuerzo de sus integrantes ha sido difícil su continuación, como suele suceder con el cambio de administraciones. Leticia Almazán se desempeña como Directora Académica del CEART San Luis.

Entre sus composiciones se encuentra La Noche, obra basada en los poemas de Manuel José Othón, obra con la que obtuvo el premio 20 de noviembre “Julián Carrillo”; la obra se estrenó en 2006, y ha sido poco interpretada, hasta que se armó el concierto de marzo.

A cien años de la muerte de Othón se compone esta obra musical, que da concreción a la obra inconclusa que contemplaran Othón y Carrillo, su conjunción lírica que habían titulado Tetralogía. Una pieza para celebrar el centenario de la Independencia de México que estaría dividida en cuatro partes: Descubrimiento de América, Conquista, Virreinato e Independencia. Así sería una obra que recorrería la historia hispana de México y la construcción de un nuevo país. La muerte sorprendió al poeta y la obra quedó en suspenso; colaboración entre dos grandes figuras potosinas del arte, cuestión ya tratada en muy anterior entrega de esta sección de El Cronopio.

Ahora Leticia Almazán, se basa en la poesía de Othón para crear su obra musical La Noche. Una forma de apreciar el nuevo arte musical potosino de la mano de Leticia Almazán y la poesía del máximo poeta potosino. Por desgracia, es música que no se encuentra grabada por lo que dificulta su difusión, de por sí escasa, en aquellas obras de que se disponen grabaciones.

Leticia Almazán surge, así como una de las mujeres que abren camino en el campo de la composición en San Luis Potosí. Su incursión en esta línea de la composición es alentadora, pues puede sumarse a la escasa pero existente lista de compositoras mexicanas que incursionaron en la música clásica, entre ellas, María Grever, Sofía Cancino de Cuevas, Rosa Guraieb, Consuelo Velázquez, Ángela Peralta, María Teresa Prieto, Alicia Urreta, Guadalupe Olmedo, y ahora la joven compositora potosina Galya Cisneros, por citar algunas.

Leticia Almazán se tituló en la Licenciatura en Composición en la Escuela Estatal de Música en el año 2015, y realizó una Maestría en Administración Pública en la Universidad Latinoamericana.

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Acento Ajeno

Ni Moisés dividió tanto el agua | Columna de Haniel Valdés

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Por: Haniel Valdés

Hoy escribo porque cometí un error. Fui de los periodistas que estuvimos en rueda de prensa con el alcalde de la capital, Enrique Galindo Ceballos, al terminar la Junta de Gobierno con Interapas. El miércoles pasado ofreció declaraciones a medios de prensa que sí acudimos a la cita nocturna y compartió los acuerdos tomados en dicha reunión.

Ahí está mi error: al parecer mis notas no fueron lo suficientemente claras. O quizás solo fue que varios medios salieron a llenar huecos que no había.

Lo interesante de ese encuentro es que se aprobó el plan de estímulos fiscales que se llevará al Congreso del Estado para su aprobación de cara a 2027, donde se aclaró además (y se insistió mucho en eso) que la tarifa de cobro del líquido se mantendría igual que en este año.

Al día siguiente muchos medios ya traían la nota de que aumentaría la tarifa y quién sabe cuántos inventos más de colegas que no estuvieron en la conferencia de prensa y que les pareció divertido el imaginar datos e informar a medias.

Pero lo que más me preocupa no es el ruido que generaron esas notas, sino la incoherencia que se vivió en dicha reunión por parte del síndico y el alcalde de Soledad, así como de Pascual Martínez.

Según informa Galindo, entre las decisiones tomadas, está la de revisar si es posible cumplir con la petición que hizo el gobernador de no cobrar el servicio a adultos mayores. Ni los participantes por Soledad, ni el titular de la CEA, votaron a favor de dicha propuesta. ¿No están de acuerdo con la idea de Gallardo? Es que la primera vez que el gobernador habló sobre el tema, fui muy cuidadoso y me fijé claramente que ambos, Pascual

y Navarro, estaban aplaudiendo esa iniciativa.

La CEA ya es habitual que no aporte a esas reuniones, según Galindo, el titular solo ha ido a tres y no votó en esta última, tampoco dio razones ni propuso algo. Sí, el organismo responsable de la política pública del agua en el Estado no tiene nada que aportar sobre el tema.

Según informó el presidente de la junta, Juan Manuel Navarro sí aportó algo, propuso un estímulo fiscal que también quedó dentro de los acuerdos que se enviaron al Congreso. Ahora, cuando tocó votar, Navarro se abstuvo de hacerlo, ¿no está de acuerdo con una idea que él mismo había planteado? ¿o algo lo hizo cambiar de opinión?

Lo cierto es que mientras la diputada Nancy Jeannine García, presidenta de la Comisión del Agua, llama a no politizar, todos lo continúan haciendo, lo hace el aquaman Gámez Macías, lo hace el alcalde capitalino, lo hace el gobernador del estado, lo hace el alcalde de Soledad y la CEA. Mientras hay cuentas sin pagar, tinacos sin llenar, conductoras sin reparar y rezos por hacer para que El Realito no vuelva a fallar.

“Entonces extendió Moisés su mano sobre el mar, y Jehová hizo que el mar se retirase por recio viento oriental toda aquella noche; y volvió el mar en seco, y las aguas quedaron divididas.” (Éxodo 14:21)

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El Cronopio

María Luisa Toranzo, pionera del cuento mexicano | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

Por: J.R. Martínez/Dr. Flash

En la antología de Liliana Pedroza sobre el cuento mexicano, A Golpe de Linternas, que en su tomo I dedica a las pioneras, se encuentra entre las antologadas la potosina María Luisa Toranzo, que dedicó parte de su vida a la escritura y que fuera figura cultural mexicana. Madre y abuela del filósofo Luis Villoro y el escritor Juan Villoro, respectivamente.

Parte de su obra literaria se recoge en libros como: Azahares, espinas y rosas; Meditaciones, Suegras; Esbozos; Tres Chiquillas; Cuadros de una exposición; Páginas viejas; Charlas con mi hija; Átomos tontos, entre otros. Libros que reflejan su formación en el campo potosino y la época que le tocó vivir, donde impera el existencialismo y la fenomenología, campos que experimentaría posteriormente su hijo Luis Villoro. En su libro de ensayos: Esbozos, que lleva como ensayo central: El dominio de sí mismo, Sophrosyne vs la Hybris, “el dominio de sí mismo” no es una negación de la vida o de los impulsos, sino la condición necesaria para la auténtica libertad. Sin el gobierno de uno mismo, el ser humano queda a merced de fuerzas externas o de impulsos ciegos, perdiendo su autonomía.

María Luisa Toranzo Jordana nació en San Luis Potosí el 13 de marzo de 1890, perteneciente a familia de hacendados, vivió su infancia en la Hacienda de Cerro Prieto en el altiplano potosino, rumbo a Zacatecas, fue hija natural y creció entre libros, estudiando idiomas y cultivando la música tocando el arpa y la mandolina. El movimiento revolucionario le llevó en la adolescencia a radicar en la Ciudad de México, donde la vida placentera se trastocaba y la famosa banda del automóvil gris hacía de las suyas, y que quedó registrada en una de las primeras películas realizadas en México, llamada justo La banda del automóvil gris de 1919 de Enrique Rosas, filmada en los lugares donde pertrecharan sus ataques. En la película aparece la casa Toranzo donde vivió María Luisa en México y donde aparece en escena acechada en el asalto a su casa por tan peculiar banda.

Los acechos no pararon para María Luisa y fue pretendida por un general revolucionario del que logró escapar partiendo a España e instalándose en Barcelona donde se casaría con el médico barcelonés Miguel Villoro Villoro, procreando a tres hijos, entre ellos al filósofo Luis Villoro. Quedaría viuda y al iniciar la guerra civil española regresa a México huyendo de nuevo de la violencia. Se instala por un tiempo en la Hacienda de Cerro Prieto y parte a la Ciudad de México para que sus hijos continuaran sus estudios de formación.

Su familia potosina de abolengo le propició una considerable fortuna que le permitió ir a Barcelona, su abuela paterna Genoveva Peña Santacruz que casó en segundas nupcias con Casimiro Toranzo Ortiz, había sido esposa de Pantaleón Ipiña Eguía, siendo madre de José Encarnación Ipiña Peña.

Su pensamiento que de cierta forma influyera en su hijo Luis Villoro lo destaca en su libro Esbozos: “El dominio de sí mismo sobre la soberbia debe de consistir, no sólo en dominarse ‘delante de la gente’ y en vuestras ‘relaciones sociales’ para que los demás ‘vean’ que sois humildes o sencillos, sino que este dominio sobre vosotros mismos y sobre vuestra soberbia debe ser de tal modo profundo, que no sea un dominio efímero, originado únicamente por el bien parecer; tampoco debe ser un dominio de autosugestión, que sin serlo, os haga creer que ya sois humildes; sino que este dominio de vosotros mismos sobre la soberbia, debe ser una especie de ‘cura’ si queréis lenta y suave, pero sí honda, minuciosa y profunda. El dominio de vosotros mismos debe ser como un cauterio que tienda a curar, aunque sea quemando; a cauterizar, aunque sea con dolor, la llaga de vuestra soberbia, el cáncer de vuestro orgullo”

María Luisa Toranzo fue una mujer de una cultura vasta que participó activamente en la vida intelectual mexicana, aportando una sensibilidad ética que complementaba el rigor lógico de la época. Su enfoque en el “dominio de sí” suele leerse como un puente entre la virtud antigua, la psicología moderna y la abierta espiritualidad. Su nieto Juan Villoro la describe como una mujer que intentaba descifrar los secretos de la convivencia humana.

María Luisa Toranzo Jordana murió en la Ciudad de México a los 78 años de edad, el 2 de abril de 1968.

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