Deportes
Unai Bilbao, jugador del Atlético de San Luis, compró un equipo de eSports potosino
El capitán de la escuadra de futbol firmó contrato de sociedad para ser socio de Tomorrow Esports
Por: Redacción
Unai Bilbao, capitán del Atlético de San Luis, firmó el contrato de sociedad con Tomorrow Esports, equipo potosino de videojuegos profesional. Con esta firma se convierte en el dueño del equipo de videojuegos profesional.
La firma del contrato se llevó a cabo en presencia de Alejandro Martínez,
CEO y cofundador del equipo, así como de los representantes de CA Sports, agencia de marketing deportivo que también es socia de Tomorrow Esports.El jugador español dijo que el proyecto deportivo y la confianza en el panorama de los videojuegos en México, así como el amor a San Luis Potosí, son algunas de las razones que fundamentaron esta inversión. Mientras que Tomorrow Esports dio a conocer que esta firma representa un impulso para la industria gaming en la entidad potosina, ya que muestra el interés y seriedad que esta industria está teniendo en San Luis Potosí y en el país, además de perfilar a Tomorrow Esports como uno de los mayores exponentes del mundo gaming en la zona Bajío del país.
La llegada de Unai al equipo permitirá una mayor exposición para Tomorrow dentro de la liga y el país, asimismo como un aumento de confianza y motivación para los jugadores y miembros del plantel de cara al inicio de la siguiente temporada.
El capitán del Atlético de San Luis forma parte de un club de futbolistas y exfutbolistas que han apostado por los eSports como Miguel Layún, Javier Hernández, Luis Casemiro, el Kun Agüero, Gerard Piqué, David Beckham, Antoine Griezmann, Álvaro Morata, Thibaut Courtouis, Zlatan Ibrahimovic o Ronaldo.
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Deportes
El sueño está a un punto | Columna de Haniel Valdés
Por: Haniel Valdés
Dos derrotas seguidas, ocho goles en contra y un solo objetivo por cumplir. El Atlético de San Luis Femenil llega a la última jornada del Apertura 2026 con la Liguilla al alcance, pero sin la tranquilidad con la que la tenía hace tres semanas, cuando se sabía tercero y con margen.
El golpe grande fue el del sábado 24 de octubre, en el Libertad Financiera. El América, el mejor equipo del torneo, ganó 7-0, con triplete de Geyse y goles de Montse Saldívar, Irene Guerrero (de penal) y Scarlett Camberos. Es difícil sacar conclusiones de un partido así, y más cuando San Luis se quedó con diez jugadoras antes del descanso por la expulsión de María Sánchez. Contra un rival de ese nivel, jugar con una menos es una sentencia, y el marcador habla más de eso que de lo que es este equipo.
Y en medio de esa tarde, una jugadora que mereció mejor suerte: Dayra Duarte. Con un equipo que tuvo 29% de posesión y que terminó el partido sin un solo disparo a puerta, la portera enfrentó 13 tiros al arco y atajó 6, varios de ellos pelotas que parecían gol cantado. Cuando un equipo recibe 35 remates, la portera es la que evita que el marcador sea todavía más duro, y en una goleada así rara vez se le reconoce.
La segunda derrota fue distinta y, en cierto modo, más preocupante. El lunes 2 de noviembre, en el Nou Camp, León ganó 1-0 en el partido pendiente de la jornada 13, con un disparo de zurda de Solange Lemos al minuto 4. San Luis tuvo la pelota y generó, con Enyerliannys Higuera y Amina Bello al frente, y al 54 Bello encabezó un contragolpe que terminó en un disparo de Michelle Gutiérrez, que la portera local rechazó. No fue una derrota de goleada, sino de las que se pierden por un gol temprano y por no encontrar el empate. Y León, ya sin posibilidades de Liguilla, no tenía nada que perder.
Lo que más pesa es que Higuera, la máxima goleadora de la historia del club, no apareció en el marcador en ninguno de los dos partidos y se quedó en 14 goles en el torneo. No es una crítica, es una realidad: cuando el equipo se queda sin su fuente de goles, el ataque se apaga.
Con esos resultados, San Luis suma 13 partidos jugados, 6 victorias, 1 empate y 6 derrotas, 19 puntos, y es tercero de su grupo. Atrás vienen Pumas (17 pts), Pachuca (16 pts) y Atlas (16 pts), por lo que el margen es corto. La cuenta es sencilla: si San Luis empata o gana, llega a 20 puntos y ya nadie puede alcanzarlo, porque Pachuca y Atlas llegarían, como máximo, a 19.
Y el examen de hoy es justo contra Pumas, con lo que sería la primera Liguilla en la historia del club en juego. El viernes 6 de noviembre, a las 17:00 horas, en Ciudad Universitaria, San Luis visita a un rival que también llega herido: en la jornada 13 cayó 6-0 ante Rayadas. Es un duelo directo, de esos que se resuelven con carácter más que con nombres, y San Luis no necesita jugar bien, necesita no perder.
Las últimas dos jornadas han sido duras, pero el equipo ya demostró en este torneo que sabe sobreponerse: tres partidos sin perder en octubre, una máxima goleadora histórica y dos porteras de nivel. Hoy toca demostrarlo otra vez, con la Liguilla de por medio.
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Columna de Nefrox
San Luis contra Atlas: la bisagra de una temporada | Columna de Arturo Mena “Nefrox”
TESTEANDO
Existen partidos que valen tres puntos y otros que terminan valiendo mucho más. No porque la Liga MX entregue unidades adicionales cuando la presión aumenta, sino porque existen noches en las que un equipo se juega la posibilidad de seguir creyendo en su temporada. Atlético de San Luis está frente a una de ellas. El encuentro contra Atlas no es simplemente otra fecha del calendario: es el partido bisagra del Apertura 2026, ese momento en el que los dirigidos por Diego Mejía tienen que decidir si quieren ser protagonistas de la recta final o quedarse mirando cómo otros ocupan los lugares que todavía están a su alcance.
La clasificación está ahí, suficientemente cerca para ilusionarse y lo bastante lejos para exigir una respuesta inmediata. San Luis llega con 19 puntos, ubicado en el undécimo puesto, mientras Atlas aparece en la cuarta posición con 24 unidades. Cinco puntos separan a los dos equipos, pero la diferencia más importante está en las consecuencias que puede tener el resultado. Para los rojinegros, ganar significaría consolidar su lugar entre los primeros puestos; para los potosinos, hacerlo representaría acercarse de manera decisiva a la zona de clasificación y mantener viva una temporada que ha tenido demasiados altibajos.
Por eso no conviene disfrazar la importancia de este encuentro. San Luis necesita ganar. No es una exageración periodística ni una manera de elevar artificialmente la expectativa. Es una consecuencia directa de su posición en la tabla y del calendario que tiene por delante. Con apenas tres jornadas restantes después de este compromiso, cada oportunidad comienza a tener un peso diferente. Un empate podría mantener las posibilidades matemáticas, pero dejaría al equipo dependiendo de demasiadas combinaciones. Una derrota sería todavía más complicada: permitiría que Atlas se alejara y obligaría a los de casa a esperar tropiezos ajenos para seguir soñando.
El problema para Mejía es que enfrente tendrá a uno de los equipos más consistentes del campeonato. Atlas ha construido una temporada que lo mantiene entre los cuatro primeros lugares y llega después de una remontada espectacular ante Puebla, al que derrotó 4-3. No es un rival que pueda darse por vencido cuando el partido se complica. Los rojinegros han demostrado capacidad ofensiva y carácter para resolver encuentros, dos características que obligarán al Atlético a jugar con una concentración muy superior a la que ha mostrado en algunos momentos del torneo.
Pero el contexto también ofrece una oportunidad. Los dirigidos por el histórico Hernán Crespo no llegan a San Luis con la tranquilidad de quien ya tiene todo resuelto. La pelea por los primeros puestos sigue abierta y una derrota podría comprometer su posición. Los visitantes también tienen algo que defender y eso puede convertir el encuentro en un partido de mucha tensión, con dos equipos que necesitan encontrar el equilibrio entre atacar y no regalar espacios.
Para el Atlético, la primera obligación será entender que no puede jugar este partido como si tuviera todo el tiempo del mundo. La urgencia no debe convertirse en desesperación, pero tampoco puede servir como excusa para administrar el resultado desde el primer minuto. Si San Luis quiere meterse a la Liguilla, tendrá que asumir la responsabilidad de buscar el encuentro, aprovechar la localía y demostrar que puede imponerse ante un adversario que llega mejor colocado en la clasificación.
La temporada de Diego Mejía ha tenido momentos que invitan a pensar que el equipo puede competir. Ha habido partidos en los que San Luis ha mostrado capacidad para generar ocasiones, recuperar terreno y encontrar soluciones ofensivas. También ha habido tropiezos que han dejado una sensación de oportunidad desperdiciada. Esa irregularidad es precisamente lo que ha colocado al Atlético en una posición incómoda: tiene argumentos para aspirar a más, pero no ha conseguido sostenerlos durante el tiempo suficiente.
El empate ante Toluca y las victorias frente a Querétaro y Atlante han permitido recuperar terreno. El equipo ha conseguido sumar en sus últimos compromisos y parece haber encontrado una pequeña ventana de estabilidad. Sin embargo, ahora viene una prueba de otra dimensión. Ganar el clásico siempre tiene un valor emocional especial, y vencer a Atlante como visitante también suma confianza, pero Atlas representa un desafío directo en la carrera por alcanzar la fase final. Es el tipo de partido que permite medir cuánto ha avanzado realmente un equipo.
Mejía necesita que sus jugadores entiendan esa diferencia. No alcanza con repetir la intensidad de las últimas jornadas; hay que acompañarla con decisiones correctas. El Atlético tendrá que saber cuándo presionar, cuándo mantener la pelota y cuándo acelerar. No puede regalarle a Atlas transiciones que le permitan aprovechar su capacidad ofensiva, ni puede refugiarse demasiado cerca de su propia área esperando que el rival cometa un error. La mejor manera de defender la clasificación es jugar para ganar, pero hacerlo con inteligencia.
La responsabilidad también pasa por los futbolistas que tienen mayor peso dentro del vestidor. En partidos como este, los jugadores experimentados deben asumir el control de los momentos complicados. No se trata únicamente de marcar un gol o de resolver una jugada individual. Se trata de evitar que el equipo pierda la cabeza cuando el marcador no sea favorable, de exigir concentración y de transmitir la confianza necesaria para que el plan de juego no se desmorone ante la primera dificultad.
El Alfonso Lastras tendrá que convertirse en un factor. La afición potosina ha acompañado al equipo durante una campaña que no siempre ha ofrecido motivos para celebrar, pero ahora tiene delante un encuentro que puede darle sentido a buena parte del esfuerzo realizado. La localía no garantiza nada, aunque sí representa una responsabilidad adicional. San Luis no puede permitir que Atlas se sienta cómodo, que encuentre espacios con facilidad o que termine imponiendo el ritmo de un partido que debería jugarse bajo las condiciones del equipo de casa.
También hay que reconocer que el margen de error se ha reducido por decisiones y resultados acumulados a lo largo del torneo. La clasificación no se está escapando únicamente por lo que ocurra este viernes. Se ha complicado por los puntos que el Atlético dejó en el camino, por los partidos en los que no consiguió sostener una ventaja y por las ocasiones en las que no tuvo la contundencia necesaria. Ahora, sin embargo, ya no sirve demasiado mirar hacia atrás. La única manera de corregir esa historia es conseguir que los encuentros restantes tengan una respuesta distinta.
Y aquí aparece una cuestión que va más allá de la tabla: ¿qué quiere ser este Atlético de San Luis? ¿Un equipo que cada temporada se conforma con competir durante algunos tramos y termina dependiendo de los resultados de otros, o una institución que pretende consolidarse como un participante habitual en las fases finales? La respuesta no se encontrará en una conferencia de prensa ni en una promesa para el próximo campeonato. Se construye en noches como esta, cuando el equipo tiene que responder ante un rival de jerarquía y una afición que espera algo más que buenas intenciones.
No sería justo decir que una victoria resolverá todos los problemas del proyecto de Mejía. Tampoco sería correcto afirmar que una derrota terminaría automáticamente con cualquier posibilidad de clasificación. Pero sí sería un error tratar este partido como uno más. La distancia entre San Luis y Atlas, el momento del calendario y la cantidad de jornadas restantes convierten el enfrentamiento en una auténtica bisagra. El resultado puede modificar la manera en que el equipo enfrente el cierre del torneo y, sobre todo, la confianza con la que llegue a esas últimas oportunidades.
Atlas tiene motivos para sentirse favorito por su posición y por la regularidad que ha mostrado. San Luis tiene motivos para creer en su capacidad de competir, especialmente después de recuperar puntos en las últimas semanas. Pero la clasificación no se gana con argumentos, antecedentes ni pronósticos. Se gana con goles, concentración y resultados. Y en este momento el Atlético necesita demostrar que tiene lo necesario para conseguirlos.
San Luis ha llegado hasta aquí con la posibilidad de corregir el camino. Todavía tiene tiempo, pero ya no tiene demasiado margen. Atlas será una prueba exigente, un rival que no regalará nada y que también tiene objetivos importantes. El Atlético deberá jugar con personalidad, asumir el riesgo de buscar el triunfo y entender que la oportunidad está frente a su gente.
Diego Mejía y sus jugadores tienen noventa minutos para demostrar que la clasificación es una aspiración real y no solamente una cuenta matemática. La temporada todavía puede tener un desenlace distinto, pero para conseguirlo hace falta dar un golpe sobre la mesa.
Hoy no se juega únicamente contra Atlas. Se juega contra la irregularidad, contra los puntos que quedaron en el camino y contra la posibilidad de que otra temporada termine dejando más preguntas que respuestas.
Es el partido bisagra. El que puede abrir la puerta de la Liguilla o comenzar a cerrarla.
Y a estas alturas, San Luis ya no puede permitirse quedarse del lado equivocado.
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Deportes
Mexicanas de oro | Columna de Haniel Valdés
Por: Haniel Valdés
El lunes 26 de octubre, en la gala del Balón de Oro en Londres, el futbol mexicano hizo historia, y lo hizo gracias a las mujeres. Charlyn Corral, delantera del Pachuca, recibió el trofeo Gerd Müller como la máxima goleadora del año, y es la primera mexicana en recibirlo. Scarlett Camberos, del América, terminó en el lugar 21 del Balón de Oro femenino, la primera mexicana en estar entre las 30 candidatas.
Vale la pena detenerse en lo que significa el premio de Corral, porque no es de los que se ganan por votos ni por simpatía. El Gerd Müller es por méritos deportivos: se lo lleva quien más goles marca en la temporada. Corral hizo 49 goles en 49 partidos, 36 con Pachuca y 13 con la Selección Mexicana. En el lado de los hombres lo recibió Harry Kane, el máximo artillero.
Y aquí es donde el mérito de Corral pesa más. Kane juega en el Bayern Múnich, donde casi todo se gana. Corral juega en un Pachuca que no es de los equipos fuertes: en este Apertura 2026 va en sexto lugar del Grupo B, con 13 puntos, lejos de la Liguilla. El premio no lo ganó por este torneo, sino por la temporada pasada, con 22 goles en el Apertura 2025 y 14 en el Clausura 2026 con el club, pero el contexto es el mismo. Aun así encabezó el goleo del mundo y dejó atrás a delanteras como Claudia Pina y Ewa Pajor, que juegan en el Barcelona, el mejor equipo del planeta, rodeadas de las mejores jugadoras. Pajor, de hecho, fue la primera ganadora de este trofeo en 2025; Corral es la segunda futbolista en recibirlo.
El caso de Camberos tiene el mismo fondo. Cuando se compara con los hombres, Julián Quiñones
quedó en el lugar 28 del Balón de Oro, el mexicano mejor ubicado en la historia de la votación, después de marcar cuatro goles con México en el Mundial 2026 y 33 en la liga saudí. Lo hizo en un torneo que ven millones de personas. Camberos terminó siete lugares arriba, en el 21, con 25 goles y 17 asistencias, y con tres títulos del América en la temporada: la Copa de Campeonas de la Concacaf, el Clausura 2026 y el Campeón de Campeones. Lo logró jugando en una liga mucho más joven y con mucha menos exposición internacional.Lo mismo pasó con el América como equipo. Fue considerado para el premio al mejor club femenil del año, algo que nunca había ocurrido con un equipo mexicano. No ganó porque el premio fue para el Barcelona, un rival imposible: Alexia Putellas, que ya no está en el club blaugrana pero hizo los méritos para el premio cuando aún jugaba ahí, se llevó su tercer Balón de Oro; Vicky López ganó el Kopa como mejor jugadora joven y el equipo blaugrana arrasó con todo lo que jugó. Pero estar en esa conversación, desde un equipo joven, en una liga joven y en un continente que apenas empieza a tomarse en serio el futbol femenil, ya es un logro enorme. El América puede estar, sin exagerar, entre los mejores del mundo.
Esas son las cifras. Lo que importa ahora es cómo las tratamos. Las jugadoras mexicanas están compitiendo en el escenario más grande y compitiendo bien, con méritos que se pueden medir en goles, títulos y posiciones. Un premio ganado por goles no admite discusión, y un puesto 21 entre 30 candidatas del mundo no se regala. Que se les reconozca con la misma vara que a los hombres que quedaron detrás o delante de ellas es lo mínimo que merecen.
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