#4 Tiempos
The Babadook o “la película de 2014 que es huesera, pero bien hecha” | Columna de Guille Carregha
Criticaciones
Disclaimer: no voy por la vida pensando todo el tiempo en el bodrio que fue Huesera. Tampoco camino por las calles tomando de los hombros a cualquier persona que se me ponga en frente para agitarle y gritarle en la cara que “¡Huesera es una película horrible!” Eso solo ha pasado, a lo mucho, tres veces. Y ya me encargué de las subsecuentes multas. La verdad es que ni siquiera me atrevería a contarla entre mis 10 películas más odiadas de la historia (digo, también está difícil hacer cosas más cutres que Ánima Estudios o Zack Snyder), pero sí fue una película que me hizo enojar muchísimo, sobre todo por la manera tan pitera en la que decidieron resolver el conflicto y convertir su “película sobre el embarazo” en una historia sobre cómo “las lesbianas se merecen todo lo malo que les suceda” porque eso de las metáforas visuales nomás no se les da.
Lo que sí pasó fue que, mientras más tiempo pasaba viendo The Babadook, más me daba cuenta que esto era exactamente la película que querían hacer en Huesera pero que nada más no les salió. Pero nada.
Ambas películas tienen como protagonista a una madre cuyo principal arco a lo largo de la película la involucra a ella odiando con toda el alma a su hijo debido a una serie de traumas que viene cargando desde hace mucho tiempo. Y, en ambos casos, este trauma termina viéndose reflejado como una criatura sobrenatural que le ataca y hace de su vida un infierno, llevándola al extremo de querer acabar con la vida de su vástago. Pero, mientras en la película mexicana se les olvidó todo esto de que los actores pueden contar gran parte de la historia con sus expresiones, sus diálogos, o su forma de actuar, mucho menos recordar que el trabajo de una película es el de contar historias a través de lo visual, The Babadook logra ponerte en los zapatos de su protagonista desde el principio sin tener que recurrir a diálogos clichés que no aportan nada.
Por ejemplo, durante los primeros 20 minutos de la película, ésta se empeña en hacerte odiar por completo la existencia de un niño de seis años que lo único que está haciendo es ser niño. Grita, corre, llama la atención de su mamá todo el tiempo, se la pasa abrazándola, y lo único que quiere es que le lean cuentos antes de dormir. Se puede decir que es un poco molesto el chamaco pero, pues, ser molesto es la mitad del punto de ser un niño, así que tampoco es como que lo podamos juzgar demasiado por ello.
Lo genial es que le película en sí te condiciona a aborrecerlo. Como todo está contado desde el punto de vista de la mamá, visual y sonoramente, todas las acciones del niño están intensificadas de una manera exagerada cada vez que está en escena. O sea, no solo grita que quiere algún capricho, sus gritos están sobrepuestos a cualquier otro sonido o soundtrack, dejando detrás de si ecos o con el pitch aumentado para que suenen todavía más agudos. La película te acerca a las expresiones de la madre en primer plano, mientras deja al niño convertido en un manchón desenfocado en el fondo de la imagen. No vemos nunca las “cosas terribles” que hace en la escuela, sólo vemos cómo los encargados de la escuela le describen al niño a su madre como si fuera un ente sin nombre capaz de llevar a la locura a los demás alumnos. Sus gritos se cortan en su punto más álgido para pasar, luego luego, a otra escena en donde está haciendo otro destrozo.
En ningún momento la directora de The Babadook consideró que su audiencia era estúpida, por lo que creó una experiencia visual que explicara cómo se siente la madre respecto a su hijo y es difícil no sentirse igual que ella en cada escena.
Supongo que crear toda esta experiencia visual fue un trabajo complicado, porque podría, no sé, haber creado dos o tres escenas en donde la señora se junta con su familia y todos le decían que nunca creyeron que sería madre o que no sabían que le gustaban los niños para que ella sólo se riera y se defendiera. Quizá eso hubiera sido mucho más efectivo, la verdad. Tal vez tener a alguien contándole cómo cuando era más joven no cuidó bien a un niño ajeno y se le cayó por las escaleras. Yo creo que así hubiera sido más creíble todo eso de tenerle miedo y odio a su hijo. O sea, ¿mostrar su estrés a través de trucos de cine? Eso es de amateurs. Los pros resuelven todo con diálogos, porque si no, la gente va a sentir ansiedad viendo una película de terror y, pues, ¿quién quiere sentir terror en una película de terror?
De igual forma, a lo largo de The Babadook la presencia del ser mencionado en el título de la obra es, por supuesto, una gigantesca metáfora relacionada a lo que siente la protagonista en su interior. Así funcionan estas películas con esperpentos infernales que acechan familias. Siempre son una metáfora. Mientras que en Huesera supuestamente representaba las ganas de no quedar embarazada de una persona que se aventó casi un año intentando quedar embarazada a través de incontables métodos, y que trabaja arduamente y feliz para darle la bienvenida a su hija, The Babadook representa la congoja y luto de haber perdido a alguien y cómo, si no enfrentas esos sentimientos a tiempo, te pueden consumir y convertir en un ser deleznable que, incluso, desea matar a sus seres queridos para sentir en paz. Y en ningún momento hay disonancia entre la metáfora y lo que los personajes expresan. Es como si, no sé, si hubieran pensado bien su historia antes de salir a grabar.
Además, la lógica interna de la historia (o sea, la narración sin tomar en cuenta las metáforas), también funciona. Si no sabes nada acerca de lo que representa el Babadook, sí parece una entidad que acecha a los más débiles mentales, que siempre ha existido y que siempre existirá. Sí funciona como espectro. Además, toda la pelea contra este mono suceda casi única y exclusivamente dentro de la casa en la que viven, haciendo sentir que es un problema localizado geográficamente, como si la casa estuviera embrujada. Así, la entidad pasa de ser una sombra que acecha a empezar a tener, poco a poco, injerencia en el mundo real mientras más metida este la mamá en las etapas del duelo.
Al final, todo se resuelve poniendo en uso las habilidades que los personajes ya tienen, y siguen una serie de situaciones lógicas que son fáciles de seguir y las únicas dudas que te dejan son las de “¿qué pasaría si…?” en las que te puedes divertir una vez terminada la película.
La conclusión realmente es buena, cosa extraña en una película de terror, en donde es exageradamente difícil llegar a un final satisfactorio. No necesitas brincos de lógica para justificarlos. En otras palabras, no se escribieron ellos mismos hacia una esquina de la que la única forma que supieron salirse fue decir “y la creatura se vence con cinco minutos de palmazos mientras hueles incienso” y se sintieron satisfechos con su mamada.
Mejor vean The Babadook. Está bonita, y también está en Prime Video.
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El Cronopio
Carlos Villatoro, el actor de corazón potosino | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
Los inicios del cine mexicano están marcados por la participación de actores y actrices de San Luis Potosí; algunos personajes han sido tratados en esta columna. Desde la época del cine mudo hasta los albores del cine sonoro en México, aparecen estas contribuciones potosinas que se extienden a lo largo de toda la historia del cine mexicano.
Entre los personajes que inician su actividad actoral en el cine mudo se encuentra Carlos Villatoro, que si bien se registra su lugar de nacimiento en Comitán, Chiapas, en 1903, siempre subrayó su sello de potosino en virtud que sus hermanos mayores habían nacido en San Luis Potosí y su familia radicaba en la ciudad potosina al finalizar el siglo XIX.

Uno de dichos hermanos era Héctor Villatoro que a principios de la década de los veinte se encontraba como cónsul en Canadá, y con quien fue enviado Carlos Villatoro por su padre. Este periplo marcaría su primera relación con el mundo del cine, pues al quedar varado en Nueva York por una huelga que imposibilitó su viaje a Canadá, conoció a quienes iniciarían la dirección de películas en México, Gabriel García Moreno y Manuel Ojeda, en ese momento se acercaba a la actividad actoral en Nueva York. Como consecuencia, en 1925 García Moreno le propuso el papel estelar de la película El Buitre, y una serie de películas que se filmaron en Orizaba, Veracruz, de 1925 a 1927, entre ellas el Puño de Hierro de 1927 que se considera la primera película que trata el mundo de las drogas.
Como pionero del cine mudo mexicano Carlos Villatoro se convierte en uno de los mejores actores del cine mudo mexicano y de los primeros años del cine sonoro, al protagonizar películas sonoras desde 1934, entre ellas la película de Juan Bustillo Oro, Dos Monjes, donde participa también la actriz potosina Emma Roldán, en el papel de Gertrudis la madre de Javier, protagonizado por Carlos Villatoro; en esa película participa también en realización de Dos Monjes, el matehualense Juan José Ortega García, de quien trataremos en futuras entregas de esta columna.
Carlos Villatoro conoce a Juan Bustillo Oro cuando estudiaban en la Escuela Nacional Preparatoria, lo que fue otro encuentro que le marcaría su destino a la actuación en cine, donde también se formaría como guionista y director, dirigiendo a principios de los cuarenta los cortometrajes: Viaje a Jalapa, Canciones y Danzas Mexicanas, Compositores Mexicanos y Juan Diego. Escribió el argumento de la famosa y exitosa película Quinto Patio, dirigida por Rafael Sevilla en 1950.
Después de su participación en el cine mudo en México donde actuó en cinco películas en la década de los veinte, inicia su participación en el cine sonoro en 1934 en la película Águilas de América dirigida por Manuel Ojeda, participando en alrededor de veinte películas en el lapso de diez años, terminando su actuación en 1943 en la película La Mujer sin Alma de Fernando de Fuentes en 1943, al lado de María Félix.
A partir de 1944 se desempeña como anotador y asistente de director hasta 1963, año de su muerte. En esta actividad trabaja en numerosas producciones norteamericanas filmadas en México, teniendo apariciones incidentales.
También tuvo participación en la radio en México, siendo locutor en varias estaciones desde 1929. En la XEW tuvo el programa en 1951 “El rincón bohemio de Carlos Villatoro”.
Carlos Villatoro Escobedo el actor pionero del cine mexicano y baluarte en su desarrollo, quien se consideró un potosino de corazón, es uno de los fervientes hacedores del cine en México, quien consideraba que “la vida no era de película, pero hacer cine era su vida”.
Lee también: Leticia Almazán de la Garza, compositora potosina
El Cronopio
Leticia Almazán de la Garza, compositora potosina | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
San Luis Potosí ha sido tierra de compositores, donde la música de concierto y las canciones de concierto han sobresalido. Algunos de estos personajes los hemos tratado en esta sección, aunque entre ellos han escaseado las mujeres, en cuanto a composiciones se refiere. Los tiempos cambian al abrirse oportunidades a las damas y, afortunadamente, en este siglo veintiuno podemos contar con algunas compositoras potosinas. Como muestra está el concierto que ofreciera la Orquesta Sinfónica de San Luis Potosí en el mes de marzo pasado donde interpretó, en el marco del Día Internacional de la Mujer, composiciones de autoras potosinas. Entre las compositoras potosinas programadas en el concierto se encontraba Leticia Almazán de la Garza.
Leticia Almazán, al menos fue mencionada en esta columna cuando tratamos el caso de la pianista potosina Malkhut Zavala, quien tiene entre su repertorio obras de Leticia Almazán, quien actualmente es encargada de las Escuelas de Iniciación Artística Asociadas que están asociadas al Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, que a pesar del esfuerzo de sus integrantes ha sido difícil su continuación, como suele suceder con el cambio de administraciones. Leticia Almazán se desempeña como Directora Académica del CEART San Luis.
Entre sus composiciones se encuentra La Noche, obra basada en los poemas de Manuel José Othón, obra con la que obtuvo el premio 20 de noviembre “Julián Carrillo”; la obra se estrenó en 2006, y ha sido poco interpretada, hasta que se armó el concierto de marzo.
A cien años de la muerte de Othón se compone esta obra musical, que da concreción a la obra inconclusa que contemplaran Othón y Carrillo, su conjunción lírica que habían titulado Tetralogía. Una pieza para celebrar el centenario de la Independencia de México que estaría dividida en cuatro partes: Descubrimiento de América, Conquista, Virreinato e Independencia. Así sería una obra que recorrería la historia hispana de México y la construcción de un nuevo país. La muerte sorprendió al poeta y la obra quedó en suspenso; colaboración entre dos grandes figuras potosinas del arte, cuestión ya tratada en muy anterior entrega de esta sección de El Cronopio.
Ahora Leticia Almazán, se basa en la poesía de Othón para crear su obra musical La Noche. Una forma de apreciar el nuevo arte musical potosino de la mano de Leticia Almazán y la poesía del máximo poeta potosino. Por desgracia, es música que no se encuentra grabada por lo que dificulta su difusión, de por sí escasa, en aquellas obras de que se disponen grabaciones.
Leticia Almazán surge, así como una de las mujeres que abren camino en el campo de la composición en San Luis Potosí. Su incursión en esta línea de la composición es alentadora, pues puede sumarse a la escasa pero existente lista de compositoras mexicanas que incursionaron en la música clásica, entre ellas, María Grever, Sofía Cancino de Cuevas, Rosa Guraieb, Consuelo Velázquez, Ángela Peralta, María Teresa Prieto, Alicia Urreta, Guadalupe Olmedo, y ahora la joven compositora potosina Galya Cisneros, por citar algunas.
Leticia Almazán se tituló en la Licenciatura en Composición en la Escuela Estatal de Música en el año 2015, y realizó una Maestría en Administración Pública en la Universidad Latinoamericana.
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Acento Ajeno
Ni Moisés dividió tanto el agua | Columna de Haniel Valdés
Por: Haniel Valdés
Hoy escribo porque cometí un error. Fui de los periodistas que estuvimos en rueda de prensa con el alcalde de la capital, Enrique Galindo Ceballos, al terminar la Junta de Gobierno con Interapas. El miércoles pasado ofreció declaraciones a medios de prensa que sí acudimos a la cita nocturna y compartió los acuerdos tomados en dicha reunión.
Ahí está mi error: al parecer mis notas no fueron lo suficientemente claras. O quizás solo fue que varios medios salieron a llenar huecos que no había.
Lo interesante de ese encuentro es que se aprobó el plan de estímulos fiscales que se llevará al Congreso del Estado para su aprobación de cara a 2027, donde se aclaró además (y se insistió mucho en eso) que la tarifa de cobro del líquido se mantendría igual que en este año.
Al día siguiente muchos medios ya traían la nota de que aumentaría la tarifa y quién sabe cuántos inventos más de colegas que no estuvieron en la conferencia de prensa y que les pareció divertido el imaginar datos e informar a medias.
Pero lo que más me preocupa no es el ruido que generaron esas notas, sino la incoherencia que se vivió en dicha reunión por parte del síndico y el alcalde de Soledad, así como de Pascual Martínez.
Según informa Galindo, entre las decisiones tomadas, está la de revisar si es posible cumplir con la petición que hizo el gobernador de no cobrar el servicio a adultos mayores. Ni los participantes por Soledad, ni el titular de la CEA, votaron a favor de dicha propuesta. ¿No están de acuerdo con la idea de Gallardo? Es que la primera vez que el gobernador habló sobre el tema, fui muy cuidadoso y me fijé claramente que ambos, Pascual
y Navarro, estaban aplaudiendo esa iniciativa.La CEA ya es habitual que no aporte a esas reuniones, según Galindo, el titular solo ha ido a tres y no votó en esta última, tampoco dio razones ni propuso algo. Sí, el organismo responsable de la política pública del agua en el Estado no tiene nada que aportar sobre el tema.
Según informó el presidente de la junta, Juan Manuel Navarro sí aportó algo, propuso un estímulo fiscal que también quedó dentro de los acuerdos que se enviaron al Congreso. Ahora, cuando tocó votar, Navarro se abstuvo de hacerlo, ¿no está de acuerdo con una idea que él mismo había planteado? ¿o algo lo hizo cambiar de opinión?
Lo cierto es que mientras la diputada Nancy Jeannine García, presidenta de la Comisión del Agua, llama a no politizar, todos lo continúan haciendo, lo hace el aquaman Gámez Macías, lo hace el alcalde capitalino, lo hace el gobernador del estado, lo hace el alcalde de Soledad y la CEA. Mientras hay cuentas sin pagar, tinacos sin llenar, conductoras sin reparar y rezos por hacer para que El Realito no vuelva a fallar.
“Entonces extendió Moisés su mano sobre el mar, y Jehová hizo que el mar se retirase por recio viento oriental toda aquella noche; y volvió el mar en seco, y las aguas quedaron divididas.” (Éxodo 14:21)
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