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SLP, quinto lugar con más bebedores diarios
4.1% de los mayores de edad toman todos los días; entre los 12 y 17 años es el 3.3%
Por Redacción
San Luis Potosí está entre las diez entidades del país con mayores niveles de Consumo diario de alcohol en la población de 12 a 65 años, según datos de la Encuesta Nacional De Consumo De Drogas, Alcohol y Tabaco (Encodat) 2016-2017.
La Encodat 2016-2017 estima que los potosinos de 12 a 65 años tienen un consumo per cápita de 8.5 litros de alcohol puro al año, mientras que el consumo per cápita de las potosinas en este mismo grupo de edad es de 1.68 litros.
El consumo per cápita total de potosinos y potosinas es de 5 litros de alcohol puro.
En la entidad potosina se estima que el 3.9 por ciento de la población entre 12 y 65 años, consumen alcohol diariamente, mientras que el 7.9 por ciento de la población son consumidores consuetudinarios, es decir, consumidores habituales o reincidentes.
El mayor porcentaje de consumo diario de alcohol entre la población de este grupo de edad se registra en Nuevo León, donde el 4.7 por ciento de la población entre los 12 y los 65 años consume alcohol diariamente. Le siguen Coahuila, donde el hábito diario en el consumo de bebidas embriagantes alcanza al 4.6 por ciento de la población; Michoacán y Durango con 4.4 por ciento; Zacatecas con 4.3 por ciento, Colima con 4.1 por ciento y Querétaro con 4.0 por ciento.
La entidad potosina se ubica en octavo lugar con 3.9 por ciento de consumidores diarios de alcohol entre la población de 12 a 65 años. En noveno y décimo lugar se ubican Quintana Roo con 3.8 por ciento y Aguascalientes con 3.7 por ciento.
A nivel nacional, se estima que el 2.9 por ciento de la población entre los 12 hasta los 65 años, consumen alcohol diariamente.
En el caso de San Luis Potosí, el consumo diario de alcohol se acentúa más entre los hombres, con 6.5 por ciento, mientras que en el caso de las mujeres solo afecta al 1.5 por ciento.
La Encodat 2017 también destaca que en San Luis Potosí, el 3.3 por ciento de los adolescentes entre los 12 y los 17 años beben alcohol todos los días, mientras que el 4.2 por ciento son consumidores consuetudinarios.
Ambos índices están por encima de la media nacional, pues se estima que en todo el país, de la población menor de edad entre los 12 y los 17 años, el 2.6 por ciento son consumidores diarios de alcohol y el 4.1 lo hacen habitualmente.
San Luis Potosí se ubica en el quinto lugar de consumo diario de alcohol entre la población mayor de edad de 18 a 65 años, con 4.1 por ciento. Además el 8.4 por ciento de este grupo de edad son consumidores habituales o consuetudinarios.
A nivel nacional, el porcentaje de mexicanos de 18 a 65 años que beben alcohol todos los días es de 3 por ciento, es decir, San Luis Potosí está por encima de este nivel, solo por debajo de estados como Nuevo León (5.2%), Michoacán (4.9%), Zacatecas (4.4%) y Durango (4.3%).
Aunado a ello, en el 29.6 por ciento de los potosinos entre los 12 y los 65 años de edad, declaró consumo excesivo de alcohol en el último año, mientras que el 17.9 por ciento reportó consumo excesivo en el último mes.
Por su parte, en el grupo de edad de 18 a 65 años, el 32.9 por ciento reconoció consumo excesivo de alcohol en el último año, y el 20.4 por ciento, practicó el consumo excesivo de alcohol en el último mes, previo a la encuesta.
Este porcentaje se acentúa entre la población masculina de 18 a 65 años, donde el 49.1 por ciento, es decir, prácticamente uno de cada dos potosinos mayores de edad, reconoce consumo excesivo de alcohol en el último año, mientras que el 33.7 por ciento reconoce consumo excesivo en el último mes.
Por lo que toca a la población femenina adulta de 18 a 65 años de edad, un 18.3 por ciento de este sector practicó el consumo excesivo de alcohol en el último año, y 8.3 por ciento consumió alcohol en exceso el último mes previo a la medición.
Según la Encodat, el abuso en el consumo de bebidas con alcohol, “es el problema de uso de sustancias más extendido en nuestro país con graves consecuencias sociales y para la salud de la población. El abuso del alcohol se asocia con más de 64 enfermedades y es el principal factor de riesgo para enfermar”. Además el consumo excesivo de alcohol también es la causa de accidentes viales y el detonante de problemas sociales como la violencia familiar.
A nivel nacional, el consumo excesivo de alcohol en el último mes previo a la encuesta incrementó entre 2011 y 2016, al pasar de 12.3 por ciento al 19.8 por ciento; en el caso de los hombres aumentó de 20.9 por ciento al 29.9 por ciento y en las mujeres de 4.1 a 10.3 por ciento.
La mayoría de las personas (29.1%) indican que necesitan de 5 a 7 copas para sentirse borracho o borracha, seguidas de quienes necesitan de 8 a 11 copas (24.3%) y 12 copas o más (23.2%).
El 31.2 por ciento de los hombres afirma que necesita 12 copas o más, mientras que en el caso de las mujeres la mayoría (33.2%) indicó que necesita entre 5 y 7 copas para experimentar la embriaguez.

El pre-copeo es una costumbre cada vez más arraigada entre los jóvenes mexicanos. Incluso la encuesta destaca que los adolescentes toman mayor cantidad de copas (hombres 7.3 copas, mujeres 5.1) que los jóvenes de 18 a 29 años, cuando precopean (5.2 copas en hombres y 4.1 en mujeres).
Los adolescentes, en promedio, también precopearon más días en las cuatro semanas previas a la encuesta (1.7 días en hombres y 1.9 en mujeres), que los jóvenes de 18 a 29 años de edad (1.4 días para hombres y 1.1 días para mujeres).
Si bien los adolescentes precopean más, es mayor el porcentaje de jóvenes entre los 18 y los 29 años de edad que siguen bebiendo después de precopear.
Las bebidas preferidas para precopear, en los hombres, es la cerveza, seguida de los destilados, mientras que en las mujeres, además de la cerveza son las bebidas enlatadas.
La razón para precopear es por convivir con amigos, gastar menos dinero. En el caso de las mujeres también lo hacen para disminuir la ansiedad o el estrés.
El precopeo es una costumbre que se practica a menudo antes de ir a una fiesta (en el caso de los hombres lo hace así el 50%, mientras que en las mujeres el 68%), a un bar, discoteca o antro.
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Ciudad
La radiografía moral de una ciudad a través de sus esquinas. Primera Parte
Reportaje histórico, político y urbano de la nomenclatura potosina
«No nos une el amor sino el espanto;
será por eso que la quiero tanto.»
Jorge Luis Borges, «Buenos Aires», en El otro, el mismo (1964)
Por: Jorge Saldaña.
Caminar por San Luis Potosí es, sin que uno se dé mucha cuenta, un acto de paciencia historiográfica. Uno cree que va a comprar el pan, pero en realidad atraviesa cuatro siglos, tres regímenes, una revolución y una pulquería desaparecida. La esquina —esa institución tan mexicana— se vuelve aquí un libro abierto al que le faltan páginas, le sobran portadas y sostiene memorias cono nombres hechas de azulejo, metal o placa, que de no nombrarse ahí, nadie más las nombraría y menos las recordarían.
Lo cuento como periodista urbano, también como ciudadano y no como acusador. Esto no es una denuncia: es una caminata. Una caminata larga, tropezada y deliciosa por un casco antiguo donde una sola vía recta puede llamarse «Mariano Arista» en una placa, «ARISTA» en la siguiente y, dos cuadras más allá, «GRAL. M. ARISTA», todo en distintos materiales, todo igual de oficial, todo igual de imposible. Un solo general, tres nombres; un solo cabildo pero ningún acuerdo.
El estudio del licenciado Constantino Méndez sobre las inconsistencias actuales de la nomenclatura y el «Diccionario histórico de las calles de San Luis Potosí» de don Arcadio Castro Escalante —en su libro «Por las viejas calles de aquel San Luis»— dejaron consignado lo que aquí se cuenta con prosa de domingo: que la nomenclatura de esta ciudad es un palimpsesto -esos manuscritos en pergamino que conservan huellas de una escritura anterior- al igual que nuestro centro, en cada placa hay un héroe encima de un pordiosero, un revolucionario encima de un cura, una avenida encima de una zanja. Y que la abuela, terca, sigue diciendo «La Corriente» cuando el plano oficial dice «Reforma» desde hace ya un siglo.
El verso de Borges con que se abre este reportaje no es decorativo. Es la llave. Porque si hay una manera de querer a las ciudades, esa manera es contradictoria: las queremos por lo que nos avergüenza de ellas. Las queremos por su desorden, por su terquedad, por su modo de no obedecer. San Luis Potosí entra en esa categoría con orgullo. Es una ciudad que se ama, en parte, por su incapacidad para ponerse de acuerdo consigo misma.
De los apodos a los apellidos
En 1828, recién consumada la Independencia, el Ayuntamiento potosino se topó con un problema simpático y propio de la época: necesitaba bautizar oficialmente sus calles, pero no tenía a quién honrar. A los españoles ya no se les quería —era demasiado pronto—, y los héroes nacionales todavía no alcanzaban para tantas esquinas. La solución fue salomónica y muy mexicana: dejar los apodos populares y ponerle apellido de vecino distinguido a lo que faltara.
Así se inauguró, sin saberlo, la primera ley no escrita de la nomenclatura potosina: la calle no se nombra, la calle se hereda. Hereda al insurgente cuando llega la Independencia, hereda al liberal cuando llega la Reforma, hereda al revolucionario cuando llega 1914 —el año bisagra, el del gran rebautizo— y hereda al fraccionador cuando llega el siglo XXI con sus colonias bautizadas con nombres de árboles que aquí no crecen.
Antes de 1828, sin embargo, las calles ya tenían nombre: solo que el nombre lo ponía el barrio, no el cabildo. La calle de la Cruz se llamaba así porque había una gran cruz divisoria entre la ciudad y la villa de San Miguelito. La de las Bóvedas porque allí se levantaron las primeras casas con techo abovedado. La del Arenal porque las lluvias de La Merced llenaban de arena la cuadra. La de los Burros porque los arrieros amarraban sus bestias antes de bajar a la Plaza de Armas. La de la Tamalera porque ahí vivía una mujer cuyos tamales eran de gran demanda.
Estos nombres, hoy reemplazados por placas con apellidos solemnes, eran en realidad un primer sistema completo y eficaz. Funcionaba etnográficamente: nombraba lo que estaba, no lo que se quería honrar. Era una nomenclatura sin proyecto político, asentada en la observación cotidiana. Por eso, cuando el cabildo intentó imponer apellidos en 1828, lo hizo sobre un sustrato vivo que ofreció resistencia silenciosa. La gente siguió diciendo «La Tamalera» mientras la placa decía «Julián de los Reyes».
La cuadra como unidad onomástica
Hasta bien entrado el siglo XIX, una vía recta no tenía un nombre: tenía tantos nombres como cuadras. La calle Iturbide, por ejemplo, en 1864 se desplegaba en ocho identidades distintas: «Ciprés», «Palaus», «Chino o Clima», «Filantropía», «Guayabo», «Mora», «Cocheros» y «Chica». La calle Vallejo se dividía en cinco: «Remedios», «Las Recogidas», «Plaza de Las Recogidas», «Lucero» y «San Miguelito». Manuel José Othón —el poeta— caminaba de niño por una vía que cambiaba cinco veces de nombre.
La avenida Carranza es el caso emblemático. En 1864 era cinco calles distintas en una sola línea: «La Cárcel» las dos primeras cuadras, «Maltos» las dos siguientes, «El Elefante» la quinta, y todo el resto «Real de Tequisquiapan». Cinco nombres, una traza. Hoy es una sola Carranza —liberal, rectísima, peatonal en su tramo histórico— pero quien camine por ahí está caminando, sin saberlo, sobre el rastro de un elefante, una cárcel y un señor de apellido Maltos del que no quedó memoria.
«Una descripción de Zaira como es hoy debería contener todo el pasado de Zaira. Pero la ciudad no dice su pasado, lo contiene como las líneas de una mano, escrito en los ángulos de las calles, en las rejas de las ventanas, en los pasamanos de las escaleras […], surcado a su vez cada segmento por raspaduras, muescas, incisiones, cañonazos.»
Italo Calvino, Las ciudades invisibles (1972)
Calvino no escribió sobre San Luis Potosí, pero pudo haberlo hecho. Su descripción de Zaira describe con exactitud lo que cualquier potosino ve al levantar la cabeza en una esquina del primer cuadro: la ciudad no cuenta su pasado, lo contiene. Lo carga en cada placa que no se quitó, en cada rótulo que se dejó conviviendo con el nuevo, en cada rincón donde el catastro y la abuela difieren y nadie se atreve a darle la razón a uno solo de los dos.
Esta lógica de los muchos nombres por cuadra tenía sentido en una ciudad pequeña. Cada tramo coincidía con un edificio característico, una anécdota memorable, un vecino famoso. Cuando la población creció y la administración pública se profesionalizó, ese sistema se volvió insostenible. Una calle con siete nombres no se puede catastrar, no se puede cobrar predial, no se puede patrullar. La unificación llegaría —y llegaría con una ideología.
Las cuatro fechas bisagra
La nomenclatura de San Luis Potosí no cambió de una vez. Cambió en oleadas, y cada oleada lleva la firma del régimen que la promovió. Cuatro son las fechas que conviene memorizar:
- 1828: primera nomenclatura oficial. Es la ola del cabildo independiente. Domina la mezcla de apellidos distinguidos y nombres triviales, por escasez de héroes.
- 1860–1870: primera ola liberal. Tras las Leyes de Reforma, aparecen Galeana, Morelos, Hidalgo, Allende sustituyendo nombres conventuales y virreinales. Es el primer barrido ideológico.
- 1914: el gran rebautizo revolucionario. La nomenclatura moderna —Carranza, Obregón, Madero, Zapata, 5 de Mayo— se impone sobre los antiguos nombres por cuadra. Es el momento más drástico: lo que había tardado tres siglos en sedimentar se sobrescribió en pocos años.
- 1930: ola posrevolucionaria. Aparecen nombres de gobernadores y políticos locales (Julián Carrillo, Francisco Alcalde, Ildefonso Díaz de León). La memoria estatal entra a competir con la memoria nacional.
Si uno camina hoy el centro y lee placa por placa, está leyendo —en estricto rigor— la geología política de la ciudad. La capa más profunda es colonial: convento, virgen, cruz. La siguiente, decimonónica: apellido distinguido, anécdota local. Encima, la liberal: insurgente. Encima, la revolucionaria: jefe armado. Encima, la postrevolucionaria: gobernador. Y en los fraccionamientos nuevos, la capa contemporánea: árbol exótico, flores, montañas y cordilleras. Cinco capas, una ciudad.
La memoria popular como capa subterránea
Hay una capa más, sin embargo, que ningún régimen logró borrar: la oral. Las placas también hablan de lo que el poder quiso olvidar. La calle de Las Manitas —hoy un tramo de Abasolo— se llamó así porque ahí enterraron las manos de un homicida. La de Las Cruces —hoy un tramo de Universidad— porque dos hombres se mataron mutuamente y se les puso cruces en el sitio. Estos nombres no entraron a la oficialidad porque la oficialidad prefiere héroes; pero la oralidad los recuerda. La calle, otra vez, no se borra: se tapa.
Y hay nombres populares que sí lograron permanecer, contra todo pronóstico. La calle Juan del Jarro lleva el nombre de Juan de Azios Ramírez, un pordiosero potosino del siglo XIX, vestido de harapos y con un jarro al hombro para pedir agua y comida. Se le atribuían dotes adivinatorias; la gente lo consultaba sobre fechas de muerte y matrimonios futuros, y atinaba lo suficiente para volverse leyenda. Cuando murió, le pusieron calle. Es uno de los pocos sitios en México donde un mendigo tiene placa oficial. Cosa rara, cosa potosina, cosa hermosa.
Ciudad
Galindo ve “mano negra” en conflicto por predio de Puerta de Piedra
El Ayuntamiento propuso habilitar un terreno contiguo como parque urbano, con obras incluidas, pero no hubo respuesta del grupo inconforme
Por: Redacción
Enrique Galindo Ceballos, alcalde de San Luis Potosí, aseguró que existen “manos negras” detrás del conflicto por el predio municipal en el fraccionamiento Puerta de Piedra, luego de que un grupo de vecinos promoviera un amparo para frenar su subasta.
El edil sostuvo que la oposición al proyecto dejó de tener lógica tras haber ofrecido alternativas formales a los inconformes, incluyendo la habilitación de otro terreno contiguo como parque urbano.
“No sé de quién, pero hay dos manos negras. Yo no me la creo. Si te ofrecen otro terreno, con iluminación, cercado y árboles, y no hay respuesta, entonces esto ya salió de la razón lógica”, declaró.
Galindo afirmó que el Ayuntamiento mantuvo diálogo con el grupo y respondió por escrito a sus peticiones, pero acusó que, en lugar de continuar con las negociaciones, optaron por judicializar el caso.
Además, rechazó que el proceso de subasta haya sido suspendido en su totalida d, como han señalado integrantes del colectivo, al insistir en que el tema se encuentra en litigio y que el Cabildo aprobó la desincorporación de los predios conforme a la ley.
“No se hubiera subastado si no tuviera las condiciones legales. Fue aprobado por unanimidad”, sostuvo.
En contraste, el Colectivo Bosque Urbano Puerta de Piedra ha defendido el amparo interpuesto el pasado 13 de marzo, el cual fue admitido el 10 de abril por un juez, quien ordenó la suspensión del proceso de subasta de al menos 18 predios mientras se analiza el caso.
La audiencia constitucional del caso está programada para el próximo 8 de mayo, fecha en la que se definirá si el proceso de subasta puede continuar o si se confirma la protección legal de los predios.
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Afirma SSPC que la violencia se incrementa con el calor
El secretario Juan Antonio Villa reveló que con la temperatura la gente se vuelve más irritable, además de que aumenta el consumo de alcohol
Por: Redacción
Juan Antonio Villa Gutiérrez, titular de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC), señaló que han encontrado una correlación entre el incremento de actos de violencia y el aumento en las temperaturas.
Explicó que el calor genera que mucha gente se vuelva más irritable, por lo que en lugares muy cerrados o en casas pequeñas donde se exponencía la sensación térmica, crecen los incidentes de violencia, como puede ser la familiar.
Asimismo, en esta temporada se incrementa el consumo de bebidas alcohólicas, por lo que las personas tienden a embriagarse más, y “se ponen violentos” contra las personas a su alrededor.
Añadió que ante esta situación, han reforzado la seguridad para prevenir estos delitos, instruyendo al Agrupamiento Especial para Atención de Violencia de Género a tratar de manera inmediata los reportes.
Comentó que en la última semana atendieron 14 denuncias de este tema, de las cuales, cuatro resultaron procedentes, con los involucrados siendo puestos a disposición de la Fiscalía General del Estado.
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