Ciudad
Presentan Premio San Luis Potosí de Gobierno Abierto 2019
Recibirán de la sociedad civil iniciativas para mejorar las prácticas gubernamentales
Por Redacción:
La Coordinadora de la Mesa Directiva del Premio San Luis Potosí de Gobierno Abierto, Clara Leticia Serment Cabrera, con la presencia del Contralor General del Estado, José Gabriel Rosillo Iglesias, presentaron la Convocatoria de la edición 2019, que tiene como objetivo reconocer a los mejores proyectos en la materia e impulsar la colaboración de la sociedad civil en la generación de ideas e iniciativas que fortalezcan la transparencia y rendición de cuentas gubernamental.
En el marco del Foro Potosino de Gobierno Abierto, Rosillo Iglesias, indicó que la participación está divida en tres categorías: iniciativas de la sociedad civil, iniciativas gubernamentales municipales e iniciativas gubernamentales estatales.
El Contralor General del Estado, destacó que estos proyectos pueden ser presentados por organismos no gubernamentales, centros de investigación, instituciones educativas del nivel superior, así como estudiantes, académicos y sociedad civil.
Agregó que las dependencias y entidades de cualquiera de los 58 municipios que integran el estado podrán hacerlo en la gubernamental municipal y aquellas dependencias y entidades del Ejecutivo en la categoría gubernamental estatal.
Rosillo Iglesias, dijo que las iniciativas deben ser orientadas a generar espacios de participación ciudadana, mejorar la calidad y valor de la información pública, y/o mejorar trámites y servicios que ofrecen tanto los gobiernos municipales como el estatal, tomando como eje los 4 pilares de Gobierno Abierto: transparencia, participación ciudadana, rendición de cuentas e innovación.
Además, los proyectos participantes serán evaluados por un comité de evaluación designado por la Mesa Directiva del Premio, quienes realizarán el fallo de las iniciativas registradas en el periodo establecido por la convocatoria del 23 de mayo al 20 de octubre del presente año
.El Grupo Evaluador otorgara el Premio San Luis Potosí de Gobierno Abierto a los dos primeros lugares de cada una de las categorías convocadas.
El funcionario, señaló que la edición 2018 del premio registró 57 propuestas dentro de las tres categorías participantes, el 44 por ciento de ellas provenían de la sociedad civil. Los ganadores del primer lugar por cada categoría fueron: Desarrollo Rural de San Luis Potosí, A.C, Seguro Popular y el DIF Estatal quienes han trabajado junto a la Contraloría General del Estado para colocar las iniciativas en el contexto y puedan ser concretados en beneficio de la sociedad civil.
Finalmente, el Contralor General del Estado, José Gabriel Rosillo Iglesias, indicó que la convocatoria puede ser consultada en la página web www.premiosanluisgobiernoabierto.org.
A esta presentación asistieron Joel Salas Suárez, Comisionado en Instituto Federal de Acceso a la Información Pública; Alfredo Elizondo Rosales, Coordinador del Núcleo de organizaciones de la Sociedad Civil; Paulina Sánchez Pérez del Pozo, Comisionada Estatal de Garantía de Acceso a la Información Pública, el Presidente del Colegio de San Luis, Eduardo Vázquez Salguero y funcionarios del Gabinete Legal del Gobierno del Estado.
Ayuntamiento de SLP
Se realizarán importantes mejorías en escuelas municipales: Joel Ramírez
El director de Educación Municipal aseguró que se encuentran realizando ampliaciones a los planteles ante el incremento de la demanda
Por: Redacción
Joel Ramírez Díaz, director de Educación Municipal, aseguró que se encuentran realizando importantes mejorías en los distintos planteles educativos operados por el Sistema Educativo Municipal.
El director destacó la inversión que se está efectuando en el estado físico de los planteles, con la renovación gradual de bardas y techos que ya no se encontraban en óptimas condiciones.
Asimismo, resaltó que se está implementando un “Gran Proyecto de Equipamiento de Computadoras”, con el cual, se pretende que todas las escuelas puedan estar totalmente cubiertas en cuanto a equipos computacionales para favorecer el aprendizaje.
Por otro lado, reconoció que han registrado algunas bajas en el personal docente, por lo que se encuentran realizando las gestiones necesarias para poder completar la plantilla de maestra a la brevedad posible.
Ramírez Díaz comentó que, al contrario de lo que pasa en muchos de los planteles de educación básica, en los que ellos operan no se ha registrado una disminución en la matrícula, sino todo lo contrario, pues ha aumentado la demanda.
Explicó que esto conlleva una fuerte responsabilidad para su dependencia, ya que ante el incremento de las solicitudes de ingreso, tienen que realizar modificaciones para poder recibirlos a todos en el próximo ciclo escolar.
Indicó que esta situación se ha registrado en muchas primarias rurales, así como en preparatorias como la Ponciano Arriaga.
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Ciudad
De 8 patrullas a una policía equipada: la apuesta de Galindo
El alcalde aseguró que su administración cerrará con una corporación mejor pagada, equipada y evaluada
Por: Redacción
Enrique Galindo Ceballos, alcalde de San Luis Potosí, aseguró que su administración avanza con el objetivo de dejar a la capital con “la mejor policía de México” al cierre del actual trienio.
El edil afirmó que, aunque la corporación ya se ubica entre las diez mejores evaluadas del país —tras haber iniciado en posiciones rezagadas—, su meta es entregar una institución completamente consolidada, tanto en su estructura como en su desempeño.
“Mi interés es heredar a la ciudad una policía al 100%, completa, integrada y bien evaluada”, señaló.
Galindo destacó que uno de los pilares de esta estrategia ha sido la mejora en las condiciones laborales de los elementos, al asegurar que se trata de la policía municipal mejor pagada, con salarios que rondan los 22 mil pesos, además de prestaciones y condiciones que buscan dignificar la labor policial.
En cuanto al equipamiento, el alcalde adelantó que se trabaja para dejar también a la corporación como una de las mejor equipadas a nivel municipal en el país . Recordó que al inicio de su gestión recibieron apenas ocho patrullas, mientras que actualmente la mayoría del parque vehicular es propio y no rentado.
Además, anunció que durante este año se incorporarán 20 patrullas adicionales y 10 motocicletas, junto con nuevas inversiones en tecnología e infraestructura que serán dadas a conocer próximamente.
Finalmente, Galindo hizo un llamado a la ciudadanía a dar seguimiento y defender los estándares alcanzados, al considerar que la continuidad de estos avances dependerá también de la exigencia social hacia las futuras administraciones.
“La clave es que la ciudadanía mantenga ese nivel de exigencia y recuerde los resultados que hoy se están entregando”, concluyó.
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Ciudad
La radiografía moral de una ciudad a través de sus esquinas. Primera Parte
Reportaje histórico, político y urbano de la nomenclatura potosina
«No nos une el amor sino el espanto;
será por eso que la quiero tanto.»
Jorge Luis Borges, «Buenos Aires», en El otro, el mismo (1964)
Por: Jorge Saldaña.
Caminar por San Luis Potosí es, sin que uno se dé mucha cuenta, un acto de paciencia historiográfica. Uno cree que va a comprar el pan, pero en realidad atraviesa cuatro siglos, tres regímenes, una revolución y una pulquería desaparecida. La esquina —esa institución tan mexicana— se vuelve aquí un libro abierto al que le faltan páginas, le sobran portadas y sostiene memorias cono nombres hechas de azulejo, metal o placa, que de no nombrarse ahí, nadie más las nombraría y menos las recordarían.
Lo cuento como periodista urbano, también como ciudadano y no como acusador. Esto no es una denuncia: es una caminata. Una caminata larga, tropezada y deliciosa por un casco antiguo donde una sola vía recta puede llamarse «Mariano Arista» en una placa, «ARISTA» en la siguiente y, dos cuadras más allá, «GRAL. M. ARISTA», todo en distintos materiales, todo igual de oficial, todo igual de imposible. Un solo general, tres nombres; un solo cabildo pero ningún acuerdo.
El estudio del licenciado Constantino Méndez sobre las inconsistencias actuales de la nomenclatura y el «Diccionario histórico de las calles de San Luis Potosí» de don Arcadio Castro Escalante —en su libro «Por las viejas calles de aquel San Luis»— dejaron consignado lo que aquí se cuenta con prosa de domingo: que la nomenclatura de esta ciudad es un palimpsesto -esos manuscritos en pergamino que conservan huellas de una escritura anterior- al igual que nuestro centro, en cada placa hay un héroe encima de un pordiosero, un revolucionario encima de un cura, una avenida encima de una zanja. Y que la abuela, terca, sigue diciendo «La Corriente» cuando el plano oficial dice «Reforma» desde hace ya un siglo.
El verso de Borges con que se abre este reportaje no es decorativo. Es la llave. Porque si hay una manera de querer a las ciudades, esa manera es contradictoria: las queremos por lo que nos avergüenza de ellas. Las queremos por su desorden, por su terquedad, por su modo de no obedecer. San Luis Potosí entra en esa categoría con orgullo. Es una ciudad que se ama, en parte, por su incapacidad para ponerse de acuerdo consigo misma.
De los apodos a los apellidos
En 1828, recién consumada la Independencia, el Ayuntamiento potosino se topó con un problema simpático y propio de la época: necesitaba bautizar oficialmente sus calles, pero no tenía a quién honrar. A los españoles ya no se les quería —era demasiado pronto—, y los héroes nacionales todavía no alcanzaban para tantas esquinas. La solución fue salomónica y muy mexicana: dejar los apodos populares y ponerle apellido de vecino distinguido a lo que faltara.
Así se inauguró, sin saberlo, la primera ley no escrita de la nomenclatura potosina: la calle no se nombra, la calle se hereda. Hereda al insurgente cuando llega la Independencia, hereda al liberal cuando llega la Reforma, hereda al revolucionario cuando llega 1914 —el año bisagra, el del gran rebautizo— y hereda al fraccionador cuando llega el siglo XXI con sus colonias bautizadas con nombres de árboles que aquí no crecen.
Antes de 1828, sin embargo, las calles ya tenían nombre: solo que el nombre lo ponía el barrio, no el cabildo. La calle de la Cruz se llamaba así porque había una gran cruz divisoria entre la ciudad y la villa de San Miguelito. La de las Bóvedas porque allí se levantaron las primeras casas con techo abovedado. La del Arenal porque las lluvias de La Merced llenaban de arena la cuadra. La de los Burros porque los arrieros amarraban sus bestias antes de bajar a la Plaza de Armas. La de la Tamalera porque ahí vivía una mujer cuyos tamales eran de gran demanda.
Estos nombres, hoy reemplazados por placas con apellidos solemnes, eran en realidad un primer sistema completo y eficaz. Funcionaba etnográficamente: nombraba lo que estaba, no lo que se quería honrar. Era una nomenclatura sin proyecto político, asentada en la observación cotidiana. Por eso, cuando el cabildo intentó imponer apellidos en 1828, lo hizo sobre un sustrato vivo que ofreció resistencia silenciosa. La gente siguió diciendo «La Tamalera» mientras la placa decía «Julián de los Reyes».
La cuadra como unidad onomástica
Hasta bien entrado el siglo XIX, una vía recta no tenía un nombre: tenía tantos nombres como cuadras. La calle Iturbide, por ejemplo, en 1864 se desplegaba en ocho identidades distintas: «Ciprés», «Palaus», «Chino o Clima», «Filantropía», «Guayabo», «Mora», «Cocheros» y «Chica». La calle Vallejo se dividía en cinco: «Remedios», «Las Recogidas», «Plaza de Las Recogidas», «Lucero» y «San Miguelito». Manuel José Othón —el poeta— caminaba de niño por una vía que cambiaba cinco veces de nombre.
La avenida Carranza es el caso emblemático. En 1864 era cinco calles distintas en una sola línea: «La Cárcel» las dos primeras cuadras, «Maltos» las dos siguientes, «El Elefante» la quinta, y todo el resto «Real de Tequisquiapan». Cinco nombres, una traza. Hoy es una sola Carranza —liberal, rectísima, peatonal en su tramo histórico— pero quien camine por ahí está caminando, sin saberlo, sobre el rastro de un elefante, una cárcel y un señor de apellido Maltos del que no quedó memoria.
«Una descripción de Zaira como es hoy debería contener todo el pasado de Zaira. Pero la ciudad no dice su pasado, lo contiene como las líneas de una mano, escrito en los ángulos de las calles, en las rejas de las ventanas, en los pasamanos de las escaleras […], surcado a su vez cada segmento por raspaduras, muescas, incisiones, cañonazos.»
Italo Calvino, Las ciudades invisibles (1972)
Calvino no escribió sobre San Luis Potosí, pero pudo haberlo hecho. Su descripción de Zaira describe con exactitud lo que cualquier potosino ve al levantar la cabeza en una esquina del primer cuadro: la ciudad no cuenta su pasado, lo contiene. Lo carga en cada placa que no se quitó, en cada rótulo que se dejó conviviendo con el nuevo, en cada rincón donde el catastro y la abuela difieren y nadie se atreve a darle la razón a uno solo de los dos.
Esta lógica de los muchos nombres por cuadra tenía sentido en una ciudad pequeña. Cada tramo coincidía con un edificio característico, una anécdota memorable, un vecino famoso. Cuando la población creció y la administración pública se profesionalizó, ese sistema se volvió insostenible. Una calle con siete nombres no se puede catastrar, no se puede cobrar predial, no se puede patrullar. La unificación llegaría —y llegaría con una ideología.
Las cuatro fechas bisagra
La nomenclatura de San Luis Potosí no cambió de una vez. Cambió en oleadas, y cada oleada lleva la firma del régimen que la promovió. Cuatro son las fechas que conviene memorizar:
- 1828: primera nomenclatura oficial. Es la ola del cabildo independiente. Domina la mezcla de apellidos distinguidos y nombres triviales, por escasez de héroes.
- 1860–1870: primera ola liberal. Tras las Leyes de Reforma, aparecen Galeana, Morelos, Hidalgo, Allende sustituyendo nombres conventuales y virreinales. Es el primer barrido ideológico.
- 1914: el gran rebautizo revolucionario. La nomenclatura moderna —Carranza, Obregón, Madero, Zapata, 5 de Mayo— se impone sobre los antiguos nombres por cuadra. Es el momento más drástico: lo que había tardado tres siglos en sedimentar se sobrescribió en pocos años.
- 1930: ola posrevolucionaria. Aparecen nombres de gobernadores y políticos locales (Julián Carrillo, Francisco Alcalde, Ildefonso Díaz de León). La memoria estatal entra a competir con la memoria nacional.
Si uno camina hoy el centro y lee placa por placa, está leyendo —en estricto rigor— la geología política de la ciudad. La capa más profunda es colonial: convento, virgen, cruz. La siguiente, decimonónica: apellido distinguido, anécdota local. Encima, la liberal: insurgente. Encima, la revolucionaria: jefe armado. Encima, la postrevolucionaria: gobernador. Y en los fraccionamientos nuevos, la capa contemporánea: árbol exótico, flores, montañas y cordilleras. Cinco capas, una ciudad.
La memoria popular como capa subterránea
Hay una capa más, sin embargo, que ningún régimen logró borrar: la oral. Las placas también hablan de lo que el poder quiso olvidar. La calle de Las Manitas —hoy un tramo de Abasolo— se llamó así porque ahí enterraron las manos de un homicida. La de Las Cruces —hoy un tramo de Universidad— porque dos hombres se mataron mutuamente y se les puso cruces en el sitio. Estos nombres no entraron a la oficialidad porque la oficialidad prefiere héroes; pero la oralidad los recuerda. La calle, otra vez, no se borra: se tapa.
Y hay nombres populares que sí lograron permanecer, contra todo pronóstico. La calle Juan del Jarro lleva el nombre de Juan de Azios Ramírez, un pordiosero potosino del siglo XIX, vestido de harapos y con un jarro al hombro para pedir agua y comida. Se le atribuían dotes adivinatorias; la gente lo consultaba sobre fechas de muerte y matrimonios futuros, y atinaba lo suficiente para volverse leyenda. Cuando murió, le pusieron calle. Es uno de los pocos sitios en México donde un mendigo tiene placa oficial. Cosa rara, cosa potosina, cosa hermosa.
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