#4 Tiempos
Paseos en el Louvre | Columna de Juan Jesús Priego
LETRAS minúsculas
Es triste el destino de los museos, y entre más grande el museo, más triste el destino. El que vive en sus cercanías no lo visita: ya lo hará después; y el turista, que sí lo visita, lo recorre casi volando, saltándose salas y esquivando galerías.
«¿Dónde está la Gioconda?», pregunta el visitante apresurado al entrar al Louvre. Como se dice, las cosas claras: él ha venido únicamente a tomarse la foto. Una foto con la Gioconda, otra con la Venus de Milo, otra más con el San Francisco del Giotto (porque le quedó de paso), la última con un cuadro de Delacroix para demostrar que también vio otras cosas, y buenas noches: bastante le queda por otear en ese París que no se acaba.
Por decir así, entró al Museo para ver lo que ya había visto muchas veces en libros de arte y tarjetas postales: para cumplir con una obligación moral. No le gustaría que al estar de vuelta en casa, sus allegados lo acribillaran con recriminaciones del tipo: «¡Cómo! ¿No visitaste el Louvre? ¡Apenas podemos creerlo!», etcétera. Ante semejante eventualidad no sabría qué responder ni dónde meterse de vergüenza. Así que mejor una breve visita y todos tranquilos.
Cuando nuestro turista, tras rebasar cientos y aun miles de pinturas que no ve, llega por fin a la sala buscada, no puede evitar que el corazón le dé un vuelco. El que lo observara desde la distancia con un poco de atención juraría que se halla sumamente sorprendido. Y sí que lo está, pero no por la Gioconda (pues, según se ha dicho, él ya la ha visto en infinidad de reproducciones y litografías), sino por el hecho de estar donde está y no poder sacarse una foto sin que las cabezas anónimas que andan sueltas por ahí acaben saliendo en ella.
Como quiera que sea, logra abrirse paso, aprieta el botón de la cámara y colorín colorado: la estancia en el museo se ha acabado.
Esta actitud para con la obra de arte ya había sido denunciada por un filósofo judío de lengua alemana llamado Walter Benjamin (1892-1940); fue él quien dijo en un ensayo de 1936 que tan pronto como las obras de arte empezaran a reproducirse industrialmente empezarían también a perder esa aura de respeto que las circundaba. A diferencia de la artesanía (que es realizada mediante cánones invariables heredados de la tradición y que, por tanto, es un objeto que se repite constantemente a sí mismo), la obra de arte es única e irrepetible, y en eso radica su valor. Ahora bien, desde el momento en que pueden encontrarse copias de dicha obra hasta en una bolsa de papas fritas, en una caja de cereales para el desayuno, o incluso en la pared más sucia e innoble, ésta ha muerto por exceso de banalización.
El antiguo, si así lo quería -por no tener a su alrededor la cantidad de objetos e imágenes que reclaman, en cambio, la atención del ciudadano posmoderno-, podía quedarse horas y horas contemplando una modesta pintura, considerando los detalles y tratando de aprehender el gran significado del conjunto. De hecho, fue gracias a esta atención todavía virgen que la Iglesia, a partir de los siglos V y VI, empezó a decorar sus templos con obras pictóricas que venían a ser como la Biblia de los iletrados: «Las pinturas se usan –escribió San Gregorio Magno hacia el año 600- para que, qui en no sepa leer, pueda leer en las paredes lo que es incapaz de leer en los libros».
Los constructores de las catedrales medievales suponían que el creyente, al no estar poseído por la prisa, se detendría a observar los cuadros y que, gracias a ese ejercicio de atención, su vida se vería afectada para bien: cosa ésta que, por lo demás, hoy ya no es tan segura gracias a esa multiplicación de las imágenes de que se quejaba nuestro pensador.
Ahora bien, ¿por qué este malestar? ¿Sólo por el aura perdida de las obras de arte? De ningún modo. Lo que está en juego no es solamente el aura de las imágenes, sino, a lo que parece, algo mucho más importante aún: la dimensión contemplativa de la vida. Escribió así Walter Benjamín: «La obra de arte en la época de su reproducibilidad técnica es una obra carente de aura, que no invita ya a la contemplación y al recogimiento, a una intensa vida espiritual, sino sólo a la diversión».
¿Quería decir nuestro autor que los manifiestos publicitarios, el cine, y hoy la televisión e internet, han acabado haciéndonos menos contemplativos y más superficiales que los hombres y mujeres de otros tiempos? Al parecer, sí.
En una hermosa novela francesa titulada La cote 400, Sophie Divry hace monologar así a la protagonista de su historia: «Visitar un museo en dos horas es una idiotez. ¡Dos horas apenas me bastan para un cuadro! Yo no soporto la ligereza, el conocimiento superficial». Sin embargo, hay que ser honestos y reconocer que los miembros de esta raza se encuentran ya en peligro evidente de extinción.
A los asiduos visitantes de la web, ¿no se les llama navegantes? Pero no son navegantes en sentido estricto: para serlo de veras, tendrían que internarse en el mar, cosa que éstos no hacen en modo alguno. Por lo genreal, no navegan, sino que surfean; no se anclan en las aguas espumantes –que decía Homero en la Odisea-, sino que solamente se deslizan por ellas.
Y muchos años después que Walter Benjamin, Jean Baudrillard, otro gran intelectual del siglo XX, confirmó el diagnóstico cuando afirmó que «el éxtasis de la Polaroid conduce a vivir en la superficie de lo que hay».
En el fondo, de lo que se trata es de recuperar el sentido de la admiración, pues sin él la vida nos parecerá siempre demasiado chata. Urge devolverle a las cosas –y no sólo a las obras de arte- el aura perdida: verlo todo como recién salido de las manos de Dios. Mientras los rostros nos sigan asombrando, los cuadros emocionando y los crepúsculos (como al Principito) entristeciendo, no todo estará perdido.
«Personalmente, estoy convencido de que el equilibrio del hombre depende en parte de su manera de situarse en el mundo, de su capacidad de asombro. Se juega en ello su felicidad» (Michel Hubaut).
También lee: Diálogos en el parque | Columna de Juan Jesús Priego
El Cronopio
El incansable escrutador del cielo, Enrique Chavira Navarrete | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
El 5 de junio de 1925 nace en la Ciudad de México Enrique Chavira Navarrete, el incasable escrutador del cielo; personaje que representa el renacer de la astronomía mexicana moderna. Heredero de los pioneros mexicanos de la astronomía que formaron los establecimientos para el estudio de la disciplina, entre ellos los potosinos Valentín Gama y Rodolfo Jurado y, muy especialmente de Joaquín Gallo quien le enseñó a observar y dar seguimiento a cuerpos celestes en el Observatorio de Tacubaya donde ingresó Chavira a trabajar, para luego pasar, al entonces naciente, Observatorio Nacional de Tonantzintla en Puebla, siendo de los astrónomos que iniciaron actividades en aquel lugar en 1943.
Su labor sería pionera al llevar a la astronomía observacional y a explicar que sucede en los fenómenos celestes que fue un paso significativo de la astronomía para usos prácticos que se realizaba en México a la astronomía moderna en el país, con el uso de nuevos instrumentos con los que contaría el Observatorio de Tonantzintla, como la cámara Schmidt, convirtiéndose en uno de los grandes observadores del cielo. El Observatorio de Tonantzintla se convertiría en uno d ellos principales centros de astronomía a nivel mundial, donde se descubrieron una buena cantidad de objetos celestes, participando en ello Enrique Chavira.
En los setenta, cuando yo estudiaba física en San Luis, visitamos el INAOE que había asumido ese nombre a principios de los setenta al extenderse el observatorio de Tonantzintla a las áreas de electrónica y óptica que se agregaban a la de astrofísica, el Instituto Nacional de Astrofísica Óptica y Electrónica, conocimos a Enrique Chavira quien nos mostraba parte de la instrumentación telescópica que contaba esa institución, posteriormente al ir a continuar mis estudios a Puebla, fui compañero de la maestría en física de su hija Elsa Chavira, de quien ya hemos comentado en esta sección, y visité varias veces su casa además de encontrarlo seguido en el INAOE; entre las visitas a su casa, una de ellas de varios días pues estaba convaleciente y la familia de Elsa me albergó, descubrí que Enrique Chavira era un estudioso de las arqueología, y que había recopilado una buena colección de objetos prehispánicos propios de la región cholulteca donde estaba alojado el INAOE , mismos que estudiaba con ahínco.
Enrique Chavira es uno de los pilares de la astronomía observacional en México, que lo llevo a ser integrado como investigador en 1952 del Observatorio Astrofísico Nacional de Tonantzintla (OANTon), destacando en la identificación y clasificación de galaxias y estrellas azules gracias a su preparación en análisis espectral.
Entre sus descubrimientos observacionales se encuentran, el de una supernova en la región de Sagitario, el registro del quasar Ton256, que en el nombre lleva las siglas del observatorio de Tonantzintla, el objeto extragaláctico más lejano observado por la Cámara Schmidt de Tonantzintla y del Cometa Haro-Chavira en 1954 en la región del Toro. No es de extrañar que aparezca en el par de novelas de Elena Poniatowska que le dedicó la escritora al Observatorio de Tonantzintla donde trabajaba su esposo Guillermo Haro, compañero de Enrique Chavira.
A lo largo de más de cincuenta años contribuyó a la colección de más de 15 mil placas astrofotográficas del INAOE, sucesor del OANTON. La colección de placas astrofotográficas de la Cámara Schmidt de Tonantzintla que fue reconocida oficialmente en 2015 en el programa Memoria del Mundo de la UNESCO, cuestión que ya no pudo ser testigo Enrique Chavira Navarrete, pues su muerte ocurrió el 23 de noviembre del año 2000 en la Ciudad de Puebla donde radicó en todo ese tiempo.
Sus grandes descubrimientos y la intensa labor en pro de la astronomía mexicana le valieron diversas distinciones, diplomas, cédulas reales, medallas al mérito académico y el nombramiento de Investigador Emérito en el INAOE.
Enrique Chavira, el gran astrónomo observacional, pasa a la historia como uno de los pilares de la astronomía mexicana moderna.
También lee: La enseñanza de matemáticas para la vida, Emma Castelnuovo | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
#4 Tiempos
Gallardo manejó, Claudia le leyó el mapa | Apuntes de Jorge Saldaña
APUNTES
Culto Público, hijos de la forma y el fondo:
Les traigo la primicia. Hace unas horas estuvo aquí en la capital la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo.
Así. Sin aviso previo. Sin discurso. Rompiendo por completo — y si no me equivoco, por primera vez en su mandato — la forma de acudir a sus giras de fin de semana.
Los eventos a los que vino son, por donde se vea, guiños tiernos: premiar a un equipo de fut femenil en la Politécnica e inaugurar una cancha de futbol en Santa María del Río. Nada que ver con el estilo de sus giras. Y eso dice mucho.
La presidenta comenzó a visitar gobernadores. Y que el primero haya sido el potosino habla de la importancia que le da la mandataria a este estado de cara a la próxima contienda.
No dio discurso — seguramente algunas palabras a las premiadas y a los usuarios de la cancha —, pero su sola presencia dijo mucho más que cualquier micrófono encendido.
En los traslados estuvieron solo ella y el gobernador. Ni siquiera hubo chofer: manejó Gallardo. Y yo les apuesto, sin haberlo visto, que no hablaron del clima ni del partido México contra Corea.
Temas que sí tocaron, a mí juicio: la llamada Ley Serrano, la narrativa nacional construida sin contexto sobre la persecución a “voces críticas” — por fin la presidenta supo la calaña de personas a las que organismos internacionales defendieron con tanto ardor — y la realidad de fondo de ese asunto. Si hubo regaños, que bueno. Si se puso cada cosa en su lugar y en justa dimensión pues qué mejor.
En lo político les dejo dato para que ustedes le den mejor interpretación:
Nadie de Morena ni de Bienestar fue enterado. En Santa María del Río ni despertaron a la presidenta municipal — que es de Morena — y se enteró de la visita de Sheinbaum cuando apenas se andaba haciendo un huevito para el desayuno. Memo Morales y Rita tampoco estuvieron enterados, hasta donde se sabe.
Esos no son descuidos. Eso es mensaje.
Preguntas que dejo en el aire, porque yo no sé nada y ustedes sabrán leer mejor:
¿Comenzó la presidenta a hacer acuerdos rumbo al 27?
Si es así, se le aplaude que los haga en persona. Los mensajes encriptados y los “te mando decir con gestos” caen gordos.
¿Vino a conceder la “Excepción Ruth” estatutaria para amarrar la alianza Verde-Morena de cara a la gubernatura?
¿Vino a decirle al gobernador — no a preguntarle, ojo— cómo se va a llamar el candidato?
¿O ya quedaron en jugar a las venciditas uno contra el otro y buena suerte?
Yo por mi parte no sé nada. Yo apenas estaba echando baño para ir a misa de una en Tequis.
Buen domingo a todos y todas.
Yo soy Jorge Saldaña.
#4 Tiempos
Aún quedan 102 | Columna de Arturo Mena “Nefrox”
TESTEANDO
Comenzó la fiesta, la bola rodó en CDMX y Guadalajara, México y Corea pegaron primero y se llevaron los primeros puntos, se gritaron los primeros goles y la primera voltereta se dio en Jalisco. Así se cierra el primer día de actividades en tierra azteca. La pelota ahora va a Canadá y Estados Unidos.
En CDMX México ganó pero dejó dudas, un 2-0 que debió ser mucho más contundente, un equipo que no resolvió y un arquero sudafricano que salió inspirado fueron una constante en los 90, México con nerviosismo pudo romper la estadística de nunca haber triunfado en un partido inaugural después de 7 anteriores, lo hizo bien a secas y con una tarjeta roja que aunque cuestionable se sanciona y deja a la selección con una ausencia importante para el siguiente partido.
Más tarde en Guadalajara, el estadio de las Chivas fue testigo de un insípido primer tiempo que terminó 0-0
, partido nada digno de una justa tan importante, para la segunda parte los asiáticos comenzaron perdiendo, un tremendo saque de banda que fue catapultado emulando a un tiro de esquina consigue llevar un remate de cabeza impresionante, de ahí, Corea se levanta para terminar ganando 2-1 y sacar los tres puntos muy importantes para colocarse en segundo del grupo, solo por diferencia de goles detrás de México.Buen arranque de la fiesta aunque el fútbol de nivel sigue y probablemente seguirá ausente en esta primera ronda, el estallido de la copa se verá a partir del fin de semana, cuando arranquen hasta 4 partidos diarios. Justo ahí la fiesta se habrá puesto completamente buena.
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