#4 Tiempos
María Cristina me quiere gobernar | Columna de Jorge Saldaña
TERCERA LLAMADA.
Ella es joven y bonita, eso nadie se lo quita. María Cristina se llama por segundo nombre. Tiene apenas 22 años de edad, pero ya es muy poderosa e influyente en Nuevo León y firme heredera de fortunas de Jalisco.
También ha demostrado ser muy inteligente y hábil, de las que consigue lo que quiere y a las pruebas se remite.
Todas estas bondades y augurios de buen futuro, la han convertido en un gran partido y le han hecho brotar pretendientes por todo el país más rápido de lo que se instala un Oxxo en colonia nueva.
Dicen que María Cristina, para cuando cumpla sus 25, quiere tener conquistado a todo México, por encima incluso de una tal “Morena” (entre las que se sabe hay una historia de celos y por lo tanto se ha convertido en su rival).
Siendo liberal, progresista, auténtica y audaz, la atracción de María Cristina (¿Le parece si le llamamos en adelante solamente “MC” a ese gran partido y protagonista de nuestra historia?) también ha cautivado a pretendientes y pretendientas potosinos de los que enseguida estaré hablando.
Encantadoras y encantadores, como somos todos los de San Luis, ya se apuntan unos, otros y otras para mandar un guiño, un regalo o hasta un suspiro a MC para llamar su atención.
Los hay románticos, las hay directas, están los que juegan la carta de “Friendzone”, los galanes codiciados, los que se sienten con derechos familiares y hasta los ex. Total que todos quieren con MC.
Yo no sé cuál es cuál, ni distingo sus estrategias de conquista, lo que sí percibo es que, a excepción de un gandalla (nunca faltan), los pretendientes y pretendientas de MC pertenecen a la clase empresarial potosina.
Sí, algunos tienen hasta antecedentes políticos, pero digamos “político-empresariales”, todos.
Quieren con MC en San Luis, la excandidata al gobierno del estado (y empresaria) Marvely Constanzo, que la cantó directa diciendo “MC” yo te quiero y a la buena.
Les fascina la idea de que MC les haga ojitos a mi tocayo Jorge Armendáriz, a mi amigo Juan Carlos Valladares, a mi compadre Enrique Galván, al diputado priista (y hasta líder de bancada) Mauricio Ramírez Konishi. También se le ha visto con cara de enamorado al ex diputado panista Héctor Mendizábal, al ex funcionario labastidista, Emigdio Ilizaliturri Guzmán y a mi estimadísimo ex priista y ex candidato naranja, Chuy Rocha Martínez.
Ah bueno, se me olvidaba que jugando como enamorado adolescente, también se anota como pretendiente el propio ex alcalde Xavier Nava Palacios, que primero despreció a la joven y bonita, pero luego le “presentó a su cuate”, Sebastián Pérez. Imagínese la grosería de un “yo no quiero, pero aquí está mi amigo” (que feos modos de querer conquistar).
En fin, que si el universo fueran los pretendientes potosinos de MC en un diagrama de Venn (esos de las teorías de conjuntos), en la intersección de los tres o cuatro circulos, estaría un personaje de características muy particulares: Pablo Gil Delgado Ventura.
¿Quién es Pablo Gil Delgado? Preguntará usted. Bueno, a ese hombre su mejor carta de amor a MC se la escribió su tío (de esos lejanos, pero tío al fin y al cabo), que resulta ser el que dará la “bendición” a la muchacha, a MC, la “gran partido”.
Para referencias de Pablo Gil, puedo decir en lo positivo, que es un tipo simpático y de buen trato, lo conozco desde hace mucho, pero lo recuerdo últimamente muy acomedido y “solícito” con Xavier Nava cuando en su momento MC le hacía ojitos, al grado que el entonces alcalde hasta iba a desayunar los domingos a su casa.
También como referencia, he de contar una anécdota que revela al personaje: A Pablo Gil Delgado lo corrieron del Interapas por andar pidiendo “moches” por una compra de unos malacates (son aparatos para limpiar los drenajes según me explican).
Gil Delgado pidió “a nombre del titular” que el proveedor de diera su “respectivo 20 por ciento de la compra”, pero no contó que Ricardo Purata, el titular, se encontraría cara a cara con el vendedor de los artefactos y que, en el encuentro, el proveedor se disculpó por no haber todavía entregado el “respectivo moche”.
Purata entendió de inmediato el “enjuague” que Delgado montó en su nombre y lo cesó de manera fulminante. El entonces alcalde, guardando esperanzas con MC, lo “reubicó” en un área jurídica de la dirección de ecología. De todo existe evidencias y testimonios.
Ya se acerca veloz el 20 de noviembre, fecha en que la prometedora MC anunció escoger con quién ir al baile potosino. ¿Será el galán? ¿Será el gandalla? ¿Será el que abandona todo por MC? ¿Será la pretendienta directa? ¿O será el ex?
Esta historia de amor no termina, pero mientras tanto, yo me retiro cantando:
“María Cristina me quiere gobernar
y yo le sigo, le sigo la corriente,
porque no quiero que diga la gente,
que María Cristina, me quiere gobernar…”.
Hasta la próxima, Culto Público.
Atentamente,
Jorge Saldaña, el que pa´ ser sincero quiere mucho a Canela, odia la distancia a Nueva York, pero agradece a su encantadora brújula.
BEMOLES
HISTORIAS DEL TANGAMANGA
Órden hijos de mi vida. Vania Moreno Solano sigue al frente del Parque Tangamanga I y Enrique Alfonso Obregón sigue siendo el director administrativo y nada más. Puede que venga pronto un enroque, o un cambio, pero nada tienen que ver los borregos (aunque quizás sí otro mamífero rumiante). Hay cosas de fondo en el parque que deben ser explicadas con la seriedad que ameritan. ¿Ya se les olvidó que hasta “concesionaron” un restaurante hace algunos años al interior del mismo? De esos privilegios de entrenamientos de equitación y accesorios para fifís para el que fue usado el espacio en años anteriores, está bien enterado Enrique Alfonso Obregón, así que podría empezar a dar o explicaciones o resultados. Así que, despacio que no llevamos prisa. El parque guarda muchos secretos #YLosVamosAConocer
TERCOS Y PERDIDOS
Si alguien ve a Primo Dothé o a Elí Cervantes, ofrézcanle en caridad de Dios un trabajo o un pasatiempo, porque eso de andar convenciendo a maestros incautos de hacer desorden en la ciudad nada más porque sí (ya los motivos fueron atendidos) está de la patada para todos los potosinos. ¿Qué buscan los morenistas metidos a “intercesores” de maestros”? Si quieren defender al pueblo, ¿dónde estaban cuando fueron senadores? #CoherenciaLeDicen
ABRAZO SLP
Como regalo extra a los festejos emprendidos por el gobierno municipal de la capital por el 429 aniversario de nuestro querido San Luis, este aprendiz de reportero se enteró que muy pronto se estarán anunciando acciones conjuntas, entre el gobierno de Enrique Galindo y el de Ricardo Gallardo en materia de seguridad, obras de infraestructura y programas. Así, sin dinero y sin quejas. Estaremos pendientes. #FelicidadesSLP
EL MIJIS
Mire, le quería compartir un bemol sobre Pedro Carrizales y sus payasadas pero… ni vale la pena ya escribir de un desorientado y mentiroso bufón.
Hasta la próxima.
Lee también: Cuando el altar sea tuyo | Apuntes de Jorge Saldaña
#4 Tiempos
Al salir de la tienda | Columna de Juan Jesús Priego
LETRAS minúsculas
Al salir de la tienda la mujer se ve contenta: casi se diría que un relámpago de felicidad ha iluminado su rostro. Pero, sin duda, se trata sólo de un relámpago, pues de aquí a unas horas, cuando esté ya en casa, mirará con espanto las cifras que todo eso que va en las bolsas le ha costado y que deberá pagar tarde o temprano (ojalá que temprano, por su bien). ¡Dios mío, cuántas bolsas! Apenas puede con ellas. Yo le ayudaría a cargarlas, pero no creo que se fíe de un simple transeúnte cual soy yo, encontrado como al acaso.
Una conocida mía, cuando se siente sola y deprimida, va a las tiendas.
-¡Son para mí -me dijo un día- una excelente terapia! Veo, compro, y al comprar me distraigo.
Sí, yo todo esto lo entendía, pero una vez que estuvo especialmente deprimida compró en una sola tarde la nada risible cantidad de 30.000 pesos en faldas, blusas, vestidos y pantalones. Es claro que, a la hora de enseñar las notas, el que quiso darse un tiro en la cabeza fue su marido, aunque no lo hizo por puro respeto al qué dirán.
¿También esta mujer a la que veo salir se sintió deprimida y ha querido curarse comprando? La sigo de lejos; ahora, de hecho, sólo la veo de espaldas. Camina con dificultad y las bolsas de plástico, que no son pocas –hay verdes, amarillas, rojas, pero todas son grandes, como para caber uno dentro-, se le vienen de las manos a cada diez o quince pasos y entonces se detiene para tomar aire y acomodarlas. Yo también me detengo. La mujer, viéndolo bien, no es fea, aunque viéndolo mejor tampoco es bonita: diría que, en cuestión de belleza, es uno de esos seres que, como se dice, ni fu ni fa.
Ahora bien, con toda esa ropa que lleva en las bolsas, ¿qué es lo que pretende? ¿Gustar? En días pasados había escrito en mi diario –sí, señores, debo confesarlo, yo también llevo un diario en el que, por desgracia, casi nunca escribo a diario- lo siguiente:
«No hay manera de provocar el amor, no hay ninguna manera. Aquí la cosmética no sirve de nada. Se ama o no se ama, se gusta o no. Si comprendiéramos esto, el mundo aún tendría esperanzas de durar. Pero se producen zapatos, camisas, corbatas, pulseras, abrigos y autos a ritmos vertiginosos con el único fin de hacernos creer que se puede, con eso, seducir a los demás. La sabiduría consiste, sin embargo, en no engañarnos: ¿qué puede un auto, un perfume o un lápiz labial para suscitar el amor? El amor es gracia, es pura gracia, y el que crea poder provocarlo quedará siempre, al final, decepcionado. Saber esto, aceptar esto tendría que hacernos más naturales, más sencillos. Y también más resignados».
Miro a la mujer con ternura. Ella cree que con todas esas chácharas podrá ser más amada. Pero no, no será así como conseguirá lo que busca. No sé cuánto le durará la felicidad que he creído verle en el rostro. Deseo de todo corazón que le dure mucho. Adiós, amiga mía, adiós. Quisiera para ti la alegría.
Algunos días después de aquello, ya por la noche y antes de dormirme, me puse a leer un libro de Viktor E. Frankl (1905-1997), y en él pude encontrarme con esto que ahora me tomo el trabajo de transcribir porque confirma mis más negras sospechas:
«La impresión externa de la apariencia física de una persona es indiferente en cuanto a las posibilidades de que se la ame . Esto debe llevarnos a una actitud de retraimiento en lo que respecta a afeites y cosméticos. En efecto, hasta los lunares y los defectos de la belleza forman parte integrante e inseparable de la persona a quien se ama. Sabemos, por ejemplo, de una paciente que abrigaba la intención de embellecer su busto mediante una operación plástica de reducción del pecho, creyendo que con ello aseguraría mejor el amor de su esposo. El médico a quien pidió consejo la disuadió de hacerlo; entendió que si su marido la quería de verdad, como al parecer era el caso, la quería, indudablemente, tal y como era. Tampoco los vestidos de noche impresionan al hombre de por sí, sino solamente puestos en la mujer amada que los viste. Por último, la mujer de nuestro caso, inquieta, pidió su parecer al propio marido. Y éste le dio a entender, en efecto, con toda claridad, que el resultado de aquella operación sólo traería consecuencias perturbadoras, pues le llevaría, tal vez, a pensar: Ésta ya no es mi mujer; me la han cambiado». Y concluye el doctor Frankl: «En efecto, los hombres tienden generalmente a olvidar cuán relativamente pequeña es la importancia de los atavíos externos y cómo lo que importa en la vida amorosa es, fundamentalmente, la personalidad. Todos conocemos claros –y consoladores- ejemplos de cómo personas exteriormente poco atractivas e incluso insignificantes, triunfan en la vida amorosa gracias a su personalidad y a su encanto» (Psicoanálisis y existencialismo).
Cerré el libro y pensé de pronto en aquella mujer que había visto salir de los almacenes en días pasados. La ternura volvió a apoderarse de mí. Sí, me dije, a los comerciantes les interesa hacernos creer que el amor se consigue impresionando; sin embargo, los orígenes de toda relación son más humildes. Pregúntale a este hombre mata el tiempo tomándose un café o a aquel otro que cruza apresurado la avenida –sí, el del periódico bajo el brazo- qué vestido llevaba su mujer cuando la conoció y verás que no te lo dice. ¡Ni siquiera vio el vestido! Lo impresionó ella, no lo que ella llevaba puesto.
Y, de pronto, me escucho a mí mismo hablando con aquella desconocida apresurada: «No, amiga, no. Eso que traía usted hace unos días con tanta felicidad en las bolsas no sirve para lo que cree usted. Sirve, si usted quiere, para andar por la vida decorosamente y con cierta dignidad, pero sólo para eso sirve. Trate, más bien, de ser gentil, delicada, dulce; en una palabra, encantadora, y entonces se habrá hecho usted lo que se llama una personalidad. Y, cuando ya la tenga, verá que cuanto se ponga le vendrá siempre bien.
También lee: ¡CÁLLATE! | Columna de Juan Jesús Priego
#4 Tiempos
México vs México | Columna de Arturo Mena “Nefrox”
TESTEANDO
Durante muchos años, la Concacaf quiso convencernos de que el fútbol de la región estaba creciendo parejo.
Que la MLS ya había alcanzado.
Que Centroamérica resistía.
Que los gigantes mexicanos ya no imponían como antes.
Y entonces llega otra final.
Tigres contra Toluca.
México contra México.
Otra vez.
La Concacaf Champions Cup tiene algo curioso: cada torneo parece abrir la puerta a una sorpresa… hasta que aparece un club mexicano recordándole a todos cómo funciona realmente esta competencia.
Porque sí, hay historias emocionantes en el camino. Equipos que compiten, estadios que aprietan, noches donde parece que el dominio se tambalea. Pero al final, casi siempre termina pasando lo mismo: el trofeo se queda aquí.
Y no es casualidad.
Durante años, los equipos mexicanos entendieron algo que el resto de la región todavía persigue, este torneo no se juega solo con intensidad. Se juega con profundidad, con jerarquía y con la costumbre de competir bajo presión.
Por eso las finales recientes ya parecen parte de una misma memoria.
León imponiéndose con autoridad.
Monterrey haciendo del torneo una propiedad privada.
Pachuca apareciendo cuando parecía que el dominio se desgastaba.
América recordando que los ciclos pasan, pero el peso permanece.
Y cuando no gana México… el impacto se siente histórico.
Porque las excepciones son pocas. Muy pocas.
Seattle Sounders rompiendo la hegemonía en 2022 se sintió menos como un cambio de era y más como una anomalía que obligó a reaccionar. Antes de eso, había que ir demasiado lejos para encontrar un campeón que no hablara mexicano futbolísticamente.
Ese es el tamaño del dominio.
Ahora la historia pone enfrente a dos maneras distintas de entender el poder.
Tigres llega como ese equipo que aprendió a habitar estas noches. Ya no juega las finales con ansiedad; las juega con memoria. Sabe sufrirlas, sabe administrarlas y, sobre todo, sabe que los detalles terminan cayendo de su lado cuando el partido se rompe.
Toluca, en cambio, llega con algo diferente: hambre.
Con esa sensación de equipo que volvió a reconocerse. Que encontró ritmo, carácter y una identidad incómoda para cualquiera. Toluca no llega a esta final solo por talento; llega porque volvió a competir como club grande, como bicampeón. Y eso cambia todo.
Porque esta final no se siente improvisada.
Se siente lógica.
Son dos equipos que entendieron antes que nadie cómo sobrevivir a un torneo que exige viajar, rotar, adaptarse y competir cada tres días sin perder forma. Mientras otros clubes de la región todavía viven la Champions Cup como una oportunidad, algunos de los mexicanos la viven como obligación.
Y esa diferencia mental pesa demasiado.
Por eso, más allá de quién levante el trofeo, hay algo que ya quedó claro desde antes de jugarse la final:
La Concacaf volverá a tener campeón mexicano.
Otra vez.
Como ha pasado la mayor parte del tiempo.
Como pasa cuando la costumbre se vuelve estructura.
Como pasa cuando un país convierte un torneo regional en parte de su identidad futbolística.
Y quizá eso también explique por qué estas finales, aunque repetidas, nunca se sienten vacías.
Porque en el fondo no se trata solo de ganar la Concacaf.
Se trata de sostener un dominio que lleva décadas construyéndose. Uno que ha sobrevivido generaciones, formatos, discursos y proyectos extranjeros que prometían cambiar la jerarquía de la región.
Pero cada año, cuando llega mayo, el futbol termina acomodando las piezas en el mismo lugar.
Con un club mexicano levantando la copa.
Y con el resto de la Concacaf preguntándose cuánto falta para que eso deje de pasar.
También lee: Otra vez | Columna de Arturo Mena “Nefrox”
El Cronopio
Carmen Sarabia en la historia de la biología mexicana | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
Por: J.R. Martínez/Dr. Flash
Casada con un profesor convertido en naturalista y biólogo autodidacta, entró al mundo de la ciencia acompañando la pasión de su esposo el Sr. Ochoterena. La familia, compuesta de sólo el matrimonio, recorrerían los parajes de Durango en pleno movimiento revolucionario para trasladarse finalmente a la Ciudad de México, radicando por un tiempo en San Luis Potosí donde Ochoterena, como ya tratamos en entrega anterior, culminaría una de sus importantes obras científicas.
El limitado mundo de la mujer en esos tiempos, era allanado en parte por la comunión de pareja; muchos casos, que han quedado ocultos por la figura del esposo, podrían mencionarse, donde las mujeres se aliaron para cooperar en el trabajo intelectual y experimental de los esposos. Solo como ejemplo, un caso tratado en esta sección, y en especial en el mundo de la biología, Graciela Calderón compañera de Jerzy Rzedowski.
Mi propio trabajo de divulgación, principalmente en la realización de eventos, ha sido acompañado por el trabajo de mi esposa Ruth Gutiérrez, no siempre reconocido por la gente. El caso de la esposa de Ochoterena también es oculto, a excepción del propio Ochoterena que reconoce la labor de su esposa en su trabajo de investigación y difusión del mismo, donde en el librito que escribiera en San Luis Potosí y que con él diera nacimiento a la biología mexicana moderna, da los créditos del trabajo de su esposa para su culminación, aunque sin mencionar su nombre.
Carmen Sarabia Castrellón, se casó en 1912 con Isaac Ochoterena en Ciudad Lerdo, Durango y lo acompañó en su trabajo de escritura de su libro: Técnica microscópica y de histología vegetal, impreso en los talleres de la Escuela Industrial de San Luis Potosí en 1914-1915 que fue publicado en fascículos. En esta obra Ochoterena muestra la utilidad del microscopio y las técnicas asociadas para el estudio de la histología, para lo cual muestra imágenes, las cuales fueron dibujadas por Carmen Sarabia; así como parte de la revisión del texto.
Para lograr los dibujos fue necesario conocer la manipulación básica del microscopio y las técnicas para proyectar imágenes en una pantalla y poder lograr la fidelidad de lo observado. Es de esperar que esos tiempos de convivencia, además de la rutina en su vida de pareja, incluyera las discusiones de los logros de Ochoterena y compartieran la pasión de su trabajo de investigación y se involucrara en el conocimiento de aspectos biológicos y las técnicas de preparación de muestras para la observación microscópica.
El propio Ochoterena en el prólogo del libro manifiesta el trabajo y apoyo de Carmen Sarabia, que fuera hermana del aviador mexicano Francisco Sarabia:
“No terminaré este prólogo, sin hacer público acto de gratitud a las personas que bondadosamente me han ayudado en mis tareas. Permítaseme consignar mi gratitud, antes que a nadie, a mi cara esposa, que ha sabido ser mi compañera fiel en todas estas fatigas y mi más experto auxiliar, debiéndose a ella muchos de los dibujos que ilustran la obra; ha sido quien, antes que nadie, la ha conocido paso a paso, y me ha alentado con su valeroso ejemplo, con su constancia, con el sacrificio de todos sus paseos y entretenimientos agradables en aras de una ayuda tan grata como útil. Séame permitido conceder justamente a ella, el primer sitio en mi gratitud”.
Carmen Sarabia trabajó al lado de su esposo en el gabinete, en ese periodo de estancia en San Luis Potosí, donde convivieron con la sociedad potosina y compartieron tiempos de trabajo y de recreación. Del extenso trabajo realizado por Ochoterena, ya en la Ciudad de México a la que se trasladaron desde San Luis Potosí en 1915, estaría la ayuda invaluable de su esposa Carmen Sarabia Castrellón.
Carmen Sarabia nació en San Fernando, Mapimí, Durango en 1894, vivió en San Luis Potosí por dos años de 1914 a 1915 y murió en la Ciudad de México.
También lee: Entre la comunicación y la política, Matilde Cabrera Ipiña | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
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