#4 Tiempos
Juez y parte | Columna de Víctor Meade C.
SIGAMOS DERECHO
En el marco de la transición democrática con la salida del PRI de la presidencia, la necesidad de contar con una herramienta independiente al Ejecutivo que garantizara el derecho de la ciudadanía a acceder a la información concerniente a la administración pública era urgente. En ese contexto, el 30 de abril del 2002 fue aprobada por el Congreso la Ley Federal de Transparencia y, a raíz de ello, fue creado en ese mismo año el Instituto Federal de Acceso a la Información. Años más tarde, en el 2007, se elevó a nivel constitucional —previsto en el artículo 6— el derecho fundamental que todas y todos tenemos al acceso a la información pública.
De esta manera, las y los mexicanos tenemos el derecho de hacer una solicitud de información a cualquier organización pública o privada que reciba, genere o administre recursos de la Federación — por ejemplo, un centro público de investigación, la CFE, Pemex, la Secretaría de Salud, gobiernos municipales, estatales e incluso la Presidencia. En los casos en los que estos organismos no proporcionen la información en tiempo y forma al solicitante, el INAI (antes IFAI) tiene la facultad de obligar a que sean entregados los documentos solicitados. De igual forma, en el caso de que la información solicitada haya sido clasificada por el organismo correspondiente, el Instituto puede requerir su desclasificación si así lo determina.
Gracias a este instrumento facilitador de la rendición de cuentas, la sociedad civil ha conseguido acceder a documentos y datos que destaparon casos de gran interés público como la Estafa Maestra, la Casa Blanca de Peña, desvíos de cientos millones de pesos del Ejército, OHL, Odebrecht, entre muchos otros. Queda muy claro: el papel del INAI es importantísimo para nuestro sistema democrático y para la construcción de un Estado de Derecho.
Ahora, la transparencia no se lleva bien con el poder cuando este se ejerce de manera indebida. En el 2003, cuando era Jefe de Gobierno del Distrito Federal, Andrés Manuel se opuso enérgicamente a la creación de la Ley y del Instituto: dijo que le salía muy caro a las finanzas públicas, lo cual contrasta perfectamente con las millonadas que pagó en publicidad a prensa y televisoras durante su jefatura y que, por cierto, no transparentó.
Desde entonces se ha dedicado a golpetear y cuestionar la utilidad de este organismo constitucionalmente autónomo que, si bien no es perfecto, su importancia es indiscutible y su reforzamiento es imperativo. En semanas recientes mencionó desde su tribuna matutina que está configurando una reforma a la Constitución para que la Secretaría de la Función Pública absorba al INAI, alegando —de nueva cuenta— que le sale muy caro al país y que “ha sido un florero”. Claro, todo esto mientras que el 2019 fue el año en que más solicitudes de información recibió (513) la Oficina de la Presidencia por parte del Instituto.
Pensemos en un par de casos concretos. Primero: la Función Pública determinó inhabilitar por diez años a Lozoya por mentir en su declaración patrimonial; a solicitud de un particular, el Instituto pidió a la SFP los expedientes pero estos fueron reservados por un año. Segundo: la SFP determinó que la Comisión Nacional del Deporte, dirigida por Ana Gabriela Guevara, desvió más de 50 mdp a través de un fideicomiso; los expedientes fueron reservados por dos años pero, a solicitud de un particular, el INAI ordenó que se publicaran.
¿Existe o no existe un conflicto de interés?
Hay que decirlo claro: el INAI no debe pertenecer a la SFP ni a ninguna otra. Debe permanecer autónomo.
Las Secretarías responden directamente al Ejecutivo. Si las facultades que tiene el Instituto fueran asumidas por el Ejecutivo, estas podrían ser utilizadas con una agenda política — imaginemos, contra un gobernador de oposición. Es por este motivo que existen órganos constitucionalmente autónomos, independientes a los ciclos políticos.
El INAI no es el único que bajo la amenaza del presidente: tiene pensado, entre otros, incorporar al Instituto Federal de Telecomunicaciones a la Secretaría de Comunicaciones y Transportes. Alega que el IFT no ha servido para nada, pero quizás olvida que desde su creación en 2013, el costo de la telefonía se ha reducido casi a la mitad. Olvida, también, que México está comprometido en el T-MEC a contar con un órgano autónomo que regule esta materia en específico.
Los órganos constitucionalmente autónomos toman decisiones técnicas y no políticas. No son producto del periodo neoliberal; son producto de un proceso de democratización. A su vez, decir que nos salen muy caro, mientras se derrocha en refinerías y aeropuertos inviables, es un despropósito.
Que se investiguen y sancionen los excesos y deficiencias. No hacerlo y pretender pasarle estas tareas al Ejecutivo es por demás irresponsable y perezoso. Eliminar la autonomía de estos órganos y unificarlos en el Ejecutivo atenta directamente contra la división de poderes. Significaría regresar al priismo rancio de hace varias décadas, donde la Secretaría de Gobernación organizaba las elecciones y la CNDH no existía. Significaría ser juez y parte.
También lee: Los derechos no se consultan | Columna de Víctor Meade C.
#4 Tiempos
Una prueba de carácter | Columna de Arturo Mena “Nefrox”
TESTEANDO
Por: Redacción
El partido de este fin de semana entre Atlético de San Luis y Chivas no es uno más en el calendario. Llega en un momento donde ambos equipos necesitan algo más que puntos: necesitan convicción. En una liga que castiga la duda y premia la determinación, este duelo se presenta como un examen incómodo, de esos que no se aprueban solo con intención.
San Luis llega con la sensación de haber entendido, por fin, cómo competir mejor en su propia narrativa. No es un equipo espectacular, pero sí uno que ha aprendido a sostenerse, a incomodar y a no regalar partidos. En casa, el exAlfonso Lastras y ahora llamado Libertad Financiera, suele convertirse en un escenario exigente para cualquiera, y este encuentro no será la excepción. San Luis sabe que estos partidos son los que construyen temporadas: vencer a un histórico no solo suma en la tabla, también fortalece el discurso interno y ojo aquí, que en su casa, las Chivas solo han podido vencerlo una vez.
Del otro lado aparece superlider Guadalajara, siempre cargando con el peso de su nombre. El Deportivo llega a este compromiso envuelto en la presión habitual que lo acompaña: la obligación de ganar incluso cuando el funcionamiento no termina de convencer. Chivas ha mostrado destellos, pero también lagunas que lo hacen vulnerable, especialmente cuando se enfrenta a equipos ordenados, intensos y sin complejos, justo el perfil que suele adoptar San Luis.
El choque promete ser más táctico que vistoso. San Luis buscará cerrar espacios, obligar a Chivas a jugar incómodo y capitalizar cualquier error. Guadalajara, en cambio, intentará imponer ritmo, pero deberá hacerlo con paciencia, porque la desesperación suele ser su peor enemiga . Aquí, el partido puede definirse en detalles mínimos: una pelota parada, una distracción defensiva o una decisión tardía.
Hay, además, un componente emocional que no se puede ignorar. Para San Luis, ganarle a Chivas representa confirmar que su proyecto es capaz de competir contra cualquiera. Para Chivas, perder sería otro golpe a una confianza que se recompone con dificultad. En ese cruce de necesidades, el margen de error se reduce al mínimo.
Este tipo de partidos rara vez se recuerdan por su belleza. Se recuerdan por lo que provocan después. Una victoria puede impulsar a San Luis hacia una recta más tranquila; una derrota puede volver a colocar a Chivas bajo el reflector de la crítica. El empate, en cambio, dejaría a ambos con la incómoda sensación de haber dejado algo en el camino.
El fin de semana pondrá frente a frente a dos equipos con realidades distintas, pero con una urgencia compartida: demostrar que pueden sostener una idea cuando el calendario empieza. En la Liga MX no siempre gana el que juega mejor; suele ganar el que entiende mejor el momento.
San Luis y Chivas están justo ahí, frente a un partido que no promete fuegos artificiales, pero sí consecuencias. Y en este torneo, eso suele ser mucho más importante.
También lee: Dos partidos, tres puntos | Columna de Arturo Mena “Nefrox”
El Cronopio
El padre Peñaloza al rescate de la obra de Francisco González Bocanegra | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
En las décadas de los cuarenta y cincuenta del siglo pasado hubo un importante movimiento editorial en San Luis Potosí dirigido por un selecto grupo de intelectuales preocupados por la cultura potosina; así aparecieron revistas como Estilo, Letras Potosinas, Cuadrante, Jueves Literarios, Revista de la Facultad de Humanidades, Archivos de Historia Potosina, entre otros, que recogieron importantes escritos culturales y que dieron vida a libros de importancia histórica local, como la memoria de Francisco Estrada padre, titulada Recuerdos de mi Vida y el libro conmemorativo por el centenario del Himno Nacional, publicados en los cincuenta a través de la UASLP.
En 1954 se publicaría el libro Vida y Obra de Francisco González Bocanegra con motivo del centenario del Himno Nacional, de la pluma del padre Dr. Joaquín Antonio Peñaloza, que participaba en algunas de las revistas y publicaciones mencionadas. En 1998 se editaría la segunda edición de este libro, ahora dentro del marco de festejos por el setenta y cinco aniversario de la autonomía universitaria, edición que estuvo a cargo de Jesús Rivera Espinosa y del propio padre Peñaloza. Esta edición agregaba otros poemas inéditos recopilados en ese periodo entre los cincuenta y los noventa.
El libro mencionado es uno de los mejores esfuerzos por difundir la obra de González Bocanegra y aún puede conseguirse en la Librería Universitaria de la UASLP a costo bajo, pues debe de andar en la friolera de ochenta y cinco pesos. Una buena forma de conocer a este personaje y disfrutar sus poemas y escritos realizados principalmente en la década de los cincuenta decimonónicos.
González Bocanegra vivió treinta y siete años, muriendo en 1861 sobreviviéndole su esposa y dos de sus hijas, una de ellas tomaría los hábitos y otra se casaría dejando descendencia del insigne poeta. En el libro el padre Peñaloza repasa la vida del poeta desde su nacimiento en San Luis Potosí, el destierro voluntario de su familia a Cádiz en España debida a la expulsión de españoles del país al formarse la República, su regreso a San Luis y su partida a la ciudad de México donde comenzaría su obra literaria. El padre Peñaloza divide su vida de acuerdo con sus aportaciones literarias, así nos habla de su faceta de poeta, de orador, de dramaturgo, de funcionario público, de narrador , entre otros; además de su etapa de vida en San Luis Potosí.
El libro recoge, además, la recopilación de su obra, con sus poemas, sus escritos, sus ensayos, sus reportes como censor de obra de teatro. De esta forma es una buena forma de conocer la obra de este potosino que trasciende en el mundo de las letras al ser el autor de la letra del Himno Nacional, uno de los mejores poemas cívicos creados a nivel mundial.
Su estatua, retirada de la glorieta que lleva o llevaba su nombre, ya no sé, ha quedado relegada a un costado de la glorieta un tanto perdida, como ahora es la obra de González Bocanegra que es poco a nada conocida, al igual que la relegación de la estatua a Manuel José Othón otros de los importantes hombres de letras que colocan a San Luis en la historia de las letras mexicanas.
Así que, hágase de este libro, si no lo ve en las estanterías, solicítelo a ver si lo sacan de las bodegas de la librería universitaria.
Ante la ausencia de homenajes en los aniversarios de su nacimiento, como sucedió hace dos años que se cumplieron doscientos años de su natalicio el 8 de enero, el mejor homenaje que podemos hacer a este ilustre potosino es mantener su obra viva a través de la lectura.
También lee: Pedro Miramontes Vidal y su faceta de escritor científico | Columna de J. R. Martínez/Dr. Flash
#4 Tiempos
La batalla del segundo café | Columna de Carlos López Medrano
Mejor dormir
Sé que un día se ha estropeado cuando, antes de que empiece la faena, no tengo tiempo de tomar un café y tontear un poco. Desayunar sin prisa, leer una nota ligera del periódico, observar a un paseador de perros, pensar fugazmente en un viejo amor. Ese paréntesis previo al trabajo es la última línea de defensa entre el espíritu libre y el triste destino de convertirse en un engranaje más de una máquina fría. Conviene protegerlo como se protege una playa al amanecer, atrincherado frente al desembarco de la urgencia, para que no arrase con lo más valioso de uno mismo.
Hay seres poseídos por ánimos totalizadores que han logrado convencernos de la necesidad de la prisa. No ya llegar a tiempo, sino llegar antes, hacer acto de presencia, simular que la puntualidad es la forma más alta de la responsabilidad. Son los que clavan la bandera en la luna: lunáticos del ansia, sometidos a un espacio donde ya no son ellos, sino el sometimiento mismo, el hilo carcomido del proceso. Embusteros que, al final del día, cambian muy poco el mundo.
En cambio, quienes pelean por otro sorbo de café, por caminar una cuadra más, por detenerse en la esquina siguiente y descubrir una calle nueva, llevan una insignia que convendría reivindicar en tiempos de métricas, rendimiento y KPIs —a qué punto hemos llegado, Dios mío—. Son los verdaderos justicieros: la resistencia suave que consiste en tomarse el ritmo a la ligera y escuchar otra canción.
Cumplir, sí. Llegar a tiempo. Hacer lo tuyo. Pero sin renunciar a la parte del pastel que te pertenece: ese tiempo libre que, sin venir a cuento, cedemos a las dinámicas de la preocupación y la rutina. El gran engaño de la jornada laboral de ocho horas, que siempre acaba siendo más larga por los minutos regalados al transporte, a la anticipación, a la congoja, minutos que podrían devolverte una sonrisa que no encontrarás en ningún otro sitio.
Sobre la importancia del aquí y el ahora, del tiempo libre como una variante del oro, aprendí de mi amigo Karim, abogado poblano, un mediodía en el Bar Mascota del Centro Histórico de la Ciudad de México. Estábamos de vacaciones, aunque incluso en esos territorios se filtra la ponzoña del oficio. Entre risas y anécdotas sonó su teléfono. Alguien quería hacerle una consulta, pedirle algo. Karim escuchó con atención, sin perder el aplomo ni olvidar que estaba pasándola bien con los presentes. Entonces soltó una frase memorable que aún guardo en el anecdotario: «Si es urgente, márcame en media hora». Y siguió en la cháchara, sin agobiarse.
Nadie es recordado por su fervor a la rutina, por renunciar a una escena de cine para sentarse veinte minutos antes frente a un escritorio. Quienes gozan de su tiempo cargan con un descrédito inmerecido. Hay más que aprender del hombre que fuma un cigarrillo y mira el horizonte que del que corre ansioso a apretar una máquina checadora.
Algo parecido ocurre por la noche: saber cuándo marcharse. Entender las responsabilidades como el oleaje: nunca desaparecerá, y mal hacen quienes pretenden domarlo. La sabiduría consiste, más bien, en surfearlo, pulir un poco las piedras, volver a casa y al día siguiente repetir el gesto. El trabajo nunca se acaba; la disponibilidad perpetua solo sirve para avivar el fuego y descubrir nuevos rincones que limpiar.
Languidecer no es el destino de los viernes. Un viernes es para detenerse y saludar a la vendedora de la esquina, mirar una vitrina de pan dulce, probarse un suéter que no se comprará, hojear el menú de un restaurante al que invitarás a alguien. Beber el licor suave de no hacer nada. La rutina es un ladrón de guante blanco: te roba historias y momentos si no te resistes, si no das la batalla cada mañana.
Hay que ponerse en modo guerrilla para defender la propia subsistencia antes de convertirse en una versión disminuida de lo que ya hace mejor un robot sin agallas o la mentada IA, incapaz de atender al olor de una naranja recién cortada o de entender el valor de un atardecer: la belleza de quedarse embobado, de no tener respuestas, de esperar un poco.
Sal del arroyo de las tonterías. Todo pasa.
«La noche fue hecha para amar», decía Lord Byron. Bien podría decirse lo mismo de la vida entera.
Contacto:
Correo: yomiss[arroba]gmail.com
Twitter: @Bigmaud
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