mayo 26, 2026

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#4 Tiempos

Goliardos | Columna de Julián de la Canal

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Turbas de clérigos y estudiantes ebrios recorrieron las principales ciudades europeas en los siglos XII y XIII, coincidiendo con el surgimiento de las universidades. Se les llamó goliardos. La palabra carece de origen preciso. Hedonistas y lascivos, cantaron la vida disipada que practicaban. La errancia fue su modo de vida, bizarra existencia que hizo de los caminos albergue preferente. Roger Bartra los relaciona con el salvaje en su acepción de milites silvani: “había una especie de clerecía marginal, los goliardos, que llevaban una vida disipada y errante, que celebraba con su música y sus versos jocosos la vida erótica, el juego y la bebida”. Destacaron por sus poesías mordaces. Anónimas habitualmente, esas composiciones refieren un modus vivendi escandaloso y desquiciado. Sus sátiras se dirigían a autoridades civiles y eclesiásticas que les valieron diferentes condenas conciliares. Jacques Le Goff los califica “extraño grupo de intelectuales”. Dado su anonimato, pervivieron en leyendas y tradiciones antes que estrictamente en la verdad de los testimonios. Con todo dejaron un conjunto de poesías tituladas Carmina Burana o Cánticos de Beuern, reunidas en el manuscrito de Benediktbeuern, sobre los que Carl Orff compuso la cantata homónima entre 1935 y 1936. Los goliardos fueron llamados bufones y vagabundos. Su nomadismo privilegió los centros urbanos hasta constituirse en una intelligentsia disidente. Su objeto era escandalizar al statu quo a lo que se añadía la imposibilidad de ubicarlos en una sociedad rigurosamente estamental. Recibieron en algunos casos el nombre de joculator o juglar, término referido a alguien que representaba una amenaza para la sociedad. Coinciden con otros dos movimientos: el gibelino, crítico del papado inmiscuido en las cosas temporales, y el moralizador que sancionaba el interés mundano de altos cargos eclesiásticos. Entre las poesías goliardas, sobresale “In taberna quando sumus” (“Cuando estamos en la taberna”), elogio del alcohol brindado a la sociedad:

Bibit hera, bibit herus
bibit miles, bibit clerus
bibit ille, bibit illa
Bibit servus cum ancilla
Bibit velox, bibit piger
Bibit albus, bibit niger
Bibit constans, bibit vagus
Bibit rudis, bibit magus
Bebe la señora, bebe el señor,

bebe el soldado, bebe el cura,

bebe el hombre, bebe la mujer,

bebe el siervo con la criada,

bebe el rápido, bebe el lento,

bebe el blanco, bebe el negro,

bebe el perseverante, bebe el vago,

bebe el ignorante, bebe el sabio

 

El espíritu goliardo irrumpió inopinadamente en François Villon (1431-1463), poeta de vida marginal, involucrado en robos y crímenes, considerado antecedente de la poesía maldita formulada por Paul Verlaine en Les poètes maudits

(1884). Autor de diferentes obras, el siglo antepasado rehabilitó con fervor su “Ballade des pendus” (“Balada de los ahorcados”):

La pluye nous a débuez et lavez,

Et le soleil desséchez et noirciz:

Pies, corbeaulx nous ont les yeulx cavez

Et arraché la barbe et les sourciz.
Jamais nul temps nous ne sommes assis;
Puis ca, puis là, comme le vent varie,
A son plaisir sans cesser nous charie,
Plus becquetez d’oiseaulx que dez à

            [couldre.

Ne soyez donc de nostre confrarie;
Mais priez Dieu que tous nous vueille            [absouldre!

La lluvia nos ha colocado y lavado;

el sol nos desecó y ennegreció el tronco.

Nos arrancaron la barba y las cejas

urracas y cuervos, y nos cavaron los ojos.

Nunca jamás, ni un instante, pudimos            [sentarnos:

aquí y allá nos mecimos, según los antojos

del viento, que nos arrastra sin cesar,

en tanto los pájaros nos picotean más que            [al sorgo.

De nuestra cofradía no sea, por favor, [nadie:

¡y rogad a Dios que nos absuelva a todos!

 

No fue casual la exhumación de Villon y de la poesía goliarda en el XIX, siglo de la bohemia mistificada por Henri Murger en Scènes de la vie Boheme (1851). La bohemia no es únicamente desorden de vida o nostalgia de ese desorden, esa devoción oxidada por determinada música apelmazada en la memoria de una extinta juventud acompañada con una copa mediada de Merlot; o ese fervor adolescente hacia la noche alumbrada a media luz por lámparas afiligranadas art nouveau; o las reuniones en torno a un calefactor a leña de hierro fundido cuyo rojo crepitar evoca lo que nunca pudo ser de ninguna manera. La bohemia no es ademán anacrónico y extraviado, sino actitud de fondo. Reducida a gestualidad, deviene solo sórdida parodia. En algunos, es ante todo rebeldía y disidencia intelectual frente al orden establecido cuando ese orden es habitual gatopardismo. El desorden como orden de repuesto.

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El Cronopio

Elke Köppen y la sociología visual | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

El estudio de las imágenes como medio de comunicación, aprendizaje y generación de nuevo conocimiento, es una de las áreas que están desarrollándose. Pocos estudios en comparación con otros temas, son los que se han realizado en este tema. Nuestro mundo, un mundo de imágenes, que ahora con el advenimiento de las redes sociales, se despliegan, en parte, como transformadoras de la realidad, producen además un detrimento en la capacidad lectora de los jóvenes.

Las imágenes en sí, también requieren de decodificar su significado y reconstruir la narrativa que encierran en su construcción, sea producida por una fotografía y elaborada por otros métodos, incluyendo la iconografía. De esta manera, requiere una alfabetización para su apreciación y su interpretación, lo que la convierte en un recurso pedagógico que es poco aprovechado.

La construcción de nuevo conocimiento en nuestra era nanotecnológica, y astronómica, requiere del manejo de imágenes que adquieren sentido para los especialistas, como medio de extensión de nuestros sentidos para el entendimiento de nuestro mundo. Una imagen dice más que mil palabras, dicen por ahí, pero no siempre estas palabras están al alcance del observador. 

Una de las investigadoras que ha incursionado en este tema, y en el uso de las imágenes en el área de biblioteconomía, es la Dra. Elke Köppen que desarrolla lo que llama, sociología visual, que tiene como objetivo alentar el uso de material visual en la investigación social y, en otras áreas del conocimiento.

La Dra. Elke Köppen es investigadora del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades de la Universidad Nacional Autónoma de México, donde participa activamente en el Programa de Investigación Estudios Visuales, enfocándose primordialmente en la fotografía. Su línea de investigación es sobre recursos y sistemas de información en bibliotecas, archivos y repositorios. Ha fincado una destacada carrera académica de más de treinta y nueve años en la UNAM, iniciando en el Instituto de Investigaciones Sociales de dicha institución, generando una buena cantidad de estudios que han sido publicados en revistas y diversas publicaciones internacionales, entre artículos, capítulos de libro y libros coordinados sobre información visual, archivos fotográficos, imágenes científicas graffiti y fotografía.

Su formación inicial es en sociología, de la que obtuvo la licenciatura en la Universidad de Bielefeld, Alemania. Vino a México a continuar sus estudios de posgrado y trabajar en investigación social. Realizó su maestría y posteriormente el doctorado en Bibliotecología y Estudios de la Información en la UNAM.

Elke Köppen ha colaborado como investigadora con receso sabático con la Universidad Autónoma de San Luis Potosí en la Facultad de Ciencias de la Información, en información visual y tecnologías disruptivas. Ha seleccionado a San Luis Potosí como uno de sus puntos de residencia lo que enriquece el ambiente cultural y académico de la ciudad.

La visión estética de las imágenes, principalmente a través de la fotografía, enlaza las áreas de las ciencias sociales y las exactas, resaltando el tema interdisciplinario que pregona el instituto para el que labora, desde su creación, el cual recientemente ha cumplido treinta años de fundado.

Algunos de los libros que le ha publicado la UNAM, son: los trazos de la ciencia, libro que es resultado del cruce de diversas investigaciones sobre procesos históricos de producción de conocimientos científicos y tecnológicos vehiculados por el uso de imágenes. Pero se trata de imágenes elaboradas para distintos destinatarios y con múltiples propósitos: información geográfica, educación moral, pasatiempos, diagnósticos médicos. Otro de ellos es: imágenes en la ciencia, ciencia en las imágenes, libro colectivo de la que fue coordinadora.

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El Cronopio

El formador de humanistas, Villaseñor Tejeda | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

Hace setenta y un años iniciaban las actividades académicas de la extinta Facultad de Humanidades de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP) desaparecida ignominiosamente por motivos políticos en 1962. La UASLP caía en un largo periodo de oscurantismo del que costó salir, en la década de los ochenta, con el esfuerzo de la planta académica que comenzó su formación en la propia UASLP y que redondeara esa formación en universidades e instituciones de vanguardia a nivel mundial.

Sesenta años después se restablecían en la UASLP estudios humanísticos y sociales. Los primeros tiempos de aquella Facultad de Humanidades fueron brillantes y una pléyade de profesores figuraron en el claustro académico de la UASLP, muchos de los cuales han caído en el olvido y que hemos estado recordando en esta columna, tanto a profesores como profesoras que aparecen en el libro Damas de Potosí, perfiles publicados en La Orquesta.

En cuanto a la licenciatura de filosofía, activa en la actualidad en la UASLP, que cumple once años de ser reactivada, pues esta carrera era una de las carreras que existían en aquella Facultad de Humanidades, requiere conocer sus antecedentes y principalmente los profesores que le dieron vida en la década de los cincuenta y principios de los sesenta.

Uno de esos profesores fue José Villaseñor Tejeda, que impartió cátedra en la Facultad de Humanidades potosina de enero de 1958 a agosto de 1962, año y mes en que fue cerrada. A decir de Josefina de Ávila Cervantes, estudiante y profesora de la mencionada Facultad y de quien hemos tratado en esta columna, “el profesor Villaseñor fue el eje silencioso del cual partían y al cual volvían maestros y alumnos”.

En ese lustro de trabajo en la UASLP por formar maestros en filosofía y en letras escribiría su Introducción a la Filosofía, su estudio sobre la Crítica de la Razón Pura y sus ensayos sobre Sócrates, Freud, Proust, Dostoievski, el humanismo y otros temas que fueron publicados en la Revista de la Facultad de Hum anidades, en Letras Potosinas y en Vitral, revista del Instituto de Cultura Superior, así como escritos inéditos consistentes en investigaciones filosóficas, ensayos sobre arte: pintura, cine, literatura.

José Villaseñor Tejeda murió joven, a los cuarenta años, el 23 de diciembre de 1968 en la Ciudad de México a donde fue a laborar al Instituto de Cultura Superior después del cierre de la Facultad de Humanidades. En ese Instituto reestructuró el curso filosofía de la religión que había iniciado en la UASLP. 

Villaseñor comenzó sus estudios de filosofía en el Seminario Conciliar de México y para 1947 pasó a la Universidad Nacional Autónoma de México donde terminó sus estudios de maestría en filosofía. Al terminar, ingresó como profesor a la Universidad de Guanajuato donde laboró por un poco tiempo al renunciar en protesta por el despido de un grupo de compañeros de trabajo tratados injustamente por las autoridades escolares.

Su compañera de aventura académica en la UASLP, la mencionada Josefina de Ávila lo retrata en un comentario de recuerdo: “La contrapartida de su historia -la que ofrece tan poco a aquellos que esperan todo de los hechos-, fue (usando términos suyos), su intrahistoria. Para quienes no traducen su propia existencia como un activismo urgente y aceptan, por el contrario, que la aventura del espíritu no puede ser corrida con la esperanza de una respuesta concreta y tranquilizadora sino con la pura actitud contemplativa, encontrarán en su obra una invitación a detenerse ante el misterio develable que envuelve y penetra esto que llamamos el Universo”.

El recuerdo de quienes contribuyeron al desarrollo de nuestras instituciones y, participaron en la formación de la juventud potosina y profesionales que contribuyen al desarrollo social es imprescindible en una institución que se jacta de ser representativa de la educación superior en el país; pero más importante es darles vida manteniendo su obra en difusión.

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Acento Ajeno

Educar en el siglo veintiuno es un acto de fe, no solo de vocación | Columna de Haniel Valdés Velázquez

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ACENTO AJENO

Por: Haniel Valdés Velázquez

¿Te has fijado que en las escuelas hay muchas maestras y maestros veinteañeros o apenas llegados a sus treintas? Hay mucha gente joven llevando en sus hombros el futuro de este país.

Muchos recién egresados de las universidades están eligiendo el magisterio como forma de vida, muchos viven hoy de formar nuevas generaciones, de enseñar lo que pocos años antes aprendieron. Y creo que no lo ven solo como un trabajo, lo ven ya, quizás inconscientemente, como su misión de vida.

Las redes sociales se han llenado de nuevos maestros que comparten sus experiencias, sus historias frente a un aula, y están construyendo una forma distinta de educar, una de cercanía, de compañerismo, de ser uno más de sus alumnos, porque sí, educan, enseñan, pero también aprenden y crecen en el proceso.

Las escuelas son hoy, más que nunca, una bonita convergencia de generaciones, maestros experimentados, con años frente al pizarrón, alumnos muy jóvenes y que apenas comienzan ese largo camino que es el crecer, y noveles maestros, más cerca en edad de sus alumnos que de sus compañeros de profesión, que inician su vida laboral en la más noble de las tareas, educar.

A veces sin apoyo institucional, con un Mario Delgado como secretario de Educación Pública al que le falta la educación y el sentido común, con directivos a distintos niveles, que se preocupan más por las ganancias o los días libres que por el objetivo principal de los centros educativos, los maestros siguen firmes en su convicción de que sin su trabajo no existirían los demás, no habría mañana.

Educar, en pleno siglo veintiuno, en este mundo en el que vivimos, no solo es un acto de valentía, es un acto de fe, de esperanza, de profundo amor. ¿Cómo no creer en ustedes, que hoy entregan tanto?

No felicito a los maestros hoy, eso ya lo han hecho todos, mejor les pido disculpas, por las veces que fui del grupito de atrás que había que separar, por las tareas sin hacer, hasta por los padres incomprensivos que no supieron ver que su hijos no eran los angelitos que ellos pensaban. 

Mejor les agradezco, sé que su labor no la hacen esperando la felicitación del único día del año que parece nos acordáramos de ustedes, les agradezco por seguir, por levantarse en las mañanas y salir dispuestos a cambiar vidas, a formar personas de bien, por no pensar en las carencias y solo ver oportunidades de crecimiento en cada alma que llega a sus clases.

A ustedes maestros, gracias, que no se les acaben nunca la experiencia, la creatividad, el amor y sobre todo, que no se les acabe nunca las ganas de construir futuro.

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