Opinión
Los reversos de Nicolás
Nicolás Araujo Saucedo (1898–1966): ferrocarrilero, masón, henriquista, preso en San Luis Potosí y en Lecumberri. Reconstrucción a partir de actas, prensa, archivos de vigilancia y diecisiete fotografías con texto al reverso.
El 23 de septiembre de 1961, Nicolás Araujo Saucedo fue trasladado del Campo Militar Número Uno a la cárcel de Lecumberri.
Eso está documentado. Dos periódicos de la época registraron el traslado. No sé cuándo lo detuvieron ni cuánto tiempo permaneció preso. Tampoco sé cómo salió. Las notas reproducen acusaciones de la Procuraduría, no una sentencia. Por eso no puedo afirmar qué hizo. Sí puedo afirmar que aquel día mi abuelo fue llevado a Lecumberri.
Murió antes de que yo naciera. Durante mucho tiempo sólo conocí una fotografía suya. No tengo una escena con él, una conversación ni un gesto que pueda recordar. Cuando digo que fue mi abuelo nombro un parentesco, no una experiencia compartida.
La fuente más cercana que tengo es mi madre, María del Socorro, Socorrito para él. Ella me contó que Nicolás era ferrocarrilero, masón y político. Me dijo que, por sus ideas, había estado preso. También me contó que él le enseñó a usar el telégrafo. No sé cuándo fueron esas lecciones, cuánto duraron ni qué aparato usaron. Nadie me describió la habitación. Lo que conservo es la frase de mi madre.
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Los documentos confirman una parte de lo que ella cuenta. Nicolás nació el 10 de septiembre de 1898 en Guadalcázar, San Luis Potosí. En su acta aparece con un nombre más largo: José Nicolás Evaristo Araujo Sauceda. Otros registros lo llaman Nicolás S. Araujo o invierten sus apellidos. Esa variación permite seguirlo, pero también muestra lo fácil que es perder a una persona cuando el nombre cambia de un papel a otro.
En 1925 aparece como miembro de una sociedad mutualista de despachadores y telegrafistas ferrocarrileros en Cárdenas. En una fotografía de 1930 figura entre despachadores. Esos registros no cuentan cómo aprendió el oficio ni qué pensaba mientras trabajaba. Sirven para algo más limitado: confirman que el telégrafo del relato de mi madre pertenecía a una vida laboral concreta.
También está documentada su actividad masónica. Entre 1927 y 1933 ocupó distintos cargos en la logia Ignacio Ramírez número 10 de Cárdenas. Fue orador, vigilante, venerable maestro, secretario y primer experto. Las listas conservan los cargos. No conservan su voz. No sé qué decía cuando era orador ni qué buscaba en la masonería.
Su actividad política dejó más rastros, aunque tampoco forman una historia completa. En 1952 fue presidente de la Federación de Partidos del Pueblo en San Luis Potosí y participó como orador en un mitin. Un registro oficial lo incluye como candidato propietario, pero todavía no está cerrado cuál fue exactamente el cargo que disputó.
En febrero de 1959 firmó, desde la Comisión de Propaganda del Comité General de Huelga ferrocarrilero, un pronunciamiento sindical. Entre 1959 y 1961 estuvo cerca de Celestino Gasca y de los Federacionistas Leales. Un estudio histórico lo llama mano derecha de Gasca. Un informe de vigilancia de 1965 lo identifica como su secretario particular y como presidente de esa organización.
Los datos son una cosa y las acusaciones de la época son otra. El movimiento al que perteneció preparó una insurrección en 1961. Eso está estudiado. Pero los documentos revisados no prueban que Nicolás poseyera armas o explosivos. Tampoco permiten asegurar que fuera detenido en la redada realizada en casa de Gasca el 10 de septiembre. Lo comprobable es posterior: el 23 de septiembre fue trasladado a Lecumberri y, ante el juez, negó varias imputaciones. Dijo también que una declaración anterior había sido obtenida por la fuerza. Eso es lo que declaró. Yo no puedo completar lo que falta en el expediente.
Antes había estado preso en San Luis Potosí. Mi madre lo recuerda como preso político. Un periódico informó en enero de 1960 que había recibido una condena de cinco años por delitos relacionados con los disturbios ferrocarrileros. Falta la resolución judicial original. No sé cuánto tiempo cumplió ni en qué condiciones.
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Una fotografía familiar añade otra clase de prueba. En ella aparecen catorce hombres frente a una reja. Nicolás está de pie en el centro. Al reverso escribió a Socorrito.
Socorrito:
El día de tu santo estuve triste pensando en… Esta cárcel no mata mis ideales y algún día tienen que triunfar. Por eso tengo fe y me enaltece y me dignifica esta cárcel, porque es por luchas nobles y generos as para liberar a los oprimidos.
Tu padre que te quiere,
NicolásS. Luis Potosí. La fecha parece ser el 27 de junio de 1959, día del santo y cumpleaños de mi madre, pero la lectura del año todavía no es segura. Parte del texto se perdió con la tinta.
La imagen prueba cómo quiso él presentarle su prisión a su hija. No prueba, por sí sola, la causa jurídica del encierro.
Ahora tengo diecisiete fotografías de Nicolás. Muchas llevan texto suyo al reverso. No sé con certeza si me llegaron por mi abuela o por mi madre. Esa duda también forma parte de la procedencia. En otra fotografía, probablemente de 1960, Nicolás escribió que buscaba cambiar los sistemas del país para que hubiera justicia para el pueblo. En una más, fechada en 1962, afirmó que había luchado por la Presidencia Municipal de San Luis Potosí, que había ganado y que le hicieron “chanchullo”. El mensaje es suyo. El resultado que relata no ha sido confirmado por otra fuente.
Hace unos días aparecieron cuatro más, dentro del PDF de una tesis sobre masonería ferrocarrilera. Esas no tienen nada escrito atrás. Por la reserva de la logia nunca estuvieron destinadas a un álbum familiar. Son las únicas imágenes suyas que llegaron hasta mí sin que él se las mandara a nadie.
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Vuelvo al telégrafo.
El trabajo y la política lo traían de un lado a otro. Convivieron poco. En ese poco le enseñó a usar el telégrafo.
No sé si fue una tarde o si fueron muchas. No sé si ella llegó a manejarlo o se quedó con la lección. Sé que un hombre que se ganaba la vida transmitiendo mensajes, y a quien años después el gobierno le vigilaría cada reunión, se sentó con su hija a enseñarle a transmitir. Es la única escena que tengo de los dos. Y no la vi.
⁂
Mi abuela casi no hablaba de él. Yo nunca le pregunté. En la familia quedó la versión de que ella tiró o rompió materiales de Nicolás, quizá incluso quemó algunos. No sé cuántos eran ni qué contenían. Tampoco sé si actuó por miedo, precaución, enojo, cansancio o por una razón distinta. Relaciono esa destrucción con las actividades de Nicolás porque así llegó a mí la explicación familiar. La relación parece posible, pero no puedo demostrarla.
La misma mujer que destruyó esos papeles sabía dónde estaba enterrado. Una vez me llevó a visitar su tumba. Conozco el panteón. No sé en qué punto exacto está: podría llegar hasta la puerta y no encontrarlo. Ella cortó el rastro escrito y sostuvo el otro, el que no se puede quemar. Ese también se está perdiendo, ahora en mí.
Busqué a personas de otra rama de la familia. No quisieron hablar conmigo de él. No sé si su silencio viene de los mismos hechos, de otras memorias o simplemente de no querer compartirlas. No me corresponde convertir esa negativa en una confesión ni en una acusación.
⁂
¿Qué derecho tengo a escribir sobre una persona a la que no conocí? Tengo el parentesco, los documentos que he reunido, lo que mi madre me ha contado y las fotografías que quedaron. No tengo derecho a atribuirle pensamientos que no escribió ni a resolver por otros el silencio que eligieron. Eso es todo lo que tengo y no sé si alcanza.
Nicolás murió el 13 de junio de 1966 en el Distrito Federal. Ese dato cabe en un acta. Su vida no. Frente a mí quedan diecisiete anversos y sus reversos. Todavía no sé cuál de los dos lados contiene más de él.
Gonzalo Damián Hernández Araujo
San Luis Potosí, julio de 2026
Columna de Nefrox
El nuevo fútbol | Columna de Arturo Mena “Nefrox”
TESTEANDO
Durante muchos años, el fútbol tuvo una manera muy particular de presentarnos a sus protagonistas. Los conocíamos por sus goles, por sus pases, por sus atajadas o por aquella capacidad que tenían para resolver un partido cuando parecía que ya no había nada por hacer. Algunos se convirtieron en leyendas, otros en símbolos de sus países y unos cuantos alcanzaron ese lugar reservado para los futbolistas que trascienden generaciones.
Hoy, sin embargo, estamos empezando a encontrarlos en otro sitio. Ya no aparecen en las alineaciones como titulares, ni los esperamos para cobrar un tiro libre o para cambiar el rumbo de una final. Ahora los vemos caminando por la zona técnica, conversando con sus auxiliares, preparando cambios y tratando de explicar desde afuera aquello que antes resolvían dentro de la cancha.
El fútbol está viviendo una interesante transición: una generación de grandes jugadores comienza a tomar el control de las selecciones nacionales.
Zinedine Zidane, Xavi Hernández, Diego Forlán, Rafael Márquez, Marcelo Gallardo, Patrick Vieira y Mauricio Pochettino son algunos de los nombres que representan esta conexión entre dos épocas. Cada uno tiene una historia distinta, una formación diferente y una manera particular de entender el juego, pero todos comparten algo: antes de convertirse en responsables de un proyecto deportivo, tuvieron que ganarse un lugar en el fútbol mundial con una pelota en los pies.
El caso de Zidane tiene un significado especial. Durante mucho tiempo, su nombre estuvo ligado a una posibilidad que parecía inevitable: dirigir a Francia. Después de conquistar prácticamente todo lo que podía ganar como futbolista y de construir una trayectoria extraordinaria en el Real Madrid, llegó el momento de hacerse cargo de una selección que conoce desde sus entrañas. Zidane sabe lo que significa representar a Francia, lo que implica disputar una Copa del Mundo y lo que se siente cargar con las expectativas de todo un país. Ahora tendrá que transmitir ese conocimiento a una generación que lo recuerda más como una figura histórica que como un compañero de vestidor.
Xavi representa otra clase de desafío. Su carrera estuvo marcada por una manera muy particular de interpretar el fútbol. Fue uno de esos jugadores capaces de encontrar soluciones donde los demás solamente veían espacios cerrados. Su siguiente capítulo como entrenador lo lleva a Países Bajos, un país con una tradición futbolística muy definida y una relación histórica con el juego de posesión. Será interesante observar cómo conviven dos culturas que, aunque tienen puntos de encuentro, también poseen sus propias características.
En Uruguay, Diego Forlán representa el regreso de una figura que conoce perfectamente la exigencia de vestir la camiseta celeste. Su nombre está asociado a una de las mejores etapas recientes de la selección uruguaya y a un Mundial de Sudáfrica 2010 en el que fue protagonista. Ahora tiene que cambiar la perspectiva: dejar de pensar en cómo encontrar el gol para preocuparse por cómo construir un equipo capaz de generarlo.
Y si hablamos de historias que tienen un componente emocional, la de Rafael Márquez merece un espacio aparte. El futbolista que durante tantos años fue capitán de México ahora tiene la responsabilidad de conducir a una nueva generación de seleccionados. Su transición comenzó desde el trabajo como auxiliar y ahora representa uno de los proyectos más interesantes del fútbol mexicano rumbo a 2030.
Márquez conoce el escenario internacional, jugó en algunas de las instituciones más importantes de Europa y participó en cinco Copas del Mundo. Pero ninguna de esas experiencias garantiza el éxito como entrenador. Esa es precisamente la parte fascinante de su nuevo desafío: tendrá que demostrar que todo lo aprendido como jugador puede convertirse en una herramienta para construir una selección competitiva.
Marcelo Gallardo, por su parte, representa una historia diferente. Su trayectoria en los banquillos ya tiene capítulos importantes y su nombre se convirtió en una referencia del fútbol sudamericano. Ahora, al frente de Ecuador, tendrá que demostrar que su propuesta puede adaptarse a un entorno distinto. En este caso no se trata de regresar a la selección que defendió como jugador, sino de encontrar una identidad con futbolistas que tienen otras características y que representan otra cultura deportiva, de un Ecuador que vive su generación dorada aún con la cuota pendiente de no haber ganado algo.
También hay espacio para Patrick Vieira y Mark van Bommel, dos exfutbolistas que conocen perfectamente lo que significa competir al máximo nivel. Vieira, referente de Francia y del Arsenal, tiene ahora una responsabilidad internacional con Senegal. Van Bommel, protagonista de grandes equipos europeos y de la selección neerlandesa, también forma parte de esta generación de antiguos jugadores que buscan trasladar su experiencia al trabajo de selección.
Y en esta conversación no puede faltar Mauricio Pochettino. Su trayectoria como entrenador ya tiene una dimensión propia, pero también fue futbolista internacional con Argentina. Su presencia al frente de Estados Unidos demuestra que no todos los caminos de esta generación conducen de regreso a sus países de origen. A veces, la experiencia adquirida como jugador termina convirtiéndose en una oportunidad para dirigir un proyecto completamente diferente.
Lo interesante es que no estamos hablando de una simple colección de nombres famosos. Sería muy sencillo pensar que basta con haber sido una estrella para convertirse en un buen entrenador, pero el fútbol ha demostrado muchas veces que ambas profesiones requieren capacidades distintas. Conocer el juego desde la cancha ayuda, pero dirigir implica administrar egos, tomar decisiones difíciles, construir relaciones y encontrar respuestas cuando las cosas no salen como se habían planeado.
Un extraordinario mediocampista no necesariamente será un extraordinario estratega. Un delantero histórico no tiene garantizado el éxito al elegir una alineación. Y un capitán acostumbrado a levantar la voz en el vestidor puede descubrir que dirigir a un grupo de futbolistas es mucho más complicado que conducir a sus compañeros dentro del campo.
Por eso vale la pena seguir esta nueva etapa con curiosidad, pero también con paciencia.
Lo que estamos viendo es el paso de una generación que creció bajo las órdenes de entrenadores que hoy son parte de la historia. Algunos aprendieron de técnicos que revolucionaron el juego; otros compartieron vestidor con futbolistas que después también se convirtieron en estrategas. Todos llevan consigo una colección de experiencias que ahora tendrán que transformar en decisiones.
Quizá dentro de algunos años recordemos este periodo como el momento en que varias de las grandes figuras de nuestra memoria futbolística encontraron una segunda profesión dentro del mismo deporte. O quizá algunos descubran que el lugar que mejor les quedaba era aquel donde podían decidir con los pies y no con una pizarra.
Todavía es pronto para saberlo.
Lo que sí sabemos es que el fútbol tiene una manera muy particular de cerrar sus ciclos. Los jugadores que alguna vez fueron los encargados de cumplir las instrucciones ahora tienen que escribirlas. Aquellos que esperaban una oportunidad para entrar al campo ahora deben decidir quién merece tenerla. Los que alguna vez fueron parte de una generación dorada tienen la responsabilidad de preparar a quienes intentarán construir la siguiente.
Y eso convierte a esta nueva camada de entrenadores en algo más que una noticia de actualidad.
Es el momento en que nuestros antiguos ídolos comienzan a convertirse en los responsables del futuro. El fútbol les dio la oportunidad de ser recordados por lo que hicieron como jugadores; ahora les toca descubrir si también podrán dejar una huella desde el banquillo.
Porque una cosa es formar parte de la historia de una selección.
Y otra muy distinta es tener que construir su siguiente capítulo.
Lee también: La última oportunidad
Deportes
San Luis Femenil, un punto ante Tigres y se mantienen terceras | Columna de Haniel Valdés
Por: Haniel Valdés
San Luis salió del Volcán con un punto que sabe a triunfo moral. Visitar a Tigres, uno de los equipos más fuertes del torneo, y regresar con el empate no es poca cosa, sobre todo después de haberse ido arriba en el marcador.
El domingo 27 de septiembre, en la jornada 9, San Luis sorprendió al minuto 23 con gol de Amina Bello, quien dejó atrás a su marcadora y definió ante la portera local para el 1-0. El equipo sostuvo la ventaja buena parte del complemento, hasta que Tigres encontró el empate al 49′ con gol de Alexia Delgado, tras una jugada colectiva que terminó en falta cerca del área. El resultado ya no se movió, ni siquiera cuando Tigres se quedó con diez por la segunda amarilla de Natalia Coury al 85′: 1-1 final.
Lo interesante de este empate es quién lo consiguió. Esta semana no fue Higuera la que apareció en el marcador, sino Amina Bello, prueba de que este equipo ya no depende de un solo nombre para lastimar rivales. Higuera se mantiene en 12 goles, segundo lugar de la tabla de goleo, aunque la brasileña Geyse Da Silva ya le sacó tres de ventaja (15). No pasa nada: cuando la punta de lanza no aparece, alguien más da un paso al frente, y eso es justo lo que necesita un equipo que aspira a más que sobrevivir el torneo.
Con este resultado, San Luis suma 9 jornadas jugadas, 5 victorias, 1 empate y 3 derrotas, 22 goles a favor, 16 en contra y 16 puntos, y se mantiene en el tercer lugar del Grupo 2, por detrás de América (25 pts) y Guadalajara (18 pts).
Rescatar un punto de visita ante un rival de la categoría de Tigres es una buena noticia, pero también deja una tarea pendiente: convertir esos empates en victorias cuando el partido está para ganarlo, como pasó en el primer tiempo.
La próxima oportunidad de sumar para las potosinas llegará el sábado 3 de octubre, a las 17:00 horas, cuando visiten a Querétaro, colista del grupo, en La Corregidora. Por lo visto hasta el momento de uno y otro equipo, San Luis llegará obligado a ganar, para no perder terreno ante un equipo que se ha quedado a deber toda la temporada, y se antoja una oportunidad grande para que Higuera sume goles en su lucha por dominar ese apartado estadístico.
También lee: El San Luis que ilusiona
Opinión
Compré una casa nueva que se cae a pedazos, ¿ahora quién responde? | Columna de Víctor Ezequiel
SERENDIPIA
Culto público, comprar una casa o un departamento debería ser una de las decisiones patrimoniales más importantes de nuestra vida. Lo que nadie nos advierte es que, algunas veces, después de firmar escrituras, pagar impuestos, honorarios notariales y gastos de compraventa, comienza otra historia: descubrir que aquello que parecía un hogar tiene goteras, problemas eléctricos, humedad, instalaciones defectuosas, acabados deficientes o incluso diferencias entre lo construido y lo que fue autorizado.
Y entonces aparece la pregunta incómoda: ¿quién responde?
En San Luis Potosí existe un problema que merece mayor atención. Hay desarrollos que tardan años en concluir procesos de urbanización y municipalización, obras que presentan deficiencias y compradores que terminan enfrentando solos problemas que, en principio, no les correspondían.
La ley, sin embargo, no deja completamente desprotegido al comprador.
La Ley Federal de Protección al Consumidor establece obligaciones específicas para quienes venden inmuebles destinados a casa habitación. Antes de contratar, el proveedor debe poner a disposición información sobre permisos, licencias, especificaciones técnicas, materiales y servicios, pero también planos estructurales, arquitectónicos y de instalaciones, o, en determinados casos, un dictamen estructural.
Así que si después de comprar un inmueble el propietario solicita los planos y la empresa simplemente guarda silencio, no estamos hablando solamente de una falta de cortesía.
Y vienen las garantías.
La ley establece una garantía mínima de cinco años para cuestiones estructurales, tres años para impermeabilización y un año para los demás elementos, contados desde la entrega real del inmueble. Durante ese periodo, el proveedor debe reparar sin costo los defectos o fallas que correspondan. Además, el tiempo empleado en las reparaciones no se computa para la garantía.
¿Goteras? ¿Problemas hidráulicos? ¿Instalaciones eléctricas defectuosas? ¿Deficiencias estructurales? No todo debe convertirse en un “pues así se entregó”.
Si existen defectos o vicios ocultos que hagan al inmueble impropio para su uso, disminuyan su calidad o afecten la seguridad que razonablemente debe esperarse, la propia legislación contempla alternativas como exigir la reparación, solicitar la rescisión o reducción del precio y, en determinados casos, reclamar bonificación o compensación, además de los daños y perjuicios que procedan.
Pero no todo se resuelve ante PROFECO.
Si el problema consiste en que el desarrollo no cumple con el proyecto autorizado, existen irregularidades en la construcción, se depositan escombros donde no corresponde o existen deficiencias en la urbanización, también entra en juego la legislación de ordenamiento territorial y desarrollo urbano de San Luis Potosí.
La ley exige que las obras cuenten con Director Responsable de Obra y, cuando corresponda, con corresponsables. Estos últimos deben revisar el proyecto, vigilar que la obra se ejecute conforme a lo autorizado y comunicar las irregularidades que puedan afectar su ejecución.
Además, la autoridad municipal tiene facultades de inspección y verificación. En materia de municipalización, debe comprobar que las obras ejecutadas correspondan a las autorizadas y, para otorgarla, deben constituirse garantías destinadas a asegurar la calidad de las obras. Incluso después de municipalizado el fraccionamiento existe un periodo para detectar y corregir vicios ocultos de la urbanización.
Por eso, cuando un desarrollador tarda años en entregar el fraccionamiento al municipio, la respuesta no debería ser resignarse. Hay que revisar qué autorizaciones existen, qué obra fue aprobada, qué falta por ejecutar, quién debe entregar y qué garantías fueron constituidas.
Lo mismo ocurre con el escombro. La legislación estatal establece obligaciones respecto de la limpieza y conservación de predios y áreas de donación; incluso contempla que determinadas áreas destinadas a equipamiento sean entregadas limpias y sin escombro.
¿Y qué puede hacer entonces el comprador?
Primero, documentar: fotografías, videos, contratos, escrituras, publicidad, correos, mensajes, reportes de garantía, dictámenes y cualquier comunicación con el desarrollador.
Segundo, presentar por escrito la reclamación y exigir formalmente la reparación, dejando constancia de fechas y defectos.
Tercero, acudir a PROFECO cuando exista una relación de consumo comprendida por la ley. La Procuraduría recibe reclamaciones contra proveedores inmobiliarios y existen incluso mecanismos de acción colectiva para casos en los que una inmobiliaria afecta a un grupo de consumidores con vicios ocultos, fallas estructurales o eléctricas o incumplimiento de garantías.
Cuarto, cuando existan problemas relacionados con la obra, urbanización, permisos o cumplimiento del proyecto, acudir también a la autoridad municipal competente, solicitando inspección y verificación.
Y si el problema requiere una reparación patrimonial, cumplimiento contractual, daños y perjuicios o existen cuestiones que PROFECO no pueda resolver, queda abierta la vía judicial correspondiente.
Respecto de las empresas que intervienen en la operación, hay que hacer una precisión: que un desarrollo utilice distintas razones sociales para adquirir terrenos, construir, comercializar o escriturar no demuestra por sí mismo una ilegalidad. Cada sociedad tiene personalidad jurídica propia y cualquier responsabilidad debe determinarse conforme a los contratos, actos realizados y legislación aplicable. Lo mismo ocurre con notarías y peritos: haber intervenido en una operación no significa automáticamente que sean responsables de todos los defectos de una construcción.
Pero tampoco significa que nadie pueda responder.
Porque si todos cobraron por hacer su parte, resulta difícil explicar por qué, cuando aparecen los problemas, el único que parece quedarse con ellos es quien compró el inmueble.
La pregunta no debería ser si los compradores están condenados a aceptar lo que les entregaron.
La pregunta correcta es otra: ¿estamos utilizando todas las herramientas legales que ya existen para exigir que una vivienda sea entregada, y permanezca, en las condiciones que fueron ofrecidas y legalmente exigibles?
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