agosto 18, 2026

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#4 Tiempos

El verano que pensé que sería divertido ver todos los estrenos del anime de la temporada – Parte 3 | Columna de Guille Carregha

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CRITICACIONES

 

EL VERANO QUE PENSÉ QUE SERÍA DIVERTIDO VER TODOS LOS ESTRENOS DE ANIME DE LA TEMPORADA PERO QUE, PRONTO, ME DI CUENTA DE MI TREMENDO ERROR CUANDO VI LA CANTIDAD DE SERIES QUE SE ESTRENABAN ESTE MES Y LO COMPARÉ CON LA EXTREMADAMENTE LIMITADA CANTIDAD DE HORAS LIBRES QUE EL CAPITALISMO DEL SIGLO XXI ME PERMITE TENER TODOS LOS DÍAS – PARTE 3

 

  1. Akaneko Ramen (TRES EPISODIOS)

                 Estoy consciente de que una serie que trata única y exclusivamente sobre gatitos bonitos manteniendo un restaurante de ramen donde ellos preparan las sopas debería emocionarme muchísimo más de lo que lo hace. Para que quede claro, sí que me emociona la idea. Tener la oportunidad de mirar gatitos bonitos en cualquier medio, ya sea dibujos, YouTube, animación, verlos en la vida real; siempre es la mejor opción posible. Siempre. Y, aun así, no he llegado a sentir que ver Akaneko Ramen deba ser mi prioridad esta temporada. Simplemente no me llena el corazón tanto como yo esperaba.

                  No es ni siquiera alguna situación de publicidad engañosa. Literalmente la serie toma lugar casi enteramente dentro del establecimiento de ramen, y todo el tiempo estamos viendo a alguno de los gatitos hacer como que son humanos y pueden llevar a buen término un negocio de este tipo. Ahí está una atendiendo como mesera, allá está un gato cocinando ramen, por allá hay un tigre preparando fideos. Esa es toda la serie. Gatos bonitos haciendo cosas bonitas. Eso es todo. El diseño de los gatitos también es en exceso tierno. Esas criaturas fueron creadas para vender millones de yenes de merchandising a lo largo y ancho de nuestro plano mundo. Es más, yo siento la tentación de hacerme de peluches oficiales de estos michitos para dormir aplastado por la felpa de esos objetos.

                  Es más, incluso las historias presentadas en los episodios suelen ser divertidas. Hay varios chistes, tanto visuales como de situación, que funcionan excelentemente. Algunas bromas terminan sintiéndose planísimas y algunos elementos que se nota a leguas fueron creados para hacernos decir “¡AWWWW! ¡CUEROS!” apenas hacen sentir a la audiencia un “ah, qué bonis”, pero, pues, también, el staff literalmente no tiene el tiempo de vida (o el sueldo) para permitirse echarle más ganas.

                  Incluso el opening es una canción de Wednesday Campanella, uno de mis grupos favoritos actualmente.

                  Entonces, ¿POR QUÉ CUERNOS NO PUEDO AMAR ESTA SERIE TANTO COMO DEBERÍA?     

                  Porque está animada en CGI. Un CGI horrible, que se ve sin vida, sin alma. Es como si cada animación, cada movimiento, tuviera el mismo appeal que los ojos muertos de todos los personajes de El Expreso Polar… pero con 1/89 del presupuesto. El estilo visual se ve tan poco atractivo que, incluso la idea de ver michitos hacer cosas tiernas por 23 minutos a la semana no se me antoja divertido.

  1. Sakuna: Of Rice And Ruin (CUATRO EPISODIOS)

                  Finalmente he llegado a los animes del sábado por la noche. De acuerdo a lo que aprendí viendo la relativamente buena Anime Supremacy, es aquí en donde los estudios de animación con más dinero y avaricia de la industria invierten casi todo su capital humano y económico con la esperanza de exprimirle la mayor cantidad de dinero a los niños de Japón al obligarles, sin querer queriendo, a gastar todas sus mesadas en figuritas de plástico barato representando lo que esperan se convierta en el anime de moda. Rara vez falla la estrategia.

                  Esta vez, la primera contendiente es una emocionante serie acerca de… plantar y cosechar arroz. Un tema que seguramente tiene apasionados a los niños de Japón desde principios del siglo XX. Incontables son las veces en las que se ha encontrado a grupos nutridos de estudiantes de primaria debatiendo en el patio de juego acerca de los mejores métodos para lavar los granos de arroz, o cuáles son las técnicas más efectivas para preparar la tierra en la que se plantará la cosecha, sin hablar de las acaloradas discusiones sobre cómo se deben de irrigar los campos para conseguir las mejore cosechas posibles.

                  ¿Cómo olvidar aquella memorable serie que estrenaron en Fox Kids para hacerle competencia a Yu-Gi-Oh! en donde un par de niños viajaban a través de los cerros de Japón en busca de los granos más efectivos para crear súper cosechas que pudieran alimentar al país entero… y de alguna manera usar arroz cocido para vencer la amenaza alienígena que había sustraído a todos los mandatarios del mundo?

                  En esta ocasión, la idea es seguir las aventuras de una diosa expulsada del reino de los dioses para encargarse de cultivar arroz en una isla lejana. La acompañan un puñado de humanos a los que conoció por casualidad y que son útiles en el proceso de la cosecha por sus habilidades en [ESPACIO EN BLANCO]. O sea, es una serie sobre un grupo de inútiles aprendiendo a cosechar arroz. Y, de vez en cuando hay unas cuántas peleas y escenas de acción bastante bien animadas y cinematografiadas

                  Literalmente el tercer episodio concluye con todos los personajes plantando los brotes de arroz en el campo aprendiendo a cantar canciones de plantíos de arroz para hacer más llevadera la experiencia.

                  That’s it. That’s the series.

                  E INESPERADAMENTE FUNCIONA MARAVILLOSAMENTE BIEN. Es increíble lo entretenida que pudieron hacer una premisa tan poco atractiva valiéndose de un sentido del timing impecable y unos diseños de personajes excelente. También les ayuda que cada escenario parece pintado a mano sobre un canvas real, lo que le da esa sensación de que estás observando algo impresionante suceder frente a tus ojos.

                  En sí, la serie no presenta nada novedoso. Los tropos de personajes de cualquier serie estilo shounen están presentes: el niño rebelde que no quiere hacer nada, el sujeto grandote que es demasiado bueno para lo que pueda indicar su silueta, el bebé que no habla ni hace nada, el animalito fantástico que explica las cosas para que la audiencia entienda qué está pasando, la clásica mujer foránea que no sabe hablar japonés (?). Lo tiene todo. Cada quien haciendo precisamente lo que su tropo le pide que haga. En papel, esto debería ser aburridísimo y lo más genérico de la temporada.

                  Pero, para su fortuna, The Strongest Magician in the Demon Lord’s Army Was a Human se estrenó antes para tomar el lugar de serie genérica de la temporada. Ah, y el staff realmente parece estar esforzándose en crear un anime asombroso.

                  ¿A alguien le sobran algunos granos de arroz listos para plantar? De pronto me entró la necesidad de tener un hiperfoco que terminará en tragedia en dos días.

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#4 Tiempos

El filósofo de Lo Mexicano, Luis Villorio Toranzo | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

En 1950 El Colegio de México publicaba la obra: Los grandes momentos del indigenismo en México, escrita por Luis Villorio Toranzo, que iniciaba su trayectoria filosófica en México, después de graduarse en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México, donde se doctoró en filosofía. Bajo la influencia del filósofo español desterrado y que fuera Rector de la Universidad de Madrid, José Gaos, emprendió en el grupo filosófico Hiperion, el estudio del Ser del Mexicano y la producción de la filosofía de Lo Mexicano desde corrientes como el existencialismo, el historicismo y la fenomenología.

Aunque el interés en el tema del indigenismo al parecer tuvo sus raíces en las experiencias de juventud en el altiplano potosino, en la Hacienda de Cierro Prieto al noroeste de la ciudad de San Luis Potosí, donde la familia de su madre tenía sus raíces y donde viviría por un tiempo, antes de trasladarse a la Ciudad de México a estudiar filosofía en la UNAM. En dicha hacienda, al decir de su hijo el escritor Juan Villorio en su libro sobre su padre: la figura del mundo, le marcaría la escena de un campesino que al encontrarlo le saluda besándole la mano y refiriéndose a su persona como “patroncito”.

Luis Villorio nació el 3 de noviembre de 1922 en Barcelona, España; su padre un médico barcelonés y su madre una rica hacendada potosina. Tras el conflicto de la guerra civil española, su familia regresa a México y se instala en primera instancia en San Luis Potosí a fines de la década de los treinta.

La trayectoria intelectual de Luis Villorio, siempre estuvo en torno al tema de lo mexicano lo que lo llevó a estar de cerca y apoyar el movimiento zapatista en Chiapas al parejo de su vida académica en la UNAM.

En su pensamiento se subraya la convivencia social bajo el respeto entre culturas, exige reconocer al otro y construir comunidades que incluyan la diversidad, sin sacrificar la autonomía de las personas ni de los pueblos. Lo que le llevo a proponer enfoques para una democracia que reconozca la pluralidad de identidades.

Profesor de la UNAM desde 1954 en la Facultad de Filosofía y Letras de donde egresó, fue también investigador del Instituto de Investigaciones Filosóficas desde 1971 y

en el cual es nombrado Investigador Emérito en 1989, mismo año en que recibe el Premio Universidad Nacional en Investigación en Humanidades. En 1998 es nombrado Investigador Nacional Emérito de la UNAM.

En la creación de instituciones también tuvo participación, fue profesor fundador de la Facultad de Filosofía de Guadalajara y de la Universidad Autónoma Metropolitana unidad Iztapalapa haciéndose cargo de la dirección de la División de Ciencias Sociales y Humanidades. En 1978 ingresa a El Colegio Nacional y en 1986 recibe el Premio Nacional de Ciencias Sociales, Historia y Filosofía. La Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo le otorgó el Doctorado Honoris Causa en el 2002, y en el 2004 se lo otorga la Universidad Autónoma Metropolitana. Finalizando el año de 2007 es nombrado Miembro Honorario de la Academia Mexicana de la Lengua.

Respecto a su obra filosófica, el Centro de Estudios de Filosofía Mexicana la reseña: “La obra de Villoro no es posible clasificarla en una sola línea de investigación, pues su producción filosófica se desarrolló en varias vertientes a lo largo de su vida intelectual, por ejemplo: el campo de la historia de las ideas y de la filosofía de la cultura, la filosofía de la historia, la filosofía política, la teoría del conocimiento, la analítica, la ética, entre otras”.

Luis Villorio Toranzo, que se nutrió de la vida mexicana en el altiplano potosino es considerado uno de los más destacados representantes de la filosofía mexicana, siendo su obra una parte indispensable de la filosofía. Villorio murió en la Ciudad de México el 5 de marzo del 2014.

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Historias de valor | Columna de Juan Jesús Priego

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LETRAS minúsculas

 

Una vez, un famoso orador se presentó ante un auditorio muy numeroso para disertar acerca de La dignidad humana y sus fundamentos teóricos (así tituló su conferencia). ¡Pero, ay, tan largamente habló de estos asuntos que muchos asistentes empezaron a bostezar y otros francamente se durmieron! Entonces decidió cambiar de táctica y sacó de su cartera un billete de quinientos pesos, lo agitó en el aire y preguntó con voz tonante:

¿Alguien quiere este billete?

Los que estaban despiertos levantaron la mano, y los que en ese momento dormían también la levantaron, e incluso más firmemente que los otros, un poco así como los diputados y los senadores la levantan en la Cámara a la hora de las votaciones. ¿Sobre qué van a votar? Sólo Dios lo sabe, pero ellos de todas maneras, para fingir que viven, dan muestras de asentimiento. Pero sigamos con nuestra historia. Era claro que todos querían participar en el dichoso concurso, pero ¿qué tenían que hacer para ganarse esos quinientos pesos?

El orador adoptó un aire misterioso, tiró al billete al suelo, lo pisoteó una, dos y cien veces, cual si bailara sobre él el jarabe tapatío, lo levantó del suelo y volvió a decir:

-El billete ha quedado un poco maltratado, como ustedes pueden ver. Pero si alguien lo sigue queriendo, que me lo diga.

Por demás está decir el revuelo que se armó. ¿A quién le importaba que estuviera maltratado? ¡Todos seguían queriendo aquel billete!

Luego el orador escupió sobre él, lo dobló, hizo con él una bola del tamaño de una pelota de golf y lo enseñó otra vez a su auditorio.

-Quien en tales condiciones siga queriendo este billete no tiene más que decírmelo y se lo daré.

Y he aquí que todos volvieron a levantar la mano.

-Bien –dijo entonces el orador-. Ahora ya están en mejor condiciones de saber qué es la dignidad humana. Cuando el billete estaba liso y crujiente, todos lo querían, pues valía lo que dice en cada uno de sus cuatro ángulos, es decir, quinientos pesos. Cuando lo pisoteé no una, sino varias veces, y quedó manchado con el lodo de mis zapatos, ustedes quisieron tenerlo aún, pues seguía valiendo quinientos pesos: mis golpes, como quiera que sea, no le hicieron perder nada de su valor. Luego lo escupí, pero no por eso ustedes le hicieron ascos. Pues así sucede con el hombre, señores y señoras. El hombre puede ser pisoteado, escupido, humillado; pero, pase lo que pase con él y le hagan lo que le hagan, nunca perderá su valor ni su dignidad.

El auditorio esbozó una sonrisa de comprensión y amabilidad, y el orador prosiguió de esta manera:

-Suceda lo que suceda, ante Dios siempre seremos valiosos e importantes: infinitamente más valiosos que este billete que, por lo demás, sólo vale quinientos pesos. ¿Ahora han comprendido ya en qué consiste la dignidad humana?

Y así acabó aquella conferencia. Espero que, por su bien, el orador haya sorteado entre el auditorio aquel billete, pues, de lo contrario…

Cuando leí esta historia en un libro de cuyo título no puedo acordarme, también yo sonreí. Pero no por el ingenio de este orador, sino porque ya había leído yo en un libro de la antigüedad cristiana una historia parecida.

Una vez –así comienza esta otra historia, mucho más antigua que la primera-, un peregrino fue en busca de un anacoreta para pedirle ayuda y un consejo. Estaba muy afligido por sus pecados pasados y no estaba seguro de que Dios fuera a perdonárselos. “No he sido bueno –gemía, desconsolado-; no he sido trigo limpio. ¿Tendrá Dios compasión de mí?”.

El anacoreta le habló largamente de la misericordia divina, le contó la historia de David y otras muchas tomadas de la Biblia; lo amonestó con graves palabras para que confiara más en la misericordia divina, pero el pobre peregrino seguía mostrándose al borde de la desesperación.

Entonces el santo hombre de Dios le hizo esta pregunta:

-Dime, si tu túnica se rasgara, ¿la tirarías?

-No. Esta túnica es la única que tengo; si se rasgara, la remendaría y volvería a usarla.

-Entonces, fíjate bien –respondió el anacoreta-: si tú cuidas así tus vestidos, que no son más que paño, ¿crees que Dios no va a tener misericordia de uno que ha sido creado a su imagen y semejanza?

El peregrino sonrió lleno de gozo, luego lloró durante unos instantes, emocionado, y por último besó la mano del santo anacoreta: había comprendido la lección. ¡Ahora ya sabía cuál es el valor de la vida humana! Y, dándole las más sinceras gracias, reemprendió su camino…

¿No es ésta una historia bella y profundamente humana? En realidad, me gusta mucho más que la anterior. ¿Crees que, por lo que has hecho, Dios se va a deshacer de ti echándote en el olvido? ¿Crees que Dios se deshace de este modo de sus criaturas? Sí así lo crees, si esto es lo que piensas de Él, déjame decírtelo: aún no lo conoces. Como el billete del conferencista, el hombre puede estar sucio; como la túnica del peregrino, su corazón puede estar roto, pero no por eso a sus ojos vale menos. Tal es, en pocas palabras, el fundamento de la dignidad humana. Y quien quiera fundamentarla de otra manera y con otros argumentos construye sencillamente en el vacío.

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El Cronopio

El artista, narrador, periodista e ingeniero, Alberto Sustaita | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

J.R. Martínez/Dr. Flash

En la lista de los grandes literatos potosinos del siglo XIX y principios del siglo XX se encuentra Miguel Alberto Sustaita Zavala que combinó su actividad profesional entre el periodismo, la literatura, el dibujo y la música. Esta última exponiendo la vena musical familiar pues su abuelo fue el músico potosino de reconocimiento internacional León Zavala, cuyo nombre perduró en el imaginario potosino al preservarse la orquesta con su nombre, en la cual, por cierto, iniciaría sus actividades musicales Julián Carrillo.

Su nombre se suma a la lista de personajes que combinan su vocación entre las ciencias e ingeniería con las letras. Alberto Sustaita ingresaría a estudiar ingeniería en el Colegio Militar de México, después de terminar sus estudios de preparatoria en el Instituto Científico y Literario de San Luis Potosí, mismos que abandonaría para dedicarse a la escritura iniciando actividades de literatura y periodismo, en San Luis Potosí.

Miguel Alberto Sustaita Zavala nació en San Luis Potosí el 10 de mayo de 1863, su primera infancia la vivió bajo la ocupación francesa en San Luis. Si bien su obra literaria no es del todo conocida, sus composiciones musicales lo son menos, las cuales fueron influenciadas por el ambiente familiar en el cual varios de sus tíos ejercían su vocación musical heredada de su abuelo.

En sus primeros años como escritor se distinguiría por su trabajo periodístico, donde luego usaba la poesía como forma de expresión. Sus contribuciones en los periódicos locales de la época, como El Estandarte y El Correo de San Luis, usaba el seudónimo de P.K. Dor, el que luego también usaría en su obra literaria. Fue director del periódico potosino El Contemporáneo.

Su obra literaria incluye teatro, cuento, drama y novela

, la cual produjo desde fines del siglo XIX hasta su muerte que ocurrió el 29 de junio de 1909.

En 1892 publicó Siete Pecados, libro de narraciones editado por la imprenta Vélez e hijos, donde Manuel José Othón hizo la presentación; presentación donde Othón lamentaba “porque en San Luis nadie lee” (¿qué tanto ha cambiado esta apreciación?).

Iniciando el siglo XX llevaría a la imprenta varias de sus obras, entre las que se encuentran la realizada en la Imprenta Popular en 1906 intitulada Las Bolado. En la Tipografía de la Escuela Militar de San Luis Potosí, editaría las obras: Nita. Drama en un prólogo y tres actos, en 1904; El crimen del Pullman en 1907; Mortales y veniales en 1907; El padre Adrián. Drama en tres, también en 1907; Mutilado en 1909, poco antes de su muerte.

En 2010 el Ayuntamiento de San Luis Potosí publicó la obra Cuentos Potosinos donde se incluyeron los escritos por Alberto Sustaita y en 1998 El Colegio de San Luis, en su colección Literatura Potosina 1850 – 1950 coordinada por Ignacio Betancourt, publicó los cuentos Un Truchiman, Doña Juanita y el Tren de Balastre.

Alberto Sustaita procreó cinco hijos en su matrimonio el 7 de mayo de 1898 con María Emilia Muñoz López realizado en San Luis Potosí.

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