noviembre 1, 2026

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#4 Tiempos

El verano que pensé que sería divertido ver todos los estrenos del anime de la temporada – Parte 3 | Columna de Guille Carregha

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CRITICACIONES

 

EL VERANO QUE PENSÉ QUE SERÍA DIVERTIDO VER TODOS LOS ESTRENOS DE ANIME DE LA TEMPORADA PERO QUE, PRONTO, ME DI CUENTA DE MI TREMENDO ERROR CUANDO VI LA CANTIDAD DE SERIES QUE SE ESTRENABAN ESTE MES Y LO COMPARÉ CON LA EXTREMADAMENTE LIMITADA CANTIDAD DE HORAS LIBRES QUE EL CAPITALISMO DEL SIGLO XXI ME PERMITE TENER TODOS LOS DÍAS – PARTE 3

 

  1. Akaneko Ramen (TRES EPISODIOS)

                 Estoy consciente de que una serie que trata única y exclusivamente sobre gatitos bonitos manteniendo un restaurante de ramen donde ellos preparan las sopas debería emocionarme muchísimo más de lo que lo hace. Para que quede claro, sí que me emociona la idea. Tener la oportunidad de mirar gatitos bonitos en cualquier medio, ya sea dibujos, YouTube, animación, verlos en la vida real; siempre es la mejor opción posible. Siempre. Y, aun así, no he llegado a sentir que ver Akaneko Ramen deba ser mi prioridad esta temporada. Simplemente no me llena el corazón tanto como yo esperaba.

                  No es ni siquiera alguna situación de publicidad engañosa. Literalmente la serie toma lugar casi enteramente dentro del establecimiento de ramen, y todo el tiempo estamos viendo a alguno de los gatitos hacer como que son humanos y pueden llevar a buen término un negocio de este tipo. Ahí está una atendiendo como mesera, allá está un gato cocinando ramen, por allá hay un tigre preparando fideos. Esa es toda la serie. Gatos bonitos haciendo cosas bonitas. Eso es todo. El diseño de los gatitos también es en exceso tierno. Esas criaturas fueron creadas para vender millones de yenes de merchandising a lo largo y ancho de nuestro plano mundo. Es más, yo siento la tentación de hacerme de peluches oficiales de estos michitos para dormir aplastado por la felpa de esos objetos.

                  Es más, incluso las historias presentadas en los episodios suelen ser divertidas. Hay varios chistes, tanto visuales como de situación, que funcionan excelentemente. Algunas bromas terminan sintiéndose planísimas y algunos elementos que se nota a leguas fueron creados para hacernos decir “¡AWWWW! ¡CUEROS!” apenas hacen sentir a la audiencia un “ah, qué bonis”, pero, pues, también, el staff literalmente no tiene el tiempo de vida (o el sueldo) para permitirse echarle más ganas.

                  Incluso el opening es una canción de Wednesday Campanella, uno de mis grupos favoritos actualmente.

                  Entonces, ¿POR QUÉ CUERNOS NO PUEDO AMAR ESTA SERIE TANTO COMO DEBERÍA?     

                  Porque está animada en CGI. Un CGI horrible, que se ve sin vida, sin alma. Es como si cada animación, cada movimiento, tuviera el mismo appeal que los ojos muertos de todos los personajes de El Expreso Polar… pero con 1/89 del presupuesto. El estilo visual se ve tan poco atractivo que, incluso la idea de ver michitos hacer cosas tiernas por 23 minutos a la semana no se me antoja divertido.

  1. Sakuna: Of Rice And Ruin (CUATRO EPISODIOS)

                  Finalmente he llegado a los animes del sábado por la noche. De acuerdo a lo que aprendí viendo la relativamente buena Anime Supremacy, es aquí en donde los estudios de animación con más dinero y avaricia de la industria invierten casi todo su capital humano y económico con la esperanza de exprimirle la mayor cantidad de dinero a los niños de Japón al obligarles, sin querer queriendo, a gastar todas sus mesadas en figuritas de plástico barato representando lo que esperan se convierta en el anime de moda. Rara vez falla la estrategia.

                  Esta vez, la primera contendiente es una emocionante serie acerca de… plantar y cosechar arroz. Un tema que seguramente tiene apasionados a los niños de Japón desde principios del siglo XX. Incontables son las veces en las que se ha encontrado a grupos nutridos de estudiantes de primaria debatiendo en el patio de juego acerca de los mejores métodos para lavar los granos de arroz, o cuáles son las técnicas más efectivas para preparar la tierra en la que se plantará la cosecha, sin hablar de las acaloradas discusiones sobre cómo se deben de irrigar los campos para conseguir las mejore cosechas posibles.

                  ¿Cómo olvidar aquella memorable serie que estrenaron en Fox Kids para hacerle competencia a Yu-Gi-Oh! en donde un par de niños viajaban a través de los cerros de Japón en busca de los granos más efectivos para crear súper cosechas que pudieran alimentar al país entero… y de alguna manera usar arroz cocido para vencer la amenaza alienígena que había sustraído a todos los mandatarios del mundo?

                  En esta ocasión, la idea es seguir las aventuras de una diosa expulsada del reino de los dioses para encargarse de cultivar arroz en una isla lejana. La acompañan un puñado de humanos a los que conoció por casualidad y que son útiles en el proceso de la cosecha por sus habilidades en [ESPACIO EN BLANCO]. O sea, es una serie sobre un grupo de inútiles aprendiendo a cosechar arroz. Y, de vez en cuando hay unas cuántas peleas y escenas de acción bastante bien animadas y cinematografiadas

                  Literalmente el tercer episodio concluye con todos los personajes plantando los brotes de arroz en el campo aprendiendo a cantar canciones de plantíos de arroz para hacer más llevadera la experiencia.

                  That’s it. That’s the series.

                  E INESPERADAMENTE FUNCIONA MARAVILLOSAMENTE BIEN. Es increíble lo entretenida que pudieron hacer una premisa tan poco atractiva valiéndose de un sentido del timing impecable y unos diseños de personajes excelente. También les ayuda que cada escenario parece pintado a mano sobre un canvas real, lo que le da esa sensación de que estás observando algo impresionante suceder frente a tus ojos.

                  En sí, la serie no presenta nada novedoso. Los tropos de personajes de cualquier serie estilo shounen están presentes: el niño rebelde que no quiere hacer nada, el sujeto grandote que es demasiado bueno para lo que pueda indicar su silueta, el bebé que no habla ni hace nada, el animalito fantástico que explica las cosas para que la audiencia entienda qué está pasando, la clásica mujer foránea que no sabe hablar japonés (?). Lo tiene todo. Cada quien haciendo precisamente lo que su tropo le pide que haga. En papel, esto debería ser aburridísimo y lo más genérico de la temporada.

                  Pero, para su fortuna, The Strongest Magician in the Demon Lord’s Army Was a Human se estrenó antes para tomar el lugar de serie genérica de la temporada. Ah, y el staff realmente parece estar esforzándose en crear un anime asombroso.

                  ¿A alguien le sobran algunos granos de arroz listos para plantar? De pronto me entró la necesidad de tener un hiperfoco que terminará en tragedia en dos días.

También lee: El verano que pensé que sería divertido ver todos los estrenos del anime de la temporada – Parte 2 | Columna de Guille Carregha

Acento Ajeno

La alcancía sin fondo de Margarito | Columna de Haniel Valdés

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ACENTO AJENO

Por: Haniel Valdés Velázquez

Dice Shakira, “tiene nombre de persona buena, claramente no es como suena”. Nombre de flor, pero actuar de mala hierba. Mientras el Estado amplía las rutas gratuitas y de calidad, para los potosinos, las empresas que operan el otro, el caro y de pésima calidad, dicen que no les alcanza y necesitan duplicar el precio del pasaje.

Margarito Terán, representante del sector camionero, que nunca ha usado el transporte público para moverse, solo para llenar sus bolsillos, por eso no sabe el pésimo servicio que prestan, pide tarifa récord y dinero público sin explicar qué pasó con el aumento de este año ni con los camiones nuevos que el Estado ya entregó al sector.

En enero, Margarito Terán pidió subir el pasaje de 12.50 a 15 pesos. El Estado le autorizó 13.50. Nueve meses después vuelve con una cifra que ya no es petición sino ultimátum: 23 pesos por viaje, 2,797 millones del erario y la amenaza de que el sistema “va a colapsar por inercia”.

Veintitrés pesos son 70% más que la tarifa vigente y 53% más que los 15 que el propio Terán decía indispensables hace diez meses. Si 15 eran la salvación en enero, ¿qué cambió para que ahora cueste ocho pesos más?

Hay un dato que Terán omite. Ese mismo enero, el 12, el gobernador Ricardo Gallardo entregó 100 camiones nuevos con una inversión de 266 millones de pesos en financiamientos. Son 2.66 millones por unidad. Al ritmo de ese precio, renovar las 768 unidades de la iniciativa costaría unos 2,043 millones. Faltarían casi 750 millones para llegar a los 2,797 que piden. El resto cubriría déficits de operación, un margen de 15% de utilidad para los concesionarios y las pérdidas de la pandemia. Es decir: dinero público para garantizarles ganancia.

Tampoco está claro qué pasó con los camiones ya entregados. El Gobierno presumió 100 en enero; en octubre, la SCT habló ante el Congreso de “más de 70 unidades urbanas” renovadas. Nadie ha dicho cuántos circulan, en qué rutas ni quién paga el financiamiento. Antes de pedir más, habría que rendir cuentas de lo que ya se dio.

Yo, usuario del transporte público de la capital, debo ser un desafortunado, solo una vez subí a una unidad de las nuevas, al parecer las rutas 53, 21, 30, 27, 10 y 5, que son las que utilizo con frecuencia, no recibieron la dicha de contar con los nuevos camiones, porque he conocido autos clásicos más modernos que los camiones que suelen llevarme por la ciudad.

La flota vieja no es una sorpresa. Terán dice que 882 unidades

ya debieron salir de circulación. La Ley de Transporte Público no permite camiones de más de 10 años, y renovarlos es obligación de quien tiene la concesión, no del usuario. En 2015 el padrón registraba mil 174 unidades; hoy hay mil 203. Once años después, el parque casi no creció, y tampoco se renovó. Y en mayo, el propio Terán reconoció que de mil 200 unidades autorizadas solo circulaban unas 800.

Hay una concentración que pesa. Cuatro empresas controlan 36% del padrón y diez, 61%. El dinero público llegaría sobre todo a quienes ya tienen más peso. Una de ellas, Tangamanga, enfrenta una denuncia de Ciudadanos Observando por mantener suspendidas tres rutas de su concesión.

El diputado Héctor Serrano lo dijo claro: las concesiones “son potestad del Estado, no propiedad de los concesionarios”. Quien explota un bien público no puede presentarse a pedir rescate cuando el negocio le sale mal.

Terán tiene razón en algo: los costos de operar suben. Pero una industria que pide más tarifa, más subsidio y más tiempo, sin ofrecer metas, plazos ni auditoría, no pide apoyo: pide un cheque en blanco.

Los costos suben, pero el respeto a la vialidad, la buena educación y atención por los conductores de las unidades, la limpieza de las mismas y el respeto a sus horarios y paradas, disminuyen.

La SCT debería preocuparse más por velar que las unidades de transporte urbano cumplan con aquello por lo que reciben dinero público, ofrecer un transporte de calidad. Pero primero y más fácil, cerrarle la boca y pararle los pies a este señor que ya parece alcancía, solo pidiendo dinero para guardar y no para emplear en lo que se necesita. O mínimo, salir con urgencia a desmentir sus falacias y exigirle resultados.

Lo mínimo que el usuario merece antes de pagar un peso más es saber cuántos de los 100 camiones nuevos circulan, un plan de renovación con fechas, rutas que realmente operen y cuentas abiertas sobre qué se hizo con el aumento de este año. Sin eso, los 23 pesos no son un precio. Son una factura sin desglose.

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El Cronopio

Carlos Villatoro, el actor de corazón potosino | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

Los inicios del cine mexicano están marcados por la participación de actores y actrices de San Luis Potosí; algunos personajes han sido tratados en esta columna. Desde la época del cine mudo hasta los albores del cine sonoro en México, aparecen estas contribuciones potosinas que se extienden a lo largo de toda la historia del cine mexicano.

Entre los personajes que inician su actividad actoral en el cine mudo se encuentra Carlos Villatoro, que si bien se registra su lugar de nacimiento en Comitán, Chiapas, en 1903, siempre subrayó su sello de potosino en virtud que sus hermanos mayores habían nacido en San Luis Potosí y su familia radicaba en la ciudad potosina al finalizar el siglo XIX.

Carlos Villatoro, actor del cine mudo y sonoro mexicano

Uno de dichos hermanos era Héctor Villatoro que a principios de la década de los veinte se encontraba como cónsul en Canadá, y con quien fue enviado Carlos Villatoro por su padre. Este periplo marcaría su primera relación con el mundo del cine, pues al quedar varado en Nueva York por una huelga que imposibilitó su viaje a Canadá, conoció a quienes iniciarían la dirección de películas en México, Gabriel García Moreno y Manuel Ojeda, en ese momento se acercaba a la actividad actoral en Nueva York. Como consecuencia, en 1925 García Moreno le propuso el papel estelar de la película El Buitre, y una serie de películas que se filmaron en Orizaba, Veracruz, de 1925 a 1927, entre ellas el Puño de Hierro de 1927 que se considera la primera película que trata el mundo de las drogas.

Como pionero del cine mudo mexicano Carlos Villatoro se convierte en uno de los mejores actores del cine mudo mexicano y de los primeros años del cine sonoro, al protagonizar películas sonoras desde 1934, entre ellas la película de Juan Bustillo Oro, Dos Monjes, donde participa también la actriz potosina Emma Roldán, en el papel de Gertrudis la madre de Javier, protagonizado por Carlos Villatoro; en esa película participa también en realización de Dos Monjes, el matehualense Juan José Ortega García, de quien trataremos en futuras entregas de esta columna.

Carlos Villatoro conoce a Juan Bustillo Oro cuando estudiaban en la Escuela Nacional Preparatoria, lo que fue otro encuentro que le marcaría su destino a la actuación en cine, donde también se formaría como guionista y director, dirigiendo a principios de los cuarenta los cortometrajes: Viaje a Jalapa, Canciones y Danzas Mexicanas, Compositores Mexicanos y Juan Diego. Escribió el argumento de la famosa y exitosa película Quinto Patio, dirigida por Rafael Sevilla en 1950.

Después de su participación en el cine mudo en México donde actuó en cinco películas en la década de los veinte, inicia su participación en el cine sonoro en 1934 en la película Águilas de América dirigida por Manuel Ojeda, participando en alrededor de veinte películas en el lapso de diez años, terminando su actuación en 1943 en la película La Mujer sin Alma de Fernando de Fuentes en 1943, al lado de María Félix.

A partir de 1944 se desempeña como anotador y asistente de director hasta 1963, año de su muerte. En esta actividad trabaja en numerosas producciones norteamericanas filmadas en México, teniendo apariciones incidentales.

También tuvo participación en la radio en México, siendo locutor en varias estaciones desde 1929. En la XEW tuvo el programa en 1951 “El rincón bohemio de Carlos Villatoro”.

Carlos Villatoro Escobedo el actor pionero del cine mexicano y baluarte en su desarrollo, quien se consideró un potosino de corazón, es uno de los fervientes hacedores del cine en México, quien consideraba que “la vida no era de película, pero hacer cine era su vida”.

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El Cronopio

Leticia Almazán de la Garza, compositora potosina | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

San Luis Potosí ha sido tierra de compositores, donde la música de concierto y las canciones de concierto han sobresalido. Algunos de estos personajes los hemos tratado en esta sección, aunque entre ellos han escaseado las mujeres, en cuanto a composiciones se refiere. Los tiempos cambian al abrirse oportunidades a las damas y, afortunadamente, en este siglo veintiuno podemos contar con algunas compositoras potosinas. Como muestra está el concierto que ofreciera la Orquesta Sinfónica de San Luis Potosí en el mes de marzo pasado donde interpretó, en el marco del Día Internacional de la Mujer, composiciones de autoras potosinas. Entre las compositoras potosinas programadas en el concierto se encontraba Leticia Almazán de la Garza.

Leticia Almazán, al menos fue mencionada en esta columna cuando tratamos el caso de la pianista potosina Malkhut Zavala, quien tiene entre su repertorio obras de Leticia Almazán, quien actualmente es encargada de las Escuelas de Iniciación Artística Asociadas que están asociadas al Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, que a pesar del esfuerzo de sus integrantes ha sido difícil su continuación, como suele suceder con el cambio de administraciones. Leticia Almazán se desempeña como Directora Académica del CEART San Luis.

Entre sus composiciones se encuentra La Noche, obra basada en los poemas de Manuel José Othón, obra con la que obtuvo el premio 20 de noviembre “Julián Carrillo”; la obra se estrenó en 2006, y ha sido poco interpretada, hasta que se armó el concierto de marzo.

A cien años de la muerte de Othón se compone esta obra musical, que da concreción a la obra inconclusa que contemplaran Othón y Carrillo, su conjunción lírica que habían titulado Tetralogía. Una pieza para celebrar el centenario de la Independencia de México que estaría dividida en cuatro partes: Descubrimiento de América, Conquista, Virreinato e Independencia. Así sería una obra que recorrería la historia hispana de México y la construcción de un nuevo país. La muerte sorprendió al poeta y la obra quedó en suspenso; colaboración entre dos grandes figuras potosinas del arte, cuestión ya tratada en muy anterior entrega de esta sección de El Cronopio.

Ahora Leticia Almazán, se basa en la poesía de Othón para crear su obra musical La Noche. Una forma de apreciar el nuevo arte musical potosino de la mano de Leticia Almazán y la poesía del máximo poeta potosino. Por desgracia, es música que no se encuentra grabada por lo que dificulta su difusión, de por sí escasa, en aquellas obras de que se disponen grabaciones.

Leticia Almazán surge, así como una de las mujeres que abren camino en el campo de la composición en San Luis Potosí. Su incursión en esta línea de la composición es alentadora, pues puede sumarse a la escasa pero existente lista de compositoras mexicanas que incursionaron en la música clásica, entre ellas, María Grever, Sofía Cancino de Cuevas, Rosa Guraieb, Consuelo Velázquez, Ángela Peralta, María Teresa Prieto, Alicia Urreta, Guadalupe Olmedo, y ahora la joven compositora potosina Galya Cisneros, por citar algunas.

Leticia Almazán se tituló en la Licenciatura en Composición en la Escuela Estatal de Música en el año 2015, y realizó una Maestría en Administración Pública en la Universidad Latinoamericana.

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