julio 12, 2026

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El enemigo del tiempo | Columna de Juan Jesús Priego

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El hombre, estimado señor, es un animal nostálgico. Véalo usted en una estación de trenes diciendo adiós a los que se van; véalo, sobre todo, agitar la mano derecha en señal de despedida. ¡Qué actitud más reservada adopta! Nunca Platón se mostró tan pensativo, ni Aristóteles más ensimismado.

¿Y sabe usted cuál es la razón de su nostalgia? El tiempo, estimado señor: el tiempo, ese enemigo. ¿Qué es lo que no deshace el tiempo, a qué no le quita su color, su calor y su hermosura? Vea usted, por favor, este libro que traigo conmigo. Cuando lo compré, en esta misma estación, hace diez años, sus páginas eran blancas todavía, pero mire ahora lo amarillas y viejas que se han puesto. ¿Y no sucede lo mismo con los rostros? Caras que ayer eran luminosas, hoy lucen mortecinas y grises, como tardes de tormenta; pupilas que brillaban como el sol, hoy son estrellas apagadas; cabezas que suscitaban admiración por lo pobladas que estaban, hoy muestran con timidez la calavera que serán.

Además, ¿de qué no nos separa el tiempo? Lo que el amor había unido, el tiempo y la muerte lo separarán; lo que el destino había juntado, el tiempo se encargará de dispersarlo. ¡Ah, el tiempo: demoledor implacable de lo bueno y de lo malo! Y si esto es así, como puedo jurarle que lo es, permítame entonces aventurar una definición: la nostalgia es un rostro al que el tiempo ha herido. Observe a aquel señor de la gabardina gris. ¿Podría usted decirme en qué piensa? Observe ahora su mirada: ¿no es francamente triste? Los suyos han partido en el último tren; ahora bien, ¿los volverá a ver algún día, alguna vez? He aquí la pregunta que creo adivinar en su semblante. Y, por lo demás, ¿no es ésta una pregunta legítima? Después de todo, como dijo el poeta, los vivientes de hoy no somos sino los sobrevivientes del día de ayer. ¡Ayer pasaron tantas cosas, fuimos a tantos lugares, esquivamos tantos autos por las peligrosas autopistas! Y, sin embargo, aquí estamos, lo cual es un milagro, un auténtico prodigio de la gracia, estimado señor. Pero, ¿podremos mañana decir lo mismo?

Apenas se han marchado sus seres queridos y ya quiere este señor estar con ellos. A este querer imposible es a lo que yo llamo nostalgia, que es –y tómelo, si quiere, por una nueva definición- el sufrimiento de las lejanías. ¡Quién sabe cuánto temería nuestro hombre la llegada de esta tarde, el naufragio de esta hora! Hace una semana acaso se mostrara sólo pensativo, pues se decía: «¡Faltan aún siete días!». Pero estos siete días han pasado ya, y aquella seriedad ha tomado hoy todos los rasgos de la tristeza.

Si me lo permite usted, le haré una pregunta: ¿ha observado lo que solemos preguntarnos los mortales a manera de saludo? Decimos casi siempre: «¿Cómo está usted?». ¿Y qué es lo que queremos decir con semejante pregunta? He aquí, por ejemplo, lo que dice a este respecto el escritor austriaco Franz Werfel (1890-1945), que es quien escribió ese libro que ahora traigo conmigo y del que hace poco le hablé; se titula, véalo usted, Entre el cielo y la tierra, y es algo así como su testamento espiritual. Pero déjeme leerle un breve fragmento. ¿En qué página está lo que quería leerle? ¡Hela aquí, se trata de la página 217! Escuche: «¿Cómo está usted? Esta forma de saludo muestra que la humanidad está hecha una verdadera lástima. Pues sólo a un enfermo se le haría semejante pregunta a cada encuentro». ¿No es esto el colmo de la agudeza, señor mío? ¿No es ingenioso? Sin embargo, pese a su perfección, yo glosaría así este aforismo: «¿Cómo está usted? Saludar de semejante modo es reconocer que el tiempo nos carcome por dentro como la polilla a la madera y que es casi un milagro que sigamos en este mundo donde las mañanas son bellas y ya no digamos los crepúsculos. ¡Cómo! ¿Está usted?

: he aquí la entonación que habría que darle cada vez a este saludo, pues es eso, en realidad, lo que preguntamos».

Preguntarnos unos a otros cómo estamos es reconocer que el tiempo pasa como un huracán furioso, como un terremoto que todo lo devasta; es, en fin, el único saludo que dos mortales podrían permitirse: dos sobrevivientes de ayer que se encuentran hoy y que no saben si habrá un mañana en el que puedan encontrarse una vez más.

Por eso odio el tiempo, estimado señor. Por eso nada me consuela, sino la eternidad (lo que, a mi ver, es otra forma de nostalgia). Nicolai Berdiaev (1874-1948), el filósofo ruso, dejó caer en ese documento de incomparable belleza que es su Autobiografía espiritual estas palabras que son como un espejo en el que veo reflejada mi propia imagen: «De modo extraordinariamente agudo he sufrido el tiempo; toda separación, y no sólo de las personas, sino también de los lugares, me ha causado siempre un gran dolor, un dolor mortal… La angustia es la imposibilidad de encontrar paz en el tiempo. Siempre he experimentado el tiempo como mal: el tiempo es angustia y cuanto contiene es muerte». ¡Dios mío, cuánta verdad hay expresada en estas pocas líneas! El tiempo no nos satisface, estimado señor, el tiempo no puede satisfacernos. ¡Los humanos estamos hechos para otra cosa! Desde hace tiempo la izquierda y la derecha han dejado de interesarme; ahora lo único que me preocupa y a lo que dedico todos mis pensamientos son el arriba y el abajo. O, para decírselo a usted con otras palabras, lo Eterno. Lo que no es eterno –decía Ionesco, mi querido Ionesco- tampoco es real.

Ah, ¿pero me disculpa usted? Mi tren acaba de llegar y no tardará mucho en partir. Creo que no se detiene en cada parada sino los escasos treinta segundos que se necesitan para que un estudiante distraído suba por la puerta de adelante y una señora cargada con bolsas de mandado haga malabares para bajar triunfante por la puerta de atrás. Así es, estimado señor. Tome en cuenta lo que le he dicho. Conocerlo ha sido para mí una casualidad encantadora a la vez que deliciosa. Si alguna vez la vida vuelve a juntarnos no sólo será un verdadero milagro, sino también un placer. ¡Adiós, mi buen amigo, adiós!

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Estado

Galindo admite que seguirán socavones por la edad de la red

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Galindo admitió que seguirán abriéndose socavones por la antigüedad de la red hidrosanitaria de la capital

Por: Redacción

Enrique Galindo Ceballos, alcalde de San Luis Potosí, admitió que seguirán abriéndose socavones en la ciudad debido a una red hidrosanitaria con más de 80 años de antigüedad, al responder a vecinos del barrio de San Sebastián que denuncian abandono por un hundimiento abierto en la zona.

“Va a seguir habiendo, porque hay lluvia, hay partes de la ciudad que son mu y viejas, que nunca se les dio mantenimiento”, reconoció el alcalde.

Galindo rechazó que exista abandono y aseguró que el socavón de San Sebastián “sí se está atendiendo”, por lo que pidió actualizar la información de las denuncias. Reconoció que no es el único: hay varios socavones abiertos en la ciudad, aunque no precisó cuántos ni en qué puntos.

El alcalde sostuvo que lo grave sería no atenderlos y que, mientras el Ayuntamiento de San Luis Potosí los repare, la ciudad avanza. Dijo, además, ser vecino de la zona y caminarla con frecuencia.

La admisión se dio en el mismo encuentro con medios en el que Galindo reconoció la falta de mantenimiento en el paso del río Santiago —donde la lluvia del jueves dejó entre 8 y 12 autos atorados— y acusó que ese espacio corresponde a la Seduvop estatal.

La temporada de lluvias mantiene bajo presión la infraestructura de la capital: desde junio, la SSPC municipal y Protección Civil Municipal realizan desazolves preventivos de rejillas, alcantarillas y drenaje para facilitar el desfogue del agua.

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Estado

Galindo rechaza señalamiento de Canacope por inseguridad en el centro

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El alcalde rechazó el señalamiento de la cámara de comercio en pequeño y aseguró que el dirigente está “mal enterado”

Por: Redacción

Enrique Galindo Ceballos, alcalde de San Luis Potosí, rechazó el señalamiento de la Cámara Nacional de Comercio en Pequeño (Canacope) sobre la inseguridad que —según el organismo— afecta a los comerciantes, y aseguró que el centro histórico “es el más seguro” de la ciudad.

“No vi la entrevista, pero yo creo que está mal enterado. Vean las encuestas”, afirmó el alcalde al ser cuestionado sobre las declaraciones de Armando Reyes, dirigente de la Canacope, difundidas la víspera. Sugirió incluso que el señalamiento podría deberse a una experiencia personal: “A lo mejor él ha sufrido un incidente, no lo sé, no he hablado con Armando”.

Los reporteros hicieron notar al alcalde que no ha habido diálogo con el representante de los pequeños comercios

. Galindo respondió que no es necesario: “No necesita hablar conmigo para que haya seguridad”.

La zona concentra buena parte de la agenda municipal reciente: el Ayuntamiento de San Luis Potosí anunció apenas el miércoles 60 cruces seguros dentro de la llamada zona 30, y desplegó un operativo vial especial durante la fiesta mundialista, del 11 de junio al 19 de julio. Galindo ha presentado, además, su modelo de seguridad municipal ante alcaldes de otras entidades como uno de los sellos de su administración.

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Ciudad

Galindo acusa que Seduvop le impide dar mantenimiento al río Santiago

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El alcalde reconoció la falta de mantenimiento en el paso del río Santiago y acusó que el espacio corresponde a la dependencia estatal

Por: Redacción

Enrique Galindo Ceballos, alcalde de San Luis Potosí, reconoció que el paso del río Santiago carece de mantenimiento en toda la vía y acusó que el Ayuntamiento de San Luis Potosí no ha podido entrar a atenderlo porque el espacio corresponde a la Secretaría de Desarrollo Urbano, Vivienda y Obras Públicas (Seduvop), dependencia del Gobierno del Estado de San Luis Potosí.

“Lo hemos intentado coordinar con Seduvop, es un espacio que le corresponde a Seduvop. No hemos podido entrar ahí, ni al río Españita”, afirmó el alcalde, quien aseguró que seguirá haciendo la gestión para reparar la vialidad.

El señalamiento se dio tras la lluvia de este jueves, que dejó entre 8 y 12 vehículos atorados en el paso, según los reportes del propio Ayuntamiento, cuyos equipos auxiliaron a los conductores. Galindo describió la precipitación como “muy puntual, muy focalizada” y admitió que el problema no es solo el clima: “pero también es el mantenimiento, también hay que decirlo”.

El alcalde descartó que los encharcamientos se relacionen con el desagüe de la presa San José,

hace cuatro días, y lo atribuyó a la capacidad del drenaje para desahogar el agua.

Galindo también responsabilizó en parte a los conductores, que —sostuvo— se confían cuando parece que no llovió tanto. Recordó que el Ayuntamiento publica en redes sociales las vialidades cerradas, mantiene presencia policiaca en las entradas y salidas del paso e incluso ha colocado rejas en algunos puntos, que los automovilistas ignoran.

Los incidentes en el cruce no son nuevos: apenas el 6 de julio, la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC) de la capital reportó el rescate de dos personas varadas en el Puente Naranja y un tráiler atrapado en el paso del río Santiago. “Hay quienes todavía consideran que traen lancha y pueden pasar”, señaló entonces Juan Antonio Villa Gutiérrez, titular de la corporación.

La Seduvop, a cargo de Isabel Leticia Vargas Tinajero, no ha fijado postura pública sobre el señalamiento del alcalde.

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