#4 Tiempos
El embrujo de la absenta | Julián de la Canal
Pintura de: Pablo Picasso
Montado en bicicleta y pertrechado con su infaltable revólver al cinto, habitual semblante verde y guedejas revueltas, Alfred Jarry recorre callejones y pasadizos de París a principios del siglo XX. Cuatro años atrás, en 1896, había estrenado Ubú roi o Ubú rey. Considerada precursora del teatro del absurdo, combinaba avant la lettre elementos vanguardistas. La obra de teatro es una crítica excéntrica a la ambición del poder tiránico. Pero Jarry experimentaba una tiranía acaso más estricta que explica en ocasiones su bizarra impresión de la realidad y siempre su semblante verde: la absenta. No es descartable que sugestionado por la fée verte ideara la Patafísica, extravagante doctrina que subraya ante todo propiedades de los objetos asociadas con su virtualidad. Artemisa absinthium es el nombre latino del ajenjo. La bebida amarga de color verde se generaliza hacia 1860 en cabarets y cafés de Francia. La fascinación que causó algo debía al insólito preámbulo a la hora de injerirla adoptado casi de inmediato como rito: sobre el borde de una copa previamente servida con la sustancia se apoyaba una cuchara perforada sobre la que se depositaba un terrón de azúcar y se vertía agua fría que lo disolvía, combinando los ingredientes en una mezcla llamada louche.
A celeridad se convierte en asunto central del impresionismo tras irrumpir en el simbolismo a vehemente invitación de Baudelaire: “Il faut être toujours ivre. Tout est là: c’est l’unique question. Pour ne pas sentir l’horrible fardeau du Temps qui brise vos épaules et vous penche vers la terre, il faut vous enivrer sans trêve”. Se suceden pinturas de Édouard Manet, Le Buveur d’absinthe (1859); Edgar Degas, L’Absinthe (1876); Jean François Raffaëlli, Les Buveurs d’absinthe, les désclassés (1881); Henri Toulouse-Lautrec, Portrait de Van Gogh (1887); Andre Devambez, Le Buveur d’absinthe (1903); Jean Béraud, Absinthe Drinkers (1908). Entre los trastornos asociados con el consumo, destaca esa hipertrofia que vuelve verde lo que se ofrece a la vista. Bebedor esporádico, Pablo Picasso innovó también la percepción a causa del ajenjo al colorear de azul como se aprecia en El bebedor de absenta (1902). La fée verte no solo expresa un periodo asociado con el decadentismo fin de siècle, sino que opera como factor que excita visiones y estados oníricos que de muchos modos se hacen presentes en el arte. Contribuyó a moldear el temperamento del simbolismo, impresionismo, modernismo, cubismo, surrealismo. Picasso exhibe en Vaso de absenta (1911) la transición entre el periodo rosa y la primera vanguardia: exponente del cubismo analítico, despliega minuciosa descomposición geométrica del recipiente. Más reconocibles son los objetos representados mediante la variante analítica como en Mesa de café con botella de Pernod (1912), en que se advierten los elementos de composición apegados al título de la pintura: la mesa y la etiqueta “Pernod Fils” adherida a la botella. Las diversas figuraciones del ajenjo cartografían con rigor las revoluciones estéticas entre simbolismo y vanguardia, entre 1840 y 1924. En la reciente historia de la cultura, pocos motivos tan elocuentes de cambiante sensibilidad como el hada verde. Concentra onirismo e irracionalismo, delirio y locura, evasión y huida, pero también alteración de sentidos como mecanismo para acceder a otra realidad, a una realidad sobre esta realidad, a una supra-realidad. Adoptada de inicio como moda, la fée verte se sobrepuso pronto a lo efímero reuniendo elementos definitorios de la modernidad hasta convertirse en su emblema.
La absenta también ilustra las consecuencias de la adicción, tratadas profusamente por Joseph Roth en el relato póstumo La leyenda del santo bebedor (1939). Salpicada de elementos autobiográficos, la nouvelle narra las peripecias parisinas de Andreas Kartak, mendigo dipsómano, quien recibe doscientos francos de un hombre recién convertido al cristianismo, con el compromiso de regresar esa suma en ofrenda a la iglesia de Sainte-Marie de Batignolles el domingo siguiente antes de misa de 10 de la mañana. Incapaz de cumplir su palabra, regresa a la bebida a la menor oportunidad, a pesar de que en ocasiones de manera milagrosa consigue reunir el monto comprometido. Finalmente, malgasta el dinero, pero el misterioso personaje que ya lo había socorrido reaparece para entregarle otros doscientos francos bajo la misma condición. Andreas esta vez espera pacientemente al próximo domingo, se acerca a la iglesia convenida, pero muere antes de entregar la cantidad. Concluye la narración con este ruego: “Quiera Dios concedernos, a nosotros bebedores, una muerte tan ligera y tan bella”. Hay quien ha querido ver en esta obra enorme ironía burlona. Los más, sin embargo, subrayan tanto el combate entre la gracia divina y la flaqueza humana, como la enajenación a causa del alcoholismo. Esa “muerte tan ligera y bella” corresponde en exclusiva al momento de la muerte no al camino de pasión que desemboca en esa muerte, un recorrido jalonado de incontables caídas en mesas húmedas, apenas deslamadas, de tugurios y figones en torno a una cucharilla con cazoleta cariada, azúcar, botella de agua fría y vaso servido con absenta.
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El Cronopio
Leticia Almazán de la Garza, compositora potosina | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
San Luis Potosí ha sido tierra de compositores, donde la música de concierto y las canciones de concierto han sobresalido. Algunos de estos personajes los hemos tratado en esta sección, aunque entre ellos han escaseado las mujeres, en cuanto a composiciones se refiere. Los tiempos cambian al abrirse oportunidades a las damas y, afortunadamente, en este siglo veintiuno podemos contar con algunas compositoras potosinas. Como muestra está el concierto que ofreciera la Orquesta Sinfónica de San Luis Potosí en el mes de marzo pasado donde interpretó, en el marco del Día Internacional de la Mujer, composiciones de autoras potosinas. Entre las compositoras potosinas programadas en el concierto se encontraba Leticia Almazán de la Garza.
Leticia Almazán, al menos fue mencionada en esta columna cuando tratamos el caso de la pianista potosina Malkhut Zavala, quien tiene entre su repertorio obras de Leticia Almazán, quien actualmente es encargada de las Escuelas de Iniciación Artística Asociadas que están asociadas al Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, que a pesar del esfuerzo de sus integrantes ha sido difícil su continuación, como suele suceder con el cambio de administraciones. Leticia Almazán se desempeña como Directora Académica del CEART San Luis.
Entre sus composiciones se encuentra La Noche, obra basada en los poemas de Manuel José Othón, obra con la que obtuvo el premio 20 de noviembre “Julián Carrillo”; la obra se estrenó en 2006, y ha sido poco interpretada, hasta que se armó el concierto de marzo.
A cien años de la muerte de Othón se compone esta obra musical, que da concreción a la obra inconclusa que contemplaran Othón y Carrillo, su conjunción lírica que habían titulado Tetralogía. Una pieza para celebrar el centenario de la Independencia de México que estaría dividida en cuatro partes: Descubrimiento de América, Conquista, Virreinato e Independencia. Así sería una obra que recorrería la historia hispana de México y la construcción de un nuevo país. La muerte sorprendió al poeta y la obra quedó en suspenso; colaboración entre dos grandes figuras potosinas del arte, cuestión ya tratada en muy anterior entrega de esta sección de El Cronopio.
Ahora Leticia Almazán, se basa en la poesía de Othón para crear su obra musical La Noche. Una forma de apreciar el nuevo arte musical potosino de la mano de Leticia Almazán y la poesía del máximo poeta potosino. Por desgracia, es música que no se encuentra grabada por lo que dificulta su difusión, de por sí escasa, en aquellas obras de que se disponen grabaciones.
Leticia Almazán surge, así como una de las mujeres que abren camino en el campo de la composición en San Luis Potosí. Su incursión en esta línea de la composición es alentadora, pues puede sumarse a la escasa pero existente lista de compositoras mexicanas que incursionaron en la música clásica, entre ellas, María Grever, Sofía Cancino de Cuevas, Rosa Guraieb, Consuelo Velázquez, Ángela Peralta, María Teresa Prieto, Alicia Urreta, Guadalupe Olmedo, y ahora la joven compositora potosina Galya Cisneros, por citar algunas.
Leticia Almazán se tituló en la Licenciatura en Composición en la Escuela Estatal de Música en el año 2015, y realizó una Maestría en Administración Pública en la Universidad Latinoamericana.
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Acento Ajeno
Ni Moisés dividió tanto el agua | Columna de Haniel Valdés
Por: Haniel Valdés
Hoy escribo porque cometí un error. Fui de los periodistas que estuvimos en rueda de prensa con el alcalde de la capital, Enrique Galindo Ceballos, al terminar la Junta de Gobierno con Interapas. El miércoles pasado ofreció declaraciones a medios de prensa que sí acudimos a la cita nocturna y compartió los acuerdos tomados en dicha reunión.
Ahí está mi error: al parecer mis notas no fueron lo suficientemente claras. O quizás solo fue que varios medios salieron a llenar huecos que no había.
Lo interesante de ese encuentro es que se aprobó el plan de estímulos fiscales que se llevará al Congreso del Estado para su aprobación de cara a 2027, donde se aclaró además (y se insistió mucho en eso) que la tarifa de cobro del líquido se mantendría igual que en este año.
Al día siguiente muchos medios ya traían la nota de que aumentaría la tarifa y quién sabe cuántos inventos más de colegas que no estuvieron en la conferencia de prensa y que les pareció divertido el imaginar datos e informar a medias.
Pero lo que más me preocupa no es el ruido que generaron esas notas, sino la incoherencia que se vivió en dicha reunión por parte del síndico y el alcalde de Soledad, así como de Pascual Martínez.
Según informa Galindo, entre las decisiones tomadas, está la de revisar si es posible cumplir con la petición que hizo el gobernador de no cobrar el servicio a adultos mayores. Ni los participantes por Soledad, ni el titular de la CEA, votaron a favor de dicha propuesta. ¿No están de acuerdo con la idea de Gallardo? Es que la primera vez que el gobernador habló sobre el tema, fui muy cuidadoso y me fijé claramente que ambos, Pascual
y Navarro, estaban aplaudiendo esa iniciativa.La CEA ya es habitual que no aporte a esas reuniones, según Galindo, el titular solo ha ido a tres y no votó en esta última, tampoco dio razones ni propuso algo. Sí, el organismo responsable de la política pública del agua en el Estado no tiene nada que aportar sobre el tema.
Según informó el presidente de la junta, Juan Manuel Navarro sí aportó algo, propuso un estímulo fiscal que también quedó dentro de los acuerdos que se enviaron al Congreso. Ahora, cuando tocó votar, Navarro se abstuvo de hacerlo, ¿no está de acuerdo con una idea que él mismo había planteado? ¿o algo lo hizo cambiar de opinión?
Lo cierto es que mientras la diputada Nancy Jeannine García, presidenta de la Comisión del Agua, llama a no politizar, todos lo continúan haciendo, lo hace el aquaman Gámez Macías, lo hace el alcalde capitalino, lo hace el gobernador del estado, lo hace el alcalde de Soledad y la CEA. Mientras hay cuentas sin pagar, tinacos sin llenar, conductoras sin reparar y rezos por hacer para que El Realito no vuelva a fallar.
“Entonces extendió Moisés su mano sobre el mar, y Jehová hizo que el mar se retirase por recio viento oriental toda aquella noche; y volvió el mar en seco, y las aguas quedaron divididas.” (Éxodo 14:21)
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El Cronopio
María Luisa Toranzo, pionera del cuento mexicano | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
Por: J.R. Martínez/Dr. Flash
En la antología de Liliana Pedroza sobre el cuento mexicano, A Golpe de Linternas, que en su tomo I dedica a las pioneras, se encuentra entre las antologadas la potosina María Luisa Toranzo, que dedicó parte de su vida a la escritura y que fuera figura cultural mexicana. Madre y abuela del filósofo Luis Villoro y el escritor Juan Villoro, respectivamente.
Parte de su obra literaria se recoge en libros como: Azahares, espinas y rosas; Meditaciones, Suegras; Esbozos; Tres Chiquillas; Cuadros de una exposición; Páginas viejas; Charlas con mi hija; Átomos tontos, entre otros. Libros que reflejan su formación en el campo potosino y la época que le tocó vivir, donde impera el existencialismo y la fenomenología, campos que experimentaría posteriormente su hijo Luis Villoro. En su libro de ensayos: Esbozos, que lleva como ensayo central: El dominio de sí mismo, Sophrosyne vs la Hybris, “el dominio de sí mismo” no es una negación de la vida o de los impulsos, sino la condición necesaria para la auténtica libertad. Sin el gobierno de uno mismo, el ser humano queda a merced de fuerzas externas o de impulsos ciegos, perdiendo su autonomía.
María Luisa Toranzo Jordana nació en San Luis Potosí el 13 de marzo de 1890, perteneciente a familia de hacendados, vivió su infancia en la Hacienda de Cerro Prieto en el altiplano potosino, rumbo a Zacatecas, fue hija natural y creció entre libros, estudiando idiomas y cultivando la música tocando el arpa y la mandolina. El movimiento revolucionario le llevó en la adolescencia a radicar en la Ciudad de México, donde la vida placentera se trastocaba y la famosa banda del automóvil gris hacía de las suyas, y que quedó registrada en una de las primeras películas realizadas en México, llamada justo La banda del automóvil gris de 1919 de Enrique Rosas, filmada en los lugares donde pertrecharan sus ataques. En la película aparece la casa Toranzo donde vivió María Luisa en México y donde aparece en escena acechada en el asalto a su casa por tan peculiar banda.
Los acechos no pararon para María Luisa y fue pretendida por un general revolucionario del que logró escapar partiendo a España e instalándose en Barcelona donde se casaría con el médico barcelonés Miguel Villoro Villoro, procreando a tres hijos, entre ellos al filósofo Luis Villoro. Quedaría viuda y al iniciar la guerra civil española regresa a México huyendo de nuevo de la violencia. Se instala por un tiempo en la Hacienda de Cerro Prieto y parte a la Ciudad de México para que sus hijos continuaran sus estudios de formación.
Su familia potosina de abolengo le propició una considerable fortuna que le permitió ir a Barcelona, su abuela paterna Genoveva Peña Santacruz que casó en segundas nupcias con Casimiro Toranzo Ortiz, había sido esposa de Pantaleón Ipiña Eguía, siendo madre de José Encarnación Ipiña Peña.
Su pensamiento que de cierta forma influyera en su hijo Luis Villoro lo destaca en su libro Esbozos: “El dominio de sí mismo sobre la soberbia debe de consistir, no sólo en dominarse ‘delante de la gente’ y en vuestras ‘relaciones sociales’ para que los demás ‘vean’ que sois humildes o sencillos, sino que este dominio sobre vosotros mismos y sobre vuestra soberbia debe ser de tal modo profundo, que no sea un dominio efímero, originado únicamente por el bien parecer; tampoco debe ser un dominio de autosugestión, que sin serlo, os haga creer que ya sois humildes; sino que este dominio de vosotros mismos sobre la soberbia, debe ser una especie de ‘cura’ si queréis lenta y suave, pero sí honda, minuciosa y profunda. El dominio de vosotros mismos debe ser como un cauterio que tienda a curar, aunque sea quemando; a cauterizar, aunque sea con dolor, la llaga de vuestra soberbia, el cáncer de vuestro orgullo”
María Luisa Toranzo fue una mujer de una cultura vasta que participó activamente en la vida intelectual mexicana, aportando una sensibilidad ética que complementaba el rigor lógico de la época. Su enfoque en el “dominio de sí” suele leerse como un puente entre la virtud antigua, la psicología moderna y la abierta espiritualidad. Su nieto Juan Villoro la describe como una mujer que intentaba descifrar los secretos de la convivencia humana.
María Luisa Toranzo Jordana murió en la Ciudad de México a los 78 años de edad, el 2 de abril de 1968.
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