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El caso de Karla Daniela: cuando el Estado le falla a una niña
La desaparición de una niña de 9 años en Ciudad Valles destapa la lentitud de las autoridades y el rezago y abandono de la región
Por Redacción
El domingo 17 de febrero de 2019 Karla Daniela Vázquez Martínez salió de su domicilio y ya ya no regresó. La niña de 9 años es originaria del ejido La Lima en Ciudad Valles, y aunque desde entonces la Fiscalía General del Estado de San Luis Potosí activó una Alerta Amber para localizarla, aún no se sabe nada de su paradero, una situación que con el paso de los días ha destapado un conjunto de factores familiares y rezagos sociales, educativos y económicos que le dan al caso un cariz especial.
Diez días han pasado y no se han logrado avances significativos respecto a la investigación. Sin embargo, los pobladores y seres queridos de la menor han organizado una búsqueda paralela a las autoridades. Carteles con el mensaje “Karlita no tengas miedo, te buscamos” fueron colocados en zonas aledañas en una carrera contrarreloj que sigue, pese a todo, alimentada por las esperanza.
El suceso resulta significativo ya que además destapó un fallo en el sistema. Más allá de los culpables directos que aún falta por procesar, y del paradero de la niña aún queda por descubrir, el entramado es un espejo en el que se reflejan los más grandes fallos del Estado en San Luis Potosí. A la ya de por sí enorme tragedia hay que sumar la marginación presente en un sector de la población empujado al olvido.
El caso ni siquiera ha adquirido la notoriedad mediática que resultaría pertinente para una verdadera emergencia de este tipo. El de una niña que no está y en el que cada minuto que pasa cuenta de forma determinante. Desde el gobierno tampoco se ha hecho el eco suficiente.

Marcelino Bautista Martínez, mencionado por la madre de Erika Daniela como probable responsable de haber abusado de la menor.
¿QUÉ SE SABE HASTA AHORA?
En un principio se dio a conocer que la niña pudo haber sido abusada sexualmente por el tío de su padrastro, un hombre identificado como Marcelino Bautista Martínez quien presuntamente trabaja en el campo y abandonó el Ejido poco después de la desaparición de Karla. Luego el hombre apareció y negó los hechos, aunque una de las principales líneas lo maneja aún como sospechoso, toda vez que vecinos han reportado la conducta errática y violenta que lo caracteriza.
El martes, el diario El Mañana de Valles entrevistó al susodicho. Bautista Martínez, tío del padrastro de Karla Daniela Vázquez Martínez, una de los últimas personas en tener contacto con ella antes de su desaparición el pasado 17 de febrero.
“ELLA SOLA SE METIÓ, DIJO QUE QUERÍA UNAS FRITURAS”
Bautista Martínez, reconoció que el día de la desaparición Karla Daniela, ella se encontraba en su habitación comiendo unas frituras, pero luego salió corriendo con rumbo desconocido porque su padrastro llegó a la casa a confrontarlo a él, pues pensó que había abusado de la menor.
“Le dijo que qué estaba haciendo dentro, regresó y estaba ahí sentado. Él mismo se la llevó; la niña iba llorando, yo creo que le pegó o algo así”, señaló y además reconoció que ese día, él había ingerido bebidas alcohólicas.
Añadió que, tras difundirse los rumores de su presunta responsabilidad en la desaparición de la niña, autoridades de Ciudad Valles lo detuvieron y lo golpearon, aunque él negó en todo momento haber violentado a Karla Daniela.
Bautista Martínez aseguró que al enterarse de que había sido señalado como el presunto abusador de Karla Daniela, en varias ocasiones encontró patrullas rondando su casa hasta que el viernes pasado lo detuvieron y lo trasladaron a Ciudad Valles.
ANTECEDENTES DE VIOLENCIA EN LA FAMILIA
Durante la entrevista, Marcelino Bautista fue cuestionado sobre varios rumores, como que en diciembre pasado golpeó a sus hijos y a su pareja, hechos que negó.
No obstante, al preguntarle sobre el hecho de que hace 10 años, presuntamente embarazó a su propia hija, Bautista Martínez reviró que fue uno de sus hermanos quien violó y embarazó a una de sus hijas, de la cual ni siquiera pudo decir su edad exacta.
“No es cierto, yo no fui, fue otro de mis hermanos. Yo no denuncié (…) yo estaba trabajando en Monterrey, me dijeron que viniera, pero no sabía lo que había ocurrido; cuando llegué mi sobrina ya había tenido al bebé”, respondió al reportero.
Bautista Martínez señaló que no interpuso una denuncia contra su hermano debido a que se amparó, por lo que las autoridades ya no intervinieron: “ya no se pudo hacer nada”.
Sobre su relación con la madre de la pequeña Karla, Bautista dijo no tener ninguna. “Yo no platicó con ella porque mi sobrino es medio celoso, por eso yo no platico con ella. Es más, la mujer no sale, pues cómo voy a platicar”.
LA VERSIÓN DE LAS AUTORIDADES
Antonio Rodríguez Rodríguez, delegado séptimo de la Fiscalía General del Estado con sede en Ciudad Valles, dijo que la búsqueda de Karla Daniela se ha complicado al transcurrir los días, pues en una de las líneas de investigación se maneja que la niña está extraviada, por lo que al estar sola podría haber repercusiones en su estado de salud. Otra de las líneas de investigación indica que alguien podría estar resguardando a Karla Daniela en algún domicilio.
“Se han realizado operativos de búsqueda con gente de Ciudad Valles, voluntarios, algunos apoyando con víveres, agua, alimento para las personas que están en la búsqueda, y hemos establecido colaboración con varias corporaciones como la Policía Estatal, Municipal, Cruz Roja, el Ejército y Protección Civil”.
Añadió que mientras no sea localizada la menor, no se pueden sacar conclusiones como los rumores que se han vuelto virales tras la desaparición. Mientras tanto, en una transmisión de otro medio local, Antonio Rodríguez hizo un llamado a la ciudadanía a colaborar con los trabajos de localización de Karla Daniela:
“Si alguna persona tiene a la menor, pues que la entregue, es importante que esté bien en su integridad física, elementos de la Fiscalía, la Policía Investigadora, sumamos gente de otras regiones incluida la capital”, aseguró.
Confirmó que la búsqueda ya se ha extendido a parcelas de municipios aledaños y se ha hecho la difusión de la fotografía y datos de la niña en Tamuín y Ébano.
+SOLO
“”Ella nada más estaba llorando, llorando y llorando. Y no me dijo nada. Y yo no le pregunté nada”.
-Martina, la madre de Karla Daniela, sobre el estado de su hija antes de desaparecer.
También lea: Buscan a Karla en la sierra de Valles; tiene 9 años y desapareció hace 6 días
Ciudad
La radiografía moral de una ciudad a través de sus esquinas. Primera Parte
Reportaje histórico, político y urbano de la nomenclatura potosina
«No nos une el amor sino el espanto;
será por eso que la quiero tanto.»
Jorge Luis Borges, «Buenos Aires», en El otro, el mismo (1964)
Por: Jorge Saldaña.
Caminar por San Luis Potosí es, sin que uno se dé mucha cuenta, un acto de paciencia historiográfica. Uno cree que va a comprar el pan, pero en realidad atraviesa cuatro siglos, tres regímenes, una revolución y una pulquería desaparecida. La esquina —esa institución tan mexicana— se vuelve aquí un libro abierto al que le faltan páginas, le sobran portadas y sostiene memorias cono nombres hechas de azulejo, metal o placa, que de no nombrarse ahí, nadie más las nombraría y menos las recordarían.
Lo cuento como periodista urbano, también como ciudadano y no como acusador. Esto no es una denuncia: es una caminata. Una caminata larga, tropezada y deliciosa por un casco antiguo donde una sola vía recta puede llamarse «Mariano Arista» en una placa, «ARISTA» en la siguiente y, dos cuadras más allá, «GRAL. M. ARISTA», todo en distintos materiales, todo igual de oficial, todo igual de imposible. Un solo general, tres nombres; un solo cabildo pero ningún acuerdo.
El estudio del licenciado Constantino Méndez sobre las inconsistencias actuales de la nomenclatura y el «Diccionario histórico de las calles de San Luis Potosí» de don Arcadio Castro Escalante —en su libro «Por las viejas calles de aquel San Luis»— dejaron consignado lo que aquí se cuenta con prosa de domingo: que la nomenclatura de esta ciudad es un palimpsesto -esos manuscritos en pergamino que conservan huellas de una escritura anterior- al igual que nuestro centro, en cada placa hay un héroe encima de un pordiosero, un revolucionario encima de un cura, una avenida encima de una zanja. Y que la abuela, terca, sigue diciendo «La Corriente» cuando el plano oficial dice «Reforma» desde hace ya un siglo.
El verso de Borges con que se abre este reportaje no es decorativo. Es la llave. Porque si hay una manera de querer a las ciudades, esa manera es contradictoria: las queremos por lo que nos avergüenza de ellas. Las queremos por su desorden, por su terquedad, por su modo de no obedecer. San Luis Potosí entra en esa categoría con orgullo. Es una ciudad que se ama, en parte, por su incapacidad para ponerse de acuerdo consigo misma.
De los apodos a los apellidos
En 1828, recién consumada la Independencia, el Ayuntamiento potosino se topó con un problema simpático y propio de la época: necesitaba bautizar oficialmente sus calles, pero no tenía a quién honrar. A los españoles ya no se les quería —era demasiado pronto—, y los héroes nacionales todavía no alcanzaban para tantas esquinas. La solución fue salomónica y muy mexicana: dejar los apodos populares y ponerle apellido de vecino distinguido a lo que faltara.
Así se inauguró, sin saberlo, la primera ley no escrita de la nomenclatura potosina: la calle no se nombra, la calle se hereda. Hereda al insurgente cuando llega la Independencia, hereda al liberal cuando llega la Reforma, hereda al revolucionario cuando llega 1914 —el año bisagra, el del gran rebautizo— y hereda al fraccionador cuando llega el siglo XXI con sus colonias bautizadas con nombres de árboles que aquí no crecen.
Antes de 1828, sin embargo, las calles ya tenían nombre: solo que el nombre lo ponía el barrio, no el cabildo. La calle de la Cruz se llamaba así porque había una gran cruz divisoria entre la ciudad y la villa de San Miguelito. La de las Bóvedas porque allí se levantaron las primeras casas con techo abovedado. La del Arenal porque las lluvias de La Merced llenaban de arena la cuadra. La de los Burros porque los arrieros amarraban sus bestias antes de bajar a la Plaza de Armas. La de la Tamalera porque ahí vivía una mujer cuyos tamales eran de gran demanda.
Estos nombres, hoy reemplazados por placas con apellidos solemnes, eran en realidad un primer sistema completo y eficaz. Funcionaba etnográficamente: nombraba lo que estaba, no lo que se quería honrar. Era una nomenclatura sin proyecto político, asentada en la observación cotidiana. Por eso, cuando el cabildo intentó imponer apellidos en 1828, lo hizo sobre un sustrato vivo que ofreció resistencia silenciosa. La gente siguió diciendo «La Tamalera» mientras la placa decía «Julián de los Reyes».
La cuadra como unidad onomástica
Hasta bien entrado el siglo XIX, una vía recta no tenía un nombre: tenía tantos nombres como cuadras. La calle Iturbide, por ejemplo, en 1864 se desplegaba en ocho identidades distintas: «Ciprés», «Palaus», «Chino o Clima», «Filantropía», «Guayabo», «Mora», «Cocheros» y «Chica». La calle Vallejo se dividía en cinco: «Remedios», «Las Recogidas», «Plaza de Las Recogidas», «Lucero» y «San Miguelito». Manuel José Othón —el poeta— caminaba de niño por una vía que cambiaba cinco veces de nombre.
La avenida Carranza es el caso emblemático. En 1864 era cinco calles distintas en una sola línea: «La Cárcel» las dos primeras cuadras, «Maltos» las dos siguientes, «El Elefante» la quinta, y todo el resto «Real de Tequisquiapan». Cinco nombres, una traza. Hoy es una sola Carranza —liberal, rectísima, peatonal en su tramo histórico— pero quien camine por ahí está caminando, sin saberlo, sobre el rastro de un elefante, una cárcel y un señor de apellido Maltos del que no quedó memoria.
«Una descripción de Zaira como es hoy debería contener todo el pasado de Zaira. Pero la ciudad no dice su pasado, lo contiene como las líneas de una mano, escrito en los ángulos de las calles, en las rejas de las ventanas, en los pasamanos de las escaleras […], surcado a su vez cada segmento por raspaduras, muescas, incisiones, cañonazos.»
Italo Calvino, Las ciudades invisibles (1972)
Calvino no escribió sobre San Luis Potosí, pero pudo haberlo hecho. Su descripción de Zaira describe con exactitud lo que cualquier potosino ve al levantar la cabeza en una esquina del primer cuadro: la ciudad no cuenta su pasado, lo contiene. Lo carga en cada placa que no se quitó, en cada rótulo que se dejó conviviendo con el nuevo, en cada rincón donde el catastro y la abuela difieren y nadie se atreve a darle la razón a uno solo de los dos.
Esta lógica de los muchos nombres por cuadra tenía sentido en una ciudad pequeña. Cada tramo coincidía con un edificio característico, una anécdota memorable, un vecino famoso. Cuando la población creció y la administración pública se profesionalizó, ese sistema se volvió insostenible. Una calle con siete nombres no se puede catastrar, no se puede cobrar predial, no se puede patrullar. La unificación llegaría —y llegaría con una ideología.
Las cuatro fechas bisagra
La nomenclatura de San Luis Potosí no cambió de una vez. Cambió en oleadas, y cada oleada lleva la firma del régimen que la promovió. Cuatro son las fechas que conviene memorizar:
- 1828: primera nomenclatura oficial. Es la ola del cabildo independiente. Domina la mezcla de apellidos distinguidos y nombres triviales, por escasez de héroes.
- 1860–1870: primera ola liberal. Tras las Leyes de Reforma, aparecen Galeana, Morelos, Hidalgo, Allende sustituyendo nombres conventuales y virreinales. Es el primer barrido ideológico.
- 1914: el gran rebautizo revolucionario. La nomenclatura moderna —Carranza, Obregón, Madero, Zapata, 5 de Mayo— se impone sobre los antiguos nombres por cuadra. Es el momento más drástico: lo que había tardado tres siglos en sedimentar se sobrescribió en pocos años.
- 1930: ola posrevolucionaria. Aparecen nombres de gobernadores y políticos locales (Julián Carrillo, Francisco Alcalde, Ildefonso Díaz de León). La memoria estatal entra a competir con la memoria nacional.
Si uno camina hoy el centro y lee placa por placa, está leyendo —en estricto rigor— la geología política de la ciudad. La capa más profunda es colonial: convento, virgen, cruz. La siguiente, decimonónica: apellido distinguido, anécdota local. Encima, la liberal: insurgente. Encima, la revolucionaria: jefe armado. Encima, la postrevolucionaria: gobernador. Y en los fraccionamientos nuevos, la capa contemporánea: árbol exótico, flores, montañas y cordilleras. Cinco capas, una ciudad.
La memoria popular como capa subterránea
Hay una capa más, sin embargo, que ningún régimen logró borrar: la oral. Las placas también hablan de lo que el poder quiso olvidar. La calle de Las Manitas —hoy un tramo de Abasolo— se llamó así porque ahí enterraron las manos de un homicida. La de Las Cruces —hoy un tramo de Universidad— porque dos hombres se mataron mutuamente y se les puso cruces en el sitio. Estos nombres no entraron a la oficialidad porque la oficialidad prefiere héroes; pero la oralidad los recuerda. La calle, otra vez, no se borra: se tapa.
Y hay nombres populares que sí lograron permanecer, contra todo pronóstico. La calle Juan del Jarro lleva el nombre de Juan de Azios Ramírez, un pordiosero potosino del siglo XIX, vestido de harapos y con un jarro al hombro para pedir agua y comida. Se le atribuían dotes adivinatorias; la gente lo consultaba sobre fechas de muerte y matrimonios futuros, y atinaba lo suficiente para volverse leyenda. Cuando murió, le pusieron calle. Es uno de los pocos sitios en México donde un mendigo tiene placa oficial. Cosa rara, cosa potosina, cosa hermosa.
Ciudad
Galindo ve “mano negra” en conflicto por predio de Puerta de Piedra
El Ayuntamiento propuso habilitar un terreno contiguo como parque urbano, con obras incluidas, pero no hubo respuesta del grupo inconforme
Por: Redacción
Enrique Galindo Ceballos, alcalde de San Luis Potosí, aseguró que existen “manos negras” detrás del conflicto por el predio municipal en el fraccionamiento Puerta de Piedra, luego de que un grupo de vecinos promoviera un amparo para frenar su subasta.
El edil sostuvo que la oposición al proyecto dejó de tener lógica tras haber ofrecido alternativas formales a los inconformes, incluyendo la habilitación de otro terreno contiguo como parque urbano.
“No sé de quién, pero hay dos manos negras. Yo no me la creo. Si te ofrecen otro terreno, con iluminación, cercado y árboles, y no hay respuesta, entonces esto ya salió de la razón lógica”, declaró.
Galindo afirmó que el Ayuntamiento mantuvo diálogo con el grupo y respondió por escrito a sus peticiones, pero acusó que, en lugar de continuar con las negociaciones, optaron por judicializar el caso.
Además, rechazó que el proceso de subasta haya sido suspendido en su totalida d, como han señalado integrantes del colectivo, al insistir en que el tema se encuentra en litigio y que el Cabildo aprobó la desincorporación de los predios conforme a la ley.
“No se hubiera subastado si no tuviera las condiciones legales. Fue aprobado por unanimidad”, sostuvo.
En contraste, el Colectivo Bosque Urbano Puerta de Piedra ha defendido el amparo interpuesto el pasado 13 de marzo, el cual fue admitido el 10 de abril por un juez, quien ordenó la suspensión del proceso de subasta de al menos 18 predios mientras se analiza el caso.
La audiencia constitucional del caso está programada para el próximo 8 de mayo, fecha en la que se definirá si el proceso de subasta puede continuar o si se confirma la protección legal de los predios.
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Afirma SSPC que la violencia se incrementa con el calor
El secretario Juan Antonio Villa reveló que con la temperatura la gente se vuelve más irritable, además de que aumenta el consumo de alcohol
Por: Redacción
Juan Antonio Villa Gutiérrez, titular de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC), señaló que han encontrado una correlación entre el incremento de actos de violencia y el aumento en las temperaturas.
Explicó que el calor genera que mucha gente se vuelva más irritable, por lo que en lugares muy cerrados o en casas pequeñas donde se exponencía la sensación térmica, crecen los incidentes de violencia, como puede ser la familiar.
Asimismo, en esta temporada se incrementa el consumo de bebidas alcohólicas, por lo que las personas tienden a embriagarse más, y “se ponen violentos” contra las personas a su alrededor.
Añadió que ante esta situación, han reforzado la seguridad para prevenir estos delitos, instruyendo al Agrupamiento Especial para Atención de Violencia de Género a tratar de manera inmediata los reportes.
Comentó que en la última semana atendieron 14 denuncias de este tema, de las cuales, cuatro resultaron procedentes, con los involucrados siendo puestos a disposición de la Fiscalía General del Estado.
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