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Consideraciones en el “ya merito” electoral | Columna de Jorge Saldaña
TERCERA LLAMADA.
Culto Público, les comparto algunos apreciaciones antes de la gran elección. Si me equivoco no me juzgue, no será la primera vez. Si no me equivoco y le son útiles… tampoco lo será. Y dice:
Si usted quiere aunque sea poquito a Xavier Nava Palacios, rece porque la elección a gobernador la gane Octavio Pedroza.
Nava ha sido desalmado, prejuicioso y despiadado contra su rival al que convirtió en enemigo personal, Ricardo Gallardo. Ambos cruzaron a la peligrosa pista donde ya no cabe la política.
Si gana Gallardo, no me gustaría estar en los zapatos de Nava Palacios y no lo digo porque vaya a correr peligro físico alguno (eso harán creer para huir), sino de las posibilidades reales de que todos los órganos de justicia y control del Estado revisen con lupa el trayecto público del alcalde con licencia.
Por eso le pido a usted, Culto Público, que ore por él, ahora que si no lo quiere nada pues únase a la fila de miles y miles de potosinos a los que nos une la condición.
De Ricardo Gallardo, desde el 2015, se ha dicho lo malo y lo peor, pero excepto la autoridad, que lo dejó en libertad, nadie ha sido más juicioso que los propios potosinos con el personaje y me explico:
Dudo que exista un solo habitante en el estado que no haya escuchado algún negativo de Ricardo Gallardo Cardona en mayor o menor intensidad. Lo que menos se ha dicho es que se ha enriquecido ilícitamente, lo más es que tiene vínculos con el crimen organizado.
Pero (y aquí es donde justifico lo sabio y juicioso de los potosinos): ¿Sirvió de algo la muy costosa campaña mediática, política, jurídica y social que se emprendió a nivel nacional y local en contra de El Pollo?
Pues a alguien sí le sirvió: Al Pollo, que hoy cuenta con, por lo menos, el 38 por ciento de las preferencias (promedio de encuestas) y es uno de los punteros al gobierno del estado.
Dos opciones: los potosinos no creemos ni creímos nunca en las historias en su contra o, las creemos, pero aún así la mayoría quiere que nos gobierne.
¿Fenómeno de péndulos? ¿Sus enemigos lo posicionaron? ¿Creó anticuerpos Gallardo ante cada ataque? ¿Vale más una vez colorado que muchas descolorido? ¿Preferible cabrones que pazguatos?
Por eso cada vez admiro y amo más a mis paisanos, bravos e impredecibles, generosos y apasionados, nobles pero arrebatados, voluntariosos pero risueños, entregados pero quejumbrosos, duros pero justos.
Por eso están así los números, por eso está tan claramente dividida la elección y tan fuertemente apretadas las cifras.
Por cierto, la penúltima encuesta llegó anoche al palacio de gobierno, la mandó hacer Juan Manuel Carreras a Consulta Mitofsky (no es la misma de la semana pasada y que circuló ayer martes).
Los números del último estudio ya los esperaban con ansias todos los candidatos y se dice que ayer mismo fueron compartidos con los punteros, pero con reservas, al respecto, el propio Roy Campos ha advertido que no los tomen como “pronóstico certero porque pueden equivocarse”.
El diagnóstico fue que habrá final de fotografía… que quizás se amerite análisis cuántico, es decir, que esta historia puede terminar en tribunales. (La diferencia es de 3 puntos entre uno y otro).
Pero no tema, Culto Público, que no nos quedaremos sin gobernador, sin alcalde o ni sin diputados. Alguien va a ganar, así que ya no discuta con el vecino ni con sus seguidores en redes. Así son las democracias: un juego de dados en el que se gana o se pierde. Para eso hay instancias y las contiendas cerradas están previstas por la Ley.
Queda claro que los punteros son solamente Ricardo Gallardo y Octavio Pedroza a la gubernatura, como Enrique Galindo y Leonel Serrato lo son a la alcaldía capitalina. No hubo tercios.
La esperanza de triunfo para unos y otros yace en cuatro distritos, para la coalición son fundamentales el segundo y octavo local por ser fuerza metropolitana, y para el Verde el segundo y sexto federal son sus apuestas estructurales.
Las secciones que abarcan, número de votos y movilización programada de dichas zonas representan los 20-25 mil votos de diferencia que definirán quién gana la elección y quién –digamos- gana la “medalla de plata” de la contienda (cosa que no existe).
Por lo que respecta al proyecto “Mónica Morena”, cual foco sin filamento, no prendió.
Y como a nadie le gusta votar por el caballo perdedor (y menos a obscuras), en el voto de “segunda opción” de los morenistas se encuentra una veta de oro que puede voltear los resultados. La gran pregunta es ¿a dónde van a ir a parar esos votos?
Como siempre, Mario Delgado Carrillo está apostando al Chivas y al América, a quedar bien con Dios y con el diablo, a decir que sí, pero no decirles cuando. Ayer mismo dijo y se desdijo.
Vaya aliados que se consiguió la doctora Rangel, su ex jefe se salió del juego, descosió las puntadas, se bajó del carrusel. La cúpula de la 4T le mandó a los peores voceros y representantes, por un lado al falaz y embustero Alejandro Rojas Díaz Durán, que una y otra vez intentó manipular a la opinión pública insultando a la inteligencia de los potosinos, creando fricciones con la prensa y siendo un socarrón altanero en cada una de sus visitas a estas tierras.
Anoche apenas, la UIF desmintió a Rojas Díaz Duran respecto a la “lista de personajes a los que les congelaron las cuentas” y que de forma chapucera circuló el suplente de senador como una “prueba contundente” en contra del candidato del Verde. Con guante blanco, la UIF le propinó una contundente clausura del origen del tracto digestivo (le calló el hocico).
Por otro lado, la doctora jamás contó con su partido y su dirigencia local, tampoco con su estructura ni recursos, sus operadores mediáticos fueron sus peores enemigos y el veneno que le inyectó en cada tuit, visita o declaración del propio Mario Carrillo fueron de letales consecuencias.
Por el abandono de Carreras los morenistas (esos que creyeron que el proyecto del jefe del ejecutivo era para Mónica Liliana) no son los únicos que lloran, también están que no los consuela ni el manto bendito de mi virgencita de Guadalupe los coalicionistas.
Total que Carreras no cumplió a ningún bando y renunció del derecho y privilegio no escrito de todo gobernante: cuidar su sucesión. Juan Manuel se desentendió y hacerlo solo se puede explicar de una forma:
Recibió una instrucción de más arriba, quién sabe si fue una señal, guiño, carta, mensaje, estampita, telegrama, postal o sticker del Whats, pero que de alguna forma se le hizo entender desde el Zócalo hasta la Plaza de Armas que involucrarse en los proyectos sería mal visto por el líder de la 4T, parece un hecho y ya saben lo que dice el dicho: “Donde manda capitán, no gobierna marinero que quiera llegar a séptimo año de tierra firme” (bueno así no dice, pero que quede acá entre nos).
Ya viene el “Día D” de la elección más grande y habrá que preguntarse ¿quién cumplió con los acuerdos de abonar curules federales aliadas al proyecto del presidente?
Mis pronósticos (no vaya usted a apostar porque no acepto reclamos ni devoluciones): Distrito 1: Verde con Jano Segovia, aunque no tiene del todo asegurado Matehuala, que es indispensable para el triunfo. Distrito 2: Como ya lo expresé es estratégico para la Gallardía con Juan Manuel Navarro, un resultado diferente podría incluso mover el resultado de la elección gubernamental, Distrito 3: Se la lleva Óscar Bautista con más dificultades que nunca. Distrito 4: Gana la Coalición con Xitlálic, que cuenta con un As bajo la manga en la estructura del mismo color que la frondosa Huasteca.
Distrito 5: Gracias al trabajo de Xavier Nava y Óscar Valle de impulsar el voto por Morena (aliada del Verde en lo federal) Marcela González Herrera está a nada de convertirse en diputada, Pepe Toño si es que la logra rescatar lo hará por la mínima diferencia.
Distrito 6: Gilberto Hernández Villafuerte tiene a toda la fuerza estructural del gallardismo, sería una sorpresa gigante que la regidora Karina pueda siquiera darle un susto, estratégico bastión para los Verdes a los que pondrán mas atención que nunca si quieren ver al Pollo Gobernador. Distrito 7: Christian Sánchez.
Usted saque las cuentas.
Por hoy es todo, Culto Público, pero para el viernes los bemoles del interior y alguno que otro detalle. Lo invito por favor a mantenerse atento a nuestra cobertura y enlaces en vivo que tendremos para Usted durante la jornada electoral.
Vote por quién usted quiera, pero no olvide ir a votar cumpliendo con todas las normas sanitarias.
@jfsh007
También lee: Los diputados al VI y VII local | Columna de Jorge Saldaña
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Francisco Javier Estrada, evidencias del científico que México no supo ver
Trabajó en electricidad, magnetismo, sonido y energía en un país sin infraestructura científica y sin respaldo institucional su obra quedó dispersa
Por: Ana G Silva
En pleno siglo XIX, cuando México apenas intentaba consolidarse como nación, un científico nacido en San Luis Potosí ya experimentaba con electricidad, comunicación a distancia y reproducción del sonido con una visión que hoy sigue marcando la vida cotidiana. Su nombre: Francisco Javier Estrada Murguía.
Encendió la primera luz eléctrica en América, diseñó uno de los primeros motores eléctricos, desarrolló la comunicación inalámbrica antes que Marconi, mejoró sistemas telefónicos, sentó bases del micrófono de carbón y propuso (con décadas de anticipación) el piano eléctrico.
La reconstrucción de su legado no es reciente. Surge, en gran medida, del trabajo del investigador, divulgador y colaborador de La Orquesta, José Refugio Martínez Mendoza, conocido como Dr. Flash, académico de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, quien durante décadas ha documentado la vida y obra de Estrada. Columnas, artículos y libros de su autoría permiten hoy dimensionar la magnitud de un científico que, pese a todo, sigue siendo un desconocido en su propia tierra
Francisco Javier Estrada no fue un caso aislado de genialidad. Fue un ejemplo de cómo el conocimiento puede generarse en condiciones adversas, pero también de cómo puede perderse cuando no existe una estructura que lo respalde.
Mientras sus ideas eran retomadas en otras partes del mundo, en México quedaban archivadas, ignoradas o simplemente olvidadas.
Hoy, su historia no solo exige reconocimiento. Exige memoria. Porque si algo deja claro su legado, es que el problema no fue la falta de talento. Fue no saber qué hacer con él. Y sinceramente, como bien hoy se dice, “no te merecíamos Estrada”
La noche en que San Luis Potosí se adelantó al mundo
En noviembre de 1877, en el patio del Instituto Científico y Literario de San Luis Potosí, ocurrió un episodio que difícilmente ha sido dimensionado en la historia nacional.
Durante una reunión pública organizada para recaudar fondos, Francisco Javier Estrada encendió lámparas de arco mediante un sistema eléctrico desarrollado por él mismo. La escena, descrita en crónicas de la época, no solo sorprendió a los asistentes; marcó un antes y un después en el desarrollo tecnológico del continente.
Aquella demostración significó el encendido de la primera luz eléctrica de arco en América y convirtió al edificio del Instituto en el primero en México iluminado con electricidad. En ese momento, San Luis Potosí no solo observaba el progreso: lo estaba generando.
Lo que siguió fue una serie de aplicaciones prácticas durante 1878, cuando el alumbrado eléctrico comenzó a utilizarse en eventos públicos, generando asombro en la sociedad.
Un inventor adelantado a la historia oficial
En 1886 obtuvo el privilegio (equivalente a una patente) para un sistema que permitía comunicar trenes en movimiento con estaciones ferroviarias sin necesidad de cables. La implicación técnica es clara: comunicación inalámbrica funcional en el siglo XIX
Este desarrollo ocurrió una década antes de que Guglielmo Marconi presentara avances similares en Europa. Sin embargo, el nombre que quedó en los libros fue el del italiano.No se trata de una coincidencia ni de un error menor, sino de una omisión sistemática que responde al contexto de dependencia tecnológica y cultural del México de finales del siglo XIX. Estrada no solo llegó primero: lo hizo sin respaldo industrial, sin financiamiento y sin un entorno que protegiera o proyectara su trabajo.
Dibujo del primer sistema de comunicación inalámbrica en el mundo, presentado por Estrada al Ministerio de Fomento para solicitar su patente para comunicar trenes en movimiento y del cual obtuvo la aprobación el 12 de junio de 1886.
Fotografía del libro: El inventor de la comunicación inalámbrica Francisco Javier Estrada
Decreto 9574. Decreto de patente para comunicar trenes en movimiento. Uso práctico por primera vez en el mundo de la comunicación inalámbrica por Francisco Javier Estrada.
Fotografía del libro: El inventor de la comunicación inalámbrica Francisco Javier Estrada
El sonido como frontera: de los teléfonos al origen del audio moderno
En la década de 1870, Estrada enfocó su trabajo en un problema que parecía secundario frente a la electricidad: la reproducción del sonido.
No lo era.
Sus experimentos lo llevaron a mejorar sistemas telefónicos existentes, desarrollar principios fundamentales del micrófono de carbón y lograr transmisiones de mayor claridad e intensidad. Estas aportaciones no solo resolvían problemas técnicos inmediatos, sino que abrían la puerta a una nueva forma de entender la comunicación.
Micrófono de carbón, desarrollado por Estrada. Siglo XIX. Colección: “Patrimonio Cultural de San Luis Potosí”. Resguardo: J.R. Martínez Fotografía del libro: El inventor de la comunicación inalámbrica Francisco Javier Estrada
El piano eléctrico que México no construyó
En diciembre de 1878, Estrada publicó en el periódico El Siglo XIX la descripción de un instrumento que no existía en su época: un piano eléctrico.
No se trataba de una idea abstracta. El diseño detallaba un sistema capaz de transformar vibraciones acústicas en señales eléctricas y amplificarlas mediante dispositivos electromagnéticos. Su intención era clara: llevar el sonido más allá de los límites físicos del instrumento tradicional.
No pudo construirlo.
La falta de recursos, materiales y apoyo técnico lo obligaron a hacer algo inusual: publicar el diseño completo para que alguien más pudiera desarrollarlo. En su propia carta lo advertía con claridad, temiendo que la idea fuera retomada en el extranjero sin reconocer su origen.
Ochenta años después, el piano eléctrico se desarrolló fuera de México.
El gabinete de física y la memoria que sobrevivió al abandono
Gran parte de su trabajo se desarrolló en el Gabinete de Física del Instituto Científico y Literario, un espacio que concentró instrumentos, experimentos y enseñanza científica en San Luis Potosí.
Entre esos objetos, destaca uno en particular: un fonógrafo que, según investigaciones recientes, pudo haber sido construido por el propio Estrada como parte de sus estudios sobre reproducción del sonido.
Hoy, ese instrumento se convierte en símbolo de una memoria científica que logró sobrevivir, no gracias a políticas públicas o reconocimiento institucional, sino al esfuerzo de quienes decidieron documentarla.
Aparato para el estudio de la reproducción del sonido, prototipo similar al fonógrafo, posiblemente desarrollado por Estrada. Colección “Patrimonio Cultural de San Luis Potosí”. Resguardo: J.R. Martínez.
Fotografía del libro: El inventor de la comunicación inalámbrica Francisco Javier Estrada
San Luis Potosí, más allá de Estrada
El desarrollo científico de San Luis Potosí no puede entenderse sin la figura de Francisco Javier Estrada. Lejos de ser un episodio aislado, su trabajo marcó un punto de partida que dialoga con una serie de avances que, con el paso de las décadas, consolidaron al estado como un espacio clave para la experimentación tecnológica en México.
Desde los primeros ensayos con globos aerostáticos en las primeras décadas del siglo XIX, pasando por los intentos iniciales de vuelo en 1840, hasta el desarrollo de la aviación en el siglo XX, existe una línea de continuidad en la que la experimentación y la curiosidad científica fueron constantes. Esa misma lógica se extendería más adelante a los estudios de radiación cósmica en la Universidad Autónoma de San Luis Potosí y al lanzamiento del primer cohete con fines científicos en el país en 1958.
En ese entramado histórico, las aportaciones de Estrada no solo anteceden estos logros: ayudan a explicarlos. Su trabajo en electricidad, comunicación inalámbrica y reproducción del sonido no solo abrió nuevas rutas de conocimiento, sino que sentó bases técnicas y conceptuales que formarían parte del desarrollo tecnológico posterior.
Las aportaciones de Francisco Javier Estrada detonaron una tradición científica en San Luis Potosí que evolucionó hacia la aviación, la investigación en radiación cósmica y el lanzamiento del primer cohete científico en México.
También lee: El genio que se niega al olvido | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
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Que siempre sí, Soledad saldrá de Interapas entre mayo y junio
También se revisó el futuro de Villa de Pozos y la distribución del servicio para evitar afectaciones a la población
Por: Redacción
Ciudad
La radiografía moral de una ciudad a través de sus esquinas. Primera Parte
Reportaje histórico, político y urbano de la nomenclatura potosina
«No nos une el amor sino el espanto;
será por eso que la quiero tanto.»
Jorge Luis Borges, «Buenos Aires», en El otro, el mismo (1964)
Por: Jorge Saldaña.
Caminar por San Luis Potosí es, sin que uno se dé mucha cuenta, un acto de paciencia historiográfica. Uno cree que va a comprar el pan, pero en realidad atraviesa cuatro siglos, tres regímenes, una revolución y una pulquería desaparecida. La esquina —esa institución tan mexicana— se vuelve aquí un libro abierto al que le faltan páginas, le sobran portadas y sostiene memorias cono nombres hechas de azulejo, metal o placa, que de no nombrarse ahí, nadie más las nombraría y menos las recordarían.
Lo cuento como periodista urbano, también como ciudadano y no como acusador. Esto no es una denuncia: es una caminata. Una caminata larga, tropezada y deliciosa por un casco antiguo donde una sola vía recta puede llamarse «Mariano Arista» en una placa, «ARISTA» en la siguiente y, dos cuadras más allá, «GRAL. M. ARISTA», todo en distintos materiales, todo igual de oficial, todo igual de imposible. Un solo general, tres nombres; un solo cabildo pero ningún acuerdo.
El estudio del licenciado Constantino Méndez sobre las inconsistencias actuales de la nomenclatura y el «Diccionario histórico de las calles de San Luis Potosí» de don Arcadio Castro Escalante —en su libro «Por las viejas calles de aquel San Luis»— dejaron consignado lo que aquí se cuenta con prosa de domingo: que la nomenclatura de esta ciudad es un palimpsesto -esos manuscritos en pergamino que conservan huellas de una escritura anterior- al igual que nuestro centro, en cada placa hay un héroe encima de un pordiosero, un revolucionario encima de un cura, una avenida encima de una zanja. Y que la abuela, terca, sigue diciendo «La Corriente» cuando el plano oficial dice «Reforma» desde hace ya un siglo.
El verso de Borges con que se abre este reportaje no es decorativo. Es la llave. Porque si hay una manera de querer a las ciudades, esa manera es contradictoria: las queremos por lo que nos avergüenza de ellas. Las queremos por su desorden, por su terquedad, por su modo de no obedecer. San Luis Potosí entra en esa categoría con orgullo. Es una ciudad que se ama, en parte, por su incapacidad para ponerse de acuerdo consigo misma.
De los apodos a los apellidos
En 1828, recién consumada la Independencia, el Ayuntamiento potosino se topó con un problema simpático y propio de la época: necesitaba bautizar oficialmente sus calles, pero no tenía a quién honrar. A los españoles ya no se les quería —era demasiado pronto—, y los héroes nacionales todavía no alcanzaban para tantas esquinas. La solución fue salomónica y muy mexicana: dejar los apodos populares y ponerle apellido de vecino distinguido a lo que faltara.
Así se inauguró, sin saberlo, la primera ley no escrita de la nomenclatura potosina: la calle no se nombra, la calle se hereda. Hereda al insurgente cuando llega la Independencia, hereda al liberal cuando llega la Reforma, hereda al revolucionario cuando llega 1914 —el año bisagra, el del gran rebautizo— y hereda al fraccionador cuando llega el siglo XXI con sus colonias bautizadas con nombres de árboles que aquí no crecen.
Antes de 1828, sin embargo, las calles ya tenían nombre: solo que el nombre lo ponía el barrio, no el cabildo. La calle de la Cruz se llamaba así porque había una gran cruz divisoria entre la ciudad y la villa de San Miguelito. La de las Bóvedas porque allí se levantaron las primeras casas con techo abovedado. La del Arenal porque las lluvias de La Merced llenaban de arena la cuadra. La de los Burros porque los arrieros amarraban sus bestias antes de bajar a la Plaza de Armas. La de la Tamalera porque ahí vivía una mujer cuyos tamales eran de gran demanda.
Estos nombres, hoy reemplazados por placas con apellidos solemnes, eran en realidad un primer sistema completo y eficaz. Funcionaba etnográficamente: nombraba lo que estaba, no lo que se quería honrar. Era una nomenclatura sin proyecto político, asentada en la observación cotidiana. Por eso, cuando el cabildo intentó imponer apellidos en 1828, lo hizo sobre un sustrato vivo que ofreció resistencia silenciosa. La gente siguió diciendo «La Tamalera» mientras la placa decía «Julián de los Reyes».
La cuadra como unidad onomástica
Hasta bien entrado el siglo XIX, una vía recta no tenía un nombre: tenía tantos nombres como cuadras. La calle Iturbide, por ejemplo, en 1864 se desplegaba en ocho identidades distintas: «Ciprés», «Palaus», «Chino o Clima», «Filantropía», «Guayabo», «Mora», «Cocheros» y «Chica». La calle Vallejo se dividía en cinco: «Remedios», «Las Recogidas», «Plaza de Las Recogidas», «Lucero» y «San Miguelito». Manuel José Othón —el poeta— caminaba de niño por una vía que cambiaba cinco veces de nombre.
La avenida Carranza es el caso emblemático. En 1864 era cinco calles distintas en una sola línea: «La Cárcel» las dos primeras cuadras, «Maltos» las dos siguientes, «El Elefante» la quinta, y todo el resto «Real de Tequisquiapan». Cinco nombres, una traza. Hoy es una sola Carranza —liberal, rectísima, peatonal en su tramo histórico— pero quien camine por ahí está caminando, sin saberlo, sobre el rastro de un elefante, una cárcel y un señor de apellido Maltos del que no quedó memoria.
«Una descripción de Zaira como es hoy debería contener todo el pasado de Zaira. Pero la ciudad no dice su pasado, lo contiene como las líneas de una mano, escrito en los ángulos de las calles, en las rejas de las ventanas, en los pasamanos de las escaleras […], surcado a su vez cada segmento por raspaduras, muescas, incisiones, cañonazos.»
Italo Calvino, Las ciudades invisibles (1972)
Calvino no escribió sobre San Luis Potosí, pero pudo haberlo hecho. Su descripción de Zaira describe con exactitud lo que cualquier potosino ve al levantar la cabeza en una esquina del primer cuadro: la ciudad no cuenta su pasado, lo contiene. Lo carga en cada placa que no se quitó, en cada rótulo que se dejó conviviendo con el nuevo, en cada rincón donde el catastro y la abuela difieren y nadie se atreve a darle la razón a uno solo de los dos.
Esta lógica de los muchos nombres por cuadra tenía sentido en una ciudad pequeña. Cada tramo coincidía con un edificio característico, una anécdota memorable, un vecino famoso. Cuando la población creció y la administración pública se profesionalizó, ese sistema se volvió insostenible. Una calle con siete nombres no se puede catastrar, no se puede cobrar predial, no se puede patrullar. La unificación llegaría —y llegaría con una ideología.
Las cuatro fechas bisagra
La nomenclatura de San Luis Potosí no cambió de una vez. Cambió en oleadas, y cada oleada lleva la firma del régimen que la promovió. Cuatro son las fechas que conviene memorizar:
- 1828: primera nomenclatura oficial. Es la ola del cabildo independiente. Domina la mezcla de apellidos distinguidos y nombres triviales, por escasez de héroes.
- 1860–1870: primera ola liberal. Tras las Leyes de Reforma, aparecen Galeana, Morelos, Hidalgo, Allende sustituyendo nombres conventuales y virreinales. Es el primer barrido ideológico.
- 1914: el gran rebautizo revolucionario. La nomenclatura moderna —Carranza, Obregón, Madero, Zapata, 5 de Mayo— se impone sobre los antiguos nombres por cuadra. Es el momento más drástico: lo que había tardado tres siglos en sedimentar se sobrescribió en pocos años.
- 1930: ola posrevolucionaria. Aparecen nombres de gobernadores y políticos locales (Julián Carrillo, Francisco Alcalde, Ildefonso Díaz de León). La memoria estatal entra a competir con la memoria nacional.
Si uno camina hoy el centro y lee placa por placa, está leyendo —en estricto rigor— la geología política de la ciudad. La capa más profunda es colonial: convento, virgen, cruz. La siguiente, decimonónica: apellido distinguido, anécdota local. Encima, la liberal: insurgente. Encima, la revolucionaria: jefe armado. Encima, la postrevolucionaria: gobernador. Y en los fraccionamientos nuevos, la capa contemporánea: árbol exótico, flores, montañas y cordilleras. Cinco capas, una ciudad.
La memoria popular como capa subterránea
Hay una capa más, sin embargo, que ningún régimen logró borrar: la oral. Las placas también hablan de lo que el poder quiso olvidar. La calle de Las Manitas —hoy un tramo de Abasolo— se llamó así porque ahí enterraron las manos de un homicida. La de Las Cruces —hoy un tramo de Universidad— porque dos hombres se mataron mutuamente y se les puso cruces en el sitio. Estos nombres no entraron a la oficialidad porque la oficialidad prefiere héroes; pero la oralidad los recuerda. La calle, otra vez, no se borra: se tapa.
Y hay nombres populares que sí lograron permanecer, contra todo pronóstico. La calle Juan del Jarro lleva el nombre de Juan de Azios Ramírez, un pordiosero potosino del siglo XIX, vestido de harapos y con un jarro al hombro para pedir agua y comida. Se le atribuían dotes adivinatorias; la gente lo consultaba sobre fechas de muerte y matrimonios futuros, y atinaba lo suficiente para volverse leyenda. Cuando murió, le pusieron calle. Es uno de los pocos sitios en México donde un mendigo tiene placa oficial. Cosa rara, cosa potosina, cosa hermosa.
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Las aportaciones de Francisco Javier Estrada detonaron una tradición científica en San Luis Potosí que evolucionó hacia la aviación, la investigación en radiación cósmica y el lanzamiento del primer cohete científico en México.










































