Opinión
Farmear aura: la moda que copia al algoritmo sin saberlo | Columna de Gonzalo Hernández Araujo
Sistema Operativo
El 17 de agosto, decenas de jóvenes llenaron la Plaza de Armas de Morelia para turnarse a caminar despacio, sostener una pose exagerada o repetir el gesto de algún personaje de anime o de un futbolista, mientras el público decidía a aplausos quién se llevaba más “puntos de aura”. Al día siguiente hubo final. Cuatro días después ya había batallas convocadas en Veracruz (donde se organizó la primera del país) y en la Ciudad de México, esta con premios de hasta tres mil pesos. San Luis Potosí no tardó en sumarse: ya hubo batallas en la Plaza de Armas, en la FENAPO y en algunas colonias de la capital. Lo que hace unos días era una pregunta —¿cuándo llega esto a San Luis Potosí?— ya tiene respuesta.
La explicación fácil es que son cosas de adolescentes, que siempre ha habido modas raras y esta les tocó a ellos. Esa explicación se queda corta. Lo interesante no es que los jóvenes hayan inventado un juego de estatus con nombre gracioso. Es que ese juego copia, casi al pie de la letra, la misma lógica que hace funcionar a los algoritmos de redes sociales: no hace falta que alguien programe la regla “premia el espectáculo”. Basta con que el sistema (en este caso, un grupo de amigos parado en una plaza) aprenda que cierta conducta genera más reacción que otra, y esa conducta se vuelve la moneda.
“Farmear” viene de los videojuegos, donde significa repetir una tarea sencilla para ganar experiencia o recursos. El término empezó a circular en 2024 en publicaciones sobre personajes de anime, deportistas y celebridades que “tenían aura”: una manera de decir que transmitían poder o presencia sin necesidad de explicarlo. Dos años después, en agosto de 2026, el concepto saltó de las redes a los espacios públicos de varios países de América Latina (Brasil, Argentina, Bolivia, Perú, Paraguay, y ya también México) en forma de “batallas de aura”: dos personas se paran frente a frente y compiten por proyectar la mayor presencia posible, mientras el público reacciona con aplausos o gritos que funcionan como votación informal.
A mí este mecanismo no me agarra de sorpresa. Cuando salió Ingress, el primer juego de realidad aumentada de Niantic, salía a farmear portales con otros jugadores: caminar por la ciudad y pelearte el control de un punto virtual contra gente que nunca habías visto, solo porque el juego te daba una razón para estar ahí. El que le pegó más fuerte, porque fue mucho menos underground, fue Pokémon Go, el siguiente juego de Niantic: la misma lógica de salir a la calle, encontrarte con desconocidos e interactuar en grupo para pelear un espacio virtual que solo existía dentro del teléfono. El farming de aura no inventó nada. Solo le quitó la pantalla de en medio: ya ni siquiera hace falta un juego que te diga que hay algo ahí para que la gente salga a competir por atención.
Lo que hace interesante el fenómeno no es la batalla en sí. Es que estos chavos aprendieron a comportarse como si estuvieran optimizando para un algoritmo incluso cuando no hay ningún algoritmo mirando. La recompensa ya no es un “me gusta” ni una vista. Es la reacción inmediata de la gente que tienen enfrente. Pero la estructura del juego (actuar para conseguir una reacción medible, competir por quién genera más respuesta, dejar que el aplauso decida quién “ganó”) es exactamente la estructura que las plataformas llevan más de una década enseñándoles a premiar. No necesitaron subir el video para que la lógica se les quedara grabada.
Esto conecta con algo que vale la pena recordar cuando se habla de por qué las redes sociales no necesitan querer dividirte o hacerte competir para lograrlo: les basta con elegir mal la métrica. Una auditoría publicada en 2025 sobre el ranking de contenido de X encontró que el sistema amplificaba el contenido más emocional y hostil, no porque alguien lo hubiera decidido así, sino porque ese contenido generaba más minutos de atención que cualquier otro. La plataforma no necesitó odiar a nadie. Solo necesitó medir mal qué valía la pena mostrar más seguido. El farming de aura es la misma lección, pero exportada fuera de la pantalla: si entrenas a alguien durante años a que la reacción del público es lo único que cuenta, esa persona termina buscando esa reacción aunque no haya ninguna plataforma de por medio.
Aquí vale la pena detenerse un momento, en vez de simplemente reírse del video de un niño remando una lancha con cara de héroe de acción que le dio la vuelta al mundo y que, sin querer, terminó bautizando toda la tendencia. Ese video no le enseñó nada nuevo a nadie. Solo le puso nombre a algo que las plataformas ya venían entrenando desde antes. La diferencia entre esa lancha y la Plaza de Armas de Morelia un martes por la tarde es apenas el escenario. La lógica (actuar para una audiencia que aplaude o abuchea en tiempo real) es la misma que cualquier usuario de redes reconocería de inmediato, aunque nunca haya visto una batalla de aura en persona.
No hace falta prohibirles nada a los adolescentes ni alarmarse porque ahora “hasta en la calle” reproducen la lógica de las redes. Lo que vale la pena notar es otra cosa: cuando una generación entera internaliza tan bien la métrica de una plataforma que ya no necesita la plataforma para actuar según ella, el problema dejó de ser solo del algoritmo. Es de qué aprendimos, todos, que vale la pena que nos vean hacer.
Ahora que la batalla de aura ya llegó a la Plaza de Armas, a la FENAPO y a las colonias potosinas, vale la pena hacerse una pregunta parecida a la que cerraba la reflexión original sobre los algoritmos: ¿qué tanto de lo que haces frente a otros, con cámara o sin ella, lo sigues haciendo porque de verdad quieres, y qué tanto porque alguna vez una plataforma te enseñó qué reacción vale la pena perseguir?
Notas y fuentes
- Smitha Milli et al., “Engagement, user satisfaction, and the amplification of divisive content on social media“, PNAS Nexus (2025) — auditoría del ranking de X citada también en el artículo original.
- “Farmear aura: se desata ‘batalla de auras’ en Morelia y se vuelve viral“, El Informador (18 de agosto de 2026).
- “El trend de ‘farmear aura’ llega al centro de Morelia“, El Universal (agosto 2026).
- “Farmear aura: qué significa, de dónde viene y cómo funcionan las batallas de aura que se volvieron virales“, Cambio (agosto 2026).
- “Qué significa ‘farmear aura’ y cómo farmear aura con los amigos: la moda digital poco digital“, Infobae (19 de agosto de 2026).
- “¿Qué significa ‘farmear aura’? La expresión de la Generación Z que se volvió tendencia en Perú, Argentina y otros países“, Yahoo Noticias / agencias (agosto 2026).
Versión completa y fuentes adicionales del artículo original: “El algoritmo no te odia. Solo aprendió que el conflicto vende más que la verdad.”
México
Poder Judicial: ¿austeridad o incertidumbre laboral? | Columna de Víctor Ezequiel
SERENDIPIA
Por: Víctor Ezequiel
X: @MrVictorHdz
Culto público, el 21 de octubre, el Órgano de Administración Judicial (OAJ) anunció un aumento salarial del 4.5% para el personal de los niveles 12 al 34, retroactivo a enero de 2026. De acuerdo con el comunicado, el incremento se reflejará en la segunda quincena de noviembre y el pago retroactivo llegará en diciembre. También se informó que están garantizadas diversas prestaciones correspondientes al último trimestre del año.
La noticia importa. Para las personas trabajadoras, no se trata de cifras abstractas, sino de ingresos familiares y compromisos cotidianos. Sin embargo, sería un error considerar que este anuncio agota los reclamos de la base trabajadora del Poder Judicial de la Federación (PJF).
La preocupación va más allá del recibo de nómina.
Durante las últimas semanas también han circulado versiones sobre posibles readscripciones de personal, una eventual reforma a la Ley Orgánica del Poder Judicial de la Federación y presuntas directrices para iniciar procedimientos administrativos contra integrantes de la carrera judicial. No todos estos señalamientos tienen el mismo grado de sustento y sería irresponsable presentarlos como hechos confirmados. Pero tampoco debe ignorarse el clima de incertidumbre que generan entre quienes sostienen diariamente la operación de los órganos jurisdiccionales.
Empecemos por las readscripciones. Se ha difundido una supuesta lista de personas propuestas para cambiar de adscripción por distintas razones. Mientras no se conozcan su autenticidad, alcance y estado administrativo, no puede afirmarse que los movimientos estén decididos ni que respondan a una estrategia para desplazar trabajadores. La pregunta, no obstante, es pertinente: ¿qué criterios se aplicarían?, ¿cómo se notificarían las decisiones? y ¿qué mecanismos tendría el personal para conocer sus razones y defender sus derechos?
Un cambio de adscripción no es necesariamente irregular; la administración judicial necesita organizar recursos y atender necesidades del servicio. Pero esa facultad tampoco debería convertirse en una fuente de incertidumbre injustificada ni en un mecanismo para “renovar al personal”. Culto público, simplemente le pongo un ejemplo, un oficial judicial percibe, si bien le va, alrededor de once mil pesos quincenales, esto claro, si no tiene contratado un fondo de ahorro, algún seguro de gastos médicos mayores, vehículo o vivienda, que en muchos casos queda en alrededor de cinco mil pesos por quincena, ese sueldo se ha mantenido prácticamente sin cambios significativos en los últimos diez años, imagine que con las propuestas de readscripción, además tenga que trasladarse a otra ciudad en la que seguramente tendrá que gastar en renta y transporte, la opción más razonable para esta persona será renunciar y claro que estas medidas son formas explícitas de represión y de hostigamiento laboral, cuando la eficiencia institucional debe armonizarse con la legalidad, la seguridad jurídica y el respeto a las condiciones laborales.
A esta inquietud se suma un análisis comparativo que circula sobre una supuesta iniciativa de reforma a la Ley Orgánica, fechada el 6 de octubre de 2026. El documento atribuye a la propuesta cambios relacionados con evaluaciones del desempeño, posibles consecuencias de no acreditarlas, readscripciones, clasificación de puestos de confianza y facultades para fijar tabuladores y prestaciones.
De confirmarse el contenido y la autenticidad de la iniciativa, estaríamos ante asuntos que merecen una discusión pública seria. Sin embargo, es indispensable distinguir entre una propuesta y una norma vigente: no se debe anunciar como derecho aplicable lo que todavía no se ha acreditado como aprobado y publicado. Tampoco basta un resumen para concluir que determinadas garantías desaparecieron o que cualquier movimiento de personal podría ejecutarse unilateralmente. Para sostener esas afirmaciones hace falta revisar el texto íntegro, las disposiciones relacionadas y el régimen transitorio; pero como dicen, si el río suena…
Lo mismo ocurre con los rumores sobre una supuesta línea de las nuevas personas juzgadoras para iniciar procedimientos administrativos contra servidores públicos de carrera judicial. Cosa que, en la práctica, bajita la mano ya está ocurriendo. La responsabilidad administrativa no puede utilizarse como represalia, la clave está en los hechos, los fundamentos y las garantías del procedimiento.
Mientras tanto, el debate presupuestario continúa. Las cifras previamente discutidas sobre el presupuesto solicitado y el finalmente aprobado para 2026 muestran una diferencia de más de 15 mil millones de pesos. También se han expuesto preocupaciones sobre la suficiencia de los recursos para cubrir compromisos institucionales. Esos números requieren explicaciones claras: ¿cómo se planeó la transición del Consejo de la Judicatura Federal al nuevo esquema institucional?, ¿qué previsiones se hicieron para los gastos operativos y laborales?, ¿qué cambió para que el OAJ anunciara ahora el incremento salarial y el pago retroactivo?
El comunicado del 21 de octubre representa un compromiso concreto respecto de los conceptos que enumera, entre ellos vestuario, aguinaldo, asignaciones adicionales, estímulo por antigüedad, ayuda al personal operativo y ayuda de despensa. Corresponde dar seguimiento a su cumplimiento. Pero el anuncio no explica, por sí mismo, el origen de la incertidumbre previa ni responde a las inquietudes sobre movilidad, estabilidad y posibles modificaciones normativas.
Aquí también hay responsabilidades diferenciadas. El OAJ debe explicar sus decisiones administrativas y presupuestarias; las autoridades hacendarias, el marco financiero de los acuerdos que les correspondan; y el Poder Legislativo, el contenido y alcance de cualquier reforma que impulse. La representación sindical, por su parte, puede negociar, solicitar información, documentar afectaciones y acudir a las vías legales pertinentes. Ninguna de estas funciones sustituye a las demás.
Tampoco se trata de enfrentar a trabajadores judiciales con quienes laboran en salud, educación o seguridad. Todas son áreas esenciales y todas requieren presupuestos responsables. La discusión no debe convertirse en una competencia para determinar quién merece menos, sino en una exigencia de planeación, transparencia y respeto a los derechos.
La reforma judicial no puede evaluarse únicamente por la integración de sus órganos o por la forma de designar a quienes juzgan. También importa cómo se administra la institución, cómo se trata a su personal y qué garantías existen para que las decisiones laborales respondan a criterios legales y no a presiones indebidas.
El aumento anunciado no es una noticia que deba reconocerse, puesto que ese 4.5% no es nada frente al incremento del costo de vida a nivel nacional. Además, la estabilidad laboral no se mide solamente en porcentajes salariales: también depende de reglas claras, procedimientos imparciales, decisiones explicadas y mecanismos efectivos para defender derechos.
Una institución que imparte justicia debe ofrecer, en su propia casa, razones claras y garantías verificables. La incertidumbre no se disipa con rumores, pero tampoco con silencio: se enfrenta con documentos, transparencia y rendición de cuentas.
Lee también:¿Poner una cámara hacia la calle es delito? El mito, los drones y el derecho a la privacidad
Deportes
Mexicanas de oro | Columna de Haniel Valdés
Por: Haniel Valdés
El lunes 26 de octubre, en la gala del Balón de Oro en Londres, el futbol mexicano hizo historia, y lo hizo gracias a las mujeres. Charlyn Corral, delantera del Pachuca, recibió el trofeo Gerd Müller como la máxima goleadora del año, y es la primera mexicana en recibirlo. Scarlett Camberos, del América, terminó en el lugar 21 del Balón de Oro femenino, la primera mexicana en estar entre las 30 candidatas.
Vale la pena detenerse en lo que significa el premio de Corral, porque no es de los que se ganan por votos ni por simpatía. El Gerd Müller es por méritos deportivos: se lo lleva quien más goles marca en la temporada. Corral hizo 49 goles en 49 partidos, 36 con Pachuca y 13 con la Selección Mexicana. En el lado de los hombres lo recibió Harry Kane, el máximo artillero.
Y aquí es donde el mérito de Corral pesa más. Kane juega en el Bayern Múnich, donde casi todo se gana. Corral juega en un Pachuca que no es de los equipos fuertes: en este Apertura 2026 va en sexto lugar del Grupo B, con 13 puntos, lejos de la Liguilla. El premio no lo ganó por este torneo, sino por la temporada pasada, con 22 goles en el Apertura 2025 y 14 en el Clausura 2026 con el club, pero el contexto es el mismo. Aun así encabezó el goleo del mundo y dejó atrás a delanteras como Claudia Pina y Ewa Pajor, que juegan en el Barcelona, el mejor equipo del planeta, rodeadas de las mejores jugadoras. Pajor, de hecho, fue la primera ganadora de este trofeo en 2025; Corral es la segunda futbolista en recibirlo.
El caso de Camberos tiene el mismo fondo. Cuando se compara con los hombres, Julián Quiñones
quedó en el lugar 28 del Balón de Oro, el mexicano mejor ubicado en la historia de la votación, después de marcar cuatro goles con México en el Mundial 2026 y 33 en la liga saudí. Lo hizo en un torneo que ven millones de personas. Camberos terminó siete lugares arriba, en el 21, con 25 goles y 17 asistencias, y con tres títulos del América en la temporada: la Copa de Campeonas de la Concacaf, el Clausura 2026 y el Campeón de Campeones. Lo logró jugando en una liga mucho más joven y con mucha menos exposición internacional.Lo mismo pasó con el América como equipo. Fue considerado para el premio al mejor club femenil del año, algo que nunca había ocurrido con un equipo mexicano. No ganó porque el premio fue para el Barcelona, un rival imposible: Alexia Putellas, que ya no está en el club blaugrana pero hizo los méritos para el premio cuando aún jugaba ahí, se llevó su tercer Balón de Oro; Vicky López ganó el Kopa como mejor jugadora joven y el equipo blaugrana arrasó con todo lo que jugó. Pero estar en esa conversación, desde un equipo joven, en una liga joven y en un continente que apenas empieza a tomarse en serio el futbol femenil, ya es un logro enorme. El América puede estar, sin exagerar, entre los mejores del mundo.
Esas son las cifras. Lo que importa ahora es cómo las tratamos. Las jugadoras mexicanas están compitiendo en el escenario más grande y compitiendo bien, con méritos que se pueden medir en goles, títulos y posiciones. Un premio ganado por goles no admite discusión, y un puesto 21 entre 30 candidatas del mundo no se regala. Que se les reconozca con la misma vara que a los hombres que quedaron detrás o delante de ellas es lo mínimo que merecen.
También lee: Caicedo y la ley de la ex
El Cronopio
Carlos Villatoro, el actor de corazón potosino | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
Los inicios del cine mexicano están marcados por la participación de actores y actrices de San Luis Potosí; algunos personajes han sido tratados en esta columna. Desde la época del cine mudo hasta los albores del cine sonoro en México, aparecen estas contribuciones potosinas que se extienden a lo largo de toda la historia del cine mexicano.
Entre los personajes que inician su actividad actoral en el cine mudo se encuentra Carlos Villatoro, que si bien se registra su lugar de nacimiento en Comitán, Chiapas, en 1903, siempre subrayó su sello de potosino en virtud que sus hermanos mayores habían nacido en San Luis Potosí y su familia radicaba en la ciudad potosina al finalizar el siglo XIX.

Uno de dichos hermanos era Héctor Villatoro que a principios de la década de los veinte se encontraba como cónsul en Canadá, y con quien fue enviado Carlos Villatoro por su padre. Este periplo marcaría su primera relación con el mundo del cine, pues al quedar varado en Nueva York por una huelga que imposibilitó su viaje a Canadá, conoció a quienes iniciarían la dirección de películas en México, Gabriel García Moreno y Manuel Ojeda, en ese momento se acercaba a la actividad actoral en Nueva York. Como consecuencia, en 1925 García Moreno le propuso el papel estelar de la película El Buitre, y una serie de películas que se filmaron en Orizaba, Veracruz, de 1925 a 1927, entre ellas el Puño de Hierro de 1927 que se considera la primera película que trata el mundo de las drogas.
Como pionero del cine mudo mexicano Carlos Villatoro se convierte en uno de los mejores actores del cine mudo mexicano y de los primeros años del cine sonoro, al protagonizar películas sonoras desde 1934, entre ellas la película de Juan Bustillo Oro, Dos Monjes, donde participa también la actriz potosina Emma Roldán, en el papel de Gertrudis la madre de Javier, protagonizado por Carlos Villatoro; en esa película participa también en realización de Dos Monjes, el matehualense Juan José Ortega García, de quien trataremos en futuras entregas de esta columna.
Carlos Villatoro conoce a Juan Bustillo Oro cuando estudiaban en la Escuela Nacional Preparatoria, lo que fue otro encuentro que le marcaría su destino a la actuación en cine, donde también se formaría como guionista y director, dirigiendo a principios de los cuarenta los cortometrajes: Viaje a Jalapa, Canciones y Danzas Mexicanas, Compositores Mexicanos y Juan Diego. Escribió el argumento de la famosa y exitosa película Quinto Patio, dirigida por Rafael Sevilla en 1950.
Después de su participación en el cine mudo en México donde actuó en cinco películas en la década de los veinte, inicia su participación en el cine sonoro en 1934 en la película Águilas de América dirigida por Manuel Ojeda, participando en alrededor de veinte películas en el lapso de diez años, terminando su actuación en 1943 en la película La Mujer sin Alma de Fernando de Fuentes en 1943, al lado de María Félix.
A partir de 1944 se desempeña como anotador y asistente de director hasta 1963, año de su muerte. En esta actividad trabaja en numerosas producciones norteamericanas filmadas en México, teniendo apariciones incidentales.
También tuvo participación en la radio en México, siendo locutor en varias estaciones desde 1929. En la XEW tuvo el programa en 1951 “El rincón bohemio de Carlos Villatoro”.
Carlos Villatoro Escobedo el actor pionero del cine mexicano y baluarte en su desarrollo, quien se consideró un potosino de corazón, es uno de los fervientes hacedores del cine en México, quien consideraba que “la vida no era de película, pero hacer cine era su vida”.
Lee también: Leticia Almazán de la Garza, compositora potosina
-
Destacadas2 años agoCon 4 meses trabajando, jefa de control de abasto del IMSS se va de vacaciones a Jerusalén, echando mentiras
-
Ciudad4 años ago¿Cuándo abrirá The Park en SLP y qué tiendas tendrá?
-
Ciudad5 años agoTornillo Vázquez, la joven estrella del rap potosino
-
Destacadas5 años ago“SLP pasaría a semáforo rojo este viernes”: Andreu Comas
-
Ciudad4 años agoCrudo, el club secreto oculto en el Centro Histórico de SLP
-
Estado3 años agoA partir de enero de 2024 ya no se cobrarán estacionamientos de centros comerciales
-
#4 Tiempos4 años agoLa disputa por el triángulo dorado de SLP | Columna de Luis Moreno
-
Destacadas4 años agoSLP podría volver en enero a clases online










