octubre 29, 2026

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Opinión

No es un bug: es tu software cambiando las reglas sin avisarte | Columna de Gonzalo Hernández Araujo

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Ilustración en collage de una mano cambiando la cerradura de una puerta mientras alguien sigue leyendo adentro, sin darse cuenta.

Sistema Operativo

Hace unas semanas abrí una sesión nueva de Claude Cowork —la herramienta de IA con la que administro archivos y automatizaciones para varias cuentas de clientes— y algo que llevaba meses funcionando dejó de hacerlo. La sesión no leía la carpeta del proyecto. No aparecía la memoria de conversaciones anteriores. Hice lo que cualquiera haría: revisé permisos, reinicié, probé otra vez y reporté un error. Solo después entendí que no había ningún error. Las sesiones nuevas habían empezado a correr en un modo distinto —remoto en vez de local— y nadie me lo explicó a tiempo.

No es un problema de una herramienta de nicho. Le pasa a cualquier app que un día te exige un paso extra que antes no pedía, sin decirte por qué. La mayoría de esos cambios ni siquiera son un error del proveedor: son una decisión de producto, tomada en otro lado, que a ti te llega disfrazada de “algo se rompió”. En mi caso, la explicación sí existía: la documentación técnica de Cowork describe el cambio —sesiones nuevas en la nube por defecto, modo local conservado para instalaciones existentes— pero vivía en un documento que nadie lee antes de que el problema aparezca. El ícono en pantalla decía “Cloud”. Lo que no decía era desde cuándo, por qué, ni qué pasaba con mis archivos mientras tanto, ni cómo regresar al modo anterior si lo necesitaba.

1. La seguridad no desaparece, se muda de lugar

Llevo semanas notando algo parecido en mi banco. Antes, el código para autorizar una transferencia llegaba por SMS —tan práctico que hasta se rellenaba solo al llegar, sin cambiar de pantalla—. Ahora llega como notificación dentro de la app: si no memorizas los seis dígitos a tiempo y te vas a revisarla, la propia app te saca de donde estabas y tienes que empezar de nuevo. Cuento de nunca acabar. Nadie en el banco me explicó el cambio, pero la fecha coincide con algo que sí puedo rastrear: desde el 9 de enero, toda línea telefónica en México debe estar vinculada a una identidad verificada ante la Comisión Reguladora de Telecomunicaciones, y en agosto empezaron las primeras suspensiones escalonadas de líneas sin registrar. Un SMS depende de que la operadora te lo entregue y de que tu línea siga vigente; meter el código dentro de la app le quita al banco esa dependencia. Es una hipótesis razonable, no una que el banco me haya confirmado —y probablemente por eso mismo nadie se molestó en explicármela.

Hay una razón legítima detrás de este tipo de cambios: casi nadie quiere convertirse en administrador de sistemas cada vez que abre una app, y las guías de seguridad más serias piden justo eso, que un producto sea seguro por defecto sin depender de que el usuario configure nada. La agencia estadounidense de ciberseguridad lo resume así en su guía de referencia: “la complejidad de configurar la seguridad no debería ser un problema del cliente” (CISA, Secure by Design).

Pero mover dónde vive un candado —de una red que no controlas a una app que sí, de tu equipo a un servidor ajeno— no es activar una casilla menor: cambia quién procesa la información, qué tanto puedes ver de ese recorrido y qué pasa si algo falla en el camino. La seguridad no desaparece; se redistribuye. Baja el riesgo de que alguien intercepte un SMS o de que una línea suspendida te deje fuera de tu propio dinero. Sube la importancia de que ese candado nuevo, dentro de la app, funcione bien y no te expulse de lo que estabas haciendo. Cuando una empresa mueve esa frontera, no basta con decir que tomó la mejor decisión. Tiene que explicar qué riesgo bajó y qué riesgo nuevo apareció, aunque ese riesgo nuevo sea más difícil de explicar en una sola frase que el que acaba de resolver.

2. Por qué el primer síntoma siempre parece un bug

Si un producto siempre funcionó de una manera y de pronto deja de leer tus archivos, sospechar de un error es lo más razonable del mundo. Eso es justo lo que documenta la investigación sobre automatización cuando habla de “sorpresas de modo”: el sistema cambia de estado o de autoridad, pero la persona no se entera. Ve el efecto, no la decisión que lo produjo (USENIX, sobre actualizaciones automáticas y sus consecuencias no previstas). El resultado es una forma cara de confusión: en vez de trabajar, terminas investigando si el problema está en tus archivos, en tus permisos, en la app o en tu conexión.

Ahí el soporte técnico tiene una oportunidad, y casi siempre la desperdicia. Bastaría con una respuesta simple: no es un bug, así cambió el sistema, y así lo regresas. En mi caso esa respuesta no apareció en la app ni en el primer canal de ayuda; la encontré horas después, buscando en otro lado. Tuve que salir del producto para entender el producto, y eso ya dice algo sobre qué tan bien se comunicó el cambio: si la explicación correcta no está donde ocurre el problema, el soporte no es una capa aparte de mala suerte, es la prueba de que el aviso nunca llegó a tiempo.

3. Lo que realmente cuesta no avisar

Una actualización silenciosa puede mejorar el estado técnico inmediato y, al mismo tiempo, deteriorar la relación con la siguiente actualización. Si algo cambia sin avisarte una vez, aprendes una regla defensiva: cualquier actualización te puede quitar control sin que te enteres. La próxima vez dudas más, buscas versiones anteriores o ignoras avisos que sí importaban. Esa desconfianza no es un detalle de marca, es infraestructura: un usuario que entiende lo que pasa puede cooperar con una protección nueva; uno que se siente sorprendido empieza a protegerse del producto mismo.

La solución no es pedir permiso para cada parche —eso volvería la protección otra carga—. Es que todo cambio que toque tus archivos, tus permisos o dónde corre el sistema venga con lo mínimo: qué cambió, por qué, qué opciones conservas y cómo regresas al estado anterior si lo necesitas. La prueba de si un producto cumplió con eso es sencilla: después del cambio, ¿la persona puede explicar qué pasó y recuperar el control en menos de un minuto? Si no puede, el problema no es que “no entienda de tecnología”. El problema es que el producto nunca hizo visible su nueva autoridad.

Yo terminé encontrando la explicación de Cowork en un documento técnico que nadie me había señalado, no en la propia herramienta. La del banco todavía la estoy armando por mi cuenta, atando una fecha con una noticia. La próxima vez que algo cambie “por tu seguridad” sin decírtelo del todo —en tu banco, en tu herramienta de trabajo, en cualquier candado que uses todos los días sin pensarlo—, la pregunta no es solo si la decisión fue correcta. Es si tú, cuando te toque, vas a poder explicar qué pasó, o si también vas a terminar resignándote a un error que en realidad era una decisión que alguien más tomó por ti.

Versión completa y fuentes adicionales del artículo original: “No era un bug: era tu software cambiando las reglas sin avisar.”

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México

Poder Judicial: ¿austeridad o incertidumbre laboral? | Columna de Víctor Ezequiel

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SERENDIPIA

Por: Víctor Ezequiel
X: @MrVictorHdz

Culto público, el 21 de octubre, el Órgano de Administración Judicial (OAJ) anunció un aumento salarial del 4.5% para el personal de los niveles 12 al 34, retroactivo a enero de 2026. De acuerdo con el comunicado, el incremento se reflejará en la segunda quincena de noviembre y el pago retroactivo llegará en diciembre. También se informó que están garantizadas diversas prestaciones correspondientes al último trimestre del año.

La noticia importa. Para las personas trabajadoras, no se trata de cifras abstractas, sino de ingresos familiares y compromisos cotidianos. Sin embargo, sería un error considerar que este anuncio agota los reclamos de la base trabajadora del Poder Judicial de la Federación (PJF).

La preocupación va más allá del recibo de nómina.

Durante las últimas semanas también han circulado versiones sobre posibles readscripciones de personal, una eventual reforma a la Ley Orgánica del Poder Judicial de la Federación y presuntas directrices para iniciar procedimientos administrativos contra integrantes de la carrera judicial. No todos estos señalamientos tienen el mismo grado de sustento y sería irresponsable presentarlos como hechos confirmados. Pero tampoco debe ignorarse el clima de incertidumbre que generan entre quienes sostienen diariamente la operación de los órganos jurisdiccionales.

Empecemos por las readscripciones. Se ha difundido una supuesta lista de personas propuestas para cambiar de adscripción por distintas razones. Mientras no se conozcan su autenticidad, alcance y estado administrativo, no puede afirmarse que los movimientos estén decididos ni que respondan a una estrategia para desplazar trabajadores. La pregunta, no obstante, es pertinente: ¿qué criterios se aplicarían?, ¿cómo se notificarían las decisiones? y ¿qué mecanismos tendría el personal para conocer sus razones y defender sus derechos?

Un cambio de adscripción no es necesariamente irregular; la administración judicial necesita organizar recursos y atender necesidades del servicio. Pero esa facultad tampoco debería convertirse en una fuente de incertidumbre injustificada ni en un mecanismo para “renovar al personal”. Culto público, simplemente le pongo un ejemplo, un oficial judicial percibe, si bien le va, alrededor de once mil pesos quincenales, esto claro, si no tiene contratado un fondo de ahorro, algún seguro de gastos médicos mayores, vehículo o vivienda, que en muchos casos queda en alrededor de cinco mil pesos por quincena, ese sueldo se ha mantenido prácticamente sin cambios significativos en los últimos diez años, imagine que con las propuestas de readscripción, además tenga que trasladarse a otra ciudad en la que seguramente tendrá que gastar en renta y transporte, la opción más razonable para esta persona será renunciar y claro que estas medidas son formas explícitas de represión y de hostigamiento laboral, cuando la eficiencia institucional debe armonizarse con la legalidad, la seguridad jurídica y el respeto a las condiciones laborales.

A esta inquietud se suma un análisis comparativo que circula sobre una supuesta iniciativa de reforma a la Ley Orgánica, fechada el 6 de octubre de 2026. El documento atribuye a la propuesta cambios relacionados con evaluaciones del desempeño, posibles consecuencias de no acreditarlas, readscripciones, clasificación de puestos de confianza y facultades para fijar tabuladores y prestaciones.

De confirmarse el contenido y la autenticidad de la iniciativa, estaríamos ante asuntos que merecen una discusión pública seria. Sin embargo, es indispensable distinguir entre una propuesta y una norma vigente: no se debe anunciar como derecho aplicable lo que todavía no se ha acreditado como aprobado y publicado. Tampoco basta un resumen para concluir que determinadas garantías desaparecieron o que cualquier movimiento de personal podría ejecutarse unilateralmente. Para sostener esas afirmaciones hace falta revisar el texto íntegro, las disposiciones relacionadas y el régimen transitorio; pero como dicen, si el río suena…

Lo mismo ocurre con los rumores sobre una supuesta línea de las nuevas personas juzgadoras para iniciar procedimientos administrativos contra servidores públicos de carrera judicial. Cosa que, en la práctica, bajita la mano ya está ocurriendo. La responsabilidad administrativa no puede utilizarse como represalia, la clave está en los hechos, los fundamentos y las garantías del procedimiento.

Mientras tanto, el debate presupuestario continúa. Las cifras previamente discutidas sobre el presupuesto solicitado y el finalmente aprobado para 2026 muestran una diferencia de más de 15 mil millones de pesos. También se han expuesto preocupaciones sobre la suficiencia de los recursos para cubrir compromisos institucionales. Esos números requieren explicaciones claras: ¿cómo se planeó la transición del Consejo de la Judicatura Federal al nuevo esquema institucional?, ¿qué previsiones se hicieron para los gastos operativos y laborales?, ¿qué cambió para que el OAJ anunciara ahora el incremento salarial y el pago retroactivo?

El comunicado del 21 de octubre representa un compromiso concreto respecto de los conceptos que enumera, entre ellos vestuario, aguinaldo, asignaciones adicionales, estímulo por antigüedad, ayuda al personal operativo y ayuda de despensa. Corresponde dar seguimiento a su cumplimiento. Pero el anuncio no explica, por sí mismo, el origen de la incertidumbre previa ni responde a las inquietudes sobre movilidad, estabilidad y posibles modificaciones normativas.

Aquí también hay responsabilidades diferenciadas. El OAJ debe explicar sus decisiones administrativas y presupuestarias; las autoridades hacendarias, el marco financiero de los acuerdos que les correspondan; y el Poder Legislativo, el contenido y alcance de cualquier reforma que impulse. La representación sindical, por su parte, puede negociar, solicitar información, documentar afectaciones y acudir a las vías legales pertinentes. Ninguna de estas funciones sustituye a las demás.

Tampoco se trata de enfrentar a trabajadores judiciales con quienes laboran en salud, educación o seguridad. Todas son áreas esenciales y todas requieren presupuestos responsables. La discusión no debe convertirse en una competencia para determinar quién merece menos, sino en una exigencia de planeación, transparencia y respeto a los derechos.

La reforma judicial no puede evaluarse únicamente por la integración de sus órganos o por la forma de designar a quienes juzgan. También importa cómo se administra la institución, cómo se trata a su personal y qué garantías existen para que las decisiones laborales respondan a criterios legales y no a presiones indebidas.

El aumento anunciado no es una noticia que deba reconocerse, puesto que ese 4.5% no es nada frente al incremento del costo de vida a nivel nacional. Además, la estabilidad laboral no se mide solamente en porcentajes salariales: también depende de reglas claras, procedimientos imparciales, decisiones explicadas y mecanismos efectivos para defender derechos.

Una institución que imparte justicia debe ofrecer, en su propia casa, razones claras y garantías verificables. La incertidumbre no se disipa con rumores, pero tampoco con silencio: se enfrenta con documentos, transparencia y rendición de cuentas.

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Deportes

Mexicanas de oro | Columna de Haniel Valdés

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Por: Haniel Valdés

El lunes 26 de octubre, en la gala del Balón de Oro en Londres, el futbol mexicano hizo historia, y lo hizo gracias a las mujeres. Charlyn Corral, delantera del Pachuca, recibió el trofeo Gerd Müller como la máxima goleadora del año, y es la primera mexicana en recibirlo. Scarlett Camberos, del América, terminó en el lugar 21 del Balón de Oro femenino, la primera mexicana en estar entre las 30 candidatas.

Vale la pena detenerse en lo que significa el premio de Corral, porque no es de los que se ganan por votos ni por simpatía. El Gerd Müller es por méritos deportivos: se lo lleva quien más goles marca en la temporada. Corral hizo 49 goles en 49 partidos, 36 con Pachuca y 13 con la Selección Mexicana. En el lado de los hombres lo recibió Harry Kane, el máximo artillero.

Y aquí es donde el mérito de Corral pesa más. Kane juega en el Bayern Múnich, donde casi todo se gana. Corral juega en un Pachuca que no es de los equipos fuertes: en este Apertura 2026 va en sexto lugar del Grupo B, con 13 puntos, lejos de la Liguilla. El premio no lo ganó por este torneo, sino por la temporada pasada, con 22 goles en el Apertura 2025 y 14 en el Clausura 2026 con el club, pero el contexto es el mismo. Aun así encabezó el goleo del mundo y dejó atrás a delanteras como Claudia Pina y Ewa Pajor, que juegan en el Barcelona, el mejor equipo del planeta, rodeadas de las mejores jugadoras. Pajor, de hecho, fue la primera ganadora de este trofeo en 2025; Corral es la segunda futbolista en recibirlo.

El caso de Camberos tiene el mismo fondo. Cuando se compara con los hombres, Julián Quiñones

quedó en el lugar 28 del Balón de Oro, el mexicano mejor ubicado en la historia de la votación, después de marcar cuatro goles con México en el Mundial 2026 y 33 en la liga saudí. Lo hizo en un torneo que ven millones de personas. Camberos terminó siete lugares arriba, en el 21, con 25 goles y 17 asistencias, y con tres títulos del América en la temporada: la Copa de Campeonas de la Concacaf, el Clausura 2026 y el Campeón de Campeones. Lo logró jugando en una liga mucho más joven y con mucha menos exposición internacional.

Lo mismo pasó con el América como equipo. Fue considerado para el premio al mejor club femenil del año, algo que nunca había ocurrido con un equipo mexicano. No ganó porque el premio fue para el Barcelona, un rival imposible: Alexia Putellas, que ya no está en el club blaugrana pero hizo los méritos para el premio cuando aún jugaba ahí, se llevó su tercer Balón de Oro; Vicky López ganó el Kopa como mejor jugadora joven y el equipo blaugrana arrasó con todo lo que jugó. Pero estar en esa conversación, desde un equipo joven, en una liga joven y en un continente que apenas empieza a tomarse en serio el futbol femenil, ya es un logro enorme. El América puede estar, sin exagerar, entre los mejores del mundo.

Esas son las cifras. Lo que importa ahora es cómo las tratamos. Las jugadoras mexicanas están compitiendo en el escenario más grande y compitiendo bien, con méritos que se pueden medir en goles, títulos y posiciones. Un premio ganado por goles no admite discusión, y un puesto 21 entre 30 candidatas del mundo no se regala. Que se les reconozca con la misma vara que a los hombres que quedaron detrás o delante de ellas es lo mínimo que merecen.

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El Cronopio

Carlos Villatoro, el actor de corazón potosino | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

Los inicios del cine mexicano están marcados por la participación de actores y actrices de San Luis Potosí; algunos personajes han sido tratados en esta columna. Desde la época del cine mudo hasta los albores del cine sonoro en México, aparecen estas contribuciones potosinas que se extienden a lo largo de toda la historia del cine mexicano.

Entre los personajes que inician su actividad actoral en el cine mudo se encuentra Carlos Villatoro, que si bien se registra su lugar de nacimiento en Comitán, Chiapas, en 1903, siempre subrayó su sello de potosino en virtud que sus hermanos mayores habían nacido en San Luis Potosí y su familia radicaba en la ciudad potosina al finalizar el siglo XIX.

Carlos Villatoro, actor del cine mudo y sonoro mexicano

Uno de dichos hermanos era Héctor Villatoro que a principios de la década de los veinte se encontraba como cónsul en Canadá, y con quien fue enviado Carlos Villatoro por su padre. Este periplo marcaría su primera relación con el mundo del cine, pues al quedar varado en Nueva York por una huelga que imposibilitó su viaje a Canadá, conoció a quienes iniciarían la dirección de películas en México, Gabriel García Moreno y Manuel Ojeda, en ese momento se acercaba a la actividad actoral en Nueva York. Como consecuencia, en 1925 García Moreno le propuso el papel estelar de la película El Buitre, y una serie de películas que se filmaron en Orizaba, Veracruz, de 1925 a 1927, entre ellas el Puño de Hierro de 1927 que se considera la primera película que trata el mundo de las drogas.

Como pionero del cine mudo mexicano Carlos Villatoro se convierte en uno de los mejores actores del cine mudo mexicano y de los primeros años del cine sonoro, al protagonizar películas sonoras desde 1934, entre ellas la película de Juan Bustillo Oro, Dos Monjes, donde participa también la actriz potosina Emma Roldán, en el papel de Gertrudis la madre de Javier, protagonizado por Carlos Villatoro; en esa película participa también en realización de Dos Monjes, el matehualense Juan José Ortega García, de quien trataremos en futuras entregas de esta columna.

Carlos Villatoro conoce a Juan Bustillo Oro cuando estudiaban en la Escuela Nacional Preparatoria, lo que fue otro encuentro que le marcaría su destino a la actuación en cine, donde también se formaría como guionista y director, dirigiendo a principios de los cuarenta los cortometrajes: Viaje a Jalapa, Canciones y Danzas Mexicanas, Compositores Mexicanos y Juan Diego. Escribió el argumento de la famosa y exitosa película Quinto Patio, dirigida por Rafael Sevilla en 1950.

Después de su participación en el cine mudo en México donde actuó en cinco películas en la década de los veinte, inicia su participación en el cine sonoro en 1934 en la película Águilas de América dirigida por Manuel Ojeda, participando en alrededor de veinte películas en el lapso de diez años, terminando su actuación en 1943 en la película La Mujer sin Alma de Fernando de Fuentes en 1943, al lado de María Félix.

A partir de 1944 se desempeña como anotador y asistente de director hasta 1963, año de su muerte. En esta actividad trabaja en numerosas producciones norteamericanas filmadas en México, teniendo apariciones incidentales.

También tuvo participación en la radio en México, siendo locutor en varias estaciones desde 1929. En la XEW tuvo el programa en 1951 “El rincón bohemio de Carlos Villatoro”.

Carlos Villatoro Escobedo el actor pionero del cine mexicano y baluarte en su desarrollo, quien se consideró un potosino de corazón, es uno de los fervientes hacedores del cine en México, quien consideraba que “la vida no era de película, pero hacer cine era su vida”.

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Opinión

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