octubre 29, 2026

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Opinión

La IA le cerró la puerta al programador que apenas empieza | Columna de Gonzalo Hernández Araujo

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EN FA Lo esencial de esta nota, sin sustituir al periodista.Abrir resumenCerrar resumen

Los programadores con experiencia están tranquilos frente a la IA, y tienen motivos: el código se verifica solo, es lo primero que se automatiza y ellos siguen decidiendo cómo se usa la herramienta.

El costo está en quienes iban a empezar. Datos de Stanford y Anthropic muestran que las empresas no despiden a los junior: dejan de contratarlos, y con eso desaparece el lugar donde se aprendía el oficio.

La IA ayuda a leer; la responsabilidad editorial sigue siendo humana.

Sistema Operativo

 

Cualquier programador con experiencia repite la misma frase cuando le preguntas si la inteligencia artificial (IA) le va a quitar el trabajo: “mi trabajo nunca fue escribir código, siempre fue resolver problemas.” Suena a consuelo bien armado. También suena a excusa conveniente.

Lo raro es lo que pasa mientras tanto: casi ningún programador protesta. Compáralo con lo que vivieron traductores, ilustradores o choferes cuando la automatización tocó su puerta: organización, quejas, demandas. Con los programadores, la reacción dominante es la calma. Y esa calma esconde una regla que vale la pena entender más allá del gremio: qué trabajo se automatiza primero, quién conserva el control cuando eso pasa, y a quién le está costando de verdad.

1. El código se verifica solo, y eso lo hace fácil de automatizar

Programar no es más mecánico que negociar un contrato o diagnosticar a un paciente. Pero es casi el único oficio de conocimiento donde una máquina puede comprobar objetivamente si el resultado es correcto: un test pasa o no pasa. Esa propiedad es, literalmente, el combustible con el que se entrenan los modelos de lenguaje. Donde hay forma clara de verificar el éxito, el modelo mejora rápido. Donde no la hay (un párrafo elegante, un consejo legal matizado), el progreso es lento y disparejo.

Un informe de Anthropic de marzo de 2026 lo confirma con datos: entre todas las ocupaciones medidas en Estados Unidos, “programador de computadora” es la que tiene mayor cobertura en su métrica de uso de Claude, 75%, por encima de representante de servicio al cliente y capturista de datos.

2. El programador es dueño de la máquina que lo reemplaza

La automatización históricamente le resta poder de negociación al trabajador automatizado, porque alguien más diseñó, compró y opera la máquina. Un chofer no fabrica camiones autónomos. Un cajero no programó la caja de autocobro. Pero un programador que hoy dirige agentes de IA para escribir código sigue siendo, en buena medida, quien diseña, vende y decide cómo se usa esa misma herramienta. Eso invierte el signo habitual de la ecuación: la automatización no le resta valor, se lo multiplica, mientras conserve el criterio para dirigirla.

Y a nadie que contrata desarrollo de software le importó jamás quién escribió cada línea. Le importa que el sitio cargue rápido, que el sistema no se caiga, que el proyecto salga a tiempo. El código nunca fue el producto. Siempre fue el medio invisible hacia otra cosa. Por eso un programador puede decir “no es lo que vendo” con más honestidad que casi cualquier otro oficio creativo automatizado antes que el suyo.

3. La grieta: escribir código también era aprender a pensar

Aquí el argumento empieza a cojear. Resolver problemas y escribir código no son dos habilidades separadas mientras alguien está aprendiendo el oficio. La segunda es, durante años, el mecanismo por el que se construye la primera.

Un preprint del MIT Media Lab siguió durante cuatro meses a 54 adultos que escribían ensayos sin herramientas, con buscador o con un asistente de IA. Quienes usaron el asistente mostraron la conectividad cerebral más débil durante la tarea y más dificultades para explicar lo que acababan de entregar. Otro experimento, publicado como documento de trabajo del NBER, encontró algo parecido desde otro ángulo: la IA reduce la brecha de desempeño entre niveles educativos mientras se usa, pero esa brecha vuelve a aparecer casi completa en cuanto se retira la herramienta. El investigador educativo Carl Hendrick

lo resume mejor que cualquier estadística: puedes ver a alguien tener éxito en la tarea y, al mismo tiempo, estar viéndolo no aprender absolutamente nada.

4. No están despidiendo: están dejando de contratar

Anthropic no encuentra, hasta ahora, un aumento sistemático del desempleo entre las ocupaciones más expuestas a la IA. Pero sí encuentra una señal tentativa: entre personas de 22 a 25 años, la tasa de entrada a esos empleos cayó cerca de 14% frente a 2022. La revisión de agosto de 2026 del Stanford Digital Economy Lab, con datos de nómina, va más lejos: en las ocupaciones más expuestas, el empleo de ese mismo grupo de edad está 19% por debajo de la trayectoria que habría seguido si creciera al ritmo de sus pares menos expuestos. Los trabajadores con más experiencia no muestran una brecha comparable.

El detalle que importa es cómo ocurre. No están despidiendo a los junior que ya tienen el puesto. Están dejando de contratar a los siguientes. La escalera de siempre (el junior aprende con tareas de bajo riesgo, se vuelve intermedio, luego senior) pierde el primer peldaño en silencio, sin que aparezca como despido en ninguna cifra de desempleo. Ninguno de estos datos corresponde solo a programadores, y Stanford advierte que son señales tempranas, no una conclusión cerrada. Pero separan dos poblaciones que la frase “los programadores no están enojados” mete en el mismo costal: quien ya construyó su criterio a mano, antes de los agentes, tiene motivos reales para estar tranquilo. Quien empieza hoy, con un agente escribiendo por él desde el primer día, quizás nunca llegue a construirlo.

A mí me pasa algo parecido con el marketing, aunque del otro lado de la ecuación. Construí criterio a punta de campañas que fallaron, clientes que pidieron cosas que no debían funcionar y terminaron funcionando, y presupuestos mal calculados que aprendí a no volver a calcular así, todo antes de que existiera un LLM al que preguntarle. Hoy uso Claude todos los días para moverme más rápido, y funciona precisamente porque ya sé qué preguntarle, cuándo desconfiar de su respuesta y cuándo el criterio soy yo, no el modelo.

Quien está entrando hoy a marketing, a programación o a casi cualquier oficio de conocimiento, y delega desde el primer día la parte del trabajo que antes obligaba a equivocarse, no tiene ese colchón. La pregunta no es si los programadores deberían estar enojados. Es en qué momento construiste, o vas a construir, el criterio que hoy le estás prestando a la IA, y si a quien está empezando le vas a dejar el espacio para equivocarse lo suficiente y construir el suyo.

Versión completa y fuentes adicionales del artículo original: “Los programadores no están enojados con la IA. Y esa calma no es lo que parece.”

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México

Poder Judicial: ¿austeridad o incertidumbre laboral? | Columna de Víctor Ezequiel

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SERENDIPIA

Por: Víctor Ezequiel
X: @MrVictorHdz

Culto público, el 21 de octubre, el Órgano de Administración Judicial (OAJ) anunció un aumento salarial del 4.5% para el personal de los niveles 12 al 34, retroactivo a enero de 2026. De acuerdo con el comunicado, el incremento se reflejará en la segunda quincena de noviembre y el pago retroactivo llegará en diciembre. También se informó que están garantizadas diversas prestaciones correspondientes al último trimestre del año.

La noticia importa. Para las personas trabajadoras, no se trata de cifras abstractas, sino de ingresos familiares y compromisos cotidianos. Sin embargo, sería un error considerar que este anuncio agota los reclamos de la base trabajadora del Poder Judicial de la Federación (PJF).

La preocupación va más allá del recibo de nómina.

Durante las últimas semanas también han circulado versiones sobre posibles readscripciones de personal, una eventual reforma a la Ley Orgánica del Poder Judicial de la Federación y presuntas directrices para iniciar procedimientos administrativos contra integrantes de la carrera judicial. No todos estos señalamientos tienen el mismo grado de sustento y sería irresponsable presentarlos como hechos confirmados. Pero tampoco debe ignorarse el clima de incertidumbre que generan entre quienes sostienen diariamente la operación de los órganos jurisdiccionales.

Empecemos por las readscripciones. Se ha difundido una supuesta lista de personas propuestas para cambiar de adscripción por distintas razones. Mientras no se conozcan su autenticidad, alcance y estado administrativo, no puede afirmarse que los movimientos estén decididos ni que respondan a una estrategia para desplazar trabajadores. La pregunta, no obstante, es pertinente: ¿qué criterios se aplicarían?, ¿cómo se notificarían las decisiones? y ¿qué mecanismos tendría el personal para conocer sus razones y defender sus derechos?

Un cambio de adscripción no es necesariamente irregular; la administración judicial necesita organizar recursos y atender necesidades del servicio. Pero esa facultad tampoco debería convertirse en una fuente de incertidumbre injustificada ni en un mecanismo para “renovar al personal”. Culto público, simplemente le pongo un ejemplo, un oficial judicial percibe, si bien le va, alrededor de once mil pesos quincenales, esto claro, si no tiene contratado un fondo de ahorro, algún seguro de gastos médicos mayores, vehículo o vivienda, que en muchos casos queda en alrededor de cinco mil pesos por quincena, ese sueldo se ha mantenido prácticamente sin cambios significativos en los últimos diez años, imagine que con las propuestas de readscripción, además tenga que trasladarse a otra ciudad en la que seguramente tendrá que gastar en renta y transporte, la opción más razonable para esta persona será renunciar y claro que estas medidas son formas explícitas de represión y de hostigamiento laboral, cuando la eficiencia institucional debe armonizarse con la legalidad, la seguridad jurídica y el respeto a las condiciones laborales.

A esta inquietud se suma un análisis comparativo que circula sobre una supuesta iniciativa de reforma a la Ley Orgánica, fechada el 6 de octubre de 2026. El documento atribuye a la propuesta cambios relacionados con evaluaciones del desempeño, posibles consecuencias de no acreditarlas, readscripciones, clasificación de puestos de confianza y facultades para fijar tabuladores y prestaciones.

De confirmarse el contenido y la autenticidad de la iniciativa, estaríamos ante asuntos que merecen una discusión pública seria. Sin embargo, es indispensable distinguir entre una propuesta y una norma vigente: no se debe anunciar como derecho aplicable lo que todavía no se ha acreditado como aprobado y publicado. Tampoco basta un resumen para concluir que determinadas garantías desaparecieron o que cualquier movimiento de personal podría ejecutarse unilateralmente. Para sostener esas afirmaciones hace falta revisar el texto íntegro, las disposiciones relacionadas y el régimen transitorio; pero como dicen, si el río suena…

Lo mismo ocurre con los rumores sobre una supuesta línea de las nuevas personas juzgadoras para iniciar procedimientos administrativos contra servidores públicos de carrera judicial. Cosa que, en la práctica, bajita la mano ya está ocurriendo. La responsabilidad administrativa no puede utilizarse como represalia, la clave está en los hechos, los fundamentos y las garantías del procedimiento.

Mientras tanto, el debate presupuestario continúa. Las cifras previamente discutidas sobre el presupuesto solicitado y el finalmente aprobado para 2026 muestran una diferencia de más de 15 mil millones de pesos. También se han expuesto preocupaciones sobre la suficiencia de los recursos para cubrir compromisos institucionales. Esos números requieren explicaciones claras: ¿cómo se planeó la transición del Consejo de la Judicatura Federal al nuevo esquema institucional?, ¿qué previsiones se hicieron para los gastos operativos y laborales?, ¿qué cambió para que el OAJ anunciara ahora el incremento salarial y el pago retroactivo?

El comunicado del 21 de octubre representa un compromiso concreto respecto de los conceptos que enumera, entre ellos vestuario, aguinaldo, asignaciones adicionales, estímulo por antigüedad, ayuda al personal operativo y ayuda de despensa. Corresponde dar seguimiento a su cumplimiento. Pero el anuncio no explica, por sí mismo, el origen de la incertidumbre previa ni responde a las inquietudes sobre movilidad, estabilidad y posibles modificaciones normativas.

Aquí también hay responsabilidades diferenciadas. El OAJ debe explicar sus decisiones administrativas y presupuestarias; las autoridades hacendarias, el marco financiero de los acuerdos que les correspondan; y el Poder Legislativo, el contenido y alcance de cualquier reforma que impulse. La representación sindical, por su parte, puede negociar, solicitar información, documentar afectaciones y acudir a las vías legales pertinentes. Ninguna de estas funciones sustituye a las demás.

Tampoco se trata de enfrentar a trabajadores judiciales con quienes laboran en salud, educación o seguridad. Todas son áreas esenciales y todas requieren presupuestos responsables. La discusión no debe convertirse en una competencia para determinar quién merece menos, sino en una exigencia de planeación, transparencia y respeto a los derechos.

La reforma judicial no puede evaluarse únicamente por la integración de sus órganos o por la forma de designar a quienes juzgan. También importa cómo se administra la institución, cómo se trata a su personal y qué garantías existen para que las decisiones laborales respondan a criterios legales y no a presiones indebidas.

El aumento anunciado no es una noticia que deba reconocerse, puesto que ese 4.5% no es nada frente al incremento del costo de vida a nivel nacional. Además, la estabilidad laboral no se mide solamente en porcentajes salariales: también depende de reglas claras, procedimientos imparciales, decisiones explicadas y mecanismos efectivos para defender derechos.

Una institución que imparte justicia debe ofrecer, en su propia casa, razones claras y garantías verificables. La incertidumbre no se disipa con rumores, pero tampoco con silencio: se enfrenta con documentos, transparencia y rendición de cuentas.

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Deportes

Mexicanas de oro | Columna de Haniel Valdés

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Por: Haniel Valdés

El lunes 26 de octubre, en la gala del Balón de Oro en Londres, el futbol mexicano hizo historia, y lo hizo gracias a las mujeres. Charlyn Corral, delantera del Pachuca, recibió el trofeo Gerd Müller como la máxima goleadora del año, y es la primera mexicana en recibirlo. Scarlett Camberos, del América, terminó en el lugar 21 del Balón de Oro femenino, la primera mexicana en estar entre las 30 candidatas.

Vale la pena detenerse en lo que significa el premio de Corral, porque no es de los que se ganan por votos ni por simpatía. El Gerd Müller es por méritos deportivos: se lo lleva quien más goles marca en la temporada. Corral hizo 49 goles en 49 partidos, 36 con Pachuca y 13 con la Selección Mexicana. En el lado de los hombres lo recibió Harry Kane, el máximo artillero.

Y aquí es donde el mérito de Corral pesa más. Kane juega en el Bayern Múnich, donde casi todo se gana. Corral juega en un Pachuca que no es de los equipos fuertes: en este Apertura 2026 va en sexto lugar del Grupo B, con 13 puntos, lejos de la Liguilla. El premio no lo ganó por este torneo, sino por la temporada pasada, con 22 goles en el Apertura 2025 y 14 en el Clausura 2026 con el club, pero el contexto es el mismo. Aun así encabezó el goleo del mundo y dejó atrás a delanteras como Claudia Pina y Ewa Pajor, que juegan en el Barcelona, el mejor equipo del planeta, rodeadas de las mejores jugadoras. Pajor, de hecho, fue la primera ganadora de este trofeo en 2025; Corral es la segunda futbolista en recibirlo.

El caso de Camberos tiene el mismo fondo. Cuando se compara con los hombres, Julián Quiñones

quedó en el lugar 28 del Balón de Oro, el mexicano mejor ubicado en la historia de la votación, después de marcar cuatro goles con México en el Mundial 2026 y 33 en la liga saudí. Lo hizo en un torneo que ven millones de personas. Camberos terminó siete lugares arriba, en el 21, con 25 goles y 17 asistencias, y con tres títulos del América en la temporada: la Copa de Campeonas de la Concacaf, el Clausura 2026 y el Campeón de Campeones. Lo logró jugando en una liga mucho más joven y con mucha menos exposición internacional.

Lo mismo pasó con el América como equipo. Fue considerado para el premio al mejor club femenil del año, algo que nunca había ocurrido con un equipo mexicano. No ganó porque el premio fue para el Barcelona, un rival imposible: Alexia Putellas, que ya no está en el club blaugrana pero hizo los méritos para el premio cuando aún jugaba ahí, se llevó su tercer Balón de Oro; Vicky López ganó el Kopa como mejor jugadora joven y el equipo blaugrana arrasó con todo lo que jugó. Pero estar en esa conversación, desde un equipo joven, en una liga joven y en un continente que apenas empieza a tomarse en serio el futbol femenil, ya es un logro enorme. El América puede estar, sin exagerar, entre los mejores del mundo.

Esas son las cifras. Lo que importa ahora es cómo las tratamos. Las jugadoras mexicanas están compitiendo en el escenario más grande y compitiendo bien, con méritos que se pueden medir en goles, títulos y posiciones. Un premio ganado por goles no admite discusión, y un puesto 21 entre 30 candidatas del mundo no se regala. Que se les reconozca con la misma vara que a los hombres que quedaron detrás o delante de ellas es lo mínimo que merecen.

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El Cronopio

Carlos Villatoro, el actor de corazón potosino | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

Los inicios del cine mexicano están marcados por la participación de actores y actrices de San Luis Potosí; algunos personajes han sido tratados en esta columna. Desde la época del cine mudo hasta los albores del cine sonoro en México, aparecen estas contribuciones potosinas que se extienden a lo largo de toda la historia del cine mexicano.

Entre los personajes que inician su actividad actoral en el cine mudo se encuentra Carlos Villatoro, que si bien se registra su lugar de nacimiento en Comitán, Chiapas, en 1903, siempre subrayó su sello de potosino en virtud que sus hermanos mayores habían nacido en San Luis Potosí y su familia radicaba en la ciudad potosina al finalizar el siglo XIX.

Carlos Villatoro, actor del cine mudo y sonoro mexicano

Uno de dichos hermanos era Héctor Villatoro que a principios de la década de los veinte se encontraba como cónsul en Canadá, y con quien fue enviado Carlos Villatoro por su padre. Este periplo marcaría su primera relación con el mundo del cine, pues al quedar varado en Nueva York por una huelga que imposibilitó su viaje a Canadá, conoció a quienes iniciarían la dirección de películas en México, Gabriel García Moreno y Manuel Ojeda, en ese momento se acercaba a la actividad actoral en Nueva York. Como consecuencia, en 1925 García Moreno le propuso el papel estelar de la película El Buitre, y una serie de películas que se filmaron en Orizaba, Veracruz, de 1925 a 1927, entre ellas el Puño de Hierro de 1927 que se considera la primera película que trata el mundo de las drogas.

Como pionero del cine mudo mexicano Carlos Villatoro se convierte en uno de los mejores actores del cine mudo mexicano y de los primeros años del cine sonoro, al protagonizar películas sonoras desde 1934, entre ellas la película de Juan Bustillo Oro, Dos Monjes, donde participa también la actriz potosina Emma Roldán, en el papel de Gertrudis la madre de Javier, protagonizado por Carlos Villatoro; en esa película participa también en realización de Dos Monjes, el matehualense Juan José Ortega García, de quien trataremos en futuras entregas de esta columna.

Carlos Villatoro conoce a Juan Bustillo Oro cuando estudiaban en la Escuela Nacional Preparatoria, lo que fue otro encuentro que le marcaría su destino a la actuación en cine, donde también se formaría como guionista y director, dirigiendo a principios de los cuarenta los cortometrajes: Viaje a Jalapa, Canciones y Danzas Mexicanas, Compositores Mexicanos y Juan Diego. Escribió el argumento de la famosa y exitosa película Quinto Patio, dirigida por Rafael Sevilla en 1950.

Después de su participación en el cine mudo en México donde actuó en cinco películas en la década de los veinte, inicia su participación en el cine sonoro en 1934 en la película Águilas de América dirigida por Manuel Ojeda, participando en alrededor de veinte películas en el lapso de diez años, terminando su actuación en 1943 en la película La Mujer sin Alma de Fernando de Fuentes en 1943, al lado de María Félix.

A partir de 1944 se desempeña como anotador y asistente de director hasta 1963, año de su muerte. En esta actividad trabaja en numerosas producciones norteamericanas filmadas en México, teniendo apariciones incidentales.

También tuvo participación en la radio en México, siendo locutor en varias estaciones desde 1929. En la XEW tuvo el programa en 1951 “El rincón bohemio de Carlos Villatoro”.

Carlos Villatoro Escobedo el actor pionero del cine mexicano y baluarte en su desarrollo, quien se consideró un potosino de corazón, es uno de los fervientes hacedores del cine en México, quien consideraba que “la vida no era de película, pero hacer cine era su vida”.

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