noviembre 8, 2026

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Opinión

Lo gratis se cobra a la salida | Columna de Gonzalo Hernández Araujo

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Ilustración en collage de personas que entran por un portón abierto y quedan unidas por hilos azules frente a un torniquete diminuto de salida.
EN FA Lo esencial de esta nota, sin sustituir al periodista.Abrir resumenCerrar resumen

"Si no pagas, eres el producto" explica bien a Facebook, pero no a Gmail ni a WhatsApp: Google no usa tus correos para elegir anuncios y WhatsApp no usa tus chats para publicidad.

Lo gratis se cobra de otra forma: con tu atención, tu contenido y, sobre todo, con lo difícil que es irte cuando tu familia, tus clientes y tu historial ya viven ahí. Por eso las telefónicas te dan WhatsApp ilimitado y cobran todo lo demás.

La IA ayuda a leer; la responsabilidad editorial sigue siendo humana.

Sistema Operativo

Si alguna vez te quedaste sin datos a medio mes, conoces la escena: no carga el navegador, no abre el mapa, no se reproduce el video. Pero WhatsApp sigue funcionando. No es casualidad ni generosidad de la compañía telefónica. En los paquetes Amigo Sin Límite de Telcel, WhatsApp es ilimitado desde la recarga más chica, y Facebook, X e Instagram entran sin límite a partir del paquete de 100. Lo que usas todos los días viene “gratis”. Lo demás se cobra.

Hace unos días me topé con un meme que ya ha dado vueltas mil veces: dos cerdos celebrando dentro de un granero porque no pagan renta y hasta la comida es gratis. El chiste remata en la frase de siempre: “si no pagas, tú eres el producto”. Yo también la repito cuando le explico a un cliente por qué Facebook le cobra por llegar a su propia audiencia. Pero después de años trabajando con publicidad digital, la frase me empezó a quedar corta. Explica bien a Facebook. A Gmail y a WhatsApp, no tanto. Y lo que deja fuera es justo lo que más cuesta.

1. No te venden a ti. Te usan para que el espacio valga

Hay que ser precisos: nadie subasta a una persona. Meta reportó en su informe anual de 2025 que casi el 98% de sus ingresos vino de publicidad. Los anunciantes pagan por impresiones, por clics, por resultados. Los términos de servicio de X lo dicen sin rodeos: la publicidad se muestra a cambio del acceso al servicio.

Lo que sí pasa es que sin ti no hay nada que vender. Tu tiempo en la app, lo que publicas, a lo que reaccionas y con quién interactúas arman la audiencia y la señal que hacen que un anuncio valga más o menos. El anunciante es el cliente. Tú eres el insumo que hace que ese cliente quiera pagar.

Para quien corre campañas, esto no es noticia. Para el usuario común, la distinción importa: no eres un expediente en venta, eres parte de la maquinaria que produce audiencia.

2. Gmail y WhatsApp rompen la frase

Aquí “eres el producto” empieza a fallar. Google dice explícitamente que no usa el contenido de tus correos para elegir los anuncios de Gmail y que no vende tu información personal a anunciantes. WhatsApp va más lejos: tus chats personales tienen cifrado de extremo a extremo y la empresa asegura que no los usa para publicidad.

Eso no los convierte en caridad. Google necesita que vivas dentro de su ecosistema: búsqueda, Maps, Android, YouTube, cuentas de empresa. WhatsApp está metiendo anuncios y canales de negocio en la pestaña Novedades, que según el anuncio de Meta de junio de 2025 reunía 1,500 millones de usuarios al día. La publicidad vive ahí, no en tu chat con tu mamá.

Repetir la frase sin esta distinción es cómodo, pero impreciso. Y en mi trabajo la imprecisión sale cara: si le explicas mal a un cliente cómo funciona la publicidad, termina desconfiando de la herramienta correcta por la razón equivocada.

3. Lo que pones tú no es solo dato

La parte que menos se dice es esta: cada reseña que escribes, cada grupo que moderas gratis, cada publicación que atrae a tus contactos alimenta una plataforma que no te paga nada por eso. El economista David Evans lo explica en su trabajo sobre plataformas de atención

: el contenido vale porque la gente le dedica tiempo, aunque no haya dinero de por medio.

Pasa también fuera de las redes grandes. Un sitio que vive de publicidad, de comisiones por afiliación o de conseguir datos de posibles clientes depende de tu visita, de tu clic y de tu tiempo en pantalla. No hay una sola respuesta para “internet gratis”. Hay una para cada sitio, si te tomas el trabajo de revisar cómo se sostiene.

4. El precio real es lo difícil que es salirte

Vuelvo a la recarga. Que WhatsApp no consuma tus datos se siente como un regalo, y en parte lo es: la gratuidad abre la puerta a millones de personas que no podrían pagar otra cosa. Pero el efecto de red hace el resto. Si tu familia está en WhatsApp, si tus clientes te escriben por ahí, si la tiendita toma pedidos y el consultorio confirma citas por el mismo canal, cambiarte no es bajar otra app. Es perder contactos, historial, contexto y visibilidad.

La compañía telefónica tampoco regala nada. Pone sin costo justo lo que no te puedes permitir dejar de usar, y cobra todo lo demás. El precio cero baja la barrera de entrada; los efectos de red suben la de salida. Las dos cosas pasan al mismo tiempo y no se cancelan entre sí.

“¿Soy el producto?” suena a pregunta crítica, pero no lleva a ningún lado. A mí me sirve más otra, partida en seis, que aplico igual cuando reviso un servicio nuevo para mí que cuando le explico a un cliente por qué su campaña necesita datos para funcionar: ¿quién paga? ¿Qué pongo yo: dinero, atención, contenido, contactos, comportamiento? ¿Qué de eso se hace público? ¿Qué se usa para personalizar el servicio? ¿Puedo retirarlo si quiero? ¿Cuánto me cuesta salir?

Los cerditos del meme tienen razón en algo: nadie te da de comer gratis porque sí. Se equivocan en la moraleja. No siempre eres lo que se vende. A veces eres la audiencia que hace posible vender otra cosa, el contenido que mantiene viva la granja, o la razón por la que salir de ahí cuesta más de lo que parece. La próxima vez que algo te llegue gratis, la pregunta útil no es quién te está comprando. Es cuánto te va a costar irte.

La versión completa está en mi archivo personal: Gratis no es gratis. La pregunta es qué pusiste tú a cambio.

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Columna de Nefrox

Cuidado, el último también puede dejarte fuera | Columna de Arturo Mena “Nefrox”

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TESTEANDO

San Luis llega a su último compromiso como local con una obligación que ya no admite demasiadas interpretaciones: ganar. Enfrente estará Juárez, el equipo que ocupa el fondo de la clasificación, pero también uno de los adversarios que históricamente más dificultades le ha provocado al conjunto potosino. La aparente diferencia entre ambos en la tabla puede resultar engañosa. Para los dirigidos por Diego Mejía, perder puntos esta noche significa quedarse definitivamente fuera de la pelea por la clasificación y despedirse de su afición con una temporada que terminó escapándose de sus manos.

El escenario es sencillo de entender, aunque complicado de resolver: San Luis necesita ganar. No hay demasiado espacio para las interpretaciones ni para refugiarse en las matemáticas. Los potosinos llegan con 19 puntos, ubicados en el lugar 13 de la clasificación, y tienen enfrente a un equipo que ocupa el último puesto, con apenas ocho unidades. Sobre el papel, la diferencia parece ofrecer una oportunidad inmejorable. En la cancha, sin embargo, hay razones suficientes para desconfiar de cualquier pronóstico demasiado optimista.

Juárez es uno de esos adversarios que históricamente se le han indigestado al fútbol potosino. No importa demasiado si hablamos de la etapa en la que ambos coincidieron en la división de ascenso o de sus enfrentamientos recientes en Primera División: los fronterizos han encontrado con frecuencia la manera de complicarle los partidos al Atlético. Y eso debería ser una advertencia para un equipo que llega obligado a ganar.

La rivalidad deportiva entre ambos tiene antecedentes desde 2015, cuando San Luis y Juárez comenzaron a encontrarse en la entonces Liga de Ascenso. En aquella etapa, los enfrentamientos ya mostraban que no sería una serie sencilla para los potosinos. Hubo victorias para ambos, empates y partidos en los que el conjunto fronterizo consiguió imponer condiciones incluso cuando San Luis parecía tener argumentos para llevarse el resultado.

La dificultad no desapareció con el ascenso del Atlético. De hecho, los números de sus enfrentamientos en Liga MX muestran una tendencia que merece atención. En el registro de los últimos veinte encuentros oficiales entre ambas instituciones, Juárez suma once victorias, San Luis seis y se han presentado tres empates. Es una diferencia considerable y refleja que los Bravos han sido un rival particularmente incómodo para los rojiblancos.

Hay resultados que explican esa sensación. Juárez ganó 3-0 en el Alfonso Lastras en febrero de 2020, consiguió triunfos en territorio potosino en enero de 2022 y abril de 2024, y volvió a llevarse los tres puntos de San Luis en noviembre de 2025, cuando ganó 2-1. Incluso cuando el Atlético ha conseguido imponerse, como ocurrió en marzo de 2025 con un triunfo por la mínima, el partido ha exigido trabajo y concentración.

El antecedente más reciente tampoco invita a la tranquilidad. En abril de este año, Juárez derrotó 2-1 al Atlético en territorio fronterizo. Ahora vuelve a presentarse la oportunidad de cobrar esa cuenta, pero hacerlo requiere mucho más que recordar los resultados anteriores. El equipo de Diego Mejía necesita entender que la historia no juega por sí sola, aunque sí puede servir para reconocer el tipo de rival que tendrá enfrente.

Y aquí aparece la paradoja de la jornada. Juárez llega como el último de la clasificación, con una temporada muy por debajo de sus expectativas y prácticamente sin posibilidades de pelear por la fase final. Pero los equipos que ya no tienen nada que perder pueden convertirse en adversarios especialmente peligrosos. No cargan con la misma presión que quienes se juegan la clasificación y pueden disputar el encuentro con una libertad que, en determinadas circunstancias, termina siendo una ventaja.

Además, sería un error pensar que los fronterizos llegarán resignados. Su victoria reciente por 3-1 ante Querétaro demuestra que todavía tienen capacidad para competir y que, aunque la campaña ha sido decepcionante, no han renunciado a buscar resultados. El sotanero también tiene orgullo, futbolistas que quieren cerrar dignamente el torneo y un cuerpo técnico que necesita encontrar motivos para sostener su proyecto. Juárez no tiene la obligación de salvar la temporada, pero sí puede arruinarle la noche a San Luis.

Y eso es precisamente lo que el Atlético debe evitar.

Después de perder ante Atlas, el margen de maniobra se redujo todavía más. Aquella derrota en casa dejó una sensación de oportunidad desperdiciada, porque los potosinos tenían en sus manos la posibilidad de dar un paso importante hacia la clasificación. Ahora reciben a otro rival en el Alfonso Lastras, pero el contexto es mucho más delicado: ya no se trata de aprovechar una buena oportunidad, sino de impedir que la temporada termine antes de tiempo.

La derrota frente a Atlas también dejó una pregunta que Diego Mejía tendrá que responder con su equipo: ¿qué tan preparado está este Atlético para jugar bajo presión? Porque una cosa es construir una propuesta futbolística durante las jornadas regulares y otra muy distinta es sostenerla cuando cada error puede significar la eliminación. El equipo ha tenido momentos interesantes, ha conseguido recuperar terreno en algunos tramos y ha mostrado que puede competir, pero la irregularidad lo ha llevado hasta una situación en la que ya no puede permitirse otra distracción.

El partido ante Juárez exige personalidad, pero también inteligencia. San Luis no puede salir desesperado a buscar el gol, porque esa ansiedad podría abrir espacios que el visitante estaría encantado de aprovechar. Tampoco puede permitir que el reloj se convierta en un enemigo que termine desordenando sus líneas. La obligación de ganar no significa jugar sin cabeza. Significa saber que hay que tomar la iniciativa, insistir con paciencia y tener la concentración suficiente para no regalarle al rival una oportunidad que cambie el rumbo del encuentro.

Mejía tendrá que encontrar respuestas en sus futbolistas más determinantes. El Atlético necesita profundidad, movilidad y contundencia, pero también una defensa que no convierta cada llegada del rival en una amenaza. En partidos de esta naturaleza, el equipo que tiene más que perder suele sentir primero el peso de la responsabilidad. Si San Luis se deja dominar por la ansiedad, Juárez puede encontrar el escenario perfecto para llevarse un resultado que, por la situación de ambos clubes, tendría consecuencias enormes.

La afición también merece una respuesta. Si este termina siendo el último partido de local del torneo, el Alfonso Lastras no debería convertirse en el escenario de una despedida anticipada. La gente ha acompañado una temporada llena de altibajos y tiene derecho a exigir que el equipo responda en el momento más importante. No se trata de pedir una actuación perfecta, sino de ver a un conjunto que comprenda lo que representa vestir esa camiseta y que esté dispuesto a competir hasta el último minuto.

El cierre del torneo todavía ofrece una posibilidad, pero esa posibilidad depende de lo que ocurra esta noche. San Luis necesita ganar para mantener vivas sus aspiraciones y llegar a la última jornada con algo por disputar. Incluso consiguiendo los tres puntos, tendrá que mirar otros resultados y esperar que se acomoden algunas combinaciones. Es decir, ya no depende exclusivamente de sí mismo para conseguir la clasificación. Esa es una consecuencia de los puntos que dejó escapar durante el campeonato y de haber llegado a estas alturas con tan poco margen.

Pero antes de revisar otras canchas, el Atlético tiene que resolver la suya. No sirve de nada esperar una combinación favorable si no es capaz de derrotar al último lugar de la tabla. No tiene sentido hablar de posibilidades de Liguilla si el equipo no consigue demostrar que puede ganar un partido que se ha convertido en una obligación.

Y tampoco conviene subestimar a Juárez por su posición. Los antecedentes están ahí para recordarlo. Los fronterizos han ganado más veces que San Luis en sus enfrentamientos directos y han conseguido resultados dolorosos en el propio Alfonso Lastras. No necesitan llegar en la parte alta de la clasificación para convertirse en un problema. De hecho, podrían encontrar en la desesperación potosina su mejor oportunidad.

El último partido de local no debería ser una despedida, sino una última oportunidad para sostener la esperanza. San Luis tiene que jugarlo como tal. Con intensidad, con responsabilidad y con la convicción de que todavía hay algo importante por defender. Después de este encuentro vendrá la última jornada, pero quizá no exista una oportunidad más clara para mantener abierta la puerta de la clasificación.

La temporada ha llegado a ese punto en el que las explicaciones empiezan a perder valor. Los errores anteriores ya no se pueden corregir, los puntos perdidos no van a regresar y las buenas intenciones no aparecerán en la tabla. Lo único que puede cambiar el panorama es una victoria.

Juárez llega último, pero no llega derrotado. San Luis juega en casa, pero eso no garantiza ninguna ventaja. Los potosinos tienen más fútbol y más motivos para ganar, aunque tendrán que demostrarlo durante noventa minutos.

Porque sería una ironía demasiado dolorosa que, después de una temporada en la que la clasificación estuvo al alcance, el Atlético terminara eliminado por un equipo que ocupa el fondo de la tabla y que, históricamente, ha sabido encontrarle las costuras.

El Alfonso Lastras merece una última noche de esperanza. San Luis necesita convertirla en una victoria.

Esta vez no hay espacio para dejarlo para después. Esta vez, el partido parece ser el final.

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Deportes

El sueño está a un punto | Columna de Haniel Valdés

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Por: Haniel Valdés

Dos derrotas seguidas, ocho goles en contra y un solo objetivo por cumplir. El Atlético de San Luis Femenil llega a la última jornada del Apertura 2026 con la Liguilla al alcance, pero sin la tranquilidad con la que la tenía hace tres semanas, cuando se sabía tercero y con margen.

El golpe grande fue el del sábado 24 de octubre, en el Libertad Financiera. El América, el mejor equipo del torneo, ganó 7-0, con triplete de Geyse y goles de Montse Saldívar, Irene Guerrero (de penal) y Scarlett Camberos. Es difícil sacar conclusiones de un partido así, y más cuando San Luis se quedó con diez jugadoras antes del descanso por la expulsión de María Sánchez. Contra un rival de ese nivel, jugar con una menos es una sentencia, y el marcador habla más de eso que de lo que es este equipo.

Y en medio de esa tarde, una jugadora que mereció mejor suerte: Dayra Duarte. Con un equipo que tuvo 29% de posesión y que terminó el partido sin un solo disparo a puerta, la portera enfrentó 13 tiros al arco y atajó 6, varios de ellos pelotas que parecían gol cantado. Cuando un equipo recibe 35 remates, la portera es la que evita que el marcador sea todavía más duro, y en una goleada así rara vez se le reconoce.

La segunda derrota fue distinta y, en cierto modo, más preocupante. El lunes 2 de noviembre, en el Nou Camp, León ganó 1-0 en el partido pendiente de la jornada 13, con un disparo de zurda de Solange Lemos al minuto 4. San Luis tuvo la pelota y generó, con Enyerliannys Higuera y Amina Bello al frente, y al 54 Bello encabezó un contragolpe que terminó en un disparo de Michelle Gutiérrez, que la portera local rechazó. No fue una derrota de goleada, sino de las que se pierden por un gol temprano y por no encontrar el empate. Y León, ya sin posibilidades de Liguilla, no tenía nada que perder.

Lo que más pesa es que Higuera, la máxima goleadora de la historia del club, no apareció en el marcador en ninguno de los dos partidos y se quedó en 14 goles en el torneo. No es una crítica, es una realidad: cuando el equipo se queda sin su fuente de goles, el ataque se apaga.

Con esos resultados, San Luis suma 13 partidos jugados, 6 victorias, 1 empate y 6 derrotas, 19 puntos, y es tercero de su grupo. Atrás vienen Pumas (17 pts), Pachuca (16 pts) y Atlas (16 pts), por lo que el margen es corto. La cuenta es sencilla: si San Luis empata o gana, llega a 20 puntos y ya nadie puede alcanzarlo, porque Pachuca y Atlas llegarían, como máximo, a 19.

Y el examen de hoy es justo contra Pumas, con lo que sería la primera Liguilla en la historia del club en juego. El viernes 6 de noviembre, a las 17:00 horas, en Ciudad Universitaria, San Luis visita a un rival que también llega herido: en la jornada 13 cayó 6-0 ante Rayadas. Es un duelo directo, de esos que se resuelven con carácter más que con nombres, y San Luis no necesita jugar bien, necesita no perder.

Las últimas dos jornadas han sido duras, pero el equipo ya demostró en este torneo que sabe sobreponerse: tres partidos sin perder en octubre, una máxima goleadora histórica y dos porteras de nivel. Hoy toca demostrarlo otra vez, con la Liguilla de por medio.

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Destacadas

Se sabía, se avisó y nadie hizo nada: evaluación judicial, el camino para depurar la base trabajadora | Columna de Víctor Ezequiel

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SERENDIPIA

Por: Víctor Ezequiel
X: @MrVictorHdz

Culto público, amanecimos con tremendo golpe al personal operativo del PJF. Este 5 de noviembre se publicó en el Diario Oficial de la Federación un Acuerdo General que fue aprobado por unanimidad el 28 de octubre por el Pleno del Órgano de Administración Judicial. Su supuesto objeto es “regular la evaluación del desempeño del personal de carrera judicial del Poder Judicial de la Federación”.

Su justificación oficial es fortalecer la profesionalización, mejorar la impartición de justicia, identificar necesidades de capacitación y establecer parámetros objetivos para valorar el desempeño. Hasta ahí, nadie podría oponerse a que el servicio público sea evaluado. El problema comienza cuando revisamos cómo se hará y qué consecuencias puede tener.

¿A quiénes alcanza?

La evaluación comprende las categorías de: secretarios de tribunales y juzgados, proyectistas, asistentes de constancias y registro, secretarios instructores y de acuerdos de tribunales laborales, actuarios y oficiales judiciales, entre otros. Se excluye al personal adscrito a la Suprema Corte y al Tribunal Electoral. También puede evaluarse al personal que tenga al menos seis meses ininterrumpidos en el mismo órgano y categoría, independientemente de que cuente o no con nombramiento de base.

Esto último merece atención: no se trata únicamente de quienes tienen una plaza definitiva. El acuerdo alcanza a un universo amplio de personas que realizan funciones de carrera judicial.

¿Cómo se evaluará?

El modelo combina conocimientos y rendimiento. El 60% corresponde a habilidades y competencias: 40% mediante un examen y 20% por capacitación. El 40% restante se distribuye entre productividad (10%), calidad del trabajo conforme al perfil (5%), trabajo en equipo y clima organizacional (5%), ética (5%), servicio a la ciudadanía (5%) y comportamiento y ejercicio profesional (10%).

Para integrar los resultados se utilizarán exámenes, cuestionarios contestados por titulares o administradores, cuestionarios confidenciales aplicados a compañeros y reportes institucionales. También se tomarán en cuenta antecedentes disciplinarios, administrativos y laborales, así como informes desfavorables de revisiones técnicas, bajo las condiciones previstas en el acuerdo.

Aquí aparece una preocupación evidente: ¿cómo se evitará que las diferencias personales, los conflictos internos o las relaciones de poder dentro de cada órgano influyan en una evaluación que pretende ser objetiva? El documento ordena utilizar información verificable y establecer controles metodológicos contra posibles sesgos, pero una declaración normativa no garantiza, por sí sola, que estos no ocurran.

Las consecuencias no son menores.

Los resultados se clasifican en cinco niveles: sobresaliente, de 90 a 100 puntos; satisfactorio, de 80 a 89; regular, de 70 a 79; suficiente, de 60 a 69; e insuficiente, de 0 a 59.

Quienes obtengan resultados satisfactorios o sobresalientes recibirán una constancia de permanencia por dos años. Los niveles regular y suficiente tendrán una constancia por un año y deberán cumplir acciones de fortalecimiento. El resultado insuficiente se traduce en un estándar de desempeño no alcanzado y abre la posibilidad de un examen extraordinario o un recurso de revisión, según el origen de la calificación. Si el resultado queda firme, el asunto se remite al Pleno para los efectos previstos en la Ley de Carrera Judicial, incluida la posible separación en los supuestos legales.

El recurso de revisión debe interponerse en diez días hábiles y el Pleno cuenta con un plazo máximo de cuatro meses

para resolver. Sus resoluciones se consideran inatacables dentro de este mecanismo.

¿Y qué sucede durante 2026?

El acuerdo establece expresamente que la evaluación de este año será diagnóstica: no contará como periodo ordinario ni producirá consecuencias individuales de permanencia o separación. Sin embargo, la participación será obligatoria y sus resultados servirán para diseñar programas de capacitación que también serán obligatorios y considerados en la primera evaluación ordinaria.

El calendario ya está definido: del 11 al 13 de noviembre se cargará información a la plataforma; el 17 y 18 se notificará y publicará el temario; del 4 al 15 de diciembre se aplicarán cuestionarios. Los exámenes serán el 4 de diciembre para secretarios, el 8 para actuarios y los días 14 y 15 para oficiales judiciales. De enero a marzo de 2027 se analizarán resultados y se elaborarán informes y acciones de fortalecimiento. La primera evaluación con consecuencias se realizará después de concluir la capacitación correspondiente.

La memoria de 2024 no puede borrarse.

Durante el paro nacional de trabajadores del PJF en 2024, una de las principales preocupaciones fue precisamente la posible afectación a los derechos laborales. En aquel momento, se sostuvo que la reforma buscaba combatir el nepotismo y la corrupción, particularmente respecto de las personas titulares, y que el personal no tendría por qué resultar perjudicado.

Hoy, con un nuevo “modelo de evaluación” que alcanza a oficiales, actuarios y secretarios, resulta difícil separar las piezas. Entre 2024 y 2026 se impulsaron numerosos concursos abiertos de oposición para integrar listas de personas habilitadas; ahora existe un universo amplio de aspirantes disponibles, mientras el personal que construyó su trayectoria dentro de la institución queda sujeto a un sistema que puede comprometer su permanencia.

La lectura política es inevitable: la reforma no solamente cambió quiénes ocupan los cargos de juzgadores; también está reconfigurando las condiciones bajo las cuales permanece el personal que sostiene la operación judicial. La evaluación puede convertirse en una herramienta de profesionalización, pero también en un mecanismo de depuración si sus criterios se aplican de manera sesgada o se utilizan para favorecer la sustitución de personal de carrera por perfiles alineados con el nuevo proyecto político. No es una preocupación que deba despacharse con el argumento de que todo se hace por eficiencia.

El acuerdo dice que la evaluación será objetiva, imparcial y diagnóstica. Ahora corresponde demostrarlo. La independencia judicial también se construye con trabajadores que puedan desempeñar sus funciones sin temor a perder su empleo por criterios discrecionales. La transformación del Poder Judicial no puede convertirse en una puerta para sustituir experiencia, antigüedad y carrera por obediencia institucional.

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