#4 Tiempos
Vigilemos la Corte | Por Víctor Meade C.
SIGAMOS DERECHO.
El 15 de mayo del año pasado, la Secretaría de Energía publicó en el Diario Oficial un acuerdo por el que emitían la llamada Política de Confiabilidad del Sistema Eléctrico Nacional. En términos generales, el acuerdo concedía ventajas a la CFE para distribuir la energía eléctrica con base en criterios que aseguren la confiabilidad del servicio eléctrico en el contexto de incertidumbre generado por la pandemia, debido, supuestamente, a que las centrales de energías renovables son intermitentes en su suministro. Si como a mí, a usted también le parece poco cuerdo el argumento de la Sener, mejor ni pensemos en el titular de la Comisión Nacional de Mejora Regulatoria, que presentó su renuncia al cargo algunas horas antes de la publicación del Acuerdo.
Como ya se hizo costumbre de que las políticas de esta administración terminen por resolverse en tribunales, la Segunda Sala de la Suprema Corte resolvió la semana pasada que 22 disposiciones del Acuerdo son inconstitucionales. El proyecto del ministro Aguilar Morales argumentó que las ventajas otorgadas a la CFE por la Política de Confiabilidad desfiguran la libre competencia en el mercado de energía, sin que exista una justificación razonable para ello.
En respuesta a lo expresado por la Corte, López Obrador decidió olvidar su promesa de campaña de no realizar reformas en materia energética en sus primeros tres años de gobierno y mandó al Congreso una iniciativa preferente que le permitiría alcanzar sus objetivos. Así pues, se viene a confirmar que era pura vacilada eso de que la política de confiabilidad era para asegurar el suministro de energía en el contexto de pandemia; la verdadera política es fortalecer a CFE cueste lo que cueste, aún que el costo económico y el costo al medio ambiente lo tenga que asumir la ciudadanía. La iniciativa preferente es incompatible, tanto con lo resuelto por la Corte la semana pasada, como con los compromisos adquiridos por México en el TMEC y en los Acuerdos de París. Es solo cuestión de tiempo para que, una vez más, sean los tribunales los que analicen la muy viciada legalidad de estas políticas.
A todo esto, una buena parte de la mucha o poca legitimidad que tienen las acciones de esta “Transformación” recae en los tribunales que deciden sobre su legalidad. Particularmente, es muy importante prestar atención a que la autonomía de las y los ministros de la Suprema Corte no se ponga en vilo ni por un momento. Sin embargo, hay algunas alarmas que han comenzado a sonar desde hace dos años —otras sonando de sexenios atrás—, agudizándose especialmente con la sentencia de la semana pasada.
La inconstitucionalidad de las 22 disposiciones del Acuerdo de la Sener fue aprobada cuatro votos contra uno. Ese único voto en contra fue, para sorpresa —me permito decirlo— de nadie, de Yasmín Esquivel Mossa. Sorpresa de nadie porque, desde que ingresó a la Corte en Marzo de 2019, el sentido de los votos de la ministra Esquivel ha demostrado una tendencia que favorece la postura oficialista.
Retrocedamos. En el caso de la consulta popular para enjuiciar expresidentes, Esquivel defendió su constitucionalidad, francamente, con una interpretación muy forzada: señaló que se trataba de un ejercicio para conocer la percepción social de las funciones públicas que realizan los funcionarios; al no estar prohibido eso, entonces, debía ser constitucional.
Después, el caso del Acuerdo Militarista de López Obrador, por el que pretende echar mano de las Fuerzas Armadas por cinco años en tareas de seguridad pública. Es una historia intricada; seré lo más claro posible. Primero, la diputada Laura Rojas presentó una controversia constitucional impugnando dicho acuerdo y el proyecto le fue turnado a la ministra Ríos Farjat. Acto seguido, la Consejería Jurídica de la Presidencia presentó un recurso de revisión en contra de la controversia constitucional, argumentando que Laura Rojas no tenía legitimidad para impugnar. Este asunto quedó a cargo de Yasmín Esquivel y en su proyecto propone darle la razón a la Consejería. Además, Esquivel pospuso la discusión de este asunto de manera indefinida desde octubre del año pasado. Está buscando detener tanto de manera legal como de manera material la discusión del Acuerdo, que sobra decirlo, es a todas luces inconstitucional.
Ahora, la semana pasada votó en contra del ya mencionado tema de la errática política energética de este gobierno. Nuevamente, sin entrar al fondo del asunto, su justificación fue que la Cofece no tenía legitimidad para impugnar el Acuerdo de la Sener.
El nombramiento de Esquivel Mossa fue polémico desde el inicio. La terna enviada por el presidente estuvo compuesta por Celia Maya, hoy flamante candidata de Morena a la gubernatura de Querétaro; por Loretta Ortiz, ex diputada de Morena, quien además, en un acto de “independencia”, tuvo el tino de renunciar al partido un par de semanas después de que ya la habían nominado; Esquivel, por su parte, con la peculiaridad de que su esposo es el contratista predilecto de López Obrador, José María Riobóo. Sin ningún ánimo de menoscabar su carrera profesional y de atribuirle sus triunfos laborales a su esposo, la sospecha del conflicto de interés en este caso es imposible de ignorar.
Los mecanismos de nominación a un tribunal constitucional funcionan distinto en todos los países. En Estados Unidos, por ejemplo, las coincidencias ideológicas del Ejecutivo con los y las nominadas a la Corte Suprema no son ningún secreto. Por el contrario, son factor decisivo para su nominación. En México esta comparación es totalmente incompatible: primero, claro, porque son sistemas jurídicos distintos; segundo, porque sobran ejemplos (sirva el caso de Medina Mora, también) que demuestran que la cercanía entre ambos poderes acaba con costos muy altos para el Estado de Derecho y la ciudadanía.
Entre los cientos de ociosas reformas que hacen a la Constitución cada sexenio, urge una que atienda los vicios de nominación y de renuncia de las y los ministros de la Corte. Entre tanto, prestemos atención al sentido de los votos en la Corte, particularmente cuando allí se decide la mayor parte del plan de gobierno.

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El Cronopio
María Luisa Toranzo, pionera del cuento mexicano | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
Por: J.R. Martínez/Dr. Flash
En la antología de Liliana Pedroza sobre el cuento mexicano, A Golpe de Linternas, que en su tomo I dedica a las pioneras, se encuentra entre las antologadas la potosina María Luisa Toranzo, que dedicó parte de su vida a la escritura y que fuera figura cultural mexicana. Madre y abuela del filósofo Luis Villoro y el escritor Juan Villoro, respectivamente.
Parte de su obra literaria se recoge en libros como: Azahares, espinas y rosas; Meditaciones, Suegras; Esbozos; Tres Chiquillas; Cuadros de una exposición; Páginas viejas; Charlas con mi hija; Átomos tontos, entre otros. Libros que reflejan su formación en el campo potosino y la época que le tocó vivir, donde impera el existencialismo y la fenomenología, campos que experimentaría posteriormente su hijo Luis Villoro. En su libro de ensayos: Esbozos, que lleva como ensayo central: El dominio de sí mismo, Sophrosyne vs la Hybris, “el dominio de sí mismo” no es una negación de la vida o de los impulsos, sino la condición necesaria para la auténtica libertad. Sin el gobierno de uno mismo, el ser humano queda a merced de fuerzas externas o de impulsos ciegos, perdiendo su autonomía.
María Luisa Toranzo Jordana nació en San Luis Potosí el 13 de marzo de 1890, perteneciente a familia de hacendados, vivió su infancia en la Hacienda de Cerro Prieto en el altiplano potosino, rumbo a Zacatecas, fue hija natural y creció entre libros, estudiando idiomas y cultivando la música tocando el arpa y la mandolina. El movimiento revolucionario le llevó en la adolescencia a radicar en la Ciudad de México, donde la vida placentera se trastocaba y la famosa banda del automóvil gris hacía de las suyas, y que quedó registrada en una de las primeras películas realizadas en México, llamada justo La banda del automóvil gris de 1919 de Enrique Rosas, filmada en los lugares donde pertrecharan sus ataques. En la película aparece la casa Toranzo donde vivió María Luisa en México y donde aparece en escena acechada en el asalto a su casa por tan peculiar banda.
Los acechos no pararon para María Luisa y fue pretendida por un general revolucionario del que logró escapar partiendo a España e instalándose en Barcelona donde se casaría con el médico barcelonés Miguel Villoro Villoro, procreando a tres hijos, entre ellos al filósofo Luis Villoro. Quedaría viuda y al iniciar la guerra civil española regresa a México huyendo de nuevo de la violencia. Se instala por un tiempo en la Hacienda de Cerro Prieto y parte a la Ciudad de México para que sus hijos continuaran sus estudios de formación.
Su familia potosina de abolengo le propició una considerable fortuna que le permitió ir a Barcelona, su abuela paterna Genoveva Peña Santacruz que casó en segundas nupcias con Casimiro Toranzo Ortiz, había sido esposa de Pantaleón Ipiña Eguía, siendo madre de José Encarnación Ipiña Peña.
Su pensamiento que de cierta forma influyera en su hijo Luis Villoro lo destaca en su libro Esbozos: “El dominio de sí mismo sobre la soberbia debe de consistir, no sólo en dominarse ‘delante de la gente’ y en vuestras ‘relaciones sociales’ para que los demás ‘vean’ que sois humildes o sencillos, sino que este dominio sobre vosotros mismos y sobre vuestra soberbia debe ser de tal modo profundo, que no sea un dominio efímero, originado únicamente por el bien parecer; tampoco debe ser un dominio de autosugestión, que sin serlo, os haga creer que ya sois humildes; sino que este dominio de vosotros mismos sobre la soberbia, debe ser una especie de ‘cura’ si queréis lenta y suave, pero sí honda, minuciosa y profunda. El dominio de vosotros mismos debe ser como un cauterio que tienda a curar, aunque sea quemando; a cauterizar, aunque sea con dolor, la llaga de vuestra soberbia, el cáncer de vuestro orgullo”
María Luisa Toranzo fue una mujer de una cultura vasta que participó activamente en la vida intelectual mexicana, aportando una sensibilidad ética que complementaba el rigor lógico de la época. Su enfoque en el “dominio de sí” suele leerse como un puente entre la virtud antigua, la psicología moderna y la abierta espiritualidad. Su nieto Juan Villoro la describe como una mujer que intentaba descifrar los secretos de la convivencia humana.
María Luisa Toranzo Jordana murió en la Ciudad de México a los 78 años de edad, el 2 de abril de 1968.
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Acento Ajeno
Maestría en derechos humanos y la incómoda pregunta | Columna de Haniel Valdés
Por: Haniel Valdés
La comunidad cubana en el exilio, en Estados Unidos y en México, ha escrito en estos días cartas y mensajes dirigidos a la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP). Cuestionan que Gabriela Fernández Álvarez, presentadora del programa oficialista “Con Filo”, haya sido admitida en la Maestría en Derechos Humanos de la UASLP y que hoy esté cursándola en esta ciudad.
Los hechos conocidos son pocos. Su nombre aparece en la lista de la generación 2026-2028. Está en San Luis Potosí. En 2025, durante una gira por España, sostuvo que en Cuba no hay presos políticos. Todo lo demás es una discusión de fondo, y es más incómoda de lo que parece.
“Con Filo” nació en 2021, tras las protestas del 11 de julio, como respuesta de la televisión estatal cubana. Sus defensores dicen que desmiente falsedades. Sus críticos, que en algún punto dejó de desmentir y empezó a ridiculizar a la oposición, dentro y fuera de la isla, y a señalar como “vendepatrias” a quien se fue. Muchos exiliados lo viven como algo personal, porque vieron su rostro en pantalla como blanco de burla por opinar distinto. Esa es la versión de ellos, y es la que han hecho llegar a la UASLP.
Hay una ironía que ellos señalan y que no puedo dejar pasar. Quien llamó traidor al que salió de Cuba pudo salir, viajar y dar charlas en Europa. Pocos cubanos tienen ese privilegio.
La pregunta para México
Aquí es donde el caso deja de ser solo cubano. La universidad pública mexicana, ¿puede negar un lugar por lo que una persona ha dicho en público? Mi respuesta es que no debería. Una maestría en derechos humanos que excluya por opinión traicionaría la materia que enseña. La libertad de expresión protege también a quien piensa lo contrario de lo que a uno le gustaría.
Pero esa respuesta no cierra el tema. Un posgrado no es una tribuna. El objetivo del programa es formar profesionistas críticos y comprometidos con la solución de problemas de derechos humanos, en lo local, en lo nacional y en lo internacional. Y de eso sí podemos preguntar, porque no es lo mismo defender el derecho de alguien a estudiar que ignorar lo que esa persona dijo en pantalla durante años.
Y en México la materia no es teórica. Este es un país con miles de personas desaparecidas, periodistas asesinados y presos que esperan sentencia durante años. Un aula de derechos humanos en San Luis Potosí no es un espacio neutro. Se habla de casos reales, con familias reales.
Lo que corresponde
A la UASLP le corresponde explicar cómo se evalúa a quien aspira a este posgrado y qué responde a las cartas que recibió. Hasta ahora no hay una postura pública de la universidad, y el silencio solo alimenta la sospecha. También corresponde buscar la versión de la estudiante, que no ha respondido a los señalamientos. A ella le corresponde algo más difícil: sentarse en una clase donde se discute lo que defendió negar y escuchar.
Defiendo que se quede. Si la maestría sirve para algo, es para que esas ideas se confronten con argumentos, casos y compañeros que vivieron lo que ella calificó de mentira. Pero defender su derecho a estar no me obliga a fingir que la pregunta no existe.
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El Cronopio
El influyente divulgador de la ciencia, Luis González de Alba | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
Uno de los importantes divulgadores científicos de México fue el charquense Luis González de Alba, que emergió como un personaje famoso por su participación en el Comité Nacional de Huelga en el movimiento estudiantil de 1968; compromiso que asumió justo al egresar de la carrera de psicología en la UNAM. Fue aprehendido y recluido en la cárcel de Lecumberri donde inicia su labor literaria al escribir la novela Los Días y los Años. Lo narrado en esta novela fue usado por Elena Poniatowska lo que derivó en un conflicto entre González de Alba y la Poniatowska lo que la llevó a corregir lo dicho en su libro de La Noche de Tlatelolco.
Este lamentable episodio en la historia del México moderno, en el cual tuvo un protagonismo Luis González de Alba, marcó su derrotero profesional, participando en el periodismo y la política, siendo colaborador de los medios de comunicación: Grupo Milenio, Excélsior, Punto, Punto de Partida, Revista de Revistas, Siempre, Unomásuno y Nexos. Participó en la creación del diario La Jornada, de donde sería expulsado en 1997 tras la polémica con Elena Poniatowska.
En La Jornada, iniciaría su aventura como escritor científico en la columna “La Ciencia en la Calle” que atendió durante una década. Continuó su labor como divulgador de la ciencia en una nueva columna en Milenio Diario, que llamó “Se descubrió que…” donde escribía sobre ciencia y temas nacionales. Estas columnas marcan un momento especial en la historia de la divulgación de la ciencia en México, pues entrelazan los temas científicos, que era una de sus pasiones, con los históricos y sociales lo que enriquece el contenido tratado de manera clara y amena.
Esta labor lo llevó a escribir, además de novelas, poesía, ensayos y cuentos, libros de divulgación de la ciencia como La Ciencia, La Calle y Otras Mentiras; El Burro de Sancho y El Gato de Schrödinger: un paseo al trote por cien años de física cuántica y su inesperada relación con la conciencia, donde muestra la relación entre física y sociedad a través de la historia, libros publicados en 1989 y 2001, respectivamente.
Escribió además los libros de divulgación científica: Bases biológicas de la bisexualidad, (1985); La orientación sexual: reflexiones sobre la bisexualidad originaria y la homosexualidad, (2003); Niño o niña. Las diferencias sexuales, (2006), donde refleja y explica las bases científicas sobre la homosexualidad, manifestando su labor como activista gay . Publica además los libros: Maravillas y misterios de la física cuántica: un paseo por la física del siglo XX y su inesperada relación con la conciencia, (2010) y Teoría de los grafos en las ciencias sociales, (1984).
Luis González de Alba nació en Charcas, San Luis Potosí, el 6 de marzo de 1944, donde realizó sus primeros estudios. Del pueblo minero, su familia se traslada a Guadalajara y González de Alba va luego a la Ciudad de México a continuar sus estudios profesionales de psicología en la Universidad Nacional Autónoma de México.
Entre sus actividades destacan la política, el activismo, la literatura y de manera especial su labor como divulgador científico pues se convirtió en uno de los divulgadores más influyentes e importantes del país, sumándose a la lista de divulgadores potosinos que forman parte de lo que llamo la tradición mexicana en divulgación de la ciencia donde se privilegia el compromiso social de la ciencia y su enfoque cultural. Fue un apasionado de los temas de física moderna y del cerebro humano, relación que marca una nueva etapa de estudio para entender la conciencia y la función del hombre en el universo con el desarrollo de la mente.
Luis González de Alba se suicidó el 2 de octubre de 2016, fecha de la conmemoración del 48 aniversario de la masacre de Tlatelolco.

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