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Editorial. Horas después de la visita del embajador de EU, un hombre fue asesinado en Tequis

Por: La Orquesta

Dos San Luis coexisten en uno: el de los grandes capitales extranjeros y el de las industrias que pagan miserias a sus empleados. El que proyecta ciclovías que recorrerán toda su capital y el que regala sus últimos bastiones naturales al capitalismo rampante. El que promete una ciudad compacta y el que construye sobre una minera. El que reúne a todos los poderes de la nación y el que no tiene gobernabilidad. Los dos existen, aunque muchos se nieguen, con todas sus fuerzas, a mirarlos. El tema es que este no es un problema de perspectiva y la terca realidad no admite llamadas de las oficinas de prensa gubernamentales para explicarle cuál es, a su conveniencia, el verdadero San Luis.

El sábado a las 9:10 horas, Christopher Landau, embajador de Estados Unidos en México, escribió en Twitter:

“¡Saludos desde San Luis Potosí! Con el Gobernador @JMCarrerasGob y el Secretario @TorrucoTurismo ayer conocimos el nuevo centro C5, el DIF, la Casa @DelRebozo en Santa María del Río, la renovación de la Avda. Carranza, y el Museo Carrington. Gran potencial económico y turístico”. 

Doce horas antes, el embajador, junto con una comitiva compuesta por Miguel Torruco Marqués, secretario de turismo de López Obrador y consuegro de Carlos Slim; el gobernador Juan Manuel Carreras; el lastrante Horacio Sánchez Unzueta, presidente del Consejo del Centro Histórico; el alcalde Xavier Nava; sus esposas; y una comitiva de pinnipedos aplaudidores, pasearon por el Jardín de Tequis para disfrutar del San Luis en el que no hay cables en el cielo, donde el ambulantaje no es un problema sino una curiosidad, en el que no hay baches, las farolas funcionan y se puede caminar de noche sin temor.

Poco más de 24 horas bastaron para que el San Luis brutal, sangriento y, además, irónico volviera: cerca de las dos de la mañana del domingo, un hombre abrió fuego contra un joven dentro de el bar El Mitote ubicado a unos metros de donde los otros gozaron y que semanas antes generó polémica, pues se le acusó de tener acuerdos ilícitos con el Ayuntamiento de San Luis Potosí, pues se le permitía abrir fuera del horario establecido y con un aforo superior al establecido en las medidas para el combate al covid-19.

La víctima murió.

Landau ha sido un embajador que, gracias a su manejo de redes sociales, ha caído particularmente simpático entre la ciudadanía mexicana, a la que le hace gracia verlo comer platillos típicos, asombrarse de las artesanías y referirse a cualquier curiosidad de nuestro país, lo cual lo vuelve especialmente peligroso. La historia de México nos dice que siempre es mal negocio fiarse de un diplomático estadounidense.

“Las redes sociales del embajador Landau dicen mucho de la percepción del pueblo al que busca agradar. Nos concibe rudimentarios. Cree que alabaremos a cualquier extranjero blanco que coma nuestra comida y no desprecie a la gente común. Lo peor es que no está errado”, escribió una joven estudiante en respuesta a un tweet de Landau en el que presumía la comida tradicional hidalguense que compartió con el gobernador Omar Fayad.

El embajador no es culpable de que los gobernantes mexicanos sigan su juego de inocencia folclórica. Por fortuna para los potosinos, en San Luis la simulación no se sostuvo. La sangre lo lavó todo e hizo patente el estado de indefensión en que vivimos.

Xavier y Juan Manuel hablaran de hechos aislados. Como lo fue la mujer ejecutada a unas calles de la oficina del alcalde o el asesinato de su propia secretaria o cualquiera de las decenas de homicidios que han ocurrido solo durante septiembre. 

Todo para que sigamos mirando el San Luis donde los embajadores vienen a comer chocolates Costanzo.

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