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Vivir la vida, morir la muerte | Crónica de Xochiquetzal Rangel

El caminar de la gente es lento, algunos porque no recuerdan por dónde está la tumba y otros más por recordar

 

Por: Xochiquetzal Rangel

Hoy no huele a soledad, el naranja y amarillo del cempasúchil contrasta con el blanco mármol y el café de la cantera de las tumbas del panteón, las risas de los niños y las lágrimas de los vivos llena de vida al lugar, hoy se celebra la muerte.

Entrar al lugar de paz, es como ir en peregrinación, la fila larga sólo denota los sentimientos de amor y unificación que trae consigo el 2 de noviembre, unos niños de mi lado preguntan emocionados si podrán ver a su abuelita, su mamá contesta que no, pero que se reencontraran con ella para no olvidarla.

Panteón Municipal “El Saucito”, dice el letrero que da la bienvenida a las personas para la reunión con los que se fueron hace un tiempo. La gente se detiene a preguntar la calle en donde seguramente está su ser querido al que fue a honrar, ya que no olvidar es el trasfondo para poder vivir y morir la muerte.

Chicos y grandes cargan flores coloridas para avivar el espacio donde más tarde rezarán, algunos más cargan garrafones de agua para poder limpiar las polvorientas lápidas, aunque los que no traen cubetas, contratan a personas como Ramón, que tras quedarse sin empleo decidió darse de alta en la dirección del cementerio, para trasladar y vender el agua que las pipas municipales proveen, en 6 pesos.

El caminar de la gente es lento, algunos porque no recuerdan por dónde está la tumba y otros más por recordar, algunos visitantes se detienen en las tumbas más famosas como la de Juan del Jarro, entran con morbo a ver donde yacen los restos del potosino que en vida se dedico a repartir entre los pobres las limosnas que la gente depositaba en su jarro. Algunos más se asoman curiosos en la tumba con forma de casa que resguarda los restos de la pequeña Poleth Viridiana, para observar la ofrenda y los juguetes que se aprecian detrás del cristal, dejan flores y se van.

 

La música que resuena en el fondo es variada, los conjuntos musicales que se dieron cita en el Saucito satisfacen las solicitudes de todos, aunque según un integrante de la agrupación “Voltaje Norteño” de los dos años que han tocado durante el 1 y 2 de noviembre para tocar en honor de los difuntos, la canción que más solicitan los familiares son: ángel mío, el señor de las canas y despedida con mariachi, ya que las canciones comúnmente las piden para difuntos que fueron adultos.

Fabián contó que desde hace tres años acuden al panteón del Saucito, para visitar a su mamá quién murió en febrero de 2015, “venimos porque es importante, es la abuela, suegra y mi mamá” mencionó, dijo que hace lo posible por acudir cada mes para poder mantener limpia la tumba, sin embargo, para ellos ya es costumbre ir cada 2 de noviembre porque “es una fecha que nadie quiere pasar por eso, pero es una fecha obligada para estar presentes y sentir que no esta olvidada, nosotros hacia ella y ella hacia nosotros”.

La familia Morán acude cada año al panteón para visitar a dos familiares fallecidos, para poder arreglar la tumba de los mismos, además llevan flores para las lápidas a las que no les han podido sus familiares adornar, “para nosotros representa la parte de la unión familiar, creo que es inculcarle a nuestras generaciones, dentro de la familia, a nuestros hijos, nuestros sobrinos, nuestros nietos, irles inculcando que se debe recordar a nuestros seres queridos, creo que es importante conservar las tradiciones, porque a la vez es una fiesta y una forma de recordarlos”.

 

La gente comenzó a juntarse en una construcción de cantera que se encuentra al centro del pasillo central del panteón, ya que además de los rezos que ofrece cada familia, un padre en la capilla central, tras un padrenuestro, ofició una pequeña misa para los cientos de personas que acudieron a visitar a sus difuntos y también en memoria de los fallecidos, con cánticos católicos la gente se unió al unísono para poder agradecer el tiempo que se les permitió coincidir con sus familiares.

Desde hace aproximadamente 129 años, el emblemático y antiguo panteón del Saucito resguarda los restos de potosinos, cuyas familias van a visitar fines de semana. Ha visto llorar la pérdida de cientos de personas y crecer a otros tantos, sin embargo cada noviembre aprecia el amor de las familias, que mantiene viva la memoria de los que vivieron la vida y murieron la muerte.

**Los nombres de los entrevistaron fueron cambiados a petición personal de los involucrados.

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