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Vivas nos Queremos… | Columna de Ricardo Sánchez García

 

Sin partitura

“Y oí una gran voz que desde el templo decía a los siete ángeles: Id y derramad en la tierra las siete copas del furor de Dios… El tercer ángel derramó su copa en los ríos y en las fuentes de las aguas, y se convirtieron en sangre”. En efecto, suena apocalíptico, porque se encuentra en La Biblia, Apocalipsis 16,1 y 4, pero así amanecieron las fuentes de nuestro Centro Histórico el 24 de mayo, junto con un letrero que denunciaba la violencia contra mujeres y los feminicidios cometidos en nuestro Estado.

No fue la ira de Dios, fue el hartazgo de la sociedad. Pero apenas habían transcurrido 24 horas desde la protesta y ya los medios daban cuenta de otro feminicidio. Al parecer, para oídos sordos no hay trompetas que nos alcancen.

Tres feminicidios en cuatro días no son suficientes. Todavía un poco antes, en el mes de abril, se encontró el cuerpo de Raymunda Josefina, desaparición y feminicidio que pasaron casi desapercibidos. Quiero hablar de ella porque para los jueces pasará como homicidio simple, nomás por eso veo necesario recordarle.

Raymunda era una persona servicial, apreciada por muchas amigas y amigos. Trabajadora y dedicada a su profesión de enfermera. Atendía un negocio de ropa que en su mismo domicilio tenía. Además, laboraba como promotora en venta de autos. Se le recuerda como alguien que ayudaba a las personas de su fraccionamiento, San José, en Soledad de Graciano Sánchez.

Como van las cosas, es muy probable que ella ni siquiera aparezca en las estadísticas. Y aunque hemos dicho que cada mujer ultrajada y asesinada no es un número, es una persona con familia y amigos que la recordarán, para fines políticos los números sí son importantes. A la sociedad civil las cuentas muchas veces no nos salen, porque en la clasificación de los delitos existen razones intencionales para invisibilizar el problema. La desconfianza de quienes conocemos estos criterios no es gratis.

Para quien no recuerde, Raymunda fue estrangulada, quemada con solvente o gasolina, al grado de intentar desfigurar el rostro y fue al parecer, víctima de violación, posteriormente fue arrojada en un paraje solitario de Lagos de Moreno, Jalisco. Ella fue sustraída de su domicilio, en el municipio circunvecino.

Aunque para la procuraduría del Estado era un cartel más que habrían de circular en redes sociales y justificar que se le estaba buscando, hubo personas que de forma incesante no dejaron de exigir sea presentada con vida. Estos gritos de impotencia muchas veces no tuvieron eco, debido a la escasez de recursos materiales, jurídicos y otras limitaciones de quienes la buscaban. Para las autoridades en Jalisco, Raymunda era una mujer sin nombre ni apellido en espera de ser identificada. Ahí permaneció hasta abril de este año en que el cuerpo fue reclamado.

El último plan que Raymunda tuvo, antes de ver truncados sus ilusiones, fue asistir a una fiesta en su barrio, ya que el 28 de octubre celebrarían a San Juditas. Como cada año, el jolgorio sucedió, pero ella ya no pudo estar presente. Desde el 27 de octubre de 2016, fecha en que desapareció Raymunda Josefina Loredo Loredo hasta el posterior hallazgo de su cuerpo en abril de 2017 pasaron más de cinco meses.

Hoy dos personas detenidas enfrentan un proceso judicial, ambos son empleados del gobierno estatal, en el área de finanzas. Los pudieron detener porque burdamente tenían en su poder un vehículo Aveo 2014, propiedad de Raymunda, reportado como robado desde el día de la desaparición. De la confesión sabemos que con engaños y promesas de meterla a trabajar al gobierno del estado, la hicieron salir de su domicilio, se la llevaron al vecino estado y ahí perpetraron su delito. Raymunda no sabía el desenlace fatal que iba a tener.

Lo grave del caso es que el juez pretende asentar como homicidio simple el feminicidio cometido contra Raymunda Josefina, a pesar de que se cumple lo señalado en las fracciones II, III, VI y VII del Artículo 135 del Código Penal Vigente en el Estado.

La causa de los tres últimos feminicidios recién conocidos y el de Raymunda es sin duda porque hemos olvidado el concepto de dignidad. El feminicidio es el culmen de muchas violencias previas cometidas contra una mujer. Reconocernos de forma individual como portador de derechos intrínsecos, de sabernos personas, valiosas por serlo y no permitir ninguna injusticia en contra nuestra implica también reconocer al otro y a la otra como una persona en contra de quien no podemos cometer ninguna injusticia. Es saber que nadie puede ser tratado como objeto, ni con tanta bajeza vulnerar tan brutalmente su integridad.

Pero esa conciencia y reconocimiento deben venir también de las autoridades. El Poder Judicial, de forma especial los jueces, no deben comprometer su integridad y apego a la justicia. Es exigencia de la sociedad que juzguen con equidad e inteligencia y sirvan a través de sus sentencias a la educación de gobernantes y gobernados en el cumplimiento de las obligaciones y el conocimiento de sus derechos. El feminicidio de Raymunda no puede quedar impune, de otra forma los juzgadores serán cómplices de tantos otros perpetradores que saben pueden eludir la aplicación de las leyes.

No es exageración, pareciera que las autoridades están esperando que lleguen relámpagos, voces y truenos; y que se diga hubo un gran terremoto tal como no lo había habido desde que la humanidad está sobre la tierra. Quizá el terremoto ya sucedió, no como lo imaginamos del anuncio en el Apocalipsis, quizá esté sucediendo en este momento, pero el Ejecutivo estatal carece de sensibilidad. Solo cuando lo enfrentan de forma personal parecen importarle las víctimas. Ha dejado de reconocer en los mandantes esa dignidad de personas y mira a ciudadanas y ciudadanos como entes sin derechos. Ese desdén se manifiesta en la inacción ante tanta violencia.

En San Luis Potosí, las aguas se tiñeron de sangre. Las avenidas y los moteles también. Esa sangre de muchas mujeres perpetradas por la indiferencia de la sociedad, la impunidad de autoridades y asestada de forma directa por feminicidas, clama justicia.

Por eso hacemos un llamado a funcionarios para que asuman su actividad como un servicio. La dignidad de su cargo y la vida pública reside en el hecho de que su destinatario natural, la sociedad y, de forma especial, quienes más han sido violentadas, dependen del buen funcionamiento de lo público.

Hasta la fecha, la única acción realizada por el gobierno de Juan Manuel Carreras fue ordenar se limpie la fuente que se tiñó de rojo y claro, previo al mantenimiento retiraron el letrero: en San Luis Potosí, Vivas nos Queremos.

@RicSanchezGa

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