Vicente, el mensajero del mal (Parte 2 de 2). Relato de Larry Zavala

19:09 06-Julio-2016
Vicente, el mensajero del mal (Parte 2 de 2). Relato de Larry Zavala

EL ÓRGANO DEL TERROR

mensajero

Tardaron más de 30 minutos en llegar a la hacienda pero mientras iban caminando, la gente murmuraba. Ellos no sabían qué era lo que pasaba y seguían caminando. Al llegar a la hacienda a recibir órdenes del patrón vieron que todos en la casa lloraban y andaban de lado a lado.

La mamá de Vicente se acercó a una de las otras señoras que ahí trabajaban y le preguntó

-Pues bueno, ¿por qué hay aquí tanto alboroto?
-Pues qué no sabes que ayer en la madrugada la esposa del patrón se encontraba en labor de parto y el chamaco venia cruzado –le dijo-, y la partera no logró salvarlo, ni a él ni a la esposa.

Vicente no decía nada ya que él había estado ahí en la noche. Prefería callar por temor a alguna represalia y sobre todo por miedo.

Se llevaron a cabo los funerales de la esposa del patrón y del nonato al día siguiente de la tragedia. Vicente no podía dejar de quitar la mirada de aquel niño violáceo, de ojos hinchados, aunque no lo veía por eso, sino porque el niño había sido envuelto en la mantita que él había ido a entregar la noche que sucedieron las cosas.

Pasaron dos días después del suceso y Vicente inocentemente pensaba “qué mala suerte no pudieron disfrutar el regalo; hasta enterraron al niño con esa cobija”. Se quedó dormido y por ahí de la una de la mañana escuchó pasos fuera del lugar donde vivían. Se levantó, se asomó y vio a Damián. Se acercó y al llegar a él le dijo:

-¿Sabes que la señora y el hijo del patrón murieron?

Damián le contestó con un tono muy normal:

-Sí, lo supe. Es una verdadera tragedia -le dijo-, pero, bueno, aquí lo importante es seguir con nuestras vidas así que traigo otro encargo para ti, Vicente. Quiero que lleves a la casa del velador de las caballerizas esta vela y se la entregues ya sea a él o su esposa. Te daré una moneda por llevarla.
-¿Pero por qué siempre de noche?- preguntó Vicente.
-No tengas pendiente –respondió Damián- si quieres se la puedes llevar mañana muy temprano, acentuando su orden y diciendo “al fin con él aún hay tiempo”.

Vicente tomó su moneda y la vela; se metió a dormir y guardó su moneda. Al despertar, su madre le dio la noticia de que ya lo había podido meter a la escuela con lo que le habían dado por la moneda y que además le había sobrado mucho dinero.

Vicente estaba muy alegre porque por fin iría a la escuela. Su madre le comentó que con lo que le había sobrado de esa moneda aun podía comprar unos animalitos y una cama para que durmieran mejor. Vicente no tenía ni idea de la cantidad de dinero que era así que le dijo que estaba bien, que lo comprara.

Tomó la vela y se fue a entregarla al lugar que le habían dicho. Tocó a la puerta; eran cerca de las 9 de la mañana; salió la esposa del velador y le dijo:

-¿A qué vienes, Vicente?
-Solo vengo a entregar esta vela que les mando el señor Damián, ¡solo a eso!-dijo.

La señora tomó la vela, le dio las gracias y le dijo que se cuidara muy bien. Vicente estaba muy ilusionado porque ese día por la tarde comenzaría a ir a la escuela. Se apresuró y le dijo a su madre que a qué hora se irían a la escuela y ella le dijo:

-Debes estar ahí a las 2 de la tarde, Vicente.

Unos minutos antes de las 2 de la tarde, Vicente caminó presuroso a la escuela. Llegó, se instaló y comenzó a poner atención en todo lo que decían. Su primer día fue fantástico, llegó a la hacienda y al pasar por la casa del velador se dio cuenta de que había mucha gente y que estaban velando a alguien. Se acercó y pregunto qué pasaba.

La esposa del velador salió, abrazó a Vicente y le dijo que gracias a la vela que él había llevado en la mañana, justo al momento de encenderla y de orar frente ella, su esposo el velador había dejado de existir.

-Ya tenía varios días muy grave y yo lo encomendaba a Dios nuestro señor y no terminaba de descansar.

Vicente pasó junto al petate, se persigno y se fue a su casa. Cuando llegó encontró a su madre muy contenta y al preguntarle la causa de su alegría esta le contestó que ya había comprado la cama y que al patrón ya le había comprado algunos animalitos, que lo que le faltaba era hacer un corral donde los pudieran meter.

Vicente sintió mucho gusto y le dijo a su madre que al regresar de la escuela había visto que el velador se había muerto, que lo estaban velando ahí en la casa de él. Ella volteó y le dijo:

-Ni modo, creo que ya le tocaba.

Se acostaron tranquilamente hasta conciliar el sueño.

Pasaron casi 3 semanas sin que Vicente pudiera ver a Damián. Iba feliz a la escuela pero se preguntaba qué sería de su amigo, pues él tenía ya varios días con esa incertidumbre y pensó que por la edad algo le pasaría.

Un día Vicente salió de la escuela y uno de sus compañeros le pidió que lo acompañara a su casa ya que estaba retirado y su mamá ese día no había ido por él porque estaba enferma. Caminó a la casa de aquel muchacho, cuando observó que a su paso un señor no muy grande, como de unos 50 años, vestido muy sobrio y elegante, los vio pasar sin quitarles la mirada y esto los hizo apresurar el paso.

Llegaron a la casa de su compañero, quien lo invito a pasar aunque Vicente solo le dijo que ya era tarde y que tenía que irse, así que comenzó a caminar hacia su casa, cuando de la nada el señor que había visto pasar cuando iban en camino a la casa de su amigo se apareció ante él y le dijo:

-No te asustes, ¿o qué acaso ya no me reconoces?
-¡No!-le contestó un tanto sorprendido.
-¿No te acuerdas ya de tu buen amigo Damián?- le dijo.
-¡Tú no eres Damián!-le dijo-¡Damián es más viejo y se viste de otra forma!

Damián se rio y le dijo:

-Pues es que así es como me has visto por las noches pero en realidad no soy tan viejo. Ten, toma una moneda y hazme favor de llevar este rosario a la casa de tu amigo de donde acabas de regresar, ve corriendo de una vez para que ya te regreses a tu casa.

Vicente tomó el rosario y la moneda y se fue corriendo a hacer el entrego. Llegó a la puerta de la casa, tocó, salió su amigo, le entregó el rosario y le dijo:

-Este rosario es para que puedas orar y pedir por la salud de tu madre.

Su amigo le agradeció y Vicente se retiró del lugar. Llegó a su casa y su madre ya lo esperaba a cenar; terminó y le dio a su mama la otra moneda. Ella no lo cuestionó. Se puso muy contenta y se durmieron tranquilamente.

Al día siguiente se llegó la hora de ir a la escuela; Vicente aceleró el paso porque, como de costumbre, ya iba demasiado tarde. Al llegar y entrar a su clase el profesor dio la noticia de que la mamá de su amigo Pedro había muerto por la noche.

Vicente se quedó súper impactado porque fue justo en ese momento que se dio cuenta de que a cada domicilio al que iba a entregar lo que Damián mandaba, en ese lugar moría alguien y pensó durante todo el tiempo que estuvo en la escuela si Damián sería alguien malo.

“¿Por qué cada que lo enviaba con alguien se morían? ¿Por qué las cosas que llevaba terminaban siendo como señal o mensaje para que alguien muriera?

Una noche después de ese día, Vicente logró escuchar la tos que lo despertaba cada que veía a Damián. Se paró, salió y lo encontró ahí parado, solo que esta vez lo veía aún más joven de lo que lo había visto la última vez.

Se acercó a él y le dijo:

– ¿Te puedo preguntar algo, Damián?

Damián, sin siquiera haber escuchado la pregunta le respondió:

-No, Vicente, yo no soy malo, solo ayudo a que las personas puedan encontrar su camino hacia su descanso eterno, su camino hacia la luz.

Vicente se sorprendió de que le contestara sin que él hubiera hecho la pregunta.

Damián le dijo:

-No debes de temerme, hay mucha gente que sí me teme, solo te pido que no me tengas miedo y que sin cuestionarme sigas ayudándome con mi trabajo. Cada vez te daré más monedas.

Vicente aceptó porque de cierta manera entendió que no era malo y asentando con su cabeza le dijo que sí. Damián se dio media vuelta mientras desaparecía en la neblina de la madrugada y le dijo:

-Recuerda, no debes de cuestionar ninguno de mis designios.

De esta manera comenzaron a ser más frecuentes las visitas de Damián a Vicente haciéndole encargos. Ya Vicente sabía bien lo que tenía que hacer. Pasaron casi 2 años; el niño Vicente ya era un joven de casi 14. Su vida había cambiado; su madre y él ya tenían un rancho propio con animales y cultivos que ya solo eran de ellos.

Tenía algunos empleados a su orden; su madre comenzaba a refinar sus arraigados hábitos de campesina; su vida había cambiado muchísimo. Vicente recibía los encargos de Damián, aunque cada vez era más sombrío, más raro. Ya era muy parecido a Damián, imitaba mucho su forma de ser, de hablar, de decir las cosas.

Un buen día llegó Damián y tocó a la puerta de la casa de Vicente. Abrió una muchacha que les ayudaba con las labores de la casa a quien preguntó por Martina, la madre de Vicente. Esta corrió y le habló a la Sra. Martina, quien salió y vio a un hombre muy guapo sentado en el comedor de la casa y le dijo:

-Dígame, señor ¿Que se le ofrece?

Justo en el momento en que ella preguntó llegó Vicente y cuando entró casi se muere de la impresión de ver a Damián sentado en ese lugar. Damián se paró, saludó a Vicente y le dijo:

-Qué bueno que llegas Vicente, precisamente venía a entregarle unas cosas a tu madre pero ahora que ya estás aquí, prefiero que seas tú el que se las entregue.

Vicente tomó las cosas y Damián sonrió. Dio dos pasos, Vicente volteó y le aventó las cosas que había llevado a su casa. Damián no volteó ni nada. Su madre le preguntó a Vicente la razón porque le arrojaba las cosas al señor.

Vicente comenzó a llorar; Damián llegó a la puerta y sin voltear dijo:

-No te preocupes, Vicente, este era tu destino. Toma las cosas y entrégalas.

Vicente, llorando, recogió un crucifijo y una Biblia pequeña que era lo que Damián había llevado. Tomó a su madre Martina de las manos y se las entregó mientras la abrazaba no pudiendo contener su llanto.

Se llegó la noche y con ella la hora de ir a dormir. Vicente vio cómo su madre se acostó en su cama plácidamente él se la paso en vela sin poder conciliar el sueño. Él veía que su madre estaba muy cómoda y sin pensarlo le ganó el sueño.

Al despertar y ver que había amanecido corrió a la cama de su madre y al intentar despertarla solo movía ya su cuerpo inerte sin un soplo de vida. Se soltó en llanto y se decía a sí mismo que ahora sabía el dolor que había causado a otros pues lo estaba viviendo en carne propia.

Sintió una corriente de aire y al levantar la cabeza vio como Damián estaba parado en el otro costado de la cama de su madre.

-No te culpes, Vicente –le dijo- tu solo has realizado una tarea del orden natural que desde que naciste estabas destinado a realizar. Ahora tu madre está descansando tal y como la gente a la que te envié a entregarle cosas.

Levántate toma fuerza y sigamos con nuestra tarea.

-¿Cuál tarea?- preguntó Vicente.
-A partir de este momento –contestó el otro- tú solo ya sabrás a qué personas visitar y en qué lugar para que puedan encontrar el descanso.

Vicente le pregunto cómo haría eso y Damián volteó para decirle

-Desde pequeño tú traías ese don contigo. Yo ahora solo lo he perfeccionado. Cuídate, Vicente.

El hombre desapareció sin dejar el más mínimo rastro. Nunca fue visto nuevamente por Vicente y desde ese día él ya sabe todos y cada uno de los lugares a donde tiene que ir a entregar a los moribundos el don del bien morir.

Espero que esta historia haya sido del agrado de todo el público,

Y RECUERDEN: QUE EL TERROR INVADA SUS SENTIDOS PERO JAMAS EL AMOR DE SUS CORAZONES.
Se despide en otra ocasión su fiel servidor EL AMO DEL TERROR: Larry Zavala.

 
 
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