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¡Yo vi a Roger Federer! | Columna de Emmanuel Gallegos D.

Gambeta

La victoria de Roger Federer el pasado fin de semana en el Abierto de Australia es una prueba de la grandeza y profesionalismo que ha tenido el tenista suizo a lo largo de su carrera (aunque en sus inicios fuera más temperamental y explosivo por la novatez). Su título número 20 en torneos de Grand Slam, lo pone en la cima del tenis masculino (en cuanto a títulos) y se acerca a los 24 que poseen Court y Serena en la historia del tenis, además de reforzar su lugar especial en la historia del deporte, al lado de personajes como Michael Jordan, Pelé, Joe Montana, Michael Schumacher o Usain Bolt.

Prácticamente ha conquistado todos los torneos en los que ha participado (lástima que nunca haya aceptado la invitación para jugar en Acapulco), ha derrotado a rivales más fuertes, más rápidos y más jóvenes (Nadal, Djokovic Murray, Cilic, Tsonga, por mencionar algunos) con una clara demostración de elegancia y efectividad. Pareciera que la edad únicamente ha logrado potencializar aún más sus habilidades técnicas, nunca fue muy rápido, pero él mueve a los demás, no necesita correr tanto (o como dijera Romario: que corran los que no saben).

Ser considerado un deportista legendario va más allá de los títulos conseguidos o del dominio que puedas tener en tu disciplina, Federer ha demostrado ser un caballero dentro y fuera de las canchas. Centrado únicamente en el deporte y en su familia, un verdadero profesional. En el último título conseguido, declaró lo importante que ha sido su esposa (y sus hijos) para los logros obtenidos, siendo pilar y no dejándolo renunciar aún en los momentos difíciles donde su carrera parecía llegar a su fin.

Hace poco le cuestionaron por qué, pese a tener tantos títulos y haberlo conseguido todo, cada que gana una final rompe en llanto como si fuera el primero, su respuesta es más que reveladora “tenía un entrenador que me dijo que nunca llegaría a ser nada, que el tenis no era para mí y no tendría futuro en él; ahora, cada que gano recuerdo esas palabras y siento una enorme felicidad de haber podido demostrarle lo contrario a él y a quienes no confiaron en mí”. En muchos de los casos las figuras salen adelante pese a las adversidades, pero regularmente con el apoyo de algún maestro/entrenador/preparador que los anima y en este caso fue todo lo contrario, ni su entrenador creía en él.

Muy poco expresivo y a veces algo serio con la prensa, es quizá el único detalle “negativo” del suizo, pero a final habla en la cancha y es donde todos queremos verle y donde mejor lo hace. Para mí, es el modelo de deportista a seguir, (ni Messi, ni Cristiano, que son los deportistas más populares del momento), en un deporte de caballeros Roger es prueba de que aún existen. Ojalá tengamos el placer de verlo muchos años más, dando cátedra y deleitando nuestras pupilas con tan excelente don y forma de jugar, con la elegancia y exquisitez que un deporte como el tenis exige. ¡Gracias Roger!    

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