#4 TiemposCalifornia: Crónicas de animales salvajes

Ventura | Columna de Edén Ulises Martínez

Crónicas de animales salvajes

“Las ciudades son un miserable recinto donde se contienen todas las humanas derrotas.” —Valerio Máximo

 

Ventura es la capital del condado que lleva su mismo nombre gracias a su importancia turística y al valor histórico de las calles de su downtown, no por su demografía y desarrollo comercial. Es una ciudad californiana perfecta, las casas están pintadas de colores claros, sus céspedes son verdes y tablas de surf adornan una cantidad exagerada de tejados. Este retrato arquetípico de la vida en la playa fue fundado por franciscanos en 1782 y comenzó siendo una de las muchas misiones católicas de la zona. Su nombre lo lleva por San Bonaventura, nacido Giovanni di Fidanza, intelectual fundador de la Orden de San Francisco nombrado Doctor de la Iglesia por el papa Sixto V, en 1588.

Ventura también tiene una de las líneas de costa más peligrosas del Sur de California, con una tasa de asaltos y homicidios por encima de la media. De noche, el espacio que se extiende del Marina Park al Surfers Point —protegido por un enorme rompeolas— es un impresionante microcosmos lumpen, en donde puedes encontrar toxicómanos profesionales, prostitutas/prostitutos encendiendo basura y a los ya clásicos vagabundos con carteles que anuncian el fin del mundo.

Me cuenta Rod, mientras recorremos el lugar con mucho cuidado, que este mundo postapocalíptico termina igual de abruptamente que como empieza. Y tiene razón: damos algunos pasos, bajamos a oscuras unas escaleras y ya está, la playa está sola y limpia de nuevo. “Esa sección del Marina Trail siempre ha sido así de noche, de día está vacía pero puedes encontrar restos: envases de cerveza, colillas de cigarro e incluso agujas usadas. La policía de vez en cuando hace operativos sorpresa, se lleva a algún par de ingratos y los trata de procesar por cualquier delito que pueda probarles, después salen y lo primero que hacen es regresar, creo que les gusta la vista”. El ruido ya se quedó atrás y prendemos dos American Spirit. Las olas se escuchan al crujir contra el continente, límpidas.

Mientras caminamos sobre la arena, Rod Fernández dice que una vez vio una foca muerta en la playa. Le contesto que en una ocasión también yo, en Oxnard, vi un cadáver de foca. Por alguna razón siento que el acontecimiento nos hermana y que ahora me tiene más confianza. “Vivir en Ventura es bonito, pero mmm, no sé”, refunfuña, “todo mundo se esfuerza demasiado aquí por parecer cool, ¿sabes?, la gente es hermosa y rica , se esfuerza en ser hermosa y rica, y si no es hermosa y rica, no va a la playa, entonces en la playa, de día, solamente hay gente hermosa y rica, es un círculo. Esto, creo yo, hace que la gente que no es tan hermosa ni tan rica, o que no es nada hermosa y nada rica, no salga de su casa porque le da vergüenza, entonces se deprimen y viven gordos y pobres y tristes toda su vida.” Me parece que Rod fuma demasiado rápido, pero no digo nada, no quiero interrumpirlo y al final de cuentas cada quien fuma como le de la gana. “Por eso creo que existen lugares como el que acabamos de pasar, apéndices urbanos de la basura del capitalismo. Los vagabundos y los drogadictos y los profetas de fin de semana están ahí porque no pueden estar en ninguna otra parte de la ciudad, los corren, los miran con desprecio… vaya, no los estoy defendiendo, seguro que hay más de un enfermo homicida entre ellos, pero al final de cuentas, lo que yo creo es que la mayoría solo es gente que no pudo ser hermosa y rica y que terminó por volverse loca por eso.”

Seguimos andando y nuestros pies van haciendo un caminito iluminado por la luna que pronto será borrado por el agua. Nuestra siguiente parada será el muelle, ahí cambiará el mundo completamente con el avistamiento de los primeros mástiles y velas, y también cambiará la conversación. Así es Rod, versátil, como buen enemigo de la monotonía sus temas se adaptan al ambiente. “Como te decía mi querido Edén, te va a encantar mi bote”.

Me va a encantar su bote.

Ventura es una pequeña ciudad californiana, está once metros sobre el nivel del mar y tiene aproximadamente 110 mil habitantes. Uno de ellos es un operador de carga pelirrojo de 32 años que se llama Rod Fernández. Fuma American Spirit y tiene un Baylander Cierra 2550 que se llama “Morelia”, en el que duerme desde que decidió mudarse del barrio de enfrente, el Marina Trail.

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