#4 TiemposMucha mierda

Veinticuatro años de debates en México | Columna de Alejandro Tello

Mucha Mierda


A propósito de los tiempos electorales que vivimos (¿cuándo no sería tiempo electoral si ampliamos el término para abarcar las prácticas que se desarrollan desde los distintos espacios de gobierno?), uno de los aspectos centrales son los debates, los cuales están presentes en la conversación a lo largo y ancho del país: desde la plática en el transporte público hasta lo que se comparte en las diferentes plataformas digitales de redes sociales.

Señala el profesor e investigador Juan Larrosa Fuentes, experto en comunicación política y elecciones, que los debates son ejercicios retóricos y de comunicación oral, donde los candidatos interactúan frente a frente (pocas veces se da esto de manera pública) y durante el tiempo en que se lleva a cabo el ejercicio, los ojos del país se concentran en ellos. Para ello es fundamental el papel que diferentes pantallas han ejercido a lo largo de la historia de los debates, primero la televisión, y ahora sumadas otras plataformas como Youtube, Facebook o el mismo Twitter. Ciertamente sin la transmisión de los debates a través de la televisión, en un primer momento, estos no tendrían sentido.

En México es muy reciente la historia de la organización de debates, a diferencia de lo que ocurre en otras democracias más avanzadas como Estados Unidos (EU) o Francia, donde precisamente estos ejercicios comunicativos tienen su origen. En EU, el primer debate se desarrolló en 1960 entre Richard Nixon y John F. Kennedy, mientras que para que ocurriera en México tuvieron que pasar 34 años años más, durante las campañas electorales de 1994. Es decir, apenas hace 24 años.

En aquella ocasión la confrontación fue entre Cuauhtémoc Cárdenas, del PRD; Diego Fernández de Cevallos, del PAN; y Ernesto Zedillo Ponce de León, del PRI. Para entonces estos ejercicios no eran regulados ni organizados por el entonces Instituto Federal Electoral. Este primer debate en la historia del país fue coordinado por la Cámara de la Industria de la Radio y Televisión (CIRT), y estuvo motivado principalmente a petición expresa de Luis Donaldo Colosio cuando fue nombrado precandidato del PRI en noviembre de 1993. Trece años después, en 2007, el IFE asumió el mandato exclusivo de la organización de al menos dos debates presidenciales.

Con tan poca presencia histórica de estos ejercicios en la democracia mexicana (son cinco campañas electorales en los que se han desarrollado), ha habido poco qué hacer con respecto al formato tan acartonado que suele tener, y que deja de lado el intercambio directo de ideas y su contrastación. Nuevamente, a diferencia de otros países con mayor tradición en donde hasta se permiten las interrupciones directas entre candidatos.

Sin embargo, mismo Larrosa Fuentes señala que en muy pocos casos en el mundo es norma este intercambio de ideas, sino que se diseñan en función de montar un espectáculo, «para mostrar el cuerpo, la valentía, la astucia y no los argumentos de un tecnócrata o la filosofía de un ratón de biblioteca. Los debates están hechos para persuadir al electorado, no para para generar procesos de deliberación pública».

Aún con esto presente, tiene mucho valor que para la campaña electoral que estamos presenciando el desarrollo de los tres debates organizados por el INE se hayan abierto a formas más dinámicas, en lugar de tener solamente momentos para argumentar y replicar, moderados por un alguien de forma muy cuadrada. Así, para el primer debate del 22 de abril pasado, se permitió una moderación activa en donde los candidatos y la ex candidata fueron cuestionados directamente por Azucena Uresti, Denise Maerker y Sergio Sarmiento. En el segundo debate, del 20 de mayo, la presencia de público participativo marcó pauta en México siendo la primera vez que ocurre esto, asemejando el formato de los debates en EU. Para el tercer debate, a llevarse a cabo el 12 de junio, se incluirán preguntas realizadas a través de plataformas de redes sociales.

Una vez que se vayan afianzando las posiciones en la carrera rumbo a la presidencia, se podrá observar el impacto real de este tipo de adaptaciones que ocurren en los debates, los cuales, de entrada, responden a una mayor exigencia por parte de la sociedad civil para participar en la vida política del país. Esto con la intención de extender la deliberación pública a otros sectores de la sociedad.

@alejandrotello

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