Enred@rte

Varsovia como pregunta | Columna de Jorge Ramírez Pardo

enred@rte

 

“El gueto de Varsovia”, el “pacto” de.. , el “levantamiento” de…, la “reconstrucción” de…, se enuncian como trivias o meras referencias Polonia, tierra del sindicato Solidaridad y de Walesa.

Una rápida revisión en su línea de tiempo, muestra a un país bordado por guerras e invasiones extranjeras durante el último milenio. En lo remoto, Lituania, Suecia, Rusia, Turquía. Durante el siglo XX  las ocupaciones, rusa antes de la Primera guerra mundial, luego alemana de 1939 a 1944 y, desplazada por la ocupación soviética de la cual se emancipó recién en 1989.

La circunstancia fortuita

Fui a Polonia con la encomienda de encontrar una pieza conceptual en un parque escultórico. Me salió al paso una nación admirable en su capacidad de sobreponerse al horror de la guerra, renacer cargada de memoria –luego del Levantamiento de Varsovia durante 63 días y culminó con la destrucción casi total de la ciudad durante el verano de 1944.

País visible con la vista y dinámica ancladas en un futuro que muestra una nación (concepto en desuso a causa de la globalización) renacida con el orgullo y dignidad (acaso sin corrupción como en conocido país tropical), y, hay que insistirlo, con memoria –en posterior entrega habré de referirme al Museo referido al tema y fenómeno cultural que genera-.

Chopin y sus aliados

En distintos puntos de la ciudad, se subraya en los más visitados, hay culto a los numerosos caídos y a los grandes hombres de la ciencia, el arte y la milicia. Federico Chopin, por cierto, es el más presente y reconocido. Hay un recorrido musical en una extensa ruta peatonal que permite descargas de las mejores interpretaciones de su música, festivales en su honor y al menos un concierto al aire libre frente a la escultura monumental, obra de Wacław Szymanowski, que le representa en el parque Lazienki Krolewskie. Por cierto, ese parque evoca el antiguo reinado polaco, con su bosque, jardines y palacios convertidos en museos y salas de conciertos, para afirmar la generosa oferta cultural. De ese país se puede decir “un músico y atleta en cada hijo te dio”.

El imperio soviético en retirada

El Palacio de la Cultura y la Ciencia es el edificio más alto y de los más emblemáticos de Varsovia, la capital de Polonia, fue construido por orden de Stalin “como regalo a la nación” entre 1952 y 1955, cuando la ocupación rusa que se dio entre 1945 y 1989. Tiene 42 pisos y 230 metros de altura. Cuenta con salas de conciertos, teatros, auditorios, cines y museos.

Cercano a ese edificio, de 30 a 40 años a la fecha y sin interrupción hasta el presente, se han construido edificios altos, funcionales, cargados de esmero arquitectónico. Es tal, si se vuelve la mirada hacia cierto flanco, aquel conjunto luce como un segmento de Nueva York o de la Défense en París. La mayoría albergan hoteles y oficinas. Es un marcado contraste con la Varsovia antigua fundada en el siglo XII unos kilómetros al norte sobre colinas que se asoman hacia el río Vístula que cruza la ciudad del noroeste al centroeste.

Hay en Varsovia un notable flujo turístico de predominio nacional, o procedente de los países que formaron la Unión Soviética, y una economía ascendente que le da notable dinamismo a una ciudad y país que recibe inversiones para la industria, servicios y franquicias de Alemania y Francia, de otros países de Europa Central y de Estados Unidos (en 2007 su producto interno bruto creció 5.8%, el doble que la media de la Unión Europea).

Realidad que interroga

Varsovia luce funcional y renacida, ya dije dinámica. No hay contaminación visual por anuncios y sí una población a distintas escalas volcada a producir y consumir expresiones artístico/culturales. Tiene memoria de su pasado reciente y remoto manifiesto en sitios públicos para propios y extraños. Está orgullosa de sus creadores, científicos y luchadores. ¿Podrá emularla algo de eso un país tropical regido por la corrupción de la cual hay tantos derivados? ¿Puede Polonia sobreponerse al espejismo capitalista autodestructivo generador de pobreza, guerras y discriminación?

***

Corcheas

Aún hay en existencia camisetas emblemáticas de la delegación mexicana que acudió a la Cinemateca de París. Las encuentras en Las Sevillanas de Nicolás Zapata, frente a Vips o en la Casa de Barrio de San Miguelito.

@PEnredarteslp

También recomendamos: El cine que incide en la vida juvenil | Columna de Jorge Ramírez Pardo

Previous post

¿Dónde escuché esa canción? | Columna de Luis Moreno Flores

Next post

#Especial | De Venezuela a San Luis Potosí