#4 TiemposColumna de Ricardo Sánchez García

El Varón Justo, Hombre del Silencio | Columna de Ricardo Sánchez García

Sin partitura

Acomodaba silla y computadora para iniciar el presente escrito sobre las virtudes de San José, cuando escuché una vocecita “papá jugamos al futbol” y no pude más que hacer a un lado mis reflexiones y postergar esta tarea. Lo que sigue no pretende en absoluto ser una homilía, es más bien una reflexión personal sobre San José, en el marco de la fiesta que cada 19 de marzo la iglesia católica celebra. Dos virtudes del padre de Jesús que han influenciado mi vida.

A San José se le ha llamado de diferentes maneras: obrero, carpintero, consejero, padre putativo, padre adoptivo, esposo de María…y un gran etcétera que le siguen a su nombre. También se han resaltado virtudes derivadas de reflexiones teológicas a partir de lo poco conocido de su vida. Todas derivan del amor que por él han profesado diversos personajes eclesiásticos: San Anselmo, Santo Tomás de Aquino, San Jerónimo, Santa Teresa de Jesús, el Padre José María Vilaseca, entre otros.

Sin duda, el rol que más me gusta de San José es el de padre y protector de Jesús durante su infancia y hasta antes de la vida pública, a quien seguro le transmitido el oficio de carpintero. Pero su parte en la historia de la salvación deriva de la obediencia al llamado de Dios y aceptar desposarse con María.

De las muchas virtudes atribuidas al santo, a mí me han gustado especialmente dos: San José fue llamado Varón Justo y también el Hombre del Silencio. Después de mis viejas lecturas y ulteriores reflexiones, he retomado mis apuntes tratando de respetar las razones teológicas, pero sin soslayar mis recientes influencias ideológicas. Conociendo además las principales interpelaciones de otras corrientes no clericales, pongo a consideración mis razones personales para proponerle como modelo a seguir.

El Varón Justo. En el evangelio de San Mateo 1, 9 se lee que “José era un hombre justo”. Pues bien, el título de justo sólo se podía dar a una persona moralmente recta, libre de titubeos para rechazar cualquier delito o acción que ofendiera a Dios, de quien se reconocieran públicamente sus virtudes. Ser justo representaba además un cúmulo de otras virtudes como la prudencia, la humildad y una voluntad inquebrantable.

He escuchado algunas personas decir que “la palabra” antes tenía valor y era suficiente para el cumplimiento de un acuerdo. Hoy en día está desvalorizada cada vez más, pues hasta para la solución de conflictos menores, preferimos dejar asentado por escrito cualquier acuerdo, incluso el de no cometer agravios contra una persona, como si respetarnos no fuera suficiente. Vaya si necesitamos revalorar nuestras acciones y tener ejemplos dignos de ser asimilados en la vida práctica.

El Hombre del Silencio. Hay estudios teológicos que fundamentan suficientes razones para pensar que el carpintero José era conocedor del llamado de Dios a María, para ser esta la madre de Jesús, antes de que el ángel le revelara también a él su participación y la difícil tarea: poner el nombre de Jesús al niño que María dará a luz. Esto además de reconocerle como verdadero padre, le otorga la enorme responsabilidad de custodiar por siempre a ambos.

En este tenor hemos reflexionado en otras ocasiones  la existencia de varios tipos de silencios: el de un cómplice, obligado por su participación en un hecho delictivo; el de la víctima como un derecho a no manifestar públicamente los delitos sufridos. Pero aquí tenemos otro silencio: la decisión pronta y comprometida de hacer la voluntad de Dios, sin chistar, pero actuando. Quizá sin comprender plenamente el misterio y los alcances de su función, San José es un ejemplo de perseverancia y trabajo constante a favor de su familia.

Saber aparecer y desaparecer en los momentos prudentes, es una virtud practicada por pocas personas. San José supo permanecer en silencio al lado de María y Jesús sin mayores pretensiones de opacar en absoluto la misión de cada quien. Hoy diríamos, manejar un perfil bajo para no interrumpir un objetivo importante. Así, en muchas ocasiones supo ponerse en segundo y tercer término.


Ser Justo y saber guardar silencio: sin algarabías innecesarias, gritos desorbitantes o exhibicionismos egocéntricos son las virtudes que pongo a consideración de mis lectores. No pretendamos aplicar la regla de forma intolerante o callar ante una injusticia, confundiendo esto con las virtudes de San José. Aún debemos aprenderle mucho.

Me da gusto que compañeros, ahora especializados en temas de género, como el caso del Dr. Gabriel Martínez Elvira, no tengan reparo en proponer a San José como ejemplo, incluso para las nuevas masculinidades, por sus acciones concretas, por la presencia afectiva en su rol paterno, entre otras virtudes.

Dicho lo anterior, reconozco en San José a la imagen varonil, paternal y abrasadora como una influencia importante en mi vida. Por ello considero valió la pena el desvelo al haber suspendido este escrito para jugar futbol con mi pequeño hijo.

Así me imagino a Jesús en la carpintería de su padre.

@RicSánchezGa

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