ContrapuntoNoticias en FA

Valores, colores e identidades | Columna de León García Lam

Contrapunto

Me disculpará usted que no se hablé aquí de los candentes temas del momento: o sea, los escandalosos sucesos del Honorable Congreso y la Auditoría Superior del Estado o de la muy lamentable actuación del Director de Comunicación Social del Gobierno contra La Orquesta, y aunque me encantaría esgrimir un par de argumentos que no se han puesto sobre la mesa de opinión (por ejemplo: que el PAN no puede deslindarse de los actos de sus diputados), voy a referirme a un tema que fue tachado de superficial desde hace unos días: los colores de la identidad.

Todo empezó cuando salieron los rumores primero y después las noticias confirmadas que el hoy equipo de fútbol Atlético San Luis (antes San Luis Fútbol Club, o los santos, auriazules o reales), no solo iba a contar con la intervención financiera del Atlético de Madrid, sino que el uniforme iba a cambiar de colores… ¡bueno, que solo iba a cambiar un color (el oro) por otros dos, el rojo y el blanco…! Muchos aficionados pusieron el grito en el cielo. Ya se imagina: que cómo, que por qué, con qué derecho… etc., (nomás piense en los que -habiendo jurado lealtad eterna- se tatuaron los colores del equipo). Como era de esperarse, salieron (a las redes sociales) los antifutbolistas a decir que había cosas más importantes que discutir que los colores de un equipo de fútbol. Y punto.

Quien piense que las cuestiones de la identidad son una cuestión superficial podría cometer un error de perspectiva. No importa si se trata de un logotipo escolar, de un partido político o de un torneo de bádminton: los colores, las insignias son portadoras de valores y de algo que hace mucha falta: tejido social. Es decir, de unión, de camaradería, de identificación. Quizá un equipo de fútbol no sea algo importante frente a los graves problemas que enfrentamos. Pero, pedir a unos hinchas renunciar a sus colores, aquellos que los hacen equipo, a cambio de un financiamiento pues suena igual de peor que vender a su abuela.

Seguramente habrá aficionados al fútbol que piensen: “no pasa nada, simplemente son colores y aunque cambien, el equipo seguirá siendo el mismo”. Pero pasan por alto, que los “hombres de pantalón largo” (así les dicen a dueños y directivos…) por cuestiones de dinero son capaces de cambiarse no solo de equipo sino hasta de deporte, y poco les importan las lealtades de sus hinchas, a quienes convencieron de “ponerse la camiseta” con unos colores, y después con la mano en la cintura, les dicen que los cambien.

Tan importantes son los colores en relación con la identidad que, nuestro Presidente Municipal ha invertido mucho dinero, no de él, sino de nuestras arcas y hasta de sus empleados, en pintar de amarillo las fachadas de las viviendas populares. No ha escatimado en saturar nuestros paisajes y nuestras pupilas de su estridente identidad; pues, aunque sea de mal gusto, es un posicionamiento electoral. Algo parecido hicieron todos los gobernadores y presidentes municipales anteriores: lejos de usar los colores que identifican a la población que gobiernan, usan mezquinamente los de sus partidos.

En conclusión, culto lector de La Orquesta, es que, si los colores son portadores de valores, de historia y de identidad, lo que resulta preocupante es la facilidad con que se pueden cambiar, vender, destruir y utilizar. En escala, de lo importante a lo sencillo, las noticias son las mismas, Congreso, Gobierno del Estado o el equipo de fútbol: trata de personajes o instituciones que por dinero son capaces de olvidar sus principios, a sus comunidades y a sus colores.  

@guaname

También recomendamos: Premios y convocatorias bajo sospecha | Columna de León García Lam

Previous post

Enfermitos | Columna de Silverio Marín

Next post

#Entrevista | Aleix Sanmartín, el hombre detrás de AMLO, Alfredo del Mazo, Marcelo Ebrard...