#4 TiemposMosaico de plumas

¿Usada o nueva? | Columna de Andrea Lárraga

Mosaico de plumas

 

Nací en 1994. Pertenezco a una generación que sueña con llenar el pasaporte de sellos. Una generación que cada vez piensa menos en casarse. En una sociedad de la inmediatez, casarse significa una inversión grande de tiempo y compromiso. Significa cerrar la puerta a otros inversionistas. ¿Por qué vivir en un monasterio cuando puedes vivir en Leonia? Ciudad donde todo se desecha a diario. Esa ciudad donde “la verdadera pasión de Leonia es en realidad, como dicen, gozar de las cosas nuevas y diferentes” de la que habla Italo Calvino en Las Ciudades Invisibles y que recuerda un poco a nuestra sociedad. Casarse en este nuevo orden parece una contradicción biológica. Pensé que lo más difícil sería ser rechazada por mis amigos, quienes en su mayoría forma parte de ese grupo de jóvenes que viajan por el mundo y gastan miles de pesos en festivales de música. Un grupo de moceríos que gusta de relaciones inmediatas. De amores que se encuentran en aplicaciones. De idilios que se pueden borrar con sólo oprimir un botón. Error, lo más difícil es aceptar que te llamen SEÑORA.

La primera vez que me dijeron señora fue en un bar. Recuerdo las palabras exactas Señora, le ofrezco otra cerveza la primer palabra retumbo en mis oídos por semanas. Durante años había ido a beber en compañía de mi pareja, pero siempre se referían a mí como señorita. Me sorprendió lo observador del camarero, pues mi complexión no ha cambiado en nada, ni siquiera tengo panza normal para suponer hijos, sólo la argolla de matrimonio adorna mi cuerpo. A partir de ese día, algo inexplicable pasó, en el súper, en la carnicería se empezaron a referir hacia mí como señora. Molesta pensé que el término señora es de alguien que tiene experiencia en todos los aspectos. No una mocosa que juega a la comidita como lo hacía en su microhornito. Pensé que es una tontería hacer una diferencia entre señorita y señora. Todas somos mujeres. ¿Qué importa nuestro estado civil? ¿Se vale más por estar casada? ¿Por qué una señora es validada por un hombre?  Me di a la tarea de buscar información sobre el uso de la palabra. Me sorprendió que más allá de la juventud que pueda denotar es sexista.

Por ejemplo, recordé el chiste que hice cuando el título llegó a casa: Gracias, Universidad, por el señorita, a mis diez ex novios les gusta esto. A todos les dio risa, puesto que, el término señorita va más encaminado a la sexualidad de la mujer, no tanto al respeto ni a la juventud, como se ha disfrazado. La RAE señala que el término señora se usa para mujeres casadas (esposas). En nuestra sociedad también se utiliza para aquellas mujeres que tienen hijos. Señorita en cambio se emplea para las mujeres solteras o sin hijos. Curioso que el término Señor existe para todos los hombres en general, pero el término de señorito se define como un “Joven acomodado y ocioso.” Nada tiene que ver su estado civil.  Ni mucho menos si tiene hijos o no. Ser señorita es estar disponible en el mercado, mercancía nueva. Una señora en cambio será producto usado. Los señores serán sólo hombres. Quizás, sería conveniente seguir los pasos del idioma inglés que incorporó el término Ms. para evitar hacer una distinción entre casadas (Mrs.) y no casadas (Miss). Mientras eso ocurre usaré “seño” para no entrar en detalles.

También lea: El futbol nos une | Columna de Andrea Lárraga

Nota Anterior

Federicompa rinde informe | Columna de Ricardo Sánchez García

Siguiente Nota

Este es el clima de hoy 12 de diciembre para SLP