#4 TiemposAndante

Una guía de la antigüedad | Columna de Irma Carrillo Chávez

Andante

Mis queridos lectores de La Orquesta, reciban un cálido saludo entre líneas. Verba volant scripta manent es una frase latina muy famosa entre escritores y diseñadores que significa «Las palabras vuelan, la escritura permanece». Y viene a cuento esta frase para presentarles este libro editado por Ares y Mares de Editorial Crítica, el cual es un goce leer: Una guía de la antigüedad para la vida moderna, de la maestra Natalie Haynes, ahora actriz de comedia, quien se dio a la tarea de unir sus dos pasiones: el lenguaje de los clásicos griegos y latinos y el histrionismo de la vida moderna.

Haynes procura rescatar conceptos de la vida cotidiana, anécdotas o leyendas de la antigüedad, las cuales compara hábilmente con compartamientos de la época contemporánea, demostrando con esto, que la naturaleza humana y sus altas y bajas pasiones no han cambiado ni tantito. Hay un capítulo en especial que llamó mi atención: «Francamente, Medea, eso no me importa», dedicado a las féminas, ya que como sabemos, no es que la mujer aparezca recurrentemente dentro de las narraciones filosóficas de Platón, Aristófanes o Jenofonte y tantas otras mentes brillantes, quienes siempre estuvieron de acuerdo en que el papel desempeñado por la mujer debía ser estarse quieta y en su casa o bien, someterse a las delicias del pallax, que de forma delicada se traduce como «concubina», una hetaria en resumidas cuentas (Aquí entre nos, esta última actividad me parece más divertida que la otra).

Pues bien, este capítulo, decía, nos hace evidente la falta de testimonios del comportamiento femenino en las artes del pensamiento antiguo a no ser por los escasos escritos de doña Safo y nomás porque fue considerada como «un gran poéta lírico» si mejor me entienden.

La vida de una mujer en Atenas no tenía nada de divertido y, sin embargo, siempre hay hombres con más de dos dedos de frente y mejor autoestima que valoran a una mujer que les represente un reto. Así, el gran Pericles se divorció de su primera esposa y se fue a vivir con la interesante Aspasia, quien además de andar en los círculos literarios y teatrales de la época era, por supuesto, una hetaira. Se menciona en el diálogo platónico Menexeno que Sócrates la consideró como «la mejor maestra de retórica de su tiempo» y que muchos hombres llevaban a sus mujeres para escucharla hablar.

Por otra parte, tenemos al satírico Juvenal, quien además de ser xenofóbico, intolerante e iracundo, era misógino, toda una joya el señor. Pues este hombre se considera el primer cómico de corte monologuista y, por supuesto, escribe sobre lo que odia. Así, encontramos en su obra, sátiras dirigidas a la mujer, a la cual pinta como un ser caprichoso, codicioso, encaprichado y necio.

Las mujeres gastan demasiado y son inmorales, tendientes a la vida licenciosa. De hecho, la frase «Quién vigila a los vigilantes» acuñada por este personaje y utilizada por oradores emocionados con las libertades civiles, se refiere más bien a los soldados que vigilan a las mujeres de los militares y que a la primera oportunidad se lanzan sobre ellas sin ningún empacho. Este libro no es políticamente correcto para muchos, sin embargo, da cuenta de que en el fondo, somos siempre los mismos animales.

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