#4 TiemposBalcón Vacío

Un umbral de celuloide | Columna de Alex Valencia 

Balcón Vacío

En 1968 el planeta se convulsionó con una serie de movimientos sociales que le marcaron: el mayo francés, la primavera de Praga, el movimiento estudiantil mexicano. Se convirtieron en paradigmas de ese año histórico, el cual se vio nutrido con otros cambios técnicos y materiales alrededor del mundo; la televisión, en pleno auge, ayudó a difundir las acciones, juveniles principalmente, brotando aquí y allá; el cine, por su parte hacía lo propio dejando constancia de la época para la posteridad. Hoy aquí recuerdo algunos de los filmes de hace medio siglo que nos siguen develando esa parte de la historia.

“Una de las cosas que más me desconciertan de la gente es su incapacidad para sostener un sentimiento, una idea sin dispersión. El legado nuestro es ser totalmente inconsecuente. Es pura alteración, como diría usted; no relaciona las cosas, esa es una de las señales del subdesarrollo, incapacidad para relacionar las cosas, para acumular experiencias y desarrollarse.” Reflexiona Sergio, el protagonista de Memorias del subdesarrollo en torno a la Cuba posrevolucionaria, pero parece abarcar al espíritu del mundo, con una película intimista en torno al país, su director, Tomás Gutiérrez Alea, daba una de las mejores impresiones del momento. En otro sentido, Stanley Kubrick generaba una de las reflexiones filosófica y futurista más contundentes vista hasta entonces en el cine con 2001, odisea del espacio, obra en su momento incomprendida mas a la fecha una de las cuales podemos seguir descubriendo y aprendiendo del cine y la vida. Plena de imágenes más allá de la metáfora visual, llegará con seguridad al siglo de vida siendo una obra maestra indiscutida.

En nuestro país la realidad de la pantalla era un tanto distinta y el poder de la televisión iba en crecimiento constante; la crisis económica en la industria cinematográfica se inclinaba por un lado a comenzar a mimetizarse con los programas televisivos y por otro a sostenerse por medio del escapismo. Corona de lágrimas, de Alejandro Galindo, experto en las vicisitudes de la clase media, se convertiría en una de las bases del melodrama lacrimógeno de las telenovelas en los años siguientes. Ismael Rodríguez seguía haciendo honor a su mote de “el Loco” con Autopsia de un fantasma, comedia surrealista y delirante con elenco internacional mal doblado al español incluido. El cine de luchadores estaba en pleno apogeo y sus dos grandes estrellas mantenían a flote a la industria con sus aventuras, por un lado Blue Demon se convertía en Destructor de espías aprovechando el hilo de las cintas de agentes secretos, mientras Santo, el Enmascarado de plata, hacía patria junto al galán del momento, Jorge Rivero, desarmando a una banda internacional de traficantes de piezas prehispánicas en El tesoro de Moctezuma.

Alejandro Jodorowsky presentaba su ópera prima como una sacudida absoluta al cine que se hacía en México: Fando y Lis, obra críptica en la corriente del teatro pánico por él promovida. Al mismo tiempo, Carlos Enrique Taboada estrenó una de las mayores piezas de terror del país con Hasta el viento tiene miedo. También en el campo de lo fantástico, Servando González se lucía con El escapulario, película que junto al resto de su obra ha quedado manchada por la duda —ya tomada como hecho cierto— de que filmó por encargo del entonces Secretario de Gobernación y futuro Presidente Luis Echeverría Álvarez, la Masacre de Tlatelolco, hecho que nunca reconoció públicamente, mas en privado no dudaba en presumir. Se dice ese material se calcinó junto con la Cineteca Nacional en 1982. Sin embargo y para bien de la memoria histórica, se conserva El grito, dirigida por Leobardo López Aretche y filmada por los estudiantes del Centro Universitario de Estudios Cinematográficos de la UNAM, en ella se compila el movimiento estudiantil del 68 prácticamente desde su inicio y hasta el trágico 2 de octubre. Un documento histórico imprescindible.

Otras luchas, otros mundos se daban en distintas partes de la Tierra. Barbarella, la Jane Fonda más sensual, aterrizaba en el planeta Lythion para vivir las —literalmente— más excitantes aventuras. El criminal antihéroe Kilink volvía a las andadas desde Turquía en Kilink vs Frankenstein; George Taylor, encarnado en la piel de Charlton Heston, se ve obligado a luchar por la raza humana en El planeta de los simios, algo tan complejo como pelear contra forajidos como lo hacen Claudia Cardinale y Charles Bronson en Érase una vez en el oeste, pieza maestra de Sergio Leone. Un grupo de jóvenes tratan de sobrevivir a una horda de zombies en La noche de los muertos vivientes, un clásico del horror a la vez que una dura metáfora sobre la sociedad.

Otros grandes maestros en ascenso también ponían su grano de arena en la historia; Roman Polanski con El bebé de Rosemary, Pier Paolo Pasolini con Teorema e Ingmar Bergman generaba otra obra maestra inconmensurable con La hora del lobo.

Medio siglo ha pasado ya. IMDb registra 3,363 películas alrededor del mundo en 1968. A su manera, las mencionadas aquí han sobrevivido el paso del tiempo, la lista es subjetiva e incompleta, pero casi todas memorables. 2018 nos ha dejado también hechos relevantes, películas que ya veremos si trascienden. Yo sólo espero que el cine y el mundo sean una algarabía como La fiesta inolvidable, con Peter Sellers, música de Henry Mancini y elefante incluido.

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