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¿Un futuro para el cine mexicano? | Columna de Alex Valencia

Balcón Vacío

Podemos decir, con igual carga de verdad, que el cine mexicano pasa actualmente por una época de bonanza, o que no ha dejado de estar en situación crítica; todo depende de la forma como interpretemos los números. Faltan meses para el cambio del gobierno federal y sin embargo, como lo hemos visto desde el 2 de julio, los pre nombrados titulares de las Secretarías federales ya se están moviendo en sus respectivos espacios y Cultura no es la excepción. Alejandra Frausto Guerrero, próxima titular del área, ha anunciado ya incluso cuatro nombramientos, entre ellos el del Instituto Mexicano de Cinematografía.

No me detendré en la numeralia pues ya la revisé en estas mismas páginas a inicio del presente año; solamente recordaré algunos puntos que me parecen esenciales para entender el panorama: en 2017 se produjeron en México 176 películas, de las cuales 88 alcanzaron estreno. Ninguna de ellas se contabiliza en el top 10 de asistencia a salas de cine. Sólo 20 películas alcanzaron a congregar más de 100 mil espectadores; la 21 de la lista, Como te ves me vi, tuvo 43,467 y la última, La era de la desconexión, apenas 16 personas.

Frausto ha señalado en varias ocasiones que en próximo gobierno la cultura va a ser “estratégica en la reconstrucción y transformación de México” y ha anunciado la apertura de programas específicos para la creación con jóvenes, con comunidades y participación amplia y descentralizada, ideas a ser incluidas en el campo de la cinematografía, a cuyo cargo estará la cineasta María Novaro, con quien incluso se transformaría IMCINE en el Instituto Mexicano del Cine y el Audiovisual.

Sus ideas en torno a la descentralización me parecen interesantes, habla de desconcentrar la producción fílmica de la Ciudad de México incluso dentro de sí misma, “las periferias son las nuevas centralidades”, ha dicho en referencia a las colonias alejadas de las diferentes delegaciones en la capital. En los “cómo” —que son parte importante a fin de no dejar los dichos en meras buenas intenciones— señala se debería formar un fondo común para el fomento de las artes (lo cual por sí mismo no explica nada) y un proceso de capacitación comenzando por los maestros de primaria. Este segundo punto suena un tanto más razonable; claro, hasta el momento de las dudas ¿Cuántos de los maestros actuales tienen la vocación o desearían capacitarse en las artes? ¿A qué hora tomarían los cursos? ¿Querrían hacerlo gratis? Y bueno, otras más que van surgiendo entre más lo pienso. Llevar cine a las escuelas, otra de las ideas, es totalmente realizable, maestros y alumnos estarían felices de hacer una actividad distinta a la cotidiana, nada más se habría de ver quien hace esa plataforma y la lleva a cabo.

María Novaro, directora, guionista, editora y productora de cine mexicano

Ha hablado asimismo del fortalecimiento a los festivales cinematográficos del país como medio de difusión del cine nacional —una noticia recibida con notable entusiasmo entre quienes participamos en dicha labor— y en ese punto sugiere una política digital nacional, es decir, que se cuente con la posibilidad de acceso a las películas mexicanas en línea para facilitar su proyección, lo cual es una muy buena propuesta, sin embargo ¿Cómo podríamos generar un beneficio económico quienes realizan películas y quienes tenemos festivales por la inversión de nuestro tiempo y esfuerzo? Y no hablo de hacernos ricos, muchos festivales se hacen por puro amor al arte, nadie cobra, pero invertir más tiempo implica a su vez quitárselo a las actividades para sostenernos.

Hasta ahí llevamos las cosas relativamente fáciles pese a las dudas surgidas, el problema se agrava cuando se refiere a cuestiones de la industria. Otra propuesta es que la Cineteca Nacional deje de exhibir películas de la cartelera “comercial”, lo cual es muy sencillo, aunque afectaría sus ingresos; por ejemplo, el año pasado Coco vendió por sí sola más de 10 mil boletos por encima de todas las películas de la 63 Muestra Internacional de Cine juntas. Y hablamos de una institución pública.

En los planes de la próxima Secretaria de Cultura se encuentra también fomentar la exhibición alterna de cine mexicano mediante un estímulo fiscal, con lo cual se verían beneficiadas las salas exhibidoras independientes, fuera de la estructura de poder de Cinépolis y Cinemex y eso es bueno, pero no descartemos su imperio ¿Alguna vez se han preguntado por qué el Tour de Cine Francés se proyecta en San Luis en Cinépolis antes que en la Cineteca Alameda? Exacto, porque la cadena de Alejandro Ramírez así lo exigió a los organizadores del Tour, so pena de no volverles a exhibir.

La propuesta estrella es regular el porcentaje en pantalla de cine nacional y elevarlo a un 30% (en la actualidad es de menos de 10%), así como asegurar estrenos con al menos dos semanas de proyección. Esa será la verdadera pelea contra la Hidra, sus múltiples cabezas: exhibidoras, distribuidoras, productoras, los diputados y senadores y otros funcionarios que pueden comprar, ya han demostrado antes como pueden doblegar los intentos de mejorar las condiciones para el cine mexicano. Y aparte tienen a su favor el desprecio ancestral de nuestro pueblo hacia las películas hechas en casa; salvo las de la “época de oro”, la tendencia hereditaria es no ver nada local si no es comedia simple porque pues… no.

No deseo esta columna se lea como derrotista y de pesimismo irredento, por el contrario, lo que se trata es de encontrar desde ahora dónde se pueden encontrar las fallas de un plan para actuar en consecuencia y evitar los efectos negativos. Y que no se queden las cosas en buenas intenciones, claro.    

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