#4 TiemposColumna de Ricardo Sánchez García

Ubermarido o Taco de Queso | Columna de Ricardo Sánchez García

Sin partitura

 

Entre pasillos se escucha hablar de Ubermaridos o Uberesposos, refiriéndose a quienes prestos atienden el mensaje o llamada, listos para encender el motor y llegar a tiempo por la compañera de vida. Si bien no oigo se use en forma peyorativa, vale la pena reflexionar sobre los roles desempeñados por hombres en las nuevas formas de entretejer una relación matrimonial, así como la significancia asumida por la sociedad.

El discurso actual aceptado es crear nuevas relaciones entre hombres y mujeres conducentes a una sociedad más democrática y equilibrada. Durante años los roles asignados, impuestos a través de una supuesta condición natural han incrementado las brechas de desigualdad, negando a las mujeres oportunidad de acceder a una vida digna, a participar en espacios de decisión,  a incursionar en el arte o a concluir estudios científicos.

Fue necesario construir otros conceptos cuyo contenido facilitara en los detentores del poder la reflexión suficiente para encontrar beneficios al ceder supuestos privilegios.

Los hombres incrementan sus niveles de satisfacción de vida al poder convivir más con sus hijos, disminuyen los infartos al compartir preocupaciones y sus riesgos de accidente laboral se reducen, además incrementan las horas de ocio y esparcimiento, pues al establecer relaciones equitativas se logra una mejor administración del tiempo, dicen artículos sobre el tema.

Sin embargo, hay una gran cantidad de personas en la sociedad, cuyo argumento en la decisión organizacional de su familia se basa en la perpetuación de ideas anquilosadas. Ser jefe de familia y proveedor es el rol principal sobre quien recae el peso de toda necesidad material, dicen. Al mismo tiempo exigen la tarea de reprender, castigar o sancionar a los hijos en los considerados buenos modales.

Se refuerza el discurso de la perfecta ama de casa, con la carga del éxito o fracaso de los menores, pues el futuro de las crías, en este pensamiento, depende de la renuncia al proyecto profesional de la madre. Sin omitir las fuertes críticas para quienes decidan emprender nuevas relaciones amorosas o llevar una activa vida social. Es duro el determinismo para quienes además de ser madres, son solteras.

El género, han dicho voces expertas, es una categoría construida social y culturalmente pues define lo que entendemos por masculino y femenino. Al haber emprendido un proceso de transformación de roles, estos se verán reflejados en niñas y niños, en los núcleos familiares, pues al ganar espacios públicos, se imprime una nueva dinámica de difícil comprensión para algunas generaciones, cuyos padres y/o abuelos estaban acostumbrados a recibir, ipso facto, el taco de queso al sentarse a la mesa.

Si bien, desde los 90s escuché reflexiones en voz de feministas haciendo autocrítica sobre la supuesta liberación, concientizando el incremento de sus actividades a doble o triple jornada, en relación con la negación de hombres en el reparto de actividades, sean laborales o del hogar, deviniendo en fuertes desencuentros, para cantidad de varones fue imposible comprender su involucramiento en los nuevos quehaceres.

Por un lado había un sinsabor en el actuar ordinario, pues cuando paulatinamente se fueron ocupando los espacios públicos por mujeres, hubo cuestionamientos sobre el propio proyecto profesional, llegando incluso a crisis existenciales. Otros asumieron el reto como una competencia y hasta la fecha preferirían no compartir decisiones con una profesional a quien consideran fuera de su lugar habitual. Peor es cuando la mujer ocupa un cargo de dirección, atribuido a ello el acoso laboral y los comentarios de misoginia en espacios públicos.

La proyección profesional de cualquier integrante de una familia obliga a compartir responsabilidades pero también a reconocer méritos, pues así como ser jefa de hogar fue muchas veces denostado y obligó reflexiones de revaloración por su trascendencia en el éxito profesional de algún integrante, sea en la ciencia, cultura o puesto público, es también gracias al ubermarido que muchas profesionistas pueden desplazarse a sus centros científicos para derramar su sabiduría ante impactados públicos.

Quien dona su tiempo sabe lo irreductible de la actividad en la dinámica familiar a la conducción del motorizado ente, pues le anteceden y complementan el cuidado de niños, la compra de queso y tortillas, la disponibilidad alerta y la adecuación temporal de los propios anhelos.

Ni un rol, ni otro es deleznable, excepto en virtud de la justificación de violencia doméstica. El reto es encontrar sentido a los nuevos roles del hombre. Los estereotipos tradicionales siguen pesando y son soportados con estrategias de resistencia cultural aparentadas en un chiste, comentario o bajo supuesta guasa.

Para quien asuma su respetado rol de proveedor, que se siente a esperar su taco de queso.

@DDHHSamuelRuiz

También lea: El género no importa | Columna de Ricardo Sánchez García

Nota Anterior

Spotify y el espejismo Queen | Columna de Daniel Tristán

Siguiente Nota

29 municipios apuestan a más impuestos: Congreso de SLP